Monseñor Alfonso María Ferroni, ofm, Obispo de Laohokow, expulsado de la China comunista

A las catorce y media del 17 de septiembre de 1955 la Procura de las Misiones Franciscanas de Hong-Kong recibía un telegrama de la Policía inglesa desde el confín de la China comunista comunicando que acababa de llegar de China el Obispo de Laohokow S. E. Mons. Ferroni. Fue a recibirlo el P. Poletti, de las Misiones Extranjeras de Milán, celoso misionero tan lleno de caridad que desde cinco años todos los días y a cada tren se dirige a la estación fronteriza de la frontera para recibir a los misioneros expulsados de China.

aEsta vez el P. Poletti no esperó que Mons. Ferroni bajase del tren y después de un larguísimo viaje entrara, como los demás misioneros expulsados, en el territorio libre de Hong-Kong, sino que invitado por la misma Policía china salió del territorio comunista asistido por un gendarme inglés porque Mons. Ferroni no se tenía en pie y era preciso llevarlo en brazos.

El Obispo había permanecido en la cárcel tres años y siete meses; estaba más muerto que vivo; reducido a piel y huesos; apenas pesaba 35 kg., color cadavérico, ojos desencajados, la barba y los cabellos blancos, las piernas hinchadas. Cuenta sesenta y tres años y aparenta noventa.

Acomodado en una ambulancia se le condujo inmediatamente al hospital de Santa Teresa, donde le prestaron los más urgentes auxilios, entre otros, una transfusión de sangre, pues había perdido el 50 por 100 de sus glóbulos rojos. En la segunda noche de su llegada al hospital Mons. Ferroni tuvo una crisis que parecía no podría superar y se creyó oportuno administrarle los últimos sacramentos. Pero Dios quiso que aquello fuera el principio de su mejoramiento, que fue siempre en aumento. En la hora en que escribimos, 10 de octubre, se sabe que se encuentra ya con fuerzas para poder celebrar la Santa Misa, mas sentado. Su última misa la celebró el 28 de febrero de 1952, cuando fue conducido a la cárcel con todos sus misioneros de Laohokow, chinos e italianos. A excepción del Rdo. P. Guerra, encarcelado en 1951 y del que hace dos años que no tenemos noticias, todos los misioneros de la diócesis de Laohokow volvieron a Italia después de un encarcelamiento más o menos prolongado.

Para el Obispo la cárcel fue más prolongada. Tres años y siete meses. Poco faltó para que consiguiera la palma del martirio.

Aunque sus veintitrés años de Obispo habían sido para su alma un continuó martirio. En 1931, apenas nombrado Administrador Apostólico, Mons. Ferroni vio su Misión invadida por los soldados comunistas del terrible Holung, que dejaron por doquiera ruinas y muerte. En la antigua y floreciente cristiandad de Chayuenkon mataron algunos misioneros y se llevaron a rehenes a los otros después de haber saqueado todo cuanto encontraron en el convento, Seminario y orfanatorio.

En 1932 Mons. Ferroni fue consagrado Obispo. A la invasión comunista sucedió una desastrosa inundación con enormes daños para el Vicariato Apostólico. Vino después el bandolerismo, la guerra civil y la guerra con los japoneses, quienes llegaron a ocupar incluso la ciudad de Laohokow, de donde el Obispo y todos los misioneros italianos fueron obligados a salir por las Autoridades chinas y concentrados en los montes de Cha-yuenkow. Anteriormente calumniados de espionaje a favor del Japón, Obispo y misioneros fuimos arrestados cerca de dos meses en la misma Residencia Episcopal, la que el populacho, soliviantado por la misma policía filocomunista, tentó de invadir gritando:«¡Muerte a esos perros europeos!»

Alfonso María Ferroni

Monseñor Alfonso María Ferroni, ofm (De la web Euscreen)

Durante la guerra chino-japonesa, que duró nueve años, Mons. Ferroni vio bombardear varias veces la Residencia y las obras de la Misión. Vio arrasada su Catedral, el hospital también casi completamente destruido y una tercera parte del orfanatrofio femenino blanco de las bombas incendiarias. Murieron allí una religiosa y dos huerfanitas. En todas estas pruebas Mons. Ferroni se conservó siempre sereno, confiando en la protección y providencia divinas.

Y aun ahora, después que los comunistas de Maetre-tung han invadido, su diócesis, ocupando las obras de la Misión apenas restauradas, profanando sus iglesias, han encarcelado, torturado y expulsado a los misioneros y dispersado a los fieles, que él mismo después de haber asistido a tanta ruina material y espiritual ha sido expulsado como un facineroso, después de cuarenta y tres meses de dura cárcel; reducidas sus fuerzas al último extremo, Mons. Ferroni desde su cama del hospital, que lo recibió más muerto que vivo, conserva su inalterada sonrisa con la que acompaña siempre cualquier palabra y gesto.
Han quedado sorprendidos de tanta serenidad los mismos periodistas. No obstante, nos escriben que a Mons. Ferroni le parece oír aún la voz ensordecedora de los de la cárcel que machacaban su cerebro obligándole a oír y pensar lo que querían sus mismos calumniadores. Le parece ver aún aquellas caras feas que lo espiaban, le insultaban y le amenazaban.

«Han usado todos los medios para hacerme adherir a sus falsas doctrinas, más no lo han conseguido», ha dicho Mons. Ferroni.

«Vuestras ideas no penetrarán jamás en mi cabeza.» Y así ha sido.

A causa de las torturas físicas y morales sufridas, especialmente en la cárcel, el cuerpo ya enfermizo de Mons. Ferroni se ha debilitado en extremo; pero su espíritu permanece robusto y sereno. La plenitud y esplendor de su sacerdocio permanecen intactos por encima de la ruina de su cuerpo como prenda de victoria segura sobre el poder de las tinieblas.

No dudamos haber sido disposición de la divina Providencia que la. fecha de su salida del infierno comunista coincidiera con la solemnidad de la impresión de las Llagas de San Francisco de Asís, titular de la Provincia Seráfica de Toscana, a la que pertenece nuestro Obispo.

Monseñor Ferroni cuando llegó a Hong-Kong no sabía qué día era. Lo supo en el hospital de Santa Teresa.
«Hoy —le fue dicho— es el 17 de septiembre, fiesta de las Llagas.» Esta noticia acentuó su sonrisa. Era la sonrisa del apóstol encontrado digno de sufrir por Cristo.

Era la sonrisa del auténtico franciscano, siempre lleno de seráfica alegría.

P. G. Pascucci, O. F. M.
Secretario de Mons. Ferroni

Ferroni, Alfonso María Corrado

Natus 01.02.1892 Rignano sull’ Arno (Fiesole), ordo O.F.M. 17.12.1914 [1], ordinatus 24.08.1920, electus Epp. Tit. Aspendo et Vic. Ap. Laohokow 28.[2] 01.1932, consecratus 29.05.1932, consecrator Mons. Massi ad locum Hankow, electus Epp. Laohokow 11.04.1946, exactio 1955 [3], mortuus 10.03.1966 Florenz

[1] Vgl. http://ricci.rt.usfca.edu/biography/view.aspx?biographyID=1514 , Lt. Bibliotheca Missionum Bd.14(1):175 in 1908

[2] Lt. http://ricci.rt.usfca.edu/biography/view.aspx?biographyID=1514 erfolgte Ernennung am 25.1.1932

[3] Vgl. Bibliotheca Missionum Bd.14(1):175

[Nota tomada de la web Brender.eu]

Testimonio sobre el martirio de la iglesia de Shanghai

Algunos seglares católicos han llegado recientemente de Shanghai y también algunos protestantes y rusos ortodoxos. Son «rezagados» que han sido testigos de los últimos acontecimientos. Su testimonio es más apreciado, procediendo de personas de todas las nacionalidades, religiones y clases sociales. Todos están de acuerdo y repiten lo que un sueco dijo a un grupo de periodistas al llegar a la frontera: "Soy protestante, pero me descubro la cabeza ante la Iglesia Católica. La conducta de los católicos de Shanghai es admirable."

Una señora rusa ortodoxa me expresaba así su admiración: «Sólo Dios puede dar a los cristianos tanta fortaleza en los sufrimientos. La muerte brutal me parece más dulce que este prolongado martirio cotidiano que les hacen soportar. No me refiero a los que se consumen en la cárcel, sino a los que viven en sus casas y llaman libres. Están vigilados constantemente no solamente por la policía regular, sino por ésta de los barrios y calles, formada de personas que, para salvar su pellejo, están obligados a denunciar a los demás. El menor de sus gestos, la palabra más inofensiva, son pasados por la criba. Día y noche están a la merced de una invasión de policía, sometidos a interminables interrogatorios, obligados a asistir a mítines acusadores. Si no quieren acusar a un Obispo, tienen que morir de hambre.

Iglesia actual en Shanghai

Iglesia Xu Jia Hui ( San Ignacio Catedral de Shanghai) Blog María Díez

Conozco a comunidades de religiosas chinas, Auxiliadoras, Franciscanas, Hermanitas de los Pobres y otras, que están en la mayor miseria porque rehúsan dar una firma que reconocen culpable. Yo no soy católica romana, pero le digo que he hecho todo lo posible, aunque es muy poco, para aliviar el sufrimiento de estas desgraciadas. Estoy fuera de mí ¡al pensar en estos cristianos reducidos a la condición de parias por no renegar de su fe! ¿Cómo puede suceder esto en el siglo XX?» —

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