Ambiente mariano en Valencia

Estos días de Mayo...

Y vibran los días marianos por excelencia en esta parcela geográfica que es nuestra tierra valenciana y en especial en esta central ciudad, su capitalidad por derecho propio.

Semanas de intenso y extenso fervor mariano en que flota en los aires, la gracia florecida de la primavera y en el espíritu de la ciudad la de todas las misericordias de nuestra Patrona, de la Matriarcal «Verge dels Desamparats». Así, Verge y Mare; y en este hermoso pugilato —digámoslo así— de las Parroquias del casco de Valencia, se está poniendo de relieve la fe segura y bella de nuestros admirables paisanos, que se irradia y estratifica y traspasa a todos los felices espectadores del maravilloso espectáculo mariano. ¡Qué bien Valencia vibra absoluta, católica, bendita ante «su Mareta» celestial!

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La imagen de la Virgen en el sitio donde fue coronada

Y en este homenaje sin solución de continuidad, que se extiende como una ola inmensa, deslumbrante, trémula, auriazul y perfumada de todos los azahares de esta hora apoteósica, hay un temblor de lágrimas en cada mejilla y una opresión indefinida e indefinible en cada pecho, componiendo el integral poema mariano más deslumbrador y férvido.

* * *

Lo ha repetido nuestro amadísimo prelado: no hay tierra como esta que ame de tan intenso y extenso modo a la Santísima Virgen María Madre de Dios. Y es que al íntimo sentimiento universal de todos los cristianos por la Madre de Dios, se une en nosotros, en Valencia, ese especial modo, característico, racial, tradicional de manifestarlo en sentido de arte, en originalidad de iniciativas y en explosión captadora de color, de formas, en apoteosis de expansión fulminante que arrastra y flagra voluntades y ánimos los más recalcitrantes y glaciales. Bendita tierra la nuestra, gran pueblo el valenciano ante la historia y en el amor de los altos valores del espíritu.

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La imagen de la Virgen dirigiéndose al puente del Real

Y el voto asuncionista. Valencia, al sentir tan honda la devoción de la Virgen, vislumbra como nadie la realidad de los hondos abismos inéditos en este aspecto espiritual. Ya creyó y defendió la primera el Misterio de la Virgen Inmaculada, y ahora proclama su creencia de la Asunción íntegra de la Virgen —en cuerpo y alma— a los Cielos. Ahora lo defiende (y es casi una definición), pomo el mayor y mejor postulado de su actividad íntima. Con apoteosis de fervor lo lanzará —su voto— a los cuatro puntos cardinales entre explosiones efervescentes de amor...

«Esta, señores — esta es Valencia», como dijo el poeta, «maravellosa i gran» ante su Patrona, la celestial «Mare dels Desamparats».

J. M. Bayarri

La romería a Santo Espíritu y el monumento al P. Vives

El reportaje gráfico, más que el escrito, es el que puede hablar y decir lo que ha sido la «Romería de la V. O. T.» de este año, en su tercer domingo, 18 de abril, uniéndose a la solemnidad de la inauguración del monumento al Venerable P. Pedro Vives. La voz dada a las Hermandades de la demarcación despertó tal fervor y entusiasmo, que la Junta de organización de la V. O. T. de Valencia tuvo que valerse de todos los medios y resortes para dar cumplido al fervor desbordante de todos los que acudían en demanda de medios de transporte. Se agenció la reserva del mayor número de coches del tren correo de Zaragoza; se estableció un amplio servicio de grandes autocares directos desde la plaza de San Lorenzo a la de Gilet, y no siendo suficiente, se organizaron servicios directos en autobuses, camiones, etc., por las Hermandades de los pueblos.

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La cabeza de la romería, con las autoriades de Gilet, al llegar al huerto de Santo Espíritu

Allí vimos muy nutridas representaciones de Liria, Segorbe, Paterna, Bétera, Náquera, Serra, Puzol, Moncada, Torrente, Aldaya, Vinalesa, Borbotó, Cabañal, Sagunto, Petrés, Sueca, y adhesiones de otras muchas que no lo pudieron hacer por la distancia y dificultad de transporte.

A las nueve y media fue la concentración en la plaza de Gilet, después, camino de Santo Espíritu, cantándose la Corona Franciscana por todos los romeros, acompañados por la laureada banda de música La Parroquial, de Valencia; Autoridades de Gilet y números de la Guardia Civil encargados del difícil problema de mantener el orden en días como éste. Llegados al Monasterio, fue recibida la grandiosa e imponente «Romería» por el Sr. Obispo de Teruel, reverenda comunidad y Hermandad de Caballeros Cruzados, mientras el Padre Visitador y Guardián de Valencia se adelanta y, en nombre de la «Romería» que preside, saluda y besa el anillo al señor Obispo. Seguidamente es invadida la explanada donde se alza el altar para la misa de Campaña, y árboles, pinos, faldas de montes y avenida y plaza del convento, semejan un mar por las oleadas de la multitud allí apiñada.

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Ante el monumento al P. Vives

Después de unas palabras del reverendo P. Guardián de Santo Espíritu de saludo a los remeros, comienza la Santa Misa de Comunión, que celebra el señor Obispo de Teruel, quien glosa admirablmente ante la multitud allí congregada el pasaje evangélico de la multiplicación de los panes. Unos minutos de descanso y sigue el acto inaugural del monumento al P. Vives. El monumento, sobrio en sus líneas, pero de mayestático perfil, adquiere una vitalidad grandiosa al ser enmarcado por la multitud de romeros que se apretuja alrededor del pedestal, donde el señor Obispo de Teruel, en su sitial, rodeado de la simpática nota valenciana —de lindas jóvenes ataviadas con el traje regional—, el P. Provincial, Padres Guardianes de Santo Espíritu y Valencia, toda la reverenda comunidad y Caballeros Cruzados, que rodean por completo al monumento, se escucha la voz del señor Cuesta, que en nombre de la Hermandad hace entrega oficial a la Orden Franciscana del mismo. Suena el Himno Nacional, y mientras el Sr. Obispo de Teruel descubre la sin par escultura del P. Vives.

Siguen los discursos del P. Provincial, y del Sr. Obispo y actuaciones de los niños, que en poesía y cantos terminan la parte de programa de la mañana.

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El Sr. Obispo de Teruel habla a la multitud de romeros que invaden la explanada

Por la tarde, a las cuatro y media, la V. O. T. tiene su función vespertina como ejercicio mensual, presidido por el Sr. Arzobispo de Valencia y Sr. Obispo de Teruel, haciéndose la renovación de la profesión según la Regla, e impartiendo el señor Arzobispo al final la trina bendición con el Santísimo. Seguidamente, y al canto de las Huellas del Caudillo, se llega al monumento, que es solemnemente bendecido por el señor Arzobispo. Hacen uso de la palabra el P. Provincial, señor Bayarri, D. César Tomás, D. Vicente Calatayud, etc.; y cierra el acto con breves pero elocuentes palabras el señor Arzobispo.

Al son del Himno Nacional, volteo de campanas y disparo del castillo y vistosa traca, preparados por los entusiastas Hermanos terciarios, se da por terminada esta franciscana jornada, en la que la V. O. T. de San Lorenzo, de Valencia, ha puesto tanto interés y entusiasmo, cooperando a dicho homenaje al Venerable P. Pedro Vives.

Vaya una felicitación entusiasta para todos nuestros Hermanos, y en particular para los destacados elementos Junta Pro Homenaje y Romería de la V. O. T., de Valencia, que han sabido dar cumplida realidad a los deseos de su P. Visitador.

Fr. Pacífico Torres, ofm


Magisterio de amor

Fray Juan de los Ángeles

VIII.—Maestro de espíritu

«Pido yo a nuestro Señor que me envíe el (espíritu) suyo, que sin él, factum est nihil, no se dirá cosa que importe». Ante todo, pues, ansia y pide la posesión del divino espíritu, porque no pudiendo nadie dar lo qué no tiene, su magisterio sería estéril. Se le llenó la medida y, del sobrante, daba generosamente a las almas que se le confiaban o acudían a él: henchía a sus discípulos.

Aunque sinceramente dice, «no soy tan bueno como piensas», era bonísimo y de perfección encumbrada. Era tan cordial, efusivo, amable y docto, que se ganaba prontamente la confianza y el corazón de quienes tenían la fortuna de tonar con él y hablarle.

El Discípulo, entusiasmado por tan celeste magisterio, dice en un vivo soliloquio: «Yo no pienso salir un punto de lo que me enseñare, porque tengo por negocio llano que me ha sido dado por el mismo Dios para remedio de mi perdición, que era grande antes de tratarse con él», palabras que son eco fiel de las que oía el P. Ángeles de boca de sus hijos espirituales y discípulos.

Como verdadero padre, a quien preocupa la pérdida del hijo, el verdadero padre de almas, Fray Juan de los Ángeles, vivía como san Pablo, angustiado por el peligro que corrían los hijos de su espíritu, tan amados de su corazón. «Siempre hago lo que puedo, dice, y el deseo de tu aprovechamiento me quita muchas veces el sueño y me pone en cuidado de leer los Santos». «Todo lo que quieres puedes conmigo, hijo Deseoso, aunque sea a mi costa». «Yo quiero perder mi gusto por tu provecho».

En cambio, para poder cincelar santos de verdad y no contrahechos, quiere al discípulo «todo entero», porque su enseñanza «no admite corazones, repartidos, ni hombres distraídos y fuera de sí. «Maestro íntegro, pide una sumisión íntegra, para que sea íntegra su obra magistral.

Por esto, su doctrina y arte, no es para todos, «es para los determinados y valientes», nos dice.
Era maestro experimentado en la ciencia mística, uno de los más diestros, doctos y sagaces que se conocen. El Padre Fray José Vázquez, Lector de Teología en el Convento de Santiago, en el informe que dio al P. General Fray Pedro de Mendoza, por su mandato, dice: «Contiene (el Manual de Vida Perfecta) muy docta y muy provechosa doctrina para personas espirituales en la cual se descubre el autor que tiene experimentado la obra lo que enseña con palabras".

Este documento, firmado por Fray Juan Romero, por Fray Agustín de la Concepción, Guardián, y por Fray Juan del Castillo, Secretario, se nos relata que una mujer inocente, vecina de Tembleque, oyó decir a los religiosos del Convento, que el Padre Fray Juan de los Ángeles tenía la gracia de discernir los espíritus. Para que le asesorase sobre el suyo, se encaminó a Madrid. «Fue al Convento real de las Descalzas, adonde era confesor de la Emperatriz, y andándole a buscar, le topó que estaba confesando en su confesonario, y vio encima de su cabeza una lengua de fuego, con que le quiso Dios dar a entender cómo tenía el don de conocer los espíritus. Comunicóle el suyo, y fue muy consolada».

No era necesaria, pero sí conveniente, esta señal externa de que su magisterio era divino, como inspirado y movido por el Espíritu Santo. Era el sello con que Dios quiso acreditar la enseñanza y la doctrina de un tan santo y docto maestro de su Iglesia docente.

Lengua de fuego fue su lengua, pero más lo fue su alma, su corazón y su mente.

(Continuará)

Fr. Juan Bta. Gomis, ofm

Consultorio religioso

Fray Agnello, ¿haría el favor de decirme algo sobre la vida de Santa María Magdalena de Pazis y el día que se celebra su fiesta?

María Magdalena nació en Florencia de la ilustre familia de los Pazis. A los diez años hizo voto de perfecta virginidad y a los dieciséis entró religiosa carmelita. Ignoraba cuanto podía oscurecer el brillo de la santa pureza; su abstinencia era extraordinaria, pasando cinco años con sólo pan y agua, menos los domingos. Atormentaba su cuerpo con cilicios, disciplinas, privaciones, vigilias e intemperies. Sufrió graves tentaciones del demonio; su caridad con el prójimo no tenía límites; lloraba amargamente la infelicidad de los que viven en desgracia de Dios por el pecado y se ofrecía por ellos a todas las penas. Muchos años antes de morir renunció generosamente todos los regalos del cielo, que recibía en abundancia, repitiendo las celebradas palabras: «Padecer, no morir». Voló a los brazos de Jesucristo a los cuarenta y un años de edad, en 1607, y su cuerpo se conserva incorrupto. La Iglesia celebra su fiesta el día 27 de mayo. Su vida la tiene en Santorales, Martirologios y Años cristianos. ¡Imítela...!

