Índice del número 35

Mayo de 1923. Año 4º. Director: Fr. Francisco Lloréns, ofm

A Nuestra Señora de los Desamparados con motivo de su Coronación Pontificia

Nuestro homenaje

Hasta ahora la Virgen de los Desamparados solo era Madre y Patrona de Valencia; desde el próximo día 12 del actual, en que se verificará su canónica y solemne coronación, será también nuestra Reina.

Valencia se dispone a celebrar este hermoso acontecimiento, y al orlar la frente virginal de María Santísima con diadema de oro y de brillantes perlas, la aclamará su soberana con plegarias ardientes y fervorosas, nacidas de lo más hondo de su corazón que la ama con delirante cariño y con las entusiastas y ruidosas fiestas que se dispone a celebrar, y que llenarán de júbilo a los valencianos y de gloria a nuestra ciudad.

Bien merecen los iniciadores y propagandistas del oportuno pensamiento de la Coronación, como también los millares de corazones fervientes y desinteresados, que se han desprendido de sus joyas para colocar sobre la cabeza de la imagen benditísima la refulgente masa de pedrería que el soñar de los artistas ha sabido trocar en deslumbradora realidad, y los hijos de este suelo privilegiado que se aprestan y previenen en devota peregrinación para ofrendar a la Virgen de sus amores los afectos tiernísimos de su corazón.

Empero no debemos contentarnos con celebrar festejos extraordinarios, como los que se preparan, y en los que la solemnidad exterior será tan fastuosa que dejará imperecedero recuerdo en nuestra historia regional. No basta que a Valencia acuda muchedumbre de fieles que hagan punto menos que imposible el tránsito por las calles, y llenen la santa Capilla y la Basílica Metropolitana, deslumbradores como nunca; y realcen el esplendor de las grandiosas fiestas, con su asistencia, los Monarcas y el Gobierno de la nación, los Prelados y las autoridades todas, la representación de la América latina y el ejército y la armada, las corporaciones culturales y las asociaciones religiosas; ni la bulliciosa multitud conmovida en íntima y sincera vibración, ni los elocuentes discursos, ni los secos estampidos de las tracas, ni las esplendorosas procesiones, ni los festejos populares, ni los vítores y aclamaciones, ni siquiera la lectura del mismo Breve Pontificio en que el Soberano Pontífice Pió XI decreta la coronación. El gentío se alejará, se extinguirán los ecos de las músicas y de la pólvora, se apagarán los resplandores de las luminarias, desaparecerán los adornos y se limitará la incomparable corona a ser la joya más rica del tesoro de la Virgen.

Es preciso que cuantos se postren ante la veneranda Imagen coronada, aprendan a sentir y a vivir y a obrar según la doctrina que Jesucristo, hijo de María Santísima, predicó en la Sinagoga y cimentó en la Cruz, para luchar contra la desbordada corriente de sofísticas ideas que amenaza hundir a la sociedad en los abismos de la perdición.

En estos tiempos que corremos de pesimismo religioso, político y social en que se trata de imponer a España leyes perversas a titulo de humanismo insano y los hombres se odian y persiguen como si fueran fieras o se dejan arrastrar a la vorágine del sensualismo desbordado, todos, ante el desamparo de gobernantes rectos y justos y la apostasía de los buenos y la cobardía egoísta de los pueblos, debemos volver los ojos a la Virgen de los Desamparados y suplicarle nos acoja bajo los pliegues de su manto maternal y nos dé calor y fuerza para trabajar por el resurgimiento moral y material de Valencia.
Así será grata a la Santísima Virgen la solemne coronación de su imagen.

La Redacción.

Tríptico mariano

"Ego mater pulchrae dilectionis, et agnitionis, el santae spei".

1.—Madre del amor hermoso.

El dogma de la Maternidad divina de María tiene una expresión poética, que sirve de fuente de inspiración a las almas enamoradas de la Santísima Virgen: me refiero al título: Madre del Amor hermoso, celebrado particularmente en el reino de Valencia.

