PARTE PRIMERA

RUTAS DE SANGRE
Destrucciones y Martirios

Convento de San Lorenzo
VALENCIA

En esta Casa, residencia oficial de los Superiores Mayores de la Seráfica Provincia de Valencia, repercutieron enormemente los tristes sucesos desarrollados en julio de 1936. En aquella sazón el ambiente de Valencia era extraordinariamente grave. Todo dependía de la actitud que adoptara la guarnición, sumándose o no al Movimiento liberador de España. Mas cuando los elementos armados dejaron pasar un tiempo precioso sin tomar una resolución, con arreglo a los compromisos de honor contraídos con sus compañeros de profesión, vino irremisiblemente la catástrofe: el populacho se apoderó del Poder público y de la calle, dejando impunes las más graves ofensas.

En estas circunstancias tuvo que cerrarse el convento el 21 de julio y disolverse su comunidad. En ella hubo cuatro víctimas sacrificadas al furor de la revolución, cuyas biografías damos a continuación con algunas circunstancias de sus muertes.

La iglesia quedó despojada de los altares laterales y de todas las imágenes y utensilios del culto, siendo dedicada a almacén de los ingenieros militares. El convento fue convertido en oficinas del XXII Cuerpo del Ejército de Levante, habiendo desaparecido todo cuanto los religiosos dejaron en él.
De la Biblioteca, formada por 4.000 volúmenes, no quedó rastro alguno y fue convertida en sastrería militar.

P. Ricardo Pelufo, Min Prov.

P. Ricardo PelufoLa revolución marxista, al dar muerte a este insigne religioso, