Índice del número 169

Febrero de 1935. Año 16. Director: Fr. Manuel Balaguer, ofm

La escuela y la propaganda sectaria

La Federación Católica de Maestros Españoles ha hecho constar su protesta y lamentación, porque un grupo de maestros nacionales, olvidando sagrados deberes de su ministerio docente, haya intervenido en los sucesos revolucionarios del mes de Octubre.

Esta participación —dice aquella entidad— es consecuencia de la labor demoledora de algunos maestros que han hecho de la escuela un foco de propaganda revolucionaria mediante el amparo que han encontrado en otros organismos superiores o en la lenidad con que han visto su actuación los superiores jerárquicos.

El cultivo del patriotismo—sigue dicierí-do—está cas¡abandonado en la escuela española. El laicismo se interpreta como ateísmo o, lo que es peor, como materialismo. Las normas oficiales no llegan a los maestros y n¡la inspección central n¡el Consejo de Instrucción pública se han ocupado de tan importante asunto.

He aquí, por los párrafos transcritos, la verdadera situación de la escuela primaria española, apartada de su augusta misión educativa y entregada por criminal inhibición del poder público a la obra demoledora de
los enemigos de la sociedad y de la civilización cristiana.

El país no se capacita bien de lo que significa esta situación peligrosísima para el porvenir de España. Hoy serán, quizás, excepción las escuelas que así han prostituido su misión, conducidas por maestros indignos de este nombre. Pero como el ejemplo del mal cunde y se propaga, el número se acrecerá rápidamente y en pocos años tendremos una generación de adolescentes españoles educados en lá incredulidad y el odio de clases, dispuestos a engrosar las filas de cuantos carecen de un ideal de patria y constituyen un verdadero peligro social.

Las leyes persecutorias arrancaron de las escuelas el símbolo sagrado del Crucificado. Apartaron la enseñanza religiosa de las almas inocentes de los niños, privándoles de esa fe que como disciplina moral y éducación del espíritu tanto influye en los actos de la vida del hombre. Y para que la destrucción del alma española sea completa, desvinculándola de sus esencias más puras, se permite o tolera que maestros sectarios se apoderen de esa misma infancia y la preparen para un futuro lleno de infortunio.
Cas¡año y medio va corrido desde que cayeron los siniestros personajes que crearon para España este y otros graves problemas nacionales. Un gran esfuerzo de la opinión española, herida en lo más profundo de su alma, hizo que se rescatase el Poder público para afirmar una influencia más respetuosa de los derechos tradicionales del pueblo español.

¿Para qué ha servido aquel gran esfuerzo?

Con relación a este problema, lo dice la Federación Católica de Maestros Españoles. Para que en la escuela española el ateísmo y el materialismo hayan sustituido a la enseñanza espiritualista y al ideal patriótico. Todo ello con la inhibición de las instituciones superiores de Instrucción pública y del propio Ministerio.

Rápida

Dirección y freno

El hombre, como ser inteligente, ha aprovechado para su servicio primero la energía de seres animados y después la existente en sustancias al parecer inhertes. El ha obrado como elemento dirigente e inventado el freno para suspender en momento oportuno el movimiento. Sin la una y sin el otro, sería imposible el aprovechamiento de la energía.

Apliquemos esta idea al orden moral. Recorre el hombre el camino de su vida material en retozón potro, después en brioso corcel, y más tarde en cansino jamelgo, que no es otra cosa que su cuerpo en las tres fases: niñez, virilidad y vejez. Hace cabriolas cont¡nuamente en sus juegos para adiestrarse en el manejo de sus órganos, a nuestro parecer equivocado, sin orden n¡concierto, pero realmente guiado por el instinto y continuamente aprendiendo por la experiencia que es quien le inicia en el freno de sus acciones, reforzado primero por la coacción y después por los consejos de los educadores. El tránsito de la niñez a la virilidad, en que n¡es niño n¡es hombre y es las dos cosas, es el momento oportuno para la doma de ese potro, doma que s¡no se ha preparado anteriormente, s¡no se evitan los primeros resabios, y sobre todo, s¡no se refuerza con leyes y sanciones del más alto orden moral (léase religión), el freno se inutilizará frecuentemente ante el menor motivo material.

