voz

Índice del nº 1856 nov-dic 2016

Antonio buscador

Busca tu corazón, jilguero inquieto,
sabiduría, paz, inteligencia;
mendigo de la luz en la indigencia
tu súplica en silencio y tu secreto.

Es Cristo tu tesoro y tu riqueza,
Señor de los mendigos de la Vida,
la fuente de tu gozo y tu alegría,
tu piedad, tu ciencia y fortaleza.

Su Espíritu regala sin medida,
su Palabra en tu boca es fuego ardiente
y enciende en el creyente su osadía.

El arde en los recodos de tu mente,
tu pensamiento es brasa y profecía,
su luz en ti es Amor resplandeciente.

Fray Alejandro R. Ferreirós, OFM Conv

En voz baja

El tiempo de María

No es mayo florido y oloroso, con ser tan popular y viejo, el mes de la Virgen María, aunque llevemos ramilletes de flores a su altar perfumado y entonemos los cánticos tradicionales a la celestial Princesa y a la Madre limpísima. La sagrada liturgia enseña que, entre abril y mayo, es el Tiempo de la Pascua florida en honor a Cristo levantando de entre los muertos, tiempo de los sacramentos pascuales o de la Iniciación cristiana: Bautismo, Confirmación y primera Eucaristía, que se complementan con el de la Reconciliación y la Unción de enfermos, porque todos manan de costado de Cristo, dormido en la cruz.

El tiempo mariano por antonomasia es este largo tramo con que principia el Año cristiano, el de las ferias y solemnidades del Adviento, la Navidad y la Epifanía. En ningún otro está tan presente el nombre y el recuerdo de la Virgen, por su asociación al Mesías Salvador, como en estas jornadas que corren de finales de noviembre a primeros de enero: la solemnidad de la Purísima Concepción («preparación radical a la venida del Señor»), las ferias privilegiadas del Adviento, con el canto solemne de las antífonas de la “0”; el IV Domingo de Adviento, único en del Año que tiene a la Santísima Virgen como referente en la colecta y en el evangelio; la fiesta de la Santa Familia de Nazaret, la solemnidad de la Maternidad divina , el 1 de enero, y cualquier otro oficio o misa del ciclo de Navidad y Epifanía: rara es el himno, antífona, oración, fragmento evangélico o prefacio que no evoque la figura ejemplar de la sierva del Señor, elegida para ser la Madre de Dios y convertida en arca de la Nueva Alianza, santuario del Altísimo y Virgen hecha Iglesia, en expresión de nuestro padres san Francisco.

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María Santísima de la Aurora (Lucena, Córdoba)

España prosigue hasta el fin de las Edades, con todo el pueblo que ama a Cristo, esta dulce tarea de alabar y bendecir a la Santa Virgen durante el tiempo eminentemente suyo. Aquellas misas de la luz que nuestros antepasados oficiaban de madrugada ante el altar de la Virgen Negra de Guadalupe, las Jornaditas que implantaron los frailes de san Francisco por sus numerosos conventos, las novenas cantadas por las recias voces de los frailes mozos o las blancas de los colegiales seráficos, los votos y procesiones, el repertorio de los villancicos que regocijaban las aulas y las claustras, los autos, los nacimientos, belenes o pesebres... Todo vuelve a ser nuevo y distinto cada Año litúrgico, pero con el mismo afecto y la misma necesidad.

Fray Antonio Arévalo Sánchez, ofm
Director de la revista

Oirán mi voz

Ofrendas para el Rey de reyes

Sermón de san Antonio en la Epifanía del Señor

Y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al verla estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. (Mateo 2,9-11).

Y la estrella que habían visto en Oriente. ¡Oh misericordia de Dios, que no se olvida nunca de tener misericordia! En efecto, está siempre a disposición del que vuelve a él. [...] Se habían desviado en busca de Herodes; había perdido la estrella. Designan a los reincidentes que, al volver al diablo o al pecado mortal, pierden la gracia; pero, cuando se alejan de él, recobran la gracia que habían perdido. [...] Y la estrella iba delante de ellos. Por eso concuerda el Éxodo: El Señor iba delante de ellos para mostrarles el camino, durante el día en una columna de nubes; durante la noche, en una columna de fuego, para ser el guía de su marcha en uno y otro tiempo (13, 21).[...] Nótese que la iluminación de la grada de Dios se llama columna porque sustenta; de nube, porque refresca el calor del sol, es decir, de la prosperidad de este mundo; de fuego, contra el frío de la infidelidad, contra las tinieblas de la adversidad, contra el veneno de la sugestión del diablo. Hasta que vino a pararse sobre la casa donde estaba el niño. Éste es el fin del trabajo, la meta del viaje, el gozo del que busca, el premio del que encuentra. [...] La estrella antecede; la columna precede. Aquélla muestra el camino que lleva a la cuna del Salvador; ésta, el que lleva a la tierra prometida. Y en la cuna está la tierra prometida que mana la miel de la divinidad y de la leche de la humanidad. Corre, pues, tras la estrella, date prisa tras la columna, porque te conducen a la vida. Sufrirás un poco, llegarás pronto, y encontrarás el deseo de los santos, el gozo de los ángeles. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron. Porque entraron, lo encuentran, y porque lo encuentran se postran en tierra y lo adoran. En el Niño y María se designan la inocencia y la limpieza; en el postrarse, el desprecio de sí mismo; en la adoración, la devoción de la fe. Así, pues, entran los penitentes en la casa —como el hijo pródigo había entrado ya, porque había recapacitado (cf. Lucas 15, 17)— de la propia conciencia, y encuentran la inocencia con relación al prójimo y la limpieza con relación a sí mismos. Y de esto no se ensoberbecen, sino que se postran rostro en tierra, adorando devotamente y fielmente al que se lo dio.

