Índice del número 188
Agosto de 1944. Director: Fr. José A. Arnau.
- Mensaje de paz. La redacción.
La Asunción de María. A san Luis Obispo. Fr. Atanasio Jordá, ofm
¿Apto para menores?. Predica el Santo. Fr. Antonio de Padua
Unas reliquias insignes.- Fr. Luis Mestre, ofm
San Bartolomé, apóstol. Estampas evangélicas. Fr. Rafael Fuster, ofm - Consagración episcopal del Obispo de Teruel.
San Francisco de Asís. El Pregonero del Gran Rey. Fr. José Antonio Arnau, ofm
Martes y trece. Fr. Manuel Balaguer, ofm
¿Qué es la muerte?
Las consecuencias de la guerra. Fr. Luis Ángel
Noticias.
Mensaje de paz
En medio de los horrores de la guerra, entre el estruendo de los cañones y terrible zumbido de la aviación que arroja por doquier su mortífera carga, sembrando campos y ciudades de la más espantosa desolación, ¡qué sublime aparece el gesto del Sumo Pontífice en su llamada urgente a remediar tanto mal!
¡SOCORRO PARA LAS VICTIMAS DE LA GUERRA! ¡Son tantos los hogares deshechos por los azares de esta terrible, contienda.. ! ¡Cuánta penuria, cuánta pobreza, cuántas gentes sin pan y sin techo! El Santo Padre siente en estos momentos como una obsesión por remediar tantas calamidades No importa quién sea el desgraciado, pues es Padre común de la humanidad redimida. Su único afán es mitigar dolores, aliviar males, calmar la tremenda tempestad de odios, tan funesto azote del mundo paganizado de nuestros días.
Pero acaso signifique algo más esta noble invitación del Sumo Pontífice a la caridad. Acaso tenga mayor alcance que el simple remedio de unas necesidades urgentes e inaplazables. ¿No será, tal vez, el envío de la paloma mensajera de la paz desde la nave de la Iglesia, que navega hoy entre el oleaje agitado del mundo?
¡Ojalá reflexionaran serenamente las partes contendientes y pudiera volver la paloma mensajera con el ramito de olivo en su pico! ¿Estará, acaso, cerca ese día? Como quiera que sea, la paloma mensajera ha salido ya de la barca de San Pedro. Dios quiera que vuelva, presto con el anuncio feliz de la paz.
La Asunción de María, 15 de agosto
Llena de gracia en vuestra Concepción, En el plan de la excelsa Encarnación Por eso el cielo, al veros, se extasía ¿Quién era sino vos, ¡oh! Madre mía. Fr. Atanasio Jordá, ofm |
A San Luis Obispo
19 de agosto
Rosa primaveral de caridad, Estrella de divina claridad, Dichoso quien se ve favorecido lo que tu reputabas vil escoria; |
Predica el Santo
¿Apto para menores?
¡A cuántas conciencias acuciadas por terribles responsabilidades adormecen estas palabras!
—Es apta para menores—, defínese, para imponer silencio a la voz de la amiga intrusa o de la inexorable conciencia, que recriminan a la madrecita la libertad en que deja a sus niños. ,
—¡Ah!, no lo sabia; dispensa—, dice la amiga.
—Está bien, no te preocupes—, añade la conciencia.
Y la madrecita, tranquila y ufana, porque la amiga beata calla y la conciencia propia ha dejado de argüirle.
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Pues bien, te diré yo. Ha sido muy afortunado el que encontró esa fórmula, que, en su uso corriente, viene a resultar un excelente calmante de los remordimientos de las conciencias que todavía quedan. Pero que conviene hacerla rendir todo lo que contiene en su significado.
"Apta para menores". Lo lees después del anuncio de la película que proyectarán está tarde y muy tranquila dejas ir a tus niños.
Pero, dime: ¿Sabes s¡son aptas para menores las otras revistas o películas complementarias de la sesión? ¡Se llevan tantos chascos con ello aun los mayores! O también, ¿estás segura de que es apto para menores el ambiente: el salón, conversaciones, parejitas desaprensivas, la semioscuridad, las escenas que ruborizan, etcétera?
—S¡vamos así, difícil será encontrar nada apto para menores.
