En la huida a Egipto
La leyenda del león
Entre todas las fieras que van merodeando por las selvas y regiones de los desiertos y que en todas partes son el espanto y terror de las caravanas que transitan esas apartadas regiones, es el león la fiera más terrible por su fuerza y agilidad, que de un salto puede salvar una distancia de unos nueve metros; y cargado con su presa que lleva en la boca, aun siendo la presa un corderillo, salta una valla de poco menos de tres metros. Con su rugido en plena noche lleva el espanto hasta regiones distantes, que quita el sosiego a los moradores de su vecindad.
Por todo esto era considerado el león en la antigüedad como el rey de las fieras. Por esto nada de extraño tiene que también este rey de los bosques quisiera presentarse ante el Rey de cielos y tierra, venido al mundo por amor a los hombres, para ofrecerle su homenaje, y más en la oportunidad de transitar los desiertos donde el león ejerce su poderoso reinado.
Así nos lo presenta la leyenda precisamente en aquel paraje donde tantos prodigios obró el cielo alrededor del terebinto prodigioso.

Aquellos bandoleros de la Idumea que con su jefe Matha se habían rendido tiernamente a prestar homenaje y adoración al divino Niño, se vieron sorprendidos por la presencia del león. El jefe había rogado a Myriam y a José que con el Niño se llegaran a su casa para tomar alivio y descanso antes de continuar su viaje hacia Egipto. Habiendo convenido en ello los santos viajeros, se estaban ya preparando para emprender la marcha. Gestas, el rebelde, aun estaba en acecho para apoderarse de la borrica de José y quedaba a cierta distancia de sus compañeros. De improviso se escuchó a lo lejos el rugido del león. Al momento, como movidos por un resorte, Matha y los suyos prepararon sus flechas y se pusieron ante Myriam y el Niño, dispuestos a defenderlos.
De pronto, como una flecha lanzada por el espacio, vieron venir un león de gran cuerpo, que de un salto llegó hasta el terebinto, que al pasar junto a Gestas con un coletazo de gran empuje lo lanzó a rodar por el suelo. Después, al detenerse y mirar al grupo, con paso majestuoso se fue acercando hasta donde estaba Myriam, sin que los ladrones, aterrados por el espanto, se atrevieran a disparar. Acto seguido, el Niño Jesús, desprendiéndose de los brazos de su Madre, se fue hacia el león. Esta fiera, mansa como un cordero, se unió al Niño y dobló sus rodillas, inclinando su altiva cabeza hasta lamerle sus piececitos como besándolos. ¿Quién duda que era este el homenaje de las fieras del bosque y del desierto que por mediación de su rey ofrecían vasallaje al Rey de la Creación? El león ya no se apartó de la compañía del Niño Jesús, siguiéndole como un simple cordero.
Pasados estos momentos de pasmo y admiración marcharon todos a la morada de Matha, sin que el león se separara de ellos. Gestas quedó renegando por no haber podido apoderarse de la borriquilla.
No estaba muy lejos la casa de Matha, y al acercarse vieron con sorpresa que una bandada de palomas, revoloteando, se acercaban a ellos, bajando y rodeando a Myriam y al Niño, haciendo la rueda y arrullándoles como antiguos conocidos. Ante esta extrañeza se explicó Matha diciendo:
—Son las palomas de mi mujer Agar, que le regaló en Nazaret tres pares una niña a quien ella quería mucho y se han multiplicado, y hace días que están muy agitadas, como si esperasen a alguien. Será qué os aguardan a vosotros, puesto que demuestran tanta alegría.
«¡Agar! —se dijeron María y José—, ¿será ella ?»
—¿Es Agar tu esposa?—, preguntó José a Matha.
—Sí —dijo Matha—; cuando vino de Nazaret nos casamos.
Agar ya estaba a la vista; vio de lejos al grupo que se dirigía a su casa y les salía al encuentro.
