Nuevo monumento al P. Luis Amigó en Valencia
El domingo ocho de marzo, a la una de la tarde, y en la plaza Obispo Amigó de Valencia, ha tenido lugar la Inauguración del nuevo grupo escultórico al Siervo de Dios, como muestra la adjunta información gráfica.
Ya en 1954, siendo alcalde de Valencia don Baltasar Rull, fue dedicada la actual plaza al Obispo Amigó, y en 1974, durante la alcaldía de don Ramón Izquierdo, se elevó en el centro de la misma un sencillo monumento al mismo sufragado por don Juan Boada, sobrino del Siervo de Dios, y obra del artista señor Perecejo. En años posteriores la plaza fue dotada de una graciosa fuente iluminada.
El monumento, bello en sí, resultaba escasamente significativo dentro de una plaza de tan amplias dimensiones. Por lo cual el P. José Oltra Vidal, apenas elegido superior general de la congregación de Religiosos Terciarios Capuchinos, sugirió la oportunidad de sustituirlo por un grupo escultórico más acorde con la amplitud del espacio. Diversos miembros de la familia amigoniana, entre ellos don Manuel Calap, presidente de la falla Obispo Amigó, y don Luis Bernat, párroco de Santa Cecilia, y coordinados por el P. Vicepostulador, pidieron los permisos pertinentes, buscaron el artista y encargaron el grupo escultórico.
Por su parte el excelentísimo Ayuntamiento de Valencia a su debido tiempo realizó el pedestal, consistente en un bloque de piedra de cinco toneladas de peso y que en su parte anterior, presidido por el escudo de la ciudad, lleva grabada la siguiente Inscripción: VALENCIA / AL INSIGNE PEDAGOGO / LVIS AMIGÓ / 1854-1934 / 1986.
El grupo escultórico se compone de la figura del Siervo de Dios, de tamaño más que natural, y en actitud paternal de rescatar y acoger al hombre caído, con especial referencia al ¡oven extraviado, representado en un rapazuelo en actitud de levantarse apoyándose en la mano del Siervo de Dios, mientras éste parece tirar de su mismo espíritu hacia arriba. El grupo es obra de los artistas valencianos hermanos Castelló y constituye un delicioso bronce de unos 250 kilos de peso.

La realización del nuevo monumento ha sido posible merced al apoyo moral y económico de la curia general de los Religiosos Terciarios Capuchinos; de la curia provincial de la provincia de la Inmaculada y de las casas de la misma: Godella, Burjasot y Torrente (Valencia), Lújua y Portugalete (Vizcaya), Burgos y tres centros de Alemania; de las dos curias provinciales y casas de las Hermanas Terciarias Capuchinas de ambas provincias de España; así como también de los numerosísimos devotos del Siervo de Dios, a todos los cuales desde estas líneas deseo hacer presente mi agradecimiento por su valiosa colaboración.
El día ocho, pues, del marzo pasado, a la una de la tarde, en presencia del señor Arzobispo de Valencia, de tres concejales del excelentísimo Ayuntamiento de la ciudad, del P. General de los Religiosos Terciarios Capuchinos y de una infinidad de hijas e hijos espirituales, familiares y devotos de Luis Amigó, y de la práctica totalidad de los falleros y falleras de la falla ubicada en la plaza a él dedicada, se procedió a la inauguración del nuevo monumento.
Primeramente las señoritas Ascensión Alonso y María José Martínez, falleras mayor e infantil del presente año, descubrieron el grupo escultórico. A continuación la hermana Ana María Vallejo y María Pilar Latorre, provincial y vicaria de la provincia religiosa de la Sagrada Familia, tuvieron la ofrenda floral, y el señor arzobispo de Valencia, monseñor Miguel Roca Cabanellas, bendijo el grupo escultórico. Seguidamente, en representación de toda la familia amigoniana, el reverendísimo padre José Oltra tomó la palabra y glosó la figura de Luis Amigó en su dimensión espiritual y social; y en representación de| excelentísimo Ayuntamiento de la ciudad su concejal de Cultura, señor Vicente Garcés, en su lengua valenciana puso de relieve la dimensión cultural del acto para Valencia y mostró su gratitud a los promotores de la idea.
