Virtudes selectas

La generosidad

Porque a todos gustan los sublimes ejemplos de virtud y santidad, continuamos hoy el glorioso desfile de los personajes ilustras, nobles y generosos que dan calor, vida y movimiento a los cuadros, relaciones históricas y escenas de matiz variado que abrillantan las páginas de la sagrada escritura.

El casto José, hijo de Jacob y de Raquel, es uno de tantos siervos de Dios que, por no ofender ni disgustar en nada a su Divina Majestad, vienen generosos a ofrendarle al Señor su cuerpo y su alma, sus potencias y sus sentidos, su fama y su honra, su presente y su porvenir.

Requerido de amores ilícitos por la mujer de Putifar, en cuya casa servía y administraba fielmente los intereses de su amo, rompe la valla de todas las conveniencias temporales y rechaza con dignidad varonil las ofertas y halagos de su ama y señora, que ha intentado seducir su corazón con una pasión deshonesta.

Huye aprisa de aquella mala mujer, y se libra de ella y de sus asechanzas dejando abandonada en sus manos la capa por donde le había asido. Este desaire le hace víctima de una cruel venganza por parte de la misma mujer, quien lo delata a su esposo de seductor y alega en contra de él la capa que le arrebató. De resultas de esta infame denuncia, José cae en desgracia de Putifar, general de los ejércitos de Faraón, y da con sus huevos en las cárceles del rey. Pero ha salvado su integridad personal, y el favor y la gracia de Dios, que son para el acusado de mucha mayor trascendencia.

Con respecto de aquellos hermanos suyos que por envidia quisieron asesinarle en Dótain, que lo arrojaron en una cisterna sin agua con ánimo de que muriera de hambre y abandono, y que después lo sacaron de ella para venderlo a los mercaderes israelitas que trajeron a Egipto tan rica joya, sabrá perdonarlos, socorrerlos con abundancia y aún colmarlos de riquezas y honores, cual s¡entre ellos y él hubiesen existido siempre la más cordial y franca armonía.

La casta Susana, hija de Helcías y de Joaquín, de la tribu de Judá, es otra de estas figuras de alto relieve. Su generosidad para con Dios rebasa también los límites de lo increíble. Traída prisionera con su esposo a Babilonia, por su amor a la castidad y al cumplimiento de su deber, parece un bloque vivo tallado de la misma cantera que José. No la ablandan las dádivas, ni la seducen los halagos, ni las amenazas la encogen ni la acobardan. Podría quedarse sin fama, sin hacienda, sin familia, sin honra y recubierta de oprobios. Pero a Dios no se lo quitará nadie del medio del corazón.

Sorprendida, estando ella sola en el baño, por dos viejos impúdicos, jueces inicuos entre los judíos aportados prisioneros a Babilonia, se estrella toda la industria humana contra la firmeza de esa roca inconmovible. Así que entendió la obscena pretensión de ellos y que vio el mal cariz que tomaba el apunto, gritó con toda la fuerza de sus pulmones hasta que la hubieron oído sus familiares y venido en socorro de su flaqueza.

Juntamente con ella clamaron también los viejos y trataron de encubrir su atroz delito con el feo, sucio y asqueroso manto de la calumnia. Para ello aseguraron, una y mil veces, haberla encontrado en flagrante adulterio con su joven desconocido, que logró escaparse de sus manos; y la voz de este falso crimen llegó muy en breve a todos los judíos de aquella colonia.

Al otro día depusieron en pleno juicio todas las piezas de esta acusación tan desvergonzada, no dándose por satisfechos hasta haber sublevado al pueblo contra ella y ver que la sentenciaban todos a morirá pedrada, para que sintiese todos los rigores de la ley entonces vigente y quedase execrado un crimen tan horroroso, que Susana no quiso n¡pudo cometer.

Cuando era conducida al lugar del suplicio, vino de parte de Dios el profeta de Daniel, joven de sólo doce años perteneciente a la misma colonia judía, quien probó la inculpabilidad de la acusada frente a la malicia diabólica de los jueces, los que pagaron su merecido con las piedras preparadas para Susana.

