De nuestras misiones

R. P. Joaquín Sanchis, ofm
Ministro provincial

Macao, 31 mayo 1950.

Muy amado Padre: Careciendo de tiempo para ordenar mis ideas se las mando con la espontaneidad con que las suscitan las impresiones entreveradas sucedidas estos últimos días.

Según las cartas llegadas de m¡misión de Tai-yuan-fú, parece que los dominadores van apretando los tornillos de su oposición a la Iglesia, pero ésta continúa siempre triunfando.

Olvidados de los servicios que el Padre Severino prestó a los rojos cuando de él necesitaban, hoy también a él le han restringido su libertad; tendrá que limitarse a su propio distrito y no podrá salir de él sin la debida autorización que deberá solicitar cada vez. Por este motivo en las últimas Pascuas no pudo ir a la ciudad, pero no hay miedo, le falte ocupación. S¡él no puede ir a buscar a los enfermos, los enfermos le buscan a él, y así continúa ejerciendo el bien espiritual y corporalmente entre los suyos y extraños, siempre ocupado, libre, sano, amado y alabado de todos los cristianos.

Con el intento de coger toda la juventud, se ha impuesto allí la enseñanza obligatoria, y para facilitar la cosa, se han abierto escuelas comunistas en que se da gratuitamente a los alumnos instrucción y comida. Algunas familias, obligadas por su pobreza, mandaban a sus hijos a dichas escuelas, con gran disgusto del Párroco, quien con su bolsa vacía no podía hacer otro tanto con las escuelas de la Misión. Un día llamó a los niños que frecuentaban las escuelas católicas y les expuso la necesidad de que ellos mismos se constituyeran en misioneros de los compañeros cristianos para preservar su fe. Con este fin erigió la Congregación de los Niños Apóstoles, los cuales, con sus oraciones, mortificaciones, avisos oportunos, etc., debían le trabajar en ese sentido. Y los pequeños apóstoles tomaron tan a pecho su cometido que, además de cumplir su reglamento, organizaron colectas, espectáculos y diversiones con que recoger limosnas para socorrer a las familias cristianas pobres, y esto con tan feliz resultado, que hoy no hay ningún niño católico fuera de nuestras escuelas.

Otro tanto están haciendo los jóvenes y adultos con los de su respectiva clase, de modo que hoy todo cristiano es un apóstol práctico de la Acción Católica; así, aquél que sabe hacer de las piedras hijos de Abraham, hoy suscita multitud de apóstoles por cada misionero reducido a la impotencia.

Gracias a toda esta actividad laica, las fiestas de Pascua han resultado brillantísimas. Sólo en la Catedral, más de 1.200 confesiones, especialmente de hombres que no lo hacían desde algunos años. El coro de los Niños Apóstoles y la Legión Mariana suplieron la falta de Seminaristas en los actos litúrgicos del Pontifical. A éste asistió tal multitud de gente cristiana y pagana que, rebosando la Catedral, capaz para 3.000 personas, llenó también la plaza adyacente. El silencio, el recogimiento y la admiración con que todos seguían el desarrollo de las ceremonias, eran impresionantes. Los más ancianos confesaban con lágrimas de satisfacción, que jamás hablan visto tanta multitud en torno a la Iglesia.

La situación de les misioneros europeos es muy crítica. Están confinados en sus casas sin poderse mover, vigilados en sus personas y hasta en su correspondencia epistolar, no admitiéndoles más cartas que las dirigidas a los países democráticos al estilo ruso. Se les llama a juicio con frecuencia, y se tiene gran gusto en imponerles castigos humillantes por las menores faltas. A uno, por no haber denunciado el paso por su residencia de dos sacerdotes chinos, se le obligó algunos días a ser barrendero público; otro, anciano de 74 años de edad y 49 de misionero, lo abofetearon públicamente los muchachos de la calle por haber reprendido enérgicamente a uno de ellos.

