Crónica del Convento San Bernardino de Sena, de Petra

XIV.- Vida y actividad de la comunidad de Petra

El empeño de la comunidad de religiosos franciscanos de Petra, como ya conocemos por los anteriores capítulos, era la de alcanzar día tras día una mayor perfección evangélica. Siguiendo la vivencia de su fundador, San Francisco de Asís, procuraban llegar a esta consecución encarnándola en sus personas bajo la tónica de la espiritualidad franciscana: Sencillez, humildad, pobreza, entrega a los demás con amor fraterno y alegre, conjugando a la par la contemplación de Dios a través de la lectura del libro de la creación, en el que observando todas sus criaturas se llega a descubrir las distintas perfecciones de su Creador. Caminos asequibles para todos por los que se puede alcanzar la unión con Dios y los hombres.
Donde quiera se encuentre un alma adornada con estas notas espirituales no puede menos que cautivar la atención de cuantos la rodean, a la vez que tampoco podrá quedar encerrada en sí misma guardando sólo para ella estos valores trascendentales.

Impulsados por el influjo de esta forma de vida, a la fuerza se tenían que exteriorizar cual otros juglares de Asís pregonando por los cuatro vientos las maravillas de su Señor. Y precisamente por esta doble operación, la de comunicar a los demás lo que se vive y a la vez ser imán por lo que se posee, es donde deducimos y describimos el espíritu y operación de aquellos frailes.

Más de una vez encontramos en este Convento a eclesiásticos de la comarca retirados por unos días para reponer y aumentar sus fuerzas espirituales desgastadas por la tarea pastoral de cada día. Aquí acudían en busca de paz y sosiego, enriqueciendo su interior por el ambiente tan propicio para pasar unos días de retiro. Así, por ejemplo, encontramos varias veces limosnas recibidas por la comida servida a los eclesiásticos hospedados en plan de ejercicios espirituales (84).

El anterior hecho es un detalle indicativo de la influencia atractiva de los frailes. En cuanto a su quehacer más allá de los muros del convento, la predicación era una de las primordiales actividades. Tanto el pueblo de Petra como los otros de la comarca oían frecuentemente la palabra de Dios por la voz vibrante de los predicadores del Convento de San Bernardino de Sena. De ello nos da testimonio los libros de sermones predicados por la comunidad llegados hasta nuestros días.

Otra de las peculiaridades características de la vida de los frailes franciscanos de Petra era la atención de los enfermos. Donde quiera que hubiera un cuerpo doliente, allí se encontraban fortaleciendo el espíritu y elevando los ánimos para enfrentar y soportar el sufrimiento con verdadero temple cristiano. El abnegado comportamiento con estas circunstancias llegó incluso en tiempo de peste al contagio de la misma y la entrega de servicio era tal que llegaron a granjearse la confianza del enfermo hasta tal punto que no sólo depositaban en sus manos la orientación de sus almas en los últimos momentos de sus vidas, sino que además, en sus testamentos, los nombraban albaceas de sus bienes materiales.

Son tantos los lugares en donde hemos encontrado esta constatación que pasamos por alto referirnos a sus citas.

Los religiosos eran fieles ejecutores de la voluntad testamentaria a ellos encomendadas, lo que les granjeaba la confianza puesta en ellos. Así tenemos el caso de 1684, en el que el P. Juan Borrás, siendo nombrado procurador de los hijos y bienes de Juan Bover, se enfrentó varias veces con los Jurados de la Villa, reclamando una deuda que ésta tenía pendiente con sus protegidos y que demoraban en saldarla (85).

Este hecho es digno de destacar, pues aunque el Convento recibía mucha ayuda por parte de los Jurados, no fue esto causa de blandas transigencias y se dejaran llevar por favoritismos en merma de un deber sagrado que tenían que cumplir.

Puestos a reseñar las distintas actividades de los frailes de Petra no podemos pasar por alto la gran labor realizada en el campo de la enseñanza en la escuela conventual. La implantación del Convento en Petra fue lo mismo que la declaración de guerra contra el analfabetismo tan dominante en aquella época. Al mismo tiempo fue campo propicio para hacer brotar abundantes vocaciones sacerdotales y religiosas. Son muchísimos los hijos de este pueblo encontrados en las listas de religiosos franciscanos. Otro tanto cabe decir de las otras órdenes religiosas, como del clero secular.

