El Venerable Padre Fray Pedro Esteve
La buena memoria de los hombres de Dios, al paso de los tiempos y aún de los siglos, no sólo no es olvidada, sino que Dios se encarga de avivar su recuerdo para edificación y estímulo del pueblo cristiano, con dones y favores que atraen a los fieles a sus sepulcros y que manifiestan cuán excelsa es la gloria que gozan sus almas en el cielo y cuán eficaz su protección cabe el trono del Altísimo, en beneficio de las almas y de los cuerpos de sus devotos.
Y a Dios debemos, más que a los hombres, que la santa y prodigiosa memoria del Venerable Padre Fray Pedro Esteve, cuya luz de terreno vivir se extinguió en el Real Convento de San Francisco de Valencia, el 3 de Noviembre de 1668, para continuar iluminando desde el cielo los pasos de los pecadores hacia mejores caminos de virtud, no se haya extinguido, y que, de vez en cuando, unas veces la devoción popular agradecida y otras piadosos varones y ministros del Señor, como en la presente ocasión, se cuiden de recordárnosla, aureolada con todos los esplendores con que Dios adornó su santa alma y las señales prodigiosas de incorrupción con que se ha dignado preservar su bendito cuerpo, intacto y tan flexible, que la experiencia personal que de ello hicimos, el 12 del pasado mes de Junio, nos causó grata emoción y sincera maravilla.
La antigua e ilustre ciudad de Denia, que le vio nacer él 19 de Octubre de 1582, se gloria de poseer su cuerpo, allí trasladado desde Valencia el 13 de Julio de 1839.
De su portentosa existencia no un artículo sino voluminoso libro podríamos escribir, y nos complacemos en manifestar que esta grata tarea nos ha sido encomendada y esperamos tenerla lista y acabada para fines del verano.
Nuestro Padre Esteve, a quien cupo la suerte de una buena alma, se distinguió aún en su niñez de los demás niños, siendo en él sentimiento innato la caridad con los menesterosos, a quienes repartía su almuerzo y merienda, cuando iba camino de la escuela donde aprendió las primeras letras y los cursos de latinidad. Su carácter vivaz y algo revuelto, que favorecía tal vez su fuerte y desarrollada complexión corporal, no fue obstáculo para que la seriedad y formalidad de sus actos le señalara entre los compañeritos de su edad, que le elegían árbitro de sus contiendas y diferencias ruidosas.
Apenas contaba 18 años cuando, sintiendo el llamamiento de Dios, fuese a Valencia y rogó ser admitido en la seráfica religión del Padre San Francisco, de la Observancia. Tanto adelantó en sus estudios, especialmente filosóficos y teológicos, que fue tenido siempre en gran aprecio por su ciencia, en forma que el Arzobispo de Valencia, don Fray Isidoro Aliaga, decía que «la doctrina del Padre Esteve era sana y grave». El caudal de conocimientos sobre las ciencias divinas y Sagradas Letras era tal que su predicación resultaba luminosa, yéndole a escuchar no sólo la gente humilde a quien fascinaba su penitencia y don de milagros y curaciones, sino los hombres más doctos de su época que quedaban admirados. Esto hizo que el Papa Paulo V, por Breve, le nombrara Predicador Apostólico, dedicándose nuestro Venerable a recorrer descalzo y a pie todo el antiguo Reino de Valencia, entregado de lleno a la conversión de los pecadores y a la reforma de las costumbres. A este objeto, nos place copiar unas líneas del Acta de su defunción, que, encerrada en una caja de lata, hallamos manuscrita en su sepulcro. Dice así: «Fue pos espasio de sinquenta años descalzo de pie y de pierna y siempre a pie predicando en muchas ciudades, villas y lugares de España.»
