Episodios misionales

¡Horrible!

La vista de una serpiente impone y amedrenta no sólo al hombre, sino también a las mismas bestias. La mirada fija e inmóvil del reptil, parece que produce en unos y en otros, una especie de autosugestión, que los atrae, arrastra e hipnotiza.,.

Viajaba yo en 1897 por el mes de julio, de «La Merced» (antigua Quimiri), a la residencia misional de San Luis de Shuaro, montado sobre una mula. Y después de andar algunos kilómetros por la margen izquierda del río Chanchamayo, al desviarme, para ir hacia Pueblo-Pardo; súbitamente salió de la espesura del bosque y cruzó el camino por delante del animal, una culebra de regular tamaño, que levantando un tanto el cuerpo desapareció como una exhalación. La mula dio un quite que casi me sacó de la montura, y luego como si le hubiesen clavado los pies y las manos quedó espantada e inmóvil, con las orejas hacia delante y los ojos fijos en el camino por donde había pasado la culebra.

Mas, si la vista de una culebra cualquiera tanto impone, la de la boa, que mide hasta 12 metros de largo, con un ancho proporcionado a su largura, con una fuerza extraordinaria, que arranca arbustos como si fueran pajas, que si se enroscase al cuerpo de un toro le rompería las costillas y espinazo, que al pasar un río a nado, deja en el agua un surco enorme, que enroscada sobre sí misma, forma una especie de montecito, ¡ah! la vista de este reptil es ¡¡¡horrible!!! En su presencia se siente uno como subyugado por una fuerza misteriosa, desconocida, sin saber qué hacer. Los indios le tienen pánico, huyen al verla; por nada de este mundo quieren aproximarse al sitio donde se encuentra...

Navegando por el río Chivis, (que significa boa, y añadiéndole la partícula zu, Chivizu, quiere decir lugar de boas), vimos a lo lejos ese monstruo enroscado sobre sí mismo en la orilla derecha. Los indios no querían pasar por allí, querían volver atrás; pero los animamos y cargando bien las escopetas, a una señal, disparamos todos sobre el reptil, que al sentirse herido se desenroscó súbitamente y levantando su enorme cuerpo se vino hacia nosotros como un monstruo acuático. Gracias que nuestro popero anduvo listo y desvió la canoa, porque si llega a caer sobre ella, la hubiera hundido con su enorme peso. Cayó al río, que formaba allí un remanso tranquilo, y con las contorsiones que hizo al morir en el fondo del río, ensució toda el agua. No menos sorprendente fue la que encontramos en el río Pichis, también enroscada sobre sí misma y junto al agua. Parece que estos monstruos cuando hacen la digestión buscan de modo preferente las orillas de los ríos, quizá para, en caso de persecución, arrojarse más fácilmente al agua. Aquí encontramos la misma resistencia en nuestros bogas, no queriendo ni pasar, ni aproximarse al sitio donde estaba el animal. Cargamos las escopetas y todos disparamos sobre el bicho, que al sentirse herido, no huyó, sino que, enroscada la parte de la cabeza a un árbol mediano, con la cola arrancaba los arbustos del rededor, como si fueran pajas. Parece que murió, pero no pudimos conseguir que los indios aproximaran la canoa, y hubimos de renunciar a tan hermoso ejemplar que hubiera podido figurar en nuestro museo de Onteniente [1].

Los indios del Ucayali la llaman Yacu-mama, (madre del agua), y aunque su piel es hermosa por la rareza de sus dibujos, y los civilizados la curten y hacen de ella carteras, petacas, bolsos, etc., y otros utilizan su grasa para ciertas enfermedades, y hasta su piel, para los herniados; con todo, ellos se retraen de matarla y de utilizarla para nada, por el horror que le tienen. Jamás he visto una piel de culebra en las casas de los indios, mientras que en las casas de los civilizados, es ya casi, como un lujo. Recogen las pieles de otros animales, como venados, monos, jaguares, tigrillos, etc., y los penachos de las aves, loros, guacamayos; tucanes, pero tienen pánico, horror y espanto a la culebra. No hay vestigios de que le den culto como en otros países, (y aun antiguamente), parece se lo dieron los primitivos peruanos. Tal es el horror que le tienen los indios de la selva peruano-amazónica...

Fr. Manuel Navarro Artal, ofm
Ex-misionero del Ucayali

[1] El P. Manuel Navarro es el que trajo gran cantidad de los animales que se conservan en el Museo de Ciencias Naturales del Colegio de Onteniente, especialmente las dos boas que tanto llaman la atención

a

Foto antigua que muestra a colegiales con el P. Demetrio Moltó.
Animales disecados del Gabinete de Ciencias Naturales

Oratorios, capillas e iglesias

III. Oratorio público

Vengamos ahora a la clasificación y comentarios de los oratorios en particular. Estos pueden ser: públicos, semipúblicos y privados. Y los semipúblicos se subdividen en primarios y secundarios. De unos y otros conviene tener ideas ciaras y bien formadas.

Oratorio público, según el Código del Derecho Canónico, titulo X, can. número 1188, 2. 1.°,;es el que se ha erigido principalmente para el servicio y utilidad de algún colegio, o también para comodidad de una o de varias personas particulares; pero de modo que en ninguno de estos casos sea él del uso exclusivo de sus patronos, sino que a su vez tengan derecho legítimo y bien comprobado a usarlo todos los fieles católicos que durante los Oficios divinos y la santa Misa quieran acudir a él y de él aprovecharse en sentido cristiano.

En todos los oratorios públicos, por cuanto éstos se rigen por el derecho que fija y modera el culto religioso de igual condición en todas las otras iglesias, una vez que han sido bendecidos o consagrados a Dios por autoridad competente, se permiten todas las funciones sagradas autorizadas por el derecho común en las iglesias ordinarias de las diócesis respectivas, salvos siempre los derechos que tiene el Ordinario del lugar a limitar su número, especialmente antes de erigirlos con el carácter de públicos, y los que asisten también a los párrocos de la respectiva localidad en orden a conservar y defender los derechos parroquiales anteriores y posteriores a dicha erección. (Cfr. can. núm. 1191).