* * *

Estoy al servicio de señores que sólo me permiten ir los domingos a Misa de seis, siendo así que la mayoría de los sábados no puedo acostarme antes de las dos por tener que atender al servicio. ¿Peco si algún domingo, por quedarme involuntariamente dormida y llegar tarde a la de seis, me quedo sin oír la Santa Misa?

No. En esas circunstancias que apunta no peca. Los que pecan gravemente son los señores que ponen a Usted en una situación que no le permite cumplir sus deberes religiosos que son los principales.

Fr. Agnello

Confidencias. De la oración

En un alma sin oración no hay solida piedad. Orar es ejercitar la fe... es vivir de fe; puesto que vivir de fe es ver a Jesús en todo disponiendo todas las cosas con su mano oculta y paternal y como manifestación de su santa voluntad.

¡Ah si tuviéramos fe!

Nuestra oración sería continua, porque la unificación de la voluntad de Dios, se realiza en la oración.
Orar es conversas con intima confidencia, llena de esperanza, de rendimiento y de amor.

Jesús todo lo sabe; pero gusta que se le diga, que se le recuerde, que se le importune. «Pedid y recibiréis».

A pedir, pues; empero con oración vital de fe.

María de Santángel

Fuiste siempre mi amparo

Preludios

Manojo de azucenas
marchito por las penas
que el cierzo amargo del dolor ajó;
siempre que te admiré ¡Madre querida!
con tu faz inclinada y dolorida,
cual rosa ajada mi ilusión te vio.
Las penas y los dolores,
los llantos y temblores
de la triste y amarga humanidad,
en tu pecho tuvieron dulce nido,
y con tu aliento mágico y florido,
ahuyentaste su tétrica orfandad.
Por eso, Madre inclinas
las gracias peregrinas
de tu rostro marchito de dolor;
y abrigas al que gime con tu manto,
y le disipas su dolor y llanto,
y le haces florecer rosas de amor.

En las regiones de la muerte

Nunca creí que fuese tan amarga
la copa del dolor y la orfandad,
que el Señor da a beber, con mano larga,
en la lúgubre y negra soledad.
Vi rondar el espectro de la muerte
por hogares radiantes de ilusión,
que dejaba, de pena, el pecho, inerte,
y lleno de pavura el corazón.
A la muerte admiré triunfal, gloriosa,
cómo segaba lúgubre y feroz,
del jardín del amor, la mejor rosa,
que marchita caía bajo su hoz.
Hoy la he visto cetrina, triste, huraña
envuelta de pavura y de dolor;
me pareció más fina su guadaña

y más lleno, su rostro, de pavor.
Entró silente, queda y ruborosa
en lo más hondo de mi dulce hogar,
y del dolor la copa venenosa
hasta sus heces me hizo apurar.
El ser más apreciado de mi pecho
yacía sin encantos ni ilusión,
entre estertores, en un frío lecho
alumbrado por vacilante hachón.
Su rostro vi cubierto de amargura
e imantado de blanca lividez;
quise con tiernos besos de dulzura
darle mi vida y firme intrepidez.
Todo fue inútil; se escapó la vida
de su cuerpo marchito; y funeral
la muerte victoriosa y atrevida
ante mí destrenzó su himno triunfal.
Con el pecho, de pena destrozado,
intenté, entre mis brazos, estrechar,
aquel cadáver, yerto y deshojado,
para así mis gemidos apagar.
Me fue imposible; el llanto y la amargura
taladraron mi pecho y corazón;
y la muerte con rostro de pavura
intentó trasladarse a su región.
Se apagaron las lumbres de mi mente;
mis ojos se quedaron sin la luz;
y el corazón latiendo fuertemente
quedó clavado en afectiva cruz.
Cuando volví a la luz clara y serena
de la triste y amarga soledad,
con el alma, de llanto y dolor llena,
probé cuán dolorosa es la orfandad.
Era un día del bello mes de mayo;
Valencia festejaba con fervor,
a su MADRE; yo triste y con desmayo
apuraba la copa del dolor.
En aquel mismo aciago y triste día,
en que la muerte visitó mi hogar,
FUISTE en mi llanto amargo MADRE mía
mi consuelo y AMPARO sin cesar.