Estas sus excelentes dotes de apóstol y sabio religioso movieron a los Superiores para nombrarle Comisario de la Tierra Santa de Jerusalén, cargo que desempeñó desde el año 1614 hasta su muerte, recaudando limosnas y manteniendo vivo con su predicación entre los fieles el amor a la Pasión del Señor. Para cuyo mejor fin escribió algunos libros, evocando los Santos Lugares de Jerusalén o los principales Pasos y devociones de la Pasión del Señor. Ellos son:
- Descripción del Monte Mongó a cosa de una legua de Denia y semejanza que tiene con el monte Calvario.
- Constituciones para la Cofradía del Santo Cristo del Rescate, fundada por el venerable Padre en 1622 en el convento de religiosas agustinas de Santa Tecla, de Valencia.
- Constituciones para otra Cofradía de las Llagas y Montaña de la Piedad, que fundó en 1625 en el convento de franciscanas de la Puridad, de Valencia.
- Subida al Monte del Señor para los Siete Días de la Semana, teniendo muy en memoria la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, como fundamento.
- Y en verso valenciano: Història del Sant Sepulchre.
Pero sobre todos estos sus escritos, con los cuales quería avivar la piedad de los fieles hacia la Tierra Santa y los misterios de la Pasión del Señor, culmina en su vida la devoción a la Imagen de Jesús yacente.
Fue así como principió esta devoción, que hoy es en Denia y sus contornos el centro de la piedad sincera y ardiente de sus católicos.
Inflamado su espíritu con la contemplación de los Misterios de la Pasión y Muerte de Jesucristo, buscaba el Venerable Padre Esteve un lugar apto para su recogimiento y vacación con Dios y juzgando que el monte Mongó seria el más adecuado, edificó en él una cabaña, en su falda septentrional, conocida aun hoy por cóva del Pare Pere. No lejos de su cabaña y a seis kilómetros de la población se hallaba en ruinas una iglesia, en la que se veneraba una imagen escultórica de Cristo yacente, tan tosca y pobrecita, que agradó por eso mismo al Venerable, y llevándosela a su cabaña para darle un mayor culto, la cargó a sus hombros, y la llamó la imagen de Jesús Pobre, que reformada y compuesta se conserva en primoroso altar de talla en la iglesia de las Religiosas Agustinas de Denia, que de ella recibe el nombre de Iglesia de la Sangre.
Tan popular se hizo esta devoción en todo el Reino de Valencia, que en 1642 se levantó en el sitio de la antigua ermita una iglesia y hospicio franciscano, incorporado a la Provincia Observante de Valencia, y en la que permanecieron los franciscanos hasta la exclaustración de 1835. El Venerable Padre Esteve debió a la santa y pobre imagen de Jesús no pocos favores para sí y sus devotos, y fue el primero, la curación de una molesta hernia que sufría largo tiempo y que curó repentinamente, cuando cargando piadosamente con la imagen abandonada se la llevó a su cabaña. Y la ciudad de Denia no olvidará jamás aquel año de 1633, en que un gran contagio tenía consternada a toda la ciudad. El Padre Pedro invitó a los Jurados y pueblo a celebrar una fiesta a la Santísima Sangre, en la que él mismo predicó y bendijo unos panes que, repartidos entre los enfermos, dieron la salud a todos.
Cargado de méritos, después de haber rechazado honores como el Obispado que Felipe IV reiteradamente le ofreció, descansó en el Señor. A su muerte, acaecida a los setenta y siete años, fue enterrado «dentro de breves horas por el mucho concurso de gente que vino a su entierro, proclamándole todos por Santo. Y a ocho días del mes de Noviembre que fue cinco días después de su muerte, a petición de la Ciudad, clerecía y nobleza le hizo este convento las honras, donde fue tanto el concurso de gente que vino a ellas, que jamás se ha visto en semejantes ocasiones tanta multitud de gente, que a las ocho horas de la mañana ya no había entrar en la Iglesia... Predicó el sermón de las honras el doctor Antonio Bonaventura Grau, Pavorde de la Santa Iglesia y Hermano de la Tercera Orden de Nuestro Padre San Francisco...» Así se expresa el Acta de su defunción.