Atendiendo a la circunstancia de que estos oratorios están edificados en propiedades particulares, y de que los Obispos respectivos se reservan la jurisdicción eclesiástica de ellos, es ya evidente que los curas párrocos carecen de toda potestad gubernativa ordinaria sobre los mismos, y que su autoridad se equipara con la que allí tienen los demás sacerdotes en uso de licencias ministeriales diocesanas, sean o no de la propia diócesis. Así es como en dichos oratorios cualquier simple sacerdote, aprobado por el Obispo del lugar, sin permiso del Párroco ni contar con él, podrá celebrar la santa Misa y decirla allí rezada o cantada, con o sin ministros sagrados, como también ejercer los demás actos del culto litúrgico no estrictamente parroquiales, por ejemplo: confesar, predicar, distribuir la sagrada Eucaristía a los fieles católicos en cualquier época del año etc, como mejor haya lugar o se lo pidan los devotos que allí acudan o se lo encarguen los dueños de tales oratorios, quienes pueden obrar en los mismos sin más sujeción que la debida a su respectivo Ordinario, por cuanto dichos oratorios públicos están plenamente exentos de la autoridad parroquial.

Si alguna vez juzgaren los párrocos del lugar que con las funciones litúrgicas que se dieren en esos oratorios, o con las misas rezadas o cantadas celebradas en los mismos, se violan o lesionan los derechos parroquiales expresados en el Código del Derecho Canónico, podrán ciertamente recurrir al Prelado diocesano y exponerle sus quejas o presentarle sus justas reclamaciones, como único juez competente que es él respecto de estos litigios. Pero no podrán mientras tanto ejercer por sí mismos acción ninguna punitiva ni coercitiva en contra de los patronos de tales oratorios, de los devotos que los utilizaren ni de los sacerdotes que en uso de sus licencias ministeriales hayan celebrado allí la santa Misa, oído las confesiones de los fieles, administrado la sagrada Comunión dentro o fuera del tiempo pascual, bendecido las mujeres que por primera vez se han presentado en él después del parto, impuesto la ceniza bendita por ellos el primer día de la cuaresma, bendecido y distribuido las palmas el día de Ramos o las candelas el día de la Purificación de nuestra Señora, etc., etc., ya que estos actos no son exclusivos del Párroco.

Tampoco podrán oponerse los rectores de las iglesias parroquiales a que en esos oratorios públicos se rece o cante el Oficio de difuntos, ni a que se digan en ellos misas cantadas o rezadas de Réquiem, a voluntad de los patronos o de los fieles que las pidieren, aunque se trate aquí de aniversarios lata o estrictamente tomados que hayan de celebrarse con grande solemnidad externa. Dígase lo mismo de las misas de óbito del día 3.°, 7.° y 30.° de la muerte o del entierro del difunto, y de la 1.a que por él se celebra después de llegado el aviso de su defunción, toda vez que se reserve para los párrocos la del óbito estrictamente exequial que forma parte de la sepultura. La razón es porque estos oratorios, según queda apuntado antes, se hallan fuera de la jurisdicción ordinaria del párroco del lugar.

Por supuesto que donde haya oratorios públicos sin dueño conocido ni administrador particular que levante las cargas materiales necesarias para su conservación y reparación, o que se hallen erigidos en fundos donados o ya pertenecientes a la respectiva parroquia, o que de hecho estén legítimamente administrados por los párrocos de la misma localidad, más bien que como oratorios públicos se han de considerar como iglesias o ermitas anejas a sus respectivas parroquias, y que por lo tanto son allí los párrocos sus propios dueños y sus administradores de oficio, quienes podrán disponer de ellos a su voluntad y actuar en los mismos con absoluta independencia. En este caso, siempre que un motivo racional lo aconseje, pueden trasladarse y ejercerse en tales oratorios las funciones estrictamente parroquiales.

Todos los oratorios públicos, no embargante su propiedad particular, han de ser de fácil acceso para los fieles católicos en general, y con puerta a la vía pública o a camino libre que a ella conduzca. Han de permanecer abiertos siquiera durante los Oficios divinos y la celebración de las misas rezadas y cantadas. De donde se deduce que no son públicos ni han de considerarse como tales aquéllos que únicamente están a disposición de todos los fieles cristianos por la buena voluntad o libre condescendencia de sus dueños.

Adviértase aquí que la razón de la publicidad inherente a esta clase de oratorios no es una derivación necesaria de esa condescendencia o voluntad racional de sus patronos; la cual hoy existe y podría mañana no existir, por ser enteramente gratuita. Sino que proviene directamente del imperativo de las leyes canónicas, que son de carácter firme y duradero. Estas leyes son las que otorgan a los fieles cristianos el derecho personal a asistir a todas y a cada una de las funciones litúrgicas que allí tengan lugar, y las que imponen a quienes los administran la obligación formal y estricta de admitir en ellas a cuantos sé presenten en debida forma, como también la de facilitarles la entrada cual si se tratara aquí de verdaderas iglesias. Y lo mismo estas obligaciones que aquellos derechos, respecto de los oratorios públicos, subsisten perpetuamente en los sujetos indicados arriba, lo mismo si tocan que si no tocan las campanas para convocar los devotos a los actos religiosos que en ellos hayan de celebrarse.

Fr. Francisco Lliteras, ofm

a

El amor no es amado

El Seráfico Francisco
todo se va consumiendo,
y pronto se le verá
más delgado que un sarmiento.

Escogido para ser
de Cristo exacto remedo,
le crece tanto el amor
que no le cabe en el seno.

El mismo Espíritu Santo,
con su poderoso aliento,
es el que atiza las llamas
que recrecen por momentos.

¿Cómo podrá resistir
tan extraordinario incendio
sin que aparezcan vesubios
en el monte de su cuerpo?

En verdad, le sobreviene
un golpe de amor tan recio,
que por cinco quebraduras
vierte lo que tiene dentro.

Sus dos pies son dos volcanes
que arrojan nubes de incienso,
centellas de luz divina
y lava de oro sin precio.

Por las bocas de sus manos
salen raudales inmensos
de paternas bendiciones
y de tesoros sin cuento.

¡Qué cráter su corazón
más profundo y más abierto,
por donde brotan continuas
llamas de amor verdadero,
surtidores de virtudes
y efluvios de pensamientos!

P. J. C.

La primera Santa Mallorquina

Santa Catalina Thomás

(Continuación).

Persecuciones que contra ella levanta el demonio.

Los que conocen a nuestra Santa, si han seguido el hilo de nuestra narración, echarán de menos, seguramente, un interesante detalle: la persecución encarnizada del espíritu infernal. Efectivamente; la persiguió éste toda su vida. Mas nosotros, apartándonos en esto de sus historiadores, nosotros que no nos propusimos escribir una vida, sino trazar sumarísima semblanza moral, hemos preferido omitir en los anteriores artículos cuanto se refería a este asunto, para dedicarle un artículo especial.

