Misión franciscana en Caspe

En la serie de misiones populares que nuestros Padres misioneros de Valencia han dirigido se debe registrar la de Caspe como uno de los acontecimientos apostólicos más destacado y que ha dejado bien alto la preparación y el celó de los religiosos de esta Provincia.

Empezaron el día 10 de marzo y finalizaron el 19, día de San José, dirigida por los PP. Bernardino Rubert, director de la misma, Lorenzo Cervera y David Cervera.

La acogida dispensada a los misioneros, tanto en su llegada como en los días de misión, por parte del señor cura, clero, Autoridades civiles y militares, asociaciones y cofradías, es digno de hacerlo presente y de felicitarles a todos.

Procesión

Momento de la concentración, en la Plaza Mayor, de los niños y niñas que formaban en la procesión catequística infantil.

Se realizó una amplia labor, asumiendo trabajos y dirigiendo la palabra a grupos determinados y en diferentes horas para llevar al terreno práctico los programas generales y reorganización de la conciencia colectiva del pueblo.

Los tres primeros días se atendió el Catecismo ele los niños y niñas, finalizando la actuación con ellos con una original procesión en la que cada uno de los centenares de niños y niñas que integraban el desfile iban caracterizados de diferentes vestimentas religiosas y piadosas que fueron la admiración de los mayores.
La concurrencia de los fieles sobrepasó todos los cálculos, pues la iglesia parroquial —que es espaciosa— estaba totalmente llena en los actos generales de la tarde y sólo la perfecta instalación de los altavoces pudo hacer llegar a los 4.000 oyentes la palabra encendida de los misioneros.

Procesión

La imponente procesión eucarística del día 19, estacionada frente al Ayuntamiento.

Consoladores y piadosos resultaron los Rosarios de la Aurora, donde la asistencia obligó a poner las mujeres en diez de fondo. Brillante y desbordando las previsiones el Vía Crucis predicado por las calles de la población del día 18, en el que tomaron parte dos pasos de las cofradías, y la imponente procesión eucarística del día 19, último acto de la Misión, con asistencia de Autoridades y de los estandartes y banderas de la A. C. y otras cofradías como paseo triunfal del Señor acompañado de todos los suyos, que lo fueron todos los caspolinos.

Si estos actos externos fueron espléndidos y reflejan la sana disposición y los copiosos frutos, el verdadero fiel que midió la santa emulación fueron las nutridas comuniones, hechas por separado entre los niños, hombres y mujeres, contándose más de 2.000 en cada uno de los grupos.

La bendición de Dios ha caído sobre Caspe en este año del V Centenario de la Canonización de San Vicente Ferrer —del gran apóstol que un día les visitó y dejó también huellas de su santidad— con el paso de nuestros misioneros franciscanos.

Que Dios premie la labor de los Padres misioneros y que su apostolado pueda seguir iluminando el camino de tantas almas sin rumbo para bien de la Iglesia.

Ante la jornada de los enfermos

El día 29 de mayo, domingo de Pentecostés, es la Jornada de los Enfermos por el Papa y las Misiones. Ofrece tu enfermedad por la salvación de los hombres.

El dolor de un enfermo puede ser dolor redentor por ser miembro del cuerpo místico de Cristo.

Pío XII ha dicho: "Confiamos en los trabajos y en las oraciones de todos los fieles, pero más todavía contamos con el santo sufrimiento que, unido a la Pasión de Jesús, da a la acción de unos y a la contemplación de todos su perfección y eficacia". Si aun no lo has hecho envía hoy mismo tu nombre a la Unión de Enfermos Misioneros, plaza de Comendadoras, 11, Madrid, porque la Iglesia cuenta contigo.

Definición.— La Unión de Enfermos Misioneros es una pía unión, asociación de enfermos que procuran su santificación personal por medio de sus dolores, ofreciéndolos por las Misiones.

Fines. —

1.° El fin principalísimo y específico es infundir el espíritu misional en los asociados para que ofrezcan todos los sufrimientos por la conversión de los infieles y por la santificación y aumento de los misioneros; y

2.° El fin inmediato es procurar la santificación personal de los enfermos asociados por la aceptación voluntaria del dolor.