Fr. Bernardino Mª Rubert, ofm

Cuento baturro

Mucho había madrugado aquel día el tío Celedonio. Todavía parpadeaban las últimas estrellas y ya él estaba en la puerta de su casa aparejando su borriquillo. Se relamía de gusto con lo orgulloso que iba a entrar en Zaragoza por el Puente de Piedra, llamando la atención por los arreos de su bestia.

—¿A dónde vamos, tío Celedonio?— le pregunta el cura al pasar por delante y ver aquellos preparativos de viaje.

—A la ciudad del Pilar, Mosén. ¿Se le ofrece algo a su mercé?

—Sí, hombre. Toma dos duros y cómprame la vida de San Antonio de Padua.

—¿Ese santico tan milagroso, a quien mi Tasia rezaba de soltera para cazarme, reza de casada para tenerme a la vista y rezará de viuda, para ver si me resucita?

—Sí, Celedonio; no se te olvide el encargo.

Y amo y borrico se encaminan a la ciudad. Al entrar en ella lo primero que hizo el tío Celedonio es comprar la vida y metérsela en el bolsillo interior del chaleco. Dio unas cuantas vueltecicas por la ciudad para hacer los demás encargos. Unos cuantos tragos del cariñena y emprendió el regreso a su pueblo, cantando unas joticas muy alegres él y rebuznando de vez en cuando el jumento.

Unas cuantas leguas llevaría andando, cuando la bestia levantó de repente las orejas. ¿Qué pasaba? Que un ladrón se les había puesto delante trabuco en mano. No era posible esquivar el golpe, ni encontró ayuda por aquellos desiertos lugares. Grande era la sorpresa del tío Celedonio. El ladrón le espetó a bocajarro la fórmula que llamaríamos oficial de todos los ladrones: «La bolsa o la vida».

El maño, que se había repuesto un poco de la sorpresa y pasmo y estaba un poco más alumbrado que de ordinario, pues no en balde había pasado por la ciudad, le contestó un poco zumbón y malhumorado:

—Hombre, majo, antes que la bolsa, aunque no anda muy llena, prefiero darte la vida.

Y echó la mano al bolsillo, para darle la del Santo, que era la única que estaba dispuesto a dar, porque la otra no se la hubiera dejado arrebatar así como así.

No debía ser muy valiente el bandido, porque al ver que el tío Celedonio, buscaba algo, que para el ladrón era de seguro una pistola, que podría competir ventajosamente con su trabuco, echó a correr y nadie le ha visto más por aquellos parajes.

Continuó el tío Celedonio su interrumpida marcha y decía contento: «Con razón dicen el mosén y mi Tasia que ese santico que se llama Antonio de Padua es muy milagroso y no se les acaba la cuerda cuando comienzan a rezarle. Mia tú, que si no es por él, me quita ese tío los catorce reales que m'han sobrau».

De nuestras misiones

Iu-lin-fu, 24 de febrero de 1948.
R. P. Andrés Berengueres.
San Francisco el Grande.
MADRID.

Amado Padre: ¡Paz y Bien Tu amable carta fechada el 5 de noviembre, la recibí el día de Navidad, después que habíamos terminado la Misa mayor, que fue cantada con mucha solemnidad por las muchachas de la S. Infancia y por los militares procedentes de las Misiones de Sanpién, que aquel día acudieron en gran número a celebrar la fiesta y a recibir los Santos Sacramentos.

Celebro que el congreso Asuncionista Franciscano, que tuvo lugar en esa, haya resultado tan solemne y grandioso y que la Schola Cantorum de Aranzazu haya contribuido a su realce. ¡Todo por María!

En cuanto a Mapolo, Morulín y otros cristianos que moran en los dominios rojos, nada sabemos en concreto debido a la absoluta incomunicación que media de una zona a otra y lo poco que a veces llegamos a saber, por medio de algún fugitivo, que ha conseguido evadirse de aquel infierno rojo, se reduce a vagos rumores, cuya veracidad es difícil comprobar.

