El P. Antonio Llinás y Massanet

Ilustre misionero del siglo XVII

III

Con fecha del 14 de Enero del año 1693, que fue el último de. su preciosa y santa vida, estando celebrando el augusto sacrificio de la Misa con la grande devoción con que siempre acostumbraba hacerlo, fue favorecido de Dios el Padre Llinás con nuevas y poderosas luces interiores y gracias que le fortificaron y robustecieron todavía más en la presencia del Señor. Retirado, después en el oratorio de la sacristía para darle las gracias por este favor recibido, se abandonó enteramente en los brazos de su fino Amante y, sin otra diligencia de por medio, se sintió otra vez tan íntima y profundamente recogido y arrobado en Dios, tan abstraído de sí mismo y de todo cuanto le rodeaba, que ya no parecía hombre viador, sino ángel comprensor, un serafín enamorado, un bienaventurado de la gloria, un ser más ideal que real.

Anegaba entonces su alma en dulzuras divinas inenarrables, sintió una fuerza irresistible que le inclinó el cuerpo hasta tocar la tierra y besarla con sus labios. En esta humilde postura, prestó su mayor atención a lo que Dios obraba en su interior y centro del alma, mereciendo oír de nuevo la voz de Cristo-Jesús que pronunciaba la palabra "humildad", al propio tiempo que a él le daba a gustar lo esencial de esta virtud para que entendiese su valor intrínseco y la apreciase sobre todos los tesoros de la tierra, cual lo hizo después del modo más perfecto delante de Dios y de los hombres.

Con estos arrobos sobrenaturales y locuciones interiores de mística muy levantada, se despertaron en el corazón y alma de este siervo de Dios tales ansias de ser humilde en el sentido estricto de este vocablo, que le pidió al Señor se lo concediese en seguida y en el grado más alto posible; asegurando él mismo que no le hubiera sido tolerable contentarse entonces con menos de lo que había deseado y pedido con ardor a su divina y real Majestad, con el vivo anhelo, de asemejarse a Jesucristo. Y porque Dios despachó benignamente la súplica que le hizo del fondo del corazón, fue creciendo en humildad a medida que crecía en virtud y santidad.

Su gracia de conmover a los demás fieles era tan grande, que aun sin hablar palabra ninguna los conmovía y ganaba para Dios. A este propósito dice de él el doctor don Francisco de Sanvicente, párroco de la iglesia de San Salvador, de Madrid: «Uno de los días en que hizo su misión en la iglesia parroquial de Santa Cruz de esta Corte, después de acabado el sermón de costumbre, tomó en sus manos el santo Cristo y, sin pronunciar palabra sensible, con sólo darse golpes de pecho en el púlpito, fue tan extraordinaria y eficaz la conmoción de su dilatado auditorio, que se generalizaron los llantos, los gemidos, los actos de contrición y las peticiones de misericordia que todos los presentes dirigían al cielo.» Y añade que gozaba de esta hermosa prerrogativa porque había sabido imitar a Cristo en su paciencia, en tolerar sus agravios, en sufrir toda suerte de injurias y afrentas, sin abrir nunca su boca para defenderse.

Le bastaba otras veces imitar al divino Salvador en el modo afectuoso de abrazarse con la Santa Cruz, para que sus auditorios se movieran a llanto y dieran señales ciertas de haberse convertido de corazón a Dios. Así como al apóstol San Pedro, al soldado Longinos y a Dimas el buen ladrón, les bastó ver los ejemplos de virtud y santidad del divino Maestro para convertirse y mudar de vida, así bastaba también ver al Padre Llinás por las calles, en el templo, en el púlpito o en el altar para convertirse y reformarse muchos y muy grandes pecadores de toda edad, sexo y condición. No hablaba en él la lengua ; pero los ojos, el semblante, la cabeza, las manos y todo el cuerpo eran lenguas de fuego que se insinuaban en las almas de sus espectadores, les penetraban el corazón y se adueñaban de las voluntades de todos aquellos que le veían o escuchaban en sus pláticas y sermones. "Porque estaba él tan profundamente enamorado de Cristo y se esforzaba en imitarle en todo, por esto —añade el mismo doctor Sanvicente— eran saetas sus palabras v centellas su propio silencio."

De su oración contemplativa, devota y continuada día y noche, sacaba su ejercicio de la presencia de Dios, que no interrumpía cas¡nunca, aunque se multiplicaran y complicaran mucho las ocupaciones ministeriales de su glorioso apostolado, dentro y fuera de España. Tal era el hábito que había contraído de nombrar e invocar al Señor, de bendecirle y alabarle en todo tiempo y lugar, lo mismo en ocasiones favorables que en circunstancias adversas. En ningún caso perdía de vista a Dios, su dulce Amado, por quien vivía y obraba incesantemente. Vivía en Dios, de Dios y para Dios. Dios era el centro único de todos sus pensamientos, de todas sus palabras y de todas sus vitales operaciones. De modo que s¡con sus pies pisaba la tierra, con su enamorado espíritu hendía las nubes y se remontaba al reino de los cielos, atraído por el amor de su Dios y Señor.

De este amor sobrenatural que le devoraba y derretía las entrañas, procedían naturalmente los anhelos de que también amasen v sirviesen a su divina Majestad los demás hombres de todo el universo. Y porque observaba a cada paso que no ardía ese fuego sagrado en el corazón de los mortales tan ostensiblemente como él deseaba y era de esperar de la mayoría de los cristianos, se quejaba no pocas veces de ese desconcierto tan grande como lastimero, derramaba lágrimas de amargura y exhalaba vehementes suspiros de su lacerado pecho, que no podía resistir tanta pena n¡tan acerbo dolor.

S¡con estas impresiones dolorosas subía a los púlpitos —lo cual acontecía con harta frecuencia durante sus correrías apostólicas por los pueblos que visitaba con un celo verdaderamente misional—, al eco penetrante de su voz de apóstol entusiasta por la salvación eterna de las almas de sus hermanos, temblaban de espanto las gentes que le oían predicar sobre la desgracia de los cristianos que se desviaban del glorioso fin de su creación y desacreditaban con su mala conducta la doctrina del santo Evangelio, que es la palabra de Dios escrita para nosotros, para nuestro bien, para nuestra salvación y santificación.

En estos casos eran sus expresiones tan fuertes, tan terribles las invectivas que dirigía a los pecadores obstinados, tan duros los cargos que hacía a los fieles que descuidaban el importante negocio de la eterna salvación de sus almas, tan concretos y rotundos los argumentos con que afeaba a los cristianos tibios e imperfectos su desamor e ingratitud para con Cristo crucificado v muerto por nosotros, que todo el auditorio había de conmoverse por necesidad y resolverse en lágrimas, sollozos y suspiros, la pena y sentimiento de que todos se hallaban hondamente afectados, viendo y oyendo a este hombre tan singular.

Por esto mismo de cada vez eran más los pecadores que se convertían, los que confesaban sus culpas y pecados en público, los que en alta voz pedían misericordia y perdón a Dios y a tos prójimos que hubiesen ofendido, los que combatían los vicios y desterraban las malas costumbres, los que detestaban de corazón los odios inveterados y las enemistades particulares y colectivas, los que se apresuraban a restablecer la paz cristiana entre propios y extraños, los que restituían las haciendas mal adquiridas, los que anulaban los contratos usurarios y los que reparaban en lo posible las quiebras del honor, de la fama y de la estima y reputación de todos sus hermanos en Jesucristo, s¡comprendían que a esto les obligaba la ley de la caridad dada por Dios v predicada por el Padre Antonio. Y se corregían estos abusos, se enmendaban estos defectos y se reformaban los individuos, las familias y las sociedades, porque era difícil que los pecadores oyeran la predicación misional del Padre Llinás y que no se convirtieran al instante.

Fr. Francisco Lliteras, ofm

Excursión a Santo Espíritu del Monte

El día 7 de Marzo será, no cabe duda, de eterno recuerdo para los alumnos de las Escuelas Antonianas de Valencia. Como todos los años, la Junta pro escuelas, con el P. Director de las Asociaciones Antonianas, se preocupaban de que el día de Santo Tomás, Patrón de los estudiantes católicos, fuera para nuestros niños un día de expansión, de aire puro, de pleno sol, que a la vez que sacudiera sus miembros y remozara su salud, dejara en todos y cada uno de ellos recuerdo de haber pasado un día el más feliz.

