Cultura religiosa

San Francisco de Asís

S¡vosotros los jóvenes buscáis en todo lo que leéis lo grande, lo maravilloso, lo legendario, vais a ver estas tres cualidades, felizmente combinadas, en los pasajes más importantes de la vida de San Francisco.

Veréis lo grande: pocas obras tan grandes y estupendas ha realizado el hombre sobre la tierra. Veréis lo maravilloso, lo extraordinario, lo divino, en un Santo que ha sido llamado con propiedad otro Cristo redivivo. Y veréis, a la vez, lo legendario, lo novelesco, pues la vida de San Francisco parece realmente una leyenda. Las dos vidas que del seráfico Patriarca escribió San Buenaventura son llamadas Leyendas. Y aunque son historias verídicas y reales, van siempre los hechos que relata adornados con la aureola de la leyenda.

No voy a relataros la vida del Santo: os resultaría esto muy pesado e interminable, y seria impropio de una revista mensual. No haré más que describiros los rasgos característicos de la fisonomía del Pobrecillo de Asís. Y con ello tendréis suficiente para enamoraros de su persona, de sus actos, de sus virtudes heroicas y extraordinarias.

La cuna de Francisco se nos presenta ya rodeada de prodigios, encantos y maravillas.

Algunos años antes de que naciese, recorría las calles y plazas de Asís un hombre desconocido que gritaba y decía: Pax et bonum, paz y bien, produciendo estas palabras maravillosos efectos en todos los habitantes de la ciudad.

En las vísperas de su nacimiento, se acercó a las puertas de la casa del noble Pedro Bernardón un peregrino que pedía limosna, y al enterarse de lo que allí ocurría, dijo a los criados que le habían socorrido: «El niño que está próximo a nacer no verá la luz sino en un establo, y sobre un pesebre cubierto de paja, a semejanza del divino Redentor.» Y en efecto, llevaron a la señora de la casa, llamada Pica, a un establo, y allí dio a luz felizmente un hermoso niño.

Aún se conserva en Asís un oratorio llamado San Francisco il Piccolo, que fue en otro tiempo el establo en que nació San Francisco. Sobre su puerta se lee una antigua inscripción, que traducida al castellano, dice así: Este oratorio fue establo de buey y asno, y en él nació Francisco, espejo del mundo.

Apenas nació el infante, según antigua tradición, se presentó otro peregrino, de aspecto venerable, quien pidió tener en sus brazos al recién nacido mientras lo bautizaban. Así lo hizo, contemplando al niño con celestial mirada durante la religiosa ceremonia, y desapareció después, dejando en las gradas del altar las huellas de sus rodillas.

Aún se enseña hoy en la catedral de Asís, y el que os escribe ha tenido la satisfacción de contemplar el mármol maravilloso y la misma pila en que fue bautizado el afortunado niño, con esta inscripción, traducida del italiano. Esta es la pila en que fue bautizado el seráfico Padre San Francisco. Y en dicha pila es costumbre piadosa bautizar a cas¡todos los niños de Asís, poniéndolos bajo la protección del Santo Patriarca.

Al regresar del bautizo, otro peregrino se presentó en casa de Pica solicitando que le dejasen ver al recién nacido. Lo tomó en sus brazos, y viendo en él un elegido de Dios para realizar obras grandes, le trazó en el hombro la señal de la cruz, y lo devolvió a la nodriza, diciéndole: «Cuida este niño con esmero, porque llegará a ser grande a los ojos del Señor. Los príncipes de las tinieblas lo presienten así, e intentarán quitarle la vida; cuida tú de él para que no caiga en sus emboscadas.» Dicho esto desapareció el peregrino, sin que fuera posible encontrarle en toda la ciudad.

Ved ahí, mis queridos antonianos, cuántas maravillas, encantos y prodigios rodean la cuna del niño Francisco. ¿No veis en todo ello un presagio, un anuncio claro y preciso de lo que había de ser aquel tierno infante que venía al mundo? Verdaderamente fue un prodigio continuado toda su vida; un triunfo de la gracia, una serie de portentos nunca vistos en la tierra después del nacimiento del divino Jesús.

Y s¡tales prodigios y maravillas rodean la cuna de Francisco, prodigios y maravillas le acompañarán toda su vida.

