Imitación de San Francisco
El pan nuestro de cada día, dánosle hoy...
Esta es la frase escueta, que Jesús enseñó a las multitudes, cuando le pidieron les enseñase cómo orar a Dios.
Esta es la misma petición de bienes materiales, que siguió en su misión nuestro Seráfico Padre San Francisco p que fue la norma de toda su vida, de todo su obrar, de toda su acción, p que encierra el corazón de su doctrina, de la elevada doctrina franciscana.
No debemos pedir, a ejemplo de nuestro Santo Padre, más que los bienes del día, sin pensar desconfiadamente en el mañana, pues el Padre celestial cuida de nosotros, como de las flores del campo, de los pájaros del aire, de los peces del mar.
¿No nos ha hecho a su imagen y semejanza? Pues en nosotros ha puesto su mayor gloria, y es tanta,que hasta su propio Hijo tomó carne nuestra, para redimirnos, y aún con mayor amor, continúa en el por siempre venerado Santísimo Sacramento.
Pensar desconfiadamente en el material mañana, es ofender a Dios, es contrario al alto espíritu franciscano, y debemos en absoluto desecharlo, si queremos pendo a Dios, que El venga a nosotros, y por su gracia alcanzar la vida espiritual.
San Francisco repite con Jesús y nosotros con él: «el pan nuestro de cada día, dánosle hoy...; pero más con acento de sumisa conformación, con un fondo de acción de gracias por las mercedes alcanzadas, que como una petición a conseguir, pues de antemano sabemos lo tenemos conseguido por su amor.
No tenemos negocios en la tierra, no tenemos ni bienes que conservar, ni tesoros que adquirir para siempre; el pan nuestro de cada día, dánosle hoy..., y Dios nos lo dio; quede pues como único trabajo remunerador, el bien eterno de la salvación del alma.
Y a ello dedicó toda su vida, en todos los momentos y en todos sus infantes, nuestro venerado San Francisco, guía nuestro, y así nosotros debemos poner la salvación de nuestra alma por encima de toda cuestión de mundo, sin que nos distraiga de ello, el pan, y lo que en esta palabra va encerrado, pues por ser petición a Dios justa y merecedora, no ha de faltarnos.
Y así como nuestro Santo Padre, llegó por ello hasta la más alta cumbre de la vida beatífica, así nosotros sus seguidores, con sumisión en la petición, que por ser un acto de humillación al Gran Poder, es un acto de adoración, conseguiremos el marchar por los senderos de luz de nuestro Caudillo, que nos ha de conducir a la gloria eterna.
Manuel de Espinosa, T. F.
Escenas evangélicas
Las bienaventuranzas
Jesús, acompañado de sus Apóstoles y seguido de una abigarrada multitud, caminaba bajo los ardientes rayos del sol de Palestina, hacia un lugar donde poderles dirigir palabras de vida y consuelo.
Y llegando a un montículo, cuya silueta se recortaba en el limpio cristal de las aguas del lago de Genesaret, se sentó y la multitud ávida de sus doctrinas hizo lo mismo guardando un religioso silencio que contrastó con las delicadas armonías que producían el murmullo de las aguas del lago, la melodía de la brisa y el gorjeo de las alegres y parleras golondrinas.
El Maestro ha empezado a hablar y de sus divinos labios va saliendo, como hilo de oro, la doctrina que descubrió nuevos horizontes, nuevas esperanzas, nuevos optimismos en la vida de la humanidad. «Bienaventurados—les dice—los pobres de espíritu... bienaventurados los mansos, los que lloran, los que han hambre y sed de justicia, bienaventurados los limpios de corazón, los pacíficos, los que padecen persecución por la justicia porque ellos verán a Dios, serán llamados hijos de Dios y de ellos es el reino de los cielos.
Una bandada de gárrulos pajarillos han desplegado sus alas, es fumaban en la tenue gasa azul del cielo, como si quisieran con sus trinos llevar a otras regiones la nueva doctrina...