A continuación D. Pere Delmonte Hurtado recitó un bello poema al homenajeado, asimismo en lengua valenciana, a cuyo verso final siguió un caluroso aplauso y una sonada mascletá que corrió a cargo del acreditado pirotécnico godellense Vicente Caballer. La prendieron fuego don Miguel Calap y la señorita Ascensión Alonso, presidente y fallera mayor al efecto. Un vino de honor en el casal fallero sirvió de colofón a los actos festivos.
Finalmente deseo dejar constancia de mi especial gratitud al excelentísimo Ayuntamiento de Valencia, al señor Arzobispo, a la falla Obispo Amigó-Cuenca y a toda la familia amigoniana asistente al acto inaugural, con especial mención a don Miguel Calap, presidente de la falla y a don Luis Bernat, quienes en todo momento han colaborado amplia y desinteresadamente para que la ciudad de Valencia tuviese erigido un digno monumento a uno de sus hijos más ilustres, el insigne pedagogo valenciano y apóstol de la juventud extraviada, Fray Luis Amigó y Ferrer.
P. Agripino González, T. C.,
Vicepostulador
«Madre del Redentor», nueva encíclica de Juan Pablo II
En un mundo que parece valorar únicamente 10 material y lo transitorio, es necesaria una gran dosis de valor para dedicar una encíclica a la devoción de María y para plantearla con toda su profundidad religiosa, sin concesiones hacia las corrientes de la moda. Pero no es precisamente valor lo que falta a Juan Pablo II. Y este Papa, que no teme afrontar —e incluso hacerlo contra corriente— los problemas más apremiantes de la actualidad, ha querido en este texto enlazar con las más subterráneas y verdaderas corrientes de la piedad popular. Bastaría pensar que sólo en España se contabilizan en este momento más de cuatro mil santuarios dedicados a María y existen 23.000 advocaciones con su nombre. A ella se dedica más de la mitad de las fiestas patronales y, en un tiempo desacralizado, siguen siendo ríos humanos las procesiones en que figuran sus imágenes. Juan Pablo II ha querido trazar la teología de fondo a toda esa devoción mariana. Y lo hace con un lenguaje bíblico y ecuménico, pero también con toda la emoción mariana que caracteriza su figura de Papa.
El Papa Juan Pablo II firma la sexta encíclica de su pontificado, la «Redemptoris Mater» («Madre del Redentor»), de 111 páginas, que se hizo pública. «Desde hace tiempo —dijo el Papa— he pensado en ella, la he cultivado en mi corazón. Ahora doy gracias al Señor por haberme concedido ofrecer este servicio a los hijos e hijas de la Iglesia.» El cardenal Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, presentó el documento a los periodistas. «La encíclica —señaló el cardenal— se propone suscitar una sana piedad mariana y orientar el año dedicado a la Virgen, pórtico a las celebraciones del tercer milenio del cristianismo.»
La encíclica «Redemptoris Mater» profundiza la realidad de María en el misterio de Cristo y en la vida de la Iglesia peregrina, de acuerdo sobre todo con el capítulo VIII de la Constitución conciliar Lumen gentium y de la Exhortación Apostólica «Marialis cultus» de Pablo VI. Sobresalen algunas características de fondo: la amplitud de los comentarios bíblicos, la impostación trinitaria, cristolólica y pneumatológica, la preponderancia de la fe de la Virgen; todo ello proyectado hacia el momento eclesial presente, con una referencia particular a la dimensión ecuménica.
Después de las encíclicas dedicadas respectivamente a Cristo Redentor (Redemptor hominis, 1979), al Padre de las misericordias (Dives in misericordia, 1980) y al Espíritu Santo, Señor y dador de vida (Dominum et vivificantem, 1986), las cuales forman una especie de «trilogía trinitaria», el Santo Padre ha querido dedicar una encíclica a María de Nazaret, la criatura que, por su relación singular con la Trinidad, la Tradición cristiana saluda como hija predilecta del Padre, madre inmaculada del Verbo encarnado y templo santo del Espíritu divino.
