Una lluvia de cenizas blancas

El día 24 de septiembre último venía de Tokio la siguiente información divulgada por los periódicos: «Como derivación del fallecimiento de un pescador a quien alcanzaron cenizas radiactivas procedentes de Bikini, el Congreso de los Sindicatos Obreros del Japón pidió al Gobierno que reclame a Estados Unidos que pongan término a los experimentos con bombas atómicas y de hidrógeno, así como la fabricación de estas armas.

»El Canciller señor Katsuo Okasaki y otros altos funcionarios figuraban entre quienes acudieron al hospital para rendir homenaje al primer mártir de la bomba de hidrógeno, quien falleció ayer después de seis meses de enfermedad.»

¿Qué había ocurrido ? Lea lo que sigue:

El Fukuryu Maru, que quiere decir Dragón Feliz, un barco pesquero japonés, navegaba lentamente aquella madrugada del día 1 de marzo último a unos 150 km. del atolón Bikini, en el archipiélago de las Marshall. Una voz gritó sobre cubierta:

—¡Venid a ver! El sol sale hoy de una manera extraña.

Los pescadores se asomaron a la borda con curiosidad. Era una aurora que aparecía antes de tiempo, formada por lenguas de fuego tan brillantes como el sol, elevándose hacia el cielo.

—No puede ser el sol —afirmó un marinero—. La luz ha comenzado por el Oeste.

Poco después vieron cómo la luminosidad se esfumaba y se formaba en la línea extrema del horizonte el hongo característico de humo y gases de la bomba atómica.

¡Pikadon! —exclamaron con terror los marineros.

Es el vocablo con que los japoneses designan a la bomba atómica. El patrón del barco pudo comprobar con su cronómetro que la explosión había sido a 150 kilómetros.

No se le dio más importancia. Nadie se alarmó. La distancia era suficiente como para no temer los efectos del terrible artefacto.

Primera bomba de Hidrógeno en Bikini, 1954

LA EXPLOSION EN 1954 DE LA BOMBA DE HIDROGENO EN BIKINI CAUSA DAÑOS A TODO EL PLANETA

La lluvia blanca

El cielo quedó de un tono sombrío, como del color del hierro que se enfría lentamente. Pero dos horas más tarde comenzaba a caer... una lluvia fina de cenizas blancas.

Mientras la verdadera aurora pintaba de color naranja y rosa el horizonte, una nube grisácea, se arrastraba, llevada por el viento, desde el lugar de la explosión hasta centenares de kilómetros de distancia. Y de aquella nube llovía incesantemente una ceniza blanca, espesa y menudísima que se pegaba tenazmente a los objetos, a los vestidos y, sobre todo, a la piel.

Cuando la nube pasó por encima del Dragón Feliz, los pescadores japoneses estaban sacando las redes del agua. Y la nieve atómica cavó sobre el barco, sobre la tripulación y sobre el pescado.

El patrón del pesquero se dio cuenta, o sospechó al menos la peligrosidad de aquella ceniza pegajosa, y recomendó a sus hombres que se lavaran. Pero ni el agua ni el jabón llegaban a desprender aquellas partículas diminutas de la nube grisácea.

Los efectos devastadores

Los pescadores japoneses se percataron pronto de que la distancia a que se encontraban no era suficiente para ponerles a salvo de los efectos del pikadon.

Uno sintió que las cenizas le penetraban en los ojos y comenzaban a quemarle. Otros se sintieron invadidos de una ola de calor. La primera noche no pudieron cenar; trataron de beber un poco de vino, pero no podían recuperar el apetito. Se sentían intensamente deprimidos. A los tres días todos estaban
convencidos de que algo grave les había ocurrido.

Los rostros tomaron el color del plomo. Les ardía la cara. Al marinero Masuda se le hincharon mucho la cara y las manos. Hasta que el malestar se les hizo casi intolerable, y grandes ampollas, de forma irregular terriblemente molestas, les brotaron en la piel.

Terror en Yaizo

El día 14 de marzo llegaba a Yaizo el pesquero japonés. Y el pescado fue vendido y llevado al mercado. Pero a la sorpresa del principio sucedió el pánico, cuando comenzó a correr la noticia de lo que había ocurrido a los marineros del Fiikuryu Mam. Cundió la alarma del contagio posible de las radiaciones atómicas, que pudieran llegar a través del pescado vendido, a pesar de que las Autoridades aseguraban que había sido retirado del mercado.

Los veintiún marineros fueron internados en el hospital de Yaizo y puestos en observación. He aquí lo que comprobaron los médicos: la piel la tenían llagada, como quemada por el sol, y a los días se volvió negra. Se les caía el pelo. Se les hicieron continuas transfusiones de sangre, único remedio eficaz contra las irradiaciones, pues éstas atacan los tejidos internos del organismo, sobre todo los linfáticos y los órganos destinados a la fabricación de glóbulos blancos y rojos.

