San Antonio de Padua y la Eucaristía
Del amor de San Antonio de Padua a Jesús Sacramentado y de su celo por el honor y gloria de tan divino Misterio existen en su vida innumerables y preciosos testimonios; pero ninguno tan claro y elocuente como el estupendo milagro que realizó en Rímini para confirmar la presencia real de Jesucristo en la Sagrada Eucaristía.
Rímini, situada junto al Adriático, entre los ríos Marechia y Ansa, era una de las ciudades principales de Italia donde tenían su asiento los herejes patarinos, que, entre otros errores, negaban el dogma de la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. Allí fue a predicar San Antonio de Padua, y lo hizo con tal claridad, profundidad y fervor, que aquellos herejes se hubieran convertido con sólo su predicación de no haberlo impedido algunos jefes de aquella secta.
Bonvillo, que por su posición social, formación y elocuencia gozaba de gran prestigio entre ellos, levantando al aire el grito de protesta, dijo a San Antonio:
—No queremos razones, queremos pruebas. Solamente creeremos que Jesucristo está real y verdaderamente presente en la hostia que tú dices santa, si con un milagro lo pruebas.
—¿Un milagro pides para creer? —contestó San Antonio—, pues conforme. Elige el milagro que tú quieras.
—Mira —repuso Bonvillo—, yo tengo en casa una mula La tendré por tres días continuos sin comer ni beber. El tercer día nos juntaremos en la plaza: tú con la hostia en que dices está Cristo y yo con la mula y una ración de cebada. Si la mula, hambrienta, al presentarle la cebada deja el pienso y adora la hostia, entonces creeré y me convertiré a vuestra fe.
—Acepto tu propuesta —contestó San Antonio de Padua, plenamente, confiado en que Dios obraría el milagro pedido para hacer triunfar su causa.
Como reguero de pólvora corrió la noticia de lo convenido entre Bonvillo y Antonio de Padua, plenamente confiado inmediatamente a hacer penitencia y oración, para más obligar a Dios a realizar el milagro que los herejes pedían como condición para creer en la presencia real de Jesús en la Eucaristía. Aquél corrió a someter a su mula a riguroso ayuno.
Llegó el tercer día... La plaza la llenaba una multitud de gente sobre toda ponderación... Bonvillo entró en ella, entre los gritos aclamadores de sus correligionarios, llevando a su mula ayuna de tres días y una ración de cebada... Antonio hizo su entrada, acompañado de algunos religiosos y católicos, humilde, modesto y llevando con reverencia y fervor en sus maños la Custodia con la Eucaristía.
Antonio y Bonvillo se acercan y se ponen frente a frente... Cesa el vocerío y se hace un silencio sepulcral... Todos los ojos están clavados en la Custodia y en la mula A una señal convenida Bonvillo presenta la ración de cebada a la mula Entonces San Antonio, rompiendo el silencio y dirigiéndose al hambriento animal, le dice:
—En nombre del Señor, a quien yo tengo en mis manos, te mando que vengas a hacer reverencia a tu Criador, para que todos entiendan la verdad de este altísimo Sacramento y sepan que hasta las criaturas irracionales están sujetas a su Criador.
¡Cosa admirable!... La mula olfatea el cesto del tan apetecido pienso y, en vez de probar la cebada, se vuelve de repente hacia la parte de Antonio, dobla las rodillas delanteras e inclina la cabeza, en señal de adoración a la Hostia Santa en la que está su Criador.
Una verdadera tempestad de vítores y aplausos se levanta en medio de aquella plaza, mientras Bonvillo, los demás herejes y todos los concurrentes, caen de rodillas y adoran con fe y con amor a Jesús Sacramentado.
Amado lector, que el recuerdo de este estupendo milagro avive más tu fe y encienda más tu amor y gratitud a Jesús Sacramentado.
San Antonio de Padua y el Niño Jesús
San Antonio estaba orando ¿Qué es lo que dicen sus ojos?; Sobre su plácido rostro Su corazón es un lirio ¿Qué diría San Antonio |
Un tropel de serafines Le sonríe el tierno Infante Cae en éxtasis dulcísimo En sus labios se detiene ¡Oh deliciosas venturas |
Jesús Galbis
Valencia, junio de J947
Romería de la VOT de N. P. San Francisco a Santo Espíritu
El pasado día 25 de mayo, y en la fiesta de Pentecostés, Venida del Espíritu Santo titular de este glorioso santuario franciscano, tuvo lugar la anunciada romería, presidida por el P. Provincial y el P. Luis María Torres, a la que, aparte de las Hermandades de Valencia y representaciones de Liria, Manises, Torrente, Aldaya, Moncada, Bétera, Masamagrell, etc., se asoció un número muy elevado de simpatizantes y devotos de las glorias franciscanas, que después de ocupar más que por completo los coches reservados, llenaron el resto de las unidades del convoy a Zaragoza. Minutos después de la hora anunciada salía el tren de la estación Central de Aragón, a los acordes del Himno Nacional y entre los vítores y estampidos de ruidosa traca, camino de Santo Espíritu.

