a

Convento de Nuestro Padre San Francisco, de Barbastro

La crónica de 1723, manuscrita por fray Felix Vallés y Assesio, dice, siguiendo a Wadingo, que el convento franciscano de Barbastro fue fundado en torno al año 1290, como consta en el tomo 2 de sus Anales, folio 580, n. 24. Lo corrobora el Illmo. Gonzaga, en la tercera parte de su Crónica, folio 705. Acerca de este convento anota Blasco de Lanuza, en el tomo I, de su Historia Eclesiástica, libro I, cap. 40, folio 133, que de día y de noche cantan las alabanzas del Señor 24 frailes menores.

Es todo lo que, muy sumariamente, nos dice fray Féliz. Sobre la fecha, difiere, como veremos, Javier Ibáñez, que la retrasa a 1235.

Avatares de la iglesia

La iglesia de estilo medieval, con techumbre según el sistema de crucería estrellada, sufre una notable reforma en los siglos XVI y XVII con lo que logra mayor amplitud, manteniendo el altar para la Eucaristía, capillas para la celebración, con la novedad de la dedicada a san Juan Bautista, a instancia de la familia de los Claramunt, que da cobijo al paso del Santo Sepulcro, y cuyas bóvedas pinta Rafael Pertús.

En la iglesia franciscana radican las Cofradías de Nuestro Padre Jesús Nazareno y del Santo Sepulcro y Nuestra Sra. de la Soledad. Expulsados los frailes de su convento, la tercera orden se encomienda la encomiable labor de mantener vivo el espíritu franciscano, y la parroquia, mediante la correspondiente cofradía, viene acendrando la devoción a san Antonio Abad.

El innoble ahínco con que la guerra civil enciende la fratricida confrontación, reduce a ceniza las capillas e imágenes del templo, para convertir luego el espacio de la iglesia en taller mecánico. Concluida la contienda, un grupo de entusiastas sacerdotes emprenden la restauración del templo, convertido en parroquia.

El retablo del altar mayor consta de tres pisos y tres calles, donde figuran los escudos del Calvario, de los franciscanos y la Corona de Espinas. No fata en él una reproducción de Cristo yacente, en tanto que la calle central la ocupa la Virgen de la Soledad. (Cf. Google, Somontano de Barbastro).

Iglesia de San Francisco Barbastro 456945
Iglesia de San Francisco - Minube.com 

Pere García

Al pintor Pere García debía parte de su esplendor la iglesia franciscana, tanto que hubo de establecerse en Barbastro entre .los años 1481 y 1485, según ha estudiado largamente, con profusión de documentos, Alberto Velasco González, de la Universitat de Lleida (Pere García de Benavarri y el retablo mayor del convento de San Francisco de Barbastro), a quien seguimos estrechamente.

En 1483, el artista inicia sus trabajos con el propósito de pintar tres tablas destinadas al retablo mayor, una de San Francisco, otra de San Buenaventura y una tercera con el motivo de la Visitación de Nuestra Señora a su prima, la historia de la Concepción y otro de la Coronación de María. Javier Ibáñez aporta datos documentales sobre las cantidades percibidas por su trabajo, incluidos manobreros y el carpintero de Zaragoza Johan Just, siguiendo el modela de la capilla de San Bernardino de Siena de la iglesia de los franciscanos realizado en 1451 por Blasco de Grañén y Jaime Romeu. La cuantía de las cantidades abonadas hace pensar que tal vez incluyeran obra de talla y pintura.

Es de lamentar que no haya pervivido nada de cuanto figuraba en el retablo, salvo la representación de la Santa Ana (Santa Ana, la Virgen y el Niño) junto a dos ángeles, y que pasó al convento de clarisas de la localidad, pintada entre1460, y 1480.

Iglesia de San Francisco Barbastro 456948
Iglesia de San Francisco - Minube.com 

Javier Ibáñez Fernández,

(La iglesia de San Francisco de Barbastro, obras de abovedamiento y trasformación de su espacio interior, Artigrama, nº 19, 2004, 361- 291) en una nota a este estudio, añade que “. Pero García de Benabarre realizó el retablo para la capilla de San Bernardino en 1463 y pintó varias tablas para el retablo mayor del templo veinte años más tarde, en 1483. Con posterioridad, Juan de Paniello encargaría al pintor Juan Gilbes la realización de un retablo dedicado a San Jerónimo para dotar una capilla que acababa de renovarse en el año 1496 (pp. 136-138).12 Archivo Histórico Provincial de Huesca [A.H.P.H.], Sección Protocolos Notariales [S.P.N.].

En la capitulación se concreta que las ventanas debían adornarse “con las molduras que le pareceran al dicho maestro porque no esten lisas”.

Abovedamiento de la Iglesia y transformación de la antigua iglesia

Javier Ibáñez Fernández, en el citado estudio pormenoriza la obra de transformación a que fue sometida la iglesia franciscana a lo largo de quinientos años.

