El amor de san Francisco de Asís

Aunque se tache de impulsivo al Juglar Seráfico, el amor en él no es un simple sentimiento ni una afección; es más bien una prontitud de la facultad volitiva para ejecutar, cueste lo que cueste, la voluntad de Cristo. Es la virtud teologal caridad; algo divino que «derramado en nuestra alma nos une con Dios y con el prójimo» y con todo lo que Dios ama y según él lo ama.

El franciscanismo, como el catolicismo, es una religión de amor a Dios y de amor al prójimo. Siempre y en todo hay que hacer la voluntad de Dios, más la del prójimo en tanto en cuanto se vea la de Dios.

Por no ser el amor de Francisco sólo amor humano, pasional, va por los carriles de la inteligencia ilustrada y guiada por la revelación sobrenatural.

En Francisco amor y caridad son vocablos reversibles. Dios es todo amor y Dios es todo caridad. En el Poverello el amor es la florescencia de la gracia y la sumisión pronta y total a las iniciativas divinas.

La filosofía se afana en comprobar que la gloria de Dios es la razón absoluta de todo lo que existe fuera de El. En la liturgia eucarística damos gracias a Dios por su gran gloria (Cristo) que descendió del cielo por nosotros hombres y por nuestra salud.

Indudablemente que al Serafín de Asís conmovía más esta verdad teológica concreta (el descenso del cielo por nuestra salud) que la abstracta de la gloria de Dios, aunque en el fondo se identifican. ¿No resulta humanamente inconcebible que por nosotros descendiese el Verbo del cielo? La reflexión sobre esta idea es para enloquecer hasta al menos capaz.

Y Cristo en su Encarnación y en su Redención se nos dio para comunicarnos su vida y su alegría santa.
Luego, infería San Francisco prácticamente, nosotros debemos darnos por entero a El. ¿Cómo? No sólo llenando nuestra inteligencia de sus ideas, nuestra sensibilidad de sus sentimientos, sino, sobre todo, nuestra facultad volitiva de su incomensurable amor: cumpliendo fielmente su santa voluntad.
Es una inferencia no sólo cordial, sino intelectual. Porque San Francisco practicó su amor inmenso no sólo a impulsos de esa víscera que parada se nos va la vida corporal, sino a impulsos de su facultad cognoscitiva no común, dígase lo que se quiera.

En busca de la voluntad de Dios

Arrodillado el Seráfico ante el crucifijo bizantino de San Damián, en Asís, le dirigía con humildad esta plegaria:

«Oh Dios grande y glorioso, Señor mío Jesucristo, disipad las tinieblas de mi alma. Dadme una fe recta, una firme esperanza, una caridad perfecta. Haced que yo os conozca, oh Señor, para que en todo cumpla siempre vuestra verdadera y santa voluntad».

A esta plegaria responde el Crucificado, con asombro de Francisco: «Francisco, vete y repara mi casa que se está derruyendo.» Y tomando el imperativo a la letra repara aquella iglesita resquebrajada y seguidamente otros dos templos del Senos en Asís.

Cumplía gustosamente la santa y verdadera voluntad de Dios. He ahí el auténtico y verdadero amor. Pero ¿no quería más el Señor de él? La apertura del santo Evangelio en la Porciúncula le hace ver claro que Dios le llamaba a restaurar el cuerpo social de Cristo, empezando por sí mismo.

Estaba su alma en los crepúsculos de la etapa iluminativa y sólo se desvelará por sacar partido de todo lo que descubre para acabar de formar plena y fielmente en sí a Cristo, esbozado en su alma por el Espíritu Santo. Y realizará hasta la inspiraciones más insignificantes del Amado. He ahí la señal de mayor amor auténtico.

Y en este cometido revestirá su alma de los atributos de Dios, de las más excelsas virtudes de Cristo y llegará hasta ansiar sus padecimientos por ser más viva imagen de El. Poco antes de su estigmatización hacia el Juglar de Dios esta plegaria:

«Oh Señor Jesús, te ruego que me concedas dos gracias antes de morirme: la primera es que, durante mi vida, en mi alma y en mi cuerpo sufra, en cuanto sea posible, ese dolor que Tú, oh dulce Jesús, sufriste en la hora de tu más cruel pasión; la segunda es que yo sienta en mi corazón, en cuanto sea posible, ese amor sin medida de que Tú, Hijo de Dios, fuiste abrasado y que te llevó a soportar voluntariamente una tal pasión por nosotros pecadores.»