Tendría únicamente cuatro años. Su madre la envió a casa de una conocida suya para darle cierto recado. La señora la obsequió con algunos regalillos, y ya de vuelta a su propio domicilio, se vio súbitamente sorprendida por un hombre que le preguntó qué era aquello que traía. Se lo dijo ella, y pensando sería algún pobre, se disponía a dárselo, cuando el supuesto hombre se trocó en un feísimo negro, a cuya vista cayó desmayada la niña; y en tal estado, el cielo la auxilió por medio de su celestial patrona, la Virgen y Mártir Santa Catalina.

En otra ocasión iba subiendo una cuesta; inopinadamente se presenta el espíritu maligno y dándole fuerte empujón, la precipita por un despeñadero que allí había, se le desvió un brazo con la caída. Luego acudió a socorrerla la misma Santa; y enjugándole sus lágrimas la dijo: «No llores hija mía. ¿No has conocido que aquel era el demonio? Deja de afligirte; antes bien, consuélate, pues a aquellos persigue con mayor saña, a quienes no puede traer a su bando por medio de las vanidades del siglo». Y tomándola en sus brazos la dejó sana y tranquila.

Otras veces le asaltó el diablo, ora con halagos, ora con ataques declarados y violentos, saliendo siempre vencedora la niña angelical.

Estas luchas de Catalina con el espíritu del mal, iban en aumento a medida que iba creciendo en virtud y santidad. Veamos algunas.

Era el tiempo del noviciado. Cierto día llamó a la portería un mercader que deseaba hablar a nuestra novicia. Esta se presenta y oye que le dice: «Voy a embarcarme para Roma. Son varias las monjas que, al enterarse de mi viaje, me han encargado les obtenga del Santo Padre la dispensa de sus votos, a fin de volverse a sus casas, disgustadas como andan y aun desengañadas de la Religión. Ahora pues, a ti especialmente me ofrezco, si quieres imitarlas. Así podrías volverte a Son Gallard donde vivías tan contenta y tranquila». Pronto conoció Catalina ser aquellos lazos del mal espíritu, y sin replicarle palabra, cerró la puerta y volviéndole las espaldas, se retiró de aquel lugar.

En otra ocasión se le presenta el demonio en figura del Padre Castañeda y le habla de este modo: «Catalina: Vengo de mi amado Retiro de Miramar, y tengo que hablarte claro sobre un asunto que interesa sobremanera a tu alma. Si no te lo dijera me remordería mi conciencia. «Ya sabes que yo mismo te procuré la entrada en este Monasterio, porque creía que aquí encontrarías un lugar santo, donde lejos del mundanal ruido, podrías servir a Dios y santificarte con más facilidad. Mas, estoy enterado que no es así, por desgracia. La paz y dulce sosiego propio del claustro no se encuentran aquí; con lo que, en vez de adelantar en la virtud, como uno y otro deseamos, vas a experimentar notables atrasos. Ciertamente conviene más la vida campestre que llevabas en compañía de tus tíos. Por consiguiente, con todas las veras de mi alma, te aconsejo te vuelvas a Son Gallard. Aquí tienes que sufrir demasiado toda clase de contrariedades: angustias, enfermedades, y según tengo entendido, mil asechanzas y persecuciones del diablo mismo. Allí en cambio tendrás goces, salud y consuelos celestiales».

Atónita escuchaba Sor Catalina este razonamiento que parecía salido de la boca de un loco y quería pasar por el de un santo Padre. Contestó ella que estaba muy contenta y muy a su gusto en el Convento, y que si alguna cosa tenía que sufrir, eso era precisamente lo que deseaba. Al verse vencido el demonio le dijo con voz más levantada: «Siento mucho haberte traído aquí, donde vas a perderte. Sal ahora mismo del Convento; y si no quieres volverá Valldemosa ni a casa del señor Zaforteza, te buscaré otra, donde puedes vivir con más tranquilidad». Entonces ilustrada nuestra heroína con luz celestial descubrió al espíritu de las tinieblas y haciendo la señal de la cruz lo ahuyentó de allí.

Mas el demonio no se dio por vencido con esta derrota; antes bien; dentro de poco volvió a la carga contra la invicta Religiosa. Para distraerla de sus espirituales ejercicios, se le aparecía en forma de dragón; la llamaba por su nombre imitando la voz de una monja; colocaba en su cama el cadáver de alguna Hermana, vestida con el manto y roquete, al modo como suele amortajársela cuando acaba de morir, etc., de todo lo cual salía ilesa y aun se burlaba Catalina.

Viendo, pues, que nada adelantaba, arremetió Satanás contra ella con furia verdaderamente infernal. Ya no fueron simples palabras, ni espantajos lo que empleó luego, sino cosas de peor calidad. Con el objeto de martirizarla, todo lo intentaba; a todo se atrevía: Golpearla horriblemente con palos y cadenas de hierro; arañarla con garfios; echarla por la ventana; hacerla rodar por la larga escalera del corredor; poner brasas encendidas sobre su cabeza; apedrearla hasta cubrirla de sangre, etc., etc.

Un día mientras iba a preparar la mesa para cenar la Comunidad, la coge el maligno espíritu y la echa en el aljibe que estaba lleno de agua, y que se conserva todavía. Corrieron las monjas al oír las voces de Sor Thomasa que pedía auxilio; y por manifiesto prodigio la sacaron aún con vida.

Otra vez vieron las religiosas como era violentamente arrastrada por el corredor. Lloraban aquellas de compasión al ver a su pobre Hermanita tan maltratada y al oír los recios golpes que recibía. Querían asirla, y se les escapaba de sus manos, llegando a establecerse una verdadera lucha entre ella y los espíritus infernales.

¿Qué dices a esto, lector amable? No es verdad que sufrió del infierno, Sor Catalina? Pues no estamos, siquiera a la mitad del camino. Sor Práxedes Net aseguró que por espacio de cuatro meses, no se pasó día sin ser molestada de! mal espíritu, de un modo visible; y decimos visible, ya que nada podemos decir de lo que a sus solas sufrió del mismo, porque lo ocultaba cuanto podía la humilde virgen Valldemosina.
¿Y por qué permitió Dios que fuera tan atrozmente atormentada del diablo la pura e inocente esposa de Jesucristo? Adoremos sus inescrutables designios. Únicamente podemos decir.

Así era glorificado el Señor.
Así salvaba los pecadores, Sor Catalina.
Así, finalmente conquistaba para el cielo laureles inmortales y la palma del martirio.

(Continuará).

Amor non amatur!
[¡El Amor no es amado!]

Mora en su seno el Amor
con tan firme y dulce agrado
que ninguna criatura
conseguirá desterrarlo.

Amor es toda su vida,
Amor le ha crucificado
y ha convertido en fontanas
sus pies, sus pecho y sus manos.

