Divulgación teológica

Mutuo amor entre Dios y el alma

Amor de la criatura al Creador

Dios, como vimos en el número pasado, ama al hombre infinitamente con un amor sin medida y nosotros agradecidos a ese amor inmenso que nos profesa, debemos corresponderá con un afecto y cariño especial.

Muchos son los títulos que Dios tiene para exigirnos que le prodiguemos todo nuestro amor, con toda la capacidad de las potencias de nuestra alma; pero el único título que aduciremos, haciendo caso omiso de los demás, será el de Amador o Amante. Ley del amor es corresponder con amores a la persona amada. El amor es de tal naturaleza que despierta en el ser amado, como si fuese rápido resorte, un sentimiento de benevolencia, y de afecto hacia el ser que tan liberal y graciosamente nos prodigó su amor primero, siendo dicho sentimiento de benevolencia y de afecto, tanto más intenso y vivo cuanto mayor es el grado de amor y amistad que con sus actos nos ha manifestado. Los sentimientos que nacen en nuestra alma, cuando las fibras de nuestro corazón son pulsadas por el arco finísimo del amor de nuestro amador, es semejante al concierto y melodiosa armonía que producen diestras manos cuando pulsan acordados instrumentos músicos. La sensación de gratitud hacia el amante que se adueña y enseñorea de nuestra alma es más para sentirse que para entenderse por medio de imágenes; pero es algo real y que no puede negar persona alguna al contacto del fluido impalpable y espiritual del amor con que hemos sido amados.

Apliquemos estas breves ideas que nos ofrece la experiencia cotidiana, al analizar el sentimiento de gratitud, a la vida divina, que si bien infinitamente más perfecta que la vida humana, no por eso está en contradicción y negación con ella, sino que muy al contrario, cifra y resume en sí todas las perfecciones esparcidas por la naturaleza entera, elevadas a un grado infinito.

Dios ama al hombre con un amor infinito y en amarnos tiene puestas sus más gratas complacencias e inefables consuelos. Él mismo lo dice en su sagrado evangelio: Mis delicias son estar con los hijos
de los hombres. Si Dios, pues, nos ama; si Dios tiene en nosotros puesto su más distinguido afecto y en amarnos se goza inefablemente y según lo anteriormente expuesto, todo amor despierta en el corazón amado tierno sentimiento de amor recíproco hacia el amante, en la proporción con que éste le ama ¿cuál no debe ser nuestro amor para con Dios que nos ama infinitamente? Y no solo nos ama con un amor infinito, es decir sin medida ninguna, si que también nos ama y nos amó eternamente, esto es, su amor profesado al hombre no tuvo principio; antes que el hombre existiera ya en su corazón sentía dulce afecto hacia la criatura racional y este amor que no tuvo principio, no tiene ni tendrá fin; Dios siempre amará al hombre, siempre derramará sobre él sus más preciados y divinos dones y hasta el mismo hombre condenado sentirá la mano bienhechora de su Dios, pero lo que en otra despertara consuelo, despertará por su culpa desconsuelo, desdicha y desventura eterna.

¿Cómo, pues, corresponderemos al amor infinito y eterno de nuestro buen Dios?

Corresponderemos a las inenarrables finezas del amor de nuestro Creador, amándole con todas nuestras potencias y sentidos. Y no nos debemos reducir a amarle en lo estrictamente necesario, ni debemos escatimarle y medirle nuestro amor, sino que como finos amantes, enamorados de la belleza ideal de nuestro Amador, de sus inefables gracias y carismas, debemos depositar en su corazón todos nuestros amores; fija nuestra mirada en nuestro Amor, a él debemos enderezar todas nuestras acciones, corrigiendo cuanto de él nos desvíe; nada nos ocupe que no nos lleve y conduzca con seguridad al amor de nuestro Dios; El debe ser el centro de nuestra vida, la norma de nuestro obrar, el fin último de todo cuanto piense nuestra inteligencia, la fuerza que incline a amar a nuestra voluntad y el objeto sobre quien actúen nuestros sentidos. Con ello habremos cumplido, en parte, la ley de gratitud que existe en nuestra conciencia.