Es la etapa más cimera del verdadero auténtico amor: la unitiva. Para poder decir esto en verdad se ha de haber desnudado uno plenamente de sí y revestido interior y exteriormente de Cristo. Vivir inmergido en Cristo.

Final

Sabida cosa es que el Unigénito del Padre concedió a San Francisco, por sus ilimitados desvelos en seguir la voluntad de Dios, no sólo el vivir locamente el Evangelio sin distingos ni mitigaciones egoístas, sino que en los pies, manos y costado del Seráfico apareciesen las llagas del divino Crucificado. Lo hizo interior y exteriormente otro Cristo.

Fr. Deodato Carbajo, ofm

En Cuba hoy, como ayer en España

Nuestros lectores conocen ya, por las cartas que hemos publicado, la ola de persecución que se ha desatado sobre la Iglesia católica en Cuba. El saqueo total de las iglesias y los conventos, el robó general de los colegios y demás instituciones docentes de la Iglesia, la expulsión colectiva del clero y de los religiosos de uno y otro sexo han venido a dar realidad a lo que /desde hace años se estaba temiendo. Fidel Castro ha aprendido perfectamente el cinismo de la técnica soviética en la persecución contra la Iglesia católica.

El momento de Cuba presenta una acusada semejanza con la persecución religiosa que sufrió la Iglesia española en el trienio de 1936 a 1939. Se pretende borrar del pueblo y de la geografía de Cuba la idea de Dios hiriendo mortalmente a la jerarquía y al clero. La obsesión por el sacrilegio, el desprecio del sexo femenino, el odio a la pureza cristiana, el prurito iconoclasta de una milicianada salvaje, cosas todas que, por desgracia, hubimos de experimentar en nuestro suelo, están teniendo su segunda edición en la República de Cuba. La garrulería radiofónica de Fidel Castro se convierte automáticamente en ley definitiva para los nuevos sicarios de la persecución implacable.

* * *

Se trata de esto, de una persecución atea, horripilante, en la que el cálculo cerebral se impone sobre la apetencia de la orgía sangrienta para aniquilar psicológicamente al clero y a los religiosos, esquivando el testimonio martirial de la sangre y procurando hacer de aquéllos seres abominables. Una vez más, el propósito persecutorio ha tropezado con la resistencia granítica de los servidores de la fe católica. Se afirma en público que no se expulsa a nadie; se hacen proposiciones de traición de la Iglesia y se conmina en último término al abandono inmediato de la isla. Es el juego ya conocido de insistir en la persecución, sin levantar el recelo internacional contra la política cubana. Los hechos son demasiado trágicos y tienen evidencia más que suficiente para que nos dejemos engañar.

* * *

Está sucediendo un hecho sintomático y ya conocido: el silencio de la gran prensa occidental sobre este nuevo capítulo del universal dolor de la Iglesia del silencio. Cuba ha entrado ya a formar parte de la Iglesia perseguida. Pero, por lo visto, para ciertos sectores informativos de Occidente, tiene más valor de actualidad la confiscación de una empresa extranjera por el Gobierno cubano que la persecución sistemática y dolosa de que es objeto la Iglesia católica. Los que tenemos todavía una estimación recta de los valores humanos y no estamos mediatizados por intereses económicos, sabemos que lo que está ahora sucediendo en Cuba constituye el capítulo más doloroso y amenazador del bienestar del pueblo hermano. No podemos por esto hacernos cómplices del silencio informativo de la prensa de Occidente.

* * *

Por lo que a nosotros los españoles concierne, tenemos, además, la doble experiencia simultánea de la dentellada del furor persecutorio y del silencio de la cierta prensa occidental. Por esto se hace necesario de todo punto denunciar públicamente el hecho de la persecución cubana y señalar sus dimensiones reales. Nos parece que en España no se tiene todavía una Conciencia clara de lo que está sucediendo a la Iglesia en Cuba. Es hora de que el catolicismo español, y particularmente la Acción Católica española, se pongan en pie para dar a conocer lo que pasa y para ayudar a los católicos cubanos con el sufragio de nuestra oración y de nuestra penitencia. Cuando sobre un pueblo tan querido para España como lo es el pueblo cubano se cierne la hora oscura de la persecución, es obligación nuestra muy especial la de compensar el desbordamiento del mal con una intensificación paralela de la plegaria, que es, en definitiva, la gran arma que frente a la potencia del mal poseen los que creen en Dios y en la regiduría providencial de los pueblos.

