El diablo verde
Mica (se llamaba Micaela, pero esta abreviatura le parecía más elegante, y Mica todo lo sacrificaba a la elegancia) era una señora de la más elevada clase media, cuyo ídolo era la aristocracia. Por tener derecho a timbrar sus cartas con una corona hubiera dado la mitad de su vida; y ya que esto no podía conseguirlo, consagraba todos sus esfuerzos a copiar las costumbres, modales, vestidos y... hasta los vicios de esa elevada sociedad que ella miraba como en una gloriosa apoteosis.
Frecuentar los salones aristocráticos era su obsesión, y cuando podía mezclar en sus conversaciones el título de condesa o marquesa tomaba su voz inflexiones de hueca campana y toda su persona se hinchaba, como sucede en estos casos en que uno hace esfuerzos sobrehumanos para salirse de la esfera en que la divina Providencia le ha colocado. Mica, en vez de ser una copia fiel de las distinguidas .amas que tanto admiraba, no conseguía hacer más que una lastimosa caricatura.
Casada con un rico hacendado, el cielo les había concedido un hermoso niño. No recordamos qué nombre pondrían a la criatura al nacer; tres años contaba de existencia y respondía al nombre de Bebé.
Bebé era lindísimo, pero en su carita de ángel se notaba una tristeza impropia de su edad y sus grandes ojos azules se dilataban con espanto al menor ruido, contrayéndose su cuerpecito con un temblor casi espasmódico.
Porque el pobre Bebé, entregado elegantemente en poder de los criados, nunca gozaba de esas maternales caricias que cual simiente bendita hace fructificar en los infantiles corazones la flor de la ternura, cuyo débil tallo, sabiamente enderezado hacia el cielo, produce más tarde la divina flor de la devoción. Mica, completamente entregada a su vida de gran mundo, no tenía tiempo de ocuparse de su hijo, al que sólo daba un beso de paso al llevárselo la niñera a la cama, y seguía ella su loca carrera de teatro en teatro y de salón en salón a caza de una nueva moda, de un nuevo uso o de un escándalo nuevo.
Una noche, feliz para Mica, que vela uno de sus dorados sueños, la condesa de Cañahueca debía ir a buscarla para conducirla en su auto a un baile que daban en la Embajada de una de las Repúblicas americanas; y Mica tenía preparada una toilette que juzgaba elegantísima y de la más distinguida novedad. El pobre Bebé, en cambio, estaba muy fastidioso; tanto, que en vano la niñera le decía ahuecando la voz:
—Mira que viene a por ti el diablo verde.
Porque el diablo verde era para el niño objeto del más profundo terror, una especie de pesadilla que hacía estremecer nerviosamente su débil cuerpecito y producía una sacudida terrible en su espíritu.
Por las noches, cuando sus padres abandonaban la casa para correr en pos de sus locas diversiones, la niñera, que tenía también prisa para correr tras de las suyas, acostaba al niño de prisa y corriendo y le decía:
—Como llores y no te duermas viene el diablo verde y te come.
Al principio el niño lloraba, lloraba, hasta que, agotadas sus fuerzas, caía rendido en un sueño intranquilo poblado de temerosas pesadillas. Después, una noche oyó una voz terrible, la voz del diablo verde, que decía:
—¿Dónde está ese niño, que me lo como?
Fue tal su terror que no se atrevió a llorar más.
Pero aquella noche el pobre Bebé estaba malito, y con esa aspiración innata en toda criatura, decía llorando:
—¡Mamá, yo quiero estar con mamá!
Y ni la amenaza del diablo verde bastaba a hacerle callar.
Pero mamá estaba en el tocador, se acercaba la hora en que la condesa debía ir a buscarla y no podía entretenerse en tales chiquilladas.
Y Bebé lloraba y pateaba gritando con acento entrecortado por un hipo convulsivo:
—¡Mamá, quiero a mamá!
Dada la última mano a su tocado, Mica pudo al fin salir de su gabinete a tiempo que un flamante lacayo llamaba a la puerta diciendo, sombrero en mano:
—La señora condesa espera en el auto a la señora.
Los sollozos de Bebé llegaron hasta los oídos de Mica a tiempo que iba a ponerse el abrigo, vaciló un momento entre marcharse o entrar en el cuarto del niño, pero los chillidos de éste subían de tal modo el diapasón que, dejando el abrigo en manos del criado, entró en el cuarto del niño a tiempo que la niñera por centésima vez le decía
—¡Ahora sí que viene el diablo verde!
Bebé estaba rojo, con la boca llena de espuma y con el rostro bañado en lágrimas. Su madre se acercó a él con ademán severo; el niño la vio y, lanzando un grito terrible, se agarró a la niñera, presa de una convulsión, gritando:
—¡No... no..., diablo verde, no!
Mica vestía un magnifico traje del más rabioso verde, muy de moda a la sazón; su falda, muy ceñida, abierta por un costado dejando ver la pierna, y como último alarde de extravagancia, una peluca, verde como el traje, cubría su cabeza. Así es que el pobre pequeño no conoció a su madre, y tomándola por aquel diablo tan temido, se agarraba a la niñera sin atreverse a llorar, siendo, en cambio, sacudido su cuerpecito por terrible convulsión.
Mica, creyéndole ya tranquilo, salió rápidamente al oír a su doncella que decía desde la puerta:
—Dice la señora condesa que no se entretenga demasiado la señora.
—Voy... voy...—, dijo Mica, envolviéndose en su abrigo japonés y precipitándose en el blasonado auto radiante de orgullosa satisfacción.
¡Cómo gozaba Mica en aquellos espléndidos salones, en que admiraban su traje, modelo traído por una famosa modista parisién, de paso en la corte! ¡Cuántas felicitaciones por haber adoptado la peluca de color, última creación de la moda!
Y cuando más engolfada estaba en su triunfo, un inoportuno recado de su casa vino a interrumpir su gozo.
El niño estaba mal; los criados, alarmados, rogaban a la señora fuera a casa lo antes posible.
—Estos hijos no la dejan a una vivir—, dijo de malhumor.
—Vaya usted, Mica, vaya usted—, dijo la condesa vivamente.
—Iré, pero ya verán como no es nada; en fin, las madres siempre tenemos que sacrificarnos.
Y Mica, dando un suspiro, se dirigió a su casa.
No sabía la infeliz lo que en ella le esperaba.
Bebé ya no lloraba ni tenía el rostro inflamado. Tendido en su camita parecía de cera sus ojos entreabiertos parecían mirar aún con terror, a la puerta por la que había visto entrar al diablo verde.
Un médico que vivía en la vecindad había acudido llamado por la aterrada niñera y salió al encuentro de Mica con rostro triste y conmovido. Pero al ver el extraño traje de ésta hizo un gesto indescriptible.
—Señora —dijo, asegurando la voz—, tenga valor; el niño...
Mica tembló al fin bajo aquella capa de vanidades y locuras que cubrían su corazón; éste latió con temor.
—¡Mi hijo! —grito—. ¿Es que está grave, doctor?
El médico movió tristemente la cabeza.
—iSeñora —dijo—, es terrible, pero es preciso decirlo! Ha sido un ataque cerebral el niño...
Se detuvo, y sosteniendo a la desdichada madre, añadió:
—Valor, señora; ¡el niño está muerto!
Sin la mano del doctor que la sostenía, Mica hubiera caído al suelo.
No hay nada más respetable y sagrado que el dolor de una madre ante el cadáver de su hijo; pero aquella madre, vestida de mamarracho y, lo que aun era peor, con tan impúdico y vergonzoso traje, entregada a los transportes de su dolor ante el hijo muerto, formaba un espectáculo lastimoso, grotesco, repugnante.
—¿De qué ha muerto mi hijo? —sollozaba la infeliz, retorciendo sus desnudos brazos y mesándose los verdes cabellos de su peluca—. ¿De qué ha muerto?
El médico vaciló un momento, pero al fin dijo:
—Se lo diré a usted para que averigüe lo que en esto pueda haber; su hijo, señora, ha muerto de susto.
—¿De miedo?
—Sí, señora; el niño era muy nervioso; tal vez le hayan asustado. Una impresión violenta ha sido la que ha motivado el ataque cerebral y parálisis del corazón; en su hijo se observan todas las señales de la muerte producida por un violento terror; su hijo ha muerto de susto.
Entonces en el corazón de la infortunada madre resonó aquel grito del pobre niño al verla: ¡El diablo verde! Su mirada, extraviada, fue a chocar a un espejo, que la devolvió su imagen, verde de pies a cabeza, grotesca, horrible; reconoció en sí misma aquel diablo que tanto terror había causado al angelito, y lanzando un grito desgarrador, se dejó caer en la cama mortuoria, sollozando:
—¡Yo..., yo soy quien ha matado a mi hijo!