Fr. Ludovico Mª Rubert, ofm

(Continuará)

Cultura religiosa

Necesidad de la fe

La fe humana es necesaria en toda la vida social y para adquirir la mayor parte de nuestros conocimientos, cómo os decía en mi anterior.

Y en el caso que suponíamos de tener que explicar vosotros a un joven incrédulo la necesidad y naturaleza de la fe divina» deberíais insistir en lo que veníamos diciendo, es decir, en hacerles ver la necesidad y naturaleza de la fe humana; porque cuanto más claramente vean lo que es ésta, tanto mejor entenderán lo que debe ser aquélla.

Y para ello deberías añadir a las razones ya dichas, que nuestra naturaleza humana exige siempre la creencia en alguna verdad. No hallaréis en la Historia, ni en libro, que haya existido región, pueblo, tribu o individuo, que haya dejado de creer en alguna cosa, verdadera o falsa, real o fingida, porque es una necesidad moral que el el hombre ha sentido siempre, como la siente también ahora.

Y en confirmación de esto veréis que todos los pueblos, razas e individuos humanos de los pasados siglos, como de los presentes, desde el momento en que han dejado de creer en el verdadero Dios, se han forjado dioses falsos, ídolos de barro, metal, madera, plantas o animales, creándose una religión a su antojo, acomodada a sus vicios, inclinaciones y pasiones desordenadas. Con la particularidad de que estos ídolos y dioses falsos que adoraban, y a quienes ofrecían sacrificios hasta de víctimas humanas, no eran muchas veces sino animales inmundos y fetiches, con figuras grotescas y repugnantes.

Además, la religión falsa y caprichosa inventada por ellos les exigía la creencia en errores y absurdos, con un culto acompañado de ritos y ceremonias, usos y costumbres extravagantes, obscenos, indignos del hombre, al que rebajaban hasta el nivel de los brutos animales.

Y los herejes de todos los tiempos, los mahometanos y varias sectas de protestantes, y hasta los mismos racionalistas modernos, que rechazan la fe religiosa en nombre de la razón pura, admiten errores y absurdos inconcebibles, y hasta supersticiones estúpidas, creyendo en brujas, magos y sonámbulos, cuyas profecías y pronósticos tienen como oráculos infalibles.

Y todo esto lo vemos hoy confirmado en los espiritistas que rechazan la revelación divina y el Evangelio de Jesucristo, y sin embargo, admiten las revelaciones del demonio y de los espíritus malignos.
Siempre veréis, aún ahora, por desgracia, en los pueblos como en los individuos, que a medida que disminuye la fe en las verdades y dogmas de nuestra Religión, crece y aumenta la creencia en errores, supersticiones y falsas doctrinas. Y todo esto se explica perfectamente por la necesidad moral que ha sentido siempre el hombre, y siente ahora, de creer en alguna cosa.

Y si vosotros mismos quisierais hacer la experiencia, veríais como a todos esos jóvenes y personas mayores que alardean de incrédulos, son precisamente los más supersticiosos, los más, fáciles de engañar en materias de religión, y los más propensos a creer todo lo que se les dice, y es porque al estar vacíos de la fe verdadera, llenan su inteligencia con errores, absurdos y falsedades.

Y siéndole necesario al hombre creer por una exigencia de su propia naturaleza, ¿no es mucho más noble, digno y racional que crea la verdad y no el error, lo cierto y no lo dudoso, los dogmas de nuestra Religión y no las revelaciones mentirosas de los espíritus malignos?

Aparte de que la fe en la Religión verdadera es necesaria al hombre para conseguir su último fin y salvarse, como nos enseña nuestra Madre la Iglesia Católica.

Fr. Juan B. Botet, ofm

Página poética

Al Niño Jesús en la cunita

Dame una lagrimita

Oh dulce Niñito
que reclinadito
en pobre pesebre por mi culpa estás.
Esas lagrimitas
que como perlitas
lloran tus ojuelos, Jesús, dámelas...
Me has entregado
tu cuerpo sagrado
y tus lagrimitas ¿no me las darás?
Dame al menos una
desde esa tu cuna
y llore contigo mis culpas de atrás.