Si conocéis al Amor,
sus finezas y milagros,
decidme, ¿no es Fray Francisco
su más perfecto retrato?

¡Ay, mirad cómo está ciego
de gemir y llorar tanto!
Y, ¿por qué llora? —¿Por qué?
¡Porque el Amor no. es amado!

Amad, amad al Amor,
y seréis buenos y sabios.
¡Dichoso el hombre que muera
al divino Amor amando!

¡Amor, dulcísimo Amor,
cuán dulces son tus abrazos;
jamás te apartes de mí,
santo Amor, mi dulce Amado!

Fr. Juan Bta. Gomis, ofm

San Francisco y las flores

Para pintar el carácter de San Francisco suelen consignar sus biógrafos que cultivaba con sus propias manos un jardín en la huerta de Asís.

La vida de Ntro. Santo Padre es de lo más poético y encantador. Es una novela de sublimidad desconocida para el mundo. La vida de San Francisco evoca siempre el recuerdo de las bellezas de la primavera.

Las misteriosas armonías de la naturaleza que se convierten en himno triunfal a la gloria de Dios despertaban en el alma de San Francisco suavísimas impresiones.

Si pasaba por entre árboles de fresca alameda, llamaba a las avecillas, las cuales se posaban en sus hombros y en sus manos para recibir las caricias que les prodigaba, y no se ausentaban hasta que el santo les predicaba y bendecía. Más de una vez, sentado en los márgenes de un arroyo, sostuvo certamen musical con los ruiseñores, cuyas melodías enajenaban el alma del Poeta de Asís. Si veía un corderillo jugueteando sobre la verde alfombra con que abril tapiza los campos, derramaba tiernas lágrimas, acordándose del inmaculado cordero Jesús que se apacienta entre blancos lirios.

Los nidos por el mismo santo aderezados para los pajarillos que criaban en un frondoso árbol de la huerta del convento, y el hermano halcón que todas las noches le despertaba, nos recuerda el paraíso en que se recreó Adán mientras duró su inocencia.

Nadie ha interpretado mejor que San Francisco las secretas analogías que hay entre las flores y las virtudes. Las flores son atavío de la naturaleza y las virtudes son atavío de las almas. Al encontrarse frente a ellas las acariciaba diciendo: «Callad, Callad, hermanitas flores, que ya os entiendo.» ¡Con que cuidado cultivó San Francisco las místicas flores de su alma! Fray León, confesor suyo, vio en sueños un hermoso jardín en que campeaban las azucenas y le fue dado a entender que era una alegoría del alma de San Francisco.

Dios, después de haber creado todas las cosas, se puso a contemplarlas, y entusiasmado al ver que todo era bueno, dio un abrazo al mundo y besó la obra de sus manos. Este beso hizo brotar las flores... He aquí por qué despertaba el entusiasmo de San Francisco, que tan de cerca sintió el abrazo y el beso de Dios.

Los hijos de tan sublime jardinero han heredado de su Santo Padre esta inocente y encantadora cualidad, el cultivo de las flores del claustro. Apenas se hallará un solo convento que no encierre entre sus vetustos y severos claustros el indispensable jardincito; y tal vez, nos fuera aún más difícil encontrar una comunidad religiosa que no cuente con alguna alma candorosamente atraída por la hermosura de las flores. Ojalá que a imitación suya, sepamos también nosotros cultivar las flores místicas del alma que simbolizan aquellas. Ojalá podamos, como el Santo, decir en verdad a las flores de nuestro jardín: Callad, callad hermanitas flores que ya os entiendo.

Fr. A.

Refraner valencià

Abans de fer una cosa, pren consell si es perillosa.
Abans de parlar pensa; abans de escriure repensa.
Abans era Deu l' amor; ara es el or.
Ab bona o mala pitansa, no faltes a la templansa.
A bestia que no conegues, no li faces chances.
Ab la dona y els dinés, molt cuidadós has de ser.
Ab lo pá en les mans, hi ha qui es mor de fam.
Ab los dolors, coneixem els amics.
A boda y bateig, si no et criden no vages.
A bona gana, sobra salsa. A bona son no h¡ ha llit dur.
Ab raó o sense raó, vaja el pobre a la presó.
Abre trasplantad ha de ser ben regat.
Abre vell trasplantat a térra nova, no li prova.
Ab tot has de ser humil, no tant que et tinguen per vil.
Ab tots sigues amorós, y ab tú rigurós.

Historia regional

Conquista de Valencia por el rey D. Jaime el Conquistador

28 de Septiembre de 1235.

Dice el cronista de Valencia Gaspar Escolano, que habiendo acudido algunos de los caballeros que iban a tomar parte en aquella guerra, se dio principio a la conquista, haciendo la primera jornada de Teruel a Jérica cuyos sembrados mandó talar el rey D. Jaime, repitiendo igual operación al día siguiente en los campos de Torres-Torres. Se dirigió por el valle de Segó donde encuentra a los Maestres del Temple y del Hospital, al comendador de Alcañiz y al de Montalván, y engrosada su hueste emprende el camino de Burriana, cuya plaza pareció inexpugnable en tiempos de su padre el rey D. Pedro II.

Era a mediados de Mayo de 1233 cuando puso sitio a la villa, donde fue a reunirse don Blasco de Magón, no para ayudarle a tomar la plaza sino para hacerle desistir de su intento, aconsejándole que levantase el sitio y aceptase en cambio las ventajas que le ofrecía el rey de Valencia, de cuyo mensaje era él mismo portador. Consejo y opinión en que abundaban otros caballeros sin que bastasen súplicas y observaciones para hacer cambiar la resolución del rey.

Conquistada Burriana, después de dos meses de sitio fue desde entonces la llave del reino de Valencia por la parte de la costa, dada la comunicación directa que tenía con Cataluña por el mar, así como Teruel era el punto de avanzada, cuartel general y seguro refugio de las huestes por la parte de Aragón.
Lo restante de aquel año se pasó haciendo preparativos para proseguir en la conquista de Valencia, que proyectaba el rey D. Jaime llevar hasta los altos castillos de Játiva. Necesitaba no obstante hacer antes un reconocimiento en el interior del reino que venía a conquistar y se adelantó con su hueste hasta la misma vega de Valencia sin sufrir el menor contratiempo.

Pero habían sido vistos desde las torres de la capital, y pasando apresuradamente por Paterna y Manises, vino el rey a acampar con su pequeño ejército a la torre de Espioca. Esperaba el rey que los moros saldrían a buscarle en este punto, pero no habiéndose presentado otra gente que algunos labriegos que huían de los cristianos, se trasladó a Albalat, donde permanció cuatro días, regresando después por Cuarte a su cuartel de Burriana. A fin de año se presentó D. Pedro Cornel, encargado de la custodia y defensa de aquella villa, desde donde emprendía con sus cien caballeros serias algaradas contra los sarracenos de Onda, Nules, Uxó y Almenara, cuyas poblaciones y la de Almazora cayeron muy presto en su poder, como toda la ribera del Mijares.

