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Entrevista del semanario Paraula

Juan Oliver, obispo y misionero en la selva de Perú: “Vivo completamente en medio de los pobres”

4 may 17. Tras su reciente visita a Roma para la preceptiva visita ‘ad limina’ al Papa de los obispos de Perú, el valenciano Juan Oliver Climent ha visitado la diócesis valentina, donde ha sido invitado en distintos foros para hablar de su testimonio y de la evangelización de la Iglesia en territorios tan remotos y pobres como en el que está destinado.

Natural de Carcaixent y de 65 años de edad, franciscano por vocación y obispo por designación de san Juan Pablo II en 2004, monseñor Oliver es el titular del vicariato apostólico de Requena, en la selva peruana, una demarcación eclesial de 82.000 kilómetros cuadrados (la extensión aproximada de Andalucía), con 162.000 habitantes distribuidos en núcleos de población muy dispersos e inaccesibles a pie. No existen carreteras, apenas caminos, y para desplazarse hay que usar lanchas o canoas, también el obispo. La Amazonía peruana es del todo una ‘periferia existencial’ –en lenguaje del papa Francisco–: no sólo es que está en un lugar remoto e inhóspito, lejos de ese ‘centro’ en el que imaginamos las grandes urbes civilizadas del planeta; es también una zona golpeada por la pobreza y las carencias culturales, principalmente por la enorme dificultad que entraña la propia geografía del lugar. En época de crecida de los ríos, por ejemplo, el setenta por ciento del territorio queda anegado por el agua, haciendo casi imposible el desarrollo normal de los pueblos.

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En el programa de TV Mediterráneo ‘Encuentros’ (puede verse en el canal YouTube del Arzobispado de Valencia), Juan Oliver contó cómo trata de impulsar, desde su responsabilidad como obispo vicario apostólico de Requena, la evangelización ante un panorama de esa dificultad. Se trata, en verdad, de una atención integral a sus gentes. “Cuando se crea una capilla se alza junto a ella una escuela”, afirmó enfatizando la importancia de la religión y de la educación.

Para las familias que han perdido su hogar por las crecidas de los ríos, el vicariato apostólico ha impulsado la construcción de 120 viviendas en la población de Contamana. Allí mismo ha levantado un colegio para niños con capacidades especiales, así como en la población de Requena. A esos niños –tal como explicó monseñor Oliver– se les recoge cada día de sus casas y luego se les devuelve. Se les da vestido, comida, útiles escolares... Y ha promovido también este obispo valenciano comedores para menores, programas para atención de ancianos de la selva y un centro médico en Requena. Fue abierto en 2006, poco después de su llegada a aquella zona del mundo, al ver la falta de acceso de sus habitantes a servicios tan básicos como un análisis de sangre.

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Ayudas desde España

Para llevar a cabo esa ingente labor, el vicariato apostólico de Requena recibe ayudas desde España, de ONG’s como Hesed Perú, impulsada entre otros por él mismo cuando estaba aún en Valencia como provincial de la orden de los Franciscanos. También reciben periódicamente la ayuda como voluntarios de sacerdotes y seglares que se desplazan hasta allí durante alguna temporada.

Juan Oliver había soñado con ser misionero en un lugar así; lo que no estaba en sus planes era ser obispo, según señaló en ‘Encuentros’. Aun así, su labor episcopal la toma como “un afianzamiento de mi vocación como franciscano, por los pobres, por la minoridad, por buscar lo último, no como una teoría sino en la realidad”. Tan real que llegó a afirmar, rotundo: “Vivo completamente entre la gente, y eso te hace crecer madurar y sentir el gozo de esa vocación a la que Dios me llamó hace muchos años”.

Para más información: www.vicrequena.org www.hesedperu.org

Eduardo Martínez

(De Paraula del domingo 4 de junio de 2017 pág 3)

Entrevista para el periódico Levante

29 may 17. Levante el mercantil valenciano. Comunitat Valenciana. Entrevista de Paco Cerdá

Juan Oliver Franciscano y obispo de la reglón amazónica de Perú (Vicariato de Requería). Calza sandalias, viste el hábito franciscano con el cordón blanco de los tres nudos (que simbolizan los fundamentos de la vida franciscana: obediencia, castidad y pobreza) y la cruz de obispo la lleva oculta entre los ropajes. Ese detalle no parece casualidad Juan Oliver tiene 65 años y nació en Carcaixent Vive en pleno Amazonas del Perú como misionero. Su mirada lo dice todo.