Fr. Francisco Lliteras, ofm

El Beato Raimundo Lulio

aEl bienaventurado apóstol y mártir Raimundo Lulio, de la Tercera Orden Franciscana, nació de noble familia en la ciudad de Palma de Mallorca, el año 1232. Sus padres Raimundo Lulio e Isabel de Heril, le dieron una educación esmerada infiltrando en su espíritu el temor de Dios y la devoción a la Virgen. En 1246 fue destinado a servir de paje en la corte de Jaime I, dejándose llevar algún tanto de las pasiones de su natural ardiente y fogoso.

Mas arrepentido de sus desvaríos, habiéndose aparecido a él cinco veces Jesús Crucificado, dejó bienes y familia, partiendo al monte de Randa para entregarse a la penitencia. Para poder predicar a los moros emprendió largos viajes procurando enardecer a los reyes de la cristiandad, y encender sus espíritus en vivos deseos de reconquistar los Santos Lugares, suplicando reiteradamente a los Pontífices Nicolás III, Honorio IV, Nicolás VI, Bonifacio VIII y Clemente V, ayudasen sus proyectos de apostolado entre los sarracenos. En la Universidad de París explicó su Arte Magna filosófica, derramando en otras obras inmortales, gloria de nuestras letras, su amor a Dios y sus ardientes anhelos de verle férvido y honrado por todas las gentes.

Predicó en territorio africano el Evangelio a los moros, y confesando la fe de Jesucristo, a los 83 años de su edad, fue preso, herido de cuchillo y apedreado por aquéllos, en la ciudad de Bugía. Recogido por unos navegantes genoveses, entregó su alma a Dios delante de las costas de Mallorca, el año 1315. Sus restos venerados se guardan en la Iglesia de San Francisco de Palma.

Pío IX aprobó el culto inmemorial que Mallorca le tributaba. Quiera Dios que pronto podamos venerarle como santo sobre los altares.

Perlas del cielo

Flor celeste

Se ven vez en cuando en la tierra almas tan celestiales, tan puras, tan candorosas, tan santas que no es posible contemplarlas sin quedar absortos, embelesados ante su gracia peregrina, y sin sentirnos atraídos y subyugados por los encantos de su virtud. Diríamos que se complace de cuando en cuando en mostrar a la tierra las bellas flores que adornan los jardines del cielo y deja caer alguna semilla de esas flores celestiales, que llegan de ordinario a la tierra envueltas entre el rocío de la oración, y entre la lluvia benéfica de la gracia, que lace descender desde el cielo la ferviente súplica de algunas almas enamoradas de Dios. Dichosas flores que hacen algo atractiva la tierra para Dios, que se complace en las almas puras, y tiene sus delicias de pasearse entre lirios; almas divinas, que son fruto de bendición y por doquiera hacen gala de las maravillas de a gracia.

Tal se mostró en el mundo el alma bendita del glorioso San Cono, flor del jardín de la gloria, que Dios envió a la tierra como fruto de oración.

Nació en Diano, pueblo de la provincia de Salerno en Italia. Sus padres, siendo y a de avanzada edad y no teniendo hijos, no cesaban de implorar de Dios esta gracia con lágrimas y oraciones. Se apiadó el Señor por fin de sus plegarias, y escuchó su oración; y tomando del cielo la semilla de una flor celeste, vino a ellos, y mientras estaban en oración, los envolvió en una visión luminosa que despedía llamas de inmenso esplendor que llenaban la tierra y subían hasta el cielo en forma de grandiosa pirámide de luz. Les fue entonces revelado que tendrían un hijo que sería como un monte de luz y de fuego divino, por lo que habían le ponerle el nombre de Cono, pues sería como un monte de perfección. Así sucedió, y el niño Cono nació a la vida como una flor llena de gracia y llena de encantos divinos.

Todavía muy pequeño realizaba prodigios de penitencia, que causaba pasmo y admiración; y siendo un niño aún, huyó del mundo y de la casa paterna, y se encerró en el claustro, tomando el hábito de S. Benito. Sus padres y deudos, al darse cuenta de su desaparición, le fueron a buscar al Convento, conjurándose para hacerle volver a casa por todos los medios posibles. En vano le buscaron por todo el monasterio, el joven Cono no aparecía por ninguna parte. Cansados de buscar, abrieron por fin la puerta del horno, que estaba todo encendido en llamas; y ¡cual no fue su sorpresa al verle arrodillado en medio de las llamas y entregado tranquilamente a la santa contemplación! Ante semejante prodigio le dejaron en paz, y continuó su vida religiosa, siendo ejemplo y modelo de todas las virtudes, y perfumando como flor celeste las santas moradas del claustro.