NOTAS

(84) Disposíscio del Convent de Sant Bernardi de la Vila de Petra, 1772-1790, fol. 23. Archivo Histórico de Mallorca.

(85) Llibre de Determinacions del Consell, 1666-1697. Archivo Municipal de Petra.

Fr. Salustiano Vicedo, ofm

Petra, Mallorca

De nuestras crónicas

Vida y obra de Fray Luis Fullana, ofm

Se reivindica la memoria del P. Fullana, entusiasta promotor de la lengua Valenciana. Profundo investigador de la Historia del Reino de Valencia. Miembro de la Real Academia Española. Prolífico escritor: 26 títulos en lengua valenciana, sobre temas de Filología valenciana; 32 en lengua Castellana, sobre temas de Historia del Reino de Valencia; 12 títulos de obras varias.

El P. Benjamín Agulló acaba de presentar un libro sobre el P. Fullana, para su próxima publicación. Aquí copiamos una recesión de ese libro aún inédito.

Hace unos días el P. Benjamín Agulló Pascual, Vicario Provincial, Cronista y Archivero de la Provincia Franciscana de Valencia, presentó en el Instituto de Estudios Alicantinos, de la Excelentísima Diputación Provincial de Alicante, su trabajo titulado «VIDA Y OBRA DEL ESCRITOR LUIS FULLANA MIRA».

P. Luis FullanaPara la preparación de este trabajo le fue otorgada una «Ayuda para la investigación literaria», por la Sección de Filología y Literatura del referido Instituto de Estudios Alicantinos, de acuerdo con las bases de la convocatoria del mes de mayo de 1973.

Se trata de un volumen de 281 páginas, dividido en dos partes, conforme al enunciado del título: «VIDA
Y OBRA DEL ESCRITOR LUIS FULLANA».

En la Primera Parte presenta el P. Agulló la BIOGRAFIA del P. Luis Fullana, detallada y cronológicamente seguida.

En su calidad de Archivero Provincial, y residiendo en la Curia Provincia de los Franciscanos de Valencia, ha podido consultar a fondo, aparte de su Archivo Provincial, los principales Archivos de la Ciudad de Valencia, así como los de otras Capitales y Pueblos que guardan fondos relacionados con el P. Fullana, como puede confirmarse en los 19 Archivos que se reseñan en la página 231 de la obra del P. Benjamín Agulló.

Así es cómo ha podido seguir el autor de esta Biografía, paso a paso, la Vida de su hermano en religión P. Luis Fullana, desde su nacimiento hasta sus últimos días, sin que queden más lagunas que las de toda investigación, por más exhaustiva que se quiera hacer.

Con gusto y corrección, tanto en el decir como en el hacer historia, ha sabido relacionar a su biografiado con las personas y con los lugares que formaron el entorno de su vida, de manera que la lectura de esta parte biográfica resulta una rica vivencia de la geografía alicantina y valenciana, principalmente, y una documentada información de la historia franciscana de la región valenciana.

En la semblanza religioso-moral que el P. Agulló hace del P. Fullana, traza los cauces para captar el espíritu de sencillez, laboriosidad, comprensión, ecuanimidad, equidad, tolerancia, amor a su tierra, a su lengua y a su historia, capacidad para el diálogo, etc., etc., de su biografiado, lo que fructificó en virtudes religiosas, en responsabilidades de gobierno, en una rica producción literaria y en el merecimiento de distinciones y honores que el autor detalla en la página 86.

Quince años profesor de Idiomas fue el P. Fullana en el Colegio de los Franciscanos de Onteniente, y diez años profesor de Lengua Valenciana en la Universidad Literaria de Valencia. Sus cualidades religioso-morales, el conocimiento de idiomas y su don de consejo le hicieron Capellán e intérprete del Cardenal Aguirre en el Congreso Eucarístico Internacional de Madrid, Confesor de S. M. la Reina Madre Doña María Cristina, acompañante del Príncipe de Saboya en un importante viaje a París. Además de otros cargos de gobierno, fue cuatro veces Ministro Provincial (máxima autoridad) de los Franciscanos de Valencia. Los documentados estudios de la Lengua Valenciana le llevaron a ser la máxima autoridad, en su tiempo, de dichos estudios, y a ostentar la representación de su lengua materna en Entidades culturales y Oficiales, como la Academia de la Lengua Catalana, de Barcelona, la Sociedad Lo Rat-Penat, de Valencia, y el Centro de Cultura Valenciana, también de Valencia, y en la Real Academia Española, entre otras.
Estos y otros detalles de la vida del ilustre filólogo valenciano se pueden leer, con gusto, en la primera parte de la obra del P. Benjamín Agulló.

