a

El Convento de Nuestra Señora de los Ángeles, de Híjar

El convento, según hace saber Luis Monzón (Revista Rufiar, Miscelánea del Centro de Estudios Hijarianos, 2000, p, 95 y ss.), está situado en el término municipal de esta villa de Híjar, en la partida que llaman Los Campillos. Fue fundado en el año 1524 por D. Luis Fernández de Híjar, Duque de este nombre y primer Conde de Belchite.

Este noble se halló en la Jura de Juan II y sirvió a D. Fernando el Católico, y le cupo el honor de haber prendido al conde portugués Villamayor. Su esposa, Dª. Guiomar Enríquez, hija de los Condes de Alba de Liste y prima hermana de la Reina de Aragón, Dª. Juana Enríquez, aporta una rica dote al matrimonio (o. C, p. 95).

El convento

El convento se halla en la margen izquierda del río Martín. Anejo al convento, figura la huerta desde su fundación, “de algo más de una Hectárea de extensión, que goza del privilegio de riego concedido, en el siglo XIV por uno de los señores de Híjar. Se conoce este privilegio como Ligón de Nuestra Señora de los Ángeles, que comporta la advocación que da nombre al convento.

D. Luis Monzón recuerda, de pequeño, cómo eran los restos del claustro, abandonado el convento y en estado ruinoso, tras la guerra civil de 1936. De las cuatro alas del claustro una con ”parte de las celdas y el claustro, que iba de la puerta de entrada hasta el acceso al actual comedor; otra el claustro donde estaba la cocina; la tercera, paralela al primero y limitado por la huerta, y la cuarta, paralelo a la segunda. Hacia el actual tendedor y como a terminación del segundo lado, estaban los restos del comedor antiguo, cuyas ventanas miraban al camino de Samper”(p. 95).

El claustro, siguiendo el patrón de todos los conventos, tenía un segundo piso, desde donde se accedía al coro, merced a una puerta abierta en el muro de la iglesia.. En él quedaban situadas las celdas que habitaban los religiosos, la sala de estar y la biblioteca.

Julio Ramón Sanz, en Rujiar, pp.166 y ss., citando al cronista franciscano Blasco de Lanuza, Historias Eclesiásticas y seculares de Aragón, 1622, precisa alguno de estos mismos datos, al hacer constar que “el convento  de nuestra Señora de los Ángeles de la villa de Ixar, es obra destos tiempos, y sucedió por lo que en su testamento avia ordenado Doña Timbor de Cabrera Duquesa de Lezera, dexando gran suma de hazienda: para fundar un Convento de Monjas. Pero no aviendo cumplido luego: Don Luys de ixar Conde de Belchite su heredero (por grandes ruegos de Doña Beatriz de Alagon su muger) alcançó licencia de la sanyta Sede Apostolica, para fundar Convento de frayles en lugar del que de religiosas se avia de fundar, según el testamento de Doña Timbor de Cabrera. Y con esto se fundó el religiosissimo, y devotissimo Convento de nuestra Señora de los Ángheles de fraayles Francioscos Recoletos, a una milla de la villa de Ixar, el año 1524 el qual han vavorecido, y ayudado después acá los Duques de Ixar, con leberalissima mano en todas sus necesidades. Es Monasterio, y casa devotissima, que suele tener 166, o 18 religiosos de grande religión, exemplo, y letras”.

Este mismo autor, citando ahora la crónica de Juan Francisco Andrés Uztaroz, Anales de la Corona i Reino de Aragón, de 1663, certifica la fecha de 1524 como la de la fundación del convento, sin excluir que fuera la de la llegada de los religiosos al lugar de Híjar. No todos los escritores coinciden, como se ve en Mariano Laborda, que publica Recuerdos de Híjar y da la fecha de 1519 y la de 1517 como fecha en que los religiosos se asientan en la antigua sinagoga, para pasar al convento en 1524, bien que el escritor no aporta las fuentes en que funda su particular criterio.

