La flor del almendro

De Jesé ya la vara ha florecido,
mientras duerme en silencio la natura;
níveo velo de mágica blancura
por los montes y valles se ha extendido.

Angelitos cantado han en el cielo,
y a Jesús ha anunciado clara estrella;
del Oriente los Magos, en pos de ella,
han venido a adorar al Pequeñuelo.

Los pastores, con paso presuroso,
a la cueva han llegado con sus dones
y ofrendado los han con sus canciones
al Infante más dulce y más gracioso.

Sólo, sólo natura en dulce sueño reposa,
sin que dé señal de vida;
ella sólo parece que, dormida,
ignora la venida de su Dueño.

Mas he aquí que, a pesar del rudo frío,
de alegría el almendro se estremece
y sonríe a su Dios, y así florece,
sin temer del invierno el poderío.

Con la nieve se confunden sus flores,
que su luz van robándole a la aurora;
y agraciada aparece y seductora
la tierra del invierno en los rigores.

Cual bandadas de lindas mariposas,
que los valles esmaltan y los montes,
hasta allá en los lejanos horizontes
flores se ven doquier blancas y rosas.

Si, al fin, de su letargo despertara,
y al invierno con tales galas viera,
celos de él sentiría Primavera
y aun su paso quizás acelerara.

Panorama tan bello al alma eleva,
nos abstrae su gracia peregrina,
y moción dulce, plácida, divina,
a dar flor de virtud a todos lleva.

La lección del almendro hoy aprendamos,
su presteza imitemos y su audacia,
que el Señor nos dará siempre su gracia,
si a la misma resueltos cooperamos.

En vergel así el alma convertida,
vendrá a ella Jesús a recrearse;
y esas flores, en frutos al trocarse,
nos darán en el Cielo eterna vida.

Fr. Luis Ángel Roig, ofm

Cuento

La alquimia del Averno

(Trabajo presentado para el Certamen literario del año 1931)

I

Pensativo, nervioso y altamente preocupado se hallaba Lucifer en aquel memorable día. ¿Razón? No era banal. Se jugaba nada menos que la supremacía del averno, la presidencia de aquella república que ostentaba desde el día en que Dios le negó su favor y le arrojó en aquella tenebrosa mazmorra. Había presentado a sus ministros la cuestión de confianza pues el congreso se le mostró atrozmente hostil y provocativo en la sesión que acababa de celebrarse, y los ministros comenzaban a volverle la espalda.

Al país disgustaba su gestión, pues a pesar de que los siglos transcurrían, no se lograba aumentar los ingresos; los habitantes del planeta tierra, única explotable riqueza, preocupación constante de la legión infernal, llevaban una vida pacífica, inalterable, patriarcal, casi beatífica, que imposibilitaba el negocio y los ingresos en el infierno eran tan escasos, que el tedio, el horrible tedio, se había apoderado de aquellos desgraciados como colmo a su espantoso suplicio.

Borrascosa fue, pues, aquella indescriptible sesión en que el descontento se desbordó el congreso que por primera vez se rebelaba abiertamente contra su permanente jefe de estado. Quiso éste hablar y un vocerío atronador le atajó la palabra; levantó la voz hasta el reventar de sus pulmones y el escándalo y griterío llegaron a límites inconcebibles; los infernales diputados no contentos con apostrofarle con frases sólo conocidas en el diccionario que empleaban nuestros radicales del antiguo régimen, llegaron en sus desplantes a arrojarle en plena faz huesos de aceituna, cáscaras de nuez, tomates averiados y hasta botellas de limonada, mismamente que en nuestras plazas de toros.

