Estampas evangélicas

Y su nombre será Jesús...

(La Circuncisión del Señor)

Transcurridos ocho días, al circuncidar al Niño, se le llamó Jesús, según que había sido predicho por el ángel antes de ser concebido. (Lc 2-21)

San Pablo resume en una frase muy jugosa la misión divina de Jesús entre los hombres: Llegado que hubo la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido ¿le mujer (como hombre) y sujeto a la Ley, para redimir a cuantos estaban sujetos a la Ley, a fin de que pudiéramos recibir la adopción de hijos de Dios. (Gal., 4-4.)

Todo judío entraba a formar parte del pueblo de Dios y quedaba sujeto a la Ley desde el momento de la circuncisión. Rito doloroso por demás era éste escogido por Dios con cierta significación simbólica, y que quiso sufriera el mismo Jesús en su carne redentora para empezar así a obrar la redención en la humanidad pecadora.

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Cuando Abrahán hubo dejado su patria y llegado a Palestina, fue elegido por Dios como cabeza de un gran pueblo, que había de ser numeroso como las estrellas del cielo y como la arena del mar. Sería ese pueblo teocrático, como nacido bajo los auspicios providenciales de Dios y para conservar la noción de ese Dios verdadero en medio de las aberraciones paganas de la idolatría. Ese pueblo, depositario de la divina revelación, había de vivir de esperanza en las promesas de un futuro Redentor. Con razón podría llamarse, como llamó San Pablo al Patriarca estirpe, padre de los creyentes. ¡Y cómo fue probada la fe de Abrahán ! ... Y a pesar de todo, jamás dudó ese gran Patriarca de la palabra de Aquel que da hijos a senos estériles y los devuelve a la vida ya muertos... La fe en las promesas del Redentor era el santo y seña del pueblo de Dios, pero su señal exterior era la de la circuncisión.

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Venía a cumplirse este rito por disposición divina a los ocho días de haber nacido el niño. Cualquier judío podía ser ministro de ella, aunque era preferido el padre mismo del niño, según fue la práctica antigua de los patriarcas, que lo practicaron por sí mismos en sus hijos. El primer niño judío circuncidado a los ocho día fue Isaac, por su propio padre Abrahán. Más tarde, para que resultara menos dolorosa esta operación quirúrgica, solía encomendarse a hombres prácticos, como solían ser los sacrificadores de animales domésticos.

En nuestro caso, ¿fue San José ministro de la circuncisión en Jesús? Si la práctica antigua, de origen patriarcal, era considerada como más perfecta, no cabe duda que San José añadiría este nuevo dolor a los que ya habían torturado su espíritu antes de nacer el Niño...

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Y a pesar del dolor que el recién nacido sufría en su cuerpecito, era considerado este día como uno de los más festivos para toda familia hebrea. La razón era porque el niño circuncidado se incorporaba a la familia espiritual del gran Patriarca y era ya de hecho heredero de las promesas mesiánicas. En prueba de ello se le daba un nombre, que estaría para siempre escrito en el libro de la vida, del cual quedaban excluidos, según posteriores tradiciones rabínicas, todos aquellos que no llevaban en su cuerpo la marca de la circuncisión...

Circuncisión del Señor

Circuncisión del Señor

La gruta de Belén estaba de fiesta, pues el divino Infante acababa de sufrir la dolorosa operación. El nombre que se le imponía terminaba con todos los exclusivismos de sangre y raza. En adelante el libro de la vida abría sus páginas a todo hijo de Abrahán, no según la carne, sino según el espíritu, ya que Jesús quiere decir Salvador, Redentor del mundo.

Fr. Rafael Fuster, ofm

[Nota biográfica del P. Rafael Fuster]

Jesús y la pobreza

¿Qué pide ese Niño
tan rico y tan pobre,
que es Rey y es vasallo,
que es Dios y que es hombre?

¿Qué busca en la tierra
quien sabe hacer soles,
estrellas fabrica,
y rige los orbes?

¿Por qué en un pesebre
Dios Niño se esconde
y llama a su lado
a humildes pastores?

¿No tiene en los cielos dulcísimos goces
y ejércitos de ángeles
que siempre le loen?

¿Qué piedra preciosa
por aquí perdióse
que viene a buscarla
con disfraz de pobre?

Lo que él aquí busca
nadie lo conoce,
ninguno lo aprecia
ni hay por qué le roben.

Busca la pobreza,
virtud la más noble,

Cenicienta humilde
sin luz ni colores.

Quien con esa piedra
sus sienes corone
tiene derecho a un trono
y a muy ricos dones.

Lo hallará del cielo
allá en las mansiones
do ya todo es suyo
sólo por ser pobre.

El que siendo rico
tal bien ambicione,
aquí con limosnas
a él que se lo compre.

Que es bien infinito
y no hay quien lo agote,
y habrá para todos,
sean ricos o pobres.

Comprad a buen precio
con lo que aquí os sobre
lo que bien sabéis
que vale millones.

La vida es mercado,
cambiad de valores;
se os dará un imperio
por míseros dones.

Fr. Luis Ángel, ofm

[Nota biográfica del P. Luis Ángel]