Las pasiones, son tan necesarias para obrar, que sin ellas, como dice Balmes, seríamos instrumentos de cuerdas sin cuerdas; pero no sometidas por el freno del deber y deber ordenado por Quien después ha de juzgar esos actos, hacen el mismo efecto que aquellas destempladas, en la música que produzcan.

Domado el corcel y teniendo en sus manos el que lo maneja freno en tales condiciones, lo tascará rabiosamente la pasión, pero el bruto obedecerá, dando un rendimiento de energía conforme a su máxima potencia, en la edad viril, y siendo regulador para mejor aprovechar la escasa de la senectud.

Y s¡esto ocurre al utilizar la fuerza an¡mal, júzguese cuando se utilizan máquinas de gran potencia la necesidad de una buena dirección y de adecuados y rápida actuación de sus frenos.

Los grandes hombres son los de las grandes pasiones, decía Pascal, los hombres de la actualidad son también más pasionales y por tanto necesitan de frenos más potentes, principio que olvidan los malvados que predican el libertinaje y niegan el fundamento de las leyes morales, que han de ser inconmovibles, en los Mandamientos, dados por el mismo Dios.

Así como el mejor motorista será quien mejor sepa manejar el volante de la máquina para dirigirla y los preparados frenos para pararla, de igual manera será hombre más completo quien tenga perspicacia para prevenir, conozca su mecánica pasional para aprovechar su energía y se adueñe del freno de su voluntad para parar cuando y donde debe parar.

Cultivemos nuestra inteligencia, sin caer en el error aun muy corriente para muchos que la cultura es el todo en la moralidad, que es lo mismo que juzgar de la conducta de una persona por el vestido que lleva, que ese cultivo nos hará mejores directores de nuestros movimientos, y comprobemos constantemente nuestros frenos, adiestrándonos en su uso durante los momentos de calma, para poderlos usar convenientemente en los apuros de borrascosa pasión.

Ga-Ra-Gar

Onteniente

Introito

13_00La Acción Antoniana inaugura en este número una sección dedicada a las poblaciones de la región valenciana que más se distinguen por la propaganda de sus ideales de Religión y Patria.

El primero de estos reportajes le cabe, por derecho propio, a la bella ciudad de Onteniente, por ser, después de la capital, la que nuestra revista cuenta con mayor número de lectores. No es extraño: lo explica la honda raigambre espiritual de sus habitantes y la labor cultural que realiza el Colegio de la Concepción, de segunda enseñanza.

Además, contamos allí con un corresponsal modelo en su clase, activo, emprendedor, entusiasta por la buena prensa: el P. Ramón Giner, ofm, popular en la ciudad, que no conoce el descanso n¡sabe de fatigas cuando de cumplir deberes se trata. Pues la labor de nuestro corresponsal no sería eficaz, s¡no fuese secundada por un equipo de bonísimas repartidoras que gratuitamente y por amor de Dios distribuyen todos los meses a domicilio los copiosos paquetes de revistas que a su nombre se les envía. Aun sabiendo que ofendemos su modestia queremos consignar los nombres de estas abnegadas señoras para ejemplo y estímulo de cuantos se interesan por la difusión de esta publicación.

Descripción

Desde lo alto de El Torrater, monte que ocupa la parte meridional del valle de Albaida y que a la vez marca la divisoria entre las provincias de Valencia y Alicante, bajan suavemente varias lomas hasta el fondo del barranco por donde discurren rumorosas las aguas del río Clariano. En una de esas lomas que escalona amplios bancales de huertas de regadío, repletas de cosechas y arbolado, se asienta la ciudad de Onteniente, una de las principales de la provincia de Valencia, la primera por su importancia fabril e industrial, la de más prestancia por sus nobles casonas y familias aristocráticas.

Goza de clima sano, aires puros, terreno fértil y lleno de arbolado, aguas abundantes (algunas con reconocidas virtudes medicinales) y buenas vías de comunicación.

La ciudad cuenta más de 20.000 habitantes. Es cabecera de arciprestazgo, de partido judicial y de línea de la Guardia Civil, con residencia de registro de la propiedad, notarías, etc. La urbanización es buena, especialmente en los barrios modernos, y por doquiera se ven magníficas iglesias y bellos edificios donde se hallan instalados Bancos, hoteles, teatros, cines, sociedades de recreo, correo y telégrafo, teléfonos urbanos e interurbanos comercios y cuantos establecimientos corresponden a una población de categoría. Tiene además dos paseos públicos.