Según se desprende de lo que sobre este convento registra, aquí y allá, el cronista franciscano fray Antonio Hebrera (Crónica Real Seráfica de Aragón, 1991, Madrid), el convento de Híjar es uno de los que constituyeron la demarcación de la Recolección, dentro de la Provincia de franciscana de Aragón. Fue precisamente el año 1524 cuando el ministro provincial, fray Antonio de Cálcena, natural de Calatayud, funda a manera de un enclave de mayor estrechez, dentro de la Custodia de Aragón, al que llegan a pertenecer nueve conventos, partiendo de un núcleo original de cinco con que se inicia el movimiento interior de renovación regular llamado Recolección, entre los que figuraba el de los Ángeles, para lo que los religiosos del convento reciben las Constituciones dadas en el convento de Valladolid.

Fr Pedro Selleras

De la estrechez de vida de los religiosos de esta fraternidad franciscana de Híjar, da testimonio la santidad de vida del Venerable religioso, guardián que fue del convento, fray Pedro Selleras, del que se ocuparon varios escritores franciscanos aragoneses, como fray Juan Pérez López, guardián del convento.

Según refiere este escritor, fray Pedro Selleras, nace en Torrelosnegros el día 7 de noviembre de 1557, hijo de Pedro Selleras y María Lázaro, “cristianos viejos”. Recibe el hábito en Nuestra Señora de Jesús, Zaragoza, de manos del ministro provincial, fray Francisco Navarro, y profesa en Santa Catalina, de Cariñena, de manos del fray Antonio Torres, guardián de dicho convento, el día 12 de mayo de 1576, quien a su vez había igualmente sido provincial. En el Capítulo provincial celebrado en Santa Catalina de Cariñena, el día 21 de noviembre de 1612, se le nombra guardián de Nuestra Señora de Hijar y más tarde definidor provincial. Fray Antonio Panes, excelente poeta autor del Bendita sea tu pureza, de memorable trayectoria, escribe al P. Pedro, el 15 de diciembre de 1612,  celebrando su nombramiento de guardián de Hijar, según consta textualmente en la vida que escribió fray Juan Pérez López.

Muere en el lugar de Visiedo, mientras predicaba la cuaresma del año 1622, el día 28 de febrero, de donde se le traslada a su convento de Nuestra Señora de los Ángeles, de Hijar. Su cuerpo fue guardado en un arca de terciopelo colorado, donde su intercesión atendida con innumerables milagros, según figuraba en un epítome histórico de dicho convento, firmado por los religiosos fray Juan Martínez de Mianos, guardián del convento, y el padre predicador conventual fray Bernardo Artigas, el día 21 de abril del año 1646.

Ante la negativa de la población de Visiedo de restituir los restos de fray Pedro a su convento de Híjar, del que era guardián, fray Blas de la Raz, vicario a la sazón del convento, que había sido dos veces guardián del mismo, a instancias de fray Pedro de Silos, comisario provincial, en ausencia del ministro provincial fray Juan de Iribarme, alega en Visiedo, mediante decreto, ante el Obispo D. Tomás de Teruel, el derecho que le asiste a la Orden de recuperar los restos del venerable fray Pedro. El decreto tiene fecha de 25 de marzo de 1622. Y hay constancia de que al desenterrar al venerable religioso, luego de haber permanecido enterrado 22 días, no sólo no se había descompuesto, sino que el cuerpo mostraba una extraña flexibilidad y buen color de carne, de modo que procedieron a lavarle el rostro para quitarle la tierra, y la cara “quedó tan fresca, linda y de tan buen color, como antes”, cuando estaba vivo.

El cronista aragonés fray Félix Vallés de Asenssio, en su obra Nova et Vetera, p. 16, nº 21, se ocupa igualmente de este antiguo convento, autorizando su aportación a la historia de la Provincia con citas de los grandes cronistas de la Orden, y viene a certificarnos que el dicho convento de Santa María de los Ángeles, perteneciente a la Diócesis de Zaragoza, fue erigido en 1524. Consta en Wadingo, Anales, Haroldo, tomo 3, col. 780, n. 13, el Ilmo. Gonzaga, 3 parte de su Crónica, folio 708, Blasco de Lanuza, tomo 1, de su Historia Eclesiástica, libro 3, cap. 16, folio 295. Además de suscribir dicha fecha, D. Luis Monzón, apunta como fundadores a la Exmª. Señora Timbor de Capraria o Cabrera, duquesa de Híjar, y los duques sucesores suyos.