Ofrenda de amor

Dulce y gracioso Niñito,
que de frió tiritando
a las almas vas llamando
para darles un besito...

¿Quieres mi corazoncito?
Te lo doy sin vacilar,
y con él te quiero amar
hasta el martirio, Señor.
Llénalo, si, de tu amor,
cuando lo quieras besar...

Jesús Galbis

Desposorios de San Francisco con la Pobreza

(De Jacinto Verdaguer)

Que lo vean y se alegren los pobres. Salmo 68, 33.

De los jóvenes de Asís
en la compañía inquieta,
cierto día iba Francisco,
en su juventud primera
llenando el pueblo de bulla
y el aire de cantinelas.
En su frente soñadora
de pronto alumbra una idea,
y es como un cielo nublado
que un rayo de sol serena;
se queda en medio la calle
inmóvil como una piedra.
Sus amigos que lo advierten,
le dicen con reticencia:
—¿ Qué sueñas tener esposa?
—¿La piensas tomar muy bella?
—Yo la ensueño como un sol,
como no la hay en la tierra.
La esposa que va a tomar
fue de Jesús compañera.
Desde que en sueños la vio,
noche y día la desea,
la busca por todo el mundo
como entre fango a la perla.
No la busca en los palacios
entre ropas de oro y seda,
ni entre cánticos alegres,
sino llorando en las selvas,
y ella le lleva, aunque es pobre,
en dote la vida eterna.
Cierto día oyendo misa,
a la palabra evangélica
no llevéis por el camino,
neque virgam neque peram,
se le aparece su amor
como aurora en primavera.
Harapienta va y humilde,
mas tiene cara de reina;
le ladra el perro infernal,
los ángeles le hacen paso,
serafines, reverencia,
y la nombran a menudo
de Jesús la tesorera.
Quiere él ser su caballero
y se viste su librea
hecha con un saco humilde,
que el de mercader le pesa;
lejos arroja el bastón,
el rico calzado deja,
dale el anillo de esposa,
con amor la abraza y besa.
Jesucristo los bendice
entre milicias angélicas,
y de las arpas celestes
se vierten dulces cadencias.
¡Venturoso casamiento
de Francisco y la Pobreza!
Nacerán hijos hermosos
cual retoños de olivera,
llenando el cielo de flores,
de frutos de cielo y tierra.
Si queréis contarlos todos,
contad las claras estrellas.

Luis Guarner

Página mariana

Grandeza de María

Al querer introducir un nuevo plan de materias científico-religiosas en La Acción Antoniana, que tan alto prestigio va adquiriendo en toda la región de Levante, se ha pensado, con buen acierto, añadir la Sección mariana, para mí la más interesante de todas, porque es la que nos ha de tener en continua comunicación con la más tierna de todas las madres, la Virgen Purísima.

Todas las revistas piadosas debieran consagrar algunas de sus páginas al fomento de la devoción y amor a la Reina de los Ángeles. Porque ¿no es María Inmaculada la fuente inexhausta de la vida, de la gracia y de la gloria?

En efecto, por la divina maternidad se le conceden a la Santísima Virgen derechos y prerrogativas, proporcionadas a su dignidad, y que jamás se darán a ninguna otra pura criatura; pues si Eva, porque había de ser madre de todos los mortales, fue adornada con dones extraordinarios, con el estado de justicia virginal la gracia santificante, ¿cuáles no debieran ser las de esta bendita Virgen, que al ser elevada a la dignidad de Madre de Dios y Madre de los hombres, no sólo había de estar íntimamente relacionada con las tres divinas Personas de la Santísima Trinidad y había de tomar a su cargo la descendencia que Eva había arruinado, sino que había de restituirla con Cristo a su primitivo estado de justicia y santidad? Porque María siendo Madre de Dios, es también Corredentora del mundo y Medianera universal de todas las gracias que pueden dignificar y salvar al hombre.