Estas palabras: «Madre del Amor hermoso», que la Iglesia pone en boca de María, no son una frase hecha, sino que tienen un significado real y expresan uno de los conceptos más bellos que la filosofía estética ha sacado de la Teología. María es,en verdad,Madre del Amor hermoso. Véase el raciocinio.
La perfección que mejor nos define la esencia divina es el amor. Dios, ha dicho un filósofo español, es una esencia pura y sencilla, que ama y amando cunde y se derrama. Dios es caridad, añade por su parte San Juan, y en Dios viven los que viven en caridad. ¿Y qué atributo más generoso que el amor, que expresa la unidad suprema de la vida divina, la posesión gozosa y fruitiva que tiene de sí mismo el sumo Bien?

Dios es amor, repite a cada paso la Sagrada Escritura, y este amor, en la persona del Verbo, vino a tomar carne en las purísimas entrañas de María Santísima; este amor, que es Dios, que es espíritu, que es invisible, impalpable, sin color ni figura, tomó de María la forma sensible que se dibuja en nuestros ojos, y se comunica a nuestros oídos, y conmueve nuestro tacto, y electriza nuestros nervios, y arroba nuestra imaginación, y suspende nuestro sentimiento. Dios es amor, y este amor, que es por esencia luz inaccesible, después que encarnó y se hizo hombre y nació de María Virgen, es luz hermosa que alumbra nuestros ojos, y sonido deleitable que recrea nuestros oídos, y blandura de carne que regala nuestro tacto, y más dulce que la miel en el beso de su boca.

Dios es amor por esencia, y María, dando carne a este amor, dándole la forma de hombre, ha hecho que fuera hermoso. Ella ha rizado sus lindos cabellos, ha extendido airosamente su frente, ha derramado gracia en sus ojos, ha puesto rosas en sus mejillas, carmín en sus labios, oro y marfil en sus dientes; Ella ha torneado las manos de Jesús, ha tallado divinamente su cuerpo, ha revelado la belleza sin par de todo su ser. Bien puede desear toda alma enamorada con Santa Teresa:

Véante mis ojos, dulce Jesús bueno,
véante mis ojos, muérame yo luego.
Vea quien quisiera rosas y jazmines,
que yo, si te viere, veré mil jardines.
Flor de Serafines, Jesús Nazareno,
véante mis ojos, muérame yo luego.

En suma, siendo la hermosura propiedad de la forma sensible, y habiendo Mara dado hasta forma al Dios del amor, con razón decimos que es: Madre del Amor hermoso.

2 ...y del conocimiento;

del buen sentido, traduciría yo; del ordenado proceder; de la hermosura de la vida cristiana. ¿No es verdad que María hace grato nuestro amor? Si esto se puede afirmar de todo amor que se ocupa en un objeto dignamente amable; ¿qué no hará el pensamiento de la Madre del Amor hermoso, puesto y acariciado y tiernamente sentido en el corazón cristiano? Como el sol amanece, y esparce sus rayos, y esclarece el aire con ellos, y da color a las flores, alegría a los prados y esplendor al mundo; así María amanece en el corazón que la ama, y envía la luz de su ser por todo el ser del hombre: envía gracia divina a los ojos, pureza a los miembros, paz al espíritu, consuelo al corazón.

  1. Como el agua cae sobre la tierra seca, y se empapa en ella y la reblandece y hace fecunda; así el amor de María cae en el pecho cristiano y lo ablanda, y de duro lo hace benigno; de porfiado, tolerante; de perezoso, trabajador. Como la savia corre por la planta y la vivifica, y el aroma se esparce por el ambiente y lo embalsama, y la medicina entra en el cuerpo enfermo y lo cura; así cura el amor de María nuestros vicios, alivia nuestros males y regenera nuestra vida. En suma, como la verdad hace verdadero el pensamiento; y la luz, hermosos los objetos; y la vida, viva la materia; y la paz, tranquila la conciencia; así el dulce amor de María, plantado en el corazón cristiano, hace de él y de la conducta que de él procede un trasunto y divina expresión de la celestial hermosura de María, que es por lo mismo Madre de nuestro hermoso amor.
3 ...y de la santa esperanza;