Grupo de romeros, camino de Santo Espíritu rezando la Corona franciscana
Llegados a la estación de Gilet, y en la plaza de la Estrella, alegres pasodobles —por la banda de música— anunciaron al vecindario la llegada de los romeros; seguidamente se formó el Rosario, que fue cantado hasta la llegada al Monasterio, donde la reverenda comunidad, presidida por el P. Provincial, que se adelantó, y con Cruz alzada recibió a la cabeza de la romería.

La comunidad de Santo Espíritu sale a recibir a los romeros
Inmediatamente se ofició la Santa Misa; el P. Francisco Sanz sube al púlpito y da la bienvenida en nombre de la reverenda comunidad, glosando las palabras de nuestro Himno las «Huellas del Caudillo enamorado». Sigue la Santa Comunión, en la que el P. Torres ayuda al celebrante por el mucho personal. Durante la consagración suenan los acordes de la Marcha Real y se disparan tracas y morteretes; y terminada la misa se dio la absolución general. A continuación el P. Provincial, acompañado de la reverenda comunidad, bendijo un valioso Via-Crucis, donado a la comunidad para la iglesia por un fervoroso terciario, don José Cabrero y señora, que es colocado sustituyendo a las pequeñas cruces que había.

Son los organizadores de la romería a Santo Espíritu. En el centro los PP. Joaquín Sanchis y Luis Torres
Y después las horas de asueto, hasta que las campanas congregasen de nuevo para el ejercicio vespertino. La multitud se esparce por las frondas de la pinada. Unos a descansar; otros a pasear, y los más jóvenes, llevados de su entusiasmo a la Cruz, anunciando su llegada al picacho con ruidosa traca.
En la función vespertina que empieza a las cinco, después de alegres repiqueteos de las campanas y animados pasodobles de la música, se rezan las Letanías por España, Ejercicio del mes de las flores y, seguidamente, la Reserva y bendición eucarística por el P. Provincial, que oficia.
Al canto de las Huellas va saliendo la gente, que se congrega en la plaza, y empieza el gran acto de afirmación terciario-franciscana.
El P. Luis María Torres, con su palabra fácil y entusiasmo que le caracteriza, después de hecha la presentación del acto, comenta el lema «Paz y Bien», leyendo a continuación un hermoso trabajo de nuestro Hermano don Francisco Martínez (impedido por su enfermedad) sobre la V. O. T. Seguidamente, don Arturo Fosar Bayarri expone en acabado discurso la tesis sobre el corazón y el cerebro franciscano, con un alarde de citas y comentarios, verdadera demostración de su vasta cultura. Don José Mª Bayarri, en correcto valenciano, fue la nota de color del momento; hace ver al vivo —el verdadero franciscano— el terciario de entonces y el de ahora; la belleza encantadora del ambiente que nos rodea: Santi-Spiritus y sus alrededores, y tiene un afortunado recuerdo para el V. P. Pedro Vives, que se aprovecha para hacer una colecta para las obras del monumento.

La cabeza de la piadosa peregrinación momentos antes de llegar a Santo Espíritu
Finalmente, el muy P. Provincial Fr. Joaquín Sanchis resume lo hablado anteriormente y recoge los anhelos de todos con su sincera expresión y con su retórica florida, pero llana, que hace que sus palabras lleguen al corazón, les arranca arrebatadores vivas al Seráfico Padre y su Orden Tercera, que se continúan ensordecedores por largo rato. Los aplausos y vítores de la multitud, la música y la traca colgada desde el campanario, junto con los morteretes y profusión de fuegos aéreos —nota de sin par valencianía—, vienen a ser como el broche de oro de esta incomparable jornada de Paz, Bien y amor seráfico, en la que se puso de relieve la gran pujanza existente y verdadera hermandad de la V. O. T. de Penitencia del S. P. San Francisco.