Se confirma lo dicho con estas palabras de San Bernardino de Sena: "Habiendo sido encerrado en el purísimo vientre de María todo el ser, todo el poder, toda la sabiduría y toda la voluntad de Dios, de Ella, como de océano de la divinidad, se derivan todas las gracias y todos los beneficios que puedan recibir los hombres; porque de este océano de la divinidad, como de manantial inagotable, brotan las fuentes de la vida, porque de María Virgen nació Jesús, que es nuestra vida sobrenatural y divina; de la gracia, porque es la tesorera del cielo y Madre verdadera del Verbo encarnado, de quien toda gracia dimana; y de la gloria, porque como Medianera universal de todas las gracias, han de pasar también por sus manos los premios eternos que Dios nos tiene reservados en justa recompensa de nuestras buenas obras. Todo, todo quiere el Señor que pase por manos de María.»

Según esto, parece evidente que no podemos prescindir de la Santísima Virgen en ninguno de los actos de la vida, por que así en el orden natural como en el sobrenatural y divino, María es nuestra madre espiritual, nuestro amparo y refugio, y la que no cesa de interceder delante de su Hijo. Ella es luz al entendimiento, fuego al corazón, y la que da eficacia a las santas resoluciones de nuestra voluntad. Nada, pues, nada podemos hacer en ninguno de los órdenes de la vida sin su mediación y poderosa ayuda.

¿Y qué muchos que nosotros no podamos prescindir de esta mujer incomparable y santísima, cuando el mismo Dios parece que no quiera hacer nada sin la cooperación de María? «El Señor me poseyó en el principio de sus caminos, desde el principio antes que criase cosa alguna», nos dice Ella misma poniendo en sus labios las palabras de los Proverbios. «Con El estaba ya concertándolo todo y dando formación y vida a las obras de sus manos en los días de la creación, porque antes que apareciese la luz y fuera hecha hecho el firmamento, antes que corrieran las fuentes de las aguas y la tierra se vistiera del verdor de su follaje, antes que el sol nos calentara con sus rayos y la luna y estrellas lucieran en la bóveda celeste, antes que el ave parlera nos recreara con sus trinos y gorjeos y el manso cordero se apacentara por los prados, antes que el hombre saliera del polvo de la nada y fuera coronado rey de toda la creación, ya existía yo en la mente divina.»

Fr. Buenaventura Botella, ofm

Divulgación científica

Matices del tiempo

No dudo, lector, que aciertes el significado del rótulo de mi artículo. Ha llovido mucho, y todavía no llegó el agua a las entrañas de la tierra; me refiero a esta localidad, donde los 74 milímetros del pasado Noviembre y los 18 de Diciembre, unidos a los 70 de Octubre, dan 162 milímetros, cantidad insuficiente para el recebo de los manantiales ya bastante agotados.

Peor todavía que este rincón poniente del valle, deben de estar los campos de Alicante, donde no han caído ni 100 milímetros. Es una zona muy castigada por las sequías, y se extiende desde el S. de las crestas de Bernia hasta el cabo de Gata, En otras comarcas de Levante ha llovido bastante, pues tiene el tiempo de este Otoño tendencia a descargar el agua de las nubes sobre el interior y parte septentrional de la región. En el litoral castellonense y tierras del centro de la provincia de Valencia ha llovido bastante para que se mantengan en su estado las fuentes y aún para despertar las aletargadas por el ardor estival, como las de Gilet y otros muchos pueblos.

Ha habido días de lluvia torrencial, con tormentas y granizadas horribles, como la del cinco del pasado mes, que arrasó las comarcas de la Ribera del Júcar. Es fenómeno raro este de caer fuerte pedrisco en época tan avanzada. El siete por la tarde aún se veían montones de granizo, tal fue la cantidad y espesor del pedrisco. Dicho día 5 la estación de la masía de la mar (llano de Cuarte), midió 70 milímetros en muy corto espacio de tiempo.