Y que lo fue así, están repitiéndolo las cincuenta bocas de otros tantos niños que pudieron gozarlo y que en repetida cantinela me están diciendo: «Padre, ¿cuándo haremos la segunda?»

El lugar escogido, ideal: Santo Espíritu del Monte; el día espléndido; parece que el propio San Antonio premió el sinnúmero de plegarias que los pequeños le dirigían la noche anterior para que no les aguara la fiesta.

A las ocho. Misa en el altar del Santo, y luego de la bendición de los niños y rezado el Responsorio, en marcha. En hermoso coche-autobús de Porta-Coel¡se hizo el viaje, que a medida que pasaba por los pueblos liaba la sensación de un enjambre de niños, que canta, ríe y goza a sus anchas porque se les lleva a disfrutar de las amenidades del campo. Los vivas y cantos alusivos se suceden sin interrupción... y estamos en Gilet. Se impresionan unas placas, y a almorzar camino del Santuario.

A las diez y media llegamos, y pronto se desparraman todos para gozar de las delicias que ofrece aquel encantador rincón de la naturaleza. A la una la comida: sabrosa y abundante paella, tan suspirada por los niños; entremeses, vino y fruta, y al final el P. Francisco Sanz, en ausencia del Padre Guardián, nos obsequia con unos dulces; todo servido por nuestros queridos hermanos de Santo Espíritu, a quienes agradecemos en el alma cuanto hicieron por nuestros queridos niños.

Y nuevamente, dadas las gracias al Dador de todo Bien, se desparrama la gente; unos escalan, el monte del «Diablo»; otros sorprenden al «Ermitaño» en su propia gruta; quienes llegan a la cima del monte de la Cruz; otros, divididos en partidos, se disputan a puntapié limpio sobre una pelota que hace de balón un gol después de otro, y así todos ríen y disfrutan, a más no poder, mientras los mayores, a la sombra acogedora de hermosos pinos, comentamos cuán poco cuesta hacer la alegría de esta pequeña juventud que bulle a nuestro derredor; hasta que se hace hora de repartir la merienda, que la hay para chicos y grandes, pues todos dan buena cuenta de ella.

Damos un recorrido por el huerto y dependencias del Monasterio y nos disponemos a regresar a Valencia, no sin antes dar rendidas gracias a la reverenda Comunidad por su acogedora hospitalidad. Son las seis en punto, y a las siete y media, como habíamos prometido, nos encontramos en la plaza de San Lorenzo. Allí espera un apretado grupo; son los padres y familiares de nuestros pequeños excursionistas, a quienes pronto se trasmite el gozo y alegría que traen sus hijos almacenado.

Fue un día lleno de gratas emociones; quiera Dios y San Antonio que lo podamos repetir, dándoles a los niños todo; que vean sus pobres padres que hay quien se preocupa de sus pequeños; de darles además de la enseñanza que ilumina y forma su inteligencia estos gratos esparcimientos que mueven el corazón y afianzan la voluntad.

Damos el adiós a los niños y familiares, mientras interiormente repetimos una vez más Cuéntenlo los socorridos.

Fr. Luis Mª Torres,ofm

De Palestina

Las creencias religiosas de los mahometanos

V. Los cinco pilares del Islamismo

En anteriores correspondencias hemos hablado de la oración, la limosna y el ayuno del Ramadán. Resta que digamos algo de la peregrinación a la Meca y de la guerra santa.

d) PEREGRINACION A LA MECA

La Meca es la ciudad santa del islamismo, situada a unos 100 kilómetros de la playa oriental del Mar Rojo, es una de las dos capitales de la Arabia Saudita Según las más recientes estadísticas cuenta actualmente 130.000 habitantes, cifra que cas¡se duplica por la afluencia de musulmanes. Entre sus monumentos campea la Gran Mezquita, el lugar más santo de la tierra para los musulmanes, como lo fue el templo de Jerusalén para los judíos, y lo es San Pedro en Roma para los católicos.

El precepto de peregrinar a la Meca, ya impuesto por Mahoma, en nombre de Aláh, cuando se encontraba en Medina, tuvo en su origen una tendencia política: el falso Profeta pretendió mantener vivo el deseo entre los emigrados de volver a la cuna del mahometismo. Apenas instituida la peregrinación, ya se mezclaron en ella escenas impúdicas y bacanales semejantes a las de los paganos.

