Predica el Santo

Juventud que ríe neciamente ante el peligro

No sé si lo vi, o fue sueño, o más bien extraño presentimiento...

Una parejita alegre y confiada, sin preocupaciones morales ni siquiera de orden social, jugueteaba cínicamente y reía desvergonzadamente... ; detrás, a unos centímetros, se abría el abismo... Su risa sonaba a vidrios rotos en estrepitosa caída...

Pasó como relámpago la visión, el sueño o el presentimiento; pero quedó en mi corazón el temor por la juventud necia que ríe ante el peligro del pecado...

Jóvenes, pensad.

codón

Para un cristiano que de tal se precia, el gran peligro no es el de la muerte, sino el peligro del pecado y el peligro de la condenación. Ante la muerte un cristiano puede alegrarse con esa alegría transparente, completamente penetrada de esperanza, inflamada de amor, que vibra por entero a la proximidad de Dios que se acerca.

Pero ante el pecado a cometer o cometido el cristiano jamás ríe. Ante la posible condenación no ríe nunca. Tiembla, palidece, se perturba, tiene miedo; pero no ríe...

La juventud necia, en cambio, sí ríe...

¿Y sabéis lo que significó esa risa? ...

codón

Esa risa dice: ¡Bah, no es nada!...

»Nada es la tentación..., pues la tentación es el placer que se ofrece, es el instinto de la naturaleza que se ejercita, es una nueva experiencia a ensayar. Esto pone un poco de variedad en la monotonía de la vida..., una emoción inédita, un, gozo imprevisto. ¿Por qué entonces no reír? ...
»Nada es el pecado, porque la debilidad lo excusa..., y tiene ese raro sabor de los frutos prohibidos... y que se perdona fácilmente..., que, por otra parte, trae provecho... que se puede olvidar pronto, pues en el montón tanto da un grano más que menos... ¿Por qué entonces dejar de reír? ...

»No es nada la condenación, porque acaso no existe, ya que la farsa del diablo es una broma pueril..., v la ausencia de Dios no es tan dolorosa como se dice... v en último resultado está el recurso, antes de la gran caída, de cogerse bien de las ramas... ¿Por qué mientras se espera no reír? ... ¿Por qué?...»

...Y así esa juventud loca y necia continúa riendo, vive riendo, se divierte riendo, baila riendo...

Sin embargo, debajo del piso del salón está la eternidad. Y tarde o temprano el piso se derrumba...

Si el Evangelio es falso, esa risa tiene su razón. Si el Evangelio es la verdad, esa risa es necia, loca...

El Evangelio es verdadero. Y fue a propósito de esa risa cuando Jesús dijo ¡Ay de vosotros, los que reís!...

Después de haber reído con esta risa casi toda su vida, Voltaire no la podía ya tener cuando agonizaba. Menos cínicamente que él, pero no menos imprudentemente, muchos jóvenes se la permiten...

Esa es su respuesta a las advertencias que se les hace. Es su manera de acoger toda tentativa de apostolado acerca de ellos para hacerles bien.

Esa risa todo lo resuelve, todo lo rechaza, todo lo hace inútil...

¿Qué encanto mágico encuentran con su risa? Me pregunto... Acaso el encanto de un orgullo que triunfa de momento o el encanto de la desenvoltura de que presumen; tal vez el encanto del clamor que no deja oír el gemido del deber pisoteado o la voz de la conciencia destrozada... Quizá ningún encanto, v sea tan sólo la mueca del vacío, de la soledad del alma...

Joven, ante el peligro del pecado no rías; más bien piensa, medita, ora.

Fr. Antonio de Padua

San Antonio de Padua modelo cristiano de nuestros tiempos

«Del mismo modo que San Antonio en su tormentosa época, infectada por perversas costumbres, la ilustró con cristiana sabiduría y la penetró con la suavidad de su virtud, así debemos esperar que, traído a la mente y a los ánimos de muchos..., también a nuestro siglo, olvidado de Dios y de la eterna bienaventuranza, sacudido por el oleaje de la voluptuosidad y desbordamiento ambicioso de la humana grandeza, lo excitará y atraerá con su ejemplo a las cosas más grandes y más nobles para las cuales hemos sido redimidos...»

(De la carta encíclica de Pío XI en el séptimo centenario de la muerte de San Antonio)

Estampas evangélicas

Las vísperas en san Juan de la Montaña

El reloj marca las tres de la tarde y el sol cae tan aplomado que parece agrietar las rocas de las montañas peladas que rodean a Jerusalén. No sin razón dieron los hebreos a estos momentos del día el nombre de hom hayom, calor del día. Lanzarse al campo a esas horas, cuando los viajes se hacían a pie o montado en burro, hubiera sido temerario para quien no fuera indígena. Y aún éstos se cuidan mucho de envolver bien su cabeza y cara con el blanco kefieh, al estilo beduino. Pero hoy, cuando se viaja cómoda y rápidamente en coche, se puede salir en Palestina a todas las horas del día. ¿Y qué son 6 kilómetros para un buen automóvil? Pues esa es la distancia que media entre Jerusalén y Ain-Karem, a donde nos dirigimos.