—Verdad dices, pues a poco que se miren las cosas, n¡la calle, n¡las conversaciones, n¡las lecturas, n¡las propagandas, n¡los escaparates, n¡los vestidos, n¡los bailes, n¡las playas, n¡las músicas, n¡los mismos hogares, tal como se desarrollan, son aptos para menores. Todo anda anegado en una ola de paganismo que inficiona el ambiente y envenena las tiernecitas almas de los niños.
¡Que daño tan terrible! Sus conciencias empiezan a deformarse desde el mismo momento en que empiezan a actuar. Y ¡claro!, los efectos son desastrosos, pues su transparencia se mancha antes de adquirir la consistencia necesaria para poder, ser limpiada, y su contextura es lacerada antes de constituir un núcleo fuerte, capaz de resistir los embates de los enemigos inevitables que se les presentarán en la vida.
El alma de los niños de hoy es un alma envejecida por el vicio de la sociedad que les cobija. ¡Qué pena da ver tantas conciencias corrompidas en sus mismos albores!
Jesús contemplaba esta acción funesta del mundo sobre las conciencias de los niños, y mirando a sus almitas destrozadas por el escándalo, lanzaba terrible anatema contra los causantes de tantoo desastre moral...
Y sus ángeles —los dé los niños— están ante el trono de Dios... ¿Qué hacen?. Piden castigo por tan horrendo crimen... Y el castigo cae duro sobre la humanidad, que tampoco es apta para menores...
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—¿Qué hacer, pues?...— Ya sé, tú no lo puedes remediar todo, pero, a lo menos, sí puedes hacer que tu hogar, que es tu reino, sea apto para menores; paró los tuyos, los que Dios te ha confiado y de los que, en su día, te pedirá estrecha cuenta...
Mira, hace pocos días acudía a mí, acongojada, una madre que, acuciada por la propia conciencia, llamó la atención de su hija, ya mayor, para que se amoldara a las normas de moralidad dictadas recientemente por el Prelado Diocesano. La hija no le hizo caso. Con un «A mí qué, lo mismo da», se la dejó plantada y continuó con sus vestidos cortos y sus aficiones a diversiones francamente peligrosas. Y a todo eso, va a misa, comulga, usa también su misal, etc.
¿Cómo explicar esta deformación de la conciencia? La madre no quería reconocer su culpa, pues procuró llevar a su hija a buenos colegios, vigiló sus compañías y la estimuló a que practicara la vida de piedad, y con todo...
Pero pronto reconoció su parte de culpa y que todo no era fruto del ambiente malo de afuera. Que en su hogar también tenía el veneno.
La hice revisar las paredes y repisas de su casa, y allí se dió cuenta de que las estrellas de cine o de baile, las escenas deportivas, reproducciones de bacanales o fiestas paganas, algún desnudo «clásico», ocupaban los puestos que antaño eran ornados con cuadros piadosos del Señor, de la Virgen, de los santos o de escenas bíblicas y patrióticas. Revisó también las revistas y novelas, y ¡ay qué cantidad de paganismo! Y miró el álbum de fotografías y.. ¡toda una revelación! Fotos de la niña pequeña completamente desnuda o, cuando ya mayorcita, en traje de baño, en la playa, jugueteando con otros amiguitos, etc...
—¿Qué? ¡Son recuerdos!
—Es verdad, recuerdos de cuando empezó a perder el pudor, salvaguardia de la modestia cristiana...
La madre quedó llorando. Yo la dejé con el corazón amargado, para decir a los padres cristianos:
Procurad que vuestros hogares sean aptos para menores.
Fr. Antonio de Padua
Lo que desean las lágrimas
—Cae, cae gota de agua cristalina —dijo el espíritu que escucha y cumple los deseos de las cosas—. ¿Qué deseas ser, gota de agua que caes de la roca?
—Perla—, contestó la gota, y se convirtió en blanquísima perla.
—Brilla, brilla, blanquísima perla. ¿En qué deseas convertirte, perla clara?—, preguntó el espíritu a la perla que blanquea sobre el cuello de una joven bella.
—En lágrima.— Y la perla se convirtió en gota de llanto.
