Oratorios, capillas e iglesias
IV. Oratorio semipúblico
Según el mismo canon 1188, 2, 2°,es aquel que se ha erigido a favor de una Comunidad o agrupación de personas fieles que en él se reúnen para los actos religiosos del divino servicio; pero de modo que los otros cristianos extraños a ella no tengan derecho legal cierto a que allí se los admita durante las funciones religiosas, sean éstas las que fueren. Esto no obsta para que de hecho se los admita graciosamente a oír la santa misa y a tomar parte más o menos activa en los demás actos litúrgicos y extra litúrgicos que allí se celebren, ni para que se toquen las campanas convocando para tales funciones a cuantos quieran presentarse, porque ninguna de estas circunstancias les da un derecho cierto a usar de él perpetuamente.
Oratorios de esta clase suelen ser los erigidos en los monasterios, conventos, seminarios, colegios, comunidades religiosas, casas de educación y de ejercicios espirituales, asilos, hospitales, cárceles, fortalezas, etc., etc. Mas también, en la mayoría de estos centros de enseñanza, de beneficencia, de afirmación religiosa, de corrección disciplinar y de otros fines similares, sin perjuicio del oratorio oca-pilla principal de que venimos hablando, pueden erigirse otros oratorios secundarios o capillas menos principales cada vez que a sus respectivos Ordinarios, que para las Comunidades religiosas exentas son los Prelados mayores de ellas, tanto las Generales como las Provinciales y sus respectivos Vicarios, lo juzguen oportuno atendida su necesidad o manifiesta utilidad que de ellos puede esperarse. [Cfr. C. Y. C. can. 1192,4].
En los oratorios principales de las casas referidas, que se reducen a uno solo para cada Comunidad, una vez que están erigidos en debida forma por la autoridad correspondiente, regular o eclesiástica, ya se pueden celebrar los divinos Oficios, la santa Misa y las otras funciones litúrgicas y extra litúrgicas, cual si fuesen oratorios públicos, ermitas o iglesias no parroquiales, con tal que no las excluyan taxativamente las Rúbricas o los decretos allí vigentes, ni hayan sido exceptuadas por el respectivo Calendario local, donde éste tenga fuerza de obligar. [Cfr. ibi., can. 1193, et decr. S. R. C; n°. 4007].
Por lo que se refiere a los oratorios menos principales o secundarios, suponiendo que los haya en las mismas casas a parte del principal o de la capilla de servicio para los actos comunes del culto religioso, aún cuando se puedan celebrar en e las varias misa» y los fieles cristianos en general cumplan en los mismos lugares el precepto de oírla los domingos y en las fiestas de guardar , no gozan, sin embargo, de todos los privilegios anejos al oratorio o capilla principal, como puede verse por los cánones 1265 y 1267, y por el decreto 3484. En todo caso hay que atenerse a las condiciones particulares con que hayan sido erigidos, y a que para la celebración de la santa Misa rige en ellos el Calendario del sacerdote celebrante, equiparándose en este punto a los oratorios privados. Dígase lo mismo en cuanto ala conservación de la SSma. Eucaristía; para la cual se necesita de un privilegio especial.
Oratorio privado o doméstico, según la definición del citado canon, núm. 1188, 2, 3°, es aquél que se ha erigido debidamente en una casa particular para utilidad de una sola persona o familia determinada, con expresión de los individuos a quienes puede favorecer.
En estos oratorios o capillas de utilidad meramente privada, no son muchas las misas que al día se permiten, sino que en la mayoría de ellos se reducen a una sola, sin que sea lícito allí celebrar más.
Y aún de esta única misa diariamente permitida, hay que abstenerse en tales oratorios en determinadas fiestas del año eclesiástico, más o menos en número según sea la extensión de las facultades de que respectivamente gozan sus dueños o los sacerdotes que allí hayan de celebrarlas.
De ordinario se requiere, además, para la debida celebración de esa misa única, la presencia física de la persona indultada, a no ser que también posea indulto personal el propio celebrante y allí tenga derecho a utilizarlo, como es de suponer de un sacerdote que ejerce semejante derecho.
Sobre ser única esa misa, ha de ser también en los oratorios de esta especie, siempre rezada, y ordenarse de conformidad con el directorio o calendario del sacerdote que en ellos ha de celebrarla. Será, pues, festiva, votiva o de Santo, de Misterio o de Réquiem, cual si el sacerdote interesado se hallase entonces en su propia iglesia, tanto regular como diocesana.