J. G. H.
Consultorio religioso
La absolución general, a la cual tienen derecho los terciarios en ciertos días del año, ¿confiere por sí sola la indulgencia plenaria? Y si la confiere, ¿es necesario también la visita a la iglesia para lucrarla?
1. Debemos advertir que la absolución general es una indulgencia plenaria conferida en forma de absolución y de bendición por quien tiene la facultad en nombre del Sumo Pontífice. Por tanto, es muy distinta de la absolución sacramental; por lo que para evitar equívocos se la suele llamar con su propio nombre Bendición con indulgencia plenaria.
Cada vez, pues, que se la imparte legítimamente se gana la indulgencia plenaria, siempre que se cumplan las condiciones prescritas.
2. Las condiciones prescritas para ganar la indulgencia plenaria, anexa a esta bendición, para los terciarios franciscanos, son las de costumbre, esto es, confesión, Comunión y plegaria, según las intenciones del Sumo Pontífice (además de las otras condiciones generales, esto es, de ser verdadero terciario, vivir como terciario, usar la fórmula establecida y recibirla durante el tiempo prescrito). Esto se deduce de la Constitución Misericors, de León XIII, del 30 de mayo de 1883.
3. De la visita a la iglesia para ganar esta indulgencia nada se menciona en lugar alguno. Por lo tanto, se la puede lucrar sin ella.
4. Esta indulgencia plenaria es aplicable tanto a los vivos como a los difuntos.
5. Ahora bien, cuando en determinados días el calendario franciscano indica Absolución general e Indulgencia plenaria (A. G. I. P.), se trata de dos indulgencias plenarias, una anexa a la absolución general y la otra lucrable según las acostumbradas condiciones.
6. Se advierte, sin embargo, que para lucrar estas indulgencias plenarias no se requiere nueva confesión para quien comulga diariamente o casi ¡todos los días (Decr. 14 de febr. de 1906; can. 931, § 3), sino que se puede confesar dentro de los ocho días antes o después de la fecha en la cual toca la indulgencia (Decr. 23 de abr. de 1914; can. 931, § 1); y
7. Por último creemos necesario advertir que esta bendición o absolución general no debe confundírsela con la Bendición Papal propiamente dicha, la cual se imparte con fórmula especial y siempre en público a la Hermandad congregada (supra populum), nunca en privado.
¿Es cierto que los muertos se aparecen a algunas personas?
Dios puede permitir, y de hecho permite a veces —muchas menos de lo que se dice y se cree—, esas apariciones.
¿Pueden quedarse las modistas y sastres con los retales de las telas que les entregan?
Pecan gravemente si se quedan con los restos de las telas, a no ser que sea costumbre en la región o el cliente no quiera que se la devuelvan.
¿Quien se acusa en la confesión de haber cometido unos cien pecados de impureza, se confiesa bien?
No hace buena confesión. Porque los pecados se pueden cometer a solas o en compañía de mujeres casadas o solteras, con tocamientos torpes, miradas, lascivas, con asistencia a espectáculos obscenos, etc. Y hay que distinguir unos de otros los pecados de distinta especie y señalar el número de cada especie para que la confesión sea buena
Los franciscanos en Zaragoza
-- Ambiciosa y justificada aspiración: la construcción de una amplia y capaz iglesia en el barrio de Jesús, de Zaragoza.
-- Bodas de plata de la ordenación sacerdotal del P. Gil Sendra, Superior entonces de dicha comunidad religiosa, hoy Vicario de San Lorenzo, de Valencia.
En estos calurosos días de julio es un gran placer para los que nos quedamos en la ciudad sin esperanzas de veraneo porque nuestras obligaciones nos lo impiden, el levantarse un poco temprano y darse una vuelta por los barrios extremos de Zaragoza, una de nuestras más agradables distracciones, con objeto de conocer la capital de Aragón en sus distintos sectores y en las más diversas horas.