Al llegar aquí, se intimidó el Mefisto y sintió espantosas tentaciones de tomar las de Villadiego, pero recordando al punto el adagio «a enemigo que huye puente de plata», se sobrepuso a sí mismo, recogió bonitamente el colgante rabo y entrelazándolo con sin igual gracia en el' brazo derecho, arqueó el izquierdo sobre la cadena y en gallarda actitud de gran tribuno, se levantó majestuosamente de su asiento, extendió el brazo con estudiado ademán y tosió dos veces con voz de borrego adulto. ¡Oh sorpresa! El respeto que inspira siempre la autoridad por maltrecha que aparezca, hizo su efecto en medio de aquella algarabía infernal; la sala, respondió con el más absoluto silencio y la voz cavernosa del Presidente esbozó todo un programa; pero he aquí, que de programas estaban sin duda ahítos aquellos seres, como lo estábamos en España algunos años hace, y fue el saludo al término de aquel discurso de halagadoras promesas, una silba estrepitosa como nacida de mil sirenas; entonces se puso la cosa más fea que de ordinario; los gritos y denuestos, las imprecaciones y blasfemias, se confundían en atronadoras voces; los ministeriales y minorías se liaron a coces, bofetadas, arañazos y mordiscos y nadie pudo suponer cómo hubiera terminado aquel zipi-zape, a no intervenir pronta y oportunamente el presidente del congreso.

Era éste, un diablote brutal, que no tenía más mérito, que el poseer una fuerza hercúlea equivalente según los cálculos más minuciosos a 500 HP, ni uno más, ni uno menos. Cogió el bárbaro una campana tamaña al «Miguel» de le catedral Valentina que a prevención tenía pitra un caso extremo, y viéndole llegado, en aquel escándalo sin precedentes en la historia política del averno (en España tiempo hubo en que les aventajamos de mucho), empuñó la espadaña con ambas manos y don go don go don, ejecutó el más horrible repiqueteo que conocieron los siglos.

Dos minutos más tarde, no quedaron en la sala ni un cristal ni un diputado.

II

No era de extrañar por tanto el estado de agitación mental que traducía en todo su ser el padre de la mentira, en aquel día decisivo para él. Se paseaba nerviosamente a grandes zancadas como león enjaulado, cuando parándose de repente, se estremeció de cabeza a pies y dando una gran patada, que resonó en lo más profundo de aquellos antros, exclamó con voz estentórea: ¡Eureka! ¡Eureka! ¡Eureka!

Apresuradamente reunió al consejo, que duró diez horas; al salir, no pudieron ocultar los ministros la satisfacción de que estaban poseídos. Ya tenían situación para rato.

No tardó mucho tiempo en ponerse en movimiento hacia el planeta tierra varias brigadas de diablos, braceros todos, dirigidos por capataces aptos y bien instruidos llevando detallados planos de diferentes lugares del globo. Los unos vinieron a dar en el Transvaal, otros en California, los más en Australia y en las «Bonanzas» del Oeste Americano.

Poco tiempo después los habitantes del mundo, se vieron sorprendidos por la presencia de unos al parecer hombres de aspecto extraño y repugnante que horadaban febrilmente las entrañas de la tierra en busca de algo indescifrable y misterioso; y tanto maravilló a la nueva raza, que reunido el congreso antropométrico para estudiar la especie, definió después de largas deliberaciones y controversias, que aquellos seres eran ni más ni menos que una nueva manifestación de cretinismo, último límite en la escala de la degeneración humana.

Poco importó a los infernales obreros aquel alarde de la ciencia; se encogieron de hombros, se sonrieron con extraña mueca y continuaron con fervor los trabajos de excavación.

Algunos días después, empezaron a llegar al infierno las primeras remesas de mineral, que sometido a procedimientos químicos, se obtuvo una masa parduzca y compacta primero, que por nuevas operaciones, adquirió por fin hermoso color amarillento de brillo agradable y atrayente. Satanás lo contempló con deleite, formó un lingote y le cortó a rebanadas de formas irregulares y poligonales.
Hechos los primeros ensayos, aumentó la industria y se dispuso a explotarla con toda intensidad. Poco después se ocupaba toda la infernal colonia en la elaboración de esta sorprendente obra del diabólico ingenio.

Satán quedó por entero ocupado en completar el producto comunicándole su pestilente hálito y acuñando en aquél los siete primeros guarismos, uno bajo del otro.

Emilio Latorre
(Se concluirá)

Rápida

Pacifismo

Está de moda la palabreja y hasta la quieren hacer suya los enemigos de la Doctrina católica, levantando bandera como si hubieran descubierto el Mediterráneo.

La paz la predicó Cristo, y al dejar a sus discípulos les dijo: «La paz os doy».

Para gozar de paz verdadera en el orden social precisa gozarla en el orden individual, lo cual no llegarán a conseguir quienes no sujeten sus pasiones a la recta razón. Creer que el bienestar material ha de traer el pacifismo, es igual que pretender aquietar la fiera enjaulada en dorada prisión con todas las comodidades imaginables.

La paz individual sólo puede alcanzarla el hombre mediante una constante lucha consigo mismo, no sólo limando las asperezas entre la inteligencia y la voluntad, como dicen los modernos psicólogos materialistas modernos, sino teniendo aquélla presente en la conciencia los preceptos de moralidad, y acostumbrada ésta a seguirlos a toda costa.

Por tal motivo, lo primero que el hombre ha de dilucidar es su principio y su fin, si procede del acaso o de un Poder Supremo, y si acaba su existencia con la vida material o se prolonga. Además de esa convicción interna por los segundos términos, el somero examen de la razón nos lleva a convencernos de la existencia de un Ser Supremo, causa de todas las causas y ordenador del universo, y por consecuencia, Juez de nuestros actos libres.

Y admitida la existencia de Dios, sólo Cristo es el verdadero por su venida, sus actos y su doctrina, que marca de un modo indudable esas reglas eternas de moralidad, sin engañarse, porque es infinitamente sabio, ni engañarnos, porque es infinitamente bueno. Y con estas normas de moralidad dadas por el Hijo de Dios, tenemos el timón seguro en nuestra inteligencia, y con su ejemplo los remos de nuestra voluntad.

Por eso la pacificación interior debe comenzar por el conocimiento de los principios de moralidad del cristianismo, al mismo tiempo que nos estudiamos interiormente para conocer los resortes de nuestra mecánica psicofísica, y terminar con el dominio de nuestra voluntad mediante un continuado ejercicio de la misma, estimulándonos con el ejemplo del Crucificado.

GA-RE-GAR

Correspondencia

De Palestina. Peregrinaciones de la Comunidad de Nazaret.- A Tíberiades y al Jordán

El día 29 de Junio hicimos nuestra peregrinación a Tiberíades para celebrar la fiesta del Príncipe de los Apóstoles, San Pedro. Es un derecho tradicional de esta Guardianía, y hay que conservarlo aunque nos cueste pesetas y calor. ¡35 grados a la sombra!

A las 8'30 ya estábamos en la famosa Tiberíades que ha dado nombre a su más famoso Lago, tantas veces surcado por la barca de Pedro, que conducía entre las rizadas olas al Maestro divino y a sus compañeros en el Apostolado.

Por los años 21 de la Era vulgar, Herodes Antipas, tetrarca de Galilea, edificó esta ciudad en la ribera occidental del Lago. La llamó Tiberíades en honor de su protector, el emperador romano Tiberio, y la constituyó capital de Galilea. Su magnífico palacio, sus edificios suntuosos, su anfiteatro, sus baños termales y sus huertos de palmeras, hacía de Tiberíades una deliciosa ciudad invernal, pero completamente paganizada. No consta que Jesús la visitase.

Destruida la nación judía, Tiberíades vino a ser el centro principal de los judíos de Palestina. Es celebérrima su escuela rabínica que compuso el Talmud jerosolimitano. Más tarde, en el siglo IV, floreció en ella el Cristianismo, debido en gran parte al Conde José, judío muy distinguido, que abrazó la religión cristiana y a quien el emperador Constantino confirió el título de Conde de Galilea. La ciudad pasó por todas las vicisitudes de los otros pueblos de Palestina. Los musulmanes, los cruzados, los mamelucos dejaron vestigios de su dominación. Actualmente Tiberíades se está modernizando: los judíos, provenientes de diversos países de Europa, la han puesto en su punto de mira, y no pasarán muchos años, y Tiberíades será una de las principales ciudades de Galilea. Las famosas inundaciones del año pasado, que produjeron numerosas víctimas, han obligado al Gobierno ha construir un importante alcantarillado para el desagüe.

El elemento predominante es judío; siguen en importancia y número los musulmanes. Los cristianos son pocos, y el insignificante grupo de Latinos celebra sus cultos en una pequeña iglesia que conmemora la pesca milagrosa y la institución del Primado de San Pedro. Está oficiada por los Padres Franciscanos, los cuales tienen junto a ella su Hospicio y la Casa Nova para peregrinos.

En esta iglesia, cuya forma de nave recuerda la barca de Pedro, canté la Misa solemne. La Schola Cantorum del convento de Nazaret, formada por unos 20 niños, admirablemente educados y dirigidos por el Reverendo P. Juan Rosende y el maestro de la escuela de T. S., señor Skandar, interpretó con maestría la Misa Seráfica del franciscano P. Cossetti y varios motetes, entre los cuales el devoto Cor Jesu flagrans, del P. Falconara. Escogida fuá la música, elocuente el sermón árabe del Padre Antonio Calil-Hanna, pero yo, en el altar, como suele decirse, sudaba a mares. Terminó la función religiosa con las preces de costumbre y la bendición eucarística.

Terminada la refección con la que fraternalmente nos obsequió el Superior, Padre Gregorio Ocio, veterano misionero en Tierra Santa, nos retiramos a descansar... ¡Yo continué sudando! En busca de alivio salí al balcón, desde el cual me zambullí imaginariamente en las aguas del Lago, mientras recordaba:


A las cuatro de la tarde el auto nos condujo en quince minutos al extremo meridional del Lago, cerca de Samak, y allí, donde unas inmensas compuertas regulan la salida del pequeño mar del histórico y sagrado Jordán, cantamos el Evangelio, antífona y oración que recuerdan el bautismo de Jesús (Mt 3, 13-17), causando la admiración de algunos musulmanes que nos miraban boquiabiertos.

Vuelta a Nazaret de nuevo por Tiberíades, campo de la segunda multiplicación de los panes, Korún Hattin, sembrado de las espigas, y Caná, donde nos detuvimos para felicitar al Presidente que se llama P. Pedro Tempone, el cual nos obsequió muy amablemente. Serían las seis cuando entrábamos en Nazaret. Más tarde llegó el autobús de los niños-cantores que apuraron el día, y todavía increpaban al sol porque (decían ellos) ¡se había puesto demasiado pronto!

Fr. León Villuendas, ofm

De China. Nochebuena en las misiones de China

Los misioneros tenemos que pasar algunos ratos de resignación, no solamente por encontrarnos entre comunistas y ladrones, sino también por rozamos con gentes cuyo progreso se halla lo mismo ahora que diez siglos atrás. Los chinos, dadas las doctrinas que les han dominado, han vivido fosilizados hasta principios del siglo xx, y aun siguen lo mismo en algunos rincones incomunicados del Shensi Septentrional. Mas Dios reparte sus gracias y consolaciones según las necesidades y condiciones de cada uno. Fue grande !a alegría que el Señor me envió el 25 de Diciembre del año 1932 al celebrar, por primera vez, la fiesta de Navidad, encontrándome solo en la misión.

Estaba preparándome para solemnizar la Nochebuena y el día de Navidad. No quería que ese año revistiera menos esplendor que los anteriores. Mas cuando ya lo tenía todo arreglado para la fiesta, he aquí que el 24, vigilia de Navidad, amaneció con los montes cubiertos de nieve. Uno de mis catequistas, por sobrenombre Mapolu, piadoso y fiel, me prestó grande ayuda en los preparativos, y al ver que la nieve había borrado completamente los senderos, con semblante triste me dijo: «Padre, se aguó la fiesta; los caminos se hallan intransitables; por lo que es difícil vengan cristianos de fuera a pasar la Nochebuena». A media mañana cesó de nevar, y al atardecer del 24 comenzaron a llegar individuos de varias cristiandades. Algunos venían de bastante lejos, de una distancia de más de 15 kilómetros. Tenían las alpargatas y las medias mojadas, pero estaban contentos y alegres por haber llegado sanos y salvos. ¡Qué ejemplo para los católicos de nuestra Patria!

Hasta la hora de Misa estuvieron los cristianos charlando y cantando alrededor de una hoguera que encendimos en medio del atrio de la misión. Entonces el termómetro marcaba diez bajo cero. Yo les toqué unas cuantas piezas con un gramófono prehistórico, que se lo habrán llevado ya los comunistas. ¡ Buen provecho les haga ! Por fin llegó la hora de celebrar, y todos se reunieron en la iglesia. Entre los asistentes habían muchos catecúmenos. Entonamos la misa de Angelis, que cantamos a dos coros; un servidor uno, y mi schola cantorum (si así puede llamarse aquel grupo de hombres que berreaban) otro. Terminado el evangelio prediqué por primera vez en chino; no sé lo que entenderían los oyentes. Antes y después de la misa rezaron algunas preces y cantaron villancicos en honor de Jesús Niño.

Al clarear el día celebré la segunda misa rezada, y en ella tuve el placer de distribuir un centenar de comuniones, que fueron precedidas de otras tantas confesiones. La tercera misa fue cantada, interpretándose la de Angelis, que es la única que saben y aun ¡Dios sabe cómo! Terminadas las misas vinieron en grupitos a saludarme a mi habitación, la cual resultaba incapaz para tanta gente.

A media mañana, reunidos todos los cristianos me felicitaron, y los niños de la escuela del catecismo entonaron en mi honor algunos cantos. El maestro dio a los muchachos las gracias en mi nombre, y después les tiré unas jofainas de jínjoles; éstos son más grandes y dulces que los de España, y por su tamaño parecen dátiles. ¡Cosa rara, hombres ya maduros recogían con placer los jínjoles como en nuestra Patria los pequeñuelos los confites que arroja el padrino terminado el bautismo! Esto lo he observado muchas veces.

En esta solemnidad no faltaron en todos los puntos vistosos de la residencia anuncios escritos sobre papel rojo con caracteres bien negros. En ellos se indica que Jesús se hizo hombre por nosotros; que vino al mundo para abrirnos las puertas del cielo, etc., etc. Los anuncios son indispensables en cualquier fiesta, ya sea pagana ya cristiana. Hubo también cohetes, sin los cuales cualquier fiesta resulta pobre.

Los misioneros, en estas ocasiones, damos a todos los cristianos huéspedes que vienen de lejos la comida. De esto no se extrañen, ya que en aquellos rincones del Shensi no hay fondas, ni posadas, y la gente es sumamente pobre, y, además, como cristianos recién bautizados, su fe todavía no es robusta.

Doy fin rogando a los lectores que no olviden en sus oraciones a nuestro Vicariato de Jenanfú, que se encuentra bajo la dominación terrorista del comunismo chino.

Fr. Fabián Castellá, ofm

De Onteniente. Solemne Quinario

Como se viene practicando en años anteriores, la V. O. T. de esta Ciudad se ha preparado para celebrar su fiesta anual al Seráfico Patriarca con un Quinario, que ha revestido extraordinaria solemnidad por ser el Séptimo Centenario de la Canonización de Santa Isabel de Hungría. Los cultos se celebraron en nuestra antigua Iglesia de San Francisco, consistiendo en Misa explicada y comunión y por la tarde la Corona Franciscana, sermón y el Ejercicio de las Llagas.

La fiesta principal que fue el domingo 24 de Noviembre, se celebró en la Iglesia del Colegio de la Concepción. A las siete y media, Misa solemnemente cantada y Comunión general a la que concurrieron gran número de fervorosos terciarios, principalmente de la Partida del Plá. A las tres y media de la tarde, se cantaron preciosos trisagios, y a continuación, el predicador del Quinario, el Padre Rector, Fr. Luis Mestre, con su castizo y abrasado lenguaje presentó a Nuestro Padre y a Santa Isabel como modelos acabados de las virtudes de Jesucristo, de quien habló durante los cinco días precedentes, logrando encender en el auditorio sentimientos de amor y deseos de conformidad con Jesucristo.

Como recuerdo de esta fecha tan memorable para los Terciarios se ha instituido la «Obra Misional Franciscana» para prestar con la oración, sacrificios y limosnas ayuda eficaz a nuestras misiones. La enhorabuena al Padre Visitador y a la Junta organizadora de estos cultos.

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Onteniente. El Cabildo de Infantes de la Inmaculada al pie del monumento de la Patrona, en el claustro del Colegio de segunda enseñanza

La Purísima en el Colegio
El Colegio de la Concepción todos los años solemniza con grandes fiestas a su Patrona. Y de extraordinarias pueden considerarse las últimamente celebradas. De ellas queremos sólo recoger unas notas.