Hasta tal punto sucedía esto, que el mismo Mahoma se vió obligado a escribir en la Sura 7ª del Corán: «¡Oh hijos de Adán!, que no os seduzca Satanás, no andéis desnudos... cubrios cuando estéis junto al lugar de la oración; comed y bebed, pero no os excedáis...»

La peregrinación o hajj al santuario de la Kaaba mecanense no es otra cosa que un rito pagano transformado por el fundador del islam en ceremonia musulmana, mediante muchos, variados y ridículos ritos.

Todo musulmán, que disponga de medios, debe hacer una vez en su vida la peregrinación a la Meca y santuarios de sus cercanías. Esta peregrinación comunica al mahometano cierta aureola de santidad, y además de granjearle la amistad y benevolencia del Profeta, le asegura el paraíso. Anualmente hasta unos 100.000 islamitas, provenientes de todas las partes del mundo musulmán, se reúnen durante el mes de la peregrinación en la colina Arafat, distante 20 kilómetros de la Meca. Allí, vestidos del ihram —ropa blanca de peregrinación—, esperan la orden del Imán para encaminarse al anochecer a Muzdalifa, que dista seis kilómetros. Allí pasan en vela toda la noche, y cuando amanece, recoge cada uno siete guijarros, y procesionalmente van a Mina, lugar situado entre Muzdalifa y la Meca.

El diablo, representado en Mina por un montón de piedras recubiertas de cal, recibe una soberana pedrea con los guijarros recogidos antes. En Mina se despojan del ihram, se ofrecen víctimas, se cortan los cabellos y las uñas. Los dos días siguientes los pasan en este mismo lugar comiendo, bebiendo y divirtiéndose y apedreando al diablo. Después se encaminan a la Meca, donde practican las ceremonias principales de la peregrinación:

Cumplidos estos ritos el musulmán da por terminada su peregrinación, y vuelve a su casa con la aureola de santo, y con la seguridad del paraíso, al cual se prepara tal vez dando rienda suelta a sus pasiones.

Para hacer desaparecer el paganismo de origen de estas ceremonias, se ha recurrido a curiosas leyendas, puras invenciones de Mahoma y sus secuaces: por ejemplo, fue Abraham el primero que en Mina sacrificó en vez de Ismael (no Isaac) un morueco, y también el primero que en dicho lugar apedreó al diablo; Padre e hijo construyeron la santa casa la Kaaba, colocaron dentro la piedra enviada por el cielo; con agua del Zam-zam, y a ruegos de Agar, acudió un ángel a calmar la sed de su hijo, etc., etc.

¡La fantasía oriental es fecunda en toda clase de ridiculeces!

e) LA GUERRA SANTA

La guerra santa es acaso el único elemento del Islam 110 importado de afuera. Fue en Medina donde se redactaron los dos cánones de «matar a los no creyentes, en cualquier parte donde los hallaren» y más tarde de «hacer sentir el peso de su fuerza a las naciones vecinas». Mahoma, que todo lo llevó a base de falsas revelaciones, aquí inventó una, según la cual, el más meritorio de todos los actos es combatir en el camino de Aláh y sucumbir en el combate equivale a ganar la corona del martirio.

La finalidad de Mahoma al instituir la guerra santa y la de sus sucesores al reavivarla, no tuvo por objeto principal propagar la religión sino extender su poderío. No es cierto que los musulmanes obligaban siempre a las naciones conquistadas a la apostasía; hubo casos en que ponían dificultades a la misma, con el fin de percibir los impuestos a los que eran musulmanes.

Por otra parte, no necesitan los musulmanes morir en la guerra para merecer la corona del martirio; según la tradición musulmana otros géneros de muerte, v. g.: caer al fondo de un precipicio, ser despedazados por una bestia, morir de una pena de amor, de mareo, en tierra extraña, etc., etc. ¡Martirio bien barato!

No hay que buscar gran heroísmo en un musulmán, al cual le es permitido, en trances apurados, renegar exteriormente de sus creencias con tal que en su interior las sostenga. La guerra santa no hizo otra cosa que agudizar la intolerancia y arrogancia de los musulmanes, que les obliga a considerar como enemigos a los demás hombres y a cubrir con capa de religión y virtud sus crímenes dictados por el odio.

