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Fr. Lluís Vila Vilanova (1927-2017)

12 ene 17. Después de tres días de haber ingresado en el Hospital del Pilar, de Barcelona, la hermana muerte visitó a nuestro hermano el martes 10 de enero de 2017. Que descanse en la
paz del Señor.

El hermano Lluís había nacido en Serrateix (Barcelona) el 23 de agosto de 1927. Ya de joven adulto, sintió la vocación franciscana y, dejándolo todo, trabajo en la banca y familia, decidió seguir a Cristo al estilo de Francisco de Asís. Ingresó como postulante en Berga (Barcelona). Hizo el noviciado en la Bisbal d’Empordà (Girona) y allí profesó temporalmente el 15 de septiembre de 1952. Cursó sus estudios de filosofía y teología en Berga, donde profesó solemnemente el 18 de septiembre de 1955. Y dos años más tarde, el 21 de julio de 1957, se ordenó de sacerdote.

Hombre bueno y afable, dialogante y abierto, inquieto y trabajador, de buen talante y fraterno, buscador de la verdad y de la luz desde una fe siempre en camino y comprometida, amigo de muchos, vio marcada su vida por un notable espíritu evangelizador y misionero. Muestra de ello fue su dedicación, durante sus primeros años de vida sacerdotal, a las misiones populares, recorriendo junto con otros hermanos, pueblos y comarcas de Cataluña, sembrando el bien con el anuncio de la Palabra y el ejemplo de hermano menor.

Allí donde fue destinado dejó una gran huella evangelizadora: misiones populares, trabajo con los jóvenes y los scouts, acompañamiento personal, predicación, pastoral parroquial, catequesis o formación de adultos. Trabajó intensamente con el grupo “Església-segle XXI” y colaboró con la HOAC y el MUEC (Movimiento universitario de estudiantes católicos). Sus destinos fueron: las
parroquias de la Mare de Déu del Remei, en Vic; de la Mare de Déu de la Salut, en Barcelona; y de San Rafael de la Guineueta, también en Barcelona. Hacía pocos años que había sido destinado a este convento de Sant Antoni de Barcelona, donde siguió su vida ya más sosegada, pero nunca inactiva. Por la edad, pronto formó parte de nuestra enfermería, hasta que el Señor le ha llamado.

Amante de la naturaleza y del arte, recorrió diversas rutas del arte románico catalán y aragonés, y paisajes pirenaicos de una gran belleza. La contemplación de la naturaleza le dejaba atónito y elevaba su espíritu hacia el Creador. Para el día de su misa exequial dejó escrito que se le cantara el Cántico de las Criaturas.

Dentro de la Provincia Franciscana de San Salvador de Horta de Cataluña, prestó los servicios de Vicario provincial, a finales de los sesenta y principios de los setenta, y fue nombrado maestro de estudiantes nada más clausurarse el Concilio Vaticano II. Fueron esos años de un fuerte espíritu de cambio y de abrir nuevos caminos y ventanas para que entraran nuevos aires. Un tiempo de muchas esperanzas.

Nuestro hermano Lluís nos ha dejado un grato recuerdo y, gracias a sus homilías y escritos que hacía llegar siempre a muchos de los que le conocían, nos ha legado también pensamientos y reflexiones de gran interés.

Finalmente, su bondad y su generosidad, le han llevado también a donar su cuerpo a la ciencia. Su misa-funeral la celebraremos en el Santuario de San Antonio de Barcelona , el viernes día 13 de enero de 2017, a las 11h. Habiéndolo preparado todo con antelación, nos dejó su testamento, el contenido del recordatorio, y los textos y cantos de la misa.

Gracias, hermano Lluís, por todo lo que nos has dado. Y descansa en la paz del Señor.


Fr. Francisco Carretero Estévez, ofm (1927-2017)

Que se durmió en el Señor en el Santuario de Regla de Chipiona (Cádiz) la madrugada del 5 de Enero de 2017 a los 89 años de edad, 72 de profesión y 66 de sacerdocio.

Nace en la localidad zamorana de Figueruela de Abajo el 22 de Marzo de 1927. Muy temprano siente inquietud por seguir al Señor. Los años de Seminario menor los hace entre Estepa y Lebrija. Toma hábito en Lebrija, en la fiesta de la Porciúncula de 1943 y profesa un año después. Es destinado a Chipiona donde estudia Filosofía y Teología. En 1948 profesa solemnemente y es ordenado sacerdote 23 de Diciembre de 1950.

Tras su ordenación empieza una vasta carrera ministerial al más puro estilo franciscano. Casi siempre se dedicó a la docencia entregando su fuerza, dedicación e ilusión para que otros gozaran del Dios que se revela por medio del conocimiento.

Destacamos una primera etapa dedicada a la educación. Primero un curso en Vélez-Málaga (1951-1952), después en Martos, del 52 al 58, con un tiempo intermedio de estudio en Madrid donde cursó la carrera de Matemáticas. Es en el Colegio San Antonio de Padua donde el joven Padre Carretero pasa por casi todos los oficios del Colegio y fraternidad. Director, secretario, profesor de distintas materias, guardián… en definitiva, entregado tanto al servicio de jóvenes y mayores dentro y fuera de la fraternidad. Después, en Chipiona donde hace de la dirección del Centro un servicio de entrega, apostolado y evangelización. Fueron las Matemáticas una posibilidad para el
encuentro con el Dios humanado y el estudio de la Astronomía un contemplar la grandeza del Dios hermano y amigo.

La segunda etapa es la de Madrid. En la Basílica de San Francisco el Grande siempre había alguien que recibía al que llegaba y trataba con una sonrisa y un saber estar. Ese era nuestro Padre Carretero. Infatigable en el servicio del culto, atento a las necesidades de los hermanos, pendiente del que iba y venía. Austero, entregado, servicial, auténtico, fraterno… En esta etapa rehúye de todo cargo de gobierno y opta por el servicio mucho más interpersonal. No obstante, sirve como vicario, ecónomo y definidor provincial. Entre los muros de aquel gran convento nuestro hermano deja muchas horas de servicio, desvelos y gran parte de su corazón.

La tercera y última etapa es la de la madurez en todos los aspectos. Se sitúa en Chipiona y se extiende en los últimos años de su vida. El Padre Carretero goza en esta localidad de la fraternidad conviviendo con frailes de sus tiempos y otros más jóvenes, ayudando en tareas pastorales y, sobretodo, disfrutando de un descanso merecido después de su infatigable tarea. Pronto se le revela el Señor por medio de la hermana enfermedad: primero, por una afonía que le retira de toda tarea ministerial; después, por medio del dolor en sus miembros que poco a poco se van debilitando.

Justamente hace un año la fragilidad de su cuerpo pone al Padre Carretero en el trampolín hacia la vida eterna. Dos estancias largas en el Hospital, la amputación de la pierna derecha, la necesidad continua del servicio médico y enfermería terminan de esculpir su recia personalidad que lo fragua en un verdadero hermano menor. En sus últimos días pudo despedirse de los hermanos de fraternidad, prepararse para el encuentro definitivo con el Señor y gozar para siempre de la Bienaventuranza eterna.

La mañana del 5 de Enero, vísperas de la Solemnidad de Epifanía, tras unos días de intenso purgatorio en vida, literalmente queda dormido en el Señor. Su vida es para todos nosotros un regalo de Dios y una ofrenda, ya hoy perpetua, de una entrega sencilla, auténtica y verdaderamente franciscana.

El día 6 de Enero a las 9 de la mañana celebrábamos sus exequias y posterior entierro en el cementerio conventual. Rodeado de sus hermanos de fraternidad, algunos hermanos de la Provincia, familiares, religiosos y fieles cercanos dábamos gracias a Dios por el regalo de su vida y nos animábamos a imitar el ejemplo de su vida.

Vive la eterna bienaventuranza y haz vida lo que dice el Salmo 62: “a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti y tu diestra me sostiene”.

Fr. Juan José Rodríguez Mejías, ofm.