El Ayuntamiento ocupa un espléndido palacio y atiende y tiene dotados los servicios de enseñanza, beneficencia, sanidad, limpieza, etc.

La industria es importante y está representada por numerosas fábricas de géneros de punto, tejidos, algodón lana, mantas, fajas, jergas, lonas, sombreros, colchas, papel, muñecas, sillas, alpargatas, carruajes, mosaicos, licores, dulces y yeso. Funcionan igualmente imprentas, serrerías mecánicas, molinos, etc.

Colegio

Colegio La Concepción. Sin una torre. Fachada anterior a la modificación.

Cultural

La enseñanza en Onteniente se halla a gran altura. Además de muchas escuelas nacionales, funcionan dos Patronatos (uno en cada parroquia), un colegio de señoritas a cargo de las religiosas de la Pureza y el célebre Colegio de la Concepción que cuenta con una población escolar de 300 alumnos entre internos y externos. Debido a esto son muchos, muchísimos, los hijos de Onteniente que ostentan títulos académicos y son honra y gloria de su patria chica.

Los Padres Franciscanos tienen residencia desde el año 1888 y viven al abrigo del afecto ciudadano y como en casa propia. Verdad es que merecen dicho afecto por sus sacrificios en beneficio de la población y por sus esfuerzos en enaltecer el nombre glorioso de Onteniente en aras de la cultura patria.

Congregación

Congregación de la Inmaculada del Colegio de la Concepción

Alma popular

Al otro lado de la ciudad un pintoresco camino sombreado por puntiagudos cipre-ses conduce a un altozano donde se yergue una ermita centenaria, que domina gran parte del término municipal, y en esa humilde ermita abre sus brazos amorosos un Cristo bendito, el Cristo de la Agonía, Patrono de Onteniente, centro de la vida espiritual de la ciudad.

¡Poética ermita de Santa Ana! ¡Tú eres el alma popular! Con el poema de tu blancura cantas el historial de la urbe; con la luz, de tu ojo encendido en la negrura de la noche iluminas la fe de tus hijos amados; con el sonido de tu campana llamas a la conciencia colectiva para el cuplimiento de deberes religiosos; con el dedo de los recogidos cipreses que marcan tu camino marcas el sendero de la eternidad...
Las suntuosas fiestas de Moros y Cristianos con que la ciudad obsequia todos los años, por el mes de Agosto, al Cristo bendito de los brazos abiertos, son la expresión más viva del alma popular.

Sinopsis histórica

No hay necesidad de remontarse a tiempos antiguos para trazar con breves rasgos el historial de esta ciudad. Su origen es antiquísimo, pero s¡por el tiempo ha conseguido conquistar uno de los primeros puestos entre las poblaciones valencianas ha sido por arte de su laboriosidad y constancia. El antiguo nombre de este pueblo era Font-tinent, que Viciana justifica por la circunstancia de tener una fuente en lo alto de su caserío y muchas en su término. En éste se registra la existencia de varios despoblados, que se llamaron Llombo, Arianda, Toledo, Los Villarejos, Cebolella, Albellar y Adzuria.

Los moros la llamaron Trahafaza, y las huestes de Don Jaime la reconquistaron en 1275, concediéndole este monarca el título de villa real, con voto en Cortes.

En el archivo municipal, de la ciudad se conservan curiosos documentos de Reyes valencianos, aragoneses y castellanos otorgando privilegios. Las ordenanzas para el riego de las huertas, del Póu Ciar, mandólas publicar Carlos II en 1688. En 1820 se hizo a Onteniente cabeza de partido y en 1904 se le concedió el título ile ciudad, habiéndosele añadido posteriormente el de muy caritativa con
motivo del heroico comportamiento de sus habitantes en la catástrofe ocurrida el año 1922 a un tren militar.
Su escudo de armas muestra un castillo rematado por tres torres: la del centro, coronada por el escudo aragonés y las laterales terminan con cabezas de león convertidas en fuentes.

Son incontables los hijos ilustres de Onteniente en todos los ramos del saber humano y especialmente en el de la virtud y santidad.

F. DE PAULA

El gran problema y la gran campaña

Parece que las gentes se van dando cuenta de la importancia de la escuela y de su influencia en la vida social. Falta, sin embargo, que se llegue a una honda preocupación hasta colocar el problema de la enseñanza por encima de todos los demás problemas nacionales.

