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Convento de San Salvador de Pina

El año 1537, se celebra un Capítulo Provincial en Daroca, del que sale elegido Ministro Provincial fray Antonio Gil, cargo que ejercerá hasta 1540, sucediendo a fray Miguel Mateo, que ya viejo y achacoso, prudentemente no se atrevió a asistir al Capítulo General de Niza.(Vicente Martínez Colomer, pp.190-192, Madrid, 1982).

Es en este Capítulo donde se aprueba jurídicamente la erección del Convento de San Salvador, de Pina.
El año 1557, en el celebra un Capítulo Provincial en el Convento de Jesús, de Barcelona, presidido por fray Antonio Alameida, en sustitución del Ministro General fray Andrés de la Ínsula, se acuerda estructurar en Provincias independientes las Custodias de Aragón, Cataluña y Valencia. Se nombra Ministro Provincial a fray Juan Orfanel, quien asume elevar dicha propuesta al Capítulo General de más inmediata convocatoria, que se celebraría en Áquila, el año 1559, bajo la presidencia del Ministro General fray Francisco Zamora.

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El Convento de Pina, según anota fray A. Hebrera, figura en el listado de conventos que configurarían la Provincia observante de Aragón, junto con el de Jesús, en Zaragoza, y los de San Francisco, de Pamplona, Tarazona, Calatayud, Borja, Daroca, Barbastro, Sangüesa, Alcañiz, Cariñena, Tafalla, Monlora, Hijar y el de San Cristóbal de Alpartil.

Elena Barlés Báguena, en su estudio El convento franciscano de San Salvador en Pina de Ebro (Zaragoza), abunda en datos que añadimos a nuestro estudio, con noticias sobre el edificio, estudiando su evolución en dos etapas, la de su creación y desarrollo y la de su decadencia. En esa primera fase, estudiada en tres etapas constructivas, según estilos arquitectónicos distintos, ratifica el apoyo que los condes de Sástago dieron a su fundación y desarrollo. El estudio lo cierra la desamortización, la etapa de obligado abandono del convento por sus moradores y su consecuente decadencia.

Con relación al primer período, especifica que es en 1530 cuando procede a su fundación el primer conde de Sástago, "Gran Camarlengo de la Corona de Aragón y Capitán General del Reino de Valencia", si bien la comunidad franciscana ya habitaba un edificio anterior, de cuya iglesia mudéjar, de finales del siglo XIV, quedan vestigios y a la que acaso de refiere Blasco de Lanuza. En 1539, el conde don Blasco traslada a su esposa difunta desde la iglesia de Nuestra Señora del Pilar a la iglesia franciscana de Pina, en un momento en que la obra adivinaba la culminación del proyecto.

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Todavía intentará D. Artal, segundo conde de Sástago, llevar a término la obra de sus padres, que sin embargo sí realizará D. Artal de Alagón Martínez de Luna, nieto del fundador, que juntamente con su esposa Dª. María Luis Fernández de Heredia, devotos de dan Francisco de Asís, pertenecían a la Orden tercera. Elena Barlés, y como dice Blasco de Lanuza, ambos esposos, en 1622, "mejoraron la iglesia, casa, claustros, ensancharon la iglesia y enriquecieron la sacristía de ornamentos, plata y jocalías necesarias y una librería de muy buenos y muchos libros, y fabricaron otras oficinas importantes con que se dieron el cumplimiento y decencia que hoy tiene..." (Vicente Blasco de Lanuza, Historias eclesiásticas y seculares de Aragón, Zaragoza, 1687). Así es cómo se completaron las dependencias conventuales, distribuidas en dos plantas, como es habitual en todos los conventos, en torno de un claustro adosada generalmente a la iglesia el ala de la derecha; y a la iglesia se le añadió a la torre, de estilo mudéjar, un cuerpo complementario.

Según hace notar Braunfels (Wolfgana Braufels, La arquitectura monacal en occidente, Barcelona, Barral editores, 1975, p. 195) , y según cita que tomo de Elena Barlés, a quien resumo, las dependencias del convento disponían de portería, hospedería, enfermería, refectorio, cocina, biblioteca, sala capitular, archivo, cárcel, y en la huerta una estancia donde guardar aperos de labranza. Entre los ss. XIV y XV el dormitorio común quedó sustituido por celdas individuales, al tiempo que se amplía el espacio de las salas comunes y la biblioteca, lo que condiciona la estructura conventual en dos pisos, el claustro inferior para uso común y el superior para la vida privada de los religiosos.

En una tercera fase, en pleno siglo XVIII, se dio en remodelar el templo, en función de las normas que a este respecto figuran en los Estatutos de la Provincia franciscana de Aragón, instando a los patronos de cada capilla a correr con los gastos que se derivasen de tal remodelación de iglesia y claustro. Conviene hacer saber que las capillas corrían a cargo de familias pudientes que enterraban a sus miembros en cada una de ellas, a quienes se les llamaba patronos de las mismas.

Entiendo que hay que es pertinente recordar que, en razón de la pobreza observante, en la erección y mantenimiento de iglesias y conventos, cumplieron un cometido destacado los patronos, generalmente nobles afectos al espíritu franciscano, que corrían con su financiación. El patronato comportaba el derecho, que se transmitía de padres a hijos, de establecen en lugar destacado de la iglesia la sepultura familiar, como ocurre en las iglesias de San Francisco en Teruel, en la de Molina de Aragón e igualmente en la iglesia de san Salvador de Pina. (AIA, Marta Cuadrado Sánchez, Arquitectura franciscana en España, núms. 201-292, p.60 y ss.).

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A diferencia de otros conventos, como el de Jesús y el Real convento, de Zaragosa, que, con la desamortización pasan, en ventas sucesivas, de unas manos a otras hasta su desaparición, el convento del Salvador de Pina, convertido en parroquia, si bien no ha evitado su deterioro conventual, conserva su hechura e iglesia, que no es poco, si bien los frailes no volvieron a habitarlo.

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Es de lamentar la perdida de sus obras de valor y su biblioteca, quemada en la contienda civil por la ignorancia de fuerzas descreídas y descontroladas. Hay un proyecto de restaurar el convento para declararlo de interés nacional.

FAM, ofm.

Les recomedamos visitar la página Aragón Mudejar donde encontrarán una preciosa descripción de sus elementos mudéjares en la iglesia y en el campanario, sacristía, claustro...

Sacristía

Sacristía. Tal vez se trate de una antigua bodega o almacén conventual.