Franciscanos: la austeridad máxima. Lo mismo con las preguntas: solo una palabra basta. Pregunta: Pobreza.

Respuesta: Yo nací en Carcaixent y en una familia pobre. Mi padre era labrador y mi madre, ama de casa. Recuerdo ese ambiente familiar de la calle Santa Rita, 35: el trabajo duro de mi padre, mi madre apedazando la ropa; siempre con lo indispensable. Luego, a los doce años, escuché una llamada de Dios a la vida religiosa. Se me ofreció la vida de los franciscanos, donde la pobreza no es un concepto o una abstracción, sino una realidad. No solo la pobreza material, sino también como opción de vida. Para mí, pobreza es ahora compartir la vida con gente pobre que vive en uno de los lugares más abandonados de esta tierra: el vicariato de Requena (Perú).

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Juan Oliver, en un claustro de los franciscanos de Valencia

Dignidad.

Parece que tenga que ver con cargos, pero para mí dignidad es ser hijo de Dios. Dignidad es ser persona; es lo que cada uno merece para poder desarrollarse como tal. Es no hacer distinciones y aceptar a cada uno conforme es. Yo en Requena me encuentro con personas muy mayores sin formación, que no tienen nada. Es importante estar cerca de ellos y nunca tener vergüenza de acercarte, de tocarlos, abrazarlos o besarlos. Para mí son el reflejo de Dios.

Olvido.

Por un lado, quemamos olvidar cosas de nuestras vidas, o reconciliamos con ellas e integrarlas mejor. ¡Todos las tenemos! Por otro lado, nunca querría caer en el olvido de ciertos aspectos. No querría olvidar ni la vocación ni la misión que Dios me ha confiado. Tampoco quiero olvidar de dónde vengo y quién soy yo: pertenezco a un pueblo, a una familia y a una orden. Ni olvidar qué estoy llamado a ser.

Capitalismo.

Uno diría sistema económico y ordenación mundial de muchas naciones. Pero a mí también me sugiere diferencias sociales, diferencias en oportunidades que uno puede tener en la vida. La tierra donde yo vivo es una de las zonas profundas de la pobreza y el capitalismo ahí se ve como desigualdad. Diferencias no de castas, pero sí de clases, por la riqueza mal distribuida que engendra diferencias. Por tanto, si capitalismo quiere decir todo eso, y no solo es un sistema económico con sus ventajas y sus inconvenientes, el capitalismo genera opresión en muchos pueblos y clases sociales.

Revolución.

¡Yo fui joven y se hablaba mucho de revolución: el Mayo del 68, la Primavera de Praga, la muerte de Franco! Era un deseo de cambio social, económico, político, acercamiento a la gente. Hoy entiendo la revolución más como un cambio personal, y también comunitario y social de vida. Debemos vivir permanentemente en una conversión profunda de estructuras sociales, eclesiales, personales. Pero todo cambio, para que tenga efecto, debe pasar por un cambio personal.

San Francisco de Asís.

Ha sido la persona que más me ha acercado a Jesucristo y el deseo de mi vida es seguir lo que él vivió. Es una referencia de las más importantes para mí. Su vida me lleva al Evangelio.

Desencanto.

Me viene a la cabeza un juego de palabras: vivir encantado y de ilusiones no es bueno. Hay que vivir en la realidad y pisando tierra. Cerca de las personas reales concretas. En ese sentido, el desencanto o la desilusión te lleva a un conocimiento más próximo y sincero de la persona o de la realidad. Pero no querría que ese desencanto o desilusión te llevara a la desesperanza: a no tener motivos de vivir. Uno querría ver que aquello por lo que ha luchado no se perdiera. Uno querría unas estructuras más comunitarias, más acercamiento a la gente, que la gente se saludara por la calle y se diera los buenos días. Pero aquí te das cuenta de que no eres nadie para casi nadie. O desilusión también por haber querido un estilo de vida más sobrio y con un espíritu de compartir, y en cambio hallas un gran afán de riqueza y que cada uno va a la suya. Desilusión también por que querríamos que todos trabajaran y no quisieran vivir a costa de los demás.

Oropel y pompa eclesiástica.

No, no... Para mí eso es una contradicción. Ser cristiano es otra cosa Y ser religioso no es búsqueda de ningún tipo de poder ni de ascender personalmente. Al nombrarme obispo, elegí como lema: «Me ha enviado para dar la buena noticia a los pobres». Eso del oropel y los títulos me sienta muy mal, no lo quiero en mi vida

Contradicción.

Querer una Iglesia más pobre, servicial y cercana a la gente, y encontrar que puede haber búsqueda de poder y dignidad personal.

Felicidad.

Te doy un ejemplo. Es el estado que yo experimento en la tierra donde vivo cuando voy a un colegio que construimos allí para niños de 3 a 5 años, que ha ido creciendo y que tiene 250 alumnos. Felicidad es ver a los niños, y que me llamen por mi nombre: «Hermano Juan». Y vienen y me abrazan. Son momentos de mucha felicidad

Muerte.

Ya es algo que veo cerca en mi vida Me quiero preparar para ello. Recuerdo a los clásicos: «La muerte, como la vida». Tal como hayas vivido será la muerte. También muerte hace referencia a atentados, desastres,injusticias o al hambre por la que mueren muchos hermanos nuestros en África

Utopía.

Es una palabra que antes se empleaba mucho. Utopía es querer un mundo diferente. «Outopos» significa «no tiene lugar». Pero recuerdo unos versos de Antonio Machado que para mí significan mucho: «Bueno es saber que los vasos/ nos sirven para beber;/ lo malo es que no sabemos/ para qué sirve la sed». Pues la sed es la que nos hace caminar, la que nos hace buscar el pozo donde está el manantial, que seria la utopía. La utopía es querer un mundo mejor, pero no ilusamente, sino trabajando para conseguirlo. Utopía puede ser el Reino de Dios que Jesús nos anunciaba: paz, fraternidad, justicia, solidaridad Sin la utopía no podríamos vivir. Sin mirar hacia el futuro y sin esperanza, la vida cae en un sin sentido y nos echa a perder a nosotros mismos.

Paco Cerdá
Valencia

(Levante, el mercantil valenciano, 29 de mayo de 2017)

Entrevista en TV Mediterráneo

27 may 17. El Hno Juan Oliver fue entrevistado por la TV del Mediterráneo para su programa Encuentros que se emitió el 26 de este mes. Primero hay un reportaje del besamanos a la Virgen de los Desamparados. La entrevista comienza en el minuto 8,30.

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Una experiencia evangelizadora

26 may 17.- El colegio Sagrada Familia Patronato de la Juventud Obrera (PJO) de Valencia ha clausurado el ciclo de conferencias de su Aula de Doctrina Social de Iglesia en torno a la figura del Papa Francisco. Para poner punto y final a todas estas reflexiones Monseñor D. Juan Oliver, Obispo del Vicariato de Requena (Perú) ha hablado de su experiencia evangelizadora en la selva peruana.

Su conferencia no ha sido una lección magistral, ha sido un testimonio real, sencillo y sincero de su experiencia ahí. Oliver ha destilado ese aroma a oveja, a pescado, a selva, a pobreza, a dificultades y necesidades con las que convive a diario. Hoy estamos faltos de testimonios de esta naturaleza. Cuando Juan Pablo II lo mandó al Perú, lo hizo para desarrollar el voto de pobreza de los franciscanos y, también, si cabe, de todo cristiano.

Su zona de misión se sitúa en la selva noreste del Perú, frontera con Brasil y con Colombia en una zona de profundidad con crecidas y vaciamientos de un afluente del Amazonas. Vive en la gran paradoja del río como fuente de vida y de destrucción.