No vamos a establecer una pugna n¡odiosa comparación entre los problemas que se disputan la presidencia en el concierto de las actividades nacionales; pero es de sentido común, o más bien de sentido cristiano, que el problema nacional, por excelencia, no es el de la riqueza material, con ser tan necesaria su solución, n¡aun el de la cultura, sino propiamente el de la educación. Este es el problema base y fundamento de toda sociedad; los otros son la añadidura.

Con educación todas las cuestiones tienen una solución fácil; sin ella todos los problemas se complican. A mayor riqueza y cultura, sin educación, corresponde una mayor complicación en la vida de los pueblos. Pero es el caso que no hay educación sin religión, y que los pueblos y los individuos no degeneran por ignorantes, sino por depravados. ¿Y qué es la depravación sino el olvido de la ley de Dios?

La primera lección que aprendían antes los normalistas era la de distinguir entre instrucción y educación. Nadie negará la cultura de muchos dirigentes e inductores de la revolución de Asturias (cuanto más cultos más dirigentes), y por lo tanto la de esos centenares de maestros bolcheviques, afrenta de la clase.

Claro es que en esa revolución no han intervenido sólo los maestros, y éstos en menor número que de otras clases sociales. Lo que ocurre es que el maestro, por ser educador, tiene una influencia y un prestigio social superior, y su intervención en una campaña tan opuesta a su noble ministerio ha escandalizado y conmovido al país con sobrada justicia.

Por eso ha caído sobre el magisterio un estigma injusto. En general, el maestro de escuela es bueno ; pero vive en una atmósfera corrompida, y no hay clase social que le pueda arrojar la primera piedra. Ventilando el ambiente social, que tiene su foco de infección en el Ministerio de Instrucción Pública, de donde se contagia toda la vida política, España se oxigenaría y notaría inmediatamente una reacción salvadora.

El enemigo, el verdadero cáncer en figura de Institución Libre de Enseñanza, más sagaz que nosotros, ordenó toda su campaña hacia el Ministerio de Instrucción, y día tras día, y cargo tras cargo, se fué apoderando, ya en tiempo del anterior régimen y con todas las bajezas imaginables, de aquel reducto, desde el cual, como desde su cuartel general, ha dirigido y sigue dirigiendo la revolución en España. Véase s¡no a Fernando de los Ríos, uno de sus primates, haciendo traición a su patria desde la prensa extranjera.

Esa Institución funesta, con capa hipócrita de cultura y de neutralidad (que no conocen), infiltró el laicismo entre algunos maestros, y muy singularmente entre los inspectores y profesores de las Normales, los cuales, capitaneados por un escaso uúmero de catedráticos de Universidad (menos de los que muchos ingenuos suponen), organizaron solapadamente el asalto, tipo netamente socialista, engañando a muchos republicanos al establecer el laicismo como esencia de la República, cuando sólo es la esencia viva de la Revolución.

Ya se van convenciendo muchos republicanos (la cabeza de turco es la gran piedra política de toque) de lo que es el laicismo. El laicismo (no nos cansaremos de repetirlo) no se puede practicar tal como lo presentan solapadamente sus defensores. Prescindir simplemente de la Religión en la escuela y en la vida social es tanto como pretender que una estatua se mantenga en el aire sin pedestal.

El laicismo es positivamente todo lo contrario que la Religión, singularmente que la Católica ; es labor destructora, activamente demoledora, y necesita de la Religión para combatirla, porque ese es su oficio y el móvil de su existencia; hasta el punto que ya en Rusia se practica la religión laica con sus dogmas, su doctrina, su culto y sus ídolos. Sus fieles son los «Sin Dios», y Méjico está haciendo de mona.
Hav, pues, que reconquistar el Ministerio de Instrucción. Esa es la gran cruzada nacional.

S. O. Lerma

Breves lecciones de Liturgia

Transcurrido el primer ciclo del Año Eclesiástico, llamado Ciclo de Navidad, vamos a entrar en el segundo, llamado Ciclo Pascual. Comenzó el primero con el Tiempo de Adviento y termina en la fiesta de la Purificación de la Santísima Virgen. Y empieza el segundo en el domingo de Septuagésima y dura hasta la solemnísisima festividad de Pentecostés.