Pero vemos también de ordinario que estas flores celestes duran muy poco en la tierra; son ráfagas de amor divino que pasan con rapidez por la tierra llenándola de virtud, y desaparecen pronto, para no ser contaminadas por la corrupción del pecado: flores divinas que consumadas en breve, llenan inmenso tiempo por el fruto de su virtud, y dejan una estela luminosa de su paso, que no se apaga ya en los siglos venideros.

Contaba sólo el bienaventurado Cono la edad de diez y ocho años y estaba ya lleno de virtudes y de méritos; su amor en la Virgen María había sido tierno, ya lo demostró toda su vida en las obras, especialmente ayunando todos los sábados. Era pues un día de sábado y en obsequio de la Santísima Virgen había pasado el día en ayuno y oración. Llegó la noche, y mientras estaba sentado en el refectorio con la Comunidad para la cena, quedó toda la estancia invadida de luz celestial acompañada de armonías celestes, que todos escucharon. Cesó el canto y una voz se dejó oír diciendo: «Cono, Cono, esta noche subirás al cielo». Al oír estas palabras, se postró el santo de rodillas, y contestó como María: «Hágase en mí según tu palabra». Recogido en su aposento se puso en oración, y más tarde volvieron a resonar las músicas, y sin estar enfermo, su alma voló al cielo, para perfumar el jardín de la gloria.

Fr. Manuel Balaguer, ofm

Ecos de las misiones

No tiene más que ocho años

(Conclusión)

Le quedaba todavía en el hogar otra abuela de 80 años. Pero ¿querrá Dios en el paraíso personas tan viejas?... Grave cuestión que inquietaba frecuentemente al niño, al contemplar las arrugadas manos de la anciana.

Contó el caso a la Misionera.

Seguramente, le contestó ésta, el buen maestro acoge a todos y s¡alguna preferencia hubiese sería ciertamente para los pequeños como tú y para los obreros de la última hora, como tu anciana abuelita. El niño ha comprendido y marcha a llevar a su casa la buena noticia. ¡Dios te quiere, abuela, te quiere aunque seas vieja!... Y el pequeño orador desplegó tanta elocuencia que la abuela se dejó al fin convencer.

Entonces ¡a la obra!... Pronto, pronto... y el catecismo se abre en la primera página. Mas, ¡ay! s¡la cabeza de la otra abuela era dura, la de ésta aún es mucho más. Pedrito encuentra su tarea tan por encima de sus fuerzas, que termina por llevar a su discípula a la Kunené. La instrucción religiosa comienza inmediatamente y, desde entonces, Pedrito presta diariamente sus ojillos de lince para guiar los pasos vacilantes de la anciana, su hombro para sostener su debilidad, y así, neófito y catecúmena llegan al convento. Dios es indulgente para sus preferidos; la anciana abuela fue también admitida al bautismo y el día de Todos Santos, Pedrito la conducía al misionero. También se ha hecho hija de Dios y ahora se prepara para su primera Comunión.

Ved, pues, queridos niños católicos, como un niño chino, un paganito convertido, ha sabido comunicar su fe...

Seguramente le admiraréis. ¿No queréis imitarle vosotros? Sí y aún quisierais hacer más s¡pudieseis. Pues bien, escuchad: no son siete almas las que os voy a pedir que convirtáis; es un país entero... Y ese país es el de Pedrito: ¡la China!...

En China, ya lo sabéis, ahora hay guerra, persecución; por todas partes hay bandidos, verdaderos bandidos que queman las casas durante la noche, que roban a los niños, que los matan y cortan en pedazos cuando sus padres no pueden darles todo el dinero que ellos exigen. Muchos están enfermos o en la mayor miseria y otros muchos mueren de hambre!...

Los Misioneros defienden valerosamente con peligro de su vida a todos aquellos que el Señor ha puesto en sus orfelinatos y casa-cunas aunque ¡desgraciadamente! ¡también éstos ven de día en día disminuir su ración de arroz!...