Fr. León Villuendas, ofm

De China. Episodios de la vida misionera

En cierta ocasión salí de m¡residencia central de Sui-chiapié con el fin de visitar varias cristiandades de m¡jurisdicción. Al pasar por la de Fung-chiayé, en donde tengo casa e iglesia, me v¡obligado a detenerme unos días, para dirigir personalmente la reparación de los numerosos desperfectos que las lluvias causaron en el edificio de la misión. Ya había principiado a reparar dichos desperfectos una brigada de doce obreros entre canteros, albañiles y carpinteros, pero me satisfacían los trabajos que realizaban y no tuve mas remedio que meterme a Arquitecto y Maestro de obras y principié a dar órdenes. En China, los misioneros tenemos que hacer y saber de todo y no tenemos otro recurso que imponernos a esta gente, valiéndonos de nuestras luces naturales. En el caso presente, entre un poco que entiendo de albañil y carpintero y la valiosa ayuda de cristianos conocedores del oficio, logré hacer unas buenas reparaciones y dejar decorosamente arreglados la residencia e iglesia.

Fung-chiayé se halla situado en un alto monte y la residencia misional católica ocupa la parte más elevada. Gracias a ello se domina desde allí todo el caserío y se divisa un espléndido panorama» Por todos lados y en todas direcciones se ven altas montañas terrosas, en invierno calvas y desnudas de vegetación, en verano alfombradas de verdura, efecto de la siembra de cereales próximos a su madurez. Entre los picachos que se divisan hay uno majestuoso que parece dominarlos a todos y en su cumbre se levanta una pagoda (templo budista), muy visitada por estos infelices paganos. Tuve también ocasión de visitarla y me quedé pasmado de ver la ignorancia de estas pobres gentes. En el interior de la pagoda hay numerosos departamentos, ricamente decorados, repletos de monigotes (dioses) a cual más ridículo y extravagante en sus formas y expresiones. Una de las salas estaba llena dé figuras obscenas, cosa rara aquí, pues estos montañeses chinos son exteriormente opuestos a manifestaciones sensuales. Durante el año celebran varias fiestas en esta pagoda y acuden millares de adoradores de Satanás.

En las ceremonias religiosas llaman e invocan al diablo en persona, para que no atormente a la gente. El medio que usan para llamarlo es el siguiente : toman un gato y después de bien sujetado le pinchan en el vientre; el animal, naturalmente, se pone furioso, y, entonces, según cuentan, se le ve el diablo en los ojos. Es de suponer que liará algún arañazo a los que le hacen desempeñar tan importante papel, aunque se encarne en el pobre felino el espíritu de las tinieblas con el fin de no perjudicar a sus seguidores.

Misioneros

Misioneros Franciscanos en China.
De izquierda a derecha: PP. Severino González, Fabián Castellá (los dos de la Provincia Seráfica de Valencia), Andrés Berengueres, Marcos Yue y Marcelino Ayerbe.

Cuida este santuario pagano un bonzo (sacerdote budista) joven, pobre, macilento, no por la penitencia que hace, sino por el opio que mastica. Vive de las limosnas que le dan en los entierros y del producto de las tierras propiedad de la pagoda. Tiempo atrás estando este bonzo haciendo la colecta para el culto de los dioses, vino a m¡residencia de Fung-chiayé y entabló conversación con el criado de la misión. Le v¡por casualidad y quise saludarle según la costumbre del país, o sea, preguntándole a qué familia pertenecía, cuántos hermanos tenía, de qué pueblo era natural y cómo se llamaba. Mas apenas me vio, el buen bonzo tomó las de Villadiego.

La primera pregunta que en China se hace a un desconocido es a qué familia pertenece. Todos los chinos se consideran descendientes de algunas de las cien familias que poblaron el celeste Imperio. Hasta los misioneros para acomodarnos al modo de ser de estas gentes tomamos el apellido de alguna de dichas cien familias. Así, el P. Severino González se apellidó Kang, Fr. Ezequiel Gasulla Gue y yo me llamo Chiá. La gente cree que en Europa ocurre lo mismo.

