Índice del número 175
Agosto de 1935. Año 16. Director: Fr. Manuel Balaguer, ofm
El cine y la legislación
(Conclusión)
A la mujer, más sensible que el hombre por naturaleza, le gusta que la halaguen, que la quieran; y le presentan escenas de amor en un ambiente de cuento de hadas que seduce y hace que se tolere la perversidad del fin, el veneno envuelto en ese ropaje seductor.
Y se traga, ya lo creo que se traga.
Pero nosotras no nos dejaremos engañar. Nosotras estaremos alerta y daremos la voz de alarma a las que no lo estén; porque nosotras sabemos que el mayor timbre de gloria que se puede ostentar, es la virtud ante quien siempre, y aun a su pesar, se doblegará el Universo entero desde que una Mujer, la más grande entre todas las mujeres, a quien adoramos y queremos imitar, aplastó a la serpiente y fue elevada por Dios a la más alta dignidad que se puede soñar, porque fue pura.
Hay que luchar, pues, por la pureza de las costumbres, y las leyes que evitan, las leyes que castigan, son armas poderosas para ganar la batalla.
La infracción de una ley tiene su correspondiente sanción, que aplicada con energía es de una eficacia innegable.
Pues vamos a conseguir a toda prisa leyes que eviten, leyes que castiguen, leyes que nos protejan contra esa inmundicia que nos trae el cine inmoral; porque con ese exceso de confianza, con esa imprevisión e indolencia que nos caracterizan, nos encontramos indefensos frente a él como frente a tantas otras cosas.
Causa pena el considerar el abandono de las leyes en ese aspecto cuando en cas¡todas las naciones civilizadas se han tomado medidas contra el cine inmoral.
Citaremos algunas disposiciones dictadas por algunos países en lo que a esto se refiere:
En Alemania debe ser prohibida aún para adultos toda película cuya representación pueda amenazar el orden público, o pueda herir los sentimientos religiosos o producir un efecto embrutecedor o desmoralizador. Pero además de estas películas deben ser prohibidas para jóvenes y niños codas aquellas que puedan perturbar su desenvolvimiento moral, intelectual o físico, o sobreexcitar su imaginación.
En Inglaterra, las autoridades locales atienden también a la moralidad de las proyecciones hasta el punto de que pueden excluir de las que consideren peligrosas a los jóvenes de 16 años para abajo.
En Austria, los niños y "los menores de
16 años sólo pueden ver películas autorizadas para niños.
En Bélgica, se prohíbe la entrada a los menores de 16 años. Se exceptúan sólo las cintas autorizadas por la comisión de Censura.
En todos los estados del Canadá hay una legislación muy apreciable en este aspecto. En general se condiciona y restringe mucho la asistencia a los cines de los menores de 16 años y es muy de notar lo de la provincia de Ontario, en la cual no se permite a los menores de 15 años asistir al cine sino los sábados y los días de fiesta desde las nueve de la mañana hasta las seis de la tarde y manda que durante estas horas una inspectora especial, pagada por las empresas, vigile en cada teatro la conducta que observan los niños y la que observan los adultos respectos a ellos.
En Dinamarca, Hungría, Suiza, Checoeslovaquia, Suecia, Noruega, en cas¡todos los países, en fin, hay disposiciones semejantes que sería prolijo enumerar.
Son todos estos ejemplos dignos de consideración, aunque yo os he de decir que no me satisfacen. Encuentro deficiente esa legislación que se limita cas¡exclusivamente a mirar por la infancia y la adolescencia. Me parece muy bien que se proteja al niño y al adolescente, pero me parecería mejor que se proscribiera en absoluto el cine inmoral. Y esa debe ser nuestra aspiración.
Lo inmoral, sólo por ser inmoral, debe prohibirse porque siempre y en todos hace daño; y s¡es cierto que en el niño y el adolescente por su falta de formación y mayor impresionabilidad produce efectos más desastrosos en general, también es cierto que en muchos adultos puede dar igualmente fatales resultados.
Nadie es capaz de medir el grado de impresionabilidad de los individuos por mayores que sean, y unos por temperamento, otros por incultura, otros por el medio ambiente que les rodea, pueden ser terreno abonado para que dé fruto la mala semilla que siembra el cine inmoral.
