Leyendas navideñas
Sarita y sus flores de almendro
El ángel del Señor había anunciado a los pastores de Belén el nacimiento del Hijo de Dios. «Os anuncio —dijo el ángel— un grande gozo para todo el pueblo, que hoy ha nacido en la ciudad de David el Salvador, que es el Cristo o Mesías, y esta es la señal, que hallaréis al Niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre.» En todas las cabañas había llegado la luz y la buena nueva; y se decían unos a otros: «Vamos a Belén y veamos este suceso prodigioso», y todos ellos buscaban en sus apriscos y moradas lo mejor y más precioso para ofrecerlo en homenaje al divino Niño como prenda de su amor.
En una de las majadas hubo un ligero altercado entre el pastor y su nena Sarita, rubia como un serafín y ligera y grácil como la linda mariposa de los rosales; y Sarita clamaba como un retintín del canto de los ángeles:
—Quiero el corderito blanco, que blanco es el Niño como la luz.
—Pero, nena —alegaba su padre—, ¿no ves que el corderito blanco se lo llevaron tus hermanos al monte de Betel?
—Pues yo quiero el corderito blanco.
—Toma el pardillo —le decía su padre—, que lo mismo da uno que otro.
—Que te crees tú eso; allí iría yo con ese pendaco feo para que se asuste el Niño; que no, que no y que no.
—Pues no hay otro; ya lo llevarás cuando vuelvan.
—Sí, aquí me estaré esperando mientras todos van antes que yo a adorar al Niño. Ya lo iré yo a buscar. Lo quiero blanco, blanco y bello, como es el Niño, que también serán blancos sus pañales en que lo ha envuelto su madre y no voy yo a asustarle con ese rebeco feo.
—Pues no hay otro—, dijo su padre saliéndose.
Calló la niña, y mientras se fue su padre a la vela de los apriscos. Sarita miró el camino con su recelo y, como si le empujara el ansia del corderito blanco y el afán de llevarlo al Niño antes que fueran las otras, desapareció de la cabaña y, anda que andarás, se internó perdiéndose por el bosque. Era una noche fría, callada como el silencio, dura como el egoísmo y el corazón del invierno, llena de tinieblas como la mente del ciego. La luna iba extinguiendo su luz como se extingue la lámpara cuando mengua el aceite, y entre densos nubarrones apretujados entre sí cual si sintieran el frío, se mostraban los luceros con su luz temblorosa, como agitados por las frías ráfagas del espacio.
Sarita comenzó también a sentirse temblorosa, y el ardor de su alma por encontrar el corderito blanco comenzó a desfallecer y a perder el aliento, y agitada por un extraño temblor corrió a refugiarse al abrigo de una flores de almendro arboleda formada por almendros y terebintos. El cansancio y el ambiente frío y la tenebrosidad de su mente oscurecida la obligaron a cerrar los ojos, y al poco quedó dormida. Naturalmente su sueño hacía darle vueltas a su imaginación, rodando como cuadros de unas vistas de feria, e iban pasando el corderito blanco, el Niño de la cueva con blancos y lucientes pañales, recostado en el pesebre y ella ofreciéndole sus dones, y besando sus piececitos, con luces de resplandor y ángeles cantando el Gloria a Dios; todo ello pasando por su mente como una televisión que le embarga el alma y le da a gozar de la dulce mirada y mimosa ternura de aquel Niño recién nacido, más bello que un ángel y más blanco y puro que el lirio que nace en los valles y embalsama el ambiente con los puros aromas qué brotan del tierno cáliz de la flor.
Comenzó ya la aurora a verter sobre la tierra los tenues y suaves rayos del rosicler que el aura matinal esparce sobre los arbustos y arboledas, agitándolos suavemente como un dulce despertar; y oyó entonces Sarita como un misterioso temblor y revuelo en las entrañas de aquellos árboles que la abrigaban, agitándose como vivos, que la hizo levantar, y al momento que la aurora hizo esclarecer su pura luz vio con sorpresa Sarita que los almendros se habían revestido de hermosas y brillantes flores blancas y los terebintos comenzaron a exudar gotitas de trementina blanca de incienso y muy olorosas; dejando a la niña como absorta de tanta blancura y embriagada de tan puro aroma que le hizo exclamar:
—Por fin ya encontré la más pura y suave blancura que puedo ofrecer al Niñito de la cueva.