Le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. «El oro —dice la Glosa— se refiere al tributo, el incienso al sacrificio, la mirra a la sepultura de los muertos. 0 bien, por medio de estas tres cosas se anuncian en el mismo Cristo la potestad regia, la majestad divina y la mortalidad humana». Otra interpretación: en el oro, que es brillante, sólido y golpeado no retiñe, se señala la verdadera pobreza, que no se enorgullece con el hollín de la avaricia ni se hincha con el viento de los bienes temporales. Una cosa sólida hace esto mismo: cuando es escandalizada, no escandaliza ni murmura. [...]

03

Tabla central del tríptico de la Epifanía del Señor (s. XV-XVI), colegiata de Covarrubias (Burgos)

«El incienso —afirma san Isidoro, Etimologías, XVII—, árbol inmenso y ramoso, de corteza finísima, suelta una savia aromática como los almendros. Thus, incienso, viene del verbo latino tundere, machacar, o de Theos, Dios, en honor del cual se quema; se adultera mezclándolo con resina o goma, pero se le distingue por su propiedad. Pues el incienso, puesto en el fuego, se enciende; la resina echa humo; la goma se derrite». El árbol del incienso es la devoción de la oración, que es inmensa por la contemplación; ramosa por la caridad fraterna, porque suplica tanto por el amigo como por el enemigo; de corteza finísima por su benignidad exterior; suelta la sabia aromática de las lágrimas, que huele bien en la presencia de Dios. [...].

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Tapiz de La Adoración de los Magos (1901), cartón de E. Burne-Jones (1833-1898) para la Compañía W. Morris (1834-1896)

Esta savia es la refección de los pecadores, como la leche de almendras es el alimento de los enfermos. El que ora se da golpes de pecho, y la devoción sube hasta Dios. Pero, ¡ay!, hoy la devoción de la oración se corrompe con mezcla adulterina, a saber, con la resina de la vanagloria como en los hipócritas, y con la goma del dinero, como en los clérigos miserables, que celebran oraciones y misas por dinero. La verdadera devoción se enciende con el fuego del amor de Dios: pero la devoción corrompida por la vanidad echa humo; corrompida con la codicia, se hace agua.

«El árbol de la mirra—dijo Cayo J. Solino, Poiyhistor, 46— llega a cinco codos de altura. Si destila por sí solo, su savia es más preciosa; si se saca haciendo incisiones en la corteza, se considera de menor valor». La mirra, llamada así por su amargor, es la amarga mortificación del corazón o del cuerpo, y su primer codo es el recuerdo de la muerte; el segundo, la presencia del juez airado en el juicio; el tercero, la irrevocable sentencia; el cuarto, la inextinguible gehena; el quinto, la
compañía de todos los hombres perversos y el pesar, o sea, la pena tenaz, absolutamente inevitable y cercana, de los demonios. La mortificación que fluye espontáneamente de este árbol está comprobado que es más preciosa, o sea, más aceptable a Dios; la que se produce por herida de enfermedad o de adversidad, es de menor valor.

Ofrecieron, pues, los Magos al Señor oro, incienso y mirra. Así los verdaderos penitentes le ofrecen el otro de la pobreza, el incienso de la oración devota, la mirra de la mortificación voluntaria. Y nótese que el incienso de la oración devota y la mirra de la penitencia saludable no se encuentran en parte alguno fuera de Arabia (C. J. Solino). Osea, fuera de la Santa Iglesia.

Sermones dominicales y festivos Ed. Francisco Martínez Fresneda, OFM. Trad. Juan Ortín Garda. Murcia 2015, pp 283-287

OIRÁN MI VOZ

Los verdaderos tesoros de la Iglesia

HOMILÍA DEL JUBILEO DE LAS PERSONAS SOCIALMENTE EXCLUIDAS
Domingo 13 de noviembre de 2016

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Cuando no queda piedra sobre piedra

«Os iluminará un sol de justicia que lleva la salud en las alas» (Mt 3,20). Las palabras del profeta Malaquías, que hemos escuchado en la primera lectura, iluminan la celebración de esta jornada jubilar. Se encuentran en la última página del último profeta del Antiguo Testamento y están dirigidas a aquellos que confían en el Señor, que ponen su esperanza en él, que ponen nuevamente su esperanza en él, eligiéndolo como el bien más alto de sus vidas y negándose a vivir sólo para sí mismos y su intereses personales. Para ellos, pobres de sí mismos pero ricos de Dios, amanecerá el sol de su justicia: ellos son los pobres en el espíritu, a los que Jesús promete el reino de los cielos (cf. Mt 5,3), y Dios, por medio del profeta Malaquías, llama mi «propiedad personal» [Mt 3,17). El profeta los contrapone a los arrogantes, a los que han puesto la seguridad de su vida en su auto suficiencia y en los bienes del mundo. La lectura de esta última página del Antiguo Testamento suscita preguntas que nos interrogan sobre el significado último de la vida: ¿En dónde pongo yo mi seguridad? ¿En el Señor o en otras seguridades que no le gustan a Dios? ¿Hacia dónde se dirige mi vida, hacia dónde está orientado mi corazón? ¿Hacia el Señor de la vida o hacia las cosas que pasan y no llenan?