del dulce consuelo y generosa resignación. Hemos dicho hasta ahora lo agradable de la vida cristiana. Pero ¿y las sombras? ¿Es que en la vida cristiana todo es hermosura, color, alegría, luz, tranquilidad, flores, encantos, sonrisas e ilusiones? ¿no hay dolor, ni desengaños, ni vicios, ni pecados? Seamos optimistas. El hecho del dolor es preponderante en nuestra vida. Con un ¡ay! inconsciente anuncia el niño su existencia; con un ¡ay! amargo se despide de la vida el moribundo; y entre esos dos gritos de dolor, un ¡ay! triste, interminable, se repite en casi todos los momentos de la vida humana. Cierto que se levanta en nosotros un afán connatural por desentendemos del dolor, de las desgracias y del llanto; somos naturalmente rebeldes al sacrificio; pero ¡ay!, al sacrificio caminamos siempre, o como Jesús, queriendo; o como el ladrón, renegando. Pero para nuestro consuelo también en el calvario está María; también en la senda de nuestras desgracias, y en la cumbre de nuestras tribulaciones, y en la cruz de nuestros sacrificios se encuentra la Madre del amor hermoso; pero aquí deja este nombre y toma otro más grato; aquí se llama Madre de la esperanza y del consuelo, Madre de les Desamparados.

Fr. Antonio Torró, ofm

Enrique Reig y Casanova

D. Enrique Reig y Casanova, Cardenal Arzobispo de Valencia, delegado por Su Santidad Pío XI para coronar solemnemente la Imagen de Ntra. Sra. de los Desamparados.

El lliri del paradís

Hi hagué al principi un jardí en la tèrra
plé de delicies, tant reblit de gracia,
que compararlo, sens que siga audacia,
a un troç de glòria m' atreviré jo.

Mes vingué un dia, dia funestissim,
que per al home se pergué el jardí,
i les delicies que gojava allí
se convertiren en horrible mal.

Este hòrt de glories era el paradís,
que per al hòme Deu el va criar,
mes quan el hóme s' atreví a pecar
de aquelles gracies s' acabà el caudal.

Es cosa certa que lo que Deu fá,
ya no sól pedres, ni deixa de ser;
puix fora minva del seu gran poder
que lo que cria se tornara res.

Així les gracies de aquell paradis
no se pergueren pera tot lo mon;
les unes y altres repartides son
nous paradisos per formar després.

Les llavoretes de les seues flors
volant vingueren a nostra regió,
i les fontetes de tendra cançó
filtraren l'aigua en ocults riuets,
i repartint-se per divèrses parts
se corregueren marmolant dolçors,
ells per la térra, i plens de candors
volant vingueren també els aucellets.

¿Perqué vingueren a nostra regió?
¿Qué li trobaven al país valencia?
¿Qué té esta térra tant previlejada?

Es perque sembla a aquell paradís;
perque ací tróben els arbres frondosos,
fonts cristalines i rius cantadors,
flors variades d'encesos colors,
cel blau, i en terra lo verdós tapís.

Es perque els àngels baixaren del cel,
plens d' anyorança i ansiosos de fer
en esta terra un altre verger
per a sa Reina la Mare de Deu.

I quan les gracies de tanta beltat
volant anaven per lo mon perdudes,
pronte es vegueren aixi detengudes
ab la gran força d' angélica veu.

Pararen totes, i aquells angelets
que ací ignoraven el fer un edén,
al punt comencen ab gran ardiment
a escollir joyes de gracia i beutat,
segons la image que ja havien vist
en la preséncia del Deu poderos,
i que en la terra en un temps gloriós
seria amparo de l'home humillat.

Mireu-los pronte com van arreglant
per eixes hortes el hermós jardí;
humils violetes brotaven ací,
per allà roses apunt d' esclatar,
un mar de lliris, d' hermosos clavells,
fresques roselles d' encesos colors,
gesamins i nardos de tant purs olors,
que fins a aquells àngels els feia dubtar
si allá en la gloria n' hi hauria mes purs.

En açó brollen a mils les fontetes
que pórten l' aigua per mig de sequietes
per a regar aquell camp tant hermós.

Pero que passa? perqué paren tots?
Ja graciós s' alça el nou paradís,
i entre ses gracies corregué un avis,
i al moment paren i tot ha callat.