Cuerpo del venerable P. Fr. Pedro Esteve, franciscano, muerto en olor de santidad el 3 de Noviembre de 1658, tal como se halla en 1935 en Denia (Alicante). Fotografía sacada el 11 de Junio de 1935.
En el año 1674, un albañil, dando golpes en un tabique de la capilla de San Luis Obispo, hizo un agujero, dando con el cadáver de un religioso y la gente que le conoció decía: Ass¡está el Pare Pere. Fue avisado el Padre Guardián y descubierto, de noche, se halló incorrupto. En esta ocasión fue cuando la munificencia de los bienhechores que le habían conocido en vida le hicieron la caja de carmesí rojo que hoy encierra su cuerpo y el hábito que aun hoy lleva. Hasta que el 20 de Febrero de 1839, convertido el Convento de San Francisco en cuartel militar fue hallado de nuevo y trasladado a la Catedral, al día siguiente, donde permaneció hasta que el pueblo de De n¡a lo reclamó para sí, siendo conducido por mar hasta dicha población, el 13 de Julio, y el 25 colocado en un nicho del Archivo Parroquial. De n¡a en aquella ocasión supo hacer los honores debidos a su preclaro y santo Hijo, el Pare Pere, pues todas las autoridades civiles y militares, el clero, nobleza y pueblo le festejó por muchos días, siendo tal la concurrencia de público que llegaron a faltar los alimentos. Enfermos de todas las dolencias se vieron favorecidos en aquella ocasión, creciendo la admiración por su Venerable Padre.
El Venerable Padre Pedro Esteve vuelve otra vez a mostrarnos la maravillosa incorrupción de su cuerpo y a recordarnos sus favores y santa vida con motivo de su próxima traslación al lado del altar mayor de la Iglesia Parroquial, ceremonia que con todo esplendor se verificará el primero de Julio próximo; la cual reseñaremos en el número de La Acción Antoniana de Agosto.
Fr. Juan Al ventosa García, ofm
Rápida
Parálisis agitante
Epígrafe cuyas dos palabras componentes, se contradicen y sin embargo son expresión de una realidad, pues el enfermo es incapaz de contener un continuo movimiento de determinados músculos.
De tal enfermedad se halla atacada actualmente la sociedad moderna. Se mueven alocados muchos de sus miembros, gastando energías que bien dirigidas darían un rendimiento grande para el progreso. Y lo peor es que la autoridad, símbolo de la voluntad en el individuo para ordenar esas energías, es también impotente para remediar el mal, porque le falta energía y sobre todo moralidad para imponerse como señora de los actos.
Le falta energía, porque por muy grandes que sean sus poderes en el orden intelectual, ello no es bastante para que haya sometimiento en los súbditos, s¡éstos no la consideran como emanada de Dios. La coacción no es bastante por sí sola para someter la voluntad de los demás a la práctica del deber, y siempre le quedará al malvado la salida de que no reconoce como legítima la autoridad que sanciona, y por tanto que ésta es una tiranía.
S¡a ello se añade, que para muchos erigidos en autoridad, no hay más regla de sus decisiones que la conveniencia más o menos egoísta, la transigencia hasta puntos de justicia distributiva, teniendo dos balanzas, una para los amigos y otra para lo que se consideran enemigos; ha de surgir necesariamente el gregarismo, y de él el ataque más o menos encubierto.
De todo ello resulta que el único medio para remediarlo es basar el orden social en el religioso, porque sin la idea de que llegará un día en que se ha de medir de igual manera al súbdito que al jefe, a fin de que resplandezca el espíritu de justicia absoluta, inherente al Ser Creador y Conservador, exigiendo a cada uno el empleo de los talentos que le diera.