«En este mundo casi todo pasa, como el agua que corre; pero hay cosas importantes que permanecen, como si fueran una piedra preciosa en un tamiz. ¿Qué es lo que queda?, ¿qué es lo que tiene valor en la vida?, ¿qué riquezas son las que no desaparecen? Sin duda, dos: El Señor y el prójimo. Estas dos riquezas no desaparecen. Estos son los bienes más grandes, para amar. Todo lo demás "el cielo, la tierra, las cosas más bellas, también esta Basílica" pasa; pero no debemos excluir de la vida a Dios y a los demás.»

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San Francisco, el modelo de identidad (Baccio María Bacci 1888-1973)

Preguntas similares se encuentran en el pasaje del Evangelio de hoy. Jesús está en Je-rusalén para escribir la última y más importante página de su vida terrena: su muerte y resurrección. Está cerca del templo, «adornado de bellas piedras y ofrendas votivas» (Lucas 21,5). La gente estaba hablando de la belleza exterior del templo, cuando Jesús dice: «Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra» (v. 6). Añade que habrá conflictos, hambre, convulsión en la tierra y en el cielo. Jesús no nos quiere asustar, sino advertirnos de que todo lo que vemos pasa inexorablemente. Incluso los reinos más poderosos, los edificios más sagrados y las cosas más estables del mundo, no duran para siempre; tarde o temprano caerán. Ante estas afirmaciones, la gente inmediatamente plantea dos preguntas al Maestro: «¿Cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?» (v. 7).

Cuando y cuál... Siempre nos mueve la curiosidad: se quiere saber cuándo y recibir señales. Pero esta curiosidad a Jesús no le gusta. Por el contrario, él nos insta a no dejarnos engañar por los predicadores apocalípticos. El que sigue a Jesús no hace caso a los profetas de desgracias, a la frivolidad de los horóscopos, a las predicaciones y a las predicciones que generan temores, distrayendo la atención de lo que sí importa. Entre las muchas voces que se oyen, el Señor nos invita a distinguir lo que viene de Él y lo que viene del falso espíritu. Es importante distinguir la llamada llena de sabiduría que Dios nos dirige cada día del clamor de los que utilizan el nombre de Dios para asustar, alimentar divisiones y temores. Jesús invita con fuerza a no tener miedo ante las agitaciones de cada época, ni siquiera ante las pruebas más severas e injustas que afligen a sus discípulos. Él pide que perseveren en el bien y pongan toda su confianza en Dios, que no defrauda: «Ni un cabello de vuestra cabeza perecerá» (v. 18). Dios no se olvida de sus fieles, su valiosa propiedad, que somos nosotros.

Pero hoy nos interpela sobre el sentido de nuestra existencia. Usando una imagen, se podría decir que estas lecturas se presentan como un «tamiz» en medio de la corriente de nuestra vida: nos recuerdan que en este mundo casi todo pasa, como el agua que corre; pero hay cosas importantes que permanecen, como si fueran una piedra preciosa en un tamiz. ¿Qué es lo que queda?, ¿qué es lo que tiene valor en la vida?, ¿qué riquezas son las que no desaparecen? Sin duda, dos: El Señor y el prójimo. Estas dos riquezas no desaparecen. Estos son los bienes más grandes, para amar.

Todo lo demás —el cielo, la tierra, las cosas más bellas, también esta Basílica pasa; pero no debemos excluir de la vida a Dios y a ios demás. Sin embargo, precisamente hoy, cuando hablamos de exclusión, vienen rápido a la mente personas concretas; no cosas inútiles, sino personas valiosas. La persona humana, colocada por Dios en la cumbre de la creación, es a menudo descartada, porque se prefieren las cosas que pasan. Y esto es inaceptable, porque el hombre es el bien más valioso a los ojos de Dios. Y es grave que nos acostumbremos a este tipo de descarte; es para preocuparse, cuando se adormece la conciencia y no se presta atención al hermano que sufre junto a nosotros o a los graves problemas del mundo, que se convierten solamente en una cantinela ya oída en los titulares de los telediarios.

Hoy, queridos hermanos y hermanas, es vuestro Jubileo, y con vuestra presencia nos ayudáis a sintonizar con Dios, para ver lo que él ve: Él no se queda en las apariencias (cf. 1 Samuel 16,7), sino que pone sus ojos «en el humilde y abatido» (Isaías66,2), en tantos pobres Lázaros de hoy. Cuánto mal nos hace fingir que no nos damos cuenta de Lázaro que es excluido y rechazado (cf. Lucas 16,19-21). Es darle la espalda a Dios. ¡Es darle la espalda a Dios! Cuando el interés se centra en las cosas que hay que producir, en lugar de las personas que hay que amar, estamos ante un síntoma de esclerosis espiritual. Así nace la trágica contradicción de nuestra época: cuanto más aumenta el progreso y las posibilidades, lo cual es bueno, tanto más aumentan las personas que no pueden acceder a ello. Es una gran injusticia que nos tiene que preocupar, mucho más que el saber cuándo y cómo será el fin del mundo. Porque no se puede estar tranquilo en casa mientras Lázaro yace postrado a la puerta; no hay paz en la casa del que está bien, cuando falta justicia en la casa de todos.