S¡no cambiáramos de apellido, nuestros cristianos no aprenderían nunca nuestros nombres y siempre nos llamarían de mala forma.

Al cabo de diez días de permanencia en Fung-Chiayé tuve que ausentarme para unirme de nuevo a mis compañeros, los misioneros de esta Foranía: Padres Severino González, Marcelino Ayerbe, Andrés Berengueres y Marcos Yue. No se pueden imaginar la alegría que siente el misionero cuando después de estar una temporada aislado y solo encuentra unos buenos amigos y compañeros con quienes poder solazarse y desahogar su corazón de tantas miserias como le rodean. ¡Pues s¡éstas no faltan en ninguna parte menos aún en los países de misión!

Fr. Fabián Castellá, ofm

Nuestros difuntos

En Pego, Rigoberto Sena Aguilar, a los 76 años
En Valencia, María Mercedes Borrás Soler, a los 22 años.

P. Valentín Cebrián Boronat. In memoriam

P. Valentín CebriánEn Onteniente, después de penosa y larga dolencia sufrida con ejemplaridad y confortado varias veces con la recepción de los Sacramentos, se apagó el 18 del pasado Marzo suavemente la vida del P. Valentín Cebrián Boronat, a los 57 años de edad y 42 de vestir el hábito franciscano.

Nació en Rafelcofer, y de pequeño ya dio muestras de su despejada inteligencia y amor al estudio. Al ingresar muy joven aun en la Orden Franciscana, encontró campo abierto para desplegar las dotes de ingenio que poseía, y dio a conocer que descubría los secretos de la ciencia. De constancia no común y tenacidad sin igual, de memoria portentosa y ciega obsesión por los libros, logró adquirir un copioso caudal científico, que lo mismo supo aprovecharlo en provecho propio que en comunicarlo a los demás.

Enviado a Roma se especializó en Teología Moral y Derecho Canónico, llegando a ser una competencia en esas materias y consiguiendo el título de Lector. Vuelto a España pasó toda su vida consagrado a la enseñanza de las ciencias eclesiásticas en los constados de nuestra Seráfica Provincia, llegando a ser Prefecto de Estudios.

Descanse en la paz del Señor y desde el cielo que ruegue por nosotros.

Bibliografía

A la luz de la fe. Pensamientos cristianos sobre la vida sexual, por Michael Gratterer, S. J. Traducción del alemán por Salvador Pedragosa. Eugenio Subirana S. A., Editorial Pontificia. Puertaferrisa, 14, Barcelona, 1935.

La colección «Amor, Matrimonio, Familia», está editando una serie de obras de actualidad. Ahora que las sectas materialistas están trabajando sañudamente por extinguir, mediante el vicio y la sensualidad, las mismas fuentes de la vida humana, hay que salir valerosamente a la defensa de la familia, de la moral y hasta de la salud física de la juventud, principal víctima de tantas propagandas malditas.

El volumen que presentamos a nuestros lectores es el II de la colección y desarrolla un estudio sereno de uno de los problemas más angustiosos de la hora presente. Contra la concepción materialista de la vida que lleva la sociedad a las desvergüenzas actuales del desnudismo, y a los peligros de extinción de la raza traídos por el neomaltusiasmo, enseña la concepción cristiana sobre los fines altísimos de la función genética y señala medios para defender y restaurar los valores del pudor, de la castidad y de la continencia.

Dedicado a personas adultas, las arma para el combate, y enseña a los educadores y padres de familia, a manifestar castamente a los niños el origen de la vida, y los procedimientos para infundir a la juventud propósitos de resistencia contra la abyección.

Hacia el Matrimonio. Para el tiempo del noviazgo, por Raúl Plus, S. J. Versión del francés por Gabriel Alba. Eugenio Subirana S. A., Editorial Pontificia. Puertaferrisa, 14, Barcelona 1935.

Generalmente los jóvenes entran en el matrimonio al azar, sin conciencia clara de sus deberes y derechos, sin la debida preparación moral para cumplirlos, y sin discernimiento para elegir a su consorte1. De ahí, tantos hogares turbulentos y desgraciados. Este libro .les conduce por la mano hacia uno de los pasos más trascendentales de su vida. Es sabio adoctrinador y consejero. Es el volumen III de la colección "Amor, Matrimonio, Familia".

