En la fiesta de su Exaltación de la Santa Cruz (14 de septiembre)

¿Qué es la Cruz?

La Cruz es el símbolo del Cristianismo. Es el lábaro sagrado de la fe; es el bálsamo que redime, limpia y descarga conciencias; es la antorcha de purísima luz que alumbra al inundo señalando el recto sendero del bien.

La cruzEs brújula que orienta, guiando beatíficamente a los que se extravían por los oscuros laberintos de la duda.
Es fuerza magnética que atrae; es timón que fija rumbos definitivos hacia el camino de un mundo mejor. Es hálito que reconforta y estimula. Es poesía, es éxtasis, suspiro que llega al cielo y plegaria que escucha Dios.

Es oasis donde el peregrino exhausto repara fuerzas y apaga su sed en el manantial de sus virtudes. Es religión del bien.

Es por antonomasia el madero bendito que recogió dulcemente el inmaculado cuerpo de Jesús en su martirologio.

Es el signo que salva y acerca a Dios al que a ella se aproxima.

Es luz, armonía, placidez, bonanza. Es blasón que rotula suprema nobleza.

Significa el sacrificio, el martirio, el holocausto , el amor, la bondad, la dulzura.

Representa en efigie la bondad, el amor, el perdón.

Es el escudo con que las antiguas matronas revestían el pecho de sus hijos, al emprender las cruzadas de la fe, para difundir por tierras hostiles y paganas la doctrina del amor.

Ella purifica, como el fuego, y lava. como las aguas del Jordán.

Consuela, cura, da vida, ennoblece y transmite esperanzas.

Trasunto fiel de humildad , refleja la modestia, la piedad, la generosidad, porque en sus brazos abiertos hay siempre amor, paz y misericordia, que brinda amablemente a los que hacia ella van.

Es el summun, el non plus ultra, lo más sublime en lo espiritual, y no obstante su humildad cristiana, concentra riquezas morales que son la esencia misma, la savia fecunda del bien y el desiderátum de la perfección humana.

Grave en sus líneas, majestuosa en su sencillez, imponente en su severidad, es, sin embargo, cordial y magnánima.

Ampara y protege al caído; infunde animo, decide y da energías al que vacila ante una contrariedad transitoria.

Recibe amarguras, angustias, pesares, sinsabores, promesas y arrepentimientos.

Da, en cambio, optimismo, serenas inquietudes, aplaca iras, quebranta soberbias y abate orgullos.

Ante ella se postran, reverentes, súbditos y emperadores; humildes y poderosos; sabios e ignorantes; plebeyos y aristócratas.

Eso es la Cruz...

Guión de legiones llenas de fe; pendón inmarcesible de caravanas piadosas; majestad serena, reina del inundo, ¡qué su imperio sobre la tierra perdure a través de los siglos en misión santa de regeneración y concordia!

Así sea.

Fr. León Villuendas, ofm

[Nota biográfica de Fr. León Villuendas]

La cruz

El mal de la época

Oímos a cada momento hablar de las maravillas de la ciencia contemporánea, y nos llega en mil formas el resultado de sus aplicaciones. ¿Qué cosa no podrá realizar la Humanida?, se exclama en presencia de los descubrimientos hechos ya y de tantos secretos arrancados al seno de la naturaleza.

Los hombres están absortos los unos, ensoberbecidos los otros, al contemplar esas conquistas de la inteligencia. Los jóvenes, sobre todo, más vivamente sensitivos y en quienes el orgullo de la vida es más impetuoso, parecen creer que el entendimiento humano no tiene límites en el porvenir y esperan, por consiguiente, que tampoco los tendrá el humano poder.

Como en los primeros días del mundo, se escuchaen los nuestros aquel pérfido: ¡Seréis como Dioses!» de la serpiente fatal.

Pedro Goyena