Dos son, especialmente, las fuentes a las que el Santo Padre acude y se refiere constantemente: ante todo la Sagrada Escritura, y luego los documentos del Concilio Vaticano II, en particular las Constituciones sobre la Iglesia Lumen gentium, sobre la divina revelación Dei Verbum y sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo Gaudium et spes. Por lo cual la encíclica viene a ser una reflexión asidua sobre la Palabra de Dios y un comentario puntual de los textos conciliares, concretamente del capítulo VIII de la Lumen gentium, que trata de «La Santísima Virgen María, Madre de Dios, en el misterio de Cristo y de la Iglesia». La atención a la Biblia y al Vaticano II está acompañada por una referencia constante a la Tradición —patrística y litúrgica— tanto de Oriente como de Occidente.
En la Introducción el Santo Padre señala el motivo que lo ha movido a proclamar un Año Mariano y a dedicar una encíclica a la Santísima Virgen: es «la perspectiva del año dos mil, ya cercano, en el que el Jubileo bimilenario del nacimiento de Jesucristo orienta, al mismo tiempo, nuestra mirada hacia su Madre» (n. 3). Y explica como, en la realización del designio salvífico de Dios, el nacimiento de María de Nazaret ha precedido al de Cristo; e igual que cada año el tiempo litúrgico de Adviento precede al de Navidad, es también oportuno que un jubileo mariano preceda y prepare e| gran jubileo cristo-lógico del año dos mil.
En la primera parte —«María en el misterio de Cristo»—, se analizan tres expresiones bíblicas:
- — el apelativo «llena de gracia» (Lc 1,28) con el cual el ángel Gabriel saludó a María de Nazaret. La encíclica lo interpreta y profundiza a la luz de un célebre versículo de la Carta a los Efesios: «Bendito sea Dios Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en ¡los cielos, en Cristo» (1-3);
- — la alabanza dirigida por Isabel a María: «Feliz la que ha creído» (Lc 1,45). La encíclica vuelve más de una vez sobre esta alabanza, mostrando su amplio alcance e insistiendo en el hecho de que la vida de la Madre de Jesús fue, toda ella, un «camino» o «peregrinación» de la fe y en Ja fe;
- — las palabras dirigidas por Jesús agonizante al discípulo amador: «Ahí tienes a tu ¡madre» (Jn 19,27), que constituyen un «testamento» de altísimo valor eclesial.
En la segunda parte —«La Madre de Dios en el centro de la Iglesia peregrina»—, la encíclica ¡muestra como María es para «el Pueblo de Dios radicado en todas las naciones de la tierra» modelo y guía de su peregrinación entre «las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios» (n. 25). La metáfora del camino, de gran resonancia bíblica, se revela particularmente fecunda para ilustrar la presencia de María en la vida de la Iglesia: la Madre del Señor precede y sostiene, guía y conforta el itinerario del Pueblo de Dios.
En esta segunda parte, una sección entera trata de ¡la problemática, tan viva en nuestro tiempo, del «camino de la iglesia y Ja unidad de todos los cristianos» (nn. 29-34), donde se recuerda también la convicción de los hermanos separados de Occidente de que la figura de María forma parte de nuestra fe en Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, y se reserva un amplio espacio a los espléndidos testimonios marianos de las Iglesias de Oriente y a la conmemoración tanto del XII centenario del II Concilio Ecuménico de Nicea (a. 767), como del X centenario de la «conversión al cristianismo» de los pueblos de la antigua Rusia —Ucrania, Bielorusia, Rusia— (n. 33). Otra sección está dedicada a considerar, a la luz del Magníficat, canto cotidiano de la Iglesia, algunos problemas de nuestro tiempo, como el amor preferencia) por los pobres.