(Del periódico Ya)


Estampas antonianas

XIV. Los trece martes

Una de las devociones más entrañables que todo buen amante de las glorias y virtudes de este santo viene practicando, es la de los «martes». Jornadas dedicadas a la exaltación de un dulce siervo de Dios cuyas manos siempre se hallan pródigas para colmar de gracias los corazones de sus fieles.

Esta ancestral devoción parece tener sus orígenes, conforme a la cita de muchos de sus biógrafos, en el primer martes después de la muerte de nuestro bienaventurado, «día en que fueron trasladados sus preciosos restos desde Arcella a Padua», y muy señalado porque en él comenzó la serie de prodigios que más tarde habrían de confirmar su indiscutible santidad.

De ahí que naciese entre los paduanos la edificante práctica de visitar, especialmente en el citado día, el sepulcro del santo para ofrecerle su rendida pleitesía y al tiempo recabar de él sus especiales favores. Sin embargo, lo que tan sólo debió nacer como una manifestación de gratitud fue adquiriendo conforme avanzaba el tiempo caracteres de universal devoción. Se crearon novenarios, durante los cuales se entonaban alabanzas en honor al santo religioso y se elevaban al cielo preces por la cada vez más creciente gloria del santo paduano.

Su difusión fue extraordinaria, y se da la cita de un milagro ocurrido en la ciudad de Bolonia, donde, en 1617, vivían dos esposos cuya felicidad doméstica estaba turbada por el disgusto de no tener hijos después de largo tiempo de matrimonio. Y cuentan «cómo la atribulada esposa acudió a San Antonio pidiéndole su auxilio, y he aquí que la noche siguiente se le mostró el santo en sueños y le dijo: «Visita nueve martes mi imagen en la iglesia de San Francisco, recibe en ellos los Sacramentos y verás tu anhelo cumplido.» El éxito demostró la realidad de la visión, pero la pobre mujer dio a luz un niño tan maltrecho que le privó del gozo de sentirse madre. Sin embargo, he ahí que nuevamente la mujer vuelve a dirigir sus súplicas al cielo, busca el favor de tan valioso intercesor y toma, con el hijo en brazos, una heroica determinación. Se encamina al altar del santo y colocando al infante en una de las gradas ruega con gran fervor por la concesión de una nueva gracia. Y añaden cómo después de esta ardiente súplica de la madre halla al hijo enteramente enderezado, sin la más leve huella física que logre indicar su antiguo estado.

Pero la piedad de sus devotos, no satisfecha con los nueve martes, le consagra frecuentemente trece, en reverencia, quizá, de la fecha en que pasó de esta vida a la eterna, y a lo que S. S. Pío IX concedió una indulgencia plenaria a los que asistan, por lo menos, siete días a las iglesias donde se celebra esta devoción.

Pero para ello es preciso disponer el ánimo, sentirse en condiciones de adquirir esos frutos espirituales que de tal práctica devota se dimanan. Sentirse estrechamente compenetrados con los sentimientos de humildad y pureza de este santo, asistir al piadoso ejercicio convencidos de que nuestras súplicas habrán de ser atendidas. Ya que la fe es, como la palabra de Jesucristo atestigua, fuerza capaz de hacer mover a las montañas. Convencimiento absoluto de que la gracia vendrá a colmarnos de felicidad si ésta conviene a nuestro bienestar espiritual.

Los trece martes son una devoción hermosa que hace que el alma halle caminos de auténtica beatitud. Porque al comunicarse con el santo por el conducto sublime de la oración, el espíritu encuentra estímulo y fuerzas más que suficientes para adquirir el verdadero conocimiento. Entonces ya no existen las dilaciones, ni él corazón se ve cegado por el brillo de los falsos espejismos mundanos. Es consciente del sendero elegido y a través de él se dirige para alcanzar a la postre el premio a sus merecimientos o virtudes.

Por ello en ningún lugar mejor que aquí, por medio de las páginas de esta Revista La Acción Antoniana, encarecemos a todos los fieles la necesidad de amar una devoción tan bella, tan llena de dones, que por fuerza habrá de reunir los elementos necesarios para proporcionar al alma la dicha magnífica de la salvación. Una recompensa que será como el producto de esas virtudes que por la constante práctica de la caridad y la virtud iremos conquistando para nosotros. El modelo es San Antonio, ya que repasando el conjunto de todas sus acciones, trabajos y empresas, lo que predicó y lo que hizo, encontramos como a elemento definidor a la virtud, móvil e impulso de sus sentimientos, obras y deseos; punto cardinal o eje sobre el que gira su misma existencia.

