A dónde vamos a parar...

¡Qué sabrosos comentarios se han hecho al año que hace poco expiró! Los ha habido para todos los gustos: alegres, satíricos, jocosos y hasta serios; y es que cada uno mira al tiempo que corre según es la posición que adopta en la vida. Un hombre de negocios lo suele enfocar según su libro de partida doble; un hombre de la calle se revuelve contra el cielo cuando la lluvia u otro fenómeno atmosférico desbarata sus planes, y el que se da a una vida alegre de todo saca partido exprimiendo la gotita de placer que ofrece todo gaudeamus de la vida.

Pero hay momentos en la vida que no es para tomarla en bromo. ya que la seriedad de las cosas se impone, y es precisamente el caso del célebre dramaturgo inglés Bernard Shaw. Este famoso escritor es abordado por sus admiradores y amigos con motivo del año nuevo hoy va en curso, esperando oír de sus labios alguna frase ingeniosa que les proporcionara un rato de buen humor.

—¿Su pronóstico para el año 1945, sir?

—¿Cómo?... ¡Ah!, ni siquiera sé yo lo que va a ocurrir en 1945.

Bernard Shaw parece preocupado, tal vez, por algo serio. Su pronóstico es del célebre dramaturgo; ¡pero qué ironía más escéptica encierra su frase!

Más allá todavía va otro comentarista inglés de actualidad. Y adónde vamos a parar..., reza el título de su comentario. ¿Puede darse título más sugestivo para los tiempos que corremos? Es sin duda la guerra, con sus trágicas consecuencias, lo que habrá inspirado semejante comentario, que, por lo demás, se presta a serias y provechosas meditaciones. ¿De dónde partieron las naciones beligerantes de uno y otro bando? De la prosperidad y abundancia. ¿Y adónde van a parar? A un mar caótico de sangre y lágrimas, a la ruina y la miseria más espantosa.

Sólo se conoce un bien cuando se ha perdido. Y la paz, el bien por excelencia, solamente se aprecia en su justo valor cuando se tocan las amargas consecuencias de la guerra.

¡Qué bien debe haber meditado sobre estos temas nuestra gran Caudillo, artífice insuperable de la paz!

Con su talento privilegiado y su pulso firme va guiando los destinos de la Patria entre mil escollos de un ambiente internacional en confusión.

Dichosos los pueblos que tales gobernantes tienen. Un horizonte: despejado de orden y de trabajo los lleva tranquilos por el camino de la prosperidad y de la paz.

P. R.

Habla el Papa

Pío XII"En un Pueblo digno de tal nombre el ciudadano siente en sí mismo la conciencia de su responsabilidad de sus deberes y de sus derechos; su libertad, unida al respeto de la libertad y dignidad de los demás. En un pueblo digno de tal nombre todas las desigualdades, que proceden no del arbitrio, sino de la naturaleza misma de las cosas, desigualdad de cultura, bienes, profesión social, sin menoscabo, por supuesto, de la justicia y de la caridad cristiana, no son de ninguna manera obstáculos a la existencia y al predominio de un auténtico espíritu de comunidad y fraternidad. Más aún: esas desigualdades, lejos de lesionar en manera alguna la igualdad civil, le dan su significado legítimo, es decir, que ante el Estado cada uno tiene derecho de vivir honradamente su existencia personal en el puesto y en las condiciones en que los designios y la disposición de la Providencia le han colocado.

Como antítesis de este cuadro del ideal democrático de la libertad e igualdad en un Pueblo gobernado por manos honestas y privadas, ¡qué espectáculo presenta un Estado democrático dejado al arbitrio de la masa! La libertad del deber moral de la persona se transforma en pretensión."

Pío XII. Mensaje de Navidad 1944.

 

Estampas evangélicas

En la Purificación de María
y Presentación de Jesús

Es también a San Lucas a quien debemos este dato de la infancia de Jesús, que nos ofrece con bastantes pormenores: Transcurridos los días prescritos para su purificación (de María), según la ley de Moisés, le llevaron (al Niño) a Jerusalén para presentarle al Señor...

¿Cuándo tuvo lugar este rito?

La ley mosáica prescribía que toda mujer hebrea fuese considerada impura después del parto y permaneciese apartada durante cuarenta días si era madre de varón, y durante ochenta si lo era de hembra. Pasado este tiempo debía presentarse en el Templo para purificarse y hacer una ofrenda con destino a los pobres, que tratándose de mujer pobre consistía en dos tórtolas o dos pichoncitos. Y este, precisamente, fué el caso de María.

María debió partir de Belén para cumplir este rito, pues los datos que nos ofrece San Lucas relativos a la infancia de Jesús podrían encuadrarse en su cronología de la manera siguiente:

Pero a estos datos hay que añadir los que aporta San Mateo, desprovistos, por cierto, de las circunstancias históricas necesarias para poderlos ajustar con certeza a la cronología de este primer período de la vida de Jesús. Y es que a San Mateo no le preocupaba otra cosa que señalar el cumplimiento de las profecías mesiánicas en Jesús, como lo hace en sus relatos de los Magos; de la cruel persecución movida por Herodes contra los niños betlemitas; de la huida precipitada a Egipto de la Santa Familia, y de su vuelta a Nazaret.

Purificación de María

Presentación de Jesús en el templo y Purificación de María

Y ¿por qué este rito judío?...

Vivían los israelitas en Egipto los últimos momentos de su esclavitud, y un forcejeo tenaz entre Moisés, enviado de Dios, y Faraón, prolongaba el destierro del pueblo de Dios. Mas de improviso cambió de conducta el Faraón ante un hecho inesperado: la muerte de todo primogénito, así en hombres como en animales, ocurrida en la noche del 14 del mes de Nisan. Pero lo que fue terriblemente trágico para los egipcios resultó sobremanera providencial para los hebreos, que abandonaron aquella misma noche para siempre las tierras del Nilo, camino de la Tierra Prometida. Y como Dios había librado de manera tan prodigiosa a todo primogénito israelita de la muerte, se reservaba desde ese momento el derecho sobre ellos, debiendo ser rescatado todo primer nacido varón por la cantidad de 5 siclos, como unas 20 pesetas oro.

María, la ladre de Jesús, aunque no estaba comprendida en la ley de Moisés dicha por no haber sido madre al estilo de las demás madres de Israel, se presenta en el Templo acompañada de San José y llevando al Niño Jesús, que contaba cuarenta días. Al parecer, era una de tantas madres que acudían a Jerusalén con la ofrenda por su purificación y con los siclos del rescate de su primogénito; pero, ¡qué diferencia entre María y las otras mujeres y entre el Niño que lleva en brazos con los que llevaban otras madres!... Así lo reveló el Espíritu del Señor a dos ancianos timoratos que se encontraban en ese momento en el Templo, Ana y Simeón. El nunc dimittis... de Simeón, el justo, al par que suena a canto de cisne por las ansias tantos años reprimidas de saludar al futuro Mesías ya presente, es la cláusula final puesta a aquel simbólico rito que acaban de cumplir María y Jesús. Ya apunta la Luz revelada a todos los pueblos gentiles que vivían en la noche del error... Y la gloria de Israel está llegando a su apogeo; y las aspiraciones de los Patriarcas se ven cumplidas, puesto que el Mesías tan esperado ya está en su Templo... Y una espada de siete filos empieza a hundirse en el pecho de María, la Madre del Redentor.

Fr. Rafael Fuster, ofm

[Nota biográfica del P. Rafael Fuster]