En la Segunda Parte presenta la OBRA del P. Fullana, concretada en tres importantes capítulos: Como religioso gobernante; Como escritor valencianista, y Como filólogo valenciano.

Como religioso gobernante resalta el P. Agulló la figura del P. Fullana como «Padre» entregado al bien de sus religiosos, y dedicado a promover la vida y la disciplina religiosa, así como la ciencia y la cultura, y el progreso material de su Provincia Franciscana de Valencia.

Al estudiar al P. Fullana como escritor valencianista, ha hecho el P. Agulló una ímproba labor de búsqueda en Archivos y Bibliotecas, como se puede comprobar en las páginas 230-2 de su trabajo, para recopilar los 69 títulos que reseña en la página 172 y siguientes, agrupados en «Producción literaria sobre filología valenciana-», «Producción literaria sobre historia del Reino de Valencia» y «Obras varias»; con un florilegio sobre una faceta desconocida del P. Fullana, que el Autor anota entre interrogantes: «¿El P. Fullana, Poeta?».

Desde muy joven, el P. Fullana vivió la inquietud por el cultivo de su lengua materna, como puede leerse en la correspondencia mantenida con Mossé Alcover desde 1902, y de la que el P. Agulló ha tenido el buen sentido de reproducir interesantes y elocuentes párrafos, en su trabajo. Estudio y cultivo de la lengua valenciana, que tradujo en 26 títulos sobre filología valenciana, reseñados en la página 144 de la obra del P. Benjamín Agulló, y otros más, publicados en revistas y periódicos de su época; así como también en sabias enseñanzas en las cátedras desempeñadas y en las conferencias pronunciadas.

Hombre dado al estudio, por naturaleza, e investigador, por vocación, el P. Fullana encontró en los Archivos los más interesantes documentos sobre la historia de su amada tierra valenciana, que legó a las generaciones estudiosas en los 32 títulos sobre historia Reino de Valencia, que reseña el P. Agulló en la página 167 y siguientes, que merecieron los mejores elogios de los entendidos.

Al estudiar el P. Agulló al P. Fullana como filólogo valenciano no pretende hacer un estudio crítico de su obra filológica, sino manifestar, a través de sus escritos y de lo que sobre él se ha escrito, el amor que tuvo a su tierra y el esfuerzo que puso por promover su cultura y su lengua, sobre todo. Por los conocimientos que alcanzó de la lengua valenciana y por su carácter sencillo y comprensivo, fue el hombre respetado y consultado por todos, afirmándose que fuera el mejor gramático que hubiera existido, en su época; y supo salvar el gran escollo de la ortografía valenciana, señalando los cauces para la unificación y siendo el primer signatario del «Aplec de Castelló», de 1932. Conocedor de las lenguas clásicas, el P. Fullana sentará los fundamentos del valenciano en el latín, como lengua madre, sin que le importe mucho el nombre que se le quiera dar, pero sin renunciar a llamar valenciano a la lengua de los valencianos.

Completa la obra del P. Agulló una interesante documentación gráfica, con más de treinta fotografías —la mayoría de ellas hechas por el mismo autor—, que presentan progresivamente diversos momentos de la vida de su biografiado. Asimismo ilustran la obra unos interesantes apéndices, entre los que merece destacarse el «Prólogo del P. Luis Fullana a la 'Contemplado de Misa de Sant Vicent Ferrer' », autógrafo inédito.

Según las Bases de la Convocatoria del Instituto de Estudios Alicantinos, aunque la propiedad de la obra premiada es de su autor, dicho Instituto se reserva el derecho de hacer la primera edición de esta obra durante el año 1975.

Esperamos tener la satisfacción de que llegue pronto a la imprenta esta obra del P. Agulló para honra del ilustre valencianista P. Luis Fullana y del Instituto de Estudios Alicantinos, que tuvo la feliz idea de promocionar tan destacada figura de nuestra Región.

Sean nuestras últimas palabras de felicitación al P. Benjamín Agulló, por su aportación al enaltecimiento de las figuras de la noble tierra alicantina.

Curioso libro-experimento para los niños

BUENOS AIRES. (De nuestro corresponsal C. Duelo Cavero.) — Se comenta en círculos editoriales argentinos la experiencia, por demás interesante, que se está realizando en Italia con el libro de Alberto Perrini «Analasunga». Un libro al que por lo visto no hay manera de clasificar o encasillar debidamente, por lo menos dentro de los esquemas tradicionales.

La información señala que no se trata de un libro de vanguardia en el sentido corriente de la palabra. Tampoco es un relato tradicional y, mucho menos, una obra de género nuevo. Por eso seguramente los críticos han coincidido en denominarlo «libro-experimento».

El autor de «Analasunga» es un periodista y crítico teatral, que ha conseguido sumergirse en el mágico mundo de la infancia, pensando y escribiendo exactamente como lo hubiese hecho un niño cuya edad oscilase entre los 6 y los 12 años.

Pero aparentemente no es sólo ésta la novedad que ofrece esta singular novela, la cual ha demandado de su autor un trabajo casi ininterrumpido de casi una década. Su génesis ha sido por otra parte sumamente compleja.

Vale la pena referirla. Hace años, Perrini se halló implicado, de pronto, en un juego. Se había pedido a un grupo de niños en un establecimiento docente que crearan y describieran las aventuras imaginarias de personajes inventados por ellos mismos. Poco a poco, el juego se transformó en un estudio del mundo de la infancia. Otros niños, siempre entre las edades indicadas, fueron invitados a leer y, eventualmente, a ampliar el mismo argumento.

Con el andar del tiempo fue acumulándose de esta forma un material tan rico como voluminoso. En cierto momento el autor intervino directamente en el juego.

Mes tras mes, año tras año, fue elaborando aquella «materia prima», creando la historia de dos personajes: Gim y Analasunga, narrada al modo de los niños.

Esta condición estricta, rigurosa, implicada desde luego no un relato «para niños», sino un relato de niños. Todo aparecía visto, pensado y relatado como podía hacerlo un niño, con su mundo todavía en formación y en un terreno personalísimo donde domina, soberana, Su Majestad La Fantasía.

Lo que más intriga y en cierto modo desconcierta al lector —dicen quienes han tenido ya la fortuna de paladear esta experiencia lúdico-literaria— es el lenguaje, prácticamente intraducible dado que todas las asociaciones mentales y los errores que puede hacer un niño cuando afronta el mundo de los mayores, se traducen en la misma cantidad de manifestaciones verbales o expresiones.

De página en página, tal lenguaje se transforma, como sucede habitualmente con el lenguaje de un niño, que puede de un día para otro modificar la palabra aprendida ayer o dotarla de un significado diferente.
En este libro todos los errores encierran un sentido y tienen un lugar fijo. Es apasionante como estudio del mundo infantil en la actual cultura audio-visual. Todo ese mundo inagotable, de símbolos y significados, que: ofrecen los medios de comunicación de masas, se ve reflejado en la narración infantil.
Hay que añadir que una vez concluida su obra, el autor se vio precisado a hacer largas antesalas para presentarla a numerosas editoriales, sin suerte. Los editores y asesores literarios del género, se espantaban por lo osado de aquella concepción. Finalmente, los originales llegaron a manos del eminente realizador de cine Federico Fellini, quien literalmente encantado con lo que había leído, recomendó la obra a una editorial que inmediatamente resolvió publicarla.

El éxito —se informa— ha superado las más ambiciosas expectativas. El libro contiene asimismo una serie de dibujos interpretativos de los distintos personajes, tal como los imaginó el mismo Fellini.

Ahora uno no puede menos de preguntarse: ¿Estará la literatura infantil en vísperas de un cambio total?

Crónica del VII centenario de San Buenaventura

El eximio franciscano S. Buenaventura de Bagnorea, ciudad de Italia, nace en 1221 y muere en Lyón el 15 de julio de 1274, Con motivo de cumplirse su séptimo centenario, los franciscanos han conmemorado con jornadas de estudio en sendos Congresos nacionales, la santa memoria —en su persona y en sus escritos— del hermano doctor y santo. La sede del Congreso en Italia, fue Roma; en Francia, París y en España ha sido Valencia la que ha acogido al centenar de congresistas que ostentaban la representación de las cuatro instituciones de la familia franciscana: Menores, Capuchinos, Conventuales, Terciarios Capuchinos y la presencia de algunos miembros de institutos franciscanos femeninos y terciarios seculares.