Los trece martes dedicados a San Antonio encierran una extraordinaria belleza, son rosas que embalsaman de continuo a las almas con la fragancia de la pureza.

F. G. S.

Las palomitas blancas

Es muy frecuente y gracioso que en templos donde está Dios se ven revoloteando las avecillas graciosas todas del blanco color. ¿Y qué impulso así las atrae y a quien zurean con amor?

Es ella la Inmaculada, la blanca y pura azucena que las hace llegar a Dios, porque Ella está donde está Dios, que en el momento primero en que Dios creaba al mundo ya las previno el Señor.

Sabido es que cuando Dios creó el mundo, un hombre solo vivía en la tierra: era Adán. Tanta soledad invadía al ser humano con una nube de tristeza, y esto hizo exclamar al Señor:

—No es bueno que el hombre esté solo; démosle una compañera que suavice la tristeza de su corazón.

Y Dios creó a la mujer, que fue Eva.

Contento Adán, a quien Dios había dado el dominio de todo, quiso que su mujer fuera conocida por los animales y que, como con él habían hecho, así le rindieran también vasallaje a ella. Y apenas creó Dios a Eva y la mostró al mundo vinieron a rodearla muchas palomas blancas que se le subían a los hombros y la arrullaban y le hacían la rueda. Juntamente se aproximó a la primera mujer Eva toda la multitud de los animales con sumo respeto. Hecho el acto de rendición y respeto a los seres, señores y reyes de la creación, los animales fueron desfilando con sumisión a sus albergues como sorprendidos de tanta grandeza y habiendo contemplado la belleza y gracia de la primera mujer que era Eva.

Mas no todos los animales se alejaron de la presencia de Adán y de Eva.

Pero hay que saber que apenas hizo Dios la ostentación de la gracia inmaculada puesta en la primera mujer Eva vinieron a rodearla muchas palomas blancas que la arrullaban y le hacían la rueda como algo que en su espíritu y previsión les daba a conocer que algo había en esa graciosa mujer que con ellas había de compenetrarse entonces y en el tiempo venidero. Desde entonces ya las palomitas blancas no se separaban de la mujer, como si el instinto en ellas les hiciera prever que en el tiempo venidero serían las palomas blancas compañeras inseparables de la inmaculada pureza que reservaba Dios para la gloria mayor que jamás vio el mundo, y sólo sería visto en la nueva venida de Dios al mundo que había de traer a la graciosa mujer que ya pronosticaba la mujer Eva entonces y ahora, y con su venida ella sería blanca y pura y llena de gracia que en el tiempo llegaría a ser la Madre de Dios.

Se deslizaba el mundo con la grandiosa belleza y esplendor que puso Dios en todos los seres de la creación, pero había un vacío que había de llenar el poder divino con el ser más esplendoroso y bello que reservaba para sí y que había de completar toda la grandeza de la creación unida a la grandeza y poder divino. Este ser tan glorioso no era otro sino la Virgen pura, inmaculada, graciosa y blanca azucena, reservada para Madre de Dios.

La creó Dios con la suprema belleza, y el mundo quedó sorprendido, y toda la creación rindió su ser y vino a Ella como postrada en su mayor veneración.

El esplendor de su gracia y la blancura de todo su ser removió el instinto de las palomitas, que entonces se daban cuenta que algo sublime reservaba para su mayor gloria, que es lo que vieron cumplido cuando mostró Dios al mundo la suma belleza y gracia de la Virgen Inmaculada.

El instinto de las palomas blancas vino a renovarse cuando ya se dieron cuenta de que la mayor sublimidad de la gracia la había puesto Dios cuando la mujer Reina del cielo y de la tierra era la blanca azucena, que invadía toda la creación con el blanco esplendor de toda su gracia.

Podríamos suponer que en el consejo supremo de las palomas blancas se daría la ley que obligaba a mostrar en todas partes su veneración a la Virgen Inmaculada y rendirle donde se viera el agasajo de sus tiernos arrullos con que demostraran su amor. Esto prueba el por qué las palomitas blancas en todas partes mantienen su adhesión a la Virgen Inmaculada.

Tanta adhesión y gracia de sus arrullos en las palomas blancas no podían estar sin correspondencia por parte de la Santísima Virgen. Por eso dice su leyenda: «Las palomas nunca la abandonaban y parecían como afanosas para cuidarla. Y todas las mañanas ella les echaba granos de trigo y les daba de beber en la conchita que antes usaba Ana, su Madre.» Y José, primo de María, les había hecho un palomar de madera, para que no ensuciaran el piso, lejos de la casita de María. Así le daba gusto entretenerse con las palomitas, que no osaban separarse de Ella.

