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Convento de la Santísima Virgen de Mallén

En la documentación, unas veces se sitúa y nombra a este convento como de Torrellas y otras de Mallén, villa que pertenece al distrito de Torrellas.

Es poco lo que nuestros cronistas han dejado escrito sobre este convento. Fray Félix de Vallés, citando al cronista Antonio Hebrera, nos da de él una reseña en la que se dice que: “El Convento de la Santísima Virgen, de Torrellas, de la villa de Mallén, perteneciente a la Diócesis de Zaragoza, fue construido el año 1616. Ya lo había anotado el cronista franciscano de Aragón fray Antonio Hebrera, en la página 5 de su Crónica, columna. 4, n. 27.

Descansan allí los restos venerables de los PP. fray José y de Pedro de Muro, hermanos, y de los predicadores José Morón y Marco Lorente, de Muro, religiosos conversos. Habitan esta casa [el año 1723] 23 frailes menores.”

Fundación

La revista del Centro de Estudios Borgianos, en el núm. de marzo de 1012 publicita que lo fundan unos frailes procedentes del convento de Borja, a petición del consejo, a condición de que un religioso se hiciera cargo perpetuamente de la enseñanza de Gramática al alumnado local, a lo que se junta la “amable acogida que los habitantes de Mallén dispensaron siempre a los frailes limosneros,” junto con  “el deseo del consejo de Mallén de contar con un convento en la localidad”. El acontecimiento de la fundación  “ocurre  con la entrega de la ermita de la Virgen de Nuestra Señora de Torrellas, con la casa contigua, mediante un acuerdo firmado el 13 de febrero de 1616".

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Lo único que se conservó, hasta hace pocos años, fueron algunos restos de los muros de su iglesia y el arranque de lo que pudo ser la puerta de acceso. De Centro de estudios borgianos

El convento desaparece con la desamortización. “Lo único que se conservó, hasta hace pocos años, fueron algunos restos de los muros de su iglesia y el arranque de lo que pudo ser la puerta de acceso. Finalmente, también cayeron, aunque “El convento” ha dado nombre a un yacimiento romano, ubicado en ese lugar que fue declarado Bien de Interés Cultural.” (o.c. )

Una de las razones que influyeron en esa decisión fue la acogida que siempre habían dispensado los habitantes de la villa a los religiosos que iban a pedir limosnas. A ello se añadía el deseo del consejo de Mallén de contar con un convento en la localidad, donde un religioso al menos se dedicara a impartir los estudios que reunía entonces la Gramática.

El historiador Iván Heredia Urzáiz añade que “Entre las prerrogativas del acuerdo se destacan sobre todo dos. Una, la concesión por parte del concejo de Mallén de una suma de mil sueldos anuales, extraídos de las rentas de la ermita, en beneficio de los Reverendos Mosén Pedro Ruiz de Racaçol y mosén Domingo de Paladín, hijos y sacerdotes de dicha villa. Pero la concesión de este dinero por parte del ayuntamiento no era infundada. A cambio del dinero los clérigos tenían la obligación de “decir misa y hagan todos los días del año misa de alba y misa de once”, además de enseñar Gramática a los niños de la villa (Asociación Cultural Révolté, Historia de Mallén. El convento franciscano de Mallén. Síntesis de su auge y decadencia).

Aceptada la propuesta por lo religiosos, el concejo de la villa les cede la ermita de la Virgen de Nuestra Señora de Torrellas con casa contigua, donde hacer vida conventual, que  quedaba en las afueras de la población.

La adecuación del lugar a las exigencias de la vida religiosa se llevan a cabo con celeridad, y el convento prospera de tal modo que, llegado el siglo XVIII, se edifica una iglesia de tales dimensiones y belleza que llegó a decirse que era una de las más prestantes de la Orden franciscana en España (Cf. Revista del Centro de Estudios Borgianos, ya citada).

Nuestra Señora de Torrellas

Iván Heredia explica que el lugar para la ermita de Nuesta Señora y el convento después fue el de la “la antigua Manlia”, donde, en tiempos de la reconquista, una joven pastora dio con la imagen, “ hecho que comunicó presurosamente a los habitantes de Mallén”, lo que daría lugar al culto mariano en la ermita y una cofradía que fijó su memoria o. c.).

Este mismo autor cuenta cómo, para remediar la mortalidad de la peste de principios del siglo XIX, tocados por la devoción que esta Virgen suscitaba en la piedad popular, “ ante la proliferación de una epidemia de la fiebre amarilla, se hizo una procesión para pedir a la virgen de la Concepción que cesen las muertes por la epidemia. El acto consistió en trasladar la imagen desde el convento hasta la localidad; “fue el reberendo Capítulo de esta iglesia en Procesión al conbento a buscar a Nuestra Señora asistieron las Cofradías con la cera, y bino la comunidad de religiosos llevando estos la Peana y el Palio y fue tanta la concurrencia que a lo que salía nuestra Señora de su Casa ya estaba la Cruz en la Parroquia y en ella cantaron diferentes preces y en seguida la volvieron al Convento por tener la comunidad que hacerle su novenario como se acostumbra todos los años” (o.c.)