Cuando las sociedades desprecian a Dios, caen en la más espantosa anarquía y sufren muy pronto las consecuencias de su loco proceder. Los hijos pródigos, sufren muy pronto los efectos de querer prescindir de la tutela de su cariñoso padre, dispuesto siempre a perdonar, s¡le entra el arrepentimiento. Lo peor es que muchos siguen disputando las bellotas a los inmundos animales, y olvidan que s¡volvieran al Padre de Familias, se celebraría una gran fiesta por su retorno y saciarían su hambre con los suculentos manjares del banquete, preparado para el gran día de la Justicia.
Galo Recuero García
A San Antonio de Padua
| ¡Oh gran Antonio!, esclarecido Santo, de la Iglesia vos sois honor y gloria, bendición y dicha, pues siempre fuiste lo que quiso Dios. Permite que m¡acento suba al cielo, llegue hasta t¡m¡voz, y, enardecido en tu especial cariño, te entone un himno de sincero amor. Cantar yo quiero tu virtud y ciencia, y el singular poder que Dios te dio, y un rayo de tu luz de t¡yo espero para acertar mejor. Tú socorriste al pobre mendicante, y su consolación del afligido fuiste, y su remedio por tu mano llegó; y era tu virtud y tu gran celo tan singular por el amor de Dios, que, en tus benditas manos, hubo un tiempo llevaba un corazón tu imagen, lleno de encendidas llamas de celestial amor. De los herejes la malicia impía, tu encendida elocuencia combatió, y al fin venciste; que los peces fueron sumisos obedientes a tu voz, y sacaron del agua sus cabezas para oírte mejor; y cuando contumaces se negaron a darle adoración a la forma Consagrada, la mula hambrienta ante ella se postró, el pienso despreciando que de intento pusieron para ver cuál de los dos aquel irracional lo prefería, y así la apuesta a tu favor quedó: esto les dio motivo a convertirse, y de sus faltas a pedir perdón. Los vicios todos que del cielo alejan, |
mirabas con horror; y del avaro la codicia insana tu labio fustigó, y, con patentes pruebas, tú mostraste que aquel que va de la avaricia en pos, donde está su tesoro tiene su corazón. De inefable dulzura y alegría tu compasión llenó los pechos angustiados de las madres que vieron, con horror, la muerte de sus hijos, tiernos niños, que Parca fiera, cruel, arrebató la vida; y a tus ruegos les dio la vida Dios. Tu humildad fue tan grande y tan notoria, tan pura tu inocencia y tu candor, que mereciste que el Divino Niño, tu Señor y tu Dios, en tus virgíneos brazos reposase, junto a tu corazón. Del mundo los hechizos despreciaste, su pompa y su esplendor; al demonio venciste en fuerte lucha; del enemigo atroz, la carne, que constante nos persigue, la tu pureza angelical triunfó. Diste al enfermo la salud perdida, al desvalido, amparo y protección; a cuantos a t¡acuden, su remedio: pues Dios tanto poder a t¡ te dio, que contarse no pueden tus milagros obrados en honor de la doliente humanidad que llora, de cuantos buscan el amor de Dios. ¡Oh gran Antonio!, esclarecido Santo, la Iglesia te proclama en alta voz de todo el mundo poderoso auxilio, ya que a todos prodigas tu favor. |
Gaspar Mira Picó
Trabajo presentado para el concurso literario de 1931
Manises
Prefacio
Aún cuando las poblaciones que rodean a Valencia tienen todas las mismas características urbanas, se diferencian sin embargo notablemente unas de otras en sus usos, costumbres, tradiciones y poseen rasgos inconfundibles de tipismo local que no borra el tiempo, que todo lo destruye, n¡la avalancha de gente forastera que se avecina en los pueblos limítrofes a la capital y neutraliza el carácter propio de sus habitantes.
Uno de los pueblos que más sabe conservar el sabor de su valencianía y mantener los laureles de su fama tradicional es Manises.