Nos recuerda el primero el Nacimiento del Hijo de Dios en este mundo, los cánticos de los Angeles, la adoración de la Santísima Virgen y de San José, de los pastores y de los Santos Reyes, la Cinrcuncisión del Divino Niño y la Epifanía, las fiestas del Santísimo Nombre de Jesús v de la Sagrada Familia, las tiernas escenas de la Infancia del Niño Dios y su vida oculta en Nazaret con sus padres María y José.
Y nos recuerda y representa el segundo la vida pública de Jesús, sus excursiones evangélicas a través de la Palestina, sus divinas enseñanzas, el anuncio de sus sufrimientos, la tragedia de su dolorosa Pasión y Muerte, su Resurrección gloriosa, su admirable Ascensión a los cielos, la prodigiosa venida del Espíritu Santo y la fundación de su divina Iglesia en este mundo.

Y así como el ciclo de Navidad tuvo su período de preparación, que fué el Adviento, así también este segundo ciclo de Pascua tiene su preparación, que es el tiempo de Septuagésima y el de Cuaresma. Y toda la liturgia de este tiempo, los cánticos, los introitos, epístolas y evangelios, las oraciones y lecciones, todo el oficio divino y la Santa misa van despertando en las almas de los fieles, que siguen atentos estas divinas enseñanzas, los sentimientos más propios y adecuados a cada uno de los misterios que celebra la Iglesia nuestra Madre.

¡Cuán rica, hermosa y fecunda es la Sagrada Liturgia de este Ciclo Pascual que vamos a empezar!
La primera parte de este tiempo empieza en el domingo de Septuagésima, y continúa en el de Sexagésima y Quincuagésima, hasta que empieza la Cuaresma.

Todas las grandes festividades tienen sus Vigilias y tiempo de preparación, y según la importancia y solemnidad de la festividad que se ha de celebrar, así es la duración y la riqueza litúrgica del tiempo que la precede.

Y como al final de este tiempo ha de celebrar la Iglesia los misterios más sublimes e importantes de nuestra Religión, la Pasión y Muerte del Divino Salvador, la Redención del género humano, su glorioso triunfo sobre la muerte, el infierno y el pecado y la venida y establecimiento del Reino de Dios en este mundo, por esto quiere que todos sus fieles hijos se preparen debidamente durante todo este tiempo y prolongada vigilia de cas¡setenta días, que esto significa la palabra Septuagésima.

Este santo tiempo es el límite en el que terminan los gozos y las alegrías del ciclo de Navidad. Desde el domingo de Septuagésima deja de cantarse el aleluia, que no se oirá ya más hasta el Sábado de Gloria. Tampoco se cantarán en los oficios y misas, propios de este tiempo, n¡el Gloria in excelsis, n¡el Te Deum, n¡el ite missa est. Y en los oficios y misas de este tiempo se usará en los ornamentos el color morado solamente. ¿Qué simboliza todo esto? La seriedad, la tristeza, el recogimiento y la penitencia con que deben prepararse los cristianos para la gran solemnidad de la Pascua.

Y en el oficio divino y misa de esta prolongada vigilia de cas¡setenta días, prodiga la Iglesia sus divinas enseñanzas, nos recuerda las escenas y parábolas evangélicas más conmovedoras, pone en nuestros labios las plegarias, las exclamaciones, los salmos que entonaban los patriarcas y profetas de la Antigua Ley, y nos invita a todos a la penitencia, al dolor y arrepentimiento de nuestros pecados, a la abstinencia y al ayuno, preparando nuestros corazones para recibir dignamente los copiosos frutos de la Divina Redención.

En el evangelio del domingo de Septuagésima nos enseña la Iglesia que Jesús es como el padre de familias que llama operarios para que vayan a trabajar en su viña, y llama a todos los hombres indistintamente, justos y pecadores, y los llama en todas las horas del día, es decir, en todas las edades de la vida humana, en la infancia, en la juventud, en la edad madura y en la vejez.

Y a todos estos operarios promete el mismo jornal, es decir, el mismo premio de la vida eterna, con tal que trabajen para gloria del Eterno Padre, limpiando constantemente el campo de sus almas de la maleza del pecado.