Paz y Bien os desea en las presentes Navidades,

Fr. Juan Bta. Botet, ofm

Postulatum en honor de San José

Es admirable el incrementó cada vez más creciente que va tomando la devoción y el culto del Patriarca San José en todo el orbe católico. No se cansan los fieles de acudir a tan excelso y privilegiado Santo en todas sus aflicciones y necesidades. Querrían que cada día tuviese lugar algún culto en su honor para postrarse a sus pies v pedirle mil bendiciones y favores. Es, pues, consiguiente que este movimiento Josefino se organice dogmática, moral, litúrgica y piadosamente, con tan laudable objeto se anuncian algunas asambleas y Congresos antes del Concilio Vaticano, a fin de que la Teología Josefina se concrete a puntos sólidos y se desenvuelva en toda la plenitud posible. Con este motivo indicaremos algunos puntos, que, en resumen, contendrá nuestros deseos o postulatum en honor de San José.

San José

1º.- Como estaba determinado por la Divina Providencia que la encarnación del Verbo divino se verificase, in virgine desponsata, en la Virgen María desposada con San José, entra éste privilegiado Patriarca, uno eodemque decreto, en un mismo decreto de la predestinación con Jesús y María Inmaculada, anterior e independiente al pecado de los ángeles y de Adán, como lo demuestran los teólogos Josefinos con San Bernardino, Mercier, D' Argentan y otros, que se pueden ver en el capítulo IV y siguientes del Padre Cantera en su magistral obra sobre este Jefe responsable de la Sagrada Familia.

Una vez establecido este principio, apliquemos al Patriarca San José, servatis servandis, con la debida proporción, todas las excelencias, privilegios y prerrogativas que el Venerable Escoto y la Escuela Franciscana atribuye a María Santísima con el silogismo potuit, decuit, ergo fecit, y con el axioma: quod excellentius tribuendum est, que lo más grandioso y excelente se ha de atribuir a la Virgen (y a San José), siempre que no se opongan a ello la Sagrada Escritura y la Autoridad de la Iglesia (Scotus III, dist. 1, 9. I).

2º.- La superioridad de San José sobre los otros Santos en la teología, además del principio supremo indicado en el número antecedente, se demuestra con el orden hipostático.

Y en verdad, Bernardino de Bustos, Suárez y todos los teólogos josefinos, como se puede ver en el Padre Cantera, admiten que Jesús y María pertenecen al orden hipostático intrínseco, y el Patriarca San José al orden hipostático extrínseco. Y de esto se infiere que el padre de Jesús y esposo de María está en un orden muy superior a los otros santos, ángeles y justos, esto es, mucho más arriba y alto que las jerarquías angélicas, San Juan Bautista, los Apóstoles, doctores, mártires, confesores y vírgenes. De modo que los argumentos que se hacen a par¡velis mili, para comparar y estudiar los privilegios de San José con San Joaquín, Santa Ana, etc., son falsos, porque no hay proporción entre los objetos comparados; pertenecen a órdenes distintos. El ministerio de padre de Jesús y esposo de María está sobre todas las otras excelencias.

3º.- En cuanto a la inmaculada concepción de San José, además de lo que dijimos en cinco artículos bien extensos que publicamos en la revista Esclava y Reina, y de lo que indican el Venerable Bernardino de Bustos y Cartagena, discútase imparcialmente este privilegio, y mientras tanto, nos atenemos a la Pastoral del señor Obispo de Oviedo de 22 de Febrero de 1925, que dice: «La santificación de San José en el útero materno, y aun su inmunidad del pecado original, han sido sostenidos por algunos autores y pueden ser admitidos privadamente, pues no faltan razones que abonen su existencia.»

4º.- Dice San Bernardino de Sena en el sermón de este Patriarca: Pie credendum est, se ha de creer piadosamente que a San José asistieron Jesús y María en su dichoso tránsito y que está en cuerpo y alma en el cielo. La resurrección de San José y de su gloria en cuerpo y alma en el cielo es hoy doctrina de San Francisco de Sales. San Leonardo de Puerto Mauricio y de todos los teólogos, devotos y amantes de tan privilegiado Patriarca. Por consiguiente, deseamos y pedimos que se haga mención especial de esta prerrogativa de San José en la liturgia de la Iglesia con alguna fiesta o conmemoración.