Comienza su estudio testificando que “la primera referencia a la presencia de miembros de la Orden de San Francisco en la ciudad de Barbastro se desliza en el testamento del maestre Arnaldo, rector de la iglesia de San Martín, el 24 de junio de 1235, dato al que añade otro no menos relevante sobre la construcción de la iglesia, citando a fray Ramón de Huesca, quien refiere “haber consultado el testamento de Oracha Peynana, redactado el 13 de enero de 1291, en el que legaba 30 sueldos para la obra de la ecclesia de los frares menores de Barbastro”.

Ibáñez avanza que probablemente se tratase de una fábrica de nave única “con techumbre lígnea sobre arcos diafragma”. Se procede a cubrir la cabecera (1545) y la nave (1606) con bóvedas de crucería, lo que induce a derribar las antiguas bóvedas, quedando “excluido el coro”. Fue el 21 de enero de 1545 cuando los religiosos contratan las obras con Pedro de Nafarrasagasti, hacien hincapié “en las medidas que tenían que adoptarse en los paramentos del ábside preexistente y el maestro se compromete a elevar sus contrafuertes tanto quanto fuere menester, a recrecer sus muros con su buen aparejo hasta en altura de los dichos respaldos, a disponer dos vanos de iluminación convenientemente moldurados en los lienzos de los extremos y coronar los paramentos con su raffe de rajola, teja y algez con siete salidas”. Era guardián del convento fray Domingo Boneta.

Seguidamente, se conviene en el contrato el tipo de abovedamiento que ha de cubrir dicho espacio, para lo que entiende Nafarrasagasti que hay que “disponer los enjarjes sobre sus correspondientes represas a una altura de 37 pies —algo más de 10 metros—, y a trasladar al casco el diseño reflejado en la traça que había realizado para el efecto en su buena montea, evitando que quedase en ansa de panel porque quedaria vaxa la cabecera de dicha iglesia”. Y aún acuerdan a que se horaden “las llabes que habia para cuando [los franciscanos] quisieren poner filateras o rosas, una referencia que permite presuponer que el espacio ya había estado abovedado con anterioridad. Nafarrasagasti se obliga a labar y pinzelar asta el suelo toda la cabecera, esto es, a otorgarle un aspecto uniforme y a disponer sobre el revoco homogeneizador de muros y bóvedas el típico falso despiece isódomo, a imitación de los interiores de cantería. Asimismo, acepta el compromiso de asegurar el tejado de la nave —el tejado biejo— y se compromete a procurar su correcta conexión con el que tenía que disponer sobre la cabecera, que contaría con su buen vesante como conviene a semejante obra.

A su vez, los franciscanos habrán de contribuir por su parte disponiendo “las gradas de la dicha capilla, a enladrillar el suelo, a instalar el correspondiente letrero entre las represas, y a mudar el retablo”. E igualmente entregarán al constructor “toda la piedra y calcina puesta en el cementerio del dicho convento, a costas del mesmo convento” si bien el maestro se responsabiliza ”de cortar la piedra que faltare para la dicha obra en la pedrera, a su costa”. Para lo que el maestro avisara con cuatro días de antelación de la falta de dicha manobra, a fin de que se detuviese la obra.

Otra de las aportaciones que ha de hacer el convento es la de “dos animales de carga para el transporte de la arena” y  carros para transportar el material de construcción: yeso , madera, teja y rayola y caborra.

En el contrato, unos y otros “presentan sus respectivas fianzas”. Avalan al convento los mercaderes locales Lope Dassa y Rodrigo Baeza, y al maestro el notario Juan de Berbegal y el mercader Pedro de Ortigas, con lo que los religiosos asumen la obligación de entregar a Nafarrasagasti los 6.000 sueldos justados en seis pagas.

La obra ha de entregarse a lo largo del mes de junio de 1545, previo un examen pericial por ambas partes a su entrega. Según lo estipulado, el maestro recibiría los 6.000 sueldos en seis entregas sucesivas.

Iglesia de San Francisco Barbastro 456942
Iglesia de San Francisco - Minube.com

Aportación final de Miguel Alturre 

Concluida la obra de remodelación de la iglesia, los franciscanos deciden rematar la obra contratando a Miguel Alturre, maestro de casas vezino de la ciudat de huesca”, la continuación del abovedamiento del crucero “inmediato al presbiterio”, obra que le reporta, en 1533, la cantidad de 25 sueldos, después de lo cual, en 1535 “realiza la visura [análisis]de su coronaje y su enladrillado”.

Altué también se hace cargo de un conjunto de medidas de  menos importancia, alguna de las cuales caían bajo la responsabilidad del convento según contrato con Pedro de Nafarrasagasti, como la realización de las gradas del presbiterio y su enladrillado completo, amén de otros trabajos menores,“como el traslado del rexado de la capilla mayor allí adonde el padre guardian paresciere”. La obra habría de entregarse a lo largo del mes de setiembre, con el correspondiente plaza de garantía, un año y un día respecto al crucero.