Según el Centro de Estudios Borgianos, junto con el retablo mayor de la iglesia conventual, el lienzo central donde figuraba la Virgen que dio nombre al cenobio franciscano, pasa a la iglesia parroquial de Novillas, donde se sustituye por el de la patrona local,  Nuestra Señora de la Esperanza”

Auge y decadencia del convento franciscano

En ese sentido programa Ivan Heredia la historia de los franciscanos en el convento de Mallén (o.c.).

“La integración en la vida municipal de los clérigos franciscanos”, anota Iván Heredia, “fue rápida. Ya en el año 1623 se concertaron las celebraciones religiosas con el Capítulo Eclesiástico de la iglesia parroquial. Entre las diferentes ceremonias encontramos algunas festividades a las cuales asistía el Capítulo Eclesiástico además de las autoridades locales, los cultos de las cofradías de San Antonio Abad, San Blas, San José y San Pascual Bailón, además del novenario de la Inmaculada Concepción. Igualmente, se permitió que los que así lo desearan, podrían ser enterrados en el convento. La orden franciscana de Mallén se consolidó rápidamente. Ya en 1633 se permitió la  instalación en el convento de doce frailes y, además, a principio del siglo XVIII se planteó, “no ya la implantación de la ermita, sino la construcción de una iglesia de nueva planta” que se terminó en año y medio”. Fue el guardián fray Vicente Faced el encargado de poner la primera piedra.

La desamortización

Al igual que en otros conventos, donde sus enseres pasan a otras entidades, como bibliotecas, cuadros, imágenes y retablos, la susodicha revista anota que el retablo mayor de la iglesia es, ahora, el de la iglesia parroquial de Novillas, donde quedó sustituido “el lienzo central que, probablemente estaría dedicado a la Virgen de Torrellas, por una imagen de la titular de la parroquia, Nuestra Señora de la Esperanza”. Todavía pueden contemplarse “en su parte inferior los emblemas de la orden franciscana que, lamentablemente, quedaron semienterrados cuando se construyó un nuevo presbiterio, a finales del siglo pasado”, si bien sus recientes obras de restauración hacen esperar que vuelvan a la luz.

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El que fuera retablo mayor de su iglesia es, ahora, el de la iglesia parroquial de Novillas, habiendo sido eliminado el lienzo central que, probablemente estaría dedicado a la Virgen de Torrellas, por una imagen de la titular de la parroquia, Nuestra Señora de la Esperanza. De Centro de estudios borgianos

¿Quién le iba a decir a fray Vizente Faced, guardián del convento, que acabaría así la iglesia del convento, cuya primera piedra de la ermita pondría él en 1751? Heredia, de la Asociación Cultural Revolté sitúa el comienzo de la decadencia conventual en la guerra contra el francés y la Constitución gaditana de 1812, que comporta un “primer intento desamortizador”. Con Mendizábal, se clausura la vida religiosa de los conventos en 1835 En Mallén, "los siete frailes y tres legos profesos que residían en el convento de Mallén, tuvieron que abandonarlo, definitivamente". 

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Como inequívocas señales de identidad aparecen en su parte inferior los emblemas de la orden franciscana que, lamentablemente, quedaron semienterrados cuando se construyó un nuevo presbiterio, a finales del siglo pasado, aunque tras las obras de restauración que se están llevando a cabo, esperamos puedan volver a ser contemplados en su integridad. De Centro de estudios borgianos

Memoria de los restos del convento desde el pilar de San Antón

“Como era habitual, hubo varias cofradías que tenían allí su sede, como las de San Blas, San José, San Pascual Bailón y la de San Antonio abad. Muy cerca del convento estaba el pilar dedicado a este santo, donde se efectuaba la bendición anual de los animales, el cual todavía subsiste”.

Del convento apenas si quedaron restos murales y una parte de lo que pudo ser la puerta de acceso. Finalmente, también cayeron, bien que “El convento” ha dado nombre a un yacimiento romano, ubicado en ese lugar, declarado Bien de Interés Cultural.

D. Francisco Javier Córdoba, que fue párroco de Mallén y escribió una historia local, titulada Manlia y Mallén, en 1884, terminaba su reseña sobre el convento afirmando “El inmenso montón de escombros que, imponente, se alza hoy sobre aquel sagrado lugar, que hasta poco ha fue la augusta casa de Dios y el venerado sepulcro de nuestros padres, que aplastados yacen hoy bajo sus ruinas, será uno de tantos elocuentísimos monumentos encargados de transmitir a la posteridad las bellezas, los encantos, la delicias que por todas partes llevaba consigo el genio hermoso de la civilización moderna”.  Una irónica y amarga reflexión que podría aplicarse a otras muchas obras de nuestro Patrimonio que se han perdido, no en épocas remotas, sino casi en nuestros días.

Necrologio

De un cabreo ms. del Colegio de San Diego, en Zaragoza, entresacamos los nombres y fechas de defunción de los siguientes religiosos:

Desde la invasión francesa, no contamos con otros nombres de los religiosos difuntos que, habiendo regresado al convento en 1814, moran en él hasta 1835.