—Cae, lágrima temblorosa, cae. ¿Qué quisieras ser?—, preguntó el espíritu a la gota de llanto que se desprendió de las pestañas para detenerse en los, labios.
—¡Nada ! No quiero ser nada—, contestó la lágrima.
Y la gota de llanto se desvaneció.
Y no fué nada.
¿Y qué otra cosa mejor hubiera podido ser después de haber sido la deliciosa expresión del dolor?
Cátulo Méndez
Unas reliquias insignes
En la Catedral de Valencia acaba de ser restaurada la capilla de San Luis Obispo.
El altar central de esta capilla ha sido dedicado a la Virgen de Loreto, Patrona del cuerpo de Aviación. El altar de la parte del evangelio guarda y muestra a la veneración de los fieles los restos venerables de San Luis, Obispo de Tolosa, santo de gloriosa tradición franciscana, española y valenciana. El del lado de la epístola ostenta un hermoso lienzo de San Sebastián Mártir, debido al pincel de Pedro Orrente.
La capilla es alegre y devota. Alegre por los mármoles y oro de sus altares, por el estucado blanco de sus paredes, por la abundante luz con que la iluminan los ventanales de su esbelta cúpula. Devota por la sobriedad y elegancia de su decorado, atinadamente dispuesto para ciar realce a las reliquias e imágenes que en la capilla se veneran.
En el altar de San Luis Obispo, una amplia hornacina acoge amorosamente las reliquias insignes de este santo obispo, que murió antes de haber cumplido los veinticuatro años de edad. Les sirve de artístico marco una talla de madera plateada, a cuyos lados dos efigies de personas reales, cubiertas de purísimo oro, que representan al padre y la madre del Santo, se inclinan hacia él en actitud reverente y devota. Una hermosa estatua de alado mancebo remata la parte alta, en actitud de inclinarse para señalar a todos con su dedo extendido las sagradas reliquias.
Hállanse éstas encerradas en un hermoso busto, que guarda la cabeza del Santo, y en una artística urna que contiene los restantes huesos. La urna ocupa la parte baja; el busto, lo más abierto y vistoso de todo el conjunto. El busto, que representa a San Luis, con ornamentos sagrados y mitra, es de plata primorosamente trabajada, y encierra, como hermosa perla en el relicario de su pecho, dejándolo ver por ventanilla de cristal, el cráneo y el maxilar inferior del Santo. La preciosa urna, de plata sobredorada, y finamente cincelada, contiene los huesos largos y los huesos planos del cuerpo de San Luis, dispuestos en dos grupos, que pueden observarse a través de los cristales de la urna. Colocada ésta en el altar, sólo queda visible para los fieles el grupo de los huesos largos, situado en la parte anterior.
Posee la Catedral de Valencia estas reliquias de San Luis Obispo desde 1425, en que las entregó al cabildo el rey Alfonso V el Magnánimo, traídas de Marsella como trofeo de la victoria que consiguió sobre aquella ciudad, en cuyo convento de Franciscanos estaba sepultado San Luis. Al regresar con las reliquias de Marsella a Valencia la armada real, levantóse en el mar furiosa tormenta que puso en peligro la vida de los tripulantes. Invocó el Rey a San Luis, con cuya familia estaba emparentado y de quien era muy devoto, y al momento se calmo el mar y arribaron venturosamente todas las naves al puerto de Valencia. Se organizó una procesión, presidida por el Rey y por el Arzobispo, desde el puerto a la Catedral, para el traslado de las reliquias; se colocaron éstas en la Catedral; hubo fiestas en honor de San Luis; la diócesis consiguió privilegio para rezar del Santo con rito clásico en el día de su fiesta; se concedieron indulgencias a los fieles que visitaran sus reliquias y perduró, sin extinguirse nunca, la profunda devoción de la familia real y del pueblo valenciano a su especial protector San Luis Obispo.

