Estampas evangélicas
Los secretos de Jesús
El día se había deslizado con aparente calma. En realidad, los enemigos de Jesús trabajaban febrilmente por hacerse con El en la próxima Pascua para quitarle del medio. Jesús conocía perfectamente sus planes; mas esta vez no podrá escurrírseles de las manos porque era ya llegada su hora.
Avanzaba el día y era preciso dejar la ciudad para volver a Betania. El grupito de escogidos se apiña en torno al Maestro y empiezan a desfilar por los atrios del templo. Maestro —exclaman una vez más—, mira qué piedras y qué edificios... Es el templo del Señor, decían los judíos en tiempo de jeremías, v con esto vivían tranquilos, seguros de la protección de Jahve. El profeta de las Lamentaciones se sitúa en una de las puertas del templo y grita con voz de pregonero:
«Es el templo del Señor, es el templo del Señor, es el templo del Señor», decís vosotros, pero como no cambiéis de conducta os sepultarán sus ruinas. Y así se cumplió en los días de Nabucodonosor. Las palabras de Jesús tenían mucho más alcance: ¿Veis este templo? Pues no quedará de él piedra sobre piedra...
Con paso lento salen por una de las puertas orientales y descienden hacia el fondo del Cedrón. Ya a la altura de Getsemaní bordean un huerto cercado. La subida es muy fatigosa por la pendiente tan pronunciada del Monte Olivete y convida a hacer un alto antes de llegar a la cima.
¿Cuál sería el tema de la conversación durante este corto camino? ¿Quedarían acaso en silencio impresionados por las últimas palabras de Jesús sobre el templo? Tal vez, porque tan triste augurio parecía un agravio inferido al lugar santo w cíe rechazo contra la nación judía. Pocos días más tarde veremos a los jefes judíos esgrimir contra Jesús esta arma de sus profecías sobre el templo como delito punible con la última pena.
Sentados de frente a la santa ciudad, los más allegados a Jesús, Pedro, Juan, Andrés y Santiago, se atreven a preguntarle: Maestro, ¿cuándo sucederán estas cosas?... ¿Cuál ha de ser la señal precursora de tu venida?... ¿ Y citando tendrá fin el mundo?... San Mateo parece ser el evangelista que con más claridad ha traducido estas ansiedades nacidas en los discípulos de Jesús en aquellas horas apocalípticas, toda vez que en su discurso parece englobar el Maestro los tres futuros eventos dando unas pinceladas de incierta perspectiva sobre el fondo de la historia futura del mundo.
El retintín de aquellas fatídicas palabras de Jesús suena muy adentro en el espíritu de los discípulos, tanto, que será éste el tema de la última conversación con Jesús antes de su Ascensión a los cielos. S¡bien es verdad que entonces afirma Jesús que estos hechos venideros han de quedar ocultos a la humanidad, también lo es que en la primera ocasión parecía haber hablado de algo inminente. En verdad os digo que gro pasará esta generación sin que esto tenga cumplimiento.
A la entrada del foro romano, en Roma, hay un arco de triunfo levantado en memoria de la victoria lograda por Tito, el año 70, sobre Jerusalén. Aún vivían muchos de los discípulos de Jesús. El templo había quedado reducido a un montón de ruinas, que aumentaron de volumen el año 135 con la total destrucción de Jerusalén y de su templo por obra de Adriano.
Las palabras de Jesús empezaban a cumplirse. ¿Cuándo terminarán? ...
Fr. Rarael Fuster, ofm
[Nota biográfica del P. Rafael Fuster]
Excmo y Rmo. D. Prudencio Melo y Alcalde,
Arzobispo de Valencia
(1923-1945)
El día 31 del pasado octubre, ya en prensa este número de nuestra Revista, corrió por Valencia la noticia del fallecimiento de nuestro amado Prelado.
En él se ha llenado cumplidamente la frase bíblica «Murió en buena vejez», pues contaba a la sazón el ilustre finado ochenta y seis años.
Nuestros lectores conocen de sobra los méritos y virtudes del que fue cerca de un cuarto de siglo Arzobispo de Valencia. El mejor elogio que se pueda tejer lo ha hecho nuestro llorado Prelado con su larga vida llena de celo pastoral.
Había nacido en Burgos el 27 de abril de 1860
La Acción Antoniana, al comunicar esta triste noticia, suplica a sus lectores una oración por el alma. de tan ilustre Prelado.- R. I. P.
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