Más tarde, cuando ya la Virgen era mayorcita y ya entró como las otras niñas en el templo, tampoco la abandonaron las palomas, y cuando todas las niñas salían al recreo y a espaciarse en el pomar, que era el huerto cedido por Simeón, no podría allí faltar la presencia de las palomitas blancas, ni tampoco el agasajo y amor de la Virgen para las graciosas palomas.

Todo esto nos lleva a recordar cómo las palomitas pudieron recordar y conocer la estancia de la Virgen, y venir a agasajar a su Reina. Nos dice la leyenda que cuando Myriam tenía cuatro años, José le llevó una rueca chiquita para que empezara a hilar, era el primer regalo; pero cuando Myriam era ya doncella en el templo, y como José sabía tocar muy bien el arpa, le regaló un arpa chiquita, y él mismo la enseñó a tocarla. Y así, de este modo, conociendo su amor a las palomitas blancas, le construyó en el pomar un palomar para las palomitas, que también se cuidaba ella de alimentarlas y era muy natural que las palomitas acudieran a arrullarla y revolotear en su presencia.

Dice también la leyenda que cuando Myriam y las doncellas comenzaban sus cantos, las palomas invadían todo el espacio y por eso comenzaban su canto al son del arpa que tañía Myriam, diciendo: «Las palomitas vuelan y llegan al palomar, que quieren escuchar los cantos que María va a empezar.» Y mientras oían los cantos ninguna se movía, y al terminar se removían como una nube blanca sobre Myriam y las doncellas arrullando sin cesar.

Fr. Manuel Balaguer, ofm

El «Domund» no es cosa de niños

Pero triunfa principalmente gracias a los niños. Admirables lecciones de los pequeños postuladores

Todavía hay «espíritus fuertes» en los cuadros de lo que se llama «Catolicismo consciente» que consideran la obra de las Misiones, y concretamente la gran campaña del «Domund», como empresa católica de segundo o tercer orden, en modo alguno comparable a la urgencia y a la trascendencia de otros grandes problemas, tales como la acción social, la instrucción religiosa, la conquista de los órganos de la opinión pública, la preparación de núcleos intelectuales católicos, la beneficencia local, etc. Para estas gentes el «Domund» sigue siendo «cosa de niños».

Es verdad. El «Domund» es cosa de niños porque los niños y las almas infantiles siguen sosteniendo sobre sus hombros frágiles la gran obra de las Misiones. La gran mayoría de los católicos mira a los pequeños postuladores del «Domund» con una altivez compasiva e introduce en las alcancías de las Misiones las migajas de una caridad que todavía no ha encontrado su dimensión exacta: la universalidad.

Para rubor de muchos adultos, de muchos espíritus cultivados, de muchos «militantes» de la fe, ganados por «otras inquietudes», Dios sigue triunfando en el «Domund» gracias a los pequeños, a esos pequeños de los que siempre El «saca perfecta alabanza». Todos los años los niños del «Domund», al postular fatigosamente, hacen al mismo tiempo, de una manera casi inconsciente, eso que hoy se llama «un sondeo de la opinión pública».

¿Qué piensa el hombre medio acerca del «Domund»? ¿Cómo responde a la gran llamada? ¿Qué opina de las Misiones católicas, de los misioneros, de los pueblos sin nuestra fe? He aquí algunas respuestas, recogidas por los pequeños postuladores.

Los que no saben nada

Los niños del «Domund» tropiezan constantemente con los «infieles» de España, con esos «herejes de buena fe» que al recibir la solicitud de una limosna para las Misiones dejan al descubierto, sin pudor, su ignorancia elemental del cristianismo, como puede verse en los siguientes ejemplos:

—Fuimos a X y había un señor. Le pedimos y nos dijo: «¿Eso que pedís, para quién es? ¿Es para vosotros» «No, es para el "Domund".» Y nos contestó: «Bueno, es lo mismo que yo hice cuando era pequeño.»

—Un señor estaba sentado en el parque. Le acercamos la hucha y nos dijo esto: «¿Para qué es?» Le dijimos que era para las Misiones. El dijo: «¡Qué Misiones. Esto se lo chupan los curas!»