La Junta organizadora, con el P. Visitador Luis María Torres, merecen la más cumplida felicitación de todos los que tuvimos la afortunada suerte de, vivir esta jornada de fervor y entusiasmo franciscanos.
Un romero, T. F.
Luego... San Antonio nos protegerá
Sentado a la puerta de su tenducho, con la colilla del cigarro entre los dientes, montadas las gafas sobre la punta de la nariz, el Focho, el prendero de la calle Real, leía el periódico. De vez en cuando desprendía su vista del papel y miraba de soslayo a los escasos transeúntes.
Tres tiendas abrían sus menguadas puertecillas de sucias vidrieras: la frutería del señor Rodrigo, la taberna de la esquina y la prendería de el Focho.
Con no ser las otras modelo de confort y de lujo, esta última destacaba con su aspecto misérrimo. A ambos lados de la puerta, dos muebles viejísimos y unos harapos colgados de las jambas, mostraban bien a las claras el negocio a que se dedicaba su dueño.
Era éste hombre de aspecto huraño y edad indefinible. En su rostro moreno, de tez curtida, surcado de arrugas, brillaban los ojuelos grises, de mirada penetrante y viva; un bigote entrecano, lacio, de guías caídas, le cubría el labio superior.
Su indumento completaba el aspecto miserable de toda la figura: un grueso chaquetón de pana de amplios bolsillos y un pantalón de la misma tela sucio y lleno de remiendos; unos gruesos zapatones para cubrir los pies y una boina descolorida y mugrienta para tocarse la cabeza, por debajo de la cual caía hasta la mitad de la frente un mechón de cabellos grises.
Cuando más abstraído se hallaba el viejo en la lectura, una vocecilla infantil pronunció su nombre:
—Señor Juan...
El Focho alzó la vista del periódico y, por encima de los anteojos, miró al que le llamaba.
Era un chiquillo como de unos siete años, rubio, pálido, de ojos azules de un dulce mirar, muy pobremente vestido.
El prendero, después de un rápido examen, interrogó:
—¿Qué quieres?
—Dice mamá que si hace usted el favor de venir a casa para ver unos muebles.
—¿Dónde es?
—Ahí en el 13, junto a la esquina, tercer piso, viuda de Martínez.
—Bien. Dile que luego iré.
El pequeñuelo se alejó corriendo.
El Focho dobló el periódico, que metió en su bolsillo; se alzó del asiento, fue hasta la puerta de la tienda y, encarándose con alguien, dijo:
—Cuida de esto, José. Vuelvo en seguida.
II
Dio unos pasos a lo largo de la calle y penetró en el número 13, una casa de aspecto miserable. Subió hasta el tercero y llamó. Una mujer joven, pálida, vestida de luto, abrió la puerta.
—¿Es aquí donde venden unos muebles?
—Sí, señor. Pase usted. Esta sillería... ¿Cuánto podría usted darme por ella?
Examinó minuciosamente el sofá, los dos sillones y las seis sillas que la componían. Luego apuntó con rodeos:
—Hágase cargo la señora de que está en muy mal uso... Todos quieren vender a buenos precios, y no se puede dar salida a lo que se compra...
—Bien, bien ya sé. Pero, ¿cuánto da?
—¿Le parece seis duros?
La mujer sonrió; seis duros, ¡qué irrisión! Pero cuando la necesidad apremia no es ocasión de discutir.
—Llévesela por lo que quiera. Al fin y al cabo esas 30 pesetas son el pan de unos días para mis hijos. Luego... San Antonio nos protegerá.
III
Cuando el Focho tuvo los muebles en su casa comenzó a examinarlos detenidamente. Desclavó por un extremo el forro de uno de los sillones y comprobó al tacto.
La tela estaba ya en pésimo estado. No habría más remedio que cambiarla. Comenzó a arrancar la mugrienta tela y tropezó con un objeto brillante: era una «pelucona», una onza de oro, y luego otra, y luego más. Y en el otro sillón, billetes de Banco... Total, toda una fortuna. Hasta 30.000 pesetas en billetes y muchas más en onzas de oro.
Mientras tanto la pobre viuda repartía a sus dos hijitos una frugal merienda que pudo conseguir con el importe de los muebles.
—Mirad, hijos míos, qué pan más rico. Es lo último que nos queda. Cuando se acabe... recurriremos al Pan de los Pobres que dan en los PP. Franciscanos. Es vergonzoso, pero no nos queda más remedio. Mas ahora que llega la festividad del Santo, vamos, hijos míos, a hacerle una Novena. El, que socorre a tantos necesitados, nos atenderá con seguridad.