Entre estos oratorios privados han de contarse los que pertenecen a los cardenales, arzobispos, obispos y administradores apostólicos con derecho a poseerlos, como también los erigidos en los cementerios para sepultura propia de sus patronos o panteón de toda la familia, si bien gozan unos y otros, por honrosa excepción, de los derechos y privilegios de los oratorios semipúblicos de que hemos hablado poco antes. [Cfr. ibi. can. núm. 1189 y 1190].
Podrán decirse de Réquiem todas las misas permitidas en esos panteones de la familia, fuera de los domingos y fiestas de precepto vigentes y suprimidas, de los días clásicos de 1ª y de 2ª clase, de las fiestas trasladadas celebradas con estos mismos ritos, y de las ferias, vigilias y octavas privilegiadas que ocurran en dichos lugares. Mas en el día de la Conmemoración de todos los Fieles Difuntos sólo podrán decirse de Réquiem las tres propias que para tal día trae el Misal Romano.
Para hacer uso de este privilegio, se requiere que sea legítima la creación del altar de la celebración, que sea válida 1a facultad de ofrecer en él tan augusto sacrificio y que valga aún el derecho a la sepultura de los cadáveres en los cementerios donde radican esos panteones de propiedad particular. Con una sola condición de éstas que faltase, ya no sería lícito celebrar en ellos la misa de difuntos cuando tampoco lo fuese en las otras iglesias de la diócesis que tuviese idéntico calendario. No pueden decirse cantadas, sin embargo, estas misas de Réquiem en las capillas y oratorios de panteones particulares, salvo otro privilegio que taxativamente las autorice. Pero si que podrán decirse varias rezadas y aplicarse todas por el mismo difunto, suponiendo que no haya allí disposición ninguna particular que lo prohíba.
Los privilegios de los panteones particulares que radican en los cementerios de uso actual, no alcanzan a los panteones de fuera de ellos, aunque se encuentren dentro de cementerios antiguos o de otros donde ya no se entierran los cadáveres de los fieles cristianos en general. De modo que tales panteones se han de considerar como oratorios privados ordinarios aunque a conveniente distancia de sus altares se hallen enterrados los cadáveres de los difuntos por quienes se desea celebrar y aplicar la misa de Réquiem. [Cfr. decreta S. R. C. num. 3944, 1 y 4096, 1].
Para comprobar la verdad de otros puntos de estos artículos, puede consultarse con fruto la revista «Ephemerides Liturgicae», del año 1925.
En sufragio
Todo en la Religión es fecundo.
Si el pecado, el mal por excelencia, puede ser lavado por el esfuerzo del arrepentimiento, ayudado por la gracia, en el Jordán de la penitencia, de tal manera que de un gran pecador, por la más heroica de las reacciones, surge un gran santo; no había de faltar esta fecundidad en el dolor y la pena que sacuden los corazones humanos en congojas mortales; siendo las más sensibles aquellas que nos dejan el vacío del ser querido, sobre todo cuando el que se va es la dulce compañera que durante largos años, (ahora parecen breves) llenaba nuestro hogar, nuestro corazón y nuestra mente de felicidades que presagiaban las del cielo; porque un anticipo del cielo en la tierra, es el hogar verdaderamente cristiano.
Lacerado mi corazón por la separación temporal, o de por vida, de la mujer que se entregó a mí, ante Dios, en el santo matrimonio, quiero ofrecerle en sufragio, estos pensamientos y esta pasionaria de mi espíritu oprimiendo los pétalos de mi felicidad perdida para que la destilación de su jugo y su aroma, que embalsaman el corazón doliente, transciendan a otros corazones lacerados, que nunca faltan, y les sirvan de sedante y refrigerio.
Me piden que escriba mi dolor y mi consuelo para este mes de noviembre en que más bien que nosotros a ellos, parece que son los difuntos los que vienen a nosotros periódicamente a visitarnos cuando, con su recuerdo, nos elevan en espíritu a las regiones de lo sobrenatural.
Es frecuente, aun entre personas muy cristianas, condolerse del que muere; como si el que se va pudiera sentir la nostalgia de este valle de lágrimas,o el que se queda no estuviese, sin fecha fija, sentenciado a pagar el tributo de la muerte, y seguirlos pasos del que se ha marchado.
Más razonable es decir del que nos deja: «este ya ha descansado»; pero es más razonable la consideración cristiana de la vida futura y del destino eterno de las almas, según la doctrina católica.
A la luz de esta doctrina sublime, las alegrías como las penas se suavizan, se acercan tanto, que puede decirse que se tocan y hasta se enlazan de tal manera, como él cuerpo y su sombra, que bien podemos afirmar que no hay satisfacción sin congoja ni ésta sin aquella.
