Misiones Franciscanas
"Cava a su sepultura"
La volubilidad e indolencia de los salvajes amaguacas, obligaron a los padres misioneros, Manuel Ortí e Inocencio Tapia, a dejar su nueva residencia de San Pedro, para cumplir las órdenes del Superior, que había dispuesto salieran a recibir el cargamento de herramientas, géneros, etc., que les traía de Manaos (Brasil), a fin de dar término a las obras de la iglesia y casa-misión. Cuantos medios emplearon para inducir a esos indolentes indígenas a que les acompañaran todos fracasaron, todo fue inútil; y la fecha fijada estaba próxima, resolvieron ir solos al encuentro de Fr. Pablo Ibáñez, Procurador de la Misión.
Puesta su confianza en Dios se embarcaron en una canoa pequeña a fin de realizar más fácilmente el viaje. Mas, bien sea por la poca práctica en el manejo de la embarcación o por la creciente del río,
o ambas cosas, después que anduvieron varias millas chocaron con un árbol caído en el río y se les volteó la canoa. Afortunadamente asidos a ésta se salvaron del naufragio. No debían haber continuado el viaje, dada la impericia; pero no era prudente tampoco quedar allí aislados sin víveres, sin armas para cazar o anzuelos para la pesca, pues todo lo habían perdido en el naufragio. Optaron, pues, entre dos extremos a cual más peligroso, seguir navegando y les agarró una correntada, que les volteó de nuevo la canoa, y se la llevó y el P. Tapia menos práctico en la natación se enredó entre unos árboles y piedras y murió ahogado. Su compañero, después de grandes esfuerzos, pudo alcanzar la playa y salvarse.
La situación del P. Ortí era crítica, Solo, llorando la pérdida de su compañero; desnudo, el río le había arrebatado el hábito; expuesto a los rayos de un sol tropical, a la lluvia, a las picaduras de los mosquitos, sin víveres, alimentándose de gramalote y frutos; sin herramientas abriéndose paso entre las espinas que arañaban su cuerpo; errante por aquella playa llegó a tal extremo su desfallecimiento que pensó había llegado la hora de su muerte y haciendo el último esfuerzo escarbó con sus propias manos su sepultura y colocándose en ella a guisa de un cadáver empezó a cubrir su cuerpo con la arena.
Ocupado estaba en este pensamiento y operación tan lúgubre, cuando oyó voces por el río y levantándose y reuniendo todas las fuerzas de sus pulmones pidió auxilio a grandes voces. Los bogas pensando fuera aquello una emboscada de los amaguacas para atraerlos a la playa no querían aproximarse, pero Fr. Pablo reconociendo la voz del P. Ortí ordenó que atracasen y quitándose su hábito y quedando sólo con túnica corrió a cubrir la desnudez del padre misionero. Desde allí regresaron todos a Cayaria lamentando la muerte del P. Tapia, hijo del colegio de Lima y a la vez dando gracias a la divina Providencia por haber salvado al P. Ortí, del colegio de Quito, de una muerte inminente.
Nuestros celosos misioneros, a pesar de la ingratitud y mala correspondencia de estos salvajes, lejos de abandonarlos para siempre, volvieron a buscarlos. Y hallando quemada la casa-misión e iglesia, profanados los ornamentos, rotos los libros parroquiales y todos ellos desparramados, los buscaron y reunieron y llevaron más abajo a un riachuelo llamado Huaitzaya, donde formaron una nueva residencia misional.
He ahí la venganza que tomaron nuestros misioneros de los agravios e ingratitudes que recibieron de aquellos desgraciados salvajes Les devolvieron bien por mal... Olvidándose de las amarguras, fatigas, y desvelos que les costaba el conducirlos a la fe y a la civilización.
El P. Ortí regresó a España y el que escribe lo conoció y habló con él en este convento de Santo Espíritu, donde permaneció por algún tiempo, trabajando en el ministerio por los pueblos del Arzobispado. Probablemente regresaría después a su provincia de origen.
Misionero Apostólico
Postales antonianas
A una antoniana
Voy a referirte lo que no ha mucho, ocurrió a un caballero que visitó a una familia conocida suya.
Entró en la casa, y fue conducido al salón por una doncella.
A los pocos instantes apareció una joven de unos 20 años, bella, encantadora, de esbelta figura.
Explicó el caballero el objeto de su visita, y obligado a esperar el regreso del dueño de la casa, trabó conversación con la joven, advirtiendo que llevaba en sus manos un libro.
¿Es usted aficionada a la lectura?, preguntó el caballero a la joven.