Els àngels pugen i baixen del cél,
i allí despleguen hermosa i gran llum,
i deixen vore per a un temps ben llunt
en estes hortes una gran ciutat.

Baixen els àngels, alegres, cantant,
i entre delicies del mes pur amor
porten els àngels la tendrá llavor
d' un lliri blanc que en el cel ha brotat.

Tots se commouen, tremola la terra
mentres els àngels ja planten el lliri,
i al veure-ho créixer se sent el deliri
que a tots fa correr al mig la ciutat.

Miran-la bella i plena de joies
l'alba s' assoma pujant per la mar,
i entre mil perles comença a baixar,
obrint les roses i flors del jardí:
totes esclaten al seu tendre bés,
totes perfumen el nóu paradís,
totes inclinen el seu cap sumís,
davant d' un lliri tant blanc i tant fí.

Els àngels canten i l'home somriu
quan de gaudir-la vista es complau;
es aquest lliri la flor de la pau,
perquè és la mare dels desemparats.

Verge purissima, Reina del cel,
lliri de gracia, Mare de Deu,
ja que aquest regne es complau a ser teu,
sigau amparo de tot valencià.

Fr. Manél Balaguer, ofm

02

Mereció ser Madre de Dios y de los hombres

Muchos son los llamados y pocos los escogidos. Mt 22, 14.

Eva, que fue llamada para ser madre de todos los hombres, se hizo indigna, por el pecado, de la más alta prerrogativa reservada a la mujer.

María, que consagró a Dios su virginidad, haciendo de Sí oblación perfecta, mereció por esto ser Madre del Hijo del Eterno. En el sacrificio está la medida del amor; y en la virginidad, la cumbre del sacrificio; siendo la maternidad (y lo mismo la paternidad, porque ambas son un solo reflejo de la Providencia divina en nosotros) el crisol donde se prueban las leyes del amor y del sacrificio.

Tanto es más madre la mujer cuanto es más casta. Por eso, fuera de María, la más alta perfección de la maternidad, radica, en lo humano, en la madre verdaderamente cristiana. Pero sobre esta jerarquía está la maternidad del espíritu, que manifiesta su más delicada floración en la familia del claustro, corte de María formada por las heroínas de la pureza.

En María se conciertan la castidad de la madre cristiana, depurada hasta las exquisiteces de la inocencia en la más limpia de las concepciones; y la maternidad fecundísima, cuya cualidad, en su grado más excelso, no está precisamente en el crecimiento numérico de los hijos, sino en las excelencias y perfecciones del fruto que las madres llevan en su seno; lo que dio a la Doncellita de Nazaret el glorioso título de Madre de Dios al concebir en sus entrañas al Hijo de Dios hecho Hombre; que por ser el arquetipo de todos los hijos y el ejemplar nobilísimo de la naturaleza humana que mereció adecuadamente unir ésta en su santísima Persona a la naturaleza divina, para reparar cumplidamente aquella unión dichosa que rompió el pecado en la persona de Adán; hizo de su purísima Madre, por ley de herencia, el arquetipo de todas las madres y el ejemplar nobilísimo también de la naturaleza humana, cuando mereció, por su limpieza virginal, concebir en su castísimo seno al Verbo humanado, y emparentar por los vínculos de la sangre y de la gracia con la Familia Divina.

Pero María, que al ofrecer a Dios su virginidad, precisamente en aquella época en que la fecundidad era el orgullo y el ideal de las hijas de Israel y la esterilidad su estigma, mereció ser Madre del mismo Dios; al presentar su santísimo Hijo en el Templo, y, sobre todo, al ofrecerle y acompañarle en el Calvario, mereció ser Madre de todos los hombres y la corredentora del linaje humano; porque, a imitación del Padre celestial, amó tanto a los hombres que les dio su Hijo.