Socios. — Todos los que padecen alguna enfermedad crónica, así como también los ancianos, impedidos, inválidos, mudos, ciegos, etc.

Obligaciones. —

A) Aceptar sus dolores como venidos de la mano de Dios.

B) Llevarlos con resignación, uniéndolos a los sufrimientos de Cristo en su Pasión y a los dolores de la Santísima Virgen ; y

C) Ofrecerlos todas, las mañanas por la conversión de los infieles y santificación y aumento de ios misioneros.

Ideario para Pascua

La vida humana de Jesús se agotó voluntariamente en el Viernes Santo. Sus postreras palabras, devueltas por amor porque no fueron bastante los hilos de sangre, eran realmente la despedida de Jesús. La muerte es el término de la vida y no se puede colocar ni un punto, ni rasguear, ni intentar nada, porque falta la tablilla sobre la que el hombre registra sus momentos: la vida.

La muerte fué el final de Jesús como hombre. Aquella muerte que tuvimos ocasión de meditar el mes pasado, tan sumamente tramada por los enemigos y tan delicadamente aprovechada por Jesús para recuperarnos.

Si la muerte en la cruz fué el final de Jesús, no obstante, la muerte sólo limitaba su humanidad y no su divinidad, a la que no se le ofrece ni límite ni imposibilidad alguna. La Pascua es el tiempo litúrgico que refleja el epílogo de la actuación divina de Jesús después de su muerte —ese tiempo incógnito para la historia humana—.

a El hecho central al que se hace referencia en este tiempo y sobre el que voltean y se esparcen hechas voces clamoreando las apariciones, es la Resurrección de Jesús.

Lázaro necesitó de su amigo Jesús que le dijera intimándole aquel: «¡Lázaro, sal fuera.» Jesús no necesita de nadie, ni aun de aquella ayuda del Padre, a la que se refería alguna vez cuando hablaba con los suyos: «¿Ignoras que mi Padre me mandaría doce legiones de ángeles si yo lo pidiera?»

Ahora no tuvo qué pedirlo ni esperar oportunidad alguna. Al tercer día, cuando se cumplió lo previsto por El mismo —que es su única necesidad y sujeción—, resucitó; le dió la vida a su cuerpo no para vivir humanamente, sino divinamente, transfigurado por la gracia para la gloria.

a La resurrección de Jesús no era necesaria, en el sentido propio como los especialistas entienden la necesidad, emparejándola a obligación. No era preciso para complemento de su vida o de su persona o para cumplimentar su actuación redentora. Sólo fué conveniente. Ahora bien; para nosotros son más dignas de gratitud aquellas obras que libremente Jesús obra para reafirmarnos en su misión y para aprovecharnos en nuestra marcha, que aquellas manifestaciones y hechos que son el curso del obrar divino.

¡Cuánto bien ha hecho la Resurrección de Jesús a los pusilánimes! ¡Qué inquebrantable seguridad da a las palabras de Cristo y cuánta confianza a los que revuelven con la razón las cosas de Jesús y no acabaron de extinguir el pabilo llameante de la duda!

Yo no quiero recomendar precisamente como recurso la meditación y la revisión gozosa que entraña la pascua con su principal hecho de la Resurrección, porque cada alma y cada santo ha localizado su piedad en un momento de la vida de Jesús. Como ejemplo y en el plan de sugerencias de este «Ideario» recuerdo que San Francisco de Asís prefirió siempre el momento de Cristo crucificado.

Nada conjugaba mejor con su tierno y humano sentir que la impresionante terneza de Jesús en la cruz.

a La Pascua es la agradable visita de Jesús a los amigos. Y ex profesamente no digo reconocido homenaje, ni tampoco recompensa, para que así se comprenda los letantes entusiasmos que levantaron las almas de los discípulos y de las santas mujeres.