Jaime I

La estatua ecuestre del rey Jaime I en los Jardines del Parterre [Por Valencia]

Llegada la primavera y vuelto el rey a Burriana, de regreso de Aragón y Cataluña, resolvió hacer una segunda expedición al interior del reino, dirigiéndose a la ribera del Júcar. No tardó el valeroso monarca en hallarse con su hueste al pie del castillo de Cullera (1234) donde se habían refugiado los moros de las algerias con sus tesoros y sus ganados, considerando aquel lugar seguro. D. Jaime no pudo tomar la fortaleza, ni tampoco empeñar serios combates en aquel sitio apartado de sus tierras, y se trasladó con su hueste a Silla, como si tratase de aproximarse más y más a las puertas de Valencia.

De Silla se encaminó el rey a Moncada, defendida entonces por una fortísima torre que combatida por los ingenios, que el mismo rey acompañado de solos doce caballeros fue a traer de Burriana, hubo de rendirse con la villa donde recogieron los aragoneses un botín de preciosos objetos que evalúa el rey en cien mil Besantes, (45.000 libras valencianas.)

Igual suerte cupo a Museros.

Aben-Zeyan, rey moro de Valencia, que no tuvo en todo este tiempo valor ni carácter de rey para oponer una seria resistencia al insigne caudillo que recorría con sola una escolta las tierras de su reino, escribió después de la pérdida de Moncada al rey Aben Hud, solicitando su alianza y protección para que le favoreciese contra el monarca aragonés, y si le amparaba en tan apurado trance se ofrecía a hacerse su vasallo, «que más quería tenerle por señor, decía, que pagar tributos con viles condiciones al rey de los cristianos.»

Preocupado siempre el rey con la idea de hacer suya la ciudad del Turia, y deseando tener un punto avanzado desde donde pudiese distinguir constantemente sus gallardas torres y dirigir las algaras hasta el pie de sus fuertes muros, y a través de los fértiles campos de su extensa vega, determinó apoderarse del castillo del Puig, que los moros llamaban Enesa, los cristianos cerro de Cebolla, y cuyos nombres quiso D. Jaime trocar por el de Santa María que fue el que tuvo en adelante.

Como se entera se Aben-Zeyan de los proyectos que acariciaba el rey de Aragón y no atreviéndose a medir con él sus armas, mandó demoler el castillo del Puig, creyendo neciamente que haría desistir a su noble enemigo de posesionarse de aquella colina que a el y los suyos tocaba defender en vez de hacerla derribar. Vuelto D. Jaime de Teruel, enterado de lo ocurrido acerca del castillo del Puig, dispuso los preparativos necesarios para fortificarse convenientemente en la citada colina. Encomendó su guarda y defensa a su tío materno el infante D. Bernardo Guillen de Entenza, cuyos días estaban contados en el libro del destino, si bien debía perpetuarse su memoria en aquel sitio donde brotaría mas adelante un suntuoso templo cristiano que guardase fielmente sus cenizas.

Inmediatamente partió el rey con sus bravos caballeros a posesionarse de la colina, y acampando con su hueste al pie de ella, mandó levantar de nuevo la fortaleza (1236). Aben-Zeyan, creyó llegada la ocasión de atacar a los cristianos cuando ya estaban establecidos y atrincherados casi a las puertas de su capital. Aprovechando pues, la ausencia de D. Jaime, que se hallaba celebrando cortes en Monzón, el rey de Valencia reunió un ejército de cuarenta mil hombres y atacó con aquellas fuerzas al puñado de guerreros que defendía la colina del Puig (1237).

Se hallaba D. Jaime acampado en su real de Ruzafa y estrechando cada día el cerco de la ciudad, cuando se presentaron en las aguas de Valencia las naves africanas con las fuerzas ofrecidas a Aben Zeyan. Dice la crónica árabe que los elementos impidieron se efectuase el desembarco y, fueron las naves arrojadas del Grao por una tempestad: mas en la historia de D. Jaime refiere el mismo rey que no se atrevieron los tunecinos a desembarcar a pesar de las señales de inteligencia en la ciudad y la escuadra y los fuegos encendidos por los aragoneses como invitándoles a venir a tierra llamados por sus amigos de la plaza. A los dos días se hicieron a la vela tomando la derrota de Peñíscola, donde desembarcaron algunas fuerzas que fueron duramente escarmentadas por las tropas de D. Fernando Pérez de Pina, que defendía aquella fortaleza.

Perdida para el rey moro toda esperanza de socorro, circunvalada casi por completo la ciudad por las tropas aragonesas, incendiada la torre de Boatella y perdida ya la puerta de Jerea, apurados los defensores y hartos ya de asaltos y escalados en los que morían bastantes moros que no tenían reemplazo, y mermada la guarnición que solo se componía de diez mil hombres, hasta el extremo de no poderse defender de los sitiadores, obligaron a su rey los sitiados para que pactase con el enemigo y entregase la ciudad con "buenas condiciones.

Zeyan pidió un salvo conducto al rey D. Jaime para enviarle un parlamentario. Se llamaba este Alí Albatá y se presentó en el real de Ruzafa a tratar de la rendición de la ciudad. El moro no estaba autorizado mas que para proponer a D. Jaime la venida a su real del príncipe Abul-Hamlek sobrino de Aben-Zeyan, el cual trataría de las condiciones de la rendición. Aceptada por el rey la venida del príncipe y llegado este a presencia de aquel con toda pompa de un monarca oriental, tomó asiento junto al rey de Aragón que se empeñó en obsequiarle en un banquete y el moro no quiso aceptar.

Repetido otras dos veces la entrevista de Abul-HamleK con el rey D. Jaime, quedó acordada la entrega de la ciudad con las ya citadas por nuestro historiador, las cuales fueron entendidas y firmadas por las partes contratantes como consta en el documento que a continuación se expresa, tal como existe en el Archivo de la Corona de Aragón.