En la tercera -parte —«Mediación materna»—, en la 'línea del capítulo VIII de la Lumen gentium, la encíclica trata de la «mediación materna» de María, recalcando la doctrina del Vaticano II. Esta mediación, subordinada a la única mediación de Cristo, único Señor, Salvador y Mediador, consiste esencialmente en la intercesión y en la función materna que la Virgen, según el designio de Dios, desarrolla en el ámbito eclesial.
En la Conclusión, el Santo Padre, después de haber recalcado el significado del Año Mariano, dirige una invitación a releer con interés los textos del Vaticano H, a proyectarse hacia nuevas metas de fe y de civilización, y finaliza con un comentario de la antífona Alma Redemptoris Mater.
TV privada: Miedo en el gobierno a la libertad de emisión
El Gobierno aprobó el proyecto de ley sobre la televisión privada, en el que se fija en tres el número de concesiones. Ninguna persona, física o jurídica, podrá ser titular de más de un 25 por 100 del capital, que se limita al 15 por 100 para aquellas que ostenten igual porcentaje en otras empresas de información.
El Consejo de Ministros ha optado por la concesión de tres canales, sin prejuzgar su ampliación futura, aunque algunos ministros eran partidarios de limitar este número a dos. Las concesiones se otorgarán por un plazo de diez años, renovables por iguales períodos de tiempo, para cuya adjudicación se convocará el correspondiente concurso público, previa aprobación por el Gobierno del Plan Técnico Nacional de la Televisión Privada, cuya elaboración corresponde al Instituto Nacional de la TV Privada, organismo autónomo que se constituirá bajo la presidencia del ministro de Transportes, Turismo y Comunicaciones.
Las principales características del proyecto de ley son las siguientes:
• Modelo de TV privada:
- El modelo definido es «de cobertura mixta».
- El objeto de las concesiones es la emisión de programas de cobertura nacional, así como prever la emisión de programas limitados a las zonas territoriales que establezca el Plan Técnico Nacional.
• Exigencias a las sociedades concesionarias:
— Ninguna persona física o jurídica podrá ser titular de más del 25 por 100 del capital de una sociedad concesionaria, o de más del 15 por 100 cuando simultáneamente sea titular del 15 por 100 del capital o patrimonio de un diario de información general o un semanario de difusión nacional, de una concesión de radiodifusión o de una agencia de noticias.
— Ninguna persona, física o jurídica, podrá ser accionista al mismo tiempo de más de una sociedad concesionaria.
— En el momento de su constitución deberán tener un capital mínimo de mil millones de pesetas, totalmente suscrito y desembolsado, al menos en un 50 por 100, que se completará al 100 por 100 en el momento de la concesión.
— Estarán domiciliadas en España, constituidas como sociedades anónimas, y las acciones serán nominativas.
— Tendrán como único y exclusivo objeto la gestión indirecta del servicio público de televisión.
— Deberán hallarse económicamente saneadas, ser financieramente capaces, y no tener pendientes deudas tributarias o con la Seguridad Social.
— La totalidad del capital extranjero en una sociedad concesionaria no podrá superar el 25 por 100 de la totalidad del capital de dicha sociedad.
— Se someterán anualmente a auditorías externas.
— Las concesiones serán intransferibles.
• Requisitos de la programación:
— Emisión de programas televisivos durante un mínimo de cuatro horas diarias y treinta y dos semanales, entre la programación de cobertura nacional y la del alcance territorial limitado.
— El 40 por 100 de la programación emitida deberá ser de producción nacional, que se exigirá de forma escalonada, pudiendo ser del 20 por 100 en los dos primeros años, para alcanzar el 40 por 100 al cumplirse los cuatro años.
— El 10 por 100 de la programación emitida habrá de ser de producción propia del titular de la concesión.
— El 50 por ciento de las películas comerciales emitidas deberán ser de producción originaria de países miembros de las Comunidades Europeas.
— La publicidad emitida no podrá ser superior al 10 por ciento del total de horas de programación semanal, ni suponer en ningún caso más de diez minutos ni exceder las cuatro interrupciones en cada hora de programación.
• Plan Técnico Nacional:
— Delimitará las zonas previstas pa o la programación territorial, los sistemas de transporte y difusión de señales previstos para el funcionamiento de las sociedades concesionarias y, en general, aquellas especificaciones técnicas precisas para garantizar dicho procedimiento.
• Régimen de sanciones:
— Las sanciones serán pecuniarias o de suspensión total de las concesiones, llegándose en último término a su cancelación.
TV: Un mal proyecto
Creemos que el Gobierno ha hecho, en el terreno de los conceptos, un mal proyecto de televisión privada. Se parte de la base de que toda televisión, en España, es un servicio público cuya titularidad corresponde al Estado y cuya gestión indirecta puede atribuir a empresas privadas en régimen de graciosa concesión. Hay que preguntarse de inmediato si ese concepto previo, que informa todo el proyecto de ley, resulta compatible con la Constitución.
Lo recordamos ayer y lo repetimos hoy: el artículo 20 del texto constitucional protege los derechos ciudadanos «a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión». Si la televisión es un servicio público, ¿por qué no lo es también la Prensa escrita? Tenemos la impresión de que el socialismo gobernante duda y se divide en medio de lacerantes dolores de conciencia. ¿Libertad de los ciudadanos para informarse a si mismos? ¿Preeminencia del Estado por encima de todo?
Parece como si algún astuto doctrinario hubiera vuelto a imponer las virtudes del medio camino: servicio público sí, pero concesión a sociedades privadas; titularidad del Estado siempre, pero con alguna indulgencia a la iniciativa empresarial. El resultado de este pequeño maquiavelismo teórico amenaza con depararnos un extraño pastel. Por eso carece de sentido estudiar el proyecto mientras no se despeje con un mínimo de valor político este galimatías. En el marco jurídico de la Comunidad Europea, España no puede ser, tampoco en esto, diferente.
Perú: Misión franciscana del P. Joaquín Ferrer
El P. Director de Hermano Francisco hace entrega al P. Ferrer, en presencia del exmisionero del Perú P. Severino Esteban, del cheque bancario por el importe de 70.400 pesetas
El P. Ferrer ha viajado a España. Su objetivo, ultimar importantes gestiones acerca de organizaciones oficiales de la Iglesia, que trabajan en pro de las misiones. El P. Ferrer tenía ofertas y ayudas significadas para su Misión de Satipo-Mazamari en la selva peruana. Sus proyectos de talleres y Escuelas de promoción humana requerían su presencia en España, y, ni corto ni perezoso, lo tuvimos entre nosotros. Además, ha tenido la ocasión en este viaje de convivir con sus familiares, disfrutar de un tiempo de descanso y tomar contacto, después de siete años de ausencia, con todas las Casas de la Provincia franciscana de Valencia y con cada uno de sus hermanos, los franciscanos, que sin excepción hemos quedado gratamente sorprendidos y edificados por su talante alegre y jovial e ilusionado con profunda fe en su trabajo en la Selva.
A todos nuestros lectores y especialmente a todas las personas que a través de Hermano Francisco han ayudado al P. Ferrer prometemos un amplio reportaje que hemos recabado del propio P. Ferrer, con motivo de su estancia entre nosotros.
En nombre de cada uno da vosotros hicimos entrega al P. Ferrer de un cheque por un importe de 70.400 pesetas correspondiente al total de vuestros donativos hasta el día de hoy.
Confiamos que sigáis ofreciendo vuestra ayuda económica a la Misión del P. Ferrer. Seguiremos dando información de todos vuestros donativos.

Entre las ayudas recibidas cabe señalar 10.000 ptas de una suscriptora de la revista; otras 10.000 ptas de otra suscriptora; otras 10.000 ptas de Elia Navarro de Alcudia de Crespíns y 25.000 ptas de las Hermanas Clarisas de Teruel, que junto con otras ayudas menores suman las 70.400 ptas entregadas al P. Joaquín Ferrer.
Nota biográfica del P. Joaquín Ferrer (1936-2010): http://www.vicrequena.org/60mis/06ferrer/01biografia.php
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