Temas religiosos de Liturgia
Advertencia importante: En el artículo de nuestro número anterior, no se publicó íntegro el texto que se citaba del Misal Romano-Seráfico, impreso el año 1924, edición última, al final de la página XLVIII. Y como de no citar íntegro dicho texto se siguen algunos errores, lo copiamos a continuación tal como debe ser:
«Ha de tomarse en absoluto este Misal en todas las iglesias y oratorios de la Orden de los Frailes Menores: item en las iglesias y oratorios de las Monjas sujetas al Ministro General de la misma Orden. Puede tomarse, además, pero sin obligación de precepto, en las iglesias y oratorios de las Monjas de la Segunda Orden sujetas a la jurisdicción de los Ordinarios de los lugares, como asimismo de los Hermanos y Hermanas de la Tercera Orden, aun de la secular, y de cualquier otro instituto religioso que por su origen o desarrollo tenga relación o íntima unión con la Orden Seráfica». Después de lo cual añade el mismo texto: «Así consta de la expresada Bula del Papa Pío VI y de la Sagrada Congregación de Ritos».
De una larga serie de decretos auténticos, que como anillo al dedo venían a nuestro propósito, tan solo tomamos la primera mitad del que lleva el número 4312, publicado el 28 de febrero del año 1914, por ser éste el principal y contener las reglas en que la Sagrada Congregación de Ritos ha dicho su última palabra sobre esta materia, y porque fue recogido y vuelto a publicar en el Apéndice segundo de la obra "Decreta Authentica" el año 1927, desde cuya fecha no se ha hecho variación ninguna, ha de tenerse por muy reciente y de palpitante actualidad litúrgica.
Dice así la primera de las tres reglas de que sólo nos hacemos cargo: «Las Ordenes Regulares en absoluto deben tener Calendario propio, el cual han de seguir a su vez las Monjas, y Hermanas de tales Ordenes».
Dice la segunda: «Las Congregaciones o Institutos de uno y otro sexo aprobados por la Santa Sede y dependientes de un Superior General, tengan igualmente, si vienen obligados al rezo del Oficio divino, su propio Calendario».
Dice la tercera: «Las Congregaciones e Institutos que hayan sido aprobados, ora por la autoridad Ordinaria, ora por la Santa Sede, pero que no se hallen comprendidos en el párrafo anterior, deben seguir el Calendario diocesano tal como se encuentra, añadidos conforme a las Rúbricas aquellos oficios que a ellos en particular están concedidos».
Basta confrontar estas reglas con los textos anteriormente aducidos para notar que no hay entre ellos contradicción de ninguna clase. Hasta parece que los más modernos están calcados sobre los más antiguos y que todos juntos se dan entre sí las manos para constituir de consuno la unidad de la doctrina tradicional aun vigente.
Han de tener, pues, en absoluto Calendario propio las Ordenes Regulares exentas, y de este mismo Calendario han de servirse también en absoluto las Monjas y Hermanas que les pertenezcan, es decir, aquéllas sobre las cuales los Prelados generales de las respectivas Ordenes religiosas primarias ejerciten plena y legítima jurisdicción canónica, ya que sólo mediante ese título pertenecen las segundas a las primeras.
Las Congregaciones o Institutos secundarios, pueden estar agregados o no estarlo a las Ordenes Regulares de varones exentas; pero como esta agregación no da jurisdicción a la Orden primaria agregante sobre el Instituto secundario agregado, tampoco puede decirse de las Congregaciones simplemente agregadas, y mucho menos de las no agregadas, independientes o libres, que sean de las Ordenes Regulares o que pertenezcan a ellas en sentido estricto, ni que les alcance formalmente la regla primera del expresado decreto, la cual se escribió para las que son, para las que les pertenecen, para las que canónicamente les están sujetas.
