Índice del número 36
Junio de 1923. Año 4º. Director: Fr. Francisco Lloréns, ofm
- Hace tres años... Editorial
La palabra hablada y la lengua de San Antonio. S. O. Lerma
Fiesta de san Antonio.
A San Antonio. Poema. R. González Flores, Pbro
Al Niño Jesús de San Antonio. Poema. Fr. Manuel Balaguer, ofm
A San Antonio de Padua. Poema. Fr. Manuel Balaguer, ofm
Las misiones católicas (IV). Fr. Juan Bta. Botet, ofm
Notas históricas de la Seráfica Provincia de Valencia. - A través del camino. Poema. José Corts Grau
Noticias. Desde Roma, Cocentaina, Agres, Onteniente, Teruel, El Grao
Crónica
Hace tres años...
En Junio de 1920 vio por vez primera la luz pública esta revista.
Durante los primeros meses, La Acción se contentó con vestir sencillo y modesto ropaje y visitar solamente a algunos de los miles de socios que integran las entidades antonianas de la capital. Los animosos jóvenes que la redactaban, organizados en «Agrupación Literaria», lo único que se propusieron fue comunicarse las energías y entusiasmos de que estaban poseídos, dar a conocer las diversas actuaciones de la vida religiosa, artística, literaria y social antoniana y sembrar la semilla de una publicación que con el tiempo pudiera desenvolverse con desahogo si encontraba una entidad que la protegiese y una firme voluntad bien encauzada puesta al servicio de la causa de Dios.
Hace algún tiempo el milagro se obró y hoy La Acción Antoniana, convertida en elegante y bien presentada revista, con profusión de grabados y excelente papel, se lanza a la calle y no se contenta con visitar a los socios antonianos en sus casas de la capital, sino que penetra en todos los pueblos de las tres provincias valencianas, siendo la revista religiosa de más circulación de la región, salen muchos números para el resto de España y aun del extranjero, tiene cambio con casi todas las publicaciones similares, en sus 16 páginas de texto lleva raudales de doctrina, literatura y amenidad a muchos miles de hogares... y todo esto conservando un precio de suscripción completamente inverosímil.
A esto, a los numerosos corresponsales y amigos que tenemos en las poblaciones mas importantes, que miran La Acción como cosa propia y se encargan de proporcionarnos listas de lectores y suscriptores, y de un modo especial a la Providencia divina, manifestada en la protección que nos dispensan San Francisco de Asís y San Antonio de Padua, por cuya gloria trabajamos, se debe el que esta revista extienda su acción por todas partes y en todas las esferas sociales.
Damos gracias a Dios por el avance realizado y renovamos nuestros alientos para el porvenir, confiando en que si perseveramos en nuestra actuación, no nos faltará la ayuda de los Santos Protectores, ni el favor del público católico, ni la benevolencia de nuestros amigos. A todos rogamos continúen prestándonos su valiosa cooperación para proseguir nuestro empeño de coadyuvar en la medida de nuestras fuerzas al sostenimiento de la fe y de la piedad en general y al fomento de las instituciones seráfico-antonianas en particular.
La Redacción.
La palabra hablada y la lengua de San Antonio
El camino mas corto para el transporte de las ideas es el de la palabra hablada.
La virtud prodigiosa de este maravillosa medio de comunicación que Dios ha puesto entre los hombres, es de un valor inapreciable; y si en su mecánica natural es sorprendente, pues no hay rotativa, ni fonógrafo, ni teléfono que la iguale, tanto en la multiplicación simultánea para llegar a un mismo tiempo a miles de inteligencias, como en el arte exquisito de matizar las ideas y los sentimientos, y sobre todo, en la espontaneidad y frescura de las improvisaciones intransferibles e inexplotables; contemplada la palabra hablada como instrumento sobrenatural para establecer la comunicación entre Dios y los hombres y por tanto, como intérprete y vehículo de la verdad revelada inasequible a las solas fuerzas de la razón humana, su eficacia trasciende sobre toda eficacia; porque nunca soñó la fantasía del hombre que el imperio de su voz llegase, por delegación divina, al "Fiat lux" en la conciencia de los pecadores arrepentidos y a las profundidades de las substancias del pan y del vino para separarlas de sus accidentes y cubrir con estos las del Cuerpo y Sangre de Cristo.