Se arrodillaron a los pies de un cuadro que pendía de la pared, y comenzaron aquel mismo día sus súplicas al Santo de los milagros.
IV
El Focho era víctima de una extraña inquietud. Aquel dinero —le decía una voz interior— no le pertenecía. Tenía obligación de restituirlo a la pobre viuda; en todo caso, reclamaría la parte que le correspondía por el hallazgo. Mas, por otra parte..., ¿no estaba en su poder? ¿Conocía alguien su existencia? ¿No se le brindaba una buena oportunidad para montar un buen negocio y asegurarse una vejez sin cuidados?
El Focho cerró su tienducho y abrió en la calle más céntrica, no sin asombro de sus convecinos, un lujoso comercio de muebles. Mas no las tenía todas consigo. El grillo de la conciencia le acompañaba a todas partes cantando la usurpación que había llevado a cabo, a expensas de una pobre viuda que se moría de hambre. Un precioso cuadro de San Antonio que teñía a la venta le recordaba a cada momento las últimas palabras de la viuda aquella: «Es el pan de unos días para mis hijos. Luego... San Antonio nos protegerá.»
V
Una mañana, en la sección de «sucesos» de un periódico, el Focho leyó una noticia que le hizo temblar de pies a cabeza como un azogado.
En una miserable buhardilla de la calle Real, precisamente en el número 13, habían sido halladas tres personas sin conocimiento, con síntomas de inanición. Uno de los niños, al caer del lecho, había derribado una vasija de agua que se escurrió al piso de abajo. Subieron a advertíselo, y hallaron a la pobre madre y sus hijitos en grave estado, si bien conservaban aún la vida.
El Focho no pudo terminar la lectura de la gacetilla. Enloquecido, fuera de sí, estrujó el periódico en sus dedos y corrió como un autómata al Hospital civil. Allí pudo ver a la madre. Era efectivamente la misma que le había vendido los muebles.
Con voz alterada por la emoción el viejo prendero confesó toda la verdad. Ofreció a la pobre viuda lo que era legítimamente suyo. Lloró ella de gratitud y de alegría. Y lloró él por la satisfacción que le causaba aquella obra de justicia que acababa de realizar, dando la vida a tres seres que se hallaron en las puertas de la muerte por su culpa.
Era precisamente el día 13 de junio, festividad de San Antonio de Padua.
J. de Villar
La perla del Sagrado Corazón
La luz enhebra randas caprichosas En brazos del amor dulce y divino, Gime en deliquios de fulgor y gloria; Descorre el cielo fúlgidas cortinas Es la lumbre divina y soberana La Esposa de Jesús, que está dormida «Ese mágico Sol bello y ardiente, |
»Y esa Perla graciosa y peregrina, Despertó de su arrobo la Vidente «Fui yo quien por trazar senda
de amores »Recorrí de la vida los senderos; »Anhelante de hallar vidas y almas »Y el Corazón dé Cristo, enamorado Los preludios que Antonio modulara |
Fr. Bernardino Mª Rubert, ofm
Teruel, 25 abril 1947.
Contrastes
Recientemente se ha procedido por los vencedores de Alemania a la destrucción, que creemos total, de la isla de Helgoland, base de submarinos germánicos en la última guerra. Situada en el mar del Norte, en el centro del arco que forma el litoral entre los ríos Eider y Ems, a 50 ó 60 kilómetros de la costa, era de mucho valor para los alemanes, pues constituía una excelente base naval en una guerra con Inglaterra. La isla, de corta extensión (59 hectáreas), perteneció a Dinamarca, que le dio nombre, Helgoland (Tierra Santa), hasta que se la arrebató Inglaterra en 1807; ésta la cedió a Alemania en 1890, como compensación a concesiones en África.
Imponiendo ahora la ley del vencedor, se ha practicado una voladura de 6.700 toneladas de alto explosivo, con las que hay que suponer que, por lo menos, toda la mole de terreno que sobresalía del mar habrá sido destruida, ya que la isla la formaba un macizo rocoso de forma piramidal, y que se elevaba a pico sobre el mar hasta 56 metros por el Noroeste.