La contextura isobárica que ha producido esta distribución de lluvias es en líneas generales la que sigue: Un poderoso anticiclón tiene marcada tendencia a situarse en la Península Escandinava y Báltico, probablemente como prolongación de las altas presiones que comprenden el continente asiático en Invierno, debido a frío. Como efecto de esta pendiente de N. a S., soplan desde los países centrales fuertes levantes que llegan hasta el Mediterráneo superior; pero bajan pocas veces del nivel de Barcelona. Los vientos del primer cuadrante ocasionan fuertes heladas en el Centro y N. de Europa, habiendo sido de mucho frío para dichos países durante el pasado mes.

Las bajas presiones han olvidado de momento su ruta normal hacia el NE. y desde los parajes atlánticos van invadiendo primero Irlanda y Galicia y luego por el Istmo Pirenaico penetran en el Mediterráneo, donde se estacionan. Al tiempo de avanzar los mínimos principales por el Cantábrico, se forman otros secundarios al W. de Portugal que, paralelos a los anteriores, cruzan la Península de Poniente a Levante por su centro. Esta es la razón por la cual las lluvias han sido más copiosas por el Norte e interior de la región y por Cataluña. Mientras aquí teníamos vientos muy flojos de Levante, desde Valencia soplaba con fuerza, fuera de que las cordilleras del Sur de Valencia se orientan desde el mar a tierra, mientras que las del litoral del Norte, forman barreras casi paralelas a la costa.

La única situación propicia para un buen temporal del NE. la tuvimos el 26 del pasado, cuando al reaccionar el mínimo barométrico llegado al Mediterráneo el 22, constituye un pequeño ciclón en las costas de Argel con vientos del NE. y lluvias copiosas desde los montes del Sur de la Ribera. Este pluviómetro recogió 37 mil. y el de Agres, 90 mil. Mas la actuación de esta depresión fue corta, debido a que se trasladó hacia el NE. volando los vientos de la costa al Norte y despejándose parcialmente. En las costas africanas de Argel y Orán diluvió, ocasionando daños por valor de muchos millones de francos.
Registro el total aproximado de lluvias de las estaciones siguientes: Barcelona, más de 100 mil. Castellón, 150 mil. Valencia, 130 mil. Onteniente, 80 mil. Alicante, 50 mil. Murcia, 140 mil.

Confirman estos datos y los de las estaciones del interior de la región, lo que don Manuel Iranzo más de veinte años atrás anotó en su cuadro de Categorías, a saber: que en la Categoría Marítima, Régimen 2, que se establece con caracteres de persistencia, y en el que las altas presiones se sitúan hacia el centro de Europa y las bajas presiones abordan el Continente por el Occidente de Galicia, con secundarios que atravesando la Península se colocan sobre nuestro litoral, las lluvias son más copiosas en el interior y hacia el Norte de Levante, ocasionando a veces desbordamientos en el Palancia, Mijares y Turia.

Fr. Eusebio Arbona, ofm

Página misionera

¿Qué día tan colmado?

«Todos los lunes por la mañana dos Franciscanas Misioneras de María dejan su casa de King-chou-fu y marchan con paso alegre y decidido hacia Shanse... Hoy, apenas se ponen en camino, un gemido las detiene: un mendigo, tendido al borde del camino y próximo a exhalar el último gemido, gime penosamente. Se le da un confortante y pronto se averigua que es un antiguo enfermo del hospital de Itchang, donde ya ha oído hablar de la verdadera religión, y desea vivamente recibir el bautismo antes de morir.

—¡Ah! buen hombre, le dice la Hermana, da gracias a Dios por habernos guiado por este camino para procurarte esta gracia.

El moribundo repite con fervor los actos de fe, esperanza y caridad, recibe el bautismo y después se acuesta de nuevo sobre la piedra, saludando a las Religiosas con sus bendiciones... ¡Es feliz!

Algunos pasos más lejos una mujer suplica a las misioneras entren en su casa, pues tiene a su hijito muy enfermo. Entran y prodigan los cuidados necesarios al pequeñuelo; pero es preciso encaminarse cuanto antes hacia el río Azul ¡Al fin he aquí la barca! La travesía se hace lentamente, en tanto que las Religiosas rezan su corona con la vista fija en la otra orilla: una pobre mujer camina por ella, llevando a la espalda un niño que tiene todo el aspecto de un moribundo. En cuanto desembarcan, se aproximan a la pobrecilla y la dicen: —¿A dónde va?