Algo, respondió ella tímidamente.
Y ¿cuáles son sus autores favoritos?
Todos, contestó sin vacilar, con una sencillez aplastante.
Y ¿sería indiscreto si le preguntara el título de esa obra?
¡Ah, no señor, de ninguna manera, es...
Quedó asombrado y como fuera de sí el caballero: era una novela mala, inmoral y escandalosa, y por lo tanto prohibida.
La joven debió notar la turbación de su interlocutor, y le preguntó con ingenuidad: ¿No le parece bien esta novela?
No sólo no me parece bien, sino que admiro en extremo que su padre le permita su lectura.
!Ah! mi padre no se mete en estas tonterías; jamás me ha hecho sobre esto la menor advertencia.
Y ¿sabes qué fue de aquella joven? Te lo contaré en otra postal, pues esta es ya. demasiado larga.
Te abraza tu mejor amiga,
Carlota.
A la misma
Aquella joven miraba como la cosa más natural del mundo, que en las novelas que ella leía fuese casi siempre el personaje principal o protagonista, un joven rico y elegante, despreocupado y audaz, sin fe, ni Religión alguna; quien después de ocasionar el llanto, el malestar y la ruina en innumerables familias, era proclamado, al final de la obra, como un héroe o un semidiós a quien se tributaban honores y homenajes casi divinos.
Y ella, que tales novelas devoraba con loco frenesí, llegó a creer que sería feliz, si lograba unir su suerte con la de uno de tales héroes de carne y hueso, como por desgracia los hay.
Y para conseguir lo que tanto ansiaba, pisoteó la autoridad de su padre, se fugó de casa, vivió mal, perdió la fe y la Religión, y víctima del crimen y de las pasiones más desenfrenadas, acabó en la desesperación y el suicidio.
Su padre lloró después inconsolable la desesperación y final trágico de su hija, pero sus lamentos fueron tardíos.
Su descuido y negligencia imperdonables, en dejar que su hija leyera cuantas novelas caían en sus manos, fueron la causa de que fuese precipitada en el abismo en que sucumbió.
Querida amiga: examinemos escrupulosamente las novelas y lecturas que entran en nuestras casas, y arrojemos al fuego, sin temor, las que sean malas, conservando solamente las buenas, las aprobadas, y las que nos permita leer una persona docta y de una sana y recta conciencia. Escarmentemos en cabeza ajena.
Como siempre, te abraza tu mejor amiga.
Carlota.
Noticias
De todas partes
Agradeciendo
Era el día 11 de agosto, el mismo en el que nuestro Padre Secretario general, Venancio Maggiani, dejaba nuestra España, embarcándose en Barcelona para Italia. Cumpliendo un mandato suyo y una exigencia mía, allá van estas mal hilvanadas líneas, portadoras del agradecido sentimiento de nuestro corazón para cuantos contribuyeron a hacer nuestro viaje a través de España, uno de los períodos más bellos de nuestra vida.
Que estas líneas, caídas sobre el papel al correr de la pluma, en uno de los poéticos lugares (Inca) de la sin par Mallorca, lleguen a San Sebastián, y recuerden a los Padres de Atocha y en especial al P. Bengoa las frases de admiración que se escaparon de la boca del Padre Secretario, al contemplar desde Igueldo el panorama de la ciudad, al pasear por la concha y visitar Pasajes.
Que estas lineas vuelen por las Provincias Vascas y se asomen al Santuario de Aránzazu para agradecer a la Virgen, a la Escolanía, al P. Mendata y demás Padres las horas que allí nos hicieron pasar. La Benedicta solemne, el auto que veloz se despeñaba por aquellos riscos verdeantes, Oñate con sus típicos bailes, Zumárraga con la despedida... ¡qué gratos recuerdos!
Que estas lineas entren en Burgos, y después de haber rendido homenaje a la Catedral del hermoso gótico florido, se asomen al Convento de las Clarisas para decirles gracias por sus fraternales cuidados...
Que llegen al Escorial para agradecer a los Padres Agustinos no sólo su fraterna generosidad, restableciendo nuestras fuerzas con mullido lecho y rico alimento, sino más que todo por el interés y pericia con las que nos hicieron admirar las artísticas riquezas de aquel monumento regio, apellidado justamente «maravilla del mundo».
Que se detengan en la Capital de España, y digan a los Padres de San Fermín con el P. Vicuña, a los del Colegio Cisneros con los Padres Ivars y Manuel Marcos, sobre todo a San Francisco el Grande con su Superior P. Fabregat, que recordamos con placer la Castellana, el Retiro, la Moncloa, el Prado, el Palacio Real, el Metro, pero que nuestro San Francisco ha sido para nosotros una revelación por su grandiosidad, por su arte, que le merecen el título de Grande...