Relicario del cuerpo de San Luis de Anjou, que se trajo a Valencia el Rey Alfonso el Magnánimo cuando conquistó Marsella. Se expone en la capilla dedicada al santo, junto a un busto de plata que guarda el cráneo
No escasean preclaras pruebas de esta acendrada devoción. Alfonso el Magnánimo, por sus grandes servicios a la Iglesia, alcanzó del Papa para Valencia el derecho de poseer perpetuamente las reliquias de San Luis Obispo. Se iniciaron gestiones para permutar el cuerpo de San Luis con el de San Vicente Ferrer, que está en Francia, y no tuvieron las gestiones el resultado que esperaban los franceses. La divina Providencia que nos legó estas insignes reliquias veló para que no saliesen de Valencia.
El Beato Juan de Ribera regaló una lámpara de plata que debía arder perpetuamente ante las reliquias de San Luis Obispo, con aceite pagado por el Colegio del Patriarca. Fernando el Católico, intérprete y participante de la devoción de Valencia a San Luis Obispo, se negó a entregar sus reliquias a Carlos VIII de Francia, quien le ofrecía, en cambio, la devolución a España del Rosellón y la Cerdeña. Supo obrar el Rey de España como buen católico y buen político. El Rosellón no pertenecería hoy a España; las reliquias de San Luis todavía se veneran en Valencia. Salieron de la Catedral para ser guardadas cautelosamente en el Ayuntamiento, de la ciudad cuando rugió en ella el sectarismo rojo. Entregadas al Cabildo luego de la liberación de Valencia, y debidamente reconocidas y autenticadas, reciben de nuevo culto público en la Catedral.

El 19 de agosto se celebra su fiesta, que solemniza extraordinariamente el Cabildo. Arden todo el día luces ante las sagradas reliquias invitando a los fieles a venerarlas y a rezar ante ellas. Allí acuden, alegres y devotos, los hermanos de hábito de San Luis, los religiosos franciscanos, deseosos de imitar las virtudes del Santo para llegar a ser partícipes de su gloria. Allí acuden muchos devotos, y se congregaron alguna vez en corporación los terciarios franciscanos para oír misa en el altar del Santo y encomendarle la paz y la prosperidad de España.
De nuevo se nos invita a venerar devotamente las reliquias de San Luis Obispo. Fueron templo del Espíritu Santo e irradian todavía benéficos efluvios de la virtud y santidad de este joven angelical.
La tiara del Papa
Una de las insignias exclusivas del Romano Pontífice es la Tiara, que también recibe el nombre de Tirreño por las tres coronas que lleva en señal de las tres dignidades supremas: Pontífice, Doctor y Rey. La Tiara es una mitra alta, convexa, cerrada por su parte superior, ceñida por tres coronas preciosas, con una cruz sobre un globo por remate.
El uso de la Tiara se encuentra en el siglo IV, y este ornamento trae origen, imitando al que usaba el Sumo Sacerdote en el Antiguo Testamento. En su forma apenas ha variado; el globito con la cruz fué adaptado para significar el triunfo de la cruz sobre el mundo. El Papa San Silvestre consta que sobre la Tiara no usaba más que una corona de oro; el Papa Bonifacio VIII, en 1294, añadió otra corona, y el Papa Urbano V puso la tercera en 1363.
Es natural que la misma Tiara no podía venir bien a todos los Papas; así, León X tuvo que mandarse hacer una para sí, pues no podía usar la de su antecesor, que le caía muy desproporcionada.
Pío VII deshizo varias Tiaras para aprovechar las piedras preciosas y pagar la deuda contraída con Napoleón Bonaparte en el Tratado de Tolentino. Pío IX usaba una Tiara de cartón, adornada con las tres coronas preciosas.
A León XIII le regalaron una preciosísima Tiara con motivo de su jubileo sacerdotal.
La Tiara que usaba el Papa Pío XI tenía las coronas con ornamentación de olivos, símbolo de paz, y era un riquísimo regalo que ofrecieron los lombardos a su Papa, al Cardenal de Milán, Eminentísimo Aquiles Ratti.
Estampas evangélicas
San Bartolomé Apóstol
«¿Pero de Nazaret puede salir algo bueno...?» La conmoción había partido del bajo curso del Jordán, donde un hombre, vestido de áspero cilicio y ceñido con tosca correa de pie, acababa de señalar con el dedo a otro hombre extraordinario, que en su aspecto exterior nada tiene de especial, sino es su hermoso rostro y el encanto atractivo de unos ojos que penetran hasta lo más íntimo del alma. De los discípulos de Juan, dos quedaron tan prendados que se marcharon tras él... Esto sucedía en las riberas del Jordán, frente a Jericó, donde Juan bautizaba... Pero Jesús, que así se llamaba el hombre extraordinario, se dirige bien pronto a Galilea siguiendo el río Jordán, en dirección a sus fuentes. Le acompañan los dos discípulos referidos hasta el lago de Tiberíades, donde iba a engrosar la comitiva.