—Soy de Simen. Mi marido ha muerto y yo no tengo dinero para cuidar de mi hijo... —¡Pobre mujer! Ven, pues, a nuestro dispensario, nosotras cuidamos gratuitamente a los enfermos.

Pero ¿podrá llegar el niño hasta allá? Sobre las rodillas de la madre, sentada en el suelo, se procura reanimarle un poco; el agua bautismal es la primera medicina. Se prodigan algunas palabras de aliento a la afligida madre para animarla a llegar al dispensario, y de nuevo se emprende la marcha. Mas no por mucho tiempo: en una miserable cabaña, dos niños se hallan tan enfermos, que uno de ellos recibe el bautismo. ¿Será posible continuar el camino sin decir una palabra de consuelo a los desolados padres?...; pero sólo una, pues los clientes aguardan en el dispensario. Con todo esto, no se llega aún... Una joven madre se arroja a las rodillas de las Religiosas, pidiéndoles con lágrimas en los ojos vayan a ver a su recién nacido. ¿Será este acaso un angelito más? Las Hermanas no pueden dudarlo, y sin pérdida de tiempo le dan las alas que esperaba para volar al cielo. Le bautizan y muere...

Por fin las enfermeras llegan al dispensario. ¡Qué gentío!... Mas su corazón rebosa de gozo, porque esta tarde podrán ofrecer al Señor una magnífica jornada de trabajo. Y la tarea comienza: centenares de enfermos desfilan. Después de haber curado, consolado, catequizado y bautizado en caso de necesidad, parece ¿no es verdad? que el día ha terminado y que al fin ha sonado la hora de la oración, del descanso.

Repetidas aldabadas anuncian que no es así: solicitan a las Hermanas para que vayan a ver a un niño que se está muriendo a una hora de distancia del dispensario.

Corren sin dudar un momento...; el pobre enfermito, en efecto, se retuerce en medio de horribles convulsiones, y los padres, locos de dolor, quieren salvar a toda costa a su primogénito. Un enérgico remedio calma poco a poco al niño y disipa los temores; las misioneras se alejan, dejando tras sí la esperanza y el agradecimiento... Llegan a casa, ya muy tarde, toman un poco de alimento y se van a descansar...; pero antes se dirigen a la capilla y se arrodillan ante el Sagrario. ¿Qué hacen? Ofrecen a Jesús el día que han pasado tan colmado en buenas obras, le piden la bendición p se retiran musitando una plegaria por los pobres infieles y también por sus hermanos de Europa que los mantienen con sus limosnas. ¡Oh, qué dichosa limosna la que ha alimentado a estas Religiosas en este día! ¡Lector, si lo que te gastas en espectáculos vanos y peligrosos lo enviaras a las Misiones,..!»

Una Religiosa Misionera.

En el Centro Antoniano

Invitado por un íntimo amigo mío, asistí, hace unos días, a las funciones teatrales que se representan en el Centro Antoniano, situado en la calle de Padre de Huérfanos, y dirigido por los Padres Franciscanos.

Francamente confieso que la entrada del edificio no me fue del todo agradable: aquel patio irregular, la escalera no muy cómoda, los corredores estrechos, me desalentaron en extremo. Pero al entrar en el salón que forma el teatro, y ver allí reunidas tantas personas conocidas y de las familias más distinguidas de la capital, al ver tomadas todas las localidades y repletas completamente todas las sitias, butacas, galerías y palcos, se expansionó mi espíritu y se ensanchó mi corazón.