Que vayan a Toledo y desde lo alto de la torre gótica de la Catedral digan a los cuatro vientos, que la ciudad del Tajo con su riquísima y gótica Catedral, con sus clásicos Convento e Iglesia Franciscanos de San Juan de los Reyes, con sus artísticas sinagogas, con sus monumentos del Greco, con su majestuoso Alcázar, con sus puentes, calles y muros... es un precioso relicario del arte español. Que agradezcan también a las Clarisas de Santa Isabel los maternales cuidados y las delicadas atenciones que tan de corazón nos prodigaron.
Que a su paso por Sevilla, entren en Córdoba para testimoniar nuestra gratitud a los Padres Capuchinos por su fraterno hospedaje, y paguen nuestro tributo de grata memoria a la Catedral-mezquita de las casi mil columnas que cautivó nuestra admiración. Que sigan el curso del Guadalquivir, y, como nosotros, se detengan cuatro días en Sevilla para decirles al P. Provincial, al Padre Guardián y al simpático P. Villacampa, sin olvidar los otros Padres, que conservamos de ellos imperecedero y gratísimo recuerdo. La Exposición con sus plazas de España y América, con su fantástica iluminación, con su gigantesco tren... la excursión a las cuevas de las maravillas descubiertas en Aracena (Huelva), con la simpática nota del tío Manné en el barrio de Triana... el Alcázar mudéjar con la exposición de los tapices regios... la Catedral con sus tesoros y su Giralda que, iluminada de noche, ofrecía visión fantástica... nos han hecho verídico aquel dicho vulgar: «Quien no ha visto Sevilla, no ha visto maravilla».
Volad por la vega Granadina, subid a la Alhambra y al Generalife, y recordad nuestras impresiones por entre aquellas graciosas columnitas y capiteles, y soñad, como nosotros, al cadencioso rumorío de sus casi milenarios surtidores. Agradeced en nombre nuestro a los beneméritos hijos de S. Juan de Dios, sus cuidados y atenciones...
Y en plena Mancha, cuyos molinos de viento nos hizo recordar las memorables hazañas del famoso D. Quijote, cumplid vuestra noble misión de agradecer a los Padres de Alcázar de San Juan su generoso trato, tan natural y tan franco...
Dirigios hacia Levante, y no olvidéis que en Fuente de la Higuera, el P. Rector de Onteniente y el Difinidor P. Pelufo con otros Padres nos salieron a recibir para conducirnos en autos al Colegio. Decid a voz en grito que el P. Secretario, quedó sorprendido al examinar y admirar sus dependencias y al enterarse de los éxitos de sus alumnos, y él, como yo, sumamente agradecidos por tantos obsequios, a los que no estuvieron ájenos don José y doña Pepita Simó...
Las Huertas valencianas, la Capital con sus ensanches y reformas, sus paseos y alamedas, sus ferias y edificios modernos, sobre todo su gente tan simpática y sus Franciscanos tan atentos y afables, formaron la nota simpática de nuestro viaje de recreo.
Id por fin a Barcelona, y dad las gracias a los Padres, en especial a los Padres Siguán y Pou, ya que merced a ellos pudimos admirar la Catedral, la Diputación, la Sagrada Familia, el Tibidabo, y sobre todo la inmensa, rica e insuperable Exposición, la que con su Palacio Nacional, su Pueblo Español, su Stadium, sus centenares de Pabellones, sus hermosos paseos, sus cascadas y surtidores, su fantástica y riquísima iluminación, han hecho de Barcelona el centro de atracción del mundo entero...
Adiós, Padre Secretario; tú dejas España, convertido en su más ferviente admirador, y vuelas a tu hermosa Italia, dispuesto a defender a la nación hermana contra las mil calumnias de que es objeto: yo, después de darte el abrazo fraterno y decirte: «A rivederci presto», parto para Mallorca a visitar Palma, Inca, Lluch, Randa, Manacor, Artá, etc. etc., retirándome últimamente a los montes de Aragón para pasar unos días con mi viejecita madre y darle acaso mi postrer abrazo!
Inca (Mallorca) 12 agosto, 1929.
De Guadalupe. El Cursillo de Literatura
Idea feliz y de importancia suma para las letras franciscano-españolas ha sido la creación de cursillos de verano para los religiosos jóvenes de la Orden Franciscana. El P. Germán Rubio, Vicario General, e iniciador de obra tan provechosa para las letras españolas-franciscanas puede estar completamente satisfecho, pues los cursillos han obtenido un éxito ruidoso, digno de aplausos y de imitación, pues han sido más de treinta los que han acudido.