Mas tampoco se detiene en el lago, sino que, oriundo como es de Nazaret, hacia allá encamina definitivamente sus pasos, acompañado de los que ya son sus discípulos. Y qué afán de proselitismo se ha apoderado de ellos: Han llegado a la mitad del camino y Felipe se adelanta para enterar a Natanael, su amigo, de cuanto está pasando. ¡Se hallaba éste tan lejos de sospecharlo.. ! «Hemos hallado a aquel de quien hablan Moisés y los
profetas, a Jesús de Nazaret...» «Y ¿cómo puede ser esto s¡el refrán dice bien claro que nada ' bueno puede salir de allí?...» Y sin embargo, el famoso Rabí, que apresuraba sus pasos, iba a desmentir para siempre ese viejo proverbio ominoso para su patria. Natanael deja la amable sombra de su higuera y va con Felipe al encuentro de Jesús, quien al verle venir exclama: «He aquí un verdadero israelita...» La extrañeza de Natanael sube de punto al oír estas palabras y pregunta asombrado: «¿Pero de dónde me conoces tú? ..» ¿Acaso para el profeta predicho por Moisés había algo oculto o ignorado? «Cuando estabas debajo de la higuera, antes que te llamara Felipe, ya te había visto yo.» Natanael se siente delante de algo más que un hombre y rectifica su opinión anterior haciendo la primera confesión pública de la divinidad de Jesús: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el rey de Israel.»
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Tenía lugar esta escena, cargada de tanto lirismo, en los alrededores de Caná de Galilea, que, a otros recuerdos, une el de ser la patria de Natanael, más conocido por Bartolomé. Situada hacia la mitad del camino que conduce desde Tiberíades a la región montañosa de la baja Galilea, continúa hoy siendo un alto imprescindible, así para los que suben cíe las tierras calurosas del Genesaret copio para los que descienden de Nazaret y Séforis. El peregrino que ha recorrido fatigosamente los caminos polvorientos que suben desde el lago de Genesaret, siente aquí la necesidad (le respirar un poco el aire puro de la montaña , y el que desciende de la región montañosa hace también un alto antes (le emprender la pronunciada pendiente, que termina a 200 metros bajo el nivel del Mediterráneo. En uno y otro caso la patria de San Bartolomé ofrece al viajero un paisaje alegre risueño entre los campos bien cultivados de olivos y viñedos resaltan sus blancas casitas escalonadas sobre la ladera del monte. Su fuente, situada a las afueras v a poca distancia, en la parte meridional, se ve muy animada, sobre todo a mediodía v al atardecer, según es costumbre oriental. Un seto o vallado de chumberas protege al pueblecito contra los chacales, al par que ofrece a los pobres su no despreciable fruto.
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La choza e higuera a cuya sombra estaba sentado San Bartolomé cuando fue elegido apóstol de Cristo se hallaban situadas en los alrededores del villorrio, en dirección a Tiberíades. Aquella choza desapareció, lo mismo que la higuera, pero en su lugar levantose una capilla que ha hablado a muchas generaciones del primer encuentro de Jesús con Natanael. Allí todo habla de esa escena evangélica tan llena de poesía. Y la valiente confesión de Natanael alcanza su más alta expresión cuando en la peregrinación franciscana a este santuario, el día 24 de agosto, se canta este evangelio en la misa del santo apóstol. Jesús, el Hijo de Dios, reaparece en escena en el momento de la consagración: «Tú eres el Hijo de Dios; tú eres el rey de Israel.»
Fr. Rafael Fuster, ofm
[Notas biográficas del P. Rafael Fuster]
Escuela del Centro Antoniano

Grupo de niños de la escuela del Centro Antoniano, con los PP. Arnau, Torres y Taberner, el día de los exámenes.
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