El evangelio del domingo de Sexagésima nos enseña que Jesús es el divino Sembrador que viene a sembrar su celestial semilla en el inmenso campo de este mundo, es decir, en las almas de todos los hombres, y sólo exige que preparemos la tierra de nuestros corazones, para que la divina semilla produzca frutos de vida eterna.

Y en el evangelio del domingo de Quincuagésima nos anuncia Jesús su dolorusa Pasión y Muerte, enseñándonos que la divina semilla sembrada en nuestros corazones ha de ser regada con la sangre del Divino Redentor s¡ha de producir opimos y abundantes frutos. Y para hacernos patente la virtud de esta divina sangre nos representa el portentoso milagro del ciego de Jericó, que movido de su fe y amor al Divino Maestro, le reconoce y confiesa públicamente como el Mesías, Hijo de David, y al momento recobra la vista.

Así se ve claramente la trabazón y enlace que existe entre las enseñanzas del evangelio de estos tres domingos, y cómo nos conducen al reconocimiento de Jesucristo como Re dentor del género humano.
Aprendamos y practiquemos fielmente las divinas lecciones que nos da la Iglesia en la Sagrada Liturgia de todo este tiempo, la más rica, fecunda y. provechosa de todo el año eclesiástico.

Fr. Juan B. Botet, ofm

El imperio de la violencia

La violencia y la flaqueza se dan la mano. El principio del orden y del bienestar no puede apoyarse en la fuerza. El procedimiento primitivo tiene su origen en la venganza; su carácter es penal ante todo. Importa responder al delito vengándose del delincuente. Pero la fuerza así entendida a secas, representa debilidad, que está cerquísima de la injusticia... La razón tiene fuerza que no es violencia, y por ello no se contradice con la justicia.

Los sucesos de Madrid, Barcelona y Asturias refrendan las afirmaciones precedentes. La Revolución quiere imponerse por la razón de la fuerza al sentirse débil. España se ve envuelta en un ambiente de pasión y venganza. Para salir de él ha de luchar denodadamente con esa espada que no sabe herir: la Fe. Esperar en la victoria con la sonrisa que derrama consuelo al vencido; sin odio, sin jactancia, sin violencia, con sana energía... La verdad se impone por sí sola. No hay por qué rodear de luces la verdad. Lo que hay es que poner esas luces en los ojos que ven tinieblas para que aprendan verdad. Y se les mostrará como es: pura, sabia, buena...

La violencia es lo contrario del amor. Lo más bello es el amor... «Donde él reina no pretende ser superior al otro, n¡arrebatar cosa que sea del amado... No promueve contiendas al hermano amado, n¡nunca se cree recibir injuria de él; así, pues, jamás medita venganzas. Nadie tiene envidia de su amigo, n¡se alegra con sus males, n¡se duele de sus bienes; al contrario, más bien, como dice el Apóstol: "Se alegra con los que se alegran y llora con los que lloran"; y esto no fingida n¡disimuladamente sino de verdad; pues que el amor todas las cosas las vuelve comunes, y toma como propias las que son de aquel a quien ama». (Juan Luis Vives, Introducción a la Sabiduría.)

La violencia no sabe reinar, porque ignora la verdad. Su imperio es falso. No sabe construir, n¡conservar los valores auténticos. Poco puede esperarse de ella que sea fecundo ; pues «donde no se conserva piadosamente la herencia de lo pasado, pobre o rica, grande o pequeña, no esperemos que brote un pensamiento original n¡una idea dominadora». (M. Menéndez y Pelayo, Homenaje a Balines.)

La violencia no sabe transigir, y esto es virtud propia de los hombres esclarecidos. Dichoso quien sabe mirar al contrario con lealtad. En un artículo publicado en Ahora, ensalza la virtud principal de Florestán Agui-lar : la de la convivencia. Ese adaptarse a las circunstancias con la dignidad de la más laudable intención, ese ver el error y señalarlo pero lamentando herir el amor propio del enemigo...

La violencia es exaltada, torpe. Lo contrario de la templanza, que debe ser, como señala Balmes, guía de nuestras acciones.

El imperio de la violencia ha caído por su esencial error: la violencia... No es con odio entre los hombres, con luchas fratricidas v con guerras entre las naciones como pueden prosperar los pueblos. Armas, sí, las de la verdad y la razón. Las que siembran la muerte para sembrar la verdad, imponiendo la justicia...

Francisco López Delgado