Al ver cómo las palomas revoloteando alegres y arrullando daban la rueda a los viajeros, tuvo la impresión y el recuerdo de Nazaret, diciéndose:
«¿Estaría en el grupo Myriam? ¿No será aquélla que viene?» Con esa íntima emoción corrió a su encuentro.
¡Era ella!
—¡Agar! —le dijo Myriam—. ¡Qué dicha volverte a ver!
—¿Pero eres tú —clamó Agar—, y ya con ese Niño tan hermoso?
Se abrazaron, pero de momento quedó aterrada al ver aquel león que iba con ellos.
—No temas —le dijo su esposo—, que es un león muy manso.
Tomó entonces Agar al Niño colmándolo de besos, deshaciéndose en elogios y expresiones de ternura.
Unidas con el afecto de antiguas amigas, se iban comunicando sus cosas; y es cuando Agar le comunicó a Myriam con tristeza que su hijito Dimas estaba malito.
—No padezcas —le dijo Myriam—, ya verás como se pone bueno.
Al llegar a casa el Niño Jesús le dijo a Myriam:
—Madre, tengo sed.
—¿Tenéis agua?—dijo Myriam—. Quiero bañar a mi Niño, que sufre mucho por el calor y el polvo del camino.
—Ni una gota —dijo con tristeza la mujer—. Como mi esposo ha estado ausente no han podido proveerse y el pozo está exhausto.
Al oír esto Matha envió por agua a dos de su patrulla al pozo más cercano, pero una niña, hija de Agar, trajo un calabacín que aun tenía un poco de agua y pudo beber el Niño Jesús.
El Niño, habiendo saciado ya su sed, se fue a jugar junto a un tronco que había al lado del abrevadero, y rascando con su dedito la corteza de! tronco brotó al momento un chorro de agua cristalina y fresca, llenando el abrevadero. Quedaron tan pasmados los ladrones ante este prodigio que aunque estaban sedientos ninguno se atrevía a beber. Entonces el Niño Jesús tomando al león por su melena, lo llevó al abrevadero, y el león, sediento como todos, metió sus fauces en aquella agua prodigiosa y bebió hasta saciarse. Visto esto, los bandoleros acudieron todos a beber.
Absortos ante este prodigio, oyeron la voz de ¡Matha que gritaba:
—Ahora todos a comer.
Después de la comida, que fue de grande regocijo para todos, se dieron al descanso esparcidos por aquellos breñales.
Luego, cuando fue oportuno, Myriam pidió a Agar un barreño o vasija grande para bañar a Jesús. Siendo el calor insoportable el Niño se sentía feliz en el agua, chapoteando con sus manecitas. Terminado el baño, Myriam preguntó a Agar por su hijito Dimas. Agar, con tristeza, le dijo:
—El pobrecito está lleno de sarna y lo tengo acostado.
—Tráemelo—, dijo Myriam.
Era Dimas poco más o menos de la edad de Jesús, y se lo trajo su madre envuelto y llorando. Al tomarlo Myriam dejó de llorar el niño y con sus caricias y halagos lo iba desnudando, y ya desnudo, con mucho cuidado, lo metió en la misma agua en que había bañado a Jesús; y Dimas, al verse en el agua, se sentía feliz. Cuando Myriam' lo hubo bañado y lavado todo su cuerpecito Dimas comenzó a gritar de gozo. Todo su mal había desaparecido, quedando su cuerpecito enteramente limpio y sano. El chiquitín, saltando del agua, se arrojó al cuello de Myriam; mientras Myriam lo iba secando lo acariciaba con inefable ternura. Al entrar su madre y verlo en los brazos de Myriam quiso apartarlo, creyéndolo tiñoso y repugnante, pero le hizo ver Myriam que el niño ya estaba sano y limpio. Al darse cuenta su madre de poco se desmaya de la sorpresa y alegría al verlo completamente sano.
Todos estos prodigios causaron grande regocijo y admiración a los moradores de aquel desierto y no sabían separarse de su compañía.