«Nosotros D. Jaime, por la gracia de Dios rey de Aragón y del de Mallorca, conde de Barcelona y de Urgel y señor de Mompeller, prometemos a vos rey Zaen (o Zeyan), nieto del rey Lobo, e hijo de Modofé, que todos los moros, así hombres como mujeres, que quisiesen salir de Valencia, vayan salvos y seguros con sus armas y con toda su hacienda mueble que quisiesen llevarse consigo, en nuestra fe y en nuestro guiage; con que estén fuera de la ciudad dentro de veinte días, contándolos desde este adelante ,sin interpolación alguna. Mas adelante queremos y concedemos que todos los moros que quisiesen darse en el término de Valencia, se queden salvos y seguros en nuestra fe, componiéndose con los señores que tuvieren las heredades, y también os aseguramos y hacemos firmes treguas por nosotros y por todos nuestros vasallos, de aquí siete años no haremos daño, mal o guerra, ni por mar ni por tierra ni permitiremos que se haga contra Denia, ni contra Cullera, ni en sus términos; y si alguno por ventura de nuestros vasallos y hombres lo hiciere, haremos que se enmiende por entero, según la cantidad del año.

Y para que so atienda a todo esto con firmeza, y se cumple y guarde, lo juramos nosotros en propia persona y hacemos que lo juren nuestro tío el infante de Aragón D. Hernando y nuestro conde D. Nuño Sanz, D. Pedro Cornel, mayordomo de Aragón D. Pedro Fernández de Azagra, D. Artal de Luna, D. Berenger de Entenza, y D. Guillen de Entenza; D. Acorella, D. Asalido de Eudal, D. Sancho Aznarez, don Blasco Maza, D. Rogero, conde de Pallas,don Guillem de Moncada, Ramón Berenguer de Ager D. Guillem de Cervelón, D. Berenger de Eril, D. Ramón Guillen de Odena, D. Pedro de Queral, Guillen de S. Vicente. Y nosotros D. Pedro, por la gracia de Dios, arzobispo de Harbona, y D. Pedro arzobispo de Tarragona, y nosotros los obispos de Barcelona D. Berenger, de Zaragoza D. Bernardo, de Huescadon Vidal, de Tarazona D. García, de Segorbe don Gimeno, de Tortosa D. Ponce, y de Vigue don Bernardo, prometemos que haremos se atienda a todo esto, y atenderemos a ello cuanto fuere en nosotros, y pudiéremos en buena fe.

Y yo el rey Zaen sobredicho prometo a vos D. Jaime, por la gracia de Dios rey de Aragón, que os entregaré y daré dentro de dichos veinte días todos los castillos y villas que hay y tengo de esta parte del Júcar, quitados y reservados los castillos de Denia Cullera.

Dada en Ruzafa en el cerco de Valencia en cuatro de las calendas de Octubre de la era mil y doscientas y setenta y seis».

—28 de Septiembre de 1238.

Noticias

Roma

Continúa apenado el corazón del Soberano Pontífice por las tristes noticias que se reciben sobre la inicua persecución religiosa en la Rusia de los Soviets. La prensa italiana afirma que llegan al Vaticano súplicas conmovedoras pidiendo auxilio los ortodoxos, judíos y aún los mahometanos. El sacerdote católico cuya firma apareció en una declaración favorable a los Soviets, ha escrito al Santo Padre manifestando que aquella firma apareció fotográficamente del documento en que se negaba a suscribir dicha declaración.

—Tan pronto como el Sumo Pontífice tuvo noticias de la catástrofe producida por el último terremoto en la región napolitana, envió una persona de toda su confianza para que se enterara de los daños ocurridos e informara al Santo Padre, quien desea remediar las más perentorias necesidades. Al mismo tiempo envió Legados pontificios encargados de enterarse de los daños sufridos en las iglesias y parroquias.

—Deseoso el Santo Padre de dar nuevo impulso a la revisión de la Vulgata, ha decidido fundar en Roma un monasterio benedictino residencia de la Comisaría encargada de dichos trabajos. En dicho monasterio morarán los benedictinos de la Abadía de San Mauricio de Clervaux del Gran Ducado de Luxemburgo.

El Papa goza de perfecta salud. Ciudad del Vaticano.- El Papa ha recibido a los peregrinos de la Enseñanza Libre de Francia, destinada a reunir a las maestras y maestros católicos franceses que se proponen difundir la doctrina cristiana, alejada de las escuelas oficiales y laicas. El Sumo Pontífice pronunció un discurso en el que desmintió los rumores, procedentes principalmente de Francia, de que el Papa se encontrase enfermo. Pío XI dijo que, como todos los presentes podían comprobar, se encontraba, gracias a Dios, en perfecto estado de salud.

Desmintió también el Papa el rumor, según el cual sus ideas acerca de «L'Action Fraçaise» no serían tan rigurosas y decididas como antes, y que se modificarían. El Sumo Pontífice declaró categóricamente que ello no es cierto, y que en este particular nada cambiaría la actitud del Papa.

Ha sido clausurado el Congreso Eucarístico de Loreto.—El Congreso Eucarístico de Loreto fue clausurado el día 15 de Septiembre con gran solemnidad, ante una muchedumbre extraordinaria, de los que muchos se acercaron a la Sagrada Mesa. Durante la noche estuvo en vela la Adoración Nocturna de Jesús Sacramentado. A las diez de la mañana se celebró gran Misa Pontifical, por el Cardenal Legado Monseñor Capotosti, y a la que asistió numeroso público. Al Evangelio, el Cardenal predicó una homilía en la que de un modo especial trató de las relaciones íntimas entre la Eucaristía y la Ssma. Virgen.

Por la tarde tuvo lugar la solemne procesión en la que tomaron parte Asociaciones de adultos y jóvenes, el Clero secular y regular. Cofradías, Seminarios, Ordenes Religiosas, y representaciones de autoridades civiles, políticas y militares. En el transcurso de la procesión resonaron continuamente cantos y oraciones, y antes de entrar el Santísimo Sacramento en la Basílica la muchedumbre recibió la bendición.

Con este acto se clausuró la última jornada imperecedera del Congreso Eucarístico de Loreto.

El Cardenal Pacelli envió en nombre del Pontífice un telegrama en el que agradecía la conmovedora acogida de que había sido objeto el Cardenal Legado, representante del Papa, y enviaba a todos los congresistas, que aclamaban al Rey Divino bajo la mirada materna de la Santísima Virgen, la Bendición Apostólica. El numeroso público ovacionó con grande entusiasmo al Cardenal Legado.

—Han sido nombrados Vicarios Apostólicos de Sinchow y de Jenyang (China) el Padre Ignacio Canazei, Salesiano de Don Bosco, y Don Francisco Lión, sacerdote indígena de Luanfú. El primero sustituye a su hermano en religión Padre Versiglia, asesinado recientemente por unos bandoleros, y el Señor Lión ocupará el lagar que dejó vacante al morir el Padre Luis Chen, O. F. M., uno de los seis obispos chinos consagrados por el actual Pontífice Pío XI.