Esta Madre celestial, nos adoptó por hijos en el Calvario al legitimarnos Jesucristo con su Sangre ante el Padre y otorgarnos el pasaporte de la gracia formalizado con nuestro arrepentimiento al pie de la Cruz.
Dos imágenes que veneran los valencianos en un mismo recinto han conmovido siempre las fibras de mi alma. La de Cristo en la Cruz, cuyos brazos dulcísimos abiertos y sujetos por hierro al madero, tanto significan un estado permanente de misericordia para no castigarnos, como una expresión inacabable del Amor que espera, y la de nuestra Virgen de los Desertores (1) y de los Desamparados, cuya simpática inclinación de cabeza, tanto parece interpretar un sí anticipado a nuestras súplicas en demanda de su intervención, como un interrogante familiar preguntándonos si hemos bajado a ver a su Hijo e interesándose por nuestros pequeñuelos.

F. M. Morales

(1) Virgo dessertorum = Virgen de los desamparados.
Por eso aparece "Virgen de los Desertores", el equivalente a "desamparados" que deja sin traducir

Nuestra Señora de los Desamparados

Felipe II y la Virgen de los Desamparados

Grande y tierna fue la devoción que el católico monarca, Felipe II, profesó a nuestra excelsa Patrona, la Virgen de los Desamparados. Y como para que fuese sólida esta devoción, no bastaban las visitas a su capilla, cuando, ya como príncipe de Asturias, o ya como rey de España, vino repetidas veces a la ciudad del Turia; sino que debían traducirse y manifestarse en obras patentes a favor del culto de esta veneranda imagen y su Real Cofradía, denominada de Santa María de los Santos Mártires inocentes y desamparados, los hechos se encargaron de comprobar lo que la fama pregonaba, colocando al monarca en el lugar que le correspondía.

En 1567, el clavario de los mayorales y el síndico de dicha Cofradía, expusieron al mencionado rey que, continuando en el desempeño de su caritativa misión, todos sus cofrades, cual era dar religiosa sepultura a muchos desgraciados, hallados en caminos públicos y en lugares desiertos, o recogidos en el patíbulo, después de la ejecución dé la justicia, procurándoles, al propio tiempo, los sufragios necesarios para alivio de sus almas, no les era posible proseguir con que pudiesen hacer frente a los muchos gastos que les ocasionaba el fiel cumplimiento de su misión.

Accediendo gustoso Felipe II a los ruegos de dichos mayoral y síndico, y movido del celo de su caridad y de la devoción que profesaba a esta sagrada imagen, el 15 de Marzo del susodicho año, les concedió, por gracia especial, la facultad de amortizar mil ducados, en beneficio de la Cofradía. Más tarde repitió esta gracia, en dos ocasiones diferentes: el primero de Enero de 1591, hizo merced a dicha Cofradía de la facultad v licencia para amortizar dos mil libras, con destino al mismo fin; y el 20 de Septiembre de 1593, les otorgó la cantidad de otras dos mil libras, en la misma forma; con cuyo auxilio pudieron los cofrades remover las grandes y múltiples dificultades económicas que, hasta entonces, les habían impedido la realización completa del fin primordial de su institución. Con tales protectores es como prosperan esas santas instituciones que, en su fin principal, abarcan el doble concepto del auxilio moral y material de aquellos seres desamparados, que, aunque tan desgraciados, son nuestros semejantes, y, por lo mismo, dignos de conmiseración.

Fr. Luis Fullana, ofm

De la lira humilde

Has vuelto, Mayo, has vuelto con tu sonrisa mágica; brotaban las rosas a tu paso por los llanos, las violetas acariciaban el aljófar de tus sandalias perfumadas, las palmeras te contaban sus leyendas orientales... Allá lejos, en la cima del monte, ha quedado taciturno el anciano Invierno de los cabellos de nieve.

Te esperábamos; asistimos a tu agonía aquella tarde, ¿recuerdas?, los estratos te llevaron en sus góndolas maléficas, y las hojas caían, caían mientras rimaba la fuente su sonata de perlas sonoras... Y en tus ojos vidriados pudimos contemplar aún la promesa de tu dulce retorno.

Y en las noches embrujadas del invierno, cuando la luna con los destellos de su sudario alumbraba la pradera muerta, soñábamos en la vida de tus cantos, en las naves rosadas de tus crepúsculos de ensueño...

Las golondrinas vinieron anunciando la nueva: «Mayo torna a los valles». Y corrimos a tu encuentro; por nuestro espíritu surcaba el sublime escalofrío del placer bello, el de tus brisas de ventura, el de tus rimas de amores.. ¡Qué hermosa la vida!