Por ello, el pasado jueves elegimos el popular barrio de Jesús, situado al otro lado del Ebro. Tomamos el trolebús en el Coso Bajo, y a la entrada del puente de Hierro nos apeamos. Nuestro propósito era recorrerlo a pie con el fin de conocerlo más detenidamente. Apenas habíamos cruzado el hermoso y gigantesco puente nos llamó la atención que más de un centenar de niños, cuya edad oscilaba alrededor de los diez taños, en el camino del Vado, a las ocho de la mañana, estaban allí extraordinariamente contentos, con pequeños paquetes de comida. Preguntamos qué era aquella algarabía a esa hora, y nos contestaron dos de ellos que se iban de excursión. Estos pequeñuelos, pertenecientes al Colegio de los PP. Franciscanos del Arrabal, iban llegando poco a poco, pero todos ellos con gran regocijo, para emprender la marcha hacia los montes de Muel y pasar un día al aire libre lejos de la ciudad.
En el preciso momento en que llegamos a la altura del colegio salía toda la comunidad religiosa, integrada por el P. Gil Sendra, Superior; P. Bernardino Rubert, Vicario; PP. Jacinto Fernández y Ladislao Ríos, Fr. Pedro y Fr. José, Fr. Santiago y Fr. Miguel, a despedir a este centenar de niños, quienes en varios autobuses y acompañados del P. Ladislao y de los HH. Pedro y Santiago, iban a partir hacia el lugar anteriormente señalado.
Después de la marcha de los muchachos nos acercamos al P. Gil para saludarle, puesto que lo conocimos recientemente con motivo de la inauguración del Grupo Escolar La Purísima y San Antonio, y para que nos informara acerca de los diversos aspectos de la labor que vienen realizando y que piensan realizar,ya que había surgido tema apropiado para un reportaje periodístico con el exclusivo propósito de transmitirlos a los lectores de Amanecer, a quienes siempre les interesan los problemas, sean cuales fueren, que afectan a Zaragoza.
El P. Gil se puso a nuestra entera disposición con la simpatía que le caracteriza.
Ampliación de la actual iglesia
— ¿Qué proyectos tienen para el futuro?
—Muchos.
— ¿Y cuál es el primero y principal?
—La ampliación y embellecimiento de la pequeña e insuficiente iglesia que tenemos.
— ¿Qué capacidad tiene actualmente?
—Para unas trescientas personas.
—Y si se llevara a cabo la ampliación, ¿qué capacidad tendrá?
—Aspiramos a que quepan unas setecientas personas.
—¿Cuáles son los medios de que disponen?
—En mi visita al Jefe del Estado (que tuvo lugar en el mes de abril) me prometió estudiar detenidamente este proyecto, ya que Su Excelencia tiene gran cariño a este barrio, puesto que en él transcurrieron algunos años de su vida cuando era director de la Academia General Militar.
Asimismo —añade—, el Excmo. Sr. Gobernador civil don Manuel Pardo de Santayana se halla también interesado para que sea pronto una realidad esta aspiración del barrio de Jesús y de los franciscanos. Y esperamos también del señor Alcalde y del señor Presidente de la Diputación que contribuirán a esta magnífica obra.
—¿Esperan mucho del barrio de Jesús?
—Aunque la mayor parte de las familias que forman el mismo son modestas, estoy seguro que responderán con todas sus fuerzas a nuestro llamamiento, pues ellas son las primeras beneficiadas y aspiran a que su iglesia ocupe un lugar bien destacado.
—¿Por qué no organiza, Padre, una exposición de pinturas, siendo diplomado en Bellas Artes?
—Ese es mi propósito —responde—. Pero no podrá ser hasta el final del verano por las múltiples ocupaciones que tengo. Mas ahora aprovecharé el verano para pintar diversos paisajes de Zaragoza y Valencia y realizar esta exposición, con cuya recaudación aumentaremos la suscripción que pronto iniciaremos.
— ¿Cuál es el proyecto concreto que tienen sobre la iglesia?
—Respetar la planta existente. Pero aumentarla en una nave lateral, prolongarla en profundidad y elevar la bóveda para que tenga la altura que verdaderamente le corresponda.
— ¿A cuánto asciende, aproximadamente, el presupuesto pana, conseguir todo ello?
—Alrededor de un millón de pesetas—, contesta.
Seguros estamos de que el P. Gil, con la inspiración de San Francisco de Asís, que nunca falta en estos casos; con la ayuda del P. Provincial, el esfuerzo de todos los zaragozanos y el apoyo de todas las Autoridades, pronto convertirá en realidad este ambicioso y justificado proyecto, que tanto redundará en beneficio de los habitantes de aquel sector y del engrandecimiento espiritual de esta católica ciudad de la Virgen del Pilar.
