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La Recolección

La Recolección es un movimiento de restauración de los valores evangélicos, como levadura de recuperación franciscana, dentro de la misma Orden, movido por el celo y ejemplaridad de un religioso como fray Dimas Ferre, de la Custodia de Cataluña, afanoso por recuperar la antigua observancia regular. Se rodeó a este fin de un conjunto de consejeros de entre los más graves, doctos y probados religiosos, para el mejor acierto en la elección de aquellos conventos donde conviniera poner a prueba el proyecto renovador. El plan, sin embargo, no llegó a cuajar del todo.

El año1523, en Burgos, se elige ministro general de la Orden a fray Francisco de los Ángeles Quiñones, quien recorre todas la Provincias de España para corregir desvíos y enderezar la práctica austera de la regularidad Y se deja impresionar en la Provincia de la Concepción por la extrema ejemplaridad con que un grupo de religiosos, en ámbitos propicios de santo retiro, practican con gran austeridad y desprendimiento la norma de vida evangélica que consagró Francisco. No lo dudó. Era el camino exacto para restaurar el espíritu evangélico en la Orden, y no tardó en seleccionar, por sus especiales características, cinco conventos, en la Aguilera, el Abrojo, Val de Escopezo, Silos y Calahorra, donde pudieran recogerse los religiosos que ambicionasen un ideal de vida estrecha y retirada.

San Francisco de AsísPara fijar normas que rigieran tan rigurosa experiencia, expone en cuatro capítulos la forma de vida a que han de atenerse en la Recolección, sobre la admisión de novicios y frailes profesos, el número de los mismos, que no superará los veinte o veinticinco moradores, el oficio divino - que no se cantará, para que llanamente puedan seguirlo todos-, la oración frecuente e intensa, y el silencio, que ha de ser perpetuo.

La pobreza, que bendijo y perfumó Jesús con el ungüento de su propia vida, es la herencia evangélica de los franciscanos. Las normas que la rigen son de extremo rigor, bien que a los religiosos achacosos y ancianos se les conceden licencias, como poder sustituir las incómodas sandalias por zuecos o alpargatas. De ninguna de las maneras se aceptará estipendio por la celebración de la eucaristía, y en cuanto al necesario sustento, se aconseja recurrir a la mesa del Señor, pidiendo limosna, excluido el vino durante la vendimia o el trigo en época de siega. No se permite el uso de animales de carga, a no ser el de "una simple bestezuela".

La Recolección no es un enclave privilegiado ni independiente de la Provincia, y sí un remanso de formación evangélica, que ha de servir de levadura de la observancia y pedagogía evangélica de la Orden, de modo que sus conventos estás sometidos a la jurisdicción del respectivo ministro provincial de cada Provincia, quien puede visitar cada uno de los cinco conventos cuando lo estime conveniente.

El año 1524, dada la buena marcha del proyecto recoleto, fray Antonio Cálcena, natural de Calatayud, de origen noble, al ser elegido ministro provincial de Aragón en el Capítulo de Barcelona, opta por añadir nueve conventos más a la Recolección: Figueras, Tortosa e Illa en la Custodia de Cataluña; Oliva, Onda y Chelva en la de Valencia; y los conventos de Cariñena, el de San Cristóbal, de Alpartil el de los Ángeles, de Hijar, en la de Aragón, con lo que se da un notable impulso a la observancia religiosa en la Provincia franciscana. Con el tiempo, entraría a extender el género de vida recoleta el Convento de San Antonio, de Mora y el de Nuestra Señora, de Monlora.

En Cataluña, donde ya había habido experiencias previas de reforma conventual en ese sentido, se intentó incluso convertir toda la custodia a la vida recoleta, que incluyera así a todos los conventos, y de similar manera, a fray Damián Visquert, valenciano nacido en Jávea, dos veces custodia de Valencia, ex Definidor General y Provincial de Aragón, 1540, el amor al retiro y la observancia más estrecha, le inclinaron a vivir en el retiro recoleto, hasta el punto de soñar también con imponer tal género de vida a todos los conventos valencianos. El convento de Onda era el que, por su propia experiencia, cuadraba mejor a su ideal de vida retirada para el ejercicio de la contemplación recoleta, y como en éste, Oliva y Chelva, extiende la nueva disciplina a los de Manzanera, Segorbe y Castellón (Fray Félix Vallés, Nova el Vetera, lib. II, letra D, p. 75; fray José Antonio Hebrera. Crónica Seráfica, lib. III, cap. XLVIII, nº 404, pp. 527-530).

Son la justa respuesta al deseo de devolverle a la Orden el sentido evangélico con que la concibió Francisco, según la forma de vida franciscana con que se cumplió la Regla fundadora en sus orígenes, hace ahora, año 20009, VIII siglos..

(Cf. Vicente Martínez Colomer, Historia de la Provincia Franciscana de Valencia, Madrid, 1982, p.173 ss.)