Y cambiados los saludos de rúbrica en tales ocasiones, quedé profundamente admirado al levantarse el telón y ver aquel escenario tan bien decorado, aquel cuadro de actrices y actores tan completo, aquellos trajes tan característicos, aquella música tan inspirada y aquella obra tan clásica, tan bien escrita y tan artísticamente interpretada. Se representaba aquella tarde nada menos que la zarzuela, llamada con razón la perla de las zarzuelas de su época, «Jugar con fuego», del clásico autor don Ventura de la Vega y música del maestro Barbieri. Y cada escena, cada nuevo personaje, cada acto, iban aumentando de cada vez más mi entusiasmo y admiración por todo aquel conjunto tan bello y armónico, y las manos se juntaron repetidas veces para aplaudir, como lo hacían también todos los asistentes al acto.

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Un acto de la zarzuela "Jugar con fuego"

Fue una tarde verdaderamente feliz y agradable, en compañía de tantos y tan buenos amigos, y con gran satisfacción de mi alma vi que el Centro Antoniano resolvía un arduo problema que me llevaba preocupado hace tiempo, y que creo debe preocupar también a todas las familias cristianas: es decir, que dicho Centro es un lugar de recreación honesta, seria, artística, moral y decente, al que pueden asistir los niños, jóvenes y personas mayores, y reunirse las familias sin temor alguno de ver obras inmorales. que ofendan la decencia cristiana, pues todas las obras que allí se representan, son obras selectas, clásicas, bellas, alegres, y escrupulosamente revisadas por persona inteligente y competentísima en estas materias. ¿No es esta una garantía de valor inestimable, hoy que se representan en los teatros tantas obras inmorales, y se exhiben en los cines tantas películas indecentes y pornográficas? He aquí el problema que resuelve este Centro.

Y al expresar esta noble expansión de mi espíritu., quiero que aquellos aplausos que brotaron espontáneamente de mis manos, queden estampados en las columnas de esta revista como un tributo de justicia para los directores y para los que tomaron parte en aquella representación.
Y sea mi primer aplauso para el P. Fernando Fabregat, Director de aquel Centro, que está realizando una magna labor social, amplia, seria, benéfica, instructiva, muy digna de ser secundada y protegida por cuantas personas puedan y se interesen por el bien moral de la familia y de la sociedad.

Mil plácemes y enhorabuenas merecen también el director de escena señor Máñez, que podemos decir es el alma y vida de todo aquel cuadro, juntamente con el señor Alpera, maestro concertador, quien con su talento y habilidad musicales, hace resaltar los papeles y puntos más culminantes de las obras que se representan.

Es, además, el señor Máñez un actor de cuerpo entero, un entusiasta admirador de lo bello y lo sublime, que siente y hace sentir el arte escénico en cuantas obras dirige y toma parte.

Y ¿con qué frases elogiaré la labor artística de las bellas y simpáticas señoritas Amparito Martínez, Remedios Cayuela, Teresita y María Santamaría, Nieves Fernández, Teresa y Milagro Casas, Heredia Castillo y la niña Gloria Martínez, todas ellas honestamente vestidas, modestas, pulcras, que derraman su gracia y donaire en los distintos papeles que representan?

Sobresale entre todas ellas la mencionada señorita Amparito Martínez, por su voz dulce, clara, argentina, extensa, que brota de su privilegiada garganta de ruiseñor, y que arranca siempre los más entusiastas aplausos a todos los asistentes. Completan tan bello cuadro los actores señores Casas, Tancredo, Heredia, Sanchis, Martí, Pastor, Blanquer Sales y Barberá, todos ellos jóvenes antonianos, se manifiestan siempre, en los papeles que representan, cual hábiles maestros en el difícil y complicado arte de la escena.

Plenamente satisfechos y complacidos pueden estar los directores de este Centro y su Junta organizadora, constituida por personas muy dignas, serias, inteligentes y de positivo valer en todos los órdenes.

¡Lástima que el local no sea más capaz y reúna mejores condiciones para poder desarrollar completamente todo el programa social que el Centro se propone!

Creo que es un deber de todos los que a él asisten, procurar por cuantos medios estén a su alcance, la ampliación, propagación y mejoras materiales de una sociedad tan benéfica.