Jesucristo, y lo mismo un número incontable de sus Santos, los que más se asemejaron a El en la austeridad de su vida santísima, emplearon la palabra hablada como único o principal instrumento de su apostolado; y los más estupendos milagros se realizaron (y en esta circunstancia tienen una de sus más formidables argumentaciones apologéticas) por un mandato imperativo, de viva voz formulado.
Después de las obras personales de Jesucristo, la mayor y más sorprendente maravilla que se debe a la intervención de la palabra humana es la Encarnación del Verbo, realizada en el instante en que la Santísima Virgen, después de asegurada su virginidad, pronunció el "Fiat mihi secundum verbum tuum".
[Hágase en mí según tu palabra]. Entre los muchos santos que pusieron su lengua al servicio de Dios, figura en lugar eminente San Antonio de Padua, el milagroso y popular San Antonio, el panadero de los pobres, a quien acuden hasta los impíos para encontrar aun los bienes temporales perdidos.
Taumaturgo por excelencia, se dio a conocer por su palabra apostólica en el convento de Forli, precisamente cuando había sido despreciado como inútil, por su aspecto enfermizo.
Yo no sé que tiene la gracia divina y aun lo que llamamos gracia humana, para armonizar tan íntimamente con la falta de la belleza física; pero es lo cierto que, en los santos, uno de los medios acumuladores de la gracia de Dios en sus almas es la penitencia y el sacrificio, que deforman con sus austeridades la belleza corporal; y en lo humano, vemos con harta frecuencia que personas poco favorecidas físicamente son altamente simpáticas, y cautivan la atención por lo gracioso de su palabra viva y penetrante.
San Antonio debió ser un hombre de palabra fácil y graciosa en el mejor sentido; y puesta, por una vocación irresistible, al servicio de Dios, en aquella época crítica en que aparecieron las providenciales Ordenes Franciscana y Dominica, eminentemente apostólicas, se explica que el Señor derramase sobre su lengua el tesoro de sus gracias, dando a su palabra la eficacia divina pródiga y bienhechora.
Cuando, pasados treinta y dos años de su muerte, se verificó el traslado de sus restos desde el convento de Santa María, en Padua, a la actual magnífica Basílica, San Buenaventura, General entonces de la seráfica Orden, contemplaba con asombro la milagrosa conservación de la lengua, fresca y de color natural, en medio de la corrupción del cuerpo reducido a polvo; y mostrando a la muchedumbre la preciada reliquia prorrumpió en aquellas palabras que sirven ahora como antífona en su liturgia: "¡Oh, tu, bendita lengua, que en otro tiempo alabaste al Señor y enseñaste a muchos a alabarle: ahora es a todos notorio cuán grandes fueron tus merecimientos en la presencia de Dios!"
S. O. Lerma
Artístico grupo que se venera en la Capilla de Comunión de la iglesia de San Lorenzo
La imagen de San Antonio de Padua que más culto recibe en Valencia
Fiestas a San Antonio
La Pía Unión, Juventud e Infancia Antoniana dedicarán el presente año a su celestial protector los siguientes cultos en la iglesia de San Lorenzo:
Novenario.—Principia el día 4, a las siete de la tarde, con exposición, trisagio, novena, sermón, reserva y responsorio. Los sermones están confiados al P. Buenaventura Arener, franciscano.
Domingo, día 3.—Ejercicio mensual de las Asociaciones Antonianas, aplicado por todos los difuntos.
Domingo, 10.—Misa de Comunión, con plática, para la Infancia Antoniana.