Estas cortapisas puestas a los sacerdotes europeos, vienen compensadas, en parte al menos por el celo del clero chino. Estos admirables sacerdotes se han dispersado por todos los distritos de aquella Diócesis, y aunque sin iglesias, n¡residencia (todas confiscadas) y sin admitir por prudencia ningún subsidio de los cristianos, viven como San Pablo, del sudor de su frente y del trabajo de sus manos; pero entre tanto asisten cuidadosamente a los cristianos, merced a lo cual y fuera de algún neófito apóstata, en general los cristianos se mantienen constantes en la fe, más fervorosos en su piedad y fieles en su vida cristiana.
Por lo que mira a la última Misión de donde salí, también la situación se va haciendo siempre más delicada.
Dentro del Seminario Menor han puesto una fulana en calidad de inspectora oficial que debe vivir internamente a expensas del Seminario. La Santa Infancia, privada de su edificio, ha tenido que refugiarse en una parte de nuestro Seminario Mayor. Las escuelas católicas de la enseñanza están cerradas; las escuelas medias, en cambio, están abiertas, pero les están prohibidos todos los actos religiosos, y en la de muchachas no se permite a las religiosas maestras mantener conversación con persona alguna extraña s¡no está presente algún guardia como testigo. También allí la vigilancia personal sobre el misionero es extremada; los juicios y los interrogatorios están a la orden del día, y las sospechas sobre las cartas de los misioneros llegan hasta el punto de creer lenguaje cifrado los mismos números de la data de expedición del escrito.

Las iglesias están aun libres, pero hay que cederlas algunas veces a los amos para sus reuniones a fin de evitar la incautación de aquellos edificios. En una de ellas ha tenido lugar recientemente un hecho de no poca consolación.

Era el jueves de Pasión. La reunión de los rojos tenía que hacerse en la Iglesia. El Misionero había retirado oportunamente el Santísimo Sacramento y todo aquello que pudiera ser ocasión u objeto de profanación. Uno de los congresistas, al pasar por el atrio donde están instaladas las escuelas, cogió un catecismo Y durante la sesión tomó la palabra y comenzó a ridiculizar las preguntas y respuestas de aquel librito y a hacer chacota de la doctrina que la Iglesia enseña a los niños. Dijo cosas tan soeces y horrendas aquel energúmeno, que el misionero que estaba presente, para evitar todo desmán en su propia casa, no pudiendo contener su celo, se levantó para protestar y, sirviéndose de la libertad de palabra que se concede en aquellas ocasiones, refutó punto por punto todas las falsedades dichas por aquel ignorante, y esto con tal elocuencia y fuerza de razones que se captó la simpatía del público, el cual se dispersó comentando sabrosamente lo acaecido.

En la tarde de aquel mismo día se presentaron dos guardias que arrestaron al misionero y lo llevaron a la cárcel por el delito de haber hecho perder la cara públicamente a las autoridades.

Al día siguiente, los cristianos, al ver que el Padre no celebraba la Misa, se enteraron de los acaecido y capitaneados por los neófitos improvisaron una manifestación de protesta, a la que se sumaron los mismos paganos, presentándose a las autoridades para exigir la inmediata libertad del encarcelado. Ante aquella decidida voluntad del pueblo soberano, los amos tuvieron que doblegarse, y el día de la Virgen de los Dolores, después de 20 horas de cárcel, el misionero salía de su prisión y era acompañado triunfalmente por la multitud.

Secundando los deseos del Papa en la carta sobre la paz: el Obispo había ordenado que el Domingo de Pasión quedara expuesto todo el día el Santísimo Sacramento a la adoración de los fieles. Aquel mismo día los dos periódicos locales publicaron con grandes títulos que Pío XII había mandado una Encíclica ordenando al mundo católico secundar en todo la política capitalista y antidemocrática de los Estados Unidos, confirmando una vez más que el Vaticano es enemigo del pueblo... El efecto de aquella calumnia fue un concurso extraordinario de fieles y de paganos a las iglesias que quedaron llenas todas las horas del día y aun de la noche. Los nuevos amos lo hacen tan mal y el pueblo está tan irritado contra ellos que la misma tirria que éstos manifiestan contra los católicos se trueca en simpatía del pueblo hacia la Iglesia.

