Evocaciones de la Rábida
Por la asfaltada avenida de los Pinzones, que bordea las orillas del Odiel, corre veloz el coche que de la blanca y limpia Huelva nos ha de conducir al embarcadero de la Punta del Sebo. La visión del gran monumento a Cristóbal Colón, en la confluencia de los ríos Odiel y Tinto, despierta en nosotros la primera emoción evocadora de gestas pretéritas que abrieron los anchos horizontes marinos a los valientes españoles del siglo de oro. Una inmensa mole, sobre la que se yergue enigmático el gran navegante abrazado a una Cruz, nos detiene en absorta meditación. Colón mira, sobre las aguas inmensas del Océano, hacia sus tierras de América.
Fue el tributo de una noble escultora norteamericana, míster Whitney, que quiso perpetuar el agradecimiento de los Estados de la Unión al intrépido descubridor. Allá enfrente, a la otra orilla del Tinto, se levanta el cenobio franciscano, rodeado de verdor y esbeltas palmeras que adornan las espaciosas avenidas de La Rábida. A medida que avanza nuestra canoa para salvar las distancias del río, aquí convertido ya en mar, va destacándose la silueta del convento en su arquitectura netamente franciscana. Junto al embarcadero de La Rábida tropezamos con otro monumento de menos gracia y acertado simbolismo.

La inscripción labrada en sus sillares nos recuerda el vuelo atrevido del Plus Ultra desde Palos ele Moguer a Buenos Aires. Los periodistas argentinos quisieron perpetuar esta grandiosa empresa esculpiendo en la piedra del monumento los nombres de los arrojados aviadores, émulos en el aire, de los marinos que por vez primera surcaron el mar tenebroso. En la ascensión al convento nos detenemos a contemplar los restos de lo que fue la gran palmera que vio pasar bajo sus sombras a Colón y sus hombres camino de locos derroteros. Una gruesa cadena circunda y guarda la tierra que dio vida durante varios siglos al histórico arbusto.
La algazara de la juventud universitaria ha invadido los claustros silenciosos del convento. A su puerta encontró Colón refrigerio para su hijo hambriento y ancha comprensión a sus planes fantásticos. El convento, a pesar de sus reformas, conserva todavía su sabor primitivo. Su patio rectangular, de arcadas mudéjares sobre capiteles octogonales, está profusamente adornado con los colores vivos de las banderas americanas. La española se ve cortejada por todas sus hijas.
Rojo, azul y blanco son los colores preferidos, que se convirtieron en símbolos de nuevas nacionalidades. Una ancha franja amarilla para tíos naciones andinas y la verde para Méjico y Brasil; muchas estrellas, que destacan sobre límpido fondo azul, y el sol argentino en ansias de iluminar a pueblos hermanos y de amortiguar la luz de otras estrellas...
El curso de verano principia. Las autoridades de Huelva y Sevilla presidieron el acto de apertura. La palabra cálida y verbosa del Rdo. P. Provincial de los franciscanos de Andalucía inició la serie de discursos, que fueron continuados por el presidente de la Sociedad Colombina Onubense y el magnífico rector de la Universidad de Sevilla, don José Mariano Mota Salado, virtuoso terciario franciscano que respira todo espiritualidad en el encanto de su persona sencillamente franciscana. La primera lección ha comenzado. Ahora se sucederán las sabias interpretaciones históricas de ilustres académicos, 41 en número, que desde las cátedras veraniegas de La Rábida nos evocarán el recuerdo de nuestras magnas proezas, fundición de espíritu y aventura, para que se conviertan en una realidad en las nuevas generaciones, forjadas en el yunque religioso y patriótico en que se fundieron los antiguos capitanes del Imperio.
Se hallan presentes 50 estudiantes españoles y portugueses, entre ellos varios religiosos de ambas nacionalidades. Valencia también acudió a esta cita. Faltan, sin embargo, los americanos, los hermanos de allende el Océano. Día vendrá, empero, en que los hijos de los conquistadores abrirán aquí sus corazones para llevarse a sus patrias el ideal insaciable de nuestra juventud estudiosa. Sembrarán allá las semillas de nuestro resurgir espiritual y germinarán cargadas con el fruto esplendoroso de la Hispanidad.

Convento franciscano de la Rábida
Los recuerdos colombinos suscitan por todas partes nuestra atención. En la iglesia, víctima del zarpazo vandálico, desapareció el Cristo de las Misericordias que dio alientos a Colón en su empresa. Queda, empero, la Virgen cita de los Milagros, ante la que se postraron devotos los marineros que completaron la geografía del mundo. Las paredes del recinto sagrado muestran furtivamente restos de unas pinturas atribuidas a Cristóbal Colón.