Y has llegado triunfal, brillan en tu rostro aquellas pupilas candorosas, y las auras de tu aliento milagroso han vertido sus rumores de caricias; y la túnica nazarena de las almas solitarias aparece orlada de jazmines. Mayo, has modulado el himno de la vida, del amor y del cielo...

....Y es tu venida venturosa en nuestra fiesta querida, cuando te pedimos que engendres tus flores más hermosas, porque., ¿lo sabías?, han de tejer tus jardines la guirnalda más gigantesca que brotó de su seno, la alfombra más bella que pisaron las plantas inmaculadas de nuestra Patrona. Y es ahora, en su coronación grandiosa, cuando le han de hablar tus auras del cariño de sus hijos, y han de descender, en beso cariñoso, los pétalos de tus rosas cuando Ella pase por nuestras calles, y los otros, no menos bellos de las sultanas de tus vegas, sonreirán con el gesto del amor más puro que albergó su pecho...

Madre, Madre, porque lleváis el título de los Desamparados, porque sois el orgullo de nuestros corazones, porque dibujáis en vuestros labios la ternura más dulce de las ternuras, porque sois el asilo de las almas amargadas por los choques del dolor. Salve, Señora, Salve. Todo para Vos, el aroma de nuestros amores, la gratitud de nuestras almas, el perfume de nuestros jardines... Cuando Mayo te rece nuestros cariños él te dirá también que mejor aún que la corona diamantina que ceñimos a tus sienes te ofrecemos otra tejida con el fervor delirante de nuestras almas valencianas.

Has vuelto, Mayo, has vuelto. Tus flores todas para la Madre.

...Y rizan tus azahares sus promesas de esperanza....

José Corts Grau

Silueta de la proyectada Basílica de la Virgen de los Desamparados, obra de José E. Galiana

Boceto

Por una no interrumpida serie de deseos, todos contestes reclaman que la suspirada basílica digna de la Patrona del Reino y de los valencianos no se separe de junto al trono donde de largos siglos los hijos de esta tierra aposentaron a su Reina en el corazón de la ciudad, centro de la antigua vida ciudadana, desde que la Valencia primitiva elevaba sus altares a las divinidades paganas y junto a las reliquias del martirio de los Santos Valero y Vicente, y en los mismos sitios donde acudieron siempre los valencianos a tributar homenaje o demandar amparo en sus desgracias. Tales deseos se van exteriorizando y la Sociedad «Lo Rat-Penat», recogiendo las aspiraciones de todo el pueblo valenciano, elevó patriótico Mensaje al Sr. Cardenal-Arzobispo para que el día de la solemne Coronación Canónica se ofreciera voto de construir una basílica grandiosa junto a la hermosa Capilla de la Mare de Deu dels Desamparats; y en su deseo de presentar al pueblo los entusiasmos que a diario se manifiestan, ha lanzado la idea de lo que pudiera ser la monumental basílica en el entusiasta trabajo que presentamos y que ha merecido unánimes alabanzas.

La actual capilla, joya del arte pictórico, llena de recuerdos valencianos, se conserva aquí con toda su integridad, sirviendo de vestíbulo a la gran nave que se extendería hasta la calle actual de la Harina, sin que pudiera interrumpir la comunicación con ninguna vía importante. Soberbia cúpula, iluminada con todos los esplendores, del arte, se levantaría airosa derramando la luz del cielo sobre tan amplio santuario. Y vibraría con los resplandores de sus doradas tejas y reverberando los rayos solares desde Sagunto, por todo el anfiteatro de montes que circundan la extensa huerta; las imágenes y esculturas de los Santos valencianos coronarían las elevadas cumbres de la iglesia; Valencia toda se acogería bajo sus bóvedas...

No penetramos en el interior; la maestría de nuestros artífices, el arte de nuestros pintores y escultores, soñarían la morada de la Reina con todo el esplendor de su genio.

La Stma. Virgen de los Desamparados haga que se convierta en consoladora realidad lo que hoy solo es ardiente deseo de todos los valencianos.

Desamparados