Martes, 12.—Después de la función vespertina, la banda de música «La Artística», recorrerá las calles por donde ha de pasar la procesión, ejecutando escogidas piezas.
Miércoles, 13.—Misa de Comunión, a las ocho, y sorteo de dos oleografías entre presentes.
A las diez y media, la cantada a toda orquesta, con panegírico por el P. Luis Colomer.
Seis tarde, bendición de los lirios y acto seguido procesión pública siguiendo la carrera de costumbre. A la entrada del Santo en la iglesia se disparará una traca de colores.

A San Antonio de Padua
Soneto
Celoso Apóstol, Confesor ferviente,
Doctor egregio de saber profundo,
Taumaturgo admirable y sin segundo,
De Amor divino Serafín ardiente;
Mártir de anhelo, Celestial Vidente,
Antorcha de la fe, Pasmo del mundo,
En frutos de virtud Árbol fecundo,
De agua de caridad perenne fuente;
Martillo destructor de la herejía,
Adalid victorioso en lucha insana
Contra el mundo, la carne y el demonio;
De tu glorioso tránsito en el día,
Lustre y honor de la Orden Franciscana,
El Orbe te saluda, oh grande Antonio.
R. González Flores., Pbro.
Al Niño Jesús de San Antonio
| Mi buen Jesús, Niño mío, luz y esplendor de la gloria del inmortal San Antonio regalo y prenda preciosa; mírame con ojos bellos, mírame, tierna paloma, que si me miras piadoso, todo mi ser enamoras, y hechizada siento el alma entre deliquios de gloria. ¡Cuán feliz es San Antonio! que calladito y a solas te da besos a millares, |
besos de amor que te roban tu inocente corazón. Yo en esa tu faz graciosa quisiera imprimir un beso derritiendo mi alma toda; mas si ese don no merezco embriágame de gloria con tus miradas de amor. Yo en cambio, paloma hermosa, te daré por tus miradas todo el amor que atesora mi pobre y fiel corazón. |
A San Antonio de Padua
Cuando veo tu imagen, si te miro,
siempre veo en tus brazos cielo empíreo,
porque cielo es el Niño que nos muestras
y al que tiernos amores le demuestras;
y si cielo es el Niño, que en tus brazos
subyugado se está con dulces lazos,
celestial debe ser la luz divina
que a las almas a amarte las inclina;
y contigo estará la corte célica
y obediente a tu voz la raza angélica;
y el poder soberano del Dios vivo
en tus manos se muestra muy activo.
Por esto si milagros busca el hombre,
tu poder los hará con que le asombre;
y la muerte, el error, los desterrados,
los leprosos, enfermos y apestados
sentirán sus dolencias socorridas,
como encuentra tu luz cosas perdidas;
las almas sentirán con eficacia
los efluvios dichosos de tu gracia.
No alejes de nosotros ese cielo,
bendícenos Antonio y da consuelo
a jóvenes y niños y doncellas,
que serán de este cielo las estrellas
si fulgura en sus almas luz divina,
si tu gracia hasta Dios las encamina:
y sea de este cielo el complemento
alcazarnos de gracias el aumento,
que haciendo mas dichosa nuestra vida,
la hallemos en el cielo mas cumplida.
Las Misiones católicas
IV
Pero las limosnas no bastan para sostener las Misiones católicas. Con ser tan necesarios los recursos materiales que sin ellos no podrían subsistir ni las Misiones ni los misioneros, sin embargo, no son suficientes: se necesitan otros recursos y otros auxilios: los auxilios espirituales: las oraciones.
Y la razón es, porque la fe es una gracia, raíz y principio de todas las gracias; y como Dios tiene dispuesto no concedernos las gracias del orden sobrenatural sino mediante la oración, de aquí que sean necesarias oraciones para que descienda del cielo la luz de la fe, ilumine las almas de los infieles, y dirija sus pasos por los senderos de la virtud y de la salvación.
Dios puede, es cierto, conceder todas estas gracias a los infieles, sin necesidad de nuestras oraciones: pero quiere, en su misericordia, hacernos cooperadores suyos en la obra de la propagación de la fe, de la evangelización de los pueblos, de la conversión y salvación de las almas. Y esta cooperación nos la concede por medio de nuestras oraciones y sacrificios.
Y estas oraciones y sacrificios son necesarias para los misioneros y para los infieles: para los misioneros, a fin de que Dios les conceda salud y fuerzas físicas y morales; constancia en medio de tantos peligros y obstáculos, virtudes especiales y extraordinarias; y también para que Dios suscite y llame nuevos operarios que vayan a recoger la mies todavía inmensa, esparcida en los campos de la infidelidad.
Y son necesarias para los infieles, para que se conviertan, y abjuren sus errores, y abracen la fe, y con la fe la esperanza en la vida futura, el amor a Dios y al prójimo, con todas las demás virtudes de la vida cristiana, que brotan de la fe, y están informadas y vivificadas por la caridad.
Y si todos, podemos enviar limosnas a las Misiones, con mayor facilidad podemos elevar oraciones y plegarias al cielo por la prosperidad de la propagación de la fe; como: Comuniones, rosarios, Vía-Crucis , y otras obras de piedad, por la conversión de los infieles.
Y no cabe duda que de nuestras oraciones depende, muchas veces, el que se convierta mayor o menor número de almas, y reciban estas debidamente los Sacramentos de nuestra Santa Religión, y perseveren en la fe y observancia de los preceptos divinos y eclesiásticos, y se salven y den gloria a Dios eternamente.
¡Qué gloria tan grande y extraordinaria para nosotros los católicos, poder cooperar con Dios en obra tan prodigiosa y tan sublime, más sublime y prodigiosa que la creación de los cielos y la tierra, cual es la santificación y salvación de las almas!
* * *
Y el asunto de las Misiones Católicas, es de capital importancia en nuestro siglo que muy bien podría ser llamado siglo de las Misiones.
Asunto verdaderamente transcendental, porque de él depende la conversión de millones y millones de almas, y la difusión de la única verdadera civilización del mundo,que es la civilización cristiana.
Asunto el más glorioso y consolador, porque en él esta interesada ¡a mayor gloria de Dios, el honor de la Iglesia nuestra Madre, y también el honor y la gloria de los católicos, porque a medida que cooperamos en la conversión de los infieles, trabajamos también por nuestra salvación y glorificación eternas.
Asunto en el cual trabajan con el mayor empeño todas las religiones y sectas, separadas de la Iglesia Católica; pues solamente los protestantes recogen anualmente más de ciento veinte millones de francos para sostener sus misiones; y continuamente envían a sus posesiones y colonias hombres cargados de dinero, para aumentar cada día más, el número de sus prosélitos.
Y por esto mismo, por el grande empeño con que trabajan los herejes y cismáticos en sostener sus misiones, debemos nosotros los católicos, imponernos mayores sacrificios para que se propague, cada día más la divina semilla de la fe, en los campos de la infidelidad.
Limosnas y oraciones se nos piden a los católicos para sostener nuestras Misiones; y debemos enviarlas constantemente; limosnas que se trocan en piedras preciosas que adornan las almas de los recién convertidos a la fe; y oraciones que hacen descender del cielo copiosos raudales de gracias, para hacer brotar en los vergeles de la Iglesia, las flores de las virtudes y cosechar frutos de vida eterna.