¡Día de la Inmaculada en el Colegio! Como golondrinas llegadas de lugares tan distintos, empujados por el corazón, llegan antiguos alumnos hasta los muros de su antigua casa, la que les albergó de niños, en la que vivieron y soñaron unos años, por dichosos inolvidables. Ahora, pasado el tiempo aquellos niños son ya unos hombres ocupados en distintas actividades, pero como la lucecita que se encendió en su alma en el colegio permanece inextinguible, a él retornan, para refrescar recuerdos, para vivir unas horas de deliciosa hermandad con los que fueron sus hermanos en el mismo infantil aprender... Y en este día de la Inmaculada de este año hemos visto más antiguos colegiales que en otro alguno por los claustros y comedores de este colegio, que para ellos es y será siempre el suyo...

¡Qué alborozada está la colmenita de los doscientos y pico de colegiales en las fiestas de su Virgen! Se cerraron los libros —corto paréntesis de dos días— para homenajear completa, absolutamente a su Patrona. Y a lo largo de los bancos, en la primorosa iglesia del Colegio, hemos visto, fijos los ojos en la Inmaculada, a todos aquellos niños que antes que ser otra cosa —para eso estudian— quieren ser siempre buenos... Protectoramente, con íntima complacencia, les envía el Padre Samuel Leal, Prefecto del Colegio, al que en mucho se debe lo que el Colegio hoy es...

Fiestas religiosas de gran solemnidad en las que —ya que no falta nada— oficia el Padre Ricardo Pelufo, ministro provincial... Misa mayor, a cuatro voces mixtas. Una gran oración sagrada del P. Bernardino Mª Rubert. Adoración a la Virgen por el Cabildo de infantes de la Inmaculada, encarnado en unos colegialitos vestidos de raso y de seda, blanco y azul... Procesión larga, interminable.

La tradicional comida con que el Colegio obsequia todos los años a sus antiguos alumnos se vio concurrida Unos, los más jóvenes, comieron con los colegiales; los más antiguos en comedor aparte. Las presidencias de esta última mesa, artísticamente adornada, fueron ocupadas por el director del Colegio, don Jaime Miquel Lluch, y secretario, P. Joaquín Sanchis, y por el P. Samuel Leal y don José Simó. Entre los ex alumnos que se sentaron a ella recordamos a don José Ribera, don Julio Ferrer, don José Gironés, don José María García, don Ricardo Orero, don Rafael Galiana, P. Pacífico Torres, don Enrique Abad, don Francisco Amorós, don Ricardo Sanegre, don José Osea, don Rafael Esteve, don Ramón Revert, don Manuel Reig, don José María Samper y don Gonzalo Soler. Por todos los reunidos se hicieron votos fervientes para que su Colegio, este Colegio de la Concepción, pueda perseverar en su obra eficaz través de los días...

Todo lo que hasta aquí relatamos es como el eco de las fiestas anteriores, que con poca variedad de matices muestra los mismos rasgos de solemnidad, de devoción y de ternura a la Inmaculada, Patrona del Colegio. Pero hay algo más, hay que hacer resaltar lo nunca visto hasta ahora, que es la preponderancia que en esta fiesta ha tomado la Pía Unión de la Inmaculada y San Antonio, integrada, por los ex colegiales y por los familiares y amigos del Colegio. Por eso la Comunión se vio concurrida con la asistencia de lo más distinguido de la población entre damas, señoritas y caballeros, llegándose muchos de los concurrentes, después de la Misa, a investir la Medalla de la Congregación.

Este entusiasmo ha resaltado con la ofrenda a la Virgen de valiosos regalos que acaban de decorar el hermoso altar de la Patrona.

Ante todo, una piadosa familia, que cuenta un alumno en el Colegio, ha regalado, para el altar de la Virgen, unos manteles de crespón de seda, pintados a la perlada, que por su valor, novedad y esbeltez han sido la admiración de todos. Los alumnos internos y externos han hecho la ofrenda de dos hermosos tapices, que decoran los ambos lados del altar y que son muy bellas alegorías del Colegio. Además, dos grandes candelabros de plata, que, puestos al pie de ambos tapices, esparcen sobre ellos y sobre el altar el resplandor de sus dieciséis lámparas respectivas.

Las señoras de la Pía Unión han hecho también la ofrenda de una mullida alfombra, que, como emblema de su ferviente piedad y amor, se extiende y recubre las plantas de su trono, dando realce a la magnificencia de su altar.

Otros muchos regalos que enriquecen el hermoso nicho de la Patrona han venido a completar el desborde del entusiasmo que la Pía Unión siente por su excelsa Patrona la Inmaculada. Otra nota saliente de la festividad ha sido la inauguración del Cabildo de Infantes de la Inmaculada. Catorce alumnos, elegantemente vestidos, con túnica azul de seda, con sus pellizas de seda blanca y caperuza canonjil, han llenado el altar para hacer la corte a la Virgen Inmaculada y la han cortejado igualmente en la solemne procesión de la tarde, dándole un realce magnífico y conmovedor.

Finalmente el complemento de las fiestas fueron las representaciones escénicas en las veladas del domingo y del lunes. La velada del domingo se inició con el cuadro escénico del Pecado de Adán y la Inmaculada, representado por los niños del Cabildo de Infantes. Después se puso en escena el juguete cómico Las cosas de Gómez, de Muñoz Seca y Pérez Fernández, en el que lucieron sus grandes aptitudes los alumnos del 5.° curso Monfort, Lechón, Guarinos, Martínez, Sanchis y Bolinches.

Se dio fin a la Velada del domingo con el sainete El alma en pena, de Fernando Rosales, que con bien acreditada vis cómica representaron los alumnos de 6.° curso Ripoll, Sicluna, Marrades (Julián) y Mollá.
En la Velada del lunes se repitieron los dos sainetes entremezclados con escogidas películas de cine.
Dignos de entusiastas felicitaciones son todos los que actuaron en las fiestas y sus directores que, con tanto desvelo y eficacia, han sabido orientar los anhelos y la buena voluntad tanto de los alumnos del Colegio como de los Congregantes de la Pía Unión y especialmente de sus Juntas directivas de señoras y de caballeros.

La Inmaculada colme a todos con sus gracias y bendiciones.

Episodios del Negrito Marabá

A petición de numerosos lectores de La Acción Antoniana, reanudamos desde el presente número la publicación de la hermosa novela, de costumbres africanas, Episodios del Negrito Marabá, original de nuestro colaborador P. Manuel Balaguer, O. F. M., antiguo director de esta revista. La última de estas narraciones salió en Diciembre de 1933.

Publicados ya los Episodios del Negrito Marabá en elegante volumen, dimos nuestro juicio crítico en Junio del pasado año. Forma un tomo de 166 páginas, ilustrado con grabados.

Luz y Sombras

También reanudáremos la publicación de la novela Luz y Sombras tan pronto recibamos el original del mismo, del que tenemos noticias nos será remitido en breve.

Fr. Francisco Monzó Pérez, in memoriam

En Valencia, en la paz del Señor duerme el sueño reposado de la muerte, desde el 19 del pasado Diciembre, el buen Hermano Fr. Francisco Monzó Pérez, habiendo recibido los Santos Sacramentos.

Nació en Fuente Encarroz el 21 de Febrero de 1863 y teniendo naturalmente inclinación a la virtud, se trasladó, joven aún, a Agullent donde prestó servicios inapreciables, como sacristán y limosnero, a las pobres Religiosas Capuchinas, de clausura, de aquella villa, dejando en todas partes el suave olor del buen ejemplo.

A los 35 años cumplidos fue admitido, como religioso de obediencia, en el Noviciado de Santo Espíritu del Monte, profesando el 14 de Septiembre de 1899.

Desde entonces hasta que se lo permitieron los achaques de la edad fue activo limosnero del Convento Seráfico de Benisa; pasando luego al Colegio de la Concepción de Onteniente donde estuvo al frente de los dormitorios; marchando, finalmente, al convento de Pego á formar parte de su Comunidad.

Afectado por mortal dolencia crónica, vino a Valencia, para someterse a una operación quirúrgica, que, si realizada felizmente, no pudo vencer su robusta complexión harto aquejada por los años.

A la Seráfica Provincia de Valencia que llora la muerte de uno. de sus mejores y más fervorosos hermanos Legos y a sus familiares, les acompañamos en su pena.