Las alegrías completas, lo mismo que las penas, suponen una separación también completa; y ese estado solo se da en la vida futura, en el cielo y en el infierno, definiéndose el uno por el contrario del otro: «Todo bien sin mezcla de mal» y «Todo mal sin mezcla de bien.»
Pero en este bajo suelo es la confusión de ambos. Por eso cuando se tiene una satisfacción en esta vida, no es difícil hallar, a la vista, la parte negativa, en el dolor; lo mismo que en la pena se halla frecuentemene la compensación positiva del consuelo, que la mitiga.
Por lo mismo, no parece humano, y desde luego no es cristiano, la alegría desenfrenada ni el dolor desesperado. Uno y otro conducen a extremos que perturban la razón y comprometen la vida.
Aceptar la voluntad de Dios y someterse a ella es la más serena y la más segura de las disposiciones del alma.
El dolor moral y aun el físico es un bien si se sabe administrar. De mí sé decir, que en todos los trances amargos de mi vida, pero singularmente cuando hace cuatro años me pidió el Señor un hijo de quince, que era la alegría de mi hogar, y, sobre todo, ahora que ha llamado a Sí a mi noble compañera, que era el complemento de mi vida, digo que he experimentado dos grandes reacciones hacia Dios y con ellas dos grandes beneficios; pues yéndome con el corazón transido tras el hijo y la esposa, como iban hacia Él, que los llamaba, acercándome a El por el dolor, he sentido más de cerca su presencia soberana y su consuelo inefable.
En la presencia de Dios no hay penas. El dolor, que es hielo en el corazón y sombra en la mente, a la vista de Dios, que es Luz y Fuego, se derrite y se ilumina; y canalizado por los canales de la fe y la piedad, riega los campos del espíritu y los fecundiza; y lo que es triste soledad y separación se convierte, por reacción saludable, en una más estrecha unión con Dios donde anida ahora, piadosamente pensando, la paloma amada; y las fatigas y trabajos por la ayuda y el apoyo perdidos y el amor truncado, ofrecidos en sacrificio propios y en sufragio del ser que lloramos, reducen, cuando no borran por completo, la pena merecida por nuestros pecados (y entonces la ventaja del balance no es dudosa) y el alivio, sí lo necesita, del ser amado.
Si no lo necesita, entonces lo perdido acá en la tierra, que no es poco (¿quién puede ponderar lo que vale una esposa fiel?) no tiene comparación con ¡a protección eficaz y poderosa que ejerce en el cielo, desde donde se nos ama en Dios verdaderamente, que es el más puro y noble de los amores.
F. M. Morales.
La primera Santa Mallorquina
Santa Catalina Thomás
Dones extraordinarios: Su contemplación. Discreción de espíritus. Milagros.
El Señor dotó al purísimo espíritu de Catalina de altísimo don de contemplación, y tanta fue su unión con Dios, que muy frecuentemente quedaba sumergida en profundos y prolongados éxtasis. La duración de éstos no fue siempre la misma. A los comienzos de su vida de claustro eran de unas 24 horas, luego fueron alargándose hasta los quince días, y en el año 1571 le llegó a durar un rapto 21 días. En tal estado, además de la consiguiente suspensión de todos sus sentidos, no tomaba alimento alguno sino era la divina Eucaristía. Una cosa empero muy particular sucedía, a saber, su pronta obediencia a cuanto la Superiora le ordenaba y su atención a cuanto le decía.
¡Maravilloso espectáculo! A la voz de la obediencia se la veía andar, cerrados los ojos, de un punto a otro, subir y bajar las escaleras, y aun ejecutar con todo acierto lo que aquélla le imponía.
La Priora le invitó un día a ocuparse en cierta labor, y sin abrir los ojos, pues se encontraba entonces en dulcísimo rapto, toma la aguja y cumple admirablemente su cometido, haciendo unas labores que resultaron un primor.
En tal estado, se engolfaba su alma en el inmenso piélago de la Esencia divina, y tanto se encendía en el amor de Dios que sus llamas no le cabían en los dilatados senos del corazón, buscando expansionarse al exterior; y así se le oía decir: «¡Oh Dios mío! ¡Esposo mío¡ ¡Esposo de mi alma! ¿Es posible que vuelva al mundo? ¿Que otra vez experimente sus penalidades y trabajos? ¡Amarga separación será esa! Hágase tu santísima voluntad». Y al terminar el éxtasis se desahogaba con sus hermanas, las Religiosas, y abrazándolas les decía: «¡Oh hermanas mías!, sirvamos a Dios; amémosle sobre todas las cosas; amémosle con todo el corazón, con toda el alma y con todo nuestro entendimiento; amémosle siempre, y cantemos eternamente sus misericordias».