La organización del Congreso la llevó el Comité permanente, de las cuatro ramas franciscanas que por acuerdo van turnándose en la presidencia y que convoca cada dos años a sus miembros de España y Portugal. Esta asamblea bonaventuriana cumplía el quinto Congreso hispano-portugués y le correspondía la presidencia a la rama de los Terciarios Capuchinos. La solicitud de la Presidencia y del Comité quedó patente a lo largo de los cuatro días dedicados al Congreso, que me dispongo a reseñar a través de una rápida y seleccionada crónica informativa de los hechos que fueron la pauta de su desarrollo.

Las fechas elegidas fueron las postrimerías del año 1974, del 27 al 30 de diciembre. Es obligado que estos Congresos se proyecten en días no legibles (de vacación escolar) porque primordialmente se invita a profesores, licenciados o doctores, para que lean sus estudios.

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Don José Gea, Obispo Auxiliar de Valencia, juntamente con el Arzobispo de Tánger, Fray Carlos Amigo y el P. Lázaro Iriarte, de Aspurz, definidor general de los Capuchinos, presidió la concelebración que el Congreso tuvo como apertura del mismo en la Santa Iglesia Catedral. Fueron asistidos por el Superior de los Franciscanos en Valencia, Fr. Carlos Sáez.

El número de ponencias llegó a 13 y las comunicaciones a 9. El horario ando apretado de espacio y sólo así se realizó la densa programación. Después de cada ponencia que por término medio consumía 45 minutos, se abría el diálogo, con visos de debate alguna vez, que conseguía esa interesante misión comunicativa, esclarecedora casi siempre del pensamiento y aproximadora para la fraternización, que dicho sea de paso, fue en todo momento brillante y satisfactoria.

Ya se ha dicho que el número de los congresistas se aproximaba al centenar, pero me cumple destacar que ha sido la primera vez que a estos Congresos, de lectores y educadores, han asistido media docena de religiosas y señoras y señores de la Tercera Orden secular, que si no hicieron oír su voz, esperemos que en la próxima concentración se muden las circunstancias para que ellos participen en activo.
Los ponentes fueron especialistas de la materia y sin pretender deslucir la tarea de los que no nombre, por la escasez de espacio, valga para comprobación de mi aserción, unos de entre ellos: Mons. Carlos Amigo. Arzobispo de Tánger; R. P. Joaquín Sanchis, ex definidor General y ex provincial; R. P. Enrique Rivera de Ventosa y R. P. Alejandro Villalmonte, ambos catedráticos de la Pontificia Universidad de Salamanca; R. P. Tomás Larrañaga, provincial de Cantabria y R. P. Diosdado Merino, provincial de la Bética.

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Una vista parcial de los concelebrantes y fieles durante la homilía que pronunció Mons, Gea.

Se puede dar por sede del Congreso el Santuario de Nuestra Señora de Montiel, en la población de Benaguacil, que dista 25 kilómetros de la capital, regido por terciarias capuchinas. Pero el programa del primer día se desplegó en Valencia capital. El acto inicial de la concelebración se tuvo en el altar mayor de la catedral, presidido por el Obispo Dr. Gea Escolano, que representaba al Excmo. Sr. Arzobispo y como copresidente actuaba el Arzobispo de Tánger, franciscano. La primera ponencia se dio en el palacio de la Generalidad, en el suntuoso salón de cortes, y el vicepresidente de la entidad, señor Docavo, catedrático, dio la bienvenida a los congresistas. La tarea vespertina se reanudó en el tradicional y valencianismo Colegio del Corpus Christi, singular institución eucarística y centro de irradiación espiritual. El segundo día, el Congreso se mantuvo a gran altura científica en el salón de reuniones del Santuario de Montiel. El domingo día 29, la jornada transcurrió en la bella y franciscana ciudad de Torrente. Los congresistas fueron huéspedes de la Caja de Ahorros de la localidad que les brindó la espléndida confortabilidad de su salón de actos y el sincero afecto franciscano de sus directivos, que leyeron varias ponencias. El ágape fue servido en los atrayentes parajes del Vedat y por la tarde los congresistas giraron visita a la residencia-facultad teológica de los dominicos, en cuyo salón de actos se prosiguió la línea académica. Aún quedó útil un espacio de tiempo para visitar el complejo apostólico de los PP. Terciarios de Monte Sión.