En algunos puntos, la oposición de las autoridades llega a convertirse en abierta persecución. Actualmente, un Obispo franciscano, discípulo mío, y el Superior de una naciente Misión carmelita se encuentran en la cárcel por haber tenido —dicen— amistad con los ricos. Otros dos discípulos, noveles sacerdotes que llenos de celo se han atrevido a penetrar en su propia diócesis, de donde hace cinco años fueron expulsados el Obispo con todos los misioneros, han sido también encarcelados por el delito de ser hijos de familias que en algún tiempo fueron ricas. Pero todo ello redundará en favor de la Iglesia porque tarde o temprano se viene a reconocer la falsedad de las acusaciones, y entonces la misma publicidad dada a los procesos se convierte en pregón que exalta y nimba de gloria a la víctima tanto más simpática cuanto más inocente. Así ha sucedido con estos tres discípulos noveles misioneros, que encarcelados y maltratados durante varios meses, reconocida ahora su inocencia les han dado libertad y, lo que más vale, les han reconocido el derecho de ejercitar el ministerio sacerdotal, s¡no en público, al menos en las casas privadas. Por tales efectos se pueden dar por bien empleadas las cárceles, los tormentos y el martirio. Tales son en resumen las noticias recibidas de China.

En cuanto a nosotros, aquí continuamos con la misma paz y los mismos peligros que antes. Los rojos los tenemos alrededor y aun dentro de la misma ciudad donde se pasea su quinta columna. Ya han explotado diversos petardos y bombas en diversos centros nacionalistas, y hace pocos días fue asesinado un jefe de policía secreta de los nacionales. El jueves pasado hubo muy cerca de aquí una batalla naval en la cual parece que los rojos quedaron descalabrados. A simple vista se podían distinguir los fogonazos de los cañones. En esta colonia recogieron 30 heridos y unos 70 soldados rojos a los que desarmaron.

Sin embargo, parece que por ahora no hay peligro para la colonia, pues los gorris la necesitan como puerto para recibir arroz de fuera. De todos modos, nuestra confianza está puesta en solo Dios. Demos gracias al Señor por los buenos resultados de la tribulación, y roguemos por las víctimas que sufren.

Bendiga a su affmo.

Fr. Gonzalo Valls, ofm

Consultorio religioso

Siento devoción de hacer el Viacrucis, pero, desde hace algún tiempo, tengo dificultad de arrodillarme. ¿Me valdría lo mismo s¡lo hiciera de pie?

Lo mismo le valdría s¡lo hiciese usted en igual devoción, puesto que las condiciones para ganar la indulgencia concedida al ejercicio del Viacrucis son tan sólo: 1ª recorrer las catorce estaciones sin interrupción notable; 2ª meditar entretanto, aunque sea brevemente, la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. S¡por una causa razonable se interrumpe el Viacrucis, por cada estación hecha se ganan 10 años de indulgencia. Tanto es el interés de nuestra Madre la Iglesia de estimularnos a hacer el Viacrucis. No lo deje usted de hacer, aunque sea de pie y renqueando. Acompañe devotamente a Jesús camino del Calvario. El le agradecerá esos ratitos de compañía y de consuelo.

¿Cuál es la misión de San José como Patrono universal de la Iglesia?

San José ocupa un lugar muy distinguido en el plan divino de la redención. Dios lo escogió para Custodio fidelísimo de sus principales tesoros en la tierra, que son: Jesús, María y la Iglesia. Su misión, pues, ahora es cuidar y defender desde el cielo a la Iglesia y a todos los que a ella pertenecen, como cuidó y defendió a Jesús y María cuando vivía en la tierra.

¿Para qué el sacerdote divide el Pan Eucarístico en tres partes cuando celebra la santa Misa?

Para recordar que Jesucristo en la noche de la Cena, al instituir el Santísimo Sacramento, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y lo distribuyó entre sus Apóstoles, y que antiguamente, cuando se usaban en la Misa panes de regular tamaño, se dividían en fracciones para distribuirlos entre los fieles; pues los antiguos cristianos comulgaban siempre que asistían al sacrificio de la Misa.