5º.- Es consiguiente que la Divina Providencia guarde en el cielo la misma economía que en la tierra, y como San José fue jefe responsable y administrador de Jesús y María, los mejores tesoros de la tierra, diremos con San Leonardo de Puerto Mauricio, celestial patrono de las misiones parroquiales, que por voluntad de Dios, de Jesús y de María es medianero universal de todas las gracias de las criaturas. Además, hemos de atribuir al padre virginal de Jesús y al Esposo de María todas las gracias gratis datas y gratum facientes posibles y convenientes; pues no solo le hemos de atribuir lo estrictamente necesario para desempeñar su divina misión o ministerio, sino, quod excellentius, toda la plenitud posible y proporcionada de privilegios, dones y excelencias.

6º.- Es sentencia de los teólogos que el poder de San José es, por medio de Jesús y María, Omnipotente y Universal. San Leonardo dice a este propósito: «Los otros santos suplican; pero San José manda en el cielo.» La Iglesia confirma esta doctrina nombrándole Protector o Patrono de la Iglesia Universal, esto es, de toda la economía sobrenatural, pues Patrono o Protector quiere decir etimológicamente, que hace veces de padre, que nos libra de los peligros, defiende nuestros derechos y nos socorre en todas las necesidades. Y en la Misa del Patrocinio de San José nos dice: «En cualquiera tribulación en que clamaren a mí, les atenderé y seré siempre su Protector». Además, como San José atendió, custodió y alimentó a Jesús y María, tiene parte en la sangre y cuerpo de Jesús, y por consiguiente es cooperador de la redención del género humano y de la vida de la Iglesia militante, purgante y triunfante, influyendo en el sacrificio de la Cruz, de la Santa Misa y Comunión, y comunicando las gracias santificantes al estado religioso, sacerdotal, virginal, matrimonial y vidual.

7º.- Conteniéndose en resumen la vida de San José en sus Siete principales Dolores y Gozos y siendo esta devoción, con los Siete Domingos y varios otros modos, propagada en todo el orbe católico, pedimos con todo el encarecimiento posible una fiesta especial y litúrgica de los Siete Dolores y de los Siete Gozos más principales del Patriarca San José con Oficio y Misa propios. Y suplicamos a todos los devotos Josefinos, que se valgan de toda su influencia y valimiento ante los Prelados y la autoridad suprema de la Iglesia, para que en el próximo Concilio Vaticano o en la primera ocasión, se consiga esta gracia.

8º.- Todos decimos con San Bernardino de Sena, pie credendum est, que se ha de creer piadosamente que Jesús y María asistieron a San José en la última enfermedad y en la hora de la muerte. Siendo, pues, este Patriarca abogado y protector para hacer una santa muerte, pedimos que se extienda a la Iglesia universal la Misa en honor de San José para impetrar una santa muerte, inscrita ya en algunos misales romanos, con aprobación de la Sagrada Congregación de Ritos y compuesta, con el beneplácito de Clemente XI, por el Cardenal José María Tomasí, muerto con fama de santidad en Enero de 1713.

Otro tanto decimos del oficio y misa de este misterio y de la fiesta de la Huida a Egipto, que se celebra en algunas diócesis. Consíganse algunas indulgencias para los que dan hospedaje a los transeúntes y pobres en honor a San José.

9º.- Pídase la Misa votiva de San José para los días 19 de cada mes y aun para los miércoles de cada semana, y celébrense estos días con algún culto o devoción especial al Santo Patriarca.

10º.- La dignidad de San José supera a la de los reyes y príncipes de la tierra; como dice San Leonardo de Puerto Mauricio, fue el primer religioso y como padre y fundador de todas las órdenes e institutos religiosos, porque fue el primero que hizo los votos de castidad, obediencia y pobreza en la Iglesia naciente; santificó el trabajo con el sudor de su frente y desempeñó el ministerio de cabeza y jefe responsable de la sagrada y primera Familia cristiana. Propóngase, pues, este glorioso Patriarca a todos los estados y clases sociales como modelo y protector de religiosos, gobernantes, familias, obreros, artistas, capitalistas, ricos y pobres, para que, imitando su humildad, laboriosidad, paciencia, dolores y gozos, aprendan a cumplir sus respectivas obligaciones y practicar sus virtudes adelantando en la perfección cristiana y vida espiritual y mística.