Hoy, en las catedrales y santuarios de todo el mundo, se cierran las Puertas de la Misericordia. Pidamos la gracia de no apartar los ojos de Dios que nos mira y del prójimo que nos cuestiona. Abramos nuestros ojos a Dios, purificando la mirada del corazón de las representaciones
engañosas y temibles, del dios de la potencia y de los castigos, proyección del orgullo y el temor humano. Miremos con confianza al Dios de la misericordia, con la seguridad de que «el amor no pasa nunca" (1 Cor 13,8). Renovemos la esperanza en la vida verdadera a la que estamos llamados, la que no pasará y nos aguarda en comunión con el Señor y con los demás, en una alegría que durará para siempre y sin fin. Y abramos nuestros ojos al prójimo, especialmente al hermano olvidado y excluido, al Lázaro que yace delante de nuestra puerta. Hacia allí se dirige la lente de la Iglesia. Que el Señor nos libre de dirigirla hacia nosotros.

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El Señor y el próximo, riquezas que no pasan

Que nos aparte de los oropeles que distraen, de los intereses y los privilegios, del aferrarse al poder y a la gloria, de la seducción del espíritu del mundo. Nuestra Madre la Iglesia mira «a toda la humanidad que sufre y que llora; ésta le pertenece por derecho evangélico» (Pablo VI, Discurso de apertura de la segunda sesión del Concilio Vaticano II, 29 septiembre 1963). Por derecho y también por deber evangélico, porque nuestra tarea consiste en cuidar de la verdadera riqueza que son los pobres. A la luz de estas reflexiones, quisiera que hoy sea la «Jornada de los pobres». Nos lo recuerda una antigua tradición, que se refiere al santo mártir romano Lorenzo. Él, antes de sufrir un atroz martirio por amor al Señor, distribuyó los bienes de la comunidad a los pobres, a los que consideraba como los verdaderos tesoros de la Iglesia. Que el Señor nos conceda mirar sin miedo a lo que importa, dirigir el corazón a él y a nuestros verdaderos tesoros.

Oirán mi voz

Las cenizas de un cristiano

«Su cuerpo dejará, no su cuidado; /serán ceniza, mas tendrá sentido; /polvo serán, mas polvo enamorado». Este terceto último del soneto de Quevedo titulado Amor constante más allá de la muerte —el más hermoso de la poética española, en opinión de Dámaso Alonso— es el fiel resumen de cuanto afirmamos ante la triste certeza del morir. Acostumbramos a iniciar el ejercicio cuaresmal con la imposición de la ceniza, evocando lo que somos —«Polvo eres y en polvo te convertirás»— camino de la noche pascual, donde renovamos el bautismo por el que fuimos sepultados con Cristo y resucitados con él por la fe. De ahí que, antes de esconder o maquillar el tránsito (como gusta a parte de esta sociedad decrépita que sufrimos), proclamamos en el prefacio de difuntos: «La vida de los que en ti creemos, Señor, no termina, se transforma; y, al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo».

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El Papa, después de la misa, oró y visitó el columbario de Porta Prima (Roma)

¿Y qué suerte debe correr la morada abandonada, el cuerpo sin el alma inmortal que se presentó ante Dios, los despojos... que dice el Ritual de exequias provocando el enojo puritano? Los griegos volvieron la espalda a san Pablo cuando le oyeron hablar de la resurrección de los muertos; era razonable, ya que el cuerpo para ellos es la prisión del alma inmortal. Y nosotros, con Pedro y Pablo, decimos lo mismo del ánima pero esperamos la resurrección de la carne corruptible. El cuerpo no es la prisión del alma ni la excrecencia del ser. El cuerpo es la expresión de nuestra identidad personal, la morada del Dios Altísimo, la vestidura del Hijo encarnado. Parece razonable, entonces, que los restos mortales de un fiel se entierren con respeto —en el camposanto u otro lugar sagrado—, después de haberlos rociado con agua bendita y perfumado con incienso durante la misa exequial. El sitio donde lo pusieron resalta el honor debido al cuerpo que aguarda, instrumento de Dios para toda obra buena y vaso elocuente del culto espiritual.

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Cabecera del devoto columbario (o cenizario) del santuario de la Morenita de la Cabeza (Jaén)

Trae, también, a la memoria el testimonio de la persona, suscitando la oración de sufragio o intercesión (si es el sepulcro de un santo) y la comunión de los fieles. La cremación o incineración de los cadáveres — por razones higiénicas, económicas o sociales— no está prohibida a los cristianos; «a no ser que haya sido elegida por razones contrarias a la doctrina cristiana», según derecho. En este caso, ni la familia debe actuar contra la voluntad del difunto (expresa o presunta), ni la Iglesia tiene autorizado celebrarle exequias, si lo dispuesto el difunto. Las cenizas, en todo caso, por la misma regla que la inhumación o entierro del cuerpo deben depositarse en lugar sagrado: <5erán ceniza, más tendrá sentido», que dijo el poeta.

«Se trata de poner orden en los usos y descuidos, en las costumbres ajenas al Credo, al decoro, a la salud y a la razón, tras saber que las cenizas se engarzan en bisutería y amuletos, o se guardan, tiran, abandonan y esparcen en los sitios más estrambóticos y peregrinos.»

A todo esto se refiere una reciente Instrucción de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que preside el cardenal Müller. Se trata de poner orden en los usos y descuidos, en las costumbres ajenas al Credo, al decoro, a la salud y a la razón, tras saber que las cenizas se engarzan en bisutería y amuletos, o se guardan, tiran, abandonan y esparcen en los sitios más estrambóticos y peregrinos. Detrás de una aparente simpleza —impuesta por el famoseo— se esconden perniciosas ideologías pan-teístas, naturistas y nihilistas, que la instrucción no duda en señalar: «[La Iglesia] no puede permitir, por lo tanto, actitudes y rituales que impliquen conceptos erróneos de la muerte, considerada como anulación definitiva de la persona [nihilismo], o como el momento de fusión con la Madre naturaleza o con el universo [panteísmo], o como una etapa en el proceso de re-encarnación [hin-duismo], o como la liberación definitiva de la “prisión” del cuerpo [animismo].»Y es que, cuando se deja de creer en Dios, el viviente puede ser arrastrado por la peor tiranía o la mayor bobada.