Labor realizada
Ahora le preguntamos al P. Gil sobre la labor realizada en, el orden pedagógico, puesto que, como hemos dicho con anterioridad, en el mes de febrero se inauguró el Grupo Escolar de La Purísima y San Antonio, y que viene a resolver el problema de la enseñanza en el citado barrio.
—¿Contento con el nuevo Grupo Escolar?
—Muchísimo.
— ¿Por qué?
—Porque hemos conseguido en poco tiempo construir este magnífico Grupo Escolar, orgullo del barrio.
— ¿De cuántas aulas consta este grupo?.
—De ocho, amplias y soleadas, dotadas de los más modernos adelantos para esta clase de instalaciones.
—Y el número de alumnos, ¿ha sido elevado en el curso que a hora termina?
—En el presente curso se han matriculado 125 alumnos, pero como la inauguración fue realizada muy adelantado el curso escolar, esperamos que al curso próximo aumentará sensiblemente el número de ellos, puesto que tenemos capacidad! para varios centenares.
—¿Qué enseñanzas se cursan en estas escuelas?
—Primera enseñanza, distribuida en tres grados.
—Pero, ¿piensan ampliar la enseñanza a otras ramas del saber?
—Para el curso próximo, Dios mediante, queremos abrir una sección para estudios de Comercio y, a ser posible, una escuela de pintura, ya que algunos muchachos lo han solicitado y contamos con profesorado capacitado para ello.
—¿Alguna otra realización relacionada con la enseñanza?
—Para el próximo domingo —dice— inauguramos nuestra sala cinematográfica con la gran superproducción César y Cleopatra, si bien la finalidad de esta importante mejora es doble primero, para que sirva como elemento portador de la cultura, mediante la proyección, de films educativos y formativos, y segundo, el que sirva asimismo como elemento recreativo no sólo para los niños de las escuelas, sino también para toda la niñez de este populoso barrio, que sobrepasa la cifra de veinte mil habitantes.
—¿Desarrollan también actividades teatrales?
—Contamos —afirma— con un magnífico cuadro artístico, integrado por los niños de las escuelas que actúan periódicamente en nuestro teatrillo, sobre todo en las fiestas organizadas en el colegio.
— ¿Y cuándo celebran un acto de esta naturaleza?
—El próximo domingo celebraremos solemnemente la clausura del curso escolar 1954-55 con una velada literairio-artístico-cinematográfica, con un exquisito programa, durante el cual se hará entrega de los diplomas correspondientes a los niños que más se han distinguido en la escuela y de diversos premios a los niños y niñas más aplicados en nuestras secciones de Catecismo, y que funcionan durante todo el año.
Y al despedirnos del P. Gil Sendra nos enteramos casualmente, al felicitarle una señora con anterioridad, de sus bodas de plata con el sacerdocio, por lo que dedujimos que la fiesta del próximo domingo tiene una doble significación: la de la clausura del curso y la de las bodas de plata con el sacerdocio del P. Gil.
Bodas de plata
No quiero terminar —¡y con razón, a mi modo de ver!— estas líneas sin hacer un ganado elogio del P. Gil con motivo de sus bodas de plata, ya que viene a ser el artífice principal —con la colaboración eficaz, claro está, de toda la comunidad— de las importantes mejoras que está experimentando el barrio de Jesús en el orden pedagógico y religioso.
Los veinticinco años de sacerdocio del P. Gil han sido un continuo batallar, después de la celebración de su primera misa en Pego (Alicante), su tierra natal, en el año 1930, de donde fue a Teruel. Allí, en plena República, primero, y durante la guerra de Liberación después, en la que se cubrió de gloria, como lo atestiguan sus numerosas condecoraciones —dos grandes cruces de guerra, cuatro cruces rojas, la de Sufrimientos por la Patria, la medalla de Campaña, etc.—, estuvo siempre en vanguardia, siendo uno de los héroes del sitio de Teruel, logrando escapar y pasar a la España nacional. Fue citado repetidas veces por el Mando por su espíritu de sacrificio y por su extraordinario valor.
Terminada la Cruzada de Liberación, estuvo en el Colegio de la Concepción, de Onteniente (Valencia), uno de los mejores de España, en el que realizó y dejó honda huella de su paso en él. Y hace dos años vino a Zaragoza como Superior de los reverendos Padres franciscanos del Arrabal, cuya labor, en el breve lapso de tiempo, está dando magníficos y grandes frutos, que todos los zaragozanos pueden apreciar.