Parece ridículo que no habiendo hecho nada todavía, se pretenda todo. No lo creáis así; ya que hemos tardado, emprendamos la campaña con muchos ánimos; no nos contentemos con imitar a las otras naciones; debemos ir más allá; ver en ellos un ejemplo que nos sirva de estímulo para emprender el camino, pero interpretarlo de una manera
más perfecta, que permita adelantar más en menos tiempo, para ponernos cuanto antes al abrigo de esa ola devastadora.
¿Que cómo podremos contribuir nosotros?
Mirad: para conseguir esas leyes salvadoras, tenemos que empezar todas y cada una de nosotras por hacer ambiente; ambiente que cree una fuerza de opinión capaz de obligar a que se nos den dichas leyes.
Eso hay que trabajarlo mucho, porqué toda la facilidad que hay para arrastrar a las masas cuando de su mejoramiento material se les habla, se torna dificultad cuando del mejoramiento moral se trata. Esto es sacrificio, esto es represión y muchos no lo entienden.
Por eso las influencias de índole material vienen de abajo arriba y las de índole moral tienen que venir de arriba abajo.
Las primeras vienen de la masa, cuyos anhelos de justicia social, cuando son muy intensos, son recogidos por el legislador que les da forma de leyes. Las segundas, tiene que imponerlas el legislador a la masa, que n¡las pide n¡las rechaza (las más de las veces toma lo que le dan). Y es que la masa no pide el bien porque no lo conoce; su conocimiento requiere una espiritualidad más refinada, que no se puede exigir a todo el mundo.
Por eso los que la tienen están obligados a guiar a los demás.
También podéis trabajar directamente en la formación de las leyes, ayudar a su elaboración. Hoy que la mujer tiene abiertos todos los caminos de la actividad política y administrativa, ¿quién me dice que entre las que me escuchan no hay algunas llamadas a ser diputados, tal vez ministros?
Pero hasta que llegue eso, todas podéis trabajar en lo que antes he dicho, en hacer ambiente, y eso habéis de hacerlo a toda prisa, con valentía, sin temores cobardes porque os llamen anticuadas o creáis que hacéis el ridículo.
Nunca; jamás puede hacer el ridículo la que sabe defender su dignidad y su fe; la que sabe guardar en su corazón la ardiente llama de la caridad divina, que la impulsa a volar en alas de su fe y de su entusiasmo, y teniendo por lema el amor y el sacrificio, a la conquista del mundo entero por Dios y para Dios.
Pepita Hernández Alfonso
Conferencia leída por su autor en el local de la Juventud Femenina de la Parroquia de los Santos Justo y Pastor, de Madrid, en Abril último.
El cuerpo del Venerable P. Pedro Esteve en el Presbiterio
El día primero del pasado Julio, como lo anunciamos, el cuerpo portentosamente incorrupto del venerable padre fray Pedro Esteve, hijo el más insigne de la ciudad de Denia, recibió definitiva y honrosa sepultura en la pared del Presbiterio de la iglesia arciprestal que da al lado del Evangelio.
Conocida la noticia, la fama de su santa memoria y el recuerdo agradecido de sus celestiales favores conmovió el alma de su ciudad querida, y las anchas y espaciosas naves de su templo se vieron incapaces de contener la afluencia de fieles congregados para asistir al sepelio del cuerpo de su querido y venerado compatriota.
Precedió el traslado procesional de la imagen de la Divina Sangre, desde la iglesia de las Agustinas a la parroquial, con asistencia del clero, comunidades franciscanas y numeroso pueblo; aquella misma santa imagen cuya devoción tanto propagó el venerable Padre, y que desde la altura del altar mayor había de presidir, en aquel día de fervorosa exaltación espiritual, los actos que en memoria de su esclarecido Siervo la ciudad de Denia celebraba.
Con un gesto de patriótica y católica adhesión, en lugar preferente, tomaron asiento las autoridades municipales, civiles, militares y judiciales, y las personas más destacadas de la sociedad dianense, y para solemnizar con su concurso los actos en honor de uno de sus más gloriosos hermanos de hábito, las comunidades franciscanas de Carcagente, Pego y Benisa se trasladaron a Denia, presididas por sus PP. Guardianes. Por su parte, el P. Provincial de los Franciscanos quiso estar representado y envió al efecto al P. Benjamín Reig, definidor provincial, quien cantó la misa, siendo asistido por los PP. Fernando Ivars y Andrés Savall, el hermano fray Serafín Rocafort y todo el Clero de la ciudad, advirtiéndose la nota simpática del sacerdote encargado de la iglesia de Jesús Pobre, que edificara el venerable Esteve y en cuyo convento pasó muchos de sus años.
