Seminario franciscano

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Teólogos franciscanos, presididos por el P. Provincial, Fr. José Antonio Arnau, y Comunidad, que recibieron órdenes sagradas el día 24 junio 1965, en Teruel.

De arriba abajo y de izquierda a derecha en primera fila: Fr. Rafael Jover, Fr. Buenaventura Oltra, Fr. Vicente Blay, Fr. Pascual Montaner, Fr. José R. Palací, Fr. José A. Manresa, Fr. Andrés Soler, Fr. Antonio Porturas, Fr. Luis Carballo y Fr. Jesús Martín;

en segunda fila: Fr. Bernardino Sutil, Fr. Salustiano Vicedo, Fr. Agustín Baselga, Fr. Javier Navas, Fr. José L. Llanos, Fr. Odorico Prieto y Fr. Joaquín Beltrán;

en cuarta fila: Fr. Raimundo Domínguez, Fr. Antonio Álvarez, Fr. Gabriel Francés, P. Provincial, Fr. Gaspar Han, Fr. Esteban Varo y Fr. Pablo Ares.

[En la fila tercera, los profesores: Hnos. ___, Rafael Fuster, Vicente Pérez-Jorge, Gonzalo Valls, ___, Han

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Seminaristas de la Seráfica Provincia de Valencia y Aragón, presididos por su R. Padre Rector, que han ingresado en el noviciado de Santo Espíritu del Monte el 7 de septiembre de 1965. Arriba, de izquierda a derecha: Pedro Bisbal, José Moscardó, Joaquín Ferrer, Vicente Escrivá y Jaime Pellicer.

Abajo, de izquierda a derecha: Ramiro Pascual, José Mifsud, R. P. Rector Joaquín Moreno, José Martínez y Jesús Silvestre.

Los unos... y los otros

Acerca de los vicios

De lo que estábamos todos convencidos era de lo que vino a decir Tácito: «Mientras hubiere hombres ha de haber vicios.»

Sí; los vicios son un desorden que introduce la inteligencia en la afección aprensora de la voluntad. Una salida a destiempo de la voluntad motivada por la insinuación dominadora de la inteligencia —doncella imprudente, pero servicial—. En nadie más, fuera del hombre, hay tales equivocaciones.

★ Sobre el mismo particular Séneca hace una justa declaración y se define en el mismo sentido: «Los vicios son propios de los hombres, no de los tiempos.» Cuando se oye decir: «el pecado del siglo», «el error de la época», «el crimen de la generación», ¿será para inculpar al tiempo, al siglo, a los tales años?...

★ El vicio es una de las formas con que se suicida la personalidad. Es un suicidio de tal clase que admite más fácilmente la absolución de la sociedad que cuando se trata del suicidio corporal.

Cada vicio es un grillo con que se ata y reduce la libertad, ese don que tanto venera el hombre. Plutarco lo expresa así: «Quien tiene muchos vicios tiene muchos amos.»

★ El vicio forma muchas veces funestas amistades. Es decir, que hay una complicidad entre sujetos que comparten unos mismos vicios. Esto es posible porque principian por querer ignorar que son vicios sus hábitos operantes.

★ Como si le tuviéramos cerca y escuchando, ilumina Juvenal lo que decimos: «Los hombres que tienen los mismos vicios se sostienen mutuamente.»

★ Y como decía aquél, o somos o no somos. Pues no somos, si tiene razón Solís: «No hay vicio que no encuentre apologista en una sociedad corrompida.» De que haya tal clase de apologistas lo saben tan bien ustedes como yo. ¿Será que la sociedad está corrompida?

★ Si hubiera tantos que detestaran el vicio como de los que confraternizan, serían menos los viciosos. La persecución del vicio no tiene nunca exceso.

¿No les parece a ustedes que la cosa es así?

Para esa clase de apologistas de marras, entre los que no quiera Dios que nos encontremos ni usted ni yo, les tiene preparado Bartheletny una frase que lleva el ristre y en acero de ley: «Ser indulgente con el vicio es conspirar contra la virtud.»

Es uno de los modos de complicidad, de preparar el arma al asesino.

No, amigos; el vicio no debe tener ayuda ninguna.

★ De esto mismo se queja Chesnel: «En el gran mundo desgraciadamente se perdona al vicioso si lo es con gracia.»

★ Para que temamos nuestras mismas acciones y las salidas que furtivamente hace nuestra voluntad, recordemos lo siguiente: «Los vicios son una raza fecunda; no hay uno que no pueda engendrar cien enfermedades, y cuando no tienen más que un hijo, este hijo suele ser la muerte.»

★ Sólo es excusable el vicio cuando le ha seguido el arrepentimiento.

★ Un consejo para terminar, que pudiera hacernos bien y fertilizar espiritualmente nuestra atonía, la triste desgana: «El que sólo procura huir de vicio, cae en vicio de no procurar virtud.»

P. David Cervera, ofm

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