La ciudad
Manises es un pueblo como todos los que matizan la huerta valenciana, pero con categoría de ciudad, de pocos años a esta parte y el título lo tiene bien ganado por su abolengo histórico, por contar con 6.566 habitantes, plazas y calles limpias y anchas, casas bien acondicionadas, Bancos, cines, fondas, escuelas, sociedades de recreo y deporte, paseos públicos, etc., con todos los elementos de vida que necesita hoy una población para desenvolverse en el terreno industrial, mercantil, agrícola, cultural y profesional, pues todas esas manifestaciones y actividades abarca Manises en gran escala. La ciudad está asentada en un altozano a orilla derecha del Turia, en medio de espléndida vegetación, a siete kilómetros de la capital, a la que está unida por carretera, tren y tranvía. Tiene magnífica iglesia parroquial restaurada con nueva Capilla de Comunión, convento de monjas Carmelitas de clausura, Asilo para preservadas y Colegio de niñas dirigido por Hermanas Protectoras de Obreras.
La presa de aguas potables
En término de Manises está la presa de aguas para la acequia de Moncada que riega gran parte de la huerta de Valencia, y 300 metros más arriba se halla la presa y casa de compuertas de las Aguas Potables del Turia que abastecen la capital. Son notables los grandes filtros y depósitos de sedimentación. Esta instalación es única en España y puede visitarse gratuitamente. Para mayor facilidad tiene estación de ferrocarril a seis kilómetros de Manises.

Fachada principal de la fábrica de mayólicas de D. Francisco Valldecabres
Las fábricas de cerámica
Mirando a Manises desde lejos se ve la población erizada de altas chimeneas que ennegrecen el firmamento con el incienso de sus humos. Son las cien fábricas de cerámica y mayólica que han dado a Manises fama mundial desde tiempos remotos y en donde trabaja cas¡toda la población obrera de la ciudad. Los hombres haciendo el modelado y la cocción y el decorado las mujeres bajo la dirección de artistas especializados. Para mantener el prestigio del arte, el Estado creó en 1918 la Escuela Oficial de Cerámica con profesorado competente. En la actualidad la industria está afectada por la crisis económica mundial, en el ramo de edificación, y por tanto en el trabajo de azulejos y baldosas, principal fuente de riqueza de la población.

Aviones lanzando humo para protegerse del enemigo
El aeropuerto nacional
A un kilómetro de la ciudad y entre la carretera de Madrid y el ferrocarril de Liria se halla el campo de aviación, propiedad del Estado. Sólo está construida la vasta pista y algún hangar para depósito de aparatos. Pero está proyectado levantar una serie de edificios para atender debidamente todos los servicios que exige un aeropuerto llamado a ser de los mejores de España. Actualmente tiene servicio diario de aviones entre Madrid-Valencia y viceversa y pronto se prestará el de Palma de Mallorca.
F. de Paula
De China. Episodios de la vida misionera
En m¡demarcación misional tengo una cristiandad puesta bajo la protección de San Antonio de Padua y como son tantas las calamidades que de algún tiempo a esta parte caen sobre ella quiero contarlas a los lectores de La Acción Antoniana, para ver s¡en ellos puedo encontrar remedio, por más que alguna de esas desdichas fueron objeto de m¡relación anterior.
Entre todas las residencias misioneras que existen en la parte septentrional del Vicariato español del Shens¡la única que ha tenido la desgracia de ser visitada dos veces, en poco tiempo, por los bandidos entregados al pillaje, que aquí llaman comunistas, es la de Funchia-ye, que tiene la iglesia dedicada a San Antonio.
El 3 de Octubre del año pasado una banda de quince individuos, en su mayoría jóvenes, asaltaron m¡residencia al rayar el alba, robando los ornamentos, dos cálices y cosas de uso personal. Antes habían ya saqueado varias casas del pueblo, que cuenta alrededor de 3O familias, cuyas casas estaban desabitadas de noche por temor a los ladrones. Estos preguntaron donde pernoctaban las personas acomodadas y al contestarlas que en la residencia católica a ella se dirigieron asaltándola y robando m¡pobre ajuar.