Estúdiese la naturaleza de su inefable paternidad, evitando los extremos de paternidad natural o metafórica, y explíquese también la naturaleza de sus desposorios y matrimonio, que forman una teología especial. Otro tanto se podía decir de la jerarquía o lugar que ocupa en la gloria, adornado con las aureolas de virgen, doctor y mártir en grado eminente, y del culto de dulia, protodulia o hiperdulia que le corresponde al Padre de Jesús y Esposo de la Madre de Dios y a un Santo que pertenece al orden hipostático.

11º.- Como se halla indulgenciado por Pío IX, el Mes de San José, desearíamos que en este ejercicio, además de ensalzar las grandezas y excelencias de este poderoso Patriarca, se hiciera mención especial y directa de los agonizantes, para así, después de una santa vida, hacer una muerte feliz bajo su santo Patrocinio, pues la experiencia enseña que el pensamiento de una buena muerte es muy eficaz para reformar nuestra vida.

12º.- A fin de que todo el mayor número posible muera con los Santos Sacramentos, o por lo menos en el santo temor de Dios y reconciliado con el Señor, promuévase la asociación de la Cruzada por los Moribundos, que, con el título de La Pía Unión del Tránsito de San José por los agonizantes de cada día, se halla extendido en todo el orbe católico, para lo que pueden dirigirse los Sacerdotes y devotos a la Oficina Central de la calle de los Reyes, 20, Madrid.

Podríamos proponer en este Postulatum las prerrogativas de la santificación antes de nacer o luego de ser concebido, de la extinción o ligación del fomes peccati, de la impecabilidad, de la perpetua virginidad y de varias otras excelencias; pero implícita o explícitamente están contenidas en las indicaciones precedentes, sobre todo en los dos primeros principios teológicos, y nos parece que bastan los puntos indicados para la discusión de la Asamblea Josefina o Concilio Vaticano, pues concretando bien estas proposiciones en honor del Patriarca San José, ellas nos darán luz para ampliar más y más estos conocimientos, atribuir al Padre de Jesús y Esposo de María, servatis servandis, las prerrogativas y excelencias más sublimes y grandiosas quod excellentius, y tributarle los homenajes más profundos y sinceros de nuestro corazón.

Fr. Andrés de Ocerín-Jáuregui, ofm

Sagrada familia

Al Niño Jesús

Yo quisiera

I

Quisiera ver los pastores
que adoraron en la cuna
al que le dio al sol fulgores,
rayos de plata a la luna,
dotó de aroma las flores,
vista dio al ave nocturna,
su canto a los ruiseñores,
al alma la hora oportuna,
de tener en sus albores
a Dios que es su gran fortuna,
al Amor de los Amores.

II

Y a San José admirar,
junto a la cuna extasiado
al Niño Dios adorar,
besándole con cuidado,
su dulce sueño velar,
y a su Madre al otro lado,
cual hebras de oro enlazar
los cabellos de su Amado;
pudiendo el alma adorar
al Señor tan ultrajado.

III

Y ver a la Virgen pura
alimentando a su hijo
con cariño y con dulzura;
y su pensamiento fijo
en la calle de Amargura
divisando el Crucifijo;
entre la verde espesura,
con m¡mente me dirijo,
a contemplar la hermosura
del que todo lo predijo.

IV

Réstame solo después,
cuando el cielo he vislumbrado
ver la cueva de Belén,
y al Niño Dios recostado;
suplicándole a la vez
me haga tan afortunado,
no en materia de interés,
y sí en gracia colmado,
hoy que su nacimiento
es por todos glorificado.

Lolita Marco Fandos, Antoniana.

Villancico

Un infante precioso
nació en Belén,
entre dos bestezuelas:
asnillo y buey.

Angelitos del Cielo,
venid a ver,
envuelto en mantilluelas,
a vuestro Rey.

Arrulladle amorosos
como a quien es;
que pulse uno la lira,
otro el rabel.

¡Mirad cómo sonríe!
¡Con qué placer
dormitan sus ojuelos
dulces cual miel!

Sus cabellos son rubios,
blanca su tez,
y su rostro más bello
que el rosicler.

Querubes, acercaos,
n¡respiréis
cuando al Niño chiquito
beséis el pie.

Pastorcillos del monte,
¿no lo sabéis?,
ya la tierra perfuma
lindo clavel.

Ya el sol de la alegría
volvió a nacer,
y a los hombres se ofrece
luz, paz y bien.

Apresurad el paso,
venid, corred,
que visto aqueste Niño,
no hay más que ver.

Fr. Juan Bta. Gomis, ofm

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