Pero aunque hay otros... se encuentran por millares, hasta los cuales los Misioneros n¡pueden llegar.
Vuestros ángeles ¿no serán acaso más dichosos?... Enviadlos pronto allá para salvar las admitidas que se hallan en peligro...

Divulgación científica

Las lluvias de este año

Al ocuparme de lo que ha llovido, me refiero al año agrícola que comienza con la siembra por el Otoño y termina con la siega hacia principios de Verano. Los datos que me han servido para ensartar unas pobres ideas abarcan los meses comprendidos entre Septiembre y Mayo, ambos incluidos. Omito la lluvia siembra escasa que pueda caer en los tres meses de Verano, Junio, Julio y Agosto, digo, del Verano de los meteorólogos.

Al intentar formar juicio de la pluviosidad del presente año agrícola no cabe envolver toda la Región Levantina bajo una afirmación categórica, sino que es preciso distinguir entre unas regiones y otras; pues mientras para el Nordeste ha sido de lluvias frecuentes y abundantes, para el Sur y Oeste las muchas lluvias han sido poco copiosas, suficientes tan solo para los sembrados y arbolado.

Pero este juicio es demasiado general, y gustaría más a los aficionados conocer en concreto algunos datos de lluvias de nuestra Región. Precisamente en esto les puedo servir ya que en m¡visita al Servicio Meteorológico de Levante, puso a m¡disposición el Director del tal Servicio los datos que tiene preparados para la confección del Boletín en que anotará la lista completa de las observaciones recibidas durante los meses de Invierno y Primavera, con los cuales datos púdica también dos mapas con la distribución de las lluvias. Esto se reparte gratis a cuantos tienen pluviómetro.

Comenzando por las Estaciones de mayor precipitación, son los datos como siguen:

Fontilles=861 mm
Camarena=700 ?;
Catí=786:
Onda=662;
Albaida=600?;
Agres=626;
Peñagolosa= 535;
Segorbe=495;
Sanct¡Spiritus=482;
Burríana=514:
Luchente=505;
Tortosa = 522;
Pego = 550;
Oliva=398;
Torrente=428;
Sinarcas=400;
Chelva=394;
Alcoy=386;
Castellón de Rugat=509;
Onteniente=423;
Utiel = 270;
Teruel= 263;
Albacete=346;
La Narboneta=213;
Agat=240 ?;
Orihuela=190;
Alicante= 163;
Callosa de Ensarriá=179.

Aunque estos datos son insuficientes para formar juicio exacto de la distribución de las lluvias, pero dan idea aproximada de su reparto. Teniendo en cuenta que la cantidad media de aguas caídas por año es para la generalidad de Levante 450 milímetros, se ve que la mayor parte de Estaciones la superan; con todo, en gran parte de la Región no ha llovido para fuertes. La razón es sencilla. Como la lluvia ha sido, en general, muy bien repartida en todos los nueve meses, de modo que los campos no han sufrido sed, viéndose una cosecha excelente de granos; sin embargo, no habiendo llegado en la mayoría de las Estaciones a caer 250 milímetros, en pocos días, el agua no ha profundizado y el sol, el aire y las plantas le han devuelto la atmósfera sin lograr empaparse de humedad las capas inferiores del suelo.

Sirva de comprobación la fuente de este Colegio, la cual disminuye constantemente desde las lluvias de Mayo del año pasado, alcanzando la mengua desde Agosto último hasta primeros de este mes a una mitad de su caudal ordinario que es de unos 120 litros por minuto. No se crea que el año pasado llovió mucho más que este, excediéndole tan sólo en 115 mil. pero hizo los temporales de regular importancia, el uno de 160 milímetros por Diciembre y el otro de 125 por Mayo, suficiente para almacenar en las capas inferiores bastante agua para alimentar las fuentes.

Únicamente por el Norte y centro de la Región y en la huerta de Murcia, se refuerza el temporal de últimos de Febrero que en unión del de Octubre ha hecho que broten con fuerza las fuentes para todo el año. Para la parte Sur y Oeste, se desvanecen las esperanzas de agua abundante por ahora. Todavía puede llover hasta primeros de Julio con fuertes tormentos, pero es cosa rara; habernos de esperar al Otoño que nos favorezca con lluvias copiosas; por de pronto a trabajar las tierras para que no se evapore la poca agua almacenada durante el Invierno.