Pronto el convento de Híjar, sujeto a la estrechez de la forma de vida de los recoletos, sería lugar donde ministros y capitulares refrendarían la fidelidad a la forma de vida modelada por Francisco de Asís celebrando en él un capítulo provincial el año 1530, bajo la presidencia de fray Miguel Mateo, natural de Onteniente. Fue elegido en él como sucesor suyo, fray Juan Íñigo, que moriría en el mes septiembre del año siguiente.

El convento de los Ángeles figura entre los que componen la Provincia de Aragón, en 1559, cuando las Custodias que la integraban, se convierten en Provincias independientes, a petición de los prelados franciscanos de Valencia, según se determina en el Capítulo General de Áquila, a fin de regir mejor la vida en los conventos, cada vez más alejados los límites de la Provincia por su constante expansión.

Dice asimismo fray Félix que descansan allí, además de los restos de fray Pedro Selleras, los cuerpos de los Venerables fray Diego Emperador, fray Santiago del Valle, definidores de la Provincia, fray Domingo Aparicio, predicador, fray Gregorio Moreno y fray Diego de la Cruz, hermanos legos, e igualmente yace allí el cuerpo venerable de la Duquesa de Hijar, conocida comúnmente como la Santa.

San Francisco

Religiosos

Los religiosos que habitaban el convento en ese año en que escribe el cronista, 1723, ascienden a 30, lo que supone un ascenso notable sobre la cifra que se consigna en fechas anteriores.  (Félix Vallés, Nova el Vetera, p. 16, nº, 20).

Entre los religiosos fallecidos en este convento, desde 1766 a 1801, entresacados del cabreo Disposiciones, ms. perteneciente al archivo provincial de los franciscanos de Valencia, figuran los nombres siguientes:

En lo que respecta al Venerable fray Pedro Selleras, por causa de la Desamortización, desalojado el convento, sus restos fueron trasladados desde el convento a la parroquia local, para preservarlos de toda profanación y abandono. En la iglesia del convento, hoy en ruinas, permanece aún, muy deteriorada, a lado izquierdo del altar mayor, la lápida que indica el antiguo lugar de enterramiento, ya casi como un recuerdo roto.

“En 1884, escribe Monzón, se trasladaron sus restos al oratorio en la Sacristía de la Iglesias Parroquial”, el año 1918, a instancias del Deán de la Metropolitana de Zaragoza, natural de Híjar, D. Florencio Jardiel y Lobato, y se instalan en el muro del altar mayor, al lado del evangelio, bajo una lápida que conmemora su estancia.

La iglesia conventual

En la iglesia conventual, remozada humilde y elegantemente su fachada en el siglo XVI, con humildes ladrillos, reposaban los restos de su fundador, en un “sepulcro de alabastro” en el figuraba la estatua yacente de un guerrero con armadura y espada de dos manos a lo largo del cuerpo”, profanada por la cerril ceguera del levantamiento del año 1931 (Rujiar, 2000, p. 90-91).

En la fachada de la iglesia figuraba, sobre la puerta de entrada, colocada en una hornacina, una escultura en piedra de la Virgen María, bajo cuya advocación había sido fundado el convento (p. 97).

La presencia franciscana en Hijar a lo largo de los siglos XVI y XVII, escribe Julio Ramón Sanz, oc. p. 171, fue tranquila y próspera como así atestigua lo que todavía se conserva de la iglesia, obra de su restauración barroca. Así lo señala en el Inventario Artístico de Teruel y su provincia, Santiago Sebastián, donde figura la siguiente descripción:

Construcción de los siglos XVII y XVIII, de ladrillo, con una nave cubierta con bóveda de medio cañón con lunetos y cúpula en el crucero.  Fachada de tres cuerpos, de ladrillo, con hornacinas y frontón triangular en la parte superior ( pp. 171-172).

Las leyes de desamortización obligan a los religiosos a cerrar el convento, el año 1835, no sin antes poner a buen recaudo todo aquello que tuviera algún valor, trasladando a la Iglesia Parroquial: la sillería del coro, los cuadros de la sacristía y de la sala capitular, la biblioteca. Todo lo restante pasa a formar parte de la comunidad de Hermanas Clarisas, que suceden a los frailes, donde “fue perdiéndose poco a poco” (Monzón, o.c. p. 99).

“De este modo, añade Julio Ramón (o. c, p. 173), el proceso de degradación del edificio se fue acelerando y, después de que en 1883 pasase a propiedad del municipio, se aprovecharon los materiales de esta construcción para edificar un Grupo Escolar en la villa de Híjar”( o.c..p 173).