—Había un señor parado en un escaparate, bien vestido. Le alargamos nuestra hucha diciendo: «Una limosnita para el "Domund".» Y el señor, sin volverse, dijo: «Lo siento, niño. Esto es para los curas».

—Me acerqué a un señor pidiéndole una limosna y me dijo que me dieran los curas, que para eso lo han inventado.

—Íbamos por la calle XX cuando oí una voz un poco fuerte: «A estas gentes las denunciaba yo».

—Al pedir a un hombre una limosna para el «Domund» me contestó que él no creía en eso, ya que el dinero era sólo para los curas; nosotros, como éramos pequeños, no lo entendíamos.

Cristo llamará mañana a vuestra puerta. Si en los niños, si en los postuladores del «Domund» no reconocéis al Cristo mendigo de todos los tiempos, no tenéis fe, ni esperanza, ni amor. Detrás de ese Cristo del «Domund», que llama a todas las puertas cristianas, hay 2.000 millones de hombres que esperan el pan, la verdad, la luz. Cristo llamará a vuestra puerta el día 22 de octubre, «Domund» del 1961.

Javier Mª Echenique


El Cuervo Blanco

Cuento

(Continuación)

La paz y la alegría fue turbada en palacio por aquel incidente. La desgracia amenazaba al rey y ante aquel temor se ofrecieron recompensas al que encontrara el brillante y premio también a aquel que hallara al ladrón. Isabela también había oído contar a la vieja Serafina la historia del brillante y temía a la vez que la tomaran por ladrona a ella. No había vuelto a ver al príncipe, sabía que la desgracia amenazaba al rey y esto le llenaba de tristeza. Regresaba silenciosa del bosque y temblorosa e inquieta se sentaba en un rincón de la choza con el semblante sombrío; desde allí observaba a la vieja Serafina y atenta prestaba oído a sus palabras. Aquella noche, al terminar de comer, dijo de pronto:

—En palacio dicen que el brillante del rey lo robó una mendiga que sorprendieron aquella noche en el jardín.

—¿Cómo pueden suponer tal cosa?—, preguntó angustiada Isabela.

—Cuentan que la llevaron a presencia del rey y ella aprovechando aquella circunstancia arrancó el brillante del collar, huyendo rápidamente.

—Eso es mentira—, repuso con energía Isabela.

—¿Tú como lo sabes, infeliz—, dijo la vieja.

—Esa mendiga era yo y yo no he robado ningún collar.

—¡Oh! Dios santo —exclamó la vieja Serafina—, qué horrible consecuencia puede tener esta imprudencia tuya. Si el rey sospecha de ti, a la vez lo hará de mí creyéndome tu cómplice. Debía de echarte de mi casa. Márchate de mi vista, maldita, si no quieres perderme.

Isabela al verla tan enfurecida y con aquel humor tan detestable se refugió en su alcoba y lloró amargamente.

A la mañana siguiente, al despertar, Isabela tenía las manos ardiendo y las sienes le latían con fuerza, apenas podía incorporarse en el lecho. Bruscamente la vieja Serafina entró en su aposento.

—¿Qué ocurre, madrina?—, preguntó asustada la joven.

—Levántate rápidamente, pues el rey te ha enviado a buscar. No he podido averiguar la causa, pues los criados guardan silencio, pero si escapas de la muerte será de milagro. Procura no mezclarme en este embrollo tuyo. Piensa que te he estado alimentando más de quince años—, dijo haciendo una mueca horrible.

Isabela, perpleja, se preguntaba si era posible que la confundieran a ella con una ladrona y como tal la juzgaran. Esperó un poco en la alcoba para ordenar sus ideas, pues tenía que defenderse. Al salir encontró dos lacayos que la aguardaban. La hicieron subir en una calesa. La joven, nerviosa, miraba a uno y a otro sin atreverse hablar. Cuando llegaron a palacio la ayudaron a bajar de la calesa, diciéndole que un criado la conduciría a presencia del rey.

Isabela cruzó un largo corredor, en cuyas paredes había dibujos de mil colores, así como adornos y objetos preciosos. Por fin llegó ante una gran puerta que se abrió dando acceso a un gran salón. En un ángulo había un sillón de alto respaldo que parecía un trono; en él estaba sentado el rey. Era exactamente el mismo hombre que vio ella la noche del baile.

—Acércate—, ordenó el rey.

La joven obedeció.

—Acércate más—, dijo con brusquedad el rey, a la vez que extendía su mano llena de sortijas. Después abriendo la mano mostró a Isabela la estrella que brillaba entre sus dedos.