Notas históricas de la Seráfica Provincia de Valencia
Convento de San Francisco de Valencia. Su iglesia sirvió de sepultura a don Berenguer de Lauria y a su madre doña Saurina de Entenza. Beneficios que ésta dispensa a dicho convento
La notabilísima Matrona, doña Saurina de Entenza, hija del célebre capitán Berenguer de Entenza, y esposa del inmortal Roger de Lauria, Almirante de la Corona de Aragón, fue devotísima de nuestro Seráfico Padre San Francisco, como bien lo demostró durante toda su vida y, de una manera especial, en los últimos días de su existencia. El Convento de San Francisco de Valencia conservó recuerdos imperecederos de esta insigne bienhechora de los hijos del Pobrecito de Asís, lo mismo que los Religiosos franciscanos de la ciudad de Játiva.
Como su confesor fue siempre franciscano y su consejero particular el Guardián del Convento de San Francisco de esta ciudad, era muy natural que también su espíritu estuviese modelado según el espíritu franciscano. Por eso vivía sobria y modestamente, despreciando las comodidades y los honores con que le brindaban su posición social y la nobleza de su familia; ajustando su vida a un continuo ejercicio de todas las virtudes cristianas, alentada siempre por la devoción que profesaba a nuestro Seráfico Padre San Francisco.
Esta devoción ardiente de doña Saurina al Seráfico Patriarca, le hizo labrar un magnífico sepulcro, en la iglesia de este Convento, para que en él descansasen los restos de su hijo Berenguer de Lauria y de Entenza, heredero universal de todos los bienes de la nobilísima Casa de Lauria, muerto en 1324.
Otorgó su testamento en la ciudad de Valencia, el 25 de Agosto de 1325, y en él ordena que sus albaceas, antes de tomar cada una de sus resoluciones, pertenecientes a su oficio, debían oír el parecer y consejo de su confesor, Fr. Gil Pérez de Albarracín y del Guardián del Convento de San Francisco de Valencia. Manda en dicho testamento que, para la salud eterna de su alma, de la de su esposo, el Almirante Roger de Lauria y de los hijos de entrambos, se construya, de sus propios bienes, un convento en la ciudad de Játiva, para monjas franciscanas de la primitiva Regla de Santa Clara; y que allí se labre la sepultura para enterramiento de su cuerpo, junto con los restos de sus hijos, Berenguer de Lauria, enterrado en la iglesia de San Francisco de Valencia, como hemos dicho, y Roberto de Lauria, cuyos restos se conservaban en la iglesia del Monasterio del Puig de Santa María.
Dispone, además, doña Saurina que si aconteciese morir antes que se hubiese terminado el convento de Játiva, su cuerpo recibiese religiosa sepultura en el mencionado Convento de San Francisco de Valencia, al lado mismo donde yacía el cuerpo de su hijo Berenguer, llamado Roger de Lauria, después de la muerte de su hermano mayor, y que, custodiado por el Guardián se conservase en esta iglesia hasta tanto que se terminase el convento de Játiva. Y como este convento no se terminó hasta el año 1336, habiendo muerto doña Saurina el 1 de Setiembre de 1325, permaneció su cadáver en San Francisco de Valencia, durante once años junto con el de su hijo Berenguer o Roger de Lauria. Y luego fue trasladado efectivamente, con los restos de sus mencionados hijos, Roberto y Berenguer, a la iglesia del nuevo convento de Játiva, donde permanecen todavía, como pudimos comprobarlo, hace algunos meses, en su propio sepulcro, conservado en la actual iglesia de dichas monjas franciscanas.
A estas monjas dotó doña Saurina con diez y seis mil sueldos anuales, en moneda valenciana, con la obligación de entregar anualmente mil sueldos al Convento de San Francisco de Valencia. Este Convento percibió dicha pensión mientras las monjas de Játiva conservaron la dotación mencionada, que fue hasta últimos del siglo XIV.

Como anunciamos en el número anterior, el día 6 de Mayo se bendijo con solemnidad el nuevo altar dedicado al "Glorioso Tránsito de San José", que está llamando poderosamente la atención de artistas y fieles. Vista del maravilloso grupo y parte del altar, obra del escultor D. José María Ponsoda
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