Tiene dos partes. En la primera trata del conocer y en la segunda del querer, con pensamientos luminosos, sin pudibunderías n¡escrúpulos.

Juventud y Pureza. Conferencias morales por el abate E. Morice. Traducidas al castellano y aumentados con un apéndice por el P. Adulfo Villanueva, Sh. P. Segunda edición. Eugenio Subirana, S. A., Editorial Pontificia. Puertaferrisa, 14 Barcelona. 1935.

Es el volumen IV de la colección «Amor, Matrimonio, Familia». Los miles de ejemplares esparcidos por España y América de la primera edición, han servido a muchos jóvenes de guía y aliento en el combate por la pureza. Desde su agotamiento llegaban continuamente peticiones de una edición segunda. Con color de elocuencia, luminosa doctrina y lectura atractiva tratan estas doce conferencias de la pureza como manantial de luz, de piedad, de energía y de alegría, como resistencia a las tentaciones y temor del pecado, como eficacia de la confesión, el Pan de fortaleza y el médico indispensable, la pureza y el espíritu de apostolado, el amor de Jesús y el culto de la virgen y la pureza y los obstáculos para la perseverancia. El traductor en un apéndice completa el trabajo del autor con una luminosa conferencia que trata de los efectos del vicio en el cuerpo y el alma.

Las Hermanas externas de los Monasterios de Monjas, por el Padre Antonio de la C. Jardí, O. F. M. Vich. Editorial Seráfica. 1934.

Oportuno opúsculo que las circunstancias porque actualmente atraviesa nuestra España y que sufren de rechazo las Comunidades religiosas de mujeres, dan un gran valor real y que deben leer y releer todas las Superioras de Monasterios de clausura para obra en consecuencia. El auto que conoce y domina la materia por su constante comunicación con religiosas de todas las Ordenes e Institutos, presta con estas páginas un señalado servicio a las Comunidades españolas, ya que les da a conocer la naturaleza y evolución histórica de las Hermanas externas, las cuales son de más y de mayor utilidad para los monasterios de clausura de cualquier Orden, que las mujeres seglares, traduce al castellano los Estatutos recientemente aprobados por la Sagrada Congregación de Religiosos que han de observar dichas Hermanas y termina con un breve comentario de los mismos que revela la sabia discreción del autor.

La Religión verdadera, por el P. Narciso Basté, S. J., con la colaboración de don Daniel Morell, Pbro., Apostolado de la Prensa, S. A. Velázquez, 28, bajo derecha, Madrid (1).—1935.

Esta obra es el mejor texto de Apologética para colegios de Segunda Enseñanza, Círculos de Estudios y Centros de Acción Católica. Su estilo es sólido, claro y breve y tiene carácter popular, que es su mejor elogio.

Su autor, muy conocido aquí en Valencia, lleva más de treinta años enseñando esta asignatura en el Patronato de la Juventud Obrera, donde ha realizado una labor inmensa de cultura y apostolado. Por sus aulas han pasado millares de jóvenes, el 80 por 100 de ellos han sabido defender su fe contra los ataques de la impiedad contemporánea y son buenos católicos.

El conocimiento de las pruebas que tenemos de la divinidad de la Religión católica no es hoy un lujo de que pueda prescindir la educación catequística ; es una realidad s¡el niño y el joven y aun el hombre maduro han de conservar su fe entre los combates de la impiedad.

Cancionero Divino. Lope Félix de Vega Carpió (Antología de lírica sagrada) Edición centenario 1635-1935.-Apostolado de la Prensa, S. A. Velázquez, 28, bajo derecha. Madrid.

El mejor obsequio al Fénix de los ingenios, en su glorioso centenario, es divulgar sus maravillosas creaciones artísticas para que sean saboreadas por el gran público de España y América.

Todos deben leer este libro. Quien tenga aficiones literarias, Cancionero Divino, selección hecha con escrupuloso criterio literario, le brinda 124 canciones; varias figuran entre las más perfectas de la literatura castellana.

Quien tenga corazón cristiano y español, disfrutará horas dulces con las delicadas canciones al Niño de Belén, los Romances de la Pasión, los Soliloquios, gemidos de dolor, de confianza y de amor que parecen eco de la humanidad pecadora al caer en brazos de la divina misericordia.