—Esta estrella la perdiste en el jardín la noche del baile cuando intentabas penetrar por una de las ventanas con la intención tal vez de robar el brillante.

—¡Oh!, señor, yo no soy una ladrona—, repuso Isabela con energía.

—¿Quién te dio a ti esta estrella?

—El príncipe, señor—, contestó la joven.

—¿Por qué te dio mi hijo la estrella?

—Él príncipe me dijo que antes de entrar en palacio la pegara en mi frente y por una maravillosa virtud quedaría convertida en la más hermosa de las jóvenes de vuestro reino.

—¿Por qué desobedeciste? —repuso el rey haciendo temblar su voz con violencia—. Debía de ordenar que te dieran un severo castigo. Tu desobediencia es la desgracia de mi reino.

(Continuará)

Olga Bauzá de Lloréns

Noticias

Hacia un nuevo beato franciscano capuchino

Su Santidad el Papa Juan XXIII presidió la Sagrada Congregación de Ritos en que se aprobaron los milagros propuestos para la beatificación del siervo de Dios Inocencio de Berzio, franciscano capuchino italiano nacido en Bérgamo en 1844 y fallecido en la misma ciudad el año 1890. La aprobación de los milagros es ya un paso importante y decisivo para la beatificación y canonización de un santo.

Profesión temporal

El día 8 de septiembre del año en curso, en el Real Monasterio de Santo Espíritu del Monte, emitieron sus votos simples, en manos del P. Provincial Fr. Pacífico Sendra, los coristas Fr. Pedro-Miguel Escriche, Fr. Constantino Bajo, Fr. José Manuel Viso, y Fr. Temístodes de la Fuente, y los Hermanos de obediencia Fr. Carlos María Sapena y Fr. Ismael Andrés. Nuestra enhorabuena y que Dios les conceda la santa perseverancia.

Galardón literario

Francisco de Paula García Sabater, ilustre colaborador de esta Revista LA ACCION ANTONIANA, ha logrado, el día 12 del pasado mes, dos premios extraordinarios en los juegos florales celebrados en Meliana.

Felicitamos muy efusivamente al señor García Sabater y le deseamos, muchos aciertos y éxitos en su vida literaria.

Primera misa solemne

El P. José Andrés Mogino Rodrigo, religioso de la Seráfica Provincia de Valencia y Aragón, celebró su primera misa solemne en Muro de Alcoy el día 25 de julio de 1961. Ocupó la cátedra sagrada el P. José Antonio Arnau, entonces Ministro Provincial.

Le felicitamos muy cordialmente y le deseamos fecundo apostolado.

Solemnes cultos a san Francisco

Tenemos noticia de que todas las comunidades franciscanas y hermandades de la Venerable Orden Tercera de la Seráfica Provincia de Valencia y Aragón, durante este mes de octubre, dedican solemnes cultos al Seráfico Padre, como en años anteriores. En recompensa que San Francisco derrame sobre todos sus hijos su paternal bendición.

Toma de hábito

Tomaron hábito franciscano el día 7 de octubre de 1961, en Santo Espíritu del Monte, de manos del P. Provincial Fr. Pacífico Sendra los Hermanos legos Emilio García Martínez, Santiago Serrano Algar, Vicente María Nogués Farinós y José Tronchoni Martínez, y los Hermanos de coro Pablo Maicas Domínguez, Manuel Bernardino Marco Quílez, Ramón Pellicer Pellicer, José Muñoz Molió, José Antonio Jordá Tomás, Ernesto Llopis Nadal, Fernando Manuel Simó Peiró y Nicolás Villar del Saz Tolosa.

Les deseamos feliz año de noviciado.

Volksrust

Prefectura Apostólica en África meridional, encomendada a la Provincia franciscana de Inglaterra.

Los Oblatos de María Inmaculada, con motivo del centenario de la muerte de su fundador el
Obispo Marznod, organizaron una exposición misional en la ciudad de Durban. Los Padres franciscanos de Volksrust concurrieron a ella con gran éxito por una especie de televisión exhibida por el P. Pascual, ofm. Por espejo mostró sobre una grande pared, con éxito, la vida de San Francisco con cuadros de colores, la Orden Franciscana y su evolución hasta 18 parroquias de la Provincia de Inglaterra, mas algunas escenas de las misiones de Beilary (India) y Volksrust. Cada vez su presentación estuvo asistida por muchos niños y niñas.