Del primero supimos hace tiempo, cuando la incomunicación no era tan rigurosa como al presente, que había quedado medio alelado, a consecuencia de los malos tratos, sufrimientos, privaciones y duro trabajo a que le habían tenido sujeto los rojos durante su amargo cautiverio en Suiteh, y su debilidad había llegado hasta el punto de que era incapaz de sostener una conversación sin proferir incoherencias.

Del segundo sabemos poco, y lo que sabemos, no es para tranquilizar a nadie. Los primeros años de la dominación comunista, los rojos iban con frecuencia a casa de Morulín, y éste les trataba bien, como que los rojos le consideraban como a uno de sus mejores e incondicionales camaradas. Le dieron el titulo de delegado rojo por la región de Suanhoyu, para que pudiera asistir a las asambleas, que se celebraban en Ienanfu, y debido al elevado cargo que ostentaba en la rojería, nadie se atrevía a molestarle.

Últimamente parece que han cambiado los papeles. Si hemos de dar crédito a lo que nos refirió uno de las proximidades de Suan-ha-yu, Morulín y su mujer han sido reducidos a la categoría de mendicantes y provistos de un salvoconducto rojo, se dedican a implorar sustento diario de puerta en puerta. No es él sólo el que se ve reducido a esa miseria; todas las familias honradas y respetables de las Prefecturas de Suitch, Mitze, Mpu, Kia shien y Hiug san, que vivían en posición desahogada, han corrido la misma suerte y se puede afirmar que han sido extinguidas por el mismo procedimiento.

A cualquiera de estas familias que no hayan emigrado a tiempo a otras regiones, y hayan tenido la desgracia de caer en manos de los rojos, ante todo les quitan todos los granos que tienen para el sostenimiento de la familia, y dividen, sus tierras, sí se trata de agricultores. Después reúnen al pueblo para dividir todos los objetos de la familia, muebles, vestidos, aperos de labranza, bestias, aves de corral, en fin, todos los utensilios que hay en un hogar.

A estos repartos acude la gente en masa, como si se tratase de un feria. Terminado el reparto, que no siempre llega para todos, los rojos preguntan al pueblo si aquel hombre es digno de muerte, o se le debe perdonar la vida. Basta que entre la multitud haya uno solo que diga que aquel hombre es digno de muerte, para que la sentencia sea ejecutada. ¡Pero qué muerte, ni entre los cafres!

Todos aquellos asistentes al reparto de las cosas, descargan sus golpes con piedras, palos, estacas, azadas, palas, hachas u cualquier otro instrumento rústico que movidos y hasta obligados por los rojos tengan a mano, sobre aquel desgraciado, que, chorreando sangre y pasado de espanto y de terror, ni siquiera puede derramar una lágrima para llorar su desventura. Entre los asistentes a aquel espectáculo de fieras, no faltan muchachos y mozalbetes, quienes dándose tono de valientes con el indefenso, se toman la libertad de cometer las mayores vilezas con el sentenciado, en tanto que profieren contra él las injurias más soeces.

Si este género de muerte resulta bárbaro para el presunto reo, no es menos cruel el que aplican al que haya sido acusado de alguna fechoría que haya cometido, sea ésta real o presunta, y, sobre todo, si ha proferido palabras contra el régimen comunista. A este tal, le someten a una muerte lenta que dura a veces de dos a tres meses. Un día le cortan una mano o una oreja, al cabo de una semana otra, a los quince días un pie, al mes una pierna, y así continúan cortándole un miembro tras otro, hasta que el infeliz muere abandonado de hambre, de frío y ahogado en su propia sangre.

A los familiares de los ricos que han huido a la zona blanca, sean ésas mujeres o niños, los rojos les atan fuertemente las muñecas y les cuelgan de una viga o de un árbol. Una vez colgados, como primera medida les azotan brutalmente y les zarandean hasta que quedan dislocados los brazos o las muñecas. Durante este suplicio, si se trata de un niño, a veces le cortan la cabeza de un tajo y a veces le abren el vientre en canal o le cortan un miembro, para que el niño muera desangrado.