Con el tiempo, al ceder la represión liberal, es cuando se instalaría en el convento la comunidad de religiosas clarisas “del Monte Santo”, procedentes de Villarluengo, quienes por causa de la insalubridad del convento, acabarían por abandonarlo y trasladarse a Alagón (Zaragoza), según apunta Julio Ramón, citando el Diccionario de Madoz  (o.c. p.172-173).

A inicios del período de la desamortización, el ministro provincial de Aragón, desde Valencia, donde probablemente residía, con fecha de junio de 1910, como representante por Teruel, envía un suplicatorio al Ministro de Hacienda, signado en nuestro archivo con las siglas A10, rogando que se devuelvan a la Orden los bienes con que se mantenían en esa provincia los colegios de la Orden de Menores Franciscanos, ya que “existían desde tiempo lejano“, como ocurría en Híjar, ya que en dicha localidad “poseían, debido a diferentes donaciones, diversos bienes raíces, con cuyos productos sostenían no sólo aquellos colegios y sus cargos, sino que además respondían al sostenimiento de algunas plazas de estudiantes y a los gastos de los magisterios titulados de José Herrero, de Gramática, de Espinosa y de....[ilegible] y de una certificación que también se acompaña, expedida por el Archivo de la Hacienda”.

“Con independencia de estas cargas, estaban obligados los franciscanos de Híjar a cumplir las que a ellos competía, consistentes en la celebración de una misa rezada diaria por Don José y Doña Ana Arias, y dar limosna y celebrar sufragios por la intención de Don Pedro Gerónimo (sic) Palencia, pues a este fin y con tal objeto les habían hecho donación por sus testamentos otorgados en 27 de Febrero de 1773 y 8 de Enero del mismo año, ante Salvador del Val Y Juan Francisco Barrera de varios bienes sitos en la huerta de Híjar y en la partida llamada de los Ballesteros, según también puede verse en el documento nº 6".

En el caso de Híjar, esos bienes producían al colegio franciscano “una renta líquida” que se elevaba a 3.070,20 reales de vellón.

Dichos “bienes que producían esa renta con que se sostenía el colegio, fueron enajenados por el Estado después de haberlos incluido en los inventarios formados por los Consistorios de Arbitrios de Amortización de la repetida Provincia de Teruel del cual, así como de los libros cabreros respectivos está obtenido el testimonio notarial que se acompaña con el número 4, habiendo producido las ventas realizadas las sumas consignadas en la citada relación, número 7, en las que se han comprendido todos los bienes pertenecientes a los Colegios enumerados”.

Se alega la no vigencia de determinadas disposiciones de enajenación de bienes eclesiásticos que, muy al contrario, favorecen la exención de dichos bienes y la subsistencia de tales colegios, como de hecho ocurría con el de Teruel. El Tribunal Contencioso había sentenciado que ”las fincas de las Comunidades consagradas a la enseñanza están exentas de la desamortización”.

A la instancia suplicatoria acompañaba, como se dice en uno de sus pliegos, que con los bienes de dichos conventos, “se atendía al sostenimiento de estudiantes pobres como becarios, que de tiempo bien antiguo y actualmente (certificado nº3 expedido por el Ayuntamiento de Teruel) se dedicaban y dedican a la enseñanza de niños pobres, y que además debían dar limosnas por la mitad de los productos de los recibidos por donación de Don Pedro Jerónimo Palencia (certificación número 3) y conforme su voluntad”.

El año 1899, el párroco local intenta devolver el culto a la iglesia del antiguo convento, para lo que solicita su propiedad al Ayuntamiento a fin de anexionarlo al Arzobispado de Zaragoza, dedicando las restantes dependencias a algún fin benéfico.

A principio del siglo XX, una comunidad de religiosos franciscanos de la Orden capuchina, rehabilita el abandonado convento y restauran la iglesia, abriéndola al culto el día 15 de julio de 1903 y reavivando la vida conventual hasta la represión marxista de 1936, fecha en que el convento es pasto del odio y la rapiña. La iglesia mantiene aún sus recios muros, bien que en estado ruinoso, y en difícil equilibrio, la armónica fachada de ladrillo rojo de la iglesia (Julio Ramón, o.c., p. 174).
           
Fray Ángel M., ofm.