El trabajo que los franciscanos llevan haciendo ahí desde 1904 está en mejorar las condiciones de vida de las personas que residen en situaciones tan adversas. Su misión ha sido cultural con la construcción de escuelas y centros educativos, de ahí según Oliver del gran respeto y la buena consideración de las gentes hacia la Iglesia, puesto que se ha convertido en un referente de civilización a través de la evangelización.

Como ha destacado, para llevar a cabo esta tarea: "Nuestra misión se centra en la atención a nuestros hermanos peruanos. Vivimos insertos con la gente". Sólo hay una misión y un objetivo y no es otro que compartir la vida con la gente. Los sacerdotes no pueden comunicarse entre ellos debido a la precariedad de las comunicaciones. Por ello el contacto de los pastores con su pueblo es constante y directo. De alguna forma viven la fraternidad de forma radical.

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Vea otras fotos de la conferencia AQUÍ

El ser franciscano de Oliver rezuma por todas partes. Es este y no otro el legado de la presencia de la Iglesia ahí. La misión franciscana dio prosperidad a Requena llegando a considerarse como la Atenas peruana. Su tarea evangelizadora estriba básicamente en la atención a los hermanos desde la perspectiva de la educación.

En el debate que se ha generado al finalizar su intervención ha insistido que Europa, España y Perú necesitan, en el fondo, lo mismo: una necesidad urgente de enamorarse de Cristo.

Y ha insistido en uno de los retos a los que tiene que asistir la Iglesia en el futuro: la increencia, la falta de Fe recordando al diagnóstico que Benedicto XVI trazó para poner en duda el auge del relativismo y la eliminación de Dios de la vida pública, de las gentes y de los pueblos.

Al final de la conferencia, un aplauso intenso y duradero ha agolpado la sala reconociendo las distintas virtudes que Monseñor Oliver ha mostrado a raudales: claridad, humildad y sencillez. Un camino y una guía para todos los cristianos. ¡Que Dios le bendiga!

José Miguel Martínez Castelló
Coordinador de la Pastoral del Patronato de la Juventud Obrera de Valencia.

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[vía periodistadigital.com]

La fraternidad OFM en cifras (año 2016)

17 mayo 17. Copiamos de la web de la Orden unos datos estadísticos de la OFM:

Los Hermanos Menores, al 31 de diciembre de 2016, eran 13302. Algunos detalles: Postulantes, 608 (no entran en el cómputo); Novicios, 385, Profesos temporales, 1496 (Fratres cum optione clericali: 1129; Fratres sine optione clericali: 150; Fratres sine optione: 217); Profesos solemnes, 11300 (Sac.: 8977; Diac. Perm.: 62; hermanos con opciones clericales: 410; hermanos laicos: 1851). Nuestros hermanos Cardenales (4) y Arzobispos/Obispos (117) son 121. Los hermanos que fallecieron durante este año fueron 303.

Los Hermanos Menores, presentes en 119 Países, están distribuidos de la siguiente manera: África y Medio Oriente: 1234; América Latina: 3257; América del Norte: 1194; Asia-Oceanía: 1487; Europa Occidental: 3712; Europa Oriental: 2418.

La Fraternidad universal está estructurada en 93 Provincias y 8 Custodias Autónomas; 8 Entidades dependientes del Ministro general; 19 Custodias dependientes de las Provincias; 14 Conferencias de Ministros provinciales y 3 Uniones de Conferencias (Asia/Oceanía: FCAO; América Latina: UCLAF; Europa: UFME).

Los números no constituyen el elemento más importante para evaluar la calidad de la vida. No obstante, no pueden ser considerados «solamente como algo negativo. Frente [a esta situación] estamos invitados a cavar profundamente en las raíces de nuestra identidad vocacional. Debemos revisar la manera en que estamos viviendo el carisma y la forma como estamos trabajando con los laicos, para que podamos seguir trasmitiendo el mensaje del Evangelio» (Fr. Michael A. Perry, Incontro ad Aleppo, 7 de abril de 2017).

Una experiencia evangelizadora

19 may 17. Dentro del Ciclo de conferencias sobre la Doctrina Social de la Iglesia Fr. Juan Oliver, ofm, Obispo del Vicariato de Requena (Perú) expondrá "Una experiencia evangelizadora en la selva peruana".