También ha sido nombrado nuevo obispo y Vicario Apostólico por el Soberano Pontífice el Padre Silvestre Espelage, Prefecto Apostólico de Wuchang en China.

Por decreto de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide el día 14 de Julio último pasado fue dividido el Vicariato Apostólico de Changsha (Hunan), y en la parte separada ha sido creado el nuevo Vicariato Apostólico de Hengchow, y nombrado nuevo Vicario Apostólico el P. Rafael Palazzi, O. F. M.. que hasta ahora había sido Obispo auxiliar del Vicariato Apostólico de Changsha.

Y el Padre Mondaini, Vicario Apostólico de Changsha (Hunan) en la China, que por motivos de falta de salud ha renunciado a su cargo, ha sido elevado a la dignidad arzobispal por el Soberano Pontífice quien ha sabido premiar los méritos y trabajos de tan digno Padre de nuestra Orden, que ha permanecido cuarenta años en las Misiones de China.

España

El Cardenal Primado ha dirigido una notable Carta Pastoral al clero y fieles de su Arzobispado anunciando la próxima celebración del Concilio Provincial de Toledo, para el cual convoca a todos los Obispos de su Provincia eclesiástica, con voto decisivo, a los Cabildos Catedrales, y a los Superiores Mayores de las Ordenes religiosas exentas y de las Congregaciones monásticas que residen en la provincia, todos los cuales gozan de voto consultivo.

Además manifiesta el Cardenal Primado su deseo de que asistan al Concilio todos los sacerdotes de su Archidiócesis, como solían asistir muchos presbíteros a los antiguos y celebérrimos Concilios de Toledo. Mas ya que esto no es posible, invita a que asistan a todos los Arciprestes, en quienes estará re representado todo el el clero parroquial de aquella Archidiócesis.

Dispone por fin en dicha Carta Pastoral que se eleven fervientes plegarias al Divino Corazón, y a la Santísima Virgen Inmaculada, por el feliz resultado del Concilio. Y manda además que se celebren y recen por el mismo fin, rogativas, letanías de los Santos, el Santo Rosario ante Jesús Sacramentado, y otras preces, en las iglesias y conventos de la Archidiócesis de Toledo.

También convoca el Cardenal Primado para la celebración de la primera Asamblea Nacional de Acción Católica, que se inaugurará, Dios mediante, el próximo otoño. Estas Asambleas Nacionales, que se celebrarán todos los años, estarán formadas tan sólo por las Juntas Centrales y diocesanas de Acción Católica y por las Juntas Nacionales de las diversas Instituciones de Acción Católica. Estas Asambleas serán a modo de grandes sesiones de estudio del Estado Mayor de la Acción Católica.

Valencia

aValencia en la clausura de la Exposición de Barcelona. Con el gran festival de los orfeones de Cataluña, con unas representaciones de ópera, en el Palacio Nacional, por el famoso tenor Hipólito Lázaro y del interesante Teatro Japonés, en el Palacio de Proyecciones, y con unas fiestas populares y atrayentes, que han tenido la virtud de congregar en el recinto de la Exposición, en la montaña de Montjuich y en el puerto multitudes enormes, formadas por la mayoría de los habitantes de Barcelona y un número considerable de forasteros, quedó clausurada la maravillosa Exposición de Barcelona, orgullo de los barceloneses y admiración de cuantos la han visitado.

En días de fiestas, como el de la cabalgata de los mercados, que salió por las calles de la ciudad, se despacharon en la Exposición 150.000 entradas y más de diez mil permisos de coches; en tardes o veladas de festejos, como la verbena de San Juan, se congregaron en el recinto multitudes inmensas. Jornadas hubo en que la Exposición, fue invadida por medio millón y aún por 600.000 almas. Y el lunes y martes, últimos días de la Exposición, y en los que el comité permitió la entrada libre, el gentío que la visitó fue tan enorme que puede decirse que toda la clase media y popular, y grandes núcleos de fuera de la ciudad desfilaron por el recinto de la Exposición.

Y en las dos últimas fiestas populares que se celebraron con motivo de la clausura de la Exposición, el gran concierto de los orfeones de Cataluña en el Estadio, y el festival marítimo en el puerto, Valencia tuvo una honrosa participación.

En el acto del Estadio, la Senyera de Lo Rat Penat, que en aquel acto representaba la Senyera de Valencia, acompañada de los socios de la sociedad valencianista, desfiló al frente del cortejo de los orfeones y fue saludada y aclamada con entusiasmo por 50.000 almas.

Y a la fiesta marítima que llevó al puerto, a Montjuich y a los lugares donde el puerto se divisa, la ciudad entera, Valencia contribuyó de una manera bella y significativa, con barcazas alegóricas de la historia y cultura valencianas, que llamaron poderosamente la atención de toda Barcelona, y de todo el público forastero.

Al clausurarse la gran Exposición de Barcelona, orgullo de España y admiración del mundo entero, es justo rendir un tributo de reconocimiento a los que la iniciaron y la realizaron, a los elementos técnicos que la continuaron hasta el final, y al Comité Ejecutivo y al Ayuntamiento actuales que la han clausurado dignamente, y a quienes corresponde cubrir el déficit.

La Exposición de Barcelona ha costado doscientos quince millones de pesetas. Pero el laborioso pueblo de Barcelona y las Autoridades que lo gobiernan sabrán sin duda alguna saldar esta enorme deuda con acertadas disposiciones.

En la iglesia de San Lorenzo.—Padres Franciscanos.—En la iglesia de San Lorenzo ha celebrado la Venerable Orden Tercera de Penitencia allí establecida, su acostumbrado solemne Quinario y Cuarenta Horas, en los días 15 16 17 18 y 19 del pasado Septiembre, en honor de la Impresión de los Llagas del Seráfico Patriarca San Francisco.

Se celebraba por la mañana misa solemne con motetes escogidos de música religiosa, acompañados al órgano, y por la tarde, con exposición de S. D. M. se rezaba la corona franciscana, luego el sermón, y ejercicio de las Llagas, reserva y gozos en el altar del Santo.

De los sermones ha estado encargado el P. Buenaventura Arener O. F. M. quien con su elocuencia peculiar, y estilo claro y sencillo al alcance del pueblo, desarrolló magistralmente los temas acerca del espíritu de la V. O. T. y de la obediencia, paciencia, caridad y celo, como virtudes especiales que deben adornar a todos los terciarios hijos de S. Francisco. La exposición de estos temas la confirmaba siempre el orador con ejemplos y pasajes sacados de la vida prodigiosa del Santo de Asís, que cautivaban la atención del numeroso publico que llenaba la iglesia de San Lorenzo.