Este célebre y magnífico Monasterio, que tantos recuerdos históricos encierra, y que refleja en todas partes las estelas luminosas del arte clásico español, fue designado para custodia durante mes y medio, entre sus célebres y monumentales claustros mudéjar y gótico, a varios religiosos procedentes de las diversas Provincias Franciscanas de España, los cuales deseosos de conocer los secretos de la belleza, y de adueñarse de todas las cuestiones principales de preceptiva literaria, y de los adelantos importantísimos de la estética, acudieron a este Monasterio, en donde el P. León Vence, excelente literato, dio una serie de conferencias sobre distintos temas literarios.
Los frutos cosechados en este cursillo de Literatura han sido muy abundantes, pues aparte del cambio de impresiones y de los diferentes planes y proyectos orientadores y de organización, propios de cada Provincia, se han especializado en diferentes temas literarios, como lo han dado a conocer en las hermosas, razonadas y profundas tesis que han presentado como fin de curso, lasque han merecido el aplauso y aprobación del Profesor.
He aquí, entre otras, las tesis que se han presentado:
El P. Dionisio Verdú, de la Provincia de Valencia: Juicio crítico literario del célebre literato franciscano Fr. Antonio de Guevara.
El P. Elceario Merlos, de la de Cartagena: El realismo e idealismo en la belleza y el arte.
El P. Ignacio Ajaría, de la de Cantabria: El naturalismo: su valor estético.
El P. José Agúndez, de la de San Gregorio: Influencia de la historia en la poesía.
El P. Bernardino Mª Rubert, de la de Valencia: El Neoclasicismo, entre las escuelas de literatura, ideal de la obra literaria. Juicio crítico filosófico-literario de todas las demás escuelas.
Reciban nuestros aplausos el P. Vicario General y los afortunados religiosos que han podido oír las acertadas conferencias literarias del Padre León Vence.
En Santo Espíritu del Monte
El día 25 del pasado agosto vistieron el santo hábito, para novicios de Coro, los siguientes alumnos de nuestro Colegio Seráfico de Benisa: Lorenzo Cervera Raga, de Torrente; José Mª Tro Crespo, de Benitachell; Joaquín Tomás Llopis, de Beniarrés; José López Gozálbez, de Beniarrés; Enrique Cardona Montava, de Cocentaina; Vicente Martínez García, de Campo Arcís (Cuenca).
Ofició en la religiosa ceremonia el P. Francisco Lliteras, Maestro de Novicios, quedando todos profundamente emocionados al llegar el momento de dar los religiosos su fraternal abrazo a los nuevos novicios, recibiéndolos como hermanos en la Comunidad.
Damos la enhorabuena a los nuevos hijos de San Francisco, y les deseamos la gracia de la santa perseverancia en la Seráfica Orden.
El día 9 de septiembre hicieron la Profesión Simple Fr. Luis Mª Reig Seguí, Fr. Eugenio Marset Albors y Fr. Francisco Micó Ferri, los tres de Cocentaina. El día 13 también de septiembre Fr. Bernardo Aragó Sevilla, de Chelva.
A todos la enhorabuena.
Bibliografía
«El Sepulcro de la Virgen y los Franciscanos» por el P. Antonio Aracil, O. F. M. Procurador General de Tierra Santa.
Obra histórica de interés máximo, en la que se dan a conocer importantísimos documentos sobre el derecho inviolable de los católicos al Sepulcro de la Virgen María, que las sectas dividentes nos arrabataron, aprovechando la debilidad de los gobiernos católicos. El trabajo del P. Aracil es la mejor revindicación del Santuario, y es una de las mejores obras, confeccionadas con todas las exigencias de la crítica, que ha publicado la Santa Custodia en estos últimos años.
El P. Aracil, a quien el gobierno de España honró hace tres años, con el cargo, reservado a nuestra Nación de Procurador General de los Santos Lugares, es un excelente patriota y esta vez, ha tenido ocasión de manifestarlo, dando a conocer perfectamente la parte que a España le cabe en la historia accidentada del Santuario Mariano.
Al Padre Aracil, a quien las muchas ocupaciones de su elevado cargo religioso y político, todavía permiten, haciendo un sobrehumano esfuerzo, dedicar prolijas horas a la oscura pero redentora obra de la investigación histórica, nuestra enhorabuena, justísima y merecida.
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