Aquella noche sólo dormían en m¡casita, y en el departamento destinado a cocina, el catequista, su hijo y m¡portero, los que al apercibirse de que la residencia misional estaba cercada por los bandidos y que iban a recibir tan desagradable visita, intentaron ponerse a salvo, lo que consiguieron el catequista y su hijo descolgándose por una ventana de la parte posterior de la iglesia. M¡portero no se atrevió a huir de aquella manera temiendo una emboscada y se salió al atrio del edificio. Allí le prendieron, le maniataron y le suspendieron en un palo travesaño, preguntándole, por qué estaba de servicio en la iglesia. El infeliz les contestó, que: para ganarse un pedazo de pan que buena falta le hacía a él y a su familia.
A tiempo que estaban amenazándole de muerte acertó a pasar por delante de la puerta un chino pagano que viendo el peligro que corría m¡portero, dijo a los malhechores: «Tened compasión de ese pobre hombre que es bueno y está al servicio del misionero por ganarse un jornal». Estas palabras movieron el corazón de aquellos malvados que lo desataron y le dejaron en libertad.
El mismo día que ocurría esta tragedia, tenía determinado ir a Fungchia-yé. Pero momentos antes de m¡partida vino el pobre portero contándome detalladamente la triste historia y aconsejándome desistiera de m¡viaje. La razón principal la fundamentaba en la insistencia con que los forajidos le preguntaban donde me encontraba yo. En vista de ello no dormí aquella noche en m¡ residencia de Suichia-pié y al día siguiente, 4 de Octubre, festividad de m¡Padre San Francisco, salí de aquel territorio donde peligraba m¡seguridad personal y ya no he vuelto más por haber empeorado las circunstancias.
Desde el día del asalto y robo referido hasta la fecha los habitantes de Funchia-ye pasan cas¡todas las noches en el monte y eso aún en este pasado invierno. Es la triste consecuencia de ser ese m¡distrito misional el más castigado tal vez, por la irrupción de turbas bandoleras, de todo nuestro Vicariato Apostólico y porque la situación topográfica del mismo, al norte de la China, le aísla por completo de la acción gubernamental.
Pero desgraciadamente no pararon aquí las desdichas.
El 21 de Febrero del corriente año fue visitada de nuevo m¡pobre y abandonada residencia de Fungchia-ye por otra cuadrilla de ladrones. Mas éstos no se contentaron con robar. Eran las cuatro de la tarde de dicho día, cuando ardían, en inmensa hoguera puertas, mesas, sillas, bancos, el Vía-Crucis, el altar de San Antonio, es decir, cuanto de combustible había en el interior de la iglesia. Lo que no era pasto de la voracidad del fuego, como candelabros, tinajas, piezas de hierro o cristal, fue roto a pedazos. Lo mas sensible fue la pérdida del altar mayor, especialmente su imagen, un San Antonio de Padua, de lienzo, pintado en Pekín por el misionero ya difunto Padre Antonio Grau, que puso todo su empeño en dar realce a su obra artística. Fui yo quien conseguí, a fuerza de ruegos e instancias, obtener para m¡iglesia aquella joya pictórica.
La noche de aquel día trágico para m¡misión y mientras aún humeaban las llamas en el interior del edificio saqueado, llegaron a Fungchia-ye los soldados enviados por el gobierno de Nan-ching.
Las pérdidas ocasionadas por estos dos asaltos a m¡misión se calculan en mil quinientas pesetas, cantidad que s¡en Europa es pequeña, en China y más en este distrito del Shens¡es extraordinaria dada la pobreza y escasez de dinero. Sin embargo confió en que San Antonio moverá los corazones de sus devotos para poder reparar los desperfectos causados en su misión de Fungchia-ye y reponer los objetos del culto.