El reverendísimo Prefecto Apostólico Cristóbal Uiyatt, ofm, el día 4 de junio bendijo la iglesia en el pueblo de Watersmeet, después de la grande instauración y adición de la torre. A la procesión, en la que oficiaban los «Boy Scout» africanos como guardia de honor, asistieron más de 700 personas, entre las cuales había también muchos no católicos. Con esta ocasión se acercaron 350 fieles a recibir la sagrada Comunión.

En el distrito de Enudo el mes de julio fueron bautizados 30 adultos. El P. Malcolm, ofm, habló a los africanos nacionales sobre «La Iglesia católica y la segregación racial». Y el P. Tadeo, ofm, dio una conferencia al clero anglicano durante dos horas con gran contento de los auditores, sobre «Las ideas contemporáneas».

Monumento a los Protomártires del Japón

No ha mucho que el Arzobispo de Nagasaki Mons. Yamagughi bendijo y colocó la primera piedra al gran monumento que va a ser erigido en dicha ciudad a los protomártires del Japón, franciscanos españoles y los demás casi todos terciarios franciscanos japoneses. Fueron martirizados el 5 de febrero de 1597 a las afueras de la ciudad, en una colina llamada ahora de los Mártires y que está actualmente en el centro de la misma. Canonizados estos siervos de Dios por Pío IV en 1862, van a cumplirse ahora los cien años de este hecho, que ha sido el motivo por el cual se va a levantar dicho monumento.

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Del monumento a los mártires en Nagasaki (De Gaudium Press)

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Este monumento tendrá de particular el ser de estilo ganediniano, ideado por el arquitecto católico japonés Ymai. Además de monumento tendrá la colina de los Mártires iglesia y museo con los recuerdos que se conservan de los protomártires.

Campana española en una pagoda japonesa

En Kyoto (Japón), lugar sagrado del budismo y lugar de muchas pagodas, hace 365 años existía un convento y hospital franciscano. Por lo cual no es de extrañar que ahora se haya encontrado, en una de aquellas pagodas, una campana fundida en España el año 1577, procedente del convento franciscano. Tiene un sonido hermoso y la utilizan los bonzos.

El «Poverello» en la radiodifusión francesa

La radiodifusión francesa ha estrenado la ópera «Il Poverello», alusiva a San Francisco de Asís. Personalidades del mundo musical acreditan haber sido lograda con esta producción de Henri Tomasi una obra de gran valor artístico.

Jerusalén

Se ha hecho entrega al Custodio de Tierra Santa P. Alfredo Polidori, O. F. M., de nacionalidad italiana, por parte del Gobierno de Italia, de la Encomienda «dell'Ordine al Mérito della República». Nuestra enhorabuena.

Conferenciante científico franciscano

Para combatir los estragos del espiritismo, tan arraigado entre las gentes sencillas del pueblo latinoamericano, las autoridades de la Iglesia católica confiaron al sicólogo P. B. Kloppenburg, franciscano, autor de diversos libros sobre los fenómenos espiritistas, la grave responsabilidad de dar, en viajes por el Brasil, conferencias científicas para instrucción sobre este problema. El P. Kloppenburg, con personajes de su auditorio y a veces de modo espectacular, demuestra que no es necesario tener trato con Dios ni con el diablo para producir ciertos efectos «mágicos», como la curación de enfermedades por los llamados «pases magnéticos», receptividad por sugestión, transmisión de pensamiento, etc. Los católicos —dice— han de ser creyentes, pero no crédulos.

P. Alejandro CalboR. P. Alejandro Calbo Alemany, O.F.M.
In memoriam

Falleció en nuestro convento de Cocentaina el 29 del pasado agosto, a los ochenta y siete años de edad, habiendo recibido los últimos auxilios espirituales.

Nació en Beniarrés (Alicante) el 11 de octubre de 1874. Llamado por Dios a servirle en la Orden de San Francisco, después de cursar Humanidades en el Colegio Seráfico de Benisa vistió hábito franciscano en Santo Espíritu del Monte el 8 de septiembre de 1890, emitió sus votos religiosos el 9 de septiembre de 1891 y se ordenó sacerdote el 9 de julio de 1899.

En su tiempo fue orador muy elocuente. Y a pesar de gozar poca salud, tras unos años de profesorado en nuestro Colegio de Onteniente, fue Superior de los conventos de Agres, Cullera y Chelva.

Autor de varios inventos.

Damos nuestro pésame a sus familiares, y al comunicar su fallecimiento a nuestros lectores, le encomendamos a sus oraciones.