En tales circunstancias las víctimas pueden estar suspendidas entre la vida y la muerte durante varios meses. Los médicos japoneses y americanos no se atrevieron a aventurar ningún pronóstico. Y confiaban poder disputar a la muerte a los pescadores del Japón.

Pero... el 23 de septiembre último falleció, después de seis meses de enfermedad, Aikichi Kuboyama, el primer mártir de la bomba de hidrógeno.

La bomba de hidrógeno

Porque, efectivamente, fue ella la autora de lo ocurrido al Dragón Feliz. El mando americano del Pacífico había programado en febrero un importante experimento que sería el primero de una serie: la explosión de la bomba de hidrógeno; la primera bomba atómica verdadera.

La llamaron «coc-tail atómico», por estar formada a base de hidrógeno pesado y contener litio, berilio v otros misteriosos ingredientes, además de una bomba atómica corriente, que era la que debía causar la desintegración del combinado.

Los mismos técnicos se engañaron. Habían calculado que el artefacto poseía una potencia inferior a 10 millones de toneladas de dinamita, y alcanzó de hecho a los 15 millones. O sea que la bomba de la madrugada del 1.° de marzo era seiscientas veces superior en potencia a la que cayó en Hiroshima en 1944.
Después de la explosión se encontraron partículas radiactivas a 500 km. de distancia. El Diputado americano Durham ha dicho: «Los efectos de la última explosión experimental han sido tan terribles que es necesario comunicarlo al mundo.»

La estrella de Belén

Ante la elocuencia de estos hechos, tildaríamos de intempestivos los llamamientos continuos de S. S. Pío XII por la verdadera paz, que, antes que nada, debe establecerse en los espíritus, a base de los principios cristianos y de la doctrina evangélica? Recordemos una vez más el clásico saludo de los ángeles sobre el pesebre de Belén: «Gloria a Dios en las alturas y paz a los hombres de buena voluntad».

Mientras el mundo cierre sus oídos a la voz de Jesús la paz será una utopía, a pesar de los pactos y de los acuerdos verbales de los representantes de las naciones en Ginebra, en Londres o en París. Crece el armamentismo y continúan los estudias e investigaciones para inventar nuevas armas mortíferas. Y se cuaja de sombras el horizonte del porvenir.

¡Que el Niño de Belén nos conceda la paz del espíritu y la paz de las naciones!

S. de Goñi

La purificación

Retengamos dos ideas: la espera y la luz.

La espera. — Del anciano Simeón y de la profetisa Ana dice el Evangelio que hablan recibido del Espíritu Santo la seguridad de que no gustarían la muerte antes de haber visto la salvación venida de Dios.
Su espera está apoyada en la seguridad. Saben que antes de morir verán al Mesías. ¡Qué diferencia de nosotros!

Claro que ahora no se trata de desear la venida del Verbo Encarnado a la tierra. El acontecimiento tuvo lugar hace, ya mucho tiempo. Pero ¡qué dicha sería poder afirmar que esta venida del Verbo Encarnado va a producir sus frutos y que ya comienza a verse llegar el Reino de Dios! Mas..., ¡ay, nosotros gustaremos la muerte antes de haber visto la salvación! ¡Cuánto falta todavía para que la cristiandad aparezca en su plenitud!

Purificación de María. Giovanni Bellini

Purificación de María. Giotto

Habré trabajado toda mi vida de apóstol, y en el último día deberé reconocer que todo lo que he trabajado es nada, casi nada...

¿Es esto verdad? No; porque, ante todo, ¿quién conoce el precio de los deseos?

¿No es acaso un hermoso acto de amor desear la extensión del Reino de Dios? ¿Y quién puede medir lo que vale un solo acto de amor para apresurar la venida del Reino de Dios? Yo tal vez no veré triunfante a la cristiandad. Pero ¿no es cierto que la Iglesia aquí abajo será siempre militante? Yo sueño con un éxito definitivo, después del cual ya no haya más que cruzarse de brazos. El problema no está ahí. Desear, sí, desear intensamente que venga a nosotros el Reino de Dios; trabajar, sí, trabajar con todas mis fuerzas para que tarde lo menos posible. Y luego vivir en paz, y más tarde morir en paz. Dios, que es dueño de la eternidad, se toma su tiempo. Mi vida, a lo menos, habrá alcanzado su máximum de fecundidad.

La luz. — Viderunt oculi mei lumen... Lumen ad revelationem gentium: «Mis ojos han visto la Luz... Luz para iluminar los sentidos». Jesús se presentará con frecuencia, durante su vida pública, bajo el símbolo de la Luz. Ego lux: «Yo soy la Luz». Ego veritas: «Yo soy la Verdad».

