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Convento de San Francisco, de Jaca

Sin menospreciar la voz de antiguos relatos que atribuyen la fundación de este convento al propio san Francisco de Asís, en cuyo caso hasta pudiera ser el primero de cuantos en lo sucesivo irían apareciendo en tierra hispana, junto a los de Teruel, Zaragoza, Tarazona, Calatayud, Daroca, etc, sí fue el primero que cuantos poblaron claustros en Jaca. José Enrique Pasamar Lázaro opina que no hay acuerdo entre los historiadores en fijar una fecha fundacional exacta, que podría ser el año 1226 ó 1230, sin embargo Felipe Vallés Assensio, en su obra manuscrita Nova et Vetera, p. 19 no duda en establecer en el año 1246 la fecha de su fundación, alegando la autoridad de Wadingo, Anales, tomo I, folio 671, n. 27; el Ilustrísimo Mantuano, Crónica, 3ª parte, folio 704 y fray Francisco Haroldo, tomo I, col, 291.

El lugar elegido, según un antiguo grabado, quedaba más allá de las murallas de la ciudad, en el extrarradio, cerca de la ermita de San Pablo, donde moran los religiosos mientras se alza en edificio, para lo que se obtiene una bula del Papa Inocencio IV, de 13 de noviembre de 1246, donde se mueve a los fieles a contribuir a su construcción.

Dice José Enrique Pasamat que contaba el convento de San Francisco con una amplia iglesia, como demuestra el número de sus capillas e imágenes que irían adornando con el tiempo sus retablos, en la que radicaban varias cofradías como la tercera Orden, que animaban la vida cristiana de la ciudad. La comunidad la formaban habitualmente un conjunto de treinta religiosos, entregados en atender a la gente en sus necesidades espirituales y en dar a conocer el evangelio entre los fieles de la ciudad y lugares cercanos. Es la cifra que da fray Félix Vallés, Nova el vetera, para el año 1722, en el lugar anteriormente citado.

San Francisco de AsísEl convento de Jaca, junto con los de Tarazona y Daroca, queda incluido en la Custodia de Zaragoza, cuando en el Capítulo de Narbona, presidido por san Buenaventura, en 1270, se estructura la Provincia de Aragón en siete Custodias, dependientes de un mismo Ministro Provincial (Vide Vicente Martínez Colomer, Historia de la Provincia Franciscana de Valencia, Madrid, 1982).

En el Archivo Histórico Nacional hay cinco carpetas con documentos sobre testamentos, que hablan de un arriendo de parte de las tierras del convento.

En 1515, con la Bula de la unión, la Provincia franciscana de Aragón se divide en dos, que se independizan, la de los Conventuales y la de la Virgen de la Vega, de la Observancia. Los franciscanos de Jaca permanecen fieles a la conventualidad, junto con los conventos de San Francisco de Zaragoza, y los de Huesca, Teruel, Ejea de los Caballeros, Monzón y Sariñena (Vide José Antonio Hebrera, Crónica de la Provincia Franciscana de Aragón, p. 72, Madrid, 1991).

A diferencia de los demás conventos, no esperaría el convento la arbitraria exclaustración forzosa de Mendizábal que cerraría las celdas de la mayoría de conventos a la vida claustral. Aquí, como en Cariñena el convento de Santa Catalina, el sosiego de la vida religiosa y la práctica tranquila del estudio y la oración en torno a sus claustros, no presagiaba el fin desastroso en que se que se inmolaría el convento, hasta los cimientos, en la defensa patriótica de la ciudad contra los invasores franceses. Fue el estruendo de la Guerra de la Independencia el que puso fin a su acreditada historia, al quedar lastimosamente asolado el convento de irremisible manera, en 1814. El de Jaca fue un convento mártir.

Hay documentos que resucitan parte de su historia, como la construcción de una capilla dedicada a san Francisco, con que se renueva la fábrica primitiva del convento, la capitulación entre fray Pedro Claverías y un pintor de la localidad para la construcción de una artística peana de tres cuerpos de la que emerge la imagen de la Inmaculada, a la que se sumaría otra peana para una imagen de san Francisco pintada en oro fino y los campos de pintura azul. Era el día 27 de abril de 1575 ( Cf.José Enrique Pasamat).

Las numerosas capillas de la iglesia fueron profusamente enriquecidas con retablos, donde figuraban imágenes, talladas unas y pintadas otras, como las dedicadas a san Francisco, capilla de san Antonio de Padua, capilla de san Buenaventura, capilla de san Bernardino de Sena, capilla de Nuestra Señora de los Ángeles, capilla de Nuestra Señora de la Esperanza, capilla de san José, capilla de san Miguel con su correspondiente retablo, capilla de san Pablo, capilla bajo la advocación del Señor, capilla de san Benedito con retablo, capilla de santa Apolonia, capilla de san Babil, capilla de la Santísima Trinidad con retablo, capilla de san Juan Bautista, e incluso en el claustro figuraban una pequeña capilla dedicada a san Mateo y un retablo de María Inmaculada, situado entre la capilla de san Mateo y la puerta de entrada al claustro. Que da el diseño del retablo con los hornacinas donde figuraron las imágenes de san Francisco, san Diego, san Pedro, san Jerónimo, centrados por una imagen de Nuestro Señor Jesucristo. En el altar mayor se alzaba un retablo dedicado a Nuestra Señora, donde figuraban una imagen "de bulto" de la Virgen y otra de San Francisco, en un conjunto de otras pintadas a pincel.

El coro disponía, como era habitual en entre los franciscanos, de un crucifijo de gran tamaño, ocho tomos de gran tamaño para el rezo del oficio, cuatro más pequelos y el correspondiente facistol, además de un órgano, el dibujo de cuyo proyecto se conserva en el Archivo Capitular del Pilar, que disponía de "muy buenos canyos, flautas, secretos, registros, tembletes..." El contrato lo firma fray Pedro Anaya y los organistas Juan de la Fuente, padre, y Juan de la Fuente, hijo, en 1575 (ibidem)..

Entre los religiosos más eminentes que moraron en este convento, cave citar a Fray Miguel Felipe, lector jubilado, calificador del Santo Oficio y examinador sinodal del obispado de Jaca, que alcanzaría la dignidad de ministro provincial de la Provincia de Aragón, nombrado en el Capítulo celebrado en el convento de San Francisco, de Huesca, el 14 de septiembre de 1765. Muere en el convento de San Francisco, de Calatayud, entre los meses de septiembre de 1775 y septiembre de 1777.

Según consta en el cabreo (ver nota) Disposiciones, del Colegio de San Diego, ms. Del archivo de la Provincia de Valencia, fallecen en este convento, entre los años 1776 y 1801, los siguientes religiosos:


(Cf. Además de los cronistas Hebrera, Colomer y las Disposiciones, arriba citados, he seguido en buena parte a José Enrique Pasamar Lázaro, Noticias inéditas del siglo XVI del desaparecido convento de san Francisco, de Jaca. Aragonia Sacra, Zaragoza, 2004-2005).