En los claustros superiores admiramos cuadros que representan momentos de la vida del navegante; facsímiles de cartas y pragmáticas reales; memorias de los primeros descubrimientos; una espada, de uno de los soldados de Hernán
Cortés, en la celda del P. Marchena; maquetas de las célebres carabelas y, entre otros recuerdos igualmente dignos, una urna conteniendo tierra negra de todos los pueblos del Nuevo Mundo, a la que rinden guardia en la Sala de Banderas los pabellones americanos, de bello y variado colorido.
¡La Rábida! Sueño de espíritus inquietos. Nostalgia de América. Evocación de un pretérito, presente en nuestro afán de continuidad histórica. Sayal franciscano y velas blancas de ágiles carabelas. Cruces y espacias. Mar y cielo. Horizontes ilimitados. Silueta de Cristóbal Colón abrazado a la Cruz, oteando sobre las inmensas aguas del Océano latitudes infinitas, estrechadas y limitadas por el espíritu español.
P. José López Gozálbez,
(La Rábida, Universidad de verano, septiembre 1945.)
[Nota biográfica del P. José López]
Consultorio religioso
S¡el ayuno y la abstinencia me causan dolores de cabeza, ¿puedo dejarlo?
Están excusadas del ayuno los enfermos, los convalecientes, los débiles, a quienes haría daño el ayunar. El mucho trabajo puede ser también motivo para. quedar libre de este precepto. Por consiguiente, s¡el dolor de cabeza es tal que le impide o dificulta notablemente el cumplimiento de sus deberes, usted queda dispensada del ayudo. Más difícil será dispensarla de la abstinencia, pues abstenerse un día de comer carne no suele hacer mal.
En caso de duda, diríjase a un confesor que tenga facultad de dispensar. La dispensa que él le dé es válida y lícita, aunque los motivos en que se funda sean más que dudosos.
¿Puede entrar en la iglesia y rezar allí uno que no esté bautizado?
Antiguamente las leyes de la Iglesia prohibían la entrada en el templo de los que no lo estaban. Hoy en día se puede decir que tal ley ya no existe. Por consiguiente, una persona que no está bautizada todavía podrá entrar en la Iglesia y puede rezar también; porque todas pueden rezar, aun los infieles. Pero sus oraciones no son tan eficaces n¡tan agradables a Dios como las de los buenos cristianos, porque no pertenecen al cuerpo místico de Jesucristo, que es la Iglesia.
¿Puede comulgar una persona enconada contra otra?
No puede comulgar. Primero debe perdonar. Encono quiere decir mala voluntad, rencor, odio. Es preciso deponer esa mala voluntad, ese rencor y odio antes de comulgar. Claro está que puede quedar en el fondo del alma, aún después de perdonar, un residuo de aversión y fastidio. Este residuo, no siendo voluntario, no impide la comunión. Más hasta será conveniente acercarse a Jesús, para que él imprima en nuestro ser sentimientos de amor, generosidad y simpatía por nuestros ofensores, por cuanto también ellos son hijos de Dios.
Estoy empleada, me voy a casar y m¡novio me pide que, ya casados, deje el empleo. Yo creo que él está equivocado... ¿Piensa como yo, Fr. Agnello?
Siento decirle que no, amable señorita. Comprendo sus razones: lo caro de la vida, las exigencias de la moda, la educación recibida para esa actividad, que imponen las circunstancias del momento, etc; pero precisamente ahí está la raíz de tantos males, como recientemente dijo el Papa, en haber descentrado a la mujer de su verdadero reino. Ella es el corazón del hogar, y toda actividad que se desarrolle fuera de él ha de ser en merma de la vida del mismo. ¿No le parece que el hogar de hoy padece de una anemia terrible? Y s¡la anemia en los individuos trae tantos trastornos, ¿qué no traerá la de las familias? Procure que el corazón del hogar, que es la esposa, trabaje bien y tendremos un hogar fuerte y robusto. Así que ya sabe dónde tendrá en adelante su trabajo: En casa. Reine allí y verá cómo su esposo —en futuro— estará contento y cada día se sentirá más atraído hacia las dulces horas del hogar cristiano.
¿Cumple con el precepto de la misa en los domingos el que está en pecado mortal?
Sí cumple, y por lo tanto, debe asistir, bajo pena de añadir nuevos pecados s¡no lo hace. Pero con ello no puede aumentar sus méritos delante de Dios, por estar enemistado con él por el pecado. Con todo, s¡está con devoción y humildad, puede merecer la gracia de su conversión, o sea, que Dios, compadecido de su miseria espiritual, le otorgue gracias especiales para que se reconozca, se arrepienta y se ponga en condiciones de recibir el perdón.
Por esto comprenderá nuestro amable consultante lo equivocados que están los que creen que, ya en pecado, es inútil hacer obras buenas y religiosas. Antes al contrario.
Fr. Agnello
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