Fray Antonio Arévalo Sánchez, ofm
Director de la revista

Oirán mi voz

...Y despertó la fiera

Se habla de demonios familiares... ¿Existen los nacionales? De ser así, ¿cuáles son los nuestros? Por desgracia, muchos; igual que las virtudes (éstas por gracia). Pienso que en el lote de los primeros, nos tocó el peor y más funesto de todos, porque cuando se le arranca la cabeza, deja siempre resto de ponzoña, que acaba por envenenar todo el cuerpo social. No son bombas de recamo, ni campos minados... Es el ODIO, en la forma más letal de cuantas amenazan la convivencia de cualquier colectivo.

El odio nubla la razón y enloquece a hombres y pueblos. Cuando esta nube tóxica se expande por el mapa, arrasa, como un fuego voraz, historia, cultura, principios y vidas. ¿Está gravado en nuestro ADN colectivo este estigma, hasta el punto que tengamos que resignarnos a pasar por medio de esta nube espesa, periódicamente? ¿Abrir puerta, de vez en cuando, a la jaula del tigre o sacar de la hura al escorpión...? El caso es que, si miramos hacia atrás, lo mismo fuimos capaces, de hacer nuestro el mundo, sembrar lengua, cultura y creencias por doquier.. .o, tirarlo todo por la borda, resignándonos al vagón de cola de los pueblos. Peor, infinitamente que los fuegos voraces, que arrasan cada verano nuestros bosques, es el odio cainita que se apodera de vez en cuando en el corazón humano, y se lleva por delante principios y razón.

A cuantos crecimos con la cartilla del racionamiento y el estraperlo, y habíamos disfrutado la conquista de libertad y bienestar, nos parecía impensable la mirada hacia atrás y regreso a la tiranía y locura colectiva. El grito de guerra, que se expande como una nube, reclamando igualdad para todos, debería ser unánimemente suscrito, si no escondiera la trampa miope, ¡guales por abajo. Ya es mucho ignorar que, lo que se reparte es la riqueza; la pobreza solo cabe compartirla. Más funesto aún resulta escuchar voces que llaman a arrasar todo; creencias, tradición, cultura y patrimonio. Tener que escuchar descalificaciones (y no en boca de analfabetos) contra la obra cumbre de Gaudí... Lo siento, nos trae inevitablemente a la memoria, los años previos y durante la infausta guerra civil.

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Odio español: Anarquistas, comunistas y demás activistas agrediendo a jóvenes católicos en la JMJ de Madrid (vía Religión en libertad.com)

Si la nuestra no es una sociedad muerta o anestesiada, tiene que alzarse a una sola voz, para poner pie en pared y clamar: hasta aquí hemos llegado. Pasado y futuro (en todas sus versiones) son patrimonio común y nadie puede arrogarse el derecho a levantarse con su exclusiva, o cargarla a la a otra cuenta. La vida de un pueblo y su cultura no se improvisa a golpe de moda o algaradas, se va enhebrando, con tesón y coraje, a lo largo de su historia. El futuro no cabe construirse contra nadie, sino en favor de todos. Se impone con urgencia un grito de sensatez: ¡NO AL ODIO..!

F. Oterino Villasante, OFM
Lucena (Córdoba)

Oirán mi voz. Europa/Francia

Francia y las personas felices con síndrome de Down

[ACIPRENSA. París]- El Consejo de Estado de Francia ratificó el veto impuesto por el Consejo Superior Audiovisual al video “Querida futura mamá”, que muestra el testimonio de felicidad de personas con síndrome de Down. El organismo de Gobierno francés señaló recientemente que el vídeo, que muestra a distintos niños y jóvenes con síndrome de Down respondiendo con alegría sobre lo que son capaces de hacer en sus vidas, es “inapropiado”, porque podría “perturbar la conciencia de mujeres que tomaron legalmente diferentes elecciones personales de vida”.

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El vídeo es promovido, entre otras organizaciones, por la Fundación Jéróme Le-jeune y Down Madrid, y ha sido visto más de 7 millones de veces en YouTube. La Dra. Ménica López Barahona, presidenta de la Fundación Jéróme Lejeune en España, explicó que el propósito de campañas como ésta es “ayudar a las familias que tienen algún hijo con Síndrome de Down, para mostrar que estos niños pueden ser tan felices como cualquiera”. El vídeo solo refleja hechos objetivos, dijo la doctora, y subrayó que el hecho de que las personas con síndrome de Down sean felices “es una realidad palpable”.

Por su parte, el presidente de la Fundación Jéróme Lejeune en Francia, Jean-Marie Le Méné, destacó que “la experiencia demuestra que las mujeres que han dado a luz a un niño con una discapacidad no lamentan haber elegido darle vida”. “Por el contrario, las que han elegido no tenerlo padecen un sentimiento de culpabilidad. De ahí la decisión del Consejo del Audiovisual francés de evitar dar visibilidad a niños felices con Síndrome de Down”. Para Le Méné, “la decisión del Consejo de Estado toma partido considerando que, la libertad de expresión hacia las personas con Síndrome de Down, debe indinarse a favor del aborto”.