Dadas las circunstancias que concurren en la paz impuesta a los vencidos y los nuevos modos que se emplean actualmente en las relaciones internacionales, no tiene lo comentado nada de particular; pero sí lo tiene el hecho que vamos a referir. Según las noticias de la prensa, antes de la voladura principal, que elevó hasta 3.000 metros de altura fragmentos de roca, hormigón y hierro de las construcciones navales, se procedió a practicar pequeñas voladuras para ahuyentar a las aves migratorias que en gran número vivían accidentalmente en la isla. Y lamentaron los sensibles ejecutores de la operación no haber podido salvar de la muerte a tres gatos monteses y un conejo azul, a quienes no fue posible capturar, no obstante los esfuerzos realizados, y que fueron las únicas víctimas de la voladura.
Sensibilidad tan conmovedora con los animales contrasta con la conducta seguida respecto a la población humana de Alemania. Esta, no obstante deber ser tratada por humanidad con mayor benevolencia que los animales, no lo ha sido, ni lo es así. Sabiendo que se necesita un número de calorías proporcionadas por la alimentación, y determinado por las circunstancias de clima y constitución orgánica de la raza, no se les suministra a los alemanes lo necesario. Y como al mismo tiempo no se les deja trabajar ni comerciar libremente, no pueden proporcionarse en el exterior las subsistencias precisas para su sostenimiento.
La población sufre un régimen de miseria y depauperación. Muchos habitantes mueren de hambre y privaciones. Son menos afortunados que los animales, objeto de cuidados y atenciones por parte de los invasores de aquel pueblo desgraciado.
Y es que en la sociedad actual se han trastocado los valores morales. La justicia y la caridad nada cuentan en las relaciones internacionales. Y después de veinte siglos de Cristianismo se ha retrocedido a los tiempos paganos, en que era ley la frase de Breno, sitiador de Roma: «¡Ay de los vencidos!» (Vae victis!)
En estas condiciones es imposible que los estadistas consigan su anhelo de consolidar la paz. Sólo la paz de Cristo en el reino de Cristo es duradera; pero no es esa la que quieren establecer en un mundo revuelto, sino una impuesta por la fuerza y sólo por ella mantenida. De esa forma, y como la violencia llama a la violencia, no será esta la última guerra mundial.
Y los que sufren injusticia ahora algún día verán cumplidos sus anhelos de sublevarse contra ella y trastocar la nueva ordenación territorial de los Estados.
Y eso a despecho de todas las organizaciones internacionales, vanamente ensayadas en diversos tiempos de la Historia.
Arturo Fosar Bayarri
Consultorio religioso
Mi caso es el siguiente: soy padre de familia, y el ingreso total de todos los de casa obtenido en los días laborables no alcanza a cubrir los gastos de las necesidades indispensables de la vida. ¿Puedo en buena conciencia dedicarme los domingos y días festivos a trabajos particulares con el fin de mejorar cuanto pueda mi situación económica?
Si no dispone de otros medios honestos con que atender debidamente a las necesidades imperiosas de la vida, puede en buena conciencia dedicarse los domingos y días festivos a los trabajos particulares que me indica, con tal que asista a la Santa Misa en esos días y pida permiso para estos trabajos a la competente autoridad eclesiástica, que para usted es su párroco.
Confidencias
Hay mujeres que, como no son capaces de «edificar», se dedican a «demoler».
A sus «charlas» va dedicada la frase de «menos piedad y más caridad».
Sin hacerme por completo solidaria de esa reprensión, quiero, no obstante, prevenir contra ella a mis lectoras.
Es, en verdad, tan fácil —aun para almas buenas— murmurar del vecino; criticar a diestra y siniestra; emitir juicio sobre todo; desollar sin piedad las famas ajenas...
Es tan fácil injuriar, sin tener que decirlo claramente; llevar la conversación a un terreno escabroso; proceder por alusiones, muecas y gestos significativos...
Hay silencios que dicen mucho. Fruncimientos de cejas que ensombrecen una reputación. Pretericiones que equivalen a una acusación. Aires de piedad que ofenden.
En el círculo familiar, se sufre por terquedades. Hay mentalidades diferentes. Naderías son motivos de discordia, no de despecho.
Más allá del círculo familiar, miremos a las obras. ¡Es tan fácil faltar a la caridad, aun en el ejercicio mismo del celo! Hay rivalidades por la dirección; desacuerdo en la elección de medios; frases irónicas en todo momento. Y luego, pretextando mayor bien, ¡cómo se llega a aniquilar al que estorba!...
Se ha dicho que los malos dañan, pero los buenos mortifican. Nada más cierto.
¡Cuidado con la falsa piedad! Tengamos siempre en cuenta que la sociedad suma las buenas cualidades de la mujer; empero «multiplica sus defectos».