¡Qué espectáculo más encantador! Bajo la bóveda del templo de la naturaleza, alfombrado con el verde césped, perfumado con el aroma de exóticas flores; iluminado con la lámpara de! sol, la misma Verdad, el Nazareno de mirada dulce y acariciadora, va destilando en el corazón de sus oyentes el agua de la Gracia para que se conviertan y vivan.
«Bienaventurados seréis—prosigue, —cuando os odien los hombres y os maldigan y os persigan y digan mintiendo todo mal contra vosotros, y os echen y arrojen vuestro nombre como malo por el Hijo del hombre. Alegraos y regocijaos porque os aseguro que será muy grande vuestra recompensa en el cielo».
Absortos, anonadados han quedado los oyentes ante la peregrina doctrina que con sublime maestría traza las normas para ser felices en este mundo.
Es la hora bruja, mágica del atardecer y mientras el Señor contempla en ¡a multitud un movimiento de incertidumbre que cristaliza en una sonrisa como una interrogación, reveladora de la falta de fe y la poca veracidad que han alcanzado sus palabras, allá en el apartado horizonte, en lontananza, donde se juntan el azul del cielo y el azul del mar, el eco, como un testigo que quiere confirmar la veracidad de ¡a celeste doctrina, repite: ¡bienaventurados los mansos... los que lloran... los limpios de corazón!..
Magnífica y admirable doctrina que ha resuelto el arduo e intrincado problema de ser felices en este valle de miserias y lágrimas.
Marcos Vilar.
Manises y noviembre, 1929

Giotto. Muerte de los Inocentes
Teruel, Fiesta de lo Inocentes, 1929.
Los angelitos de Belén
Envidia os tengo, angelitos, Como aparición celeste, Oh, qué ojitos tan hermosos, ¡Qué frentes tan despejadas! ¡Qué vestidos tan preciosos, Con ellas hacia la altura Se os contempla y se os escucha Sonreís, como sonríen |
A los arcángeles mismos Contra Luzbel y sus huestes Pero sois muy atrevidos; También el puesto ocupáis De la que es luz y belleza, De la que, llena de gracia, Os confesaré, no obstante, ¡Ay, ángeles, que moráis |
Mirad, mirad, como juegan Me parece que Jesús, Hasta ha llegado a decir Dejad, a todos ha dicho, Angelitos de la tierra, Para entrar en él nosotros Contadme, pues amiguitos,
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La Peregrinación Mariano-Antoniana al Pilar de Zaragoza, Lourdes y Merced de Barcelona. II
La Junta directiva de la Pía Unión de San Antonio de Padua que viene ocupándose desde hace tiempo en cambiar impresiones y acariciar proyectos para conmemorar dignamente el próximo Centenario del gran Taumaturgo Paduano, acogió con singular interés el de celebrar como acto preparatorio de aquel extraordinario acontecimiento, una Peregrinación Mariana para implorar de su celestial Patrona la Inmaculada Concepción, su valiosa protección y asistencia.
Se constituyó la junta organizadora con valiosos elementos de la Pía Unión y de la Juventud Antoniana, bajo la presidencia del insustituible director de las entidades antonianas, P. Fernando Fabregat, y con la dirección espiritual del celoso director de la Juventud Antoniana de Teruel, P. Cipriano Ibáñez, siendo el primer acuerdo el que la Peregrinación visitase a la Santísima Virgen en el Pilar de Zaragoza, en Lourdes y en su Basílica de la Merced en Barcelona.
Realizadas las gestiones oportunas cerca de las compañías ferroviarias y de los hoteles se fijó la fecha de salida de la Peregrinación para el 2 de septiembre, pero dificultades surgidas que habían de repercutir en perjuicio de la comodidad de alojamiento de los peregrinos en Lourdes, obligaron a la junta a aplazar la salida para el día 9 en que tampoco se pudo realizar porque la Compañía del Central de Aragón no disponía del material móvil necesario y por fin se aplazó de nuevo para el día siguiente.