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Tendrá lugar el 25 de mayo a las 18,30 horas en el Salón de Actos del Colegio Sagrada Familia PJO, calle Poeta Ricard Sanmartí, 3. CP 46120. Valencia.

Será retransmitida en directo en www.fundacionpjo.es


“La 72, Hogar" - Refugio para emigrantes

13 abr 17.- “La 72, Hogar” es el nombre del Refugio para personas migrantes que la provincia Franciscana de San Felipe de Jesús tiene a su cargo en Tabasco, México.

Según explican los franciscanos, este refugio está en Tenosique, Tabasco, municipio de la frontera sur, puerta de acceso de los inmigrantes. Aquí inician su camino hacia el norte, campo minado, donde son víctimas de secuestros, asaltos, extorsiones, discriminaciones y de un sinfín de delitos y violaciones a sus derechos humanos. “El 25 de abril de 2011 empezamos este proyecto con las hermanas y los hermanos migrantes: dejamos el albergue de la sede parroquial y nos trasladamos a la nueva sede. Y decidimos darle un nuevo nombre: LA 72, HOGAR – REFUGIO PARA PERSONAS MIGRANTES”.

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Foto del principio de la web www.la72.org

Según explican el origen de este Hogar se remonta a finales de agosto de 2010, cuando el mundo entero se estremeció cuando vio los cuerpos masacrados de setenta y dos emigrantes de Centro y Sudamérica.

En México, desde hace algunos años el crimen organizado se ha cebado en estas gentes. Las personas que salen de Honduras, Guatemala, Nicaragua, El Salvador y de otros países de Sudamérica son mercancía. Un tráfico que deja mucho dinero en los bolsillos de los criminales y en las cuentas de muchos políticos, funcionarios públicos y cuerpos policiacos, según explican los mismos franciscanos.

Los Franciscanos llegaron a Tenosique, Tabasco en 1951. Un territorio de misiones, extenso y que se prolongaba más allá de los límites geográficos con Guatemala, en el árido Departamento de Petén. Desde los conflictos internos en Centroamérica en la década de los ochenta del siglo pasado, muchas personas empezaron a salir de sus países de origen. En 1995, cuando nació la Provincia de San Felipe de Jesús en México, los franciscanos iniciaron la atención pastoral a todas esas personas expulsadas de sus países por diversas causas, pero principalmente por la economía de muerte. Poco a poco la región se ha ido convirtiendo en el escenario de una verdadera tragedia humanitaria. La acción evangelizadora de la Iglesia y la Orden se da en el contexto de una desigualdad desvergonzada, una extrema pobreza y una violencia escandalosa, que clama al cielo.

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Murales de la 70

Ahora “La 72 Hogar” es un lugar de memoria, donde continuamente reciben a las víctimas migrantes de esta tragedia contra los pobres. “Nuestra labor se une a otras Casas del migrante en todo el territorio mexicano. Ya no nos basta con abrir los brazos y recibir a los heridos de esta inhumana y cruel guerra, ya no nos basta con limpiarles las llagas de los pies o producto de los asaltos; no es suficiente ya con consolarlos y decir ‘que te vaya bien, que Dios bendiga tu camino’. Hemos asumido la defensa de sus derechos, de su dignidad y la proclama de que su historia la vamos a transformar”.

Lo primero que hacen es darles asistencia sanitaria, recibirlos, hacer un primer diagnóstico, llevarlos a la cocina, al módulo de salud, para curarles los pies, la deshidratación… Darles ropa. Les dan cobertura legal en temas de derechos humanos, atienden a los grupos vulnerables, mujeres, niñas, niños… Cada uno de estos grupos tiene un proyecto dentro de La 72.

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Niños en La 72

Por último, abogan por un cambio estructural. Ya no es suficiente recibir a los emigrantes, ofrecerles de comer y un lugar para dormir. Es necesario defender su dignidad, sus derechos humanos y desde La 72, junto con otras organizaciones de la Sociedad Civil, lograr una migración no forzada y libre de violencia.

Fotos de http://www.la72.org/

OMPRESS-MÉXICO (12-04-17)