María de Santángel
Noticias
Nuevo Definidor General
Ha sido nombrado Definidor General de la Orden Franciscana para las Provincias de España y Portugal el P. Agustín Zuluaga, que era en la actualidad Delegado General de todos los Franciscanos de España.
El Obispo de Teruel en Valencia
Fr. León Villuendas, O. F. M., ha sido nuestro huésped en San Lorenzo.
Invitado a presidir las fiestas de la Virgen de los Desamparados en Torrente, fue recibido por todo el vecindario el día 10, trasladándose al templo parroquial, donde se cantó una solemne Salve y celebró de pontifical el último día del Triduo.
El día 11 tuvo la misa de Comunión general con plática. A las doce fue el solemne Medio-Pontifical. Por la tarde fue obsequiado con un magnífico concierto; visitó el Asilo de Ancianos y el Círculo Católico; presidiendo de pontifical la procesión.
El día 12 celebró la misa de Comunión para las ex alumnas en el Colegio de las Franciscanas, dirigiéndoles una plática. Por la tarde predicó en la Hora Santa.
El día 13, en la consagración de las Jóvenes de Acción Católica a la Santísima Virgen, celebró la misa de Comunión con plática.
El día 15, en la iglesia del Patriarca, dio la primera Comunión a su sobrina, la niña Amparito Villuendas.
El día 18 tomó parte en la fiesta que el personal de la Tabacalera dedicó a su Patrona la Virgen de los Desamparados en el nuevo templó de San Pascual, predicando sobre el tema «La excelencia de la Santísima Virgen y el título de los Desamparados».
Primera Comunión
Jesús Eucaristía visita por vez primera al niño José Antonio Sáez Peretó, hermano de nuestros seminaristas Fr. Simón y Fr. Carlos, en la iglesia parroquial de Pego, el día 25 de mayo de 1947.
Profesión religiosa
El día 11 de mayo del año en curso y en el Convento de Santa Clara, de Canals (Valencia), emitió sus votos religiosos, en manos de nuestro P. Provincial Fr. Joaquín Sanchis Alventosa, la religiosa clarisa Sor María de los Ángeles Lluch.
En la misa, que celebró el mismo P. Joaquín Sanchis, y que fue cantada a gran orquesta, con asistencia de los Infantillos de Játiva y muy concurrida, actuaron como ayudantes los señores curas párrocos de Alcudia de Crespíns, de Anna y de Ollería, y como asistentes los de Ayacor, Canals y Vicario del mismo.
Publicación franciscana
Aromes de flor natural. Rimes florejades del P. Bernardí María Rubert Candau, O. F. M. Ab un prólec del President de Lo Rat Penat, doctor Calatayud Bayá. 120 páginas. Valencia, 1947.
El autor de este lindo tomo de rimas valencianas ha seleccionado en él, de su copiosa producción poética, once poemas que, en el tema de «Flor natural», merecieron lauros y galardones en distintos Juegos Florales celebrados en Valencia y en sus más importantes ciudades.
P. Octavio Bravo, In memoriam
Ampliamos la noticia del fallecimiento del P. Octavio Bravo, Director del Colegio de Serrano y Comisaría Provincial de los Franciscanos, dada en nuestra Revista en el número del mes pasado, con los siguientes datos llegados recientemente de América.
Nació el finado en Alpuente (Valencia-España), el 28 de mayo de 1888. Sus padres, todavía parientes de uno de los mártires de Damasco, el franciscano Beato Francisco Pinazo, le dedicaron a la carrera de comercio, pero sintiéndose con vocación para el sacerdocio ingresó en la Orden Franciscana a los veintiún años de edad, y después de seguir brillantemente la carrera eclesiástica, se ordenó de sacerdote el año 1917. Desde entonces los Superiores le destinaron a la enseñanza en los Colegios, tanto en España como en California, como en Serrano, donde actuó sus doce últimos años. Siempre sus alumnos obtenían las más brillantes calificaciones, dado el entusiasmo y cariño que siempre mostró en su trato con los niños.
Estuvo en Francia y en Inglaterra para perfeccionarse en el francés e inglés. Los niños le rodeaban siempre y le profesaban un cariño como a una madre.
Agravado en sus dolencias de un tumor maligno, fue trasladado al hospital de Villa Mercedes, donde el 14 de febrero descansó en la paz del Señor rodeado del cariño de sus Hermanos y súbditos, y dejando un vacío muy grande en el corazón de cuantos le trataron. Descanse en paz.
—