Ain-Karem es un pueblecito enclavado en la región montañosa del noroeste de Jerusalén. Su nombre, en la forma actual, es de origen árabe, y fue dado a este lugar, sin duda, por la abundante fuente que nace en su extremidad occidental. Los bizantinos llamaban a este lugar, como el Evangelio de San Lucas, Oreine, y desde los cruzados parece volverse a esta primera designación con el nombre de San Juan in montana. Situado en la vertiente meridional del Wadi Sorec, tan celebrado por sus famosos viñedos que proporcionaban el mejor vino de Palestina, dedícanse aún hoy sus habitantes al cultivo de la vid.

Su población actual es aproximadamente de 1.500 habitantes, de los que sólo unos 200 son católicos y otros tantos cismáticos. El resto son secuaces de Mahoma. Y parecen impermeables a la gracia de la conversión, a pesar del celo misionero desplegado por los franciscanos que rigen la parroquia y por los dos institutos religiosos femeninos que cooperan a la obra misionera de los franciscanos con sus escuelas de niñas y jóvenes musulmanes. Estas religiosas son las franciscanas misioneras de Egipto y las llamadas damas de Sión.

***

Son las tres de la tarde del día 23 de junio y urge llegar a Ain-Karem a hora de vísperas. El autocar está esperando motor en marcha. ¡Qué emoción tan grata tomar parte en estas peregrinaciones religiosas en el mismo país de Jesús!

El auto ha empezado a rodar y nos lleva a marcha discreta por la carretera de Jafa. Ha corrido un kilómetro y deja esta carretera torciendo en dirección Oeste. Bien pronto cruzamos la avenida principal de la moderna colonia judía emplazada en estos alrededores de la Ciudad Santa. Son judíos europeos, como se ve por su porte personal y los lindos hotelitos rodeados de jardines. ¡Qué contraste entre este paisaje y el que le rodea, todo árido y seco! Lo que prueba que Tierra Santa fue la tierra bendita que manaba leche y miel, pues apenas la acaricia un poco la mano del hombre sonríe agradecida a su bienhechor.

Y atravesada la colonia judía, hemos llegado momentos después al punto más alto de la carretera. ¡Vaya panorama hermoso! Jerusalén se ha escondido detrás a nuestra espalda; hacia el Sur se abre la famosa llanura bíblica Refaim, una de las estaciones prehistóricas más notables de Palestina. El Mare Nostrum asoma de vez en cuando por algún boquete, dejándose ver dilatado en la costa de Larón, y nos envía su brisa deliciosa. Por el Norte el terreno, tan variado y accidentado, está limitado por Nebi Samuel, la antigua Gabaón de la Biblia.

***

Pero no hay tiempo que perder contemplando el panorama. Nuestro autocar ha cesado de roncar y cambia de marcha; la cuesta arriba ha terminado y viene ahora una larga pendiente abajo, que recorre el vehículo como un borracho, vendo de aquí para allá en una serie interminable de revueltas y zig-zags. Y gracias al rechinar de los frenos, no vamos rodando al hondo barranco que bordea la carretera o camino vecinal. Y para colmo de nuestros males, cesó el airecillo fresco y una nube de polvo va quedando atrás, no sin envolvernos a veces a nosotros. Pero todo tiene su fin, y nuestro viaje toca al suyo con gran sorpresa de los que vienen por primera vez, ya que el pueblecito aparece de improviso al llegar al último recodo de la carretera.

Las campanas de la torre suenan alegres y repiquetean sin cesar. La Comunidad franciscana está en formación religiosa y aguarda a la puerta de la iglesia. El primero en descender del coche es un fraile de media talla, macizo de carnes, cuya simpática cara se esconde tras una monumental barba, que va arreglando con su mano izquierda al tiempo que saluda a todos con franqueza franciscana. Cualquiera que haya visto una fotografía del actual Obispo de Teruel de sus años de misionero en Palestina diría que ese fraile era él y no se equivocaría.

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Momentos después suena el órgano festivo y el coro va repitiendo una tras otra las hermosas antífonas de tanto sabor bíblico, como inspiradas en el capítulo primero de San Lucas: De una mujer estéril ha nacido el Precursor del Señor. Ese niño ha de llamarse Juan y su nacimiento será la alegría de muchos. Como nazir o consagrado a Dios, no comerá cosa inmunda ni beberá nada espumoso. El será grande ante el Señor, cuya mano se verá manifiesta en él. Y precederá al Señor, investido del espíritu de Elías, para prepararle un pueblo.

La iglesia de San Juan in montana, de estilo renacimiento, tiene algo que sabe a España. Sus rectores, los franciscanos, son españoles, como español fue el favor con que nuestros monarcas la tutelaron. Consta la iglesia de tres naves, estando la central coronada por una muy airosa y esbelta cúpula. La nave lateral de la izquierda termina en una capilla algo rebajada del suelo de la iglesia, en cuyo fondo se ve un altar ricamente decorado y con un sinfín de lámparas votivas al estilo oriental. Una inscripción dice así: Locos ubi natas est Johanes Baptista: "Este es el lugar donde nació San Juan Bautista."

Piadoso lector, descúbrete reverente, pues has entrado en tu imaginación en un lugar santo; el primero santificado por la presencia de Jesús, que desde el vientre de su Madre la Virgen Santísima santificó a San Juan, oculto aún en el seno de Santa Isabel.

Fr. Rafael Fuster, ofm

[Notas biográficas del P. Rafael Fuster]