Llegó el tan deseado día 10 de Septiembre de 1929. A las cinco de la mañana se personaron en la estación del Central de Aragón los entusiastas miembros de la junta D. Ricardo García Laporta y D. Juan Santamaría, quienes con el Secretario D. Vicente Marín y Bosque, procedieron a organizar el tren colocando en cada departamento el número del grupo correspondiente a cada peregrino.
Los peregrinos comenzaron a llegar a las seis, y como la organización era perfecta cada cual fue ocupando el puesto señalado y media hora antes de la anunciada ya no faltaba ninguno de los inscritos en la Peregrinación ostentando todos la adoptada para distintivo.
El firmamento que desde el amanecer se hallaba cubierto por densos nubarrones y amenazando lluvia, descargaron fuerte agua, cual si Valencia quisiera despedir a sus buenos hijos antonianos, con lágrimas de tristeza, pero pronto se despejó y por el plateado mar comenzó a lucir el sol sus ardorosos y refulgentes rayos.
El reloj señaló las 7:50, sonó la campana, la potente locomotora atronó el espacio con su estridente silbato y se puso en marcha el pesado convoy mientras de todos los coches salían vítores a la Madre de los Desamparados que eran contestados con entusiasmo por la multitud que apiñada en el andén agitaba sus pañuelos en señal de despedida.
Pronto se hizo silencio y con ejemplar fervor nos despedimos de nuestra Reina y Madre cantando ¡Salve Regina!
Terminado el canto de la Salve, la más sana alegría y santo regocijo reinaba entre los peregrinos, mientras el convoy cruzaba el hermoso vergel de nuestra huerta de la vega valenciana.
En menos de una hora llegamos a Sagunto, entrando en la estación entre los aplausos del gentío que llenaba el andén, entre el que descollaba el grupo de peregrinos de Sagunto y Puzol que capitaneados por el coadjutor de la antigua ciudad D. Antonio Pérez y el ferviente y D. Matías Albiol Duato, esperaban nuestra llegada y de ocupar sus puestos.
Acomodados y a en sus puestos los 31 peregrinos de Puzol y Sagunto se puso de nuevo en marcha el convoy que llegó en menos de una hora a Segorbe, donde se detuvo el tren unos minutos, los precisos para cruzar con uno descendente de mercancías. Allí se repartió entre los peregrinos de la merienda.
Anhelábamos postrarnos, como fin de la primera etapa, ante la Reina Inmaculada cabe el Pilar de Zaragoza.
El Peregrino
(Continuará).
Misiones Franciscanas
"Nos niegan el hospedaje"
El presbítero D. Salvador Núñez del Prado, Párroco y Vicario Foraneo de Llata, Capital de la provincia de Huamalies (Perú), pidió al Padre Guardián de Ocopa dos religiosos para la Cuaresma de 1909. Terminada ésta, dimos misiones en las parroquias y anexos de Llata, Senja, Chavin, Arancay y Huacaybamba, misiones que duraron desde abril hasta octubre del mismo año, y tomaron parte en ellas, cinco padres del referido convento. El fruto fue muy copioso, legitimándose muchas uniones ilícitas, evitándose muchos escándalos y aproximándose al santo tribunal de la Penitencia y banquete Eucarístico más de 20.000 personas. Se administró también el sacramento de la Confirmación a una infinidad de niños y jóvenes, que no lo habían recibido, todavía.
El viernes antes del domingo de Quincuagésima o de carnaval salíamos con dirección al Cerro de Pasco, centro minero de unas 10.000 almas, el P. Agustín Sans y el que escribe, junto con el P. Bernardino Izaguirre, cuaresmero de Tarma, en medio de una lluvia torrencial, por el ferrocarril de Huacayo a Oroya, que hacía poco se había inaugurado. Hasta la estación de Locllapampa no hubo dificultad alguna, pero en adelante daba horror el ver los desprendimientos de tierra, a causa de la lluvia incesante. Nuestros temores no fueron vanos. Al pie de un cerro de tierra movediza, descarriló la máquina ya de noche en el borde del río Mantaro, donde estuvimos hasta el amanecer, expuestos a quedar sepultados bajo la tierra, o a rodar hasta el río. Como a las nueve de la mañana llegó el tren de socorro por la parte de Oroya, y cada uno tuvo que agarrar su maleta y andar unos dos kilómetros a pie, a causa de los derrumbes de tierra que había en todo el trayecto.
Pasamos el primer día de carnaval en el Cerro de Pasco, donde la copiosa lluvia se convertía en un manto inmenso de nieve, cuya blancura ofendía nuestra vista. Era cosa aventurada seguir el viaje en medio de aquel temporal, pero urgía hacerlo antes que engrosaren los ríos y se llevasen los puentes. Al día siguiente lunes, reanudamos el viaje y fuimos a dormir a Huariaca donde la temperatura es algo más suave que en el Cerro de Pasco. El temporal continuaba sin esperanzas de que cesara la lluvia. Aprovechando un momento que escampó y sin celebrar la misa montamos después de tomar desayuno con dirección a San Rafael y fuimos a comer al mediodía a casa del Párroco, nuestro amigo, el presbítero D. Simeón Ames. Se aclaró un poco el horizonte, pero el sol quemaba materialmente dentro de ese valle profundo y angostó e inmediatamente volvimos a montar después de la comida a fin de poder llegar al pueblo de Ambo.
El mal estado de los caminos y la mala calidad de las bestias no nos permitían avanzar y apenas pudimos llegar secos al corte «Roque González». Se volvió a encapotar el cielo y a caer copiosa lluvia oscureció en un santiamén, antes de llegar a la finca «Moginete», propiedad de un italiano.
La escena que se desarrolló aquí a nuestra llegada, no es fácil describirla. Estaban el dueño de la finca, sus peones y vecinos en una espantosa orgía celebrando el último día del carnaval. La noche era completamente oscura, la lluvia torrencial, el río Huallaga bramaba arrastrando árboles, piedras y cuanto encontraba a su paso; los arroyos corrían desbordados, nuestro peón no conocía el camino, y aunque lo conociera, no era prudente avanzar; las bestias y nosotros estábamos completamente empapados... Nos apeamos, pues, y tocamos a la puerta y súbitamente cesó por un momento aquella algazara infernal, salió el dueño y le pedimos por amor de Dios hospedaje. La respuesta fue negativa, rotunda y terminante. Quedamos fríos y estupefactos ante semejante actitud.
Mi compañero quiso pasar adelante y vadeamos un torrente impetuoso, que no sé como no nos arrastró al río. Fuimos a albergarnos en unas chozas abandonadas, pero la lluvia pasaba por todas partes con peligro de que el techo nos sepultara entre escombros. Tuvimos de volver a la casa a pedir de nuevo hospedaje. El dueño nos recibió en la misma actitud, pero yo le dije, que al menos nos permitiera quedar en el corredor y que ellos continuasen en su fiesta. Ni a esto quiso acceder. Entonces una voz varonil llamó a su mujer y le dijo: «Vámonos de aquí; yo no puedo continuar en esta casa donde piden unos religiosos hospedaje por amor de Dios, y se les niega». Inmediatamente se fue este señor y los otros cerraron la puerta continuando su orgía.
Nuestro arriero descargó las maletas, desensilló los caballos, y yo tendí mi pellón, y sin cenar, al poco rato estaba profundamente dormido, a pesar de la bulla que metían aquellos desprecios, humillaciones y sufrimientos, me hizo saborear aquella PAZ Y ALEGRÍA de que nos habla Nuestro Seráfico Padre San Francisco... Mi compañero estaba admirado y después nos pidieron perdón y aun nos regalaren con manjares. Así consuela Dios a los suyos.
ex-Misionero del Ucayali
Velada literario-musical en honor del Beato Juan Duns Escoto en Cocentaina
El 10 de noviembre, los coristas [seminaristas franciscanos] de nuestro convento de Cocentaina celebraron una solemne velada literario-musical en honor del maestro de la Escuela franciscana, Juan Duns Escoto. El acto fue debidamente anunciado a un público escogido con artísticos programas-invitaciones y el local de la escuela encerró durante dos horas a varios centenares de personas que supieron agradecer delicadamente el obsequio del coristado y testificar su nunca desmentido amor a la Orden Seráfica.
El estrado presidencial, ricamente engalanado y honrado con la imagen de la Inmaculada, Patrona de la Orden y el más legítimo título de la gloria de Escoto, fue ocupado por el competente y entusiasta P. León Amorós, Lector general de Sagrada Teología, por el Señor Teniente de la Guardia Civil y por dignas representaciones del clero secular y Comunidad de Franciscanos.
Principió el acto a las cuatro y media de la tarde con arreglo al siguiente programa:
- 1º. Hinno secolare; del P. Virgilio Guidi, ofm.
- 2° El objeto de nuestra velada; discurso por Fr. Vicente Pérez
- 3° Mi Guía; poesía recitada por Fr. Martín Rivera.
- 4° L' Empordá; orfeón a cuatro voces de E. Morera.
- 5° Tu es Petrus; genuidad de este texto; disertación por Fr. Rafael Soto.
- 6° L' Emigrant; orfeón a cuatro voces de A. Vives.
- 7° El supuesto ontologismo de Escoto en los orgumentos de la existencia de Dios; disertación por Fr. Rafael Reig.
- 8° Negra sombra; orfeón a cuatro voces de J. Montés.
- 9° Le Defenseur de Marie; discurso en francés por Fr. José Mª Trenzano.
- 10° Los oficios del Confesor en el tribunal de la Penitencia; disertación por Fr. Serafín Pérez.
- 11° Vals brillante, de Friedrich Chopin; pieza de piano ejecutada por Fr. Vicente Pérez y Fr. Aurelio Maiquez.
- 12° La herejía monoteleta y el Papa Honorio; disertación por Fray Arturo Parra.
- 13° La costa valenciana; orfeón a cuatro voces.
- 14° Discurso final; por el P. León Amorós.
- 15.° Himno a Escoto; de el P. Anselmo Martí.
Todos los números fueron ejecutados con el mejor orden y acierto. En la parte musical, cooperaron con el orfeón del coristado, el profesor de piano y virtuoso presbítero Don José Reig y algunas voces selectas de la Capilla del Colegio de Onteniente.
El público siguió con interés manifiesto el desarrollo de la velada, no sólo en el arte y delicadezas de los discursos y poesías y en las armonías de las música, sino también en los rigores científicos de las disertaciones, dando así muestras de una cultura profunda y envidiable.
Felicitamos de corazón al eoristado de Cocentaina; y a la vista del éxito de su fiesta, nos consideramos con derecho a creer que posee un rico fondo de vida y energía, y esperamos para el futuro una floración de sacerdotes que saldrán informados de esa vida y cargados de esa energía. Una vez más... felicidades.
Fr. Paulino Monzó
En Benisa. A los 75 años de edad y 37 de religión falleció en nuestro Convento de Benisa, el 21 del pasado mes, el hermano lego Fr. Paulino Monzó, hijo de Liria después de haber sufrido, con resignación y fortaleza admirables una larga y dolorosa enfermedad.
Modelo de hermanos limosneros podemos considerar al difunto Fr. Paulino, por su tesón, constancia y resistencia moral y física, aun en medio de las mayores privaciones, como también por la amabilidad, sencillez y gratitud con que trataba a los bienhechores que le daban limosna.
Recorrió, siempre a pie, casi todos los pueblos de la Provincia de Alicante, y no hay vecino de Benisa y de los pueblos comarcanos que no le conociera y tratara.
Para acabar de probar Dios el temple de su alma fuerte le visitó en los últimos años de su vida, con una enfermedad que le ha llevado al sepulcro.
Descanse en paz el benemérito limosnero y ofrezcamos frecuentes sufragios por el que tantos ejemplos de virtudes franciscanas nos dió durante su vida religiosa.
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