Por su parte, el padre guardián se compromete a entregarle toda la manobra que hubiere menester: rajola, cal, arena, yesso, fusta para hazer las vasadas y cindrias y tejado, sogas y clabos, al tiempo que se le entregará 3.000 sueldos en tres tandas, una vez cerrado el crucero, dispuesto el tejado y entregada la obra. En el mes de ulio de 551, era guardián del convento fray Johan Catalan, y es quien “contrata con Miguel Alturre, maestro de casas vecino de la ciudad de Huesca el abovedamiento del primertramo de la nave de la iglesia”.

Últimos retoques

Finalmente, el 28 de agosto de 1606, el síndico, Joan Segalón, contrata a varios obreros de la localidad, Pedro Nobales, Joan Escioga o Ezquiola y el escultor Marco para dar fin a “los dos últimos cruceros del templo”, previo rehacer el tejado. El contrato puntualiza que la configuración de las nuevas bóvedas se correspondería con “la volteada por Miguel de Altué”. A ellos se les encomienda además construir el púlpito.

Los obreros convienen con el guardián dar fin a su obra el mes de septiembre de 1607, convenientemente garantizada, por un importe de 250 escudos en reales, 50 al comienzo de la obra, 100 al concluir la obra y otros 50 al hacer la entrega, en agosto de 1606.

Cabe pensar, según en una nota insinúa el autor de este minucioso y bien documentado estudio, Javier Ibáñez,  que seguimos desde muy cerca, que “durante los años en que ocupó la cátedra episcopal de Barbastro el franciscano Alonso Requesens y Fenollet (1625-1639), que quizás pudo centrarse en el ornato clasicista del interior del templo, así como en la realización de otras mejoras en las estructuras de la iglesia y el convento”.

Desde el siglo XX, sucesivas intervenciones tienden a mantener  en activo el templo, como la remodelación de la torre en 1865.

Iglesia de San Francisco Barbastro 456946
Iglesia de San Francisco - Minube.com 

Una mirada desde el exterior y la reforma de 1545

Un recorrido por la parte exterior del templo permite discernir en su estructura la cabecera y tres cuerpos, realizados en tiempos y con enfoques diferentes y sucesivas reformas, como el coro “ de nueva construcción”. Las capillas ocupan los tramos que dejan entre sí los contrafuertes, sujetas a continuas transformaciones, según el gusto de sus patronos, como la de San Juan Bautista, de los Claramnt, “cuya bóveda sería pintada por Rafael Pertús, en 1604 (Morte García, C., «Documentos...», op. cit. por Javier Ibáñez, doc. n° 441, pp. 398-400 ). En una dels capitulaciones se acuerda derribar todas las capillas, desiguales entre sí, y darles a todas la misma hechra que tiene la de San Esteban.

La reforma en 1545 del antiguo templo, de que ya hemos hablado, se inicia en la cabecera, y no se limita al nuevo abovedamiento y su proceso es largo, ya que alcanza el siglo XVII, si no que afecta a la estructura del templo.

El crucero y terceletes han de ser “de rajola moldadas y tengan dichos cruzeros y terceletes la mesma gordaria que los de dicha cabecera a fin que parezcan todos unos y tengan sus buenas molduras y el arco perpeanyo de dicho cruzero ha de hazer de muy buen ladrillo moldado y aun que sea doble porque sea mas gruesso que no el de la cabecera y los combados y bordones formaletes y rasantes quede a discrecion del maestro”.

Se conviene asimismo en que ha trasladarse el rexado que había delante del altar mayor a otro sitio donde al guardián le parezca mejor y en cuanto a la grada del presbiterio, será de “piedra picada”. Otra condición es que se haga el crucero.

El coste estipulado de la obra entre fray Johan Catalán y el maestre Miguel Iturre asciende a “tres mil sueldos jaqueses pagaderos en tres tandas yguales a saber es mil sueldos el dia que començare a trebajar y poner mano en la dicha obra y los otros mil sueldos cerrado el dicho cruzero y puesto el tejado y los otros mil sueldos y fin de paga acabada que sea toda la obra”.

Por otra parte, fray Juan Ruiz, guardián del convento, acuerda con el síndico de la comunidad franciscana Juan Segalón y los maestres Pedro Novales y Juan de Ezquiola, el día 25 de agosto de 1606 reponer el Cristo del coro, el órgano, la pila del agua bendita y las “sortijas de empalear”, una vez que concluya el proceso de retirarlos para obras complementarias, y otro tanto se hará con el púlpito colocándolo donde el guardián considere adecuado, concertando el coste en doscientos cincuenta escudos reales, de modo que la obra se entregue a lo largo del mes de septiembre de 1607.

Ni qué decir tiene que el estudio minucioso de Javier Ibáñez es digno de todo encomio, a quien hemos seguido muy estrechamente.

a

Necrologio

Desde 1770 a 1801, los religiosos fallecidos en este convento son los siguientes:

Desde esta fecha, el necrologio de la Provincia franciscana de Aragon enmudece, ante la amenaza dela invasión francesa.