La temática del Congreso giró alrededor de la obra del santo franciscano a través de sus numerosos escritos. Los estudios teológicos, filosóficos, espirituales e históricos de los ponentes nos enriquecieron con la sabrosa doctrina del seráfico doctor y nos acercaron al prolífico franciscano que logró ser eje moral de la sociedad y salvaguardia de los valores espirituales y cristianos del momento en que vivió. Para señalar, siquiera levemente, su importante actuación y que fueron glosando de diferentes ángulos los estudios del Congreso, establezco esta síntesis: 1) S. Buenaventura, prestigio de la ciencia de su tiempo; 2) Organizador de la orden franciscana, desde su posición de General; 3) Brazo derecho de los pontífices y de la Iglesia.

1) S. Buenaventura comenzó sus estudios a los 13 años en París, el año 1234. Y sin perder el ritmo de los estatutos que regían para el desarrollo de los estudiantes, obtuvo el título de licenciatura en Artes. Ingresa entonces en la orden. Y sigue estudiando los cursos teológicos en los que tuvo como maestros a los franciscanos Alejandro de Halés y a Odón Rigaldo, hasta 1248. Seguidamente pasa a enseñar los cinco años establecidos para conseguir la licenciatura en 1253 y al parecer ese mismo año se le concede el grado de doctor. Porque a partir de entonces realiza su competente labor de doctor con sus famosas «Cuestiones disputadas», sobre el misterio de la Trinidad; sobre la ciencia de Cristo; sobre la perfección evangélica. Durante estos años de profesor magistral (1253-57) intervino en la contienda teológico ascética que promovieron algunos autores en París (Gerardo de Borgo) y luego en los años de 1269-70 volvió a intervenir (también lo hicieron Santo Tomás y otros) con su «Apología de los pobres», para defender la identidad de las órdenes mendicantes. En todas las cuestiones vitales promovidas en el centro más frecuentado de la intelectualidad de entonces —París— San Buenaventura estuvo siempre rogado a que empleara su eminente ciencia en la defensa de la fe católica.

2) En lo tocante a la Orden se debe a él la puesta a punto del carácter institucional de que carecía, con las aportaciones jurídicas y de organización. Con la vivencia evangélica de S. Francisco había sinceros seguidores, pero también indisciplinados que perturbaban la buena marcha de la Orden. En el capítulo General de Narbona (23 de mayo de 1260), célebre por las Constituciones que venían a atajar todas las desviaciones —se las conoce con el nombre de «narbonenses»—, dio un gran estímulo al franciscanismo. Y baste añadir que también son obra personal de S. Buenaventura las dos «Leyendas» de la vida del Santo Fundador y que se adoptaron por los religiosos en el Capítulo General de Pisa de 1263. S. Buenaventura realizó la labor de un hábil gobernante con la que demostraba su profunda estima hacia S. Francisco y siguió orientando profundamente a los frailes en los 18 años de General de la Orden.

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El P. Tomás Roca, Presidente del Congreso pronunció unas palabras de bienvenida a los congresistas en el Salón de Cortes de la Diputación Provincial de Valencia.

3) Los soberanos pontífices, contemporáneos del santo, le tuvieron en gran aprecio. Alejandro IV le propuso para General de la Orden, «porque no conocía a otro mejor en toda la Orden». Clemente TV, le nombró Arzobispo de York en 1265, que con convincentes súplicas pudo lograr que el Papa declinara en otro. Gregorio X, le promovió a Cardenal de Albano en mayo de 1273 y le elige para preparar consigo el II Concilio de Lyón, que comienza en 7 de mayo de 1274. Tuvo tiempo para llevar a cabo una estupenda defensa de las órdenes mendicantes que se las combatía duramente. Muere en el transcurso del Concilio. Finalmente Sixto IV, le canoniza el 14 de abril de 1482.

El día 30 con la concelebración general de los congresistas y la comida de fraternidad se clausuraba el Congreso que los franciscanos de España, alineados en un solo frente, han dedicado al eximio y Seráfico Doctor S. Buenaventura.