Un devoto de San Antonio

Virtudes selectas

La oportunidad

Esta virtud es uno de los mejores atajos para llegar pronto a donde se desea. Ella es una de las cualidades que más brillo pueden comunicar a nuestras obras ordinarias; la que nunca debiera de faltar a nuestros pensamientos, ni a nuestras palabras, ni a nuestras acciones. ¿Quién es capaz de ponderar bastante lo que vale una cosa cualquiera si es del todo oportuna? No importa que sea la más mínima e insignificante entre todas las otras. Su mucha oportunidad suplirá con creces su insignificancia. El buen ladrón no hizo más que pedir a Jesús que se acordase de él en su reino; y le contestó el Señor, diciéndole: «Hoy mismo estaremos juntos en el reino de mi Padre». Esta oportunidad le mereció la vida eterna.

Por ahí ya se puede adivinar la extraordinaria importancia que ha de tener la oportunidad en la vida espiritual. Sin ella no es posible se practiquen útilmente las virtudes cristianas, ni que se progrese mucho en el camino de la perfección. Con ella, sin embargo, todo es fácil, todo hacedero, todo altamente remunerador. Es, digámoslo así, como la sal que condimenta nuestras comidas. Ella lo sazona todo a gusto de Dios, y a todo cuanto hacemos comunica un valor verdaderamente extraordinario. Las más insignificantes acciones nuestras, aunque sea no más que levantar una paja del suelo, adquiere un mérito sin igual en la presencia de Dios si llevan el sello de la oportunidad estampado en todas y cada una de sus partes. Mas es cierto también que Dios rechaza todas aquellas ofrendas, aunque sean limosnas, ayunos, vigilias y oraciones que no estén así condimentadas. Por lo insípidas que las encuentra, cuando no son oportunas en sus objetos, Fines y demás circunstancias, no hay modo de que las acepte ni de que disimule su enojo contra quien se atreva a ofrecérselas.

Se comprenderá mucho mejor el símil de la sal, comparando la oportunidad en nuestro bien obrar con lo que igualmente pasa entre las gentes de mundo. En todas partes se encuentran personas graciosas, que saben entretener a los demás, con dichos y hechos de mérito singular. Hacen reír y entretienen a los circunstantes precisamente porque aciertan en ser oportunos siempre.

Por estupideces se han considerado siempre las gracias presentadas fuera de tiempo, y por estúpidas pasan las personas que a troche y moche las dicen. La razón es clara: porque si la poca sal deja la comida aún insípida, la sal puesta en demasía o allí donde no se requiere, la torna a veces tan amarga que tampoco puede ya comerse. Tanto por uno como por otro defecto se inutilizan las mejores viandas.
La sal que para Dios sazona nuestras buenas obras, es la santa oportunidad en que son hechas. Y sabido es de todos que, unas cosas son oportunas un lugar, mientras en otros carecen de esa excelente cualidad. Hacer que resplandezca en todas nuestras obras la santa oportunidad, es proceder con rectitud de intención en todo, y camino expedito para darles en cada caso la oportunidad que ellas requieren de nosotros. Esta es la única fórmula de llevar felizmente hasta el cabo nuestras empresas espirituales; el importante secreto de comunicar a nuestras acciones y devociones toda la perfección posible en la presencia del Señor.

La oportunidad nos alcanza de Dios los medios necesarios para conseguir en la tierra los fines especiales a que se ordenan nuestra vocación y estado. De modo que si procuramos ser en todo oportunos podemos contar con una providencia singular y continua. Pues entonces siempre estamos haciendo cuanto sabemos para complacer a Dios, y su divina Majestad, en justa recompensa, nos colma de sus infinitas misericordias.

Aquí es donde se establece entre Dios y nosotros una santa emulación para ver quién dará más a quién. Nosotros, por nuestra parte, le entregamos cuanto tenemos, sin reservarnos la más mínima cosa. Pero Dios viene a nosotros y nos inunda con sus dones sobrenaturales. Así es como Dios nunca se queda corto cuando se propone corresponder nuestros pequeños servicios, cada vez que los encuentra oportunos. ¡Tan grande es la obra de la santa oportunidad con que dirigimos hacia El nuestros pasos!

Fr. Francisco Lliteras, ofm