La Fundación Jéróme Lejeune fue creada por colaboradores, amigos y familiares del profesor Lejeune en 1995, un año después de la muerte del científico, considerado el padre de la genética moderna. Lejeune, nacido en París en 1926, descubrió en 1958 la primera anomalía cromosómica, la trisomía del par 21, conocida como síndrome de Down. El científico francés, católico, fue el primer presidente de la Pontificia Academia para la Vida, instituida por Juan Pablo lI en 1994.

Oirán mi voz. España/Madrid

Cifuentes alarma a obispos y a padres

[www.actuall.com] - Ante la intención del Gobierno regional de Cristina Cifuentes (PP) de imponer la Ideología de Género (presentada como ley contra la LGTBIfobia) en colegios concertados y privados, obispos de Madrid y padres de alumnos han mostrado su rechazo a lo que consideran una intromisión en las consciencias y violación de derechos fundamentales.

Al igual que hicieron con la ley de Transexualidad aprobada por la Comunidad de Madrid [29/111/2016], tres obispos de esa región —excepto el hoy cardenal Osoro, el metropolitano—también dieron su contundente respuesta, denunciando que socava los derechos fundamentales. D. Juan A. Reig Plá, obispo de Alcalá de Henares, D. Joaquín López de Andújar, obispo de Getafe, y su obispo auxiliar D. José Rico Pavés, hicieron pública una nota dirigida a los fieles en la que advierten de la ley propuesta por el PP y aprobada con la unanimidad de la Asamblea. «Los prelados —resume Javier Lozano para el digital Actuall— han dividido en seis puntos su argumentación. Primero, los obispos madrileños afirman que “inspirada por una antropología no adecuada que niega la diferencia sexual varón-mujer y la unidad de la persona cuerpo-espíritu, esta ley se halla en contradicción con la moral natural, acorde con la recta razón, y pretende anular la enseñanza pública de la Biblia, del Catecismo de la Iglesia Católica y del resto del Magisterio de la Iglesia referido al designio de Dios sobre el varón y la mujer”.

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Cristina Cifuentes, presidenta de la Comunidad de Madrid

En segundo lugar, los obispos consideran la ley de Cifuentes “un ataque a la libertad religiosa y de conciencia" y una “censura al derecho de los padres a educar a sus hijos según sus propias creencias y convicciones” así como un “atropello a los idearios que inspiran la libertad de enseñanza”. Del mismo modo, la nota deja claro que esta ley, que privilegia a una minoría de los ciudadanos frente a la inmensa mayoría de los madrileños, es un “atentado a la libertad de expresión, a la libertad de cátedra, a la libertad de los científicos y profesionales en la búsqueda de la verdad, y a la libertad de las personas para orientar su vida o para pedir ayuda, incluso religiosa, en aquello que crean necesitar”. Y es que la ley, entre otras cosas, no permitirá las terapias que ayuden a personas a cambiar de orientación sexual y prevé multas de hasta 45.000 euros.

Los tres obispos madrileños resaltan el poder de la Dictadura del relativismo que impera en España. “Los partidos políticos del arco parlamentario, también los grandes sindicatos, la mayoría de los medios de comunicación y muchas de las grandes empresas quieren imponer ideológicamente un pensamiento único, que anule la libertad y el coraje de buscar la verdad de la persona humana, en su unidad cuerpo-espíritu y en su diferencia sexual varón-mujer”, afirman. “Cuando no se busca la Verdad, cuando no se respetan ni siquiera los argumentos de la biología inherente a la genealogía de la persona, se impone por ley la ideología —en este caso la llamada Ideología de Género— y se coacciona la libertad con sanciones y persecución: nada nuevo bajo el sol”.

En su opinión, “es necesario y urgente promover una acción conjunta de las familias y asociaciones católicas en orden a defender, con todos los medios legítimos y en todas las instancias que corresponda, la libertad religiosa y de conciencia, la libertad de los padres a educar a sus hijos según sus propias creencias y convicciones, la libertad de enseñanza y los demás derechos fundamentales, que, creemos, se conculcan gravemente en esta ley”. Por último, los prelados hacen un llamamiento a los católicos de sus diócesis, “comprometidos en el servicio de la Política, de la Sanidad y de la Educación, así como a los esposos y padres de familia, a las personas consagradas y sacerdotes, a colaborar, cada cual según su propia vocación, en la edificación de una cultura que venza las mentiras de las ideologías y se abra a la verdad de la creación y de la persona humana, garantía ineludible de la libertad”.

Actuall recabó también el sentir de la Confederación Católica Nacional de Padres de Familia y Padres de Alumnos (CONCAPA), Informa su redactor Pablo González de Castejón. Agente decisivo en la comunidad educativa, que agrupa a 51 federaciones provinciales y a APAS en las que participan tres millones de padres, la CONCAPA no acepta que el Gobierno madrileño dejara de contar con ellos, ni con ningún otro representante del ámbito docente, para elaborar la polémica ley. Pedro J. Caballero considera que la educación concertada tiene un peso decisivo en la Comunidad de Madrid, y recuerda que la última palabra en materia educativa no la tienen ni el Estado, ni los partidos políticos, “los primeros educadores son los padres, no las instituciones”. Sin embargo, lo que la ley pretende es imponer, de forma unilateral y sin los padres, “la realidad lésbica, gay, bisexual, transexual, transgénero e intersexual, en los contenidos transversales de formación de todo el alumnado de Madrid”, según reza la normativa.