Si se trata de mujeres, los rojos le preguntan dónde tiene el dinero escondido. Si la respuesta no les satisface, el suplicio continúa con más crueldad pero no la dejan morir, con la esperanza de que descubra el lugar donde está escondido el dinero. Si la paciente, a pesar de los sufrimientos, no manifiesta lo que ellos desean saber, es señal evidente de que no tiene ningún tesoro escondido.

Entonces, dos rojos le rodean la cintura desnuda con una cadena candente con que se atan a los perros, mientras otro tercero, con un hierro afilado, y también candente, le traspasa el vientre de parte a parte. Este suplicio, aun cuando la mujer, con frecuencia una anciana, hubiera manifestado el lugar del tesoro escondido se le hubiera aplicado lo mismo, porque el fin de los rojos es, después de haber...

(Continuará)

Nuevas publicaciones

Misa "Corpus Christi", por el P. V. Pérez Jorge, franciscano a dos voces iguales, con acompañamiento de órgano o armonio. (Sobre motivos de los himnos gregorianos —more hispano— del Oficio del Santísimo Sacramento). Año 1939.

Del título al último compás es sugeridora la Misa del joven músico franciscano. Inspirada en los himnos gregorianos tradicionales españoles del Oficio del Smo. Sacramento, transpira, a través de la bien trabajada partitura, el profundo sentido religioso de los temas originales. Pocas veces se muestran éstos en su clara integridad; pero invaden toda la obra en estilizaciones ricas de modalidad y de ritmo, que mantienen el ánimo atento y devotamente inclinado ante el augusto Sacramento de nuestros altares.

La Misa está escrita para dos voces iguales, y la discreción usada en su manejo le hace asequible a dos voces de hombre igual que a dos voces blancas. Cantan éstas con fluidez correcta y agradable, ya entrelazándose graciosamente, ya sucediéndose en diálogo interesante, ya, en fin, ensayando pequeñas fugas.

El acompañamiento campea por su independencia, bien que moderada. A ratos parece añorarse en él la orquesta. Sin ser difícil, reclama atención peculiar; pero da al mismo tiempo a la obra expresión más intensa y grande.

Comunidades religiosas, Coros parroquiales que os quejáis de falta de elementos de repertorio bueno al alcance de vuestras posibilidades, tenéis en la Misa «Corpus Christi» una obra nueva litúrgica española.

Cosas de familia, por Enrique Barrachina Gil, Pbro. Valencia, 1947.

A quien conozca al celoso y dinámico Arcipreste de Chiva, de ningún modo le sorprenderá que también manejé la pluma con facilidad y con frecuencia. Toda su vida, es un continuo apostolado, aun en los momentos en que el cuerpo reclama el descanso y el espíritu un ligero alivio. Pero por si su apostolado puede llegar a donde su alma de ningún modo le es permitido, por la distancia que le separa ha acudido al manejo de la pluma, que maneja con facilidad y con destreza.

"Cosas de familia" son cuadros captados al natural. No diremos que tengan la gracia, el verismo, el dramatismo, que supo infundir a los suyos, la paleta llena de color del insuperable Pereda. Pero sí que afirmaremos, que los cuadros, de este celoso Arcipreste de Chiva, están trazados por mano maestra; mano que se mueve con naturalidad, escogiendo temas propios de la vida de parroquia en la que es experto conocedor, y como tal sabe llegar a los últimos secretos de la vida parroquial.

"Cosas de familia" son cuadros, no de literatura, en los que se pretende sentar cátedra de escritor consumado, fino y sorprendente. Se utiliza la literatura como un medio, y no como si fuera un fin. Acude el celoso Arcipreste de Chiva, a los resortes de la literatura, en los momentos que no puede llegar a las almas, para que ella, sirva de vehículo divino y por ella penetrar las intencionadas y sugerentes escenas que traza su pluma piadosa, en el corazón de los lectores.

Podríamos citar cuadros, en los que sorprenden muchas veces el arte sencillo y casero, y las lecciones maestras y divinas. Pero como serían casi todos los trabajitos reunidos en este tomito "Cosas de familia", renunciamos a ello, recomendamos mucho esta obra a nuestros lectores. R. P. B.