Además del admirable don de contemplación, poseía Catalina el de discreción de espíritus. Es este una ilustración celestial, mediante la cual el alma penetra en el corazón ajeno, conoce lo que pasa en su interior, sus más ocultos sentimientos y la causa de donde proceden.
Muchas fueron las personas que reconocieron en Sor Tomasa el indicado carisma. Citemos algunas de mayor significación.
D. Guillermo de Rocafull, valenciano, uno de los más respetables caballeros por sus virtudes y cargos públicos, cuando tuvo la suerte de conocer a nuestra santa, se le aficionó tanto que le hacía frecuentes visitas al objeto de comunicarle los asuntos de mayor importancia, oyendo su dictamen antes de tomar resolución.
El Obispo de la diócesis, después de probar su espíritu, formó de ella tan elevado concepto, que acudía también repetidas veces al monasterio, le consultaba en sus dudas y la escuchaba como a un oráculo del cielo.
Lo mismo hacía el venerable P. Fray Antonio Creus, religioso dominico de Valencia, discípulo de San Luis Beltrán y varón muy estimado del Papa San Pío V. Y no diremos más sobre el particular, aunque pudiéramos extendernos mucho
El don de profecía brilló igualmente en santa Catalina, diciendo de ella un venerable siervo de Dios, con gráfica frase, que el Señor le revelaba todo lo que se pasaba en el cielo, en la tierra y en el infierno.
A uno que había de embarcarse con rumbo a Palermo predijo que llegaría felizmente al puerto, si bien después de peligrosa tormenta, como así fue exactamente. Lloraba una religiosa por haber oído rumores del naufragio de su hermano que debía llegar de Madrid; hasta que Sor Catalina le aseguró que pronto le vería. A los pocos días le anunció que el indicado hermano acababa de desembarcar en el puerto de Andraig, que dista varias leguas de Palma. Una noche la vio la Priora bañada en sudor y haciendo extraños ademanes. Le preguntó la causa y oyó que le decía, aunque estaba en aquella hora extática: Madre, por Dios no me estorbe porque estoy apaciguando a unos hombres que se encuentran en grave riesgo de perder la vida del cuerpo y la del alma. Efectivamente, a la mañana siguiente supieron las religiosas que en cierta calle de Palma tuvo lugar una sangrienta pendencia, la que se había sosegado repentinamente, sin daño alguno.
Muchos fueron los milagros que obró durante su vida. La encontraron una vez en su celda con los hábitos mojados y destilando agua salada. Averiguado el caso, resultó, como Sor Tomasa refirió ingenuamente, que viendo en espíritu al monaguillo del convento que se estaba ahogando en el mar a donde había ido para bañarse, acudió a socorrerle, sacándole del agua y librándole de una segura muerte. Al poco rato llegó al monasterio su Capellán, señor Armengol, tío del monaguillo, llevándole de la mano, y pudieron las monjas escuchar la relación del suceso de labios del niño.
Otro caso similar se refiere, pero esta vez no se trataba de un simple muchacho de diez años, como el anterior, sino de toda una embarcación la que se salvó de un inminente peligro. A un sobrino suyo que estaba completamente paralítico, restituye la salud con solo tomarlo la santa en sus brazos. Otro recobra instantáneamente la vista. Y así pudiéramos seguir refiriendo otros no menos estupendos prodigios, en este breve artículo que terminaremos repitiendo las palabras del P. Thomás en su áurea biografía: «Un libro entero podría escribirse con la narración de los milagros obrados por nuestra admirable Heroína».
(Continuará).
Aguiló
Mallorca, la isla del cielo azul
Y dijo Dios: ¿Dónde colocaré la tierra en la que siempre la luz del sol sea lluvia de oro, incienso de rosas?
¿Donde podrán los poetas y pintores inspirarse en la Naturaleza repleta de vegetación, saturada de aromas?
¿Dónde florecerán los almendros de nívea flor y los naranjales ebrios de azahar?
¿Dónde arraigarán los olivos, padres de los siglos?
¿Dónde extenderé el cielo azul?
¿Dónde tendrá su asiento la tierra por su luz maravillosa, por sus orgías de colores?
¿Dónde echaré de golpe todos los dones del Paraíso?
¿Dónde, en fin, brotará el Edén que miraré eternamente con dulzura y al que bendeciré todas las mañanas con amor inefable?
Y pensó en las tierras de Jerusalén, de Betania, de Cafarnaúm. Y miró a la Siria, a la remota India, al misterioso Egipto, al Oriente fantástico. Y extendió su vista sobre la Grecia, la Italia. Y reparó en la Sicilia. Y acarició a la Cerdeña y a la costa azul. Besó a la Calabria deslumbradora, a la Venecia. Pasó sobre los campos de la Roma que había de ser el emporio de la civilización y la madre del cristianismo.
Y Dios no halló el rincón que anhelaba.
Y besando las aguas transparentes del Mediterráneo, hizo brotar con su ósculo de paz a una isla.
Y le dijo: Tú serás la reina del mar azul, tú serás la más hermosa entre todas las islas. Yo te bendigo.
Y escribió con su mirada sobre su florido suelo esta palabra: «MALLORCA».
Y no satisfecho aún, añadió pasando la mano por el firmamento: «ISLA DEL CIELO AZUL».

Cangrejo de río americano
Episodios misionales
Pesca de cangrejos
En 1897 después de pasar en balsa el río Paucartambo, río por demás peligroso, (por su corriente), empezamos a andar con rumbo oeste hacia el cerro de Santa Cruz, por la margen derecha del río, siguiendo la cadena de montes denominados del «Cerro de la Sal», o sea hacia las vertientes de los ríos Cauramayo y Ulcumayo, dejando a! este las antiguas misiones de Anetzú, Cacatzú y Cerro de la Sal. Acampamos en casa de un colono austríaco, buen cristiano, que tenía una hermosa plantación de café, coca, yuca, (mandioca), maíz, alubias, etc.
Mientras se preparaba la comida rezamos el santo Rosario, y rezadas las preces vespertinas, fuimos a descansar, pues la jornada había sido larga y el camino era por demás accidentado y escabroso. Mas, nuestros neófitos habían formado el plan de pescar cangrejos esa noche, en la quebrada o riachuelo de Cacatzú, que significa lugar de pescado, (y en nuestro caso), lugar de cangrejos, próximo a la hacienda del colono austríaco. Abundaba mucho allí ese crustáceo, así como en otros riachuelos abundan los camarones, especie de langostino de río con el cual preparan el rico ceviche, tan estimado de los peruanos, y los preparan también con la salsa roja, esto es, con su propia sangre, que es otro plato muy agradable y sabroso.
De antemano se habían preparado nuestros neófitos con largas pencas de chonta seca, que arde muy bien, (sobre todo cuando está maduro el tronco tubular de esa palmera), y encenciéndolas se aproximaron en silencio a orillas del riachuelo. Yo quise presenciar también aquella procesión nocturna en medio del bosque. Apenas barruntaron los cangrejos las luces, empezaron a salir del agua y corrían hacia ellas. Y los indios con gran destreza agarrándolos de cierta parte del cuerpo, los depositaban en una canasta y llenaron hasta seis de estas canastas. Luego los llevaron a la casa y los colocaron sobre una especie de parrilla hecha de palos, empezaron a asarlos y comerlos sin parar hasta terminar con ellos.
Yo creí que me reservarían algunos para el siguiente día, pero los indígenas del bosque no entienden de urbanidad, ni de política. Se los comieron todos sin dejar uno solo. El salvaje no tiene presente jamás el día de mañana; come hasta no poder más, y luego cuando no tiene, sufre hambre hasta que se le pegan las costillas al espinazo. Después vuelve a pescar o cazar, y si tiene suerte, se da otro atracón, lo cual es causa de esos grandes empachos, que los tiene en cama muy a menudo, por su desorden en el comer.
No olvidaré la escena nocturna de la pesca de los cangrejos en el riachuelo de Cacatzú, la atracción que sentían esos animalejos hacia la luz, sus carreras y movimientos extraños, sus tentáculos afilados que daban miedo, teniendo que retirarnos para evitar el que nos hincaran esas tijeras cortantes; la agilidad y destreza con que los indios los agarraban y metían en las canastas, las parrillas de que se sirvieron para asarlos y la voracidad con que los comían hasta acabar con todos, sin dejar uno ni para muestra. Todos estos detalles no debe perderlos de vista el misionero, que viaja con sus neófitos por la selva; todo ello es instructivo y le enseña la índole y psicología de los salvajes. Los que mencionamos ahora, eran de la tribu Amueshe, que ocupa un territorio relativamente pobre, por la escasez de pesca en sus ríos y de caza en sus bosques, y esto les induce a comer ranas, gusanos, caracoles, ratas, etc.
Situada la dicha tribu en las mesetas de Yanachaga, Anetzú, Cacatzú, Puzutzú, Llapás, Llamaquitzú, Chuchurras, etc., en cuyas alturas la vegetación no es tan exuberante, ni el bosque tan tupido, ni los ríos tan caudalosos, la fauna y flora, no son como las del río Ucayali y Pampas del Sacramento, y por eso en ciertas épocas del año, sobre todo en la estación lluviosa, sufren bastante hambre y se les ve navegar por una parte y por otra buscando quién les dé de comer, diciendo: «Ñachspurrena», tengo hambre, dame de comer...
Fr. Manuel Navarro Artal, ofm
Ex-misionero del Ucayali
Noticias
De Roma a Jerusalén
Después de diez años de servicio en el Colegio Internacional de Roma, el Padre General con su Defnitorio determinó, el diez de Agosto, que marchase a Jerusalén en calidad de Presidente de nuestro Instituto Bíblico. Antes de principiar el sintético relato de mi viaje a la ciudad santa, juzgo un deber el manifestar públicamente mi gratitud a las innumerables pruebas de afecto recibidas durante mi permanencia en la eterna ciudad que llegaron al colmo en el momento de mi despedida.
18 de Septiembre. Con la afectuosa carta del P. General, con la bendición del P. Antonio Iglesias, Delegado, con el cariñoso adiós del Colegio, el P. Semler, Lector de lenguas semíticas, y un servidor dejamos Roma a las ocho de la mañana. A las once llegamos a Casino. Con la funicular aéreo subimos a la célebre Abadía, donde reposa el cuerpo de San Benito, admirando las bellezas artísticas del Monasterio. A las tres de la tarde del mismo día reanudamos nuestro viaje, llegando a Nápoles a las cinco y media, tomando hospedaje en el Convento de Santa Lucía al Monte, una de las diez casas franciscanas de la populosa ciudad.
19-20 Septiembre en Nápoles. Conocen los Lectores la ciudad célebre en el mundo por su encantadora posición topográfica, y esto me excusa su descripción. El milagro de San Genaro, que merced a una propina de 5 liras, pudimos presenciar muy bien, y la visita a la Solfatara de Puzzuoli con el paseo a Prosilipo se caracteriza nuestra corta permanencia en la bulliciosa ciudad.
21-22 Septiembre en Tarento. A las siete de la mañana del 21 dejamos Nápoles y después de diez horas de tren, llegamos a Tarento donde nos esperaba un antiguo condiscípulo, P. Primaldo Coco, que se deshizo en atenciones con nosotros. La ciudad, que tantos recuerdos conserva de la dominación española, está en continuo desarrollo, y hoy cuenta con más de 120.000 habitantes. Capital de la Provincia Jonia, es base naval de primera categoría y ofrece asilo seguro a los vapores de mayor tonelaje, que entran en el inmenso puerto por un estrecho canal, abriendo antes el puente que une la ciudad antigua con la nueva.
23 Septiembre en Brindis. Después de tres horas de tren, por fértil llanura, llegamos a Brindis a las diez, siendo huéspedes de Mons. Valeri, Arzobispo Franciscano. Una corta visita a la ciudad, término de la celebérrima Vía Appia como indican las grandes columnas junto al puerto, la preparación de nuestro pasaje, la refección con el Arzobispo y un poco de reposo ocuparon nuestra permanencia en la ciudad del Adriático. Serían las seis de la tarde, cuando entraba en el puerto el vapor «Palacky» que nos había de conducir a Alejandría. A las siete ya estábamos sobre cubierta; fue una grata sorpresa para mí el encontrar allí a Mons. Nuti, Vicario Apostólico de Alejandría, mi antiguo profesor de Roma. A las siete y media el vapor levantó anclas y con un mar bastante agitado emprendió su marcha obligando a varios pasajeros a pagar la peseta.
24 Septiembre. Con mar en calma, amanecimos en las costas de Grecia; navegando todo el día entre sus múltiples islas, sobre las nueve de la noche llegamos al puerto de Patrás, que recuerda el Apóstol San Andrés. Pasadas dos horas, el vapor reanudó la marcha.
25 Septiembre. Siempre entre islas, pasamos enfrente a la antigua Corinto a las nueve de la mañana, se agolparon en mi mente los recuerdos gratos del apostolado paulino en aquella ciudad que era una de las principales del Imperio. Por media hora a marcha muy lenta navegó el vapor el estrecho canal, que nos condujo al mar Egeo. Después de mediodía entraba el «Palacky» en el Pireo, puerto de Atenas de excepcional tráfico, después que Constantinopla ha perdido el suyo.
Atenas, capital de la Grecia, contando sus alrededores, Pireo, Falero, etc., pasa de un millón de habitantes haciéndola célebre sus monumentos antiguos, que nos recuerdan Pericles, Demóstenes, Sócrates, las Musas, el Parnaso, etc., y sobre todo el Apóstol de las gentes San Pablo.