Esto no obstante, como uno de los efectos propios de la agregación legítima es estar con vínculos o lazos espirituales a los Institutos agregados con sus agregantes respectivos y comunicarles un derecho cierto a la participación de sus gracias e indulgencias, se dice de ellos que de algún modo, esto es, en sentido lato y congruente, y a son de la Orden primaria agregante, y que este modo de pertenecer a ella los pone también en el caso, siquiera por gratitud, por deber de buena correspondencia o de amor filial, de hacer uso del privilegio contenido en Pío VI, si se trata de institutos religiosos agregados a nuestra Orden de Menores, o de otro equivalente concedido después a los Capuchinos, a los Dominicos, a los Carmelitas, a los Servitas, etc., todo al tenor de lo ya expresado en dicha bula, en la cual parece estar calcados los sucesivos decretos dados en gracia de las demás Ordenes.
Los Institutos agregados pueden, desde el momento de su legítima agregación, optar por los libros litúrgicos de la Orden agregante respectiva, en cuando los hubieren menester. Hasta será congruente que así lo hagan o intervendrá algún género de obligación moral que los compela a adoptarlos; pero de aquí no pasará, aunque nos refiramos a Monjas de la Segunda Orden de sola jurisdicción diocesana. Lo cual es todavía más evidente respecto de las Hermanas Terciarias y de los Institutos similares sujetos también a la jurisdicción del Obispo del lugar. Es una gracia que se les concede, no un riguroso precepto que entonces se les impone. Sólo después de aceptada oficialmente esta gracia, nace para tales Congregaciones secundarias agregadas, la obligación de precepto espontáneamente contraída por las mismas.
Charlas Catequísticas o Instrucciones religiosas
La razón natural nos dicta que debemos amar y servir a Dios, pedirle luz para conocer la verdad y seguirla prontamente al conocerla.
Quien esto practica, hace todo lo que parte para seguir la verdadera religión, y el que hace todo lo que está de su parte no está obligado a más.
Nadie se condena por no haber practicado lo que sin culpa no conoció, por error involuntario profesa una religión falsa, creyendo de buena fe verdadera y procura amar y servir a Dios lo mejor que puede, se salvará.
Sólo Dios es el juez de las conciencias: él sabe quien está voluntaria o involuntariamente en el error.
Quien se da cuenta de que su religión es falsa, debe dejarla y abrazar la verdadera.
No puede seguir la religión de los padres, el que conoce que es falsa.
La religión verdadera es la que nos enseña el fin para el cual Dios nos ha criado, fin tan elevado y excelente, que no puede serlo más, pues la razón iluminada por la fe nos dice que: "Dios nos ha criado para conocerle, amarle y servirle en esta vida, y después gozarle para siempre en la otra".
Los ángeles del cielo y María Santísima no tienen otro fin más elevado; por lo tanto nuestro fin es infinitamente grande.
Estamos en la tierra para servir a Dios y ganar el cielo, para nada más, y solamente en esto debemos poner todo nuestro empeño y diligencia.
A Dios se le sirve guardando fielmente sus mandamientos.
La religión verdadera nos enseña cuáles son estos divinos mandamientos y nuestra Santa Iglesia Católica, los Dogmas, Preceptos y Medios para honrar a Dios.
Dogmas son las verdades fundamentales de !a religión, verdades que el entendimiento humano puede comprender, como es la existencia de Dios.
Misterios se llaman las verdades que el entendimiento humano no puede comprender, como la Santísima Trinidad.
No es de extrañar que haya misterios en la religión, pues los hay muchos aun en las cosas de orden natural.
Preceptos, son las leyes que la religión impone.
Los Medios, para honrar a Dios y santificarnos son: la oración, el santo sacrificio, etc.
José Mª Luca
(Continuará)
Postales antonianas
A una antoniana
Me dices que tu devoción a San Antonio va aumentando cada día; pero ¿es tan sólo porque hallaste aquellos pendientes tan preciosos que habías perdido?
Un motivo es para amar a S. Antonio ver el interés que se toma en que encuentren las cosas perdidas sus devotos; mas no ha de basarse en sólo esto tu devoción al Santo de los Milagros.