Días pasados vinieron a Suitéh, donde resido habitualmente, dos cristianos de m¡distrito que me informaron sobre la situación en que se encuentra: ¡dolorosamente trágica! La mayor parte de los pueblecitos de la montaña se han quedado sin vecindario que buscó refugio en otros lugares más seguros.
Confío en que esto servirá para bien de la propagación de nuestra santa fe, como ha sucedido en otros pueblos víctimas igualmente de las hordas comunistas.
Correspondencia
De Torrente. Primera misa
A las 10, un nuevo sacerdote, el P. Román Carbó, T. C., celebra por vez primera el Santo Sacrificio de la Misa.
La Schola Cantorum del Noviciado de Godella cantó la Misa Brevis, de Palestrina, y el P. Benedicto hizo el panegírico del Santo.
Por la tarde a las 5, un carro de murta ocupado por jóvenes antonianos vistiendo el clásico traje de «llaurador torrentí» recorre la carrera de la procesión alfombrando el suelo de mirto, y a las 7 sale del convento la procesión, figurando en las filas por vez primera las jóvenes antonianas.
Recordarán nuestros lectores que el pasado año se celebró la procesión sólo por el recinto del Calvario y éste ha sido por las principales calles de la barriada en medio del regocijo general y exclamaciones de entusiasmo, pues era la primera vez que desde el advenimiento de la República salía San Antonio con sus andas nuevas por las calles de Torrente.
En cerca de dos mil se pueden calcular los cirios que iban alumbrando a San Antonio, no registrándose el menor incidente.
A la llegada al calvario se disparó una lujosa traca en colores y a la entrada del Santo en el convento se cantó el himno del Reverendo Padre Domingo, de Alboraya, sorteando los clavarios y clavariesas para el próximo año.
El día 17 se celebró una Misa de Requiem por los socios y bienhechores difuntos, terminando con esto las fiestas.
Viton
De Cullera. Cullera en fiestas
Nuestra ciudad obsequió a su adorada Patrona, la Virgen del Castillo, en el presente año durante los días del 26 de Abril al 5 del pasado Mayo. Las fiestas religiosas no coincidieron con las profanas, por un mal entendido laicismo de nuestro Ayuntamiento, empeñado en vivir de espaldas a la realidad, al no recoger el sentir del comercio y de la población católica con grave daño de los intereses morales y materiales de la ciudad. Por lo mismo tampoco tuvimos la satisfacción de ver la antigua y tradicional bajada de la Virgen, espectáculo pintoresco e imborrable, que atrae numerosos forasteros. Tiempos vendrán en que la imagen veneranda pisará de nuevo las calles de su Cullera amada, derramando sentimientos de paz material y espiritual y notándose el resurgimiento católico de los hijos de esta tierra tan hermosa como desgraciada.
Cuatro años que la Virgen no baja del pedestal de granito que la Providencia le deparó para morada suya y consuelo de sus devotos, pero aun cuando se siente la añoranza y la ausencia de la Madre que hijos ingratos no la dejan convivir algunos días entre sus hijos amados, éstos suben a obsequiarla, en especial los días del Novenario, que este año ha superado a los anteriores en entusiasmo.
El programa de los festejos religiosos se cumplió en todas sus partes.
La fachada del santuario estaba artísticamente engalanada y el altar lucía espléndida iluminación y abundancia de flores naturales, obsequio de valiosos elementos de la Juventud Católica y señoritas catequistas. La misma Juventud Católica se encargó de los fuegos artificiales y de mantener el orden durante los días del Novenario.
Se restauraron y adornaron artísticamente las lámparas del presbiterio. La Schola Cantorum de la Parroquia se encargó de amenizar los actos vespertinos con composiciones musicales de estilo clásico.
Bendiciones mil habrá repartido la Virgen bendita a cuantos con sus limosnas y obsequios y visitas han contribuido al mayor esplendor de las pasadas fiestas. Contenta y satisfecha debe estar «la Moreneta del Castell» por los homenajes que le tributaron sus hijos. Dios quiera que resurja en Cullera el decaído espíritu cristiano y que el próximo año baje la «Reina del Sucro» a devolver las visitas que sus fieles vasallos le han hecho sin interrupción estos cuatro años de sectarismo impertinente.