Se apresuró entonces a tomar y escoger de los almendros las ramitas más repletas de flores blancas para formar un ramo y llenó su delantalito de los granitos blancos del incienso aromático de los terebintos, y se fue gozosamente a la cuevecita de Belén, entregando al Niño y a la Madre el ramo de flores blancas de almendro y esparciendo alrededor del Niño él incienso blanco del terebinto, y entonces, postrada en tierra, adoró fervorosamente y con todo su cariño al Hijo de Dios que por amor suyo había bajado a la tierra...
Su padre, que la había estado buscando sin encontrarla, bajó con recelo a la cueva y allí tuvo la sorpresa de encontrarla con aquel ramo de flores blancas y postradita a los pies del Niño, adorándole con devoción. La Virgen agradeció mucho a Sarita su obsequio acariciándole tiernamente, y Sarita, por su parte, mientras el Niño estuvo en la cueva, no dejó de ofrecerle todos los días flores blancas como símbolo de su candor e inocencia.
Fr. Manuel Balaguer, ofm.
Idilio de amor

¡Qué dicha la de tener en nuestro pecho al Niño Jesús y respirar perfumes de azucenas,
como este San Antonio de Padua, de Murillo
Toda la vida de San Antonio de Padua es un idilio de amor al divino Infante; amor puro, amor fuerte, amor inmenso. Los dardos del divino amor habían traspasado su corazón e inflamádole en llamas intensas de caridad, incapaces de ser extinguidas por muchas aguas que quisieren apagar tan divino incendio. Antonio, más dichoso que la Esposa del «Cantar de los Cantares», pudo estrechar contra su pecho a su Amado divino e imprimir en su bellísima frente ósculos tiernos de apasionado amor; él pudo sentir, como el Evangelista amado, los latidos del Corazón sacratísimo de Jesús y ser partícipe de sus divinas misericordias; él pudo percibir la voz de su Dios que le hablaba, sentir el cariño de su amor, siendo digno de que Jesús estrechase su cuello con sus divinas mane citas, como aparece en este inspiradísimo cuadro de Murillo
La Virgen de la Salud, Patrona de Cogullada
Por Soleriestruch
Sueca y Algemesí, Villena y Chiva, Alcudia de Carlet, Burriana, Chirivella, Luchente, Alcira y otras muchas poblaciones de nuestro reino, celebran la fecha de la Natividad de Nuestra Señora bajo múltiples advocaciones: Virgen de Sales, de la Salud, de las Virtudes, del Castillo, de¡ Remedio, de Oreto, de la Misericordia, de la Consolación, de Lluch...
Cogullada -la hipotética "TOGOLLA" de que nos habla la "Hitación de Wamba"- conmemora la festividad de la Virgen de la Salud el domingo inmediato que sigue al 8 de septiembre.
Cogullada es en la actualidad, demográficamente considerada, un núcleo de población anquilosado: una barriada de Carcagente, de la que apenas dista unos 1.500 metros, con 104 edificios —incluido su templo parroquial— donde moran no, más allá de 500 vecinos. Porque Cogullada —vulgarmente CULLÁ, corrupción de CULLA, sin acento alguno, que en idioma vernáculo significa "lugar elevado"— tiene un templo parroquial dedicado a San Bartolomé, que regenta desde el lunes, día 29 de agosto el cura D. Vicente Morcilla Puig, en virtud del decreto arzobispal, dado en Valencia el 30 de julio del presente año. Un templo de orden dórico que mide 76 palmos de ancho por 106 de largo y 40 de altura; un templo en cuya fachada principal existe una hornacina ocupada por la imagen del Santo titular... descabezada.
Tiene el templo de Cogullada —espacioso, sencillo y desmantelado actualmente— un campanario de mampostería de más de 70 palmos de elevación, con huecos para tres campanas y un reloj que, asomado a la calle Mayor, mide las horas de los vecinos desde el 7 de septiembre del año 1897 en que fuera colocado , previo desembolso de sus buenas mil pesetas.
Junto al templo hubo en otro tiempo un pequeño cementerio que dejó de utilizarse en 1863 -siendo vicario de la parroquia el P. Antonio Cortés- trasladando al de Carcagente los restos habidos en este pequeño camposanto de Cogullada. Poca cosa... En definitiva, nada que merezca la pena. ¡Y sin embargo...!
Sin embargo, no era Carcagente y ya Cogullada existía. Hablamos, claro está, del Carcagente actual... No había templo en Carcagente —y menos cura que lo atendiera— y ya Cogullada lo tenía; a Cogullada acudían los carcagentinos cada domingo para cumplir con sus más elementales deberes de buenos cristianos. Uno habla de muchos años atrás; de cuando no había en nuestro término otro cosa que moreras, granados, palmeras, membrilleros y ocupaban las tierras de "horta" extensos arrozales, existiendo en la zona montañosa vides y olivos y algarrobos. Uno habla de cuando ni en sueños imaginaba nadie que pudiera devenir el cultivo del naranjo, nuestra principal fuente de riqueza...
Carcagente fue luego creciendo; no cupo a Cogullada la misma suerte, ¡qué se le va a hacer!. Ello no obstante, en Cogullada y en sus inmediaciones puede que se encuentren los extractos capaces de fundamentar históricas prosapias locales, siempre que se quiera hacer callar las voces que a Carcagente pretendan tildar de opulento advenedizo.
Hasta el año 1936 se conservaba en el templo parroquial de Cogullada una antigua tabla procedente de la Iglesia de Ternills, con la imagen de la Virgen de la Salud; no hay memoria de otra más antigua imagen a la que nuestros mayores rindieran veneración y culto. A Ella se acudía en piadosas rogativas para alcanzar su protección en la cosecha de la seda; a lo largo del siglo XVII incluso y en repetidas ocasiones, fue llevada a Carcagente con toda solemnidad a causa de las pertinaces sequías por nuestro término, por la "necesidad de la hoja de la morera"...

La Virgen de la Salud, Patrona de Cogullada. Tabla del siglo XIII, de autor desconocido (dibujo de E. Soler)
Una piadosa tradición, muy extendida, atribuye la paternidad de muchas de estas tablas a San Lucas Evangelista. En aras de la verdad hemos de hacer constar nuestros reparos: Fray Esteban Ginés Ovejero, de la Orden de Predicadores, en su folleto "Guadalupe" -impreso en Tortosa, con licencia eclesiástica, en 1905- nos dice que San Lucas no fue sino médico y Evangelista y no pintor ni escultor; "cosa que no hubiera callado San Pablo cuando nos dijo que era médico, y mucho menos los padres y Concilios que escribieron contra los iconoclastas, como un argumento fortísimo". A nuestro modesto saber y entender, se trata de una confusión de San Lucas con algún Lucas Santo, posible pintor o copista, autor de la tabla que nos ocupa. Porque eso sí, la tabla, sino de origen italiano, fue pintada según normas y modelo muy en boga durante la edad media en aquel país. Son cosas que consigna muy claramente el marqués de Lozoya en su obra "Historia del Arte Hispánico", cuyo tomo y página no se citan para que nadie nos lo tome a pedantesca erudición.
Sería interesante por demás, seguir el proceso artístico que permite a Italia sacudirse el yugo impuesto por Bizancio hasta conseguir —ya en el siglo XIII— esas imágenes pintadas sobre tabla tan semejantes a la que había en Cogullada; y su extraordinaria difusión...
En la exposición de iconos celebrada no hace mucho en Madrid, se han podido ver, repetidas hasta la saciedad, imágenes muy parecidas a esta nuestra Virgen de la Salud. Recordamos además, haber visto en la «Hoja del Lunes», del día 31 de agosto del año 1954 —con motivo de los terremotos que en aquel entonces azotaran las islas del mar Jónico— la fotografía de un cuadro con la misma Virgen, apenas con muy ligeras variantes. Grecia, Valencia... ¡Una misma Imagen venerada en los dos extremos de la luminosa diagonal mediterránea...!
La tabla de Cogullada -como todas las de su tiempo- pertenecía sin duda a esa época de transición entre el modo de hacer bizantino —rigidez geométrica, tonos de cruda pureza, oros abundantes, hieráticas actitudes— y el realismo que asoma en las pinturas del Giotto. No olvidemos que son los tiempos del "Pobrecito de Asís" y que el "franciscanismo" que con Él nace, cobra tal vitalidad que acaba por torcer y aun saltarse la dictadura estética de largo tiempo mantenida por los países del próximo oriente. Y es que el amor influye en todo; ¿porqué con el arte había de ser una excepción?.

Plafón de cerámica con la imagen de la Virgen de la Salud de l'Hort de l'Àguila
(de la web de Antonio Sabater)
Las "madonas" bizantinas que hasta entonces han privado se ven poco a poco reemplazadas por estas otras "vírgenes" de humanizado gesto —más afectivas, más maternales— que los artistas realizan, utilizando suaves tonalidades transparentes. Y al mismo tiempo que el arte se torna más realista, la devoción parece alcanzar ternuras insospechadas...