No nos cabe duda que los sermones del Padre Arener habrán gustado a todos, y además habrán enfervorizado a los terciarios y archicofrades de San Francisco, moviéndolos a reformar su vida con la práctica de tan excelsas virtudes.

Nuestra enhorabuena más cumplida y entusiasta al P. Buenaventura Arener.

Tierra Santa

De una carta escrita desde Jerusalén por el Dr. Mombelli entresacamos los siguientes datos. El "Doar Hayom", que es el mayor diario que se publica en lengua judía en Tierra Santa, anunció hace poco, que el Patriarca Latino de Jerusalén había comprado, en nombre del Vaticano, por la suma de cien mil libras esterlinas, la mezquita de David, donde se halla el Santuario del Cenáculo. La noticia suscitó grande interés en la opinión pública de la capital. Empero no fue difícil comprobar que tal noticia era un formidable canard [noticia falsa o infundada].

Los judíos que nada entienden de estas cuestiones de cristianos y católicos en Palestina, habían confundido las cosas dolosamente. Porque como se hubiese hablado de que los Padres Franciscanos de la Custodia de Tierra Santa tenían intención de comprar una pequeña casa sobre el Monte Sión, cerca del Cenáculo, ellos pensaron que el Vaticano había obtenido de la familia musulmana de los Dajani la mezquita misma del Santo Cenáculo. Por desgracia, no van las cosas por ese camino. Por el contrario: es verdad que los trabajos en la parte del Calvario perteneciente a los Latinos no han podido ser comenzados todavía, porque los proyectos de mosaicos presentados por los Franciscanos no han sido aprobados por la Comisión del Gobierno encargada de examinarlos. Más todavía: el gobernador inglés de la capital ha rehusado dar el exequatur [ejecútese] al plano de engrandecimiento de la Delegación Apostólica de Jerusalén.

Profesión solemne.—En el Convento de Padres Franciscanos de Cocentaina hizo la profesión de votos solemnes el día 31 de Agosto, el estudiante de teología Fr. Serafín Pérez Reig, hijo de nuestro querido amigo D. Salvador Pérez, comerciante de dicha población. El acto se celebró con gran solemnidad, recibiendo los votos el P. Antonio Torró.

La enhorabuena al nuevo profeso, a sus queridos padres y hermanas y a la Comunidad.

Bibliografía

«El Pobrecillo de Asís». Por Adolfo de Sandoval, Terciario franciscano.

(Estudio histórico-social). Un vol. 8.— 382 pág.—Editorial Hernando.—Madrid, 1930.

No necesita ser presentado por nosotros ante el público literario el académico D. Adolfo de Sandoval, pues bien conocido es de todos por sus innumerables escritos, por sus sentidas poesías, por sus excelentes novelas, por su labor de académico, por su preferencia y especialiciación en el conocimiento de los siglos de la Edad Media, sobre los que tiene escritos conceptos profundos y páginas inimitables.

El nombre y las obras del señor Sandoval han traspasado las fronteras nacionales, y tanto en España como en el extranjero se tributa a nuestro ilustre académico un debido homenaje de admiración y de respeto.

Mas si el señor Sandoval no fuese conocido por sus innumerables obras, sería suficiente para tenerle por literato, y literato insigne, y pensador profundo y poeta elevado, el libro que acaba de escribir en poco menos de un mes, con el título de «EL POBRECILLO DE ASIS».

Tiempo hacía que era esperado este libro del señor Sandoval, tan franciscano, tan espiritual, tan amante de San Francisco y de sus hijos y de sus tres Ordenes. Y después de muchos contratiempos, como él mismo confiesa, y «quebrantos de salud, y muchas sórdidas pasiones que al paso me salieron, y otras penas, que sólo Dios conoce, atajaron mi humilde obra... Mas no pudiendo ni debiendo diferir por más tiempo el escribirlo, obligado a ello por apremiantes y amables instancias que de muchas partes se me hacen, y a las que me es imposible de todo en todo desoír... he aquí que comencé a escribirlo en el mes de enero de este año en que estamos, el día siguiente,—concluidas mis vacaciones navideñas—de la fiesta de los Santos Reyes. Y con tal premura hube de escribirlo, que concluido estaba el día veintinueve de ese mismo mes».

Mas ¿cómo, me pregunto yo, libro tan primoroso, tan profundamente pensado, tan elegantemente escrito, pudo salir a la luz en tan poco tiempo? Para mi no hay más que una explicación, y es, que este libro sobre el Pobrecillo de Asís, lo llevaba el autor en su mente, en su espíritu, en lo íntimo de su corazón; y como lo llevaba en el corazón no tuvo más que mojar en él la pluma, y trasladarlo fielmente al papel, hoja tras hoja, línea tras línea, palabra tras palabra, y por esto ha salido un libro tan vivo, tan palpitante, y del día, del momento, de las circunstancias, de la época en que vivimos; y por eso entraña lecciones y enseñanzas tan prácticas, tan candentes, tan propias de nuestro siglo, y contiene consejos tan sanos, tan sinceros, sacados de la vida prodigiosa del Seráfico Patriarca, que transformó el siglo XIII, y transformaría el XX si en él viviera. Por esto el ilustre autor dirige al Santo de Asís una plegaría cálida, viva, entusiasta, que brota del corazón, en el capítulo XXIX, plegaria que transcribimos en otro lugar de esta Revista, como una muestra, una página de las más poéticas, más sentimentales y reales del libro incomparable, con ser tantas las que podríamos transcribir como modelos de literatura, de sentimiento y poesía.

De cualquiera de sus capítulos que hablan del amor, del hermano lobo, del corazón, del carácter, del trabajo, de los pobres, de la alegría franciscana, de las aves, de las bellas artes, de los Santos, de los sabios y artistas franciscanos, de todo lo más bello y real de la naturaleza y del espíritu, de cualquiera de ellos digo, podrían entresacarse páginas como esta, vivas, palpitantes, de actualidad, porque todo el libro está escrito con el mismo calor, con el mismo sentimiento, con los mismos ideales, con el mismo espíritu eminentemente franciscano.

Por todo esto, y por mucho más que podría decir, mi consejo leal y sincero a todos los suscriptores de nuestra Revista, a todos los que me leen, es que adquieran este libro, y lo lean una y cien veces, seguros de que no se han de cansar, no se han de arrepentir, antes bien se han de complacer en gran manera con la lectura de este libro del artista, del escritor, del novelista, del poeta, del académico, del terciario franciscano don Adolfo de Sandoval.

Fr. Juan B. Botet, ofm