Sin que sepamos cuál fué la voluntad manifiesta en el itinerario de las apariciones de Jesús resucitado a los suyos, podemos suponer que Jesús tuvo muy presente la sincera aproximación de cada uno y los propios servicios prestados en honor de Jesús. La Virgen María fué la primera visitada, aunque ignoremos las circunstancias porque los evangelistas lo han callado. Luego tocó en turno a María Magdalena, la que rompió el frasco de ungüentos de su fragante corazón y estuvo al pie de la cruz, libre cuando hubiera querido ser clavada.

Después los discípulos, a los que les convenía un mimo o una caricia para desentumecer sus sentidos, aligerarles las fatigas y animarles en la labor encomendada. La otra vez que Jesús se aparece la repite a los discípulos estando presente Tomás, el discípulo incrédulo. Jesús es forzado en esta ocasión en su visita, y entre los dos medios que tenía en su mano para convencer al discípulo, el del castigo y el del amor, escoge Jesús el del amor, y con aquel reproche dulce y fino: «Mete tu mano... ; y no quieras ser incrédulo, sino fiel», le obsequia con su visita.

Y finalmente, una última aparición a los discípulos que pescaban, dejando una de las estampas más íntimamente sabrosas de cuantas nos recuerdan los Evangelios.

a Jesús ha resucitado para todos los hombres, como también murió por todos. Si sólo se aparece a los amigos, no obstante, en sus apariciones hay un propósito de afirmación, dé pacificación de ánimos, de limpia dulzura, de caricia y regalo, que puede experimentarlo y vivirlo cualquiera que lea y saboree los relatos del Evangelio.

Hoy formamos parte de un Jesús victorioso, de un Señor magnífico que no necesita de nadie para realizar algo tan sorprendente como es darse la vida.

Y esta gloriosa resurrección ha de valer para nosotros cuando Jesús nos separe a su derecha. El conseguirlo no sólo es posible, sino inexcusable.

Fr. David Cervera, ofm

Consultorio religioso

Dígame, Padre, quien no peca, ¿está obligado a confesarse?

No, señor. Cristo instituyó el sacramento de la Penitencia para perdonar los pecados cometidos después de haber recibido el Santo Bautismo. Por lo tanto, si no hay pecados...

Pero yo no conozco más que dos suertes de personas que no pecan: los niños que todavía no han llegado al uso de razón y los... locos que, desgraciadamente, la han perdido.

Me piden medallas para los cordígeros, ¿haría el favor de decirme qué es esta institución?

Los cordígeros, jardines seráficos o heraldos franciscanos, son grupos de niños de ambos sexos que una vez hecha su primera Comunión son reunidos por una Hermandad Terciaria, y a su sombra y dirigidos por un Hermano terciario, reciben instrucción religiosa, se empapan en el espíritu franciscano y, de acuerdo con su edad, van iniciándose en una vida acorde a la Regla de la Tercera Orden de San Francisco, para que, una vez cumplidos los catorce años, ingresen en ella como novicios o bien se encaucen en la vida religiosa o se fomente su vocación sacerdotal, y de todos modos, se formen verdaderos cristianos.

Padre, soy un estudiante que leo su Revista y deseo que me informe sobre la escuela mística franciscana española. ¿Podría usted hacerlo?

Con mucho gusto. Dentro de la literatura mística española la escuela franciscana ocupa un destacado lugar, tanto por el número cuanto por la calidad de sus maestros. Le citaré algunos ejemplos. Fr. Juan de los Ángeles es, en palabras de Menéndez y Pelayo, el místico que mana leche y miel. Fr. Diego de Estella, reconocido en todo el mundo de habla española, así por lo terso de su lenguaje como por la suavidad de su doctrina al hablar sobre el amor de Dios. Fr. Alonso de Madrid es el autor del libro Arte de servir a Dios. Fr. Diego de Osuna compuso los distintos libros titulados Abecedario espiritual. De todas estas obras encontrará una perfecta edición en la B. A. C., o en la Nueva Biblioteca de Autores Castellanos, dirigida por don Marcelino Menéndez y Pelayo.

Fr. Agnello