Estoy en mi preparación de apostolado para desarrollar mi sed del Reinado de Dios y al mismo tiempo adquirir el conocimiento más profundo y más extenso de Cristo. Se me dan años preciosos para ponerme en contacto con la Luz, para explorar la Verdad. Yo sería un miserable si tomase a broma la Luz y perdiese el tiempo en lugar de profundizar en mi vida espiritual.

Y esta luz yo tendré que mostrarla al mundo. Como nuevo Simeón, vuelto hacia él, vuelto hacia la multitud, explicaré a las gentes dónde está la Verdad, qué es la Verdad, cuán necesario es ponerse en marcha hacia la Luz. Debo, pues, ahora captarla todo cuanto ¡pueda para darla a mi pueblo llegado el momento.

¡Oh María! Haz que pase a mi alma algo de tu ardiente espíritu de entrega; enciende en mí la sed de la salvación del mundo; hazme conocer a Jesús, a fin de que yo pueda mostrarle a mi alrededor, de manera que en El todos reconozcan la Luz...

Ideario para Cuaresma

No sé a quién he oído decir que el tiempo de Cuaresma le oprimía, y si le hubiera sido factible, habría rodado la saeta del tiempo para extinguir los cuarenta días de Cuaresma.

Jesús ha dicho: «La verdad os libertará», como pudo decir en sus términos equivalentes: la verdad os salvará. ¿En qué tiempo emergen detonantes y medicinales las verdades eternas? —ultimátum a la vida humana—. Cuaresma no debe significar nunca repliegue de ideales, de acción, porque en el cristianismo no existe el estado de larvación, que sería tan feo como postración. La vida debiera ser en el tiempo de Cuaresma la plena realización de acción, porque se dispone de la potenciación de la luz y fuerza de la verdad.

Dejémonos reorganizar y reconstituir con el gozoso alumbramiento de la verdad.

La oración es indispensable. Desde que Jesús la aconsejaba a los suyos hasta hoy ha sido irreemplazable. Si hubiera sido posible desplazarla v arruinarla los hombres lo hubieran hecho ya.

'Porque la oración es el momento que se desconecta con «el mundo» para retener la Verdad, a Dios. Y es inabarcable Dios y muy diáfana la verdad de la oración para que al filtrarse por las aspilleras del reducto humano no la reciban repugnancias y mixtificaciones.

No se niegue que una hora de oración es el elixir de la vida espiritual, como no se afirme que con otros medios se acortarán las distancias del hombre con Dios, o que los hombres no estiman el fruto de la oración, sino de la acción. Efectivamente, la acción deberá finalizar toda nuestra vida cristiana, pero la acción no interesará a nadie si no es completa y convincente con la divina garantía de la oración.

Quizá en vez de orar se rece. Quizá esa íntima penetración informante de Dios en la oración se la supla por una ácida regurgitación verbal, que descontrola y disgusta a los que quisieran orar.

De muchas devociones, de muchos rezos, se les podría llamar «los reteñidos de la oración», como a los metales que se les empavesa de un baño de plata o de oro para que afecten el valor que no tienen.

¡Cuántas devociones no tienen el valor que afectan!

Es lamentable que junto al Sagrario y oyendo la Santa Misa, entre tantos asistentes, sólo se reproduzcan sonidos sin eficacia, plegarias sin sentido de oración.

Reconvengámonos cada uno de nuestra aparente oración y que este tiempo de la oración —Cuaresma— nos deje en la posesión de la oración sana y en sentido de colectividad.

La vida cristiana se la ha expuesto simplemente en dos frases: huir del pecado, practicar la virtud. Yo no sabría decir cuál de los dos capítulos es más interesante. Lo cierto es que con la práctica de la virtud se elimina el pecado. Y es más recomendable a las almas la virtud, porque atiende a la generosidad del espíritu.
No recuerdo quién dijo: «El que mucho procura huir de vicio, cae en vicio de no procurar virtud». Y evitar el pecado o llegar hasta el borde del mismo ha sido una costumbre no muy recomendable de algunos moralistas. No se olvidé que abstenerse del pecado es detenerse en la mitad del camino. Quien tiene que lograr la santidad ha de ser conducido con los actos de las virtudes.

Que este santo tiempo de Cuaresma nos remoce en virtud los vacíos en ausencia del pecado.

¿Qué virtud? Algunas almas se animan más por alguna en particular. ¡Todas son tan hermosas!... que lograr alguna es predisponer el alma a todas. Son como granos en un racimo, tan idénticos, que no se les distingue.

Lo que sí ocurre que una virtud es más práctica o más interesante en un alma y en ciertas circunstancias. También el tiempo determina ciertas virtudes. La pureza para el joven, la humildad para el hombre, la resignación para el enfermo...

Una que han apellidado «reina» y lo es, que es de hoy y de la que nunca se injerirá lo bastante, es la caridad.

Que la caridad tome incremento en el propicio tiempo cuaresmal.

Fr. David Cervera, ofm

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