Estas imágenes pintadas siguiendo la nueva modalidad, son muy solicitadas. Tiempos son estos en que Aragón y Cataluña mantienen activas relaciones con Italia y naves catalana aragonesas las introducen en España utilizando el portillo de nuestro levante. Son tiempos que siguen a la Reconquista, llevada a cabo por Don Jaime, y las tablas llegan en buena ocasión de ser utilizadas para el culto cristiano en las nuevas iglesias que han dejado de ser mezquitas.
Su difusión debió ser extraordinaria: las hubo en Játiva, en el Museo Episcopal de Vich, en San Agustín de Valencia, en la misma sacristía de la catedral valenciana. No todas sin embargo serían de procedencia italiana; de la existente en la catedral de Valencia nos dicen ser obra debida a los pinceles del artista turolense Juan Pintor, y era, por otra parte, la que a nuestro juicio más analogías tenía con la de Cogullada. Todas, no obstante, fueron realizadas siguiendo un mismo modelo, en el que eran de notar el rostro ovalado de la Virgen, los ojos almendrados, la nariz recta y la boca pequeña, levemente inclinada la cabeza hacia el Niño sostenido con la mano izquierda. La mano derecha del Divino Infante inicia la acción de bendecir, mientras con la izquierda sostiene una esfera o un libro. Sobre el fondo dorado se marcan con finos trazos de oro las sombras y los perfiles...
La tabla habida en Cogullada fue concedida a TERNILS —emplazado en las inmediaciones de la actual ermita de San Roque, hoy poblado, por completo, desaparecido a causa de las repetidas inundaciones sufridas en nuestro término— por el Papa Paulo III, según se desprende de estos versos "deis gojos" dedicados a nuestra Virgen de la Salud:
"El Papa Paulo tercero
envió muy liberal
copia del original
que sois Vos, bello lucero.
Retrato tan verdadero
aquí quiso hacer morada,
Sagrada Virgen María
de TERNILS intitulada".
Habida cuenta que el pontificado de Paulo III tuvo lugar de 1524 a 1550, y que la tabla de la Virgen de la Salud fue trasladada definitivamente en 1539 desde TERNILS a Cogullada, nada tiene de extraño que esta última población la haya considerado siempre como cosa propia.
Al decir de los entendidos, se trataba de una tabla del siglo XIII, de autor desconocido. Se sabe además, que fue restaurada en 1548 por el pintor Gaspar Requena, de Cocentaina, en virtud de acuerdo tomado por los vecinos de Cogullada, luego de la visita pastoral que se realizara a dicha población el 10 de marzo de 1547. Con el repinte debió perder gran parte de su ingenuo carácter primitivo; manos y rostro delataban un mayor saber, una técnica más avanzada. También una mayor despreocupación, -por parte del restaurador- en corregir y aun alterar todo aquello que a su gusto no placía. Posiblemente fue entonces cuando debió sustituirse el libro que el Niño de su homóloga de Valencia sostiene con la mano izquierda por un pequeño cetro. En resumen: si bien es verdad que todo quedó "algo" cambiado con las adulteraciones introducidas, no es menos cierto que debió quedar también más nueva y flamante. Y váyase lo uno por lo otro, pensarían todos...

Iglesia de San Bartolomé de Cogullada. Foto: V. Benavent Mompó
Colocada en la misma capilla que actualmente ocupa una discreta reproducción de la tabla destruida en 1936, la Virgen de la Salud ha sido durante muchísimos años objeto de fervorosa veneración por parte de todos cuantos a Cogullada han acudido con el hatillo de sus preocupaciones e inquietudes. ¡Cuántas veces la llevaron los carcagentinos en piadosa rogativa por causa de las sequías, para que bendijese la cosecha de la seda, para que les librara de las frecuentes pestes... cuando Carcagente era apenas una célula urbana sin importancia alguna, sin templo donde pudieran sus moradores cobijar las inquietudes espirituales ni santa Imagen a la que dirigir los ojos en busca de consuelo...!
Desapareció TERNILS... El odio destruyó luego la primitiva tabla de la Virgen de la Salud... Algo queda sin embargo: queda el hondo fervor escondido en el pecho de todo carcagentino piadoso legado de sus mayores-que se exterioriza cada vez que llega la septembrina festividad de Nuestra Señora... cuando los días son bonanciblemente otoñales... y el cielo azul parece lleno de suavidades... y el sol lo va inundando todo de una madura luminosidad...
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