Pero era ya la hora de partir. A José le urgía la orden de Dios, y tuvo que resolverse. Matha les proveyó con generosidad y gratitud de lo necesario para el viaje, y dispuso fueran acompañados hasta que estuvieran fuera de peligro. El león también anduvo con ellos para su defensa, hasta que el Niño, bendiciéndole, le ordenó volviera a su guarida, cumpliendo los destinos que le impuso la Providencia como rey de las fieras y como señor de los bosques y desiertos.
Jesús entre los doctores
«Y El les respondió: " ¿Cómo es que me buscabais? ¿No sabíais que yo debo emplearme en las cosas que miran al servicio de mi Padre?"» (Lc 2, 4).
Mientras tu Santísima Madre iba acongojada en pos de tus huellas; mientras el dulce Patriarca San José —tu padre putativo— tenía quebrantado de temores su corazón, Tú, Jesús, estabas entre graves doctores.
Tú, la Sabiduría misma, argumentabas de sutiles cuestiones. ¿Y no conocieron a la Sabiduría? ¿Cuál sería el pasmo de aquellos varones?
Con doce años cumplidos allí estabas, Jesús admirable, ocupándote en cosas que miraban al servicio de tu Padre. ¿Y qué trabajo más deleitoso para Ti, Señor? ¿Y en qué nos entretendremos más gustosamente? que en las cosas que redundan en el servicio de nuestro Dios?
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Veronés. Wikipedia
Buena advertencia nos hiciste, Señor ; porque nosotros, que somos pecadores, dejamos las cosas que miran a tu servicio para después. Siempre para después. Y primero nos preocupamos de padres, hermanos, familia, amigos, negocios, quehaceres, diversiones... Y Tú, Señor, para después de todo esto. Tú siempre pospuesto.
Entonces, ¿qué cuenta nos vas a pedir del tiempo que nos has dado para que te honremos y nos santifiquemos? ¿Qué cuenta tan estrecha te rendiremos de tanta ocupación negativa?
Haz que aprendamos a ocuparnos en tus cosas, Señor, porque a Ti se te debe preferencia por razón de ser quien eres.
Y haz, ¡oh buen Jesús!, que cuando te perdamos te busquemos con afán y congoja sumos; como te buscaron San José y la Bienaventurada Virgen María, tu Madre. Sin cesar en la búsqueda hasta que te encontremos para siempre.
Mariano Vila-Cervantes
Noticias
Nuevo edificio para las escuelas en nuestro Colegio de Carcagente. — El pasado día 1 de octubre, después de varios meses de trabajo intensivo, fue inaugurado, aunque con algunos detalles por terminar dado la premura del tiempo, el nuevo cuerpo del edificio destinado a nuestras escuelas de 1ª Enseñanza.
Construido con fachada recayente a la calle de Cenia Bonastre, está completamente independiente de los locales destinados a los estudios del Bachillerato. Sus cuatro espaciosas y modernas aulas, destinadas a albergar 250 alumnos, se hallan distribuidas en dos pisos de nueva construcción, quedando instalados en la planta baja el vestíbulo, sala de Educación Física y Deportes y servicios.
Por haber sido construido e inaugurado en el Año Mariano, ha sido especialmente dedicado a la Virgen Inmaculada, cuya imagen preside las aulas de clase y la subida de la espaciosa escalera, en donde se ha colocado un hermoso cuadro de mosaicos alumbrado por artístico farol de forja.
Felicitamos al Rector Fr. Luis María Torres por el acierto de esta nueva obra cuya necesidad ha sido tanto tiempo sentida.
Profesión solemne religiosa en Teruel.— El día 4 de febrero del año en curso, en la iglesia del convento de San Francisco, de Teruel, Fr. Agustín Baselga Esteve emitió la profesión solemne en manos del P. José Antonio Arnau, Ministro Provincial de la Seráfica Provincia de Valencia y Aragón. Reciba el neoprofeso nuestra felicitación.
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