Dirigida por la experta batuta del P. Enrique Reig y acompañada de nutrida y excelente orquesta se cantó la partitura de Perosi, tomando principal y valiosa parte el eximio tenor Antonio Cortis, ilustre hijo de Denia, que quiso, en esta forma, sumar su concurso en honor del esclarecido Venerable. Terminada la misa, el P. Francisco Ferrer leyó al público los documentos oficiales, que firmados por las autoridades y clero se habían de colocar en la caja sepulcral, unidos al antiguo expediente. Y el P. Delegado Provincial dio en breves y sentidas frases las gracias al pueblo, autoridades y clero por la espléndida solemnidad celebrada en honor de aquel hijo de San Francisco y dechado de todas las virtudes, y especialmente al venerable sacerdote que con tanto celo por la gloria de Dios y bien de las almas dirige y gobierna la congregación de los fieles católicos de la ciudad y es arcipreste de la misma. Al honroso encargo con que se me distinguiera de pronunciar en tan solemne como histórico momento la Oración laudatoria del Hermano nuestro, respondí con m¡mayor buena voluntad.
Fr. Juan Alventosa García, ofm
Fiestas de moros y cristianos
Durante largos siglos fue el suelo hispano tierra altamente hospitalaria. Aquí constituían sus manufacturas los fenicios; aquí fundaban sus colonias los griegos; las tribus indígenas no sólo no les eran hostiles, su espíritu de convivencia merece hasta el nombre de galantería: el rey tartesio Argantonio, «el hombre de la plata», se mostró tan generoso con aquel griego de nombre Kolaios que llegara fortuitamente a sus tierras arrastrado por una tormenta, que su nombre perduró entre los griegos como símbolo de magnanimidad. Y s¡años más tarde la Lusitania y Numancia lucharon con indómito valor contra los romanos, les impulsaba a ello tan sólo la defensa de la propia libertad amenazada. Los hispanorromanos del siglo V de nuestra Era ven asimismo cas¡con indiferencia cómo caen sobre nuestra península las gentes del Norte; y, ayudados por esta actitud, logran los visigodos realizar en su favor la unidad ibérica. Pero su obra estaba incompleta; le faltaba el espíritu capaz de informar ese todo orgánico, y ese espíritu lo recibió el incipiente Estado cuando por la conversión de Recaredo al catolicismo, germanos e hispanorromanos se unieron en íntimo abrazo para formar un solo pueblo. La cultura romano-cristiana se constituye con ello en aglutinante de las variedades etnológicas que pueblan la península, en espíritu de una patria gloriosa que ya San Isidoro pudo llamar la «madre España».
Pronto es sometida la monarquía visigoda a una prueba durísima. Los musulmanes pasan el año 711 el estrecho de Gibraltar, y con la intrepidez propia de un pueblo joven logran apoderarse de toda la península.
Y entonces se produce un fenómeno nuevo. Aquellas gentes pacíficas que vieron indiferentes caer sobre sí los bárbaros del Norte, no se avienen a convivir con los bárbaros del Sur; reaccionan contra el invasor, y en Covadonga comienza una epopeya secular que
debía terminar ocho siglos más tarde con la toma de Granada, último baluarte moro, por los Reyes Católicos. Y es que ahora no se trataba de un elemento étnico más que se incorporaba a los ya existentes en la península. El problema era vital. El pueblo islámico encarnaba un espíritu totalmente contrario al de la «madre España». Se trataba, pues, de ser o no ser, ya que renunciar al propio espíritu es renunciar a la vida. España lo comprende, quiere afirmar su existencia, y la reconquista queda convertida en obra nacional, en epopeya que dice al mundo entero que España había encarnado el espíritu cristiano y que sólo será España mientras no deje de ser cristiana.