Emilio Crespo
De Benisa
El día de la Ascensión, los hijos de esta villa manifestaron una vez más sus sentimientos filiales hacia la excelsa Reina que, nimbada de gloria, preside en la iglesia franciscana. El objeto de la solemnidad era cerrar como en broche de oro los numerosos festejos con que la misma Señora había sido obsequiada durante todo el mes de Mayo. Los niños del catecismo fueron encargados de tan noble misión.
Por la tarde, al empezar la función de las flores, se vio la iglesia atestada de gente, que con inusitado entusiasmo pugnaba para ocupar los puestos cercanos al altar, artísticamente adornado. Con la invocación «Ave Maris Stella», el fervor infantil elevó su oración a los cielos, y en llegando al canto del Trisagio eran centenares de voces inocentes las que proclamaban en grito las grandezas de la Santísima Virgen, que desde lo alto parecía sonreír a la inocencia congregada ante sus plantas. Algunos niños y niñas, con los mejores trajecitos, esparcían flores ante el altar de la Virgen al tiempo que la acreditada capilla del Colegio, unida al pueblo en masa, interpretaba solemnemente el Cómo celebra Mayo, del célebre maestro Vives.
Pero el entusiasmo se desbordó en el momento de la ofrenda; aquellos pequeños recitaban inspirados versos e iban depositando preciosos ramilletes en el altar de la Virgen, al mismo tiempo que sus madres en la tierra les sonreían y también les sonreía la Madre de los cielos.
No cabe duda que el feliz resultado de la fiesta se debió principalmente a los continuos sacrificios del P. Serafín Pérez, a la valiosa cooperación de Fray Salvador Mollar y al fervoroso entusiasmo de las señoritas catequistas, a quienes felicitamos muy de veras.
De Segorbe. Fiestas a María
Con verdadera solemnidad se ha celebrado este año el mes de María en la iglesia de los Padres Franciscanos de Segorbe, asociándose en ella todos los días al piadoso ejercicio un gran número de entusiastas marianos ansiosos de ofrecer a la Virgen Santísima las místicas flores de sus amantes corazones.
Los sermones del primero, tercero, cuarto domingo y día de la Ascensión estuvieron a cargo del P. Juan Gomis; y el otro domingo predicó el P. Pacífico Sendra.
Nuestros difuntos
En Onteniente, Álvaro Pérez Brotóns.
En Seborbe, Luis Clemente Tortajada, de 21 años.
En Algemesí, Francisco Ferrer Blanes, de 81 años. Modelo de Terciarios franciscanos, padre de Fr. Francisco Ferrer, actualmente morador del convento de Pego.
En Teulada, Josefa Torres Sala de Berenguer, de 70 años. Era muy devota de San Francisco. Amaba con predilección a los hijos del Santo Padre, a quienes cariñosamente llamaba "els meus frarets de Benisa" refiriéndose a los religiosos del Colegio Seráfico cercano a Teulada. Estos supieron corresponder al testimonio de maternal afecto con que les distinguió siempre la buena difunta, asistiendo la Comunidad a su entierro y cantando solemne funeral por el eterno descanso de su alma.
En Cullera, Juan Barberá Serra. Amaba a los frailes como verdaderos hermanos suyos, lo que se puso de manifiesto en los angustiosos días de mayo de 1931, en que los religiosos encargados de la custodia del Santuario de la Virgen tuvieron que abandonar el convento y hallaron noble hospitalidad en la casa del difunto. A muerto con la pesadumbre de no ver repuesta la Residencia del Castillo, pero tenemos la seguridad de que el regreso de los franciscanos a su legítima morada sea pronto un hecho, por las oraciones que el finado elevará desde el cielo.
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