Debemos amarle por sus virtudes, por su santidad, y por su continua comunicación con el Niño Jesús, que sin duda habrás considerado en su novenario y fiesta que acabamos de celebrar.
Y a propósito, te hubieras alegrado muchísimo de ver el Altar del Santo en S. Lorenzo el día de su fiesta: la combinación de luces, los adornos, las flores, ramos de rosas, claveles, girnaldas y qué sé yo más, lo habían transformado en un trozo de cielo.
Tal lo pusieron las manos primorosas de nuestras compañeras las antonianas de la Junta: nunca estuvo tan bien adornado. Siento que no estuvieras.
Nuestra vecina Dulcinea pasa largas horas llorando desconsolada, ante la imagen de San Antonio:parece una Magdalena.
Y ¿sabes por qué? Porque ha tenido unas razones con su pretendiente, y se acabaron sus relaciones. Verás: al vestirse de verano, se ha quedado casi desnuda; excesivamente escotada, exageradamente corta, con una blusilla ligera, sin mangas, y con el pelo recortado hasta por encima de las orejas. Pues bien: al verla así su pretendiente, la dijo: mira Dulcinea, no me gusta que vayas así por la calle; veas de vestirte mejor y más decente, porque me consta que vas llamando la atención de todos los que te miran.
¿Qué le has dicho? Se enfurruñó, le contestó de mala manera, y el resultado fue que se acabaron las relaciones. Y él se mantiene firme y formal. Es todo un hombre.
Y a ella le ha dado por acudir a San Antonio, para que lo arregle
Claro que para entrar en la iglesia, se tapa un poco su desnudez;pero por la calle igual que antes. ¿Cómo es posible que San Antonio oiga sus lloros y lamentos, mientras no se vista mejor? ¿Puede hermanarse la devoción a San Antonio con la inmodestia? De ningún modo.—Tu mejor amiga, Margarita.
A un antoniano
Así me gustan los hombres. Me dices que has asistido a la procesión de S. Antonio, que tan solemnemente se ha celebrado en ese pueblo. Bien, hombre, me alegro muchísimo.
Y eso que algunos muchachitos bien se han burlado de ti, al pasar la procesión y verte llevar las andas del Santo.
De seguro que te sobraban puños para hacerles cambiar la dirección de su cara; pero supiste disimular, y continuaste la procesión hasta el fina!
Has sido más valiente y más hombre, venciéndote a ti mismo que si hubieras hecho caso de las risitas de aquellos quidam.
¡Infelices! se creen ellos que así son algo, y se atraen las miradas y se ganan simpatías! Y lo que consiguen es todo lo contrario.
Si hombre, sí, créeme: pasaron aquellos tiempos en que había quien se burlaba impunemente de los actos religiosos en público: ahora hay respeto y autoridad, y se enseña a todo el mundo a cumplir con su deber, y a tener educación.
Pero si bien se mira, aquello no era sino falta de crianza, y sobra de ignorancia religiosa.
Chico, hubieras disfrutado de asistir a la procesión de nuestro San Antonio en San Lorenzo. Aquello si que fue procesión, y ¡qué larga! y cuántos y cuántas jóvenes; y cuántos niños y niñas!; y todas y todos con cirios y azucenas; aquello parecían hileras de ángeles caminando por la tierra. Y la imagen de la Inmaculada con ellas, y la de San Antonio con nosotros. ¡Cuán alegres y satisfechos mirarían desde el cielo a tantos jóvenes, niños y niñas, acompañando a sus imágenes.
Nada, que San Antonio se va adueñando de todos los corazones, pues apenas hay persona alguna que no sea devota del Santo de todo el mundo.
¿Te has preparado ya para nuestras cacerías por esos montes? ¡Qué carreras nos hacen dar esas perdícitas!, y liebres y conejos!; pero... por fin caen en nuestras manos.
Cuida las escopetas, alimenta los perros, y avisa a los guardas del coto para que no se te anticipen otros que no sean de los nuestros.
Un abrazo de tu amigo, Pancracio.
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