Fiestas de Moros y Cristianos de Cocentaina. (De el blog de las fiestas)
Las ciudades y villas tuvieron también su epopeya particular; y esta epopeya, la reconquista de la patria chica del poder de la Media Luna, quedó grabada en la conciencia de los pueblos como el punto de partida de una nueva vida. Y por eso en los pueblos de arraigadas tradiciones constituye la reconquista el recuerdo más intenso de vida popular, y este recuerdo lo asocian a los momentos más solemnes de la vida cívica y es uno de los números de mayor emotividad en las fiestas anuales, por su contenido espiritual, por su contenido religioso. Esos pueblos que el día de su Santo Patrón reproducen al vivo la reconquista, fueron también un día sometidos por las huestes de Napoleón, sufrieron tal vez de igual modo los vejámenes de la soldadesca en las guerras civiles que han ensangrentado nuestro suelo, y de uno y otro yugo pudieron librarse tras heroicas luchas. No obstante, no son estas victorias las que más hondamente exaltan el alma popular; la magna obra de la reconquista es la que posee ese secreto, y es que es la gesta que más perfectamente pone de relieve el espíritu español.
Cuando después de la batalla de La Janda o del Guadalete el ejército musulmán se
internó en la península, se tropezó con una ciudad amurallada que ofrecía resistencia. Era Córdoba. Tarik no quiso perder tiempo en su marcha hacia la capital visigoda y dejó ante los muros de Córdoba a Mogueit ben Rumí con 700 hombres. Y cuentan las crónicas árabes que cierta noche se presentó al general musulmán un pastor que se ofrecía a indicarle el sitio más flaco de las murallas, por el que podrían entrar en la ciudad. Les condujo el pastor a un lugar donde había una higuera, y escondidos bajo sus ramas esperaron los musulmanes que el sueño y el frío rindiera a los centinelas; y una vez hubo silencio completo dentro del recinto amurallado, subieron los moros a la higuera y atando turbante a turbante formaron una escala que les permitió asaltar la muralla y apoderarse de la ciudad.
Este célebre asalto fue como el primer acto de esa gran epopeya de «moros y cristianos» que se desarrolló en España. Pero llegó también un día en que Boabdil, el último rey moro de España, con porte humilde y los
ojos humedecidos por el llanto, después de dar una última mirada a su querida Alhambra, entregaba al Rey Católico las llaves de Granada; y la epopeya quedó entonces cerrada con broche de oro. He aquí los dos hechos que en m¡mente evocan las fiestas de moros y cristianos y que constituyen como el marco de estos festejos en todos los pueblos. Los nombres cambian, pero el espíritu es el mismo. Lo que para España fueron Boabdil y Fernando el Católico, son para Cocentaina Alazrach, don Jaime y el ínclito Roger de Lauria. El espíritu caballeresco de estos personajes revive durante las fiestas; las estrechas callejuelas del arrabal aparecen doblemente románticas con las sombras de turbantes y alfanjes; la pesada mole del castillo se yergue más soberbia que nunca como animada por el espíritu de tantos y tantos que derramaron su sangre en su defensa, y el pecho cristiano se llena de gozo al recordar las gestas gloriosas con que sus antepasados cubrieron de gloria la Cruz del Redentor.
Fr. Joaquín Sanchis, ofm
Cocentaina
En las faldas de la sierra Mariola, y a la sombra de secular castillo, índice glorioso de pretéritas grandezas, se asienta la antiquísima urbe de Cocentaina, capital de las primitivas gentes contestanas, pobladoras de la mayor parte de nuestra provincia, en tiempo de la dominación romana, buen pueblo durante los árabes, que fue cuna, por aquel entonces, del famoso visir de los Ben¡Mocheid, llamado él Abdelgualid Ben Jamis, y de los walíes de Valencia y Játiva, Mohamad Ben Algionh¡(1148) y Mohamad Ben Ismail Ben Khamis (1231).
Célebre condado en siglos posteriores, después de reconquistada Cocentaina por las huestes de Don Jaime I de Aragón, cuando Pedro I de Valencia y III de Aragón concedió el señorío de esta villa a su almirante Roger de Lauria. Atacada por los moros granadinos la hicieron arder por sus cuatro costados, desde cuyo hecho llevan sus habitantes el histórico sobrenombre de els Socarrats. Hoy es interesante población por las numerosas reliquias históricas y artísticas que atesora, por el estado floreciente de sus industrias, por la fertilidad y belleza de sus campos, por continuar siendo cuna de hombres ilustres en ciencias y en virtud.