Fr. Eusebio Arbona, ofm

Las fiestas antonianas en San Lorenzo de Valencia

El Novenario.—Principió el día 3, domingo, y todos los días después de cantarse por escogidas voces, solemnes y clásicos trisagios de autorizados maestros en el divino arte, ocupaba el púlpito un elocuente orador, haciéndose después el ejercicio de la Novena y cantándose un precioso motete. Se finalizaba con la reserva y canto del responsorio antoniano en el altar del Santo.

El primer día predicó el P. José Antonio Arnau, Director de la Juventud Antoniana de Carcagente, hablando sobre la oportunidad del novenario para irradiar en las almas el sobrenaturalismo que ha despreciado la cavilación moderna. El P. Bernardino Mª Rubert, Vicedirector de la Acción Antoniana, trató durante tres días de los tres males más grandes que ha originado a la sociedad la civilización moderna por haber despreciado el sobrenaturalismo, presentando a San Antonio como antídoto y remedio de esos males. En los cinco sermones siguientes ocupó la tribuna sagrada el P. Francisco Lloréns, Guardián de esta comunidad franciscana de San Lorenzo, en los cuales se ocupó de varios temas antonianos.

Durante el novenario llamó la atención de los fieles la completa y bien acabada restauración que se ha llevado a cabo en el altar donde se venera el Santo, que ha sido dorado en su totalidad, y sobre todo la artística transformación de que ha sido objeto el nicho y la imagen. Los grupos de ángeles que constituyen el adorno principal, han sido pintados de nuevo, y cambiada la posición de la imagen que resulta más apropiada y expresiva.

Terminado el ejercicio del último día del novenario y con la reserva solemne, el triduo eucarístico, las bandas de tambores y cornetas y la brillante música «La Artística», ejecutaron alegres pasodobles por la carrera de la procesión.

El día de la fiesta.—El día 13 se celebró la fiesta de San Antonio de Padua, a las ocho fue la Misa de Comunión general, que celebró el P. Fernando Fabregat, director de todas las entidades antonianas. En la función religiosa se cantó por vez primera a orquesta, órgano y nutrida masa coral la gran misa de Goller, dedicada a Ntra. Sra. de Loreto.

Del panegírico se encargó el P. Juan Bta. Botet, Secretario Provincial, quien nos presentó a San Antonio como grande cruzado del siglo XIII, exhortando al final a todos los que le escuchaban a ser también cruzados de nuestros días, llevando por armas la cruz, el lirio de la pureza y la imagen de Jesús en nuestras almas, como San Antonio lo llevó durante su vida santa.

La procesión.— A la hora anunciada se verificó la ceremonia de la bendición de los lirios, y seguidamente comenzó a organizarse la procesión, que resultó lucida

Precedían al religioso cortejo las artísticas banderolas del señor Monzó y el celebrado dulzainero don Francisco Mateu, las dos señoriales carrozas, bellamente adornadas con mucho gusto, con guirnaldas y ramos de flor natural, en las que, entre grupos de ángeles y niñas vestidas de labradora, figuraban en la primera una hermosa niña representando a la Inmaculada, y en la segunda, un niño a San Antonio; los enanos y los esbeltos gigantes, todo propiedad de don Ramón Monzó.

Seguían la Cruz, multitud de niños llevando lirios, numerosas señoritas de la Juventud con cirios, la imagen de la Inmaculada y la música de Benimaclet, bandera de la Juventud y extraordinario concurso de jóvenes y asociados a la Pía Unión, imagen de San Antonio de Padua; oficiaba de preste el reverendo padre Francisco Insa. Cerraban el grandioso cortejo las bandas de tambores y cornetas y brillante música La Artística, que dirige el excelente maestro don Baldomero Roig.

Siguiendo ya la tradicional costumbre, los entusiastas vecinos de la calle de Zapateros adornaron la calle con banderas y dispararon largas tracas, al mismo tiempo que desde los balcones caía abundante lluvia de flor, homenaje que se sucedió en toda la carrera.

A entrada de la imagen en el templo se disparó larguísima traca, que terminó en lo alto del campanario, de cuya «canterella», al estallar, salieron numerosos cohetes voladores mientras las bandas y música interpretaban la Marcha real y la muchedumbre vitoreaba al esclarecido Santo paduano.