Oirán mi voz. España/Extremadura

500.000 peregrinos subieron a Guadalupe

[Oficina de Información del Real Monasterio] - El santuario de Guadalupe (Cáceres), origen de todos los que bajo esta advocación hay en España, Europa, América y Filipinas, clausuró el pasado 8 de septiembre su Año Santo. Broche de gratitud por tantos dones recibidos de manos de la Mater Misericordiae, tantas plegarias oídas, tantas zancadas andadas por los doce caminos de peregrinación, tantos sudores vertidos desde la apertura de la Puerta Santa, el 5 de septiembre del año pasado, a mediodía.

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Clausura del Año Santo Guadalupense

Volver la vista atrás y evaluar lo que aconteció entre nosotros durante este Año Santo, es apresurado y atrevido. Estas convocatorias son eminentemente espirituales, y sólo Dios, en compañía de su Madre, sabe lo que obró (si le dejaron) en cada persona que buscó su rostro y la indulgencia regeneradora. Los frailes de Guadalupe sí hemos sido testigos de las romerías traídas por obispos y párrocos (y cuando ellos mismos subieron peregrinos), del fervor de las gentes, de las horas de confesonario, de las largas filas que guiamos hasta el trono de la Virgen tras las nutridas misas del peregrino, de los miles de trípticos y estampas distribuidos...

Y de lo que hemos visto y oído, con el nombre de sus diócesis, vicarías, delegaciones diocesanas de pastoral juvenil (Toledo, Getafe, Córdoba y Mérida-Badajoz), parroquias, hermandades, colegios y asociaciones, queda memoria en las crónicas publicadas en nuestra centenaria revista Guadalupe (1916-2016), el mejor arcón de memorias que ha labrado esta Casa. Sin poder ser exhaustivo, el actual rector del santuario, fray Antonio Aréva-lo Sánchez, ha fijado en 500.000 el número de peregrinos que visitaron esta basílica durante el Año Santo Guadalupense, muchos de ellos recorriendo largas distancias a pie.

Hoy día, los romeros extranjeros que van a Guadalupe proceden de Portugal, Polonia, Italia y América (Isla Guadalupe, Méjico, Argentina, USA...); entre los españoles, destacan los peregrinos de Badajoz, Ciudad Real, Toledo, Córdoba y Cáceres (a pie, a caballo, en coche...), Andalucía (Córdoba, Sevilla, Cádiz..., pocos de Almería o Huelva), Madrid y Galicia. Menudean los aragoneses, catalanes, valencianos y murcianos. De Cataluña y Comunidad Valenciana, sin embargo, recibimos excursiones semanales. Justo es reconocer el interés con que la Comisión episcopal de Migraciones, el Departamento de Santuarios, Peregrinaciones y Piedad popular, y, sobre todo, los obispos y el clero de las dos provincias eclesiásticas, Toledo y Mérida-Badajoz, acudieron al reclamo del Santuario.

Han sido ellos los artífices de este Año Santo otorgado por Juan Pablo II en 2005, y sólo esperamos que el Real Monasterio brindase el calor de la acogida y las estructuras precisas para el feliz éxito de cada peregrinación. A la difusión del evento contribuyeron ABC, Hoy, El Periódico Extremadura, las revistas Ecclesia, Vida Nueva, Miriam y Guadalupe, los cuatro semanarios diocesanos, el canal TV de nuestra diócesis primada y 13TV, que retrasmitió la misa de apertura y la de clausura para toda España, además de numerosas páginas electrónicas.

Oirán mi voz. Hispanoamérica/CUBA

Fidel Castro y la Iglesia Católica

[http://ccnoticias.com/ Francia Lara]. Podría pensarse que las relaciones de Fidel Castro con el Vaticano son muy parecidas a las que tuvo con los EE.UU.: muy duras y frías al principio, y en los últimos años más flexibles y hasta condescendientes uno con el otro. Luego del triunfo de la Revolución cubana [1955], el Gobierno cubano tomó medidas que buscaban restar poder a la Iglesia [70%] y reforzar la separación entre ella y el estado, sin llegar nunca a prohibirla. Gran parte del clero y de las religiosas, en particular las de origen extranjero, salieron de Cuba en los primeros años de la Revolución. Cuando triunfó la revolución, la mayoría de la jerarquía católica reaccionó contra el nuevo gobierno. Los sacerdotes fueron expulsados, se cerraron colegios religiosos, se prohibieron las procesiones y algunas de las prácticas eclesiásticas y ser católico era suficiente para ser sospechoso de contrarrevolucionario para el régimen.

Castro fue excomulgado después de declararse marxista-leninlsta y anunciar que conduciría a Cuba al comunismo, en su histórico discurso de 2 de diciembre de 1961, además de mostrar su hostilidad manifiesta hada la religión católica con la expulsión de 131 sacerdotes y el cierre de escuelas religiosas. Por lo tanto, Fidel Castro, como bautizado y miembro de la Iglesia Católica, fue excomulgado por Juan XXIII el 3 de enero de 1962. El conocido como «Papa bueno» se apoyó para ello en el decreto de Pío XII (1949, que establecía la pena de excomunión para todo aquel que difundiera el comunismo, una ideología que combatió el Vaticano desde el siglo XIX y en el XX con más ahínco, vistos los resultados de la revolución rusa (1917). Esta medida nunca fue levantada.