Su fertilidad
Regada por el río de la vecina ciudad de Alcoy, que allí recibe el nombre de Serpis, acrecienta sus aguas con las del río Penáguila, que es uno de sus afluentes, y en su comarca brotan unas 200 fuentes de muy cristalinas y frescas aguas, especialmente la que mana sobre el imponente picacho de Montcabrer. Su misma configuración serrana y la abundancia de sus aguas la hacen poseer hermosos paisajes, pródigos en verdor y limitados en la lejanía por la azulada cumbre de los montes. Son éstos, especialmente, el barranco del Sort, que procedente de la partida de Alberri, en la falda del Mariola, desemboca en el Serpis; el del Siuch o de la Mina, donde se observan vestigios de antiguas explotaciones mineras de oro y otros minerales preciosos; el de la Escurrupenia, en la partida de la Alquerola e imponente por los acantilados de sus laderas. Sus cuevas de las Maravillas y de els Coloms. Y en
las faldas de los montes y en las huertas, los plantíos extensos de olivos, vides, cereales, legumbres, hortalizas, alfafares, frutales y hasta no pocos terrenos dedicados al cultivo del lino.
Sus industrias
Mas también sus industrias están en apogeo, siempre creciente. Siendo, particularmente, la del calzado, con todas sus auxiliares en la preparación de sus pieles, la que mayor importancia ha conseguido, siendo algunos miles de pares de calzado los que diariamente se fabrican y se exportan hacia muy diversas y remotas regiones. La perfección y características de esta su industria ha hecho ricas e ilustres los nombres de algunas casas contestanas, y del honrado trabajo en sus fábricas viven gran número de los hijos de la industriosa población. Tras la elaboración del calzado, sigue en importancia la del papel, anterior a la primera, y cuyas fábricas se hacen a lo largo de las riberas del río Serpis.
Relicario de historia y arte
Mas aun siendo mucha su importancia e interés por ser hoy un pueblo que va a la vanguardia en el progreso de la industria, echando un vistazo hacia su antaño histórico se empequeñece y cas¡se anula. Díganlo sino las numerosas reliquias de arte y de historia que los siglos respetaron y que guarda en su recinto como un joyel. Es la primera, cronológicamente, la del vetusto castillo de Mariola, construcción romana que repararon los árabes y fortificación eficiente en el período de las guerras y revueltas de la Edad Media, que aun hoy se conserva, llenando de evocaciones y leyendas el cielo contestano, en cuyo recinto se mantiene de pie el noble palacio de los Condes de Corella, de la esplendorosa alcurnia de Medinaceli. Palacio, monasterio de clarisas, iglesia del Milagro, recintos de arte como la Sala Dorada, entre cuyos arcos de crucería aparecen valiosos cuadros de los magnates que lo ocuparon. La antigua capilla del palacio es hoy la iglesia de Nuestra Señora del Milagro, patrona, con San Hipólito, de la población.

Palacio de Cocentaina. Álbum fotográfico de Cocentaina en la web de la Universidad de Alicante
Por cuyas mejillas un día resbalaron lágrimas dulces como sonrisas... aguas de gracia que fertilizan los corazones del católico pueblo contestano, que aclama, ora y se encomienda en todo tiempo, a su divina Madre, que de amor supo llorar. Y en la sala de labores del monasterio, en su testero principal, recibe culto la imagen del dolor sereno y divino del Nazareno, admirable escultura probablemente de un autor italiano. Y aquí y allá, y por todas partes, esculturas y cuadros de los más famosos imagineros y pintores, cuya enumeración sería larga.
Cuna de hombres ilustres
De tan noble e hidalga cuna surgieron en todo tiempo hombres tan ilustres como muchos de los Condes e hidalgos caballeros de las Casas de Corella y Medinaceli.
Y en ciencia:
- el famoso cardenal Pedro Ferrís (1416 a 1478), doctor en Cánones y Leyes,
- Diego Covarrubias y Sanz (1607), teólogo y letrado, que ocupó, entre otros cargos, el de Vicecanciller del reino de Aragón.
- Tomás Martínez Jordá (1796), que conquistó fama de distinguido gramático y fue autor de varios libros de filosofía.