Ahora, para terminar, sólo queremos, en nombre propio y de Amanecer, felicitar una vez más al P. Gil al cumplirse sus, bodas de plata con el sacerdocio y alentarle en esta gran obra que ha iniciado en este barrio zaragozano y que debe terminar, de lo que estamos seguros.
V. Barrios Rosell
(De Amanecer.)
Noticias
Capítulo de la Provincia Seráfica de Valencia
Durante los días 7 al 14 de agosto tuvo lugar, en el convento de Santo Espíritu del Monte, el Capítulo de la Provincia Seráfica de San José, de Valencia y Aragón, bajo la presidencia del Delegado General P. Pascual Menero.
El día 11 se procedió a la elección del Ministro Provincial y Definitorio, resultando elegidos:
Ministro Provincial, P. José Antonio Arnau Martínez;
Custodio, P. Gonzalo Valls;
Definidores, PP. Bernardino Cervera, Pacífico Sendra, Rafael Reig y Juan Nadal.
En los días subsiguientes el mencionado Consejo Provincial eligió superiores para los conventos de la Provincia Franciscana:
Secretario Provincial, P. Luis María Torres Parra;
para las Casas de América del Sur, P. Joaquín Ribes;
Santo Espíritu del Monte, P. Severino González;
Cocentaina, P. Leonardo Mira;
Onteniente, P. Rafael Reig;
Benisa, P. Jaime Martí;
Valencia, P. Juan Pérez;
Pego, P. Santiago Miró;
Teruel, P. Vicente Pérez;
Carcagente, P. Anselmo Martí:
Zaragoza, P. Mariano Catalán;
Caspe, P. David Cervera;
Segorbe, P. Serafín Gilabert;
Alcoy, P. Vicente Martínez;
Agres, P. Manuel Ferrandis;
Chelva, P. Buenaventura Escrivá, y
Cullera, P. Eduardo Vicent.
Y también proveyó, entre otros, los siguientes cargos:
Prefecto de Estudios de la Provincia, P. Gonzalo Valls;
Director de la Residencia de Estudiantes de Valencia, P. Serafín Pérez;
Director de La Acción Antoniana, P. Pacífico Torres;
Comisario Provincial de las Congregaciones Mariano-Antonianas, P. Luis María Torres;
Comisario Provincial de la V. O. T., P. Bernardino Rubert, y
Comisario Provincial de la Unión Misional Franciscana, P. Daniel Han.
Damos la enhorabuena a los elegidos y les deseamos mucho acierto en el desempeñó de su cargo.
Cursillo de Oratoria Sagrada en Aranzazu
El profesor Carlos Tamberlani, del Instituto Internacional de Elocuencia Sagrada de los Padres Franciscanos de Grottaferrata (Roma), ha dirigido en el santuario de Aranzazu (Guipúzcoa) un cursillo de elocuencia, al que han acudido más de un centenar de religiosos franciscanos de las Provincias españolas —cuatro de ellos de la Provincia Seráfica de San José, de Valencia y Aragón—, capuchinos, agustinos y pasionistas. El cursillo ha tenido una duración de doce días, en el Estudio de Teología de los franciscanos, y terminó con un acto académico, en el que tomaron parte veintitrés cursillistas.
Este cursillo ha tenido varios aspectos lecciones sobre la teoría de la elocuencia sagrada, analítica e histórica de los grandes oradores; metodología de la elocuencia, etc. Además, el profesor Tamberlani dio lecciones sobre la técnica de la propaganda ideológica y sus métodos prácticos de penetración social, y dirigió un cine-club sobre las películas Yo confieso y Guerra de Dios.
El profesor Tamberlani es actor teatral y radiofónico y ha actuado como tal en Italia, Suiza, Alemania y España. Es protagonista absoluto en más de veinticinco films. Actualmente es profesor de Elocuencia Sagrada en el Instituto Internacional Apostolicum de Grottaferrata (Roma) de los Padres Franciscanos; de Propaganda Oral en el Instituto de Publicismo de la Universidad de Roma; de Penetración Social en la Universidad Internacional de Estudios Sociales de Roma; de interpretación en teatro y cine en el Centro Experimental de Cinematografía de la Presidencia del Consejo de Ministros de Roma, y de Táctica psicológica militar en el Ministerio de Defensa de Italia.
Con anterioridad el profesor Tamberlani había visitado España, dirigiendo conferencias culturales en Barcelona y Madrid
Agencia Logos.
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