La Constitución de 1976 estableció la separación Iglesia-Estado y empezaron a tolerarse algunas relaciones con la Iglesia. Sin embargo, no fue hasta 1991, con la caída de la Unión Soviética, cuando Fidel Castro empezó a buscar otros aliados internacionales. En la década de 1980 hubo una mejora de las relaciones entre la Santa Sede y el gobierno de Cuba. En ese momento, la cúpula eclesiástica cubana y el Vaticano se convirtieron en una de las principales vías de diálogo. Durante años se fueron tejiendo unas relaciones cada vez más estables que culminaron con la visita del Papa. El 19 noviembre de 1996, Fidel Castro fue recibido por el papa Juan Pablo II en el Vaticano. En enero de 1998, el Papa realizó una visita pastoral a Cuba y fue recibido por Castro. En la misa del Papa en la Plaza de la Revolución de La Habana, cerca de un millón de personas estuvieron presentes.

Karol Wojtyla supuso un punto y aparte en el aislamiento internacional ya que el Papa viajero lanzó el lema que ayudó a los Castro a salir de su ostracismo y a colocar Cuba en la agenda mundial: “Que Cuba se abra al mundo, que el mundo se abra a Cuba para que este pueblo pueda mirar al futuro con esperanza”. A partir de ahí, la jerarquía religiosa se ha convertido en interlocutor clave en episodios como la excarcelación de los prisioneros de conciencia de la Primavera Negra en 2010, en su apertura con EEUU, entre otros. Bendecidos estos hitos por la visita de otros dos papas, Benedicto XVI y Francisco.

El presidente Raúl Castro, hermano y sucesor de Fidel, recibió al papa Benedicto XVI con «afecto y respeto». Era el mes de marzo de 2012, y se habían iniciado algunas reformas para permitir, entre otras cosas, el nacimiento de actividades económicas privadas. Las relaciones entre Castro y el cardenal Ortega eran habituales y de hecho fue el principal intermediario para que el papa acabara besando de nuevo tierra habanera. La Iglesia cubana había ejercido un rol discreto pero destacado para conseguir, entre 2010 y 2011, la liberación de 126 presos políticos (entre los últimos del ‘grupo de los 52’, los del ‘grupo del 75’ encarcelados durante la llamada Primavera Negra de 2003). La mayoría de los cuales se exilió de la isla.

El papa Francisco y Fidel Castro, en septiembre de 2015

Joseph Ratzinger aprovechó la visita para reunirse con los Castro en el Año Jubilar de los 400 años del hallazgo de la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre y pedir la reconciliación de todos los cubanos, criticando a la vez el embargo de EEUU. “Que Cuba sea la casa de todos y para todos los cubanos”, dijo el Pontífice en su discurso de despedida en La Habana. Después de su marcha, se celebró el primer Viernes Santo festivo desde la llegada de la revolución, aunque Cuba sigue siendo un país donde sólo el 60% está bautizado y no hay colegios católicos.

El último en visitar la isla ha sido el Papa Francisco, en septiembre de 2015. Su primera parada en La Habana era un viaje oficial a Cuba y EEUU, toda una declaración de intenciones que abría las puertas a la recomposición de relaciones entre ambos país. Su visita era la guinda para impulsar el levantamiento del bloqueo que había anunciado el presidente de EEUU, Barack Obama, en enero de 2014. De hecho, las primeras palabras de Francisco fueron: “Estamos siendo testigos de un acon-
tecimiento que nos llena de esperanza: el proceso de normalización de las relaciones entre dos pueblos tras años de distanciamiento. Es un proceso, un signo de la victoria de la cultura del encuentro, del diálogo”, aseguró nada más llegar al aeropuerto José Martí. Curioso fue su encuentro con Fidel Castro quien, en los años 70, había profetizado: “Cuba volverá a tener relaciones con Estados Unidos, cuando el presidente de EEUU sea un negro y en Roma haya un Papa argentino”.

El mítico dictador cubano Fidel Castro Rus (Birán, 1926), hijo natural de un gallego emigrado a Cuba, donde reunió una gran fortuna, murió en La Habana el 25 de noviembre de 2016, a los 90 años de edad. Incinerado, sus cenizas han recorrido el país. “La tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa. Y sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No nos engañamos creyendo que en lo adelante todo será fácil; quizás en lo adelante todo sea más difícil. Decir la verdad es el primer deber de todo revolucionario. Engañar al pueblo, despertarle engañosas ilusiones, siempre traería las peores consecuencias, y estimo que ai pueblo hay que alertarlo contra el exceso de optimismo". (Fidel Castro, discurso del 8 de enero de 1959).

Verso a verso

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Niño Dios, rey de exiliados

Niño Dios y Rey del mundo,
rechazado como extraño,
refugiado y emigrante,
tú que del cielo has bajado
a hacer una sola patria
de corazones hermanos,
que de un solo Corazón
el Amor los ha engendrado.

Te plantaste en nuestra tierra
cual germen de dicha y canto,
de gloria y paz para el hombre,
cual los ángeles cantaron.
Tus gemidos en la cuna,
tus angustias de exiliado
redimen el abandono,
el desconsuelo y el llanto.

Siendo inmenso e invisible,
escogiste rostro humano.
Todo el que con sed te busque
te verá siempre cercano.
Humildes, sabios y reyes
en la pequeñez te hallaron;
eres la senda a la aurora
del que se llora extraviado.

Naces en nuestra esperanza,
naces cuando confiamos,
reinas si nos acogemos,
reinas si nos entrañamos,
si damos el corazón
y nuestros ojos son mansos,
si al odio sigue el perdón,
sellado con un abrazo.

Foto: El drama de los refugiados Premio Pulitzer 2016 (Yannis Behrakis: REUTERS)

Marcos Rincón Cruz