- Fray Agustín Arques y Jover (1734 a 1808), docto religioso mercedario, que escribió un gran número de trabajos históricos.
En arte:
- Gerónimo Espinosa (1600 a 1680), notable pintor, cuyas obras, muchas y buenas, se hallan esparcidas en varias iglesias y museos de España, y en algunas de Austria, Inglaterra, Alemania y Rusia.
- Vicente Crevea Cortés, notable músico, autor de notables composiciones religiosas, de correcta estructura;
- Miguel Agulló, director de capilla que fue de la Catedral de Teruel y organista de la de Segorbe, gran didáctico musical y técnico compositor, y algunos otros.
Y en virtud:
- El venerable Juan Escuder (1435), célebre ermitaño que vivió gran parte de su vida en el eremitorio de San Cristóbal, a quien se atribuyen importantes profecías sobre la unión de las coronas de Aragón y Castilla y la reforma de Lutero y el Protestantismo.
- Y cas¡en nuestros días, el P. Jaime Sala, franciscano, que a su docta ciencia unió un cultivo esmerado de todas las virtudes franciscanas.
- Y en el templo franciscano duerme y reposa el cuerpo del extático siervo de Dios, portento de santidad, fray Miguel Pérez.
Salutación
A ti, ilustre urbe contestana, este tu humilde cronista, que te ve adornada con esplendores luminosos que refulgen de tu historia prócer e inmaculada, te saluda, pero especialmente porque de tu fecundo seno nacen aun hoy para m¡Orden Franciscana esclarecidos hijos que forman legión en las filas de nuestra provincia Seráfica, a la que todavía da sabios, misioneros, virtuosos religiosos y hombres de gobierno que han sabido y sabrán regirla y conducirla por los caminos de la gloria de Dios.
J. R. A.
Rápida
Verdadera previsión
Es verdaderamente absurdo lo que sucede a muchos católicos, cuando ven a alguno de sus deudos en peligro de muerte, debido a un mal entendido cariño. Llaman inmediatamente al médico para que asista al enfermo, y aunque éste les diga que entiende son ineficaces los medios de que la ciencia dispone para evitar un desenlace fatal, evitan a todo trance que el enfermo se entere n¡indirectamente de su gravedad y so pretexto de que se va a agravar no le indican la conveniencia de recibir los auxilios espirituales. Cuando éstos llegan, ya suele ser tarde, s¡es que el enfermo no se ha dado cuenta y los ha pedido.
Conducta verdaderamente inexplicable entre católicos, inducida por el mismo demonio y seguida por sus secuaces, que tienen en muy poco el salvar el alma.
Bien está el acudir al médico, bien el rodear de todos los cuidados al enfermo, pero no olvidar, que para salvarse es preciso prevenirnos contra el pecado o hacer penitencia y arrepentirse de los cometidos, y para ello es lo más eficaz pensar en la muerte y más s¡está próxima. Ha de elegirse entre asustar al enfermo para que se salve por medio de una buena confesión que le lleve al cielo, o que se condene por no asustarle.
Una de las gracias que Dios en su providencia concede a algunos enfermos, es la de darse cuenta de que está próxima su muerte, y entonces, por muy malvados o por muy indiferentes que hayan sido, piden los auxilios espirituales. Hemos conocido muchos casos y seguramente algunos recordarán nuestros lectores, de individuos que han hecho alarde de ateísmo y cuando han conocido que se acercaba su última hora, han pedido reconciliarse con Dios. Creyentes que hayan renegado de El y de haber cumplido su ley, ninguno.
Ese horror a pensar en la muerte, que tienen muchos, les hace más indiferentes durante la vida para evitar el pecado y se acrecienta cuando aquélla se aproxima. Sigamos opuesta conducta, s¡queremos tener opuestos resultados, y sobre todo seamos previsores, comprometiendo a nuestros familiares o amigos, para que cuando nos vean en peligro de muerte, nos lo avisen, para impetrar la Misericordia divina, cuando ésta va a cesar para empezar la Justicia.
Seamos previsores sin dudar de la Providencia, en nuestros asuntos materiales, pero no olvidemos esta verdadera previsión para nuestra alma, cuando va a dar cuenta de todos sus actos morales.
Galo Recuero García