Por la tarde del 25, desembolsando más de 400 dracmas (no se escandalicen, son unas 40 pesetas) recorrimos la ciudad y visitamos sus monumentos, excitando nuestra admiración el Arco de Adriano, el templo de Júpiter con sus 104 columnas, el monte de las Musas, la prisión de Sócrates, el Paramento con Demóstenes, la cordillera del Parnaso, la cumbre de la Acrópolis con su suntuoso Parthenon, el templo de la Victoria, etc., etc., y el Areópago, que evoca en mi mente el magnífico discurso de San Pablo a los atenienses anunciándoles el Ignoto Deo.
26 Septiembre en Atenas. Ansiosos de celebrar el santo Sacrificio, el Señor nos deparó un ángel custodio. En nuestra excursión del día anterior visitamos diversas iglesias, todas cismáticas, pero al pasar por la Iglesia del Obispo católico, hice parar el auto, entré, me dirigí a un confesonario: allí me esperaba el ángel custodio. Un Padre de los Oblatos de San Francisco de Sales, se ofreció a venir a bordo para que al día siguiente celebrásemos en el Pireo la Misa. Aún no eran las ocho, y allí estaba el Padre, el cual con una diligencia y amor más que fraternos, pagando él mismo tranvías y barcos, hizo que Mons. Nuti celebrase en los Hermanos de la Doctrina Cristiana, el Padre Semler en una iglesia católica y yo en las Religiosas de San José.
No pudiendo conseguir que comiésemos con él, nos acompañó de nuevo a bordo. A las cuatro de la tarde en punto, nuestro vapor abandonaba el puerto. ¡Mientras se alejaba el vapor yo pensaba en la grandeza de la Grecia Antigua y en la mezquindad de la presente con sus millones de habitantes, que, separados de Roma, apenas pueden caminar entre penumbras y obscuridad!
27 Septiembre. Salía el sol y el «Palacky» anclaba ante la rada de Canea, villa ridente y fértil de la grande isla de Creta, patria del célebre Venizelos. A la vista de la isla, recordé el dicho de uno de sus poetas, que San Pablo ratificó como verídico en sus consejos a Tito.
«Cretenses, mendaces, malae bestiae, ventres pigri».
A las doce reanudó el vapor su marcha, y costeando la importante isla ancló de nuevo, a las seis de la tarde, en el puerto de Candia, cargando y descargando en las dos villas de la isla muchas mercancías, uvas pasas, jabón, miel, etc. A las once de la noche, salíamos del puerto hacia el continente africano.
28 Septiembre. Mar y cielo.
29 Septiembre. Serían las siete de la mañana cuando entre la bruma principiaron a perfilarse las costas africanas. A las ocho y media el «Palacky» entraba en el puerto. Las autoridades egipcias subieron a bordo, dando principio a la serie interminable de formalidades, con la única finalidad de sacar a los pasajeros unas cuantas piastras o pesetejas.
Sobre las diez saltamos a tierra, abrazando a los siete Religiosos, que habían salido a recibirnos, dirigiéndonos inmediatamente al Palacio Episcopal de Monseñor Nuti, donde fuimos obsequiados con un refresco.
Comimos en el magnifico convento de Santa Catalina que la Custodia de Tierra Santa posee en Alejandría, y a las tres de la tarde partimos para El Cairo en compañía del Padre Poli, veterano misionero de la Custodia en la que está prestando servicio hace más de 40 años. Llegamos al Cairo a las seis y media y nos hospedamos en el magnífico convento de San José, uno de los varios que la Custodia de Tierra Santa posee en la capital egipcia.
30 Septiembre y 1-2 Octubre en el Cairo. La cosmopolita ciudad del Cairo con más de un millón de habitantes ofrece un panorama encantador, cuando se contempla desde la ciudadela. Los minaretes de los centenares de mezquitas, el majestuoso y caudaloso Nilo con sus múltiples canales, la exuberante vegetación de sus derredores con las esbeltas palmeras, en lontananza las colosales Pirámides... dan al Cairo el aspecto clásico que le caracteriza.
Los tres días de nuestra permanencia en esta ciudad los dedicamos a visitar las Pirámides con la celebérrima esfinge; el jardín zoológico, acaso uno de los mejores del mundo; el rico Museo, que conserva entre otros mil los tesoros de la tumba de Tutancamon; la ciudadela con sus artísticas y ricas Mezquitas; nuestras hermosas iglesias de San José, la del Muski y Bulacos... Por fin una excursión a la moderna Heliópolis, encantadora ciudad fabricada en los últimos veinte años, y en la que se cuentan ya más de 5.000 católicos, puso feliz término a nuestra breve permanencia en el Cairo.
Eran las seis de la tarde y el tren que nos debía conducir a la Ciudad Santa, salía del Cairo. A media noche, habíamos pasado el Canal de Suez. Nos encontrábamos en Kántara Est, ciudad del Asia. ¡Nueve horas de tren... y Jerusalén!
Eran las cuatro de la tarde de la víspera de N. S. P. San Francisco. En el Convento de San Salvador, donde residen más de 60 franciscanos con el P. Custodio, repicaban alegres las campanas anunciando a los habitantes de la Santa Ciudad la fiesta del Patriarca de Asís. Desde la terraza de mi nueva Residencia del Instituto Bíblico, contemplaba el hermoso panorama del monte Olivete, del Sión, del Santo Sepulcro...
Las campanas de San Salvador me recordaban mi Padre San Francisco, el verdadero Cruzado de la Palestina,... la vista de la ciudad me traía a la memoria, Jesús, mi amado Redentor. Pero, ¡qué pena! los gritos del santón moro desde lo alto de mi minarete, me recordó que la Ciudad Santa gime bajo el vergonzoso yugo, que ya muchos siglos, le impuso Mahoma. ¡¡Lágrimas de amargura se asomaron a mis ojos!!
Fr. León Villuendas, ofm
Jerusalén, 3 - X - 1930.
Benisa
El día doce de Octubre, fiesta de la Virgen del Pilar, estuvo el pueblo de Benisa de enhorabuena. Uno de sus amados hijos, el P. Benjamín Martí Ortolá, subió las gradas del altar por primera vez, acompañado de multitud de gente, que con el corazón conmovido, derramaba lágrimas de devoción.
El P. Juan Bautista Pons, con sublimidad de pensamientos y elegancia de lenguaje enalteció la dignidad del estado sacerdotal.
Sea dada la más cumplida enhorabuena al recién sacerdote y a su familia.
Onteniente. Segundo Congreso de Estudios Franciscanos
En nuestro Colegio de Segunda Enseñanza de la ciudad de Onteniente, durante los días 24, 25 y 26 del pasado Septiembre, se reunieron, bajo la presidencia del P. Vicario General de los Franciscanos en España y con asistencia también del P. Provincial de esta Seráfica Provincia de Valencia, los Prefectos de Estudios y varios de los Padres Lectores de las Provincias da Valencia, San Gregorio, Cantabria, Cataluña, Andalucía Murcia y Chipiona, para deliberar acerca de los progresos científicos y de las nuevas normas por las que se debe encauzar la nueva orientación de los Estudios en España.
En las diversas sesiones que tuvieron lugar en dicho Congreso se leyeron varios trabajos sobre los temas ya preparados,y se deliberó sobre las conclusiones que de dichos trabajos se desprendían.
Finalizado el Congreso y al terminar la última sesión, se procedió a la elección de la nueva junta a cuyo cargo pertenece preparar las bases del nuevo Congreso que en tiempo oportuno se habrá de celebrar.
Fueros elegidos:
Presidente: El P. Bernardino Madariaga, Prefecto de Estudios de la provincia de Cantabria
Vocal 1.°: El P. Domingo Savall, Prefecto de Estudios de la Provincia de Valencia.
Vocal Secretario: El P. Ramón de Fábregues, Lector de Filosofía de la Provincia de Cataluña.
Teruel. Solemne Quinario a N. P. San Francisco en el Colegio de San Antonio
Con solemnidad inusitada se ha celebrado en la iglesia de Padres Franciscanos de esta capital el Quinario que la Venerable Orden Tercera de Penitencia y Comunidad, consagra a su fundador San Francisco todos los años.
Durante los días 30 de septiembre y 1, 2, 3 y 4 de octubre, misa de comunión general y función vespertina. La capilla del convento estuvo a cargo de los cantos. Los sermones estuvieron a cargo del P. Bernardino Rubert, Visitador de la Venerable Orden Tercera.
El día cuatro, Misa de Comunión general, se cantó la partitura de Mitterer en honor de S. Segundo, a cargo de la capilla de música del Colegio de San Antonio.
Predicó también el P. Bernardino Mª Rubert, quien presentó al Pobrecillo de Asís como víctima inmolada en aras del amor a la Pasión de Jesús.
Por la tarde se finalizó el Quinario en solemne función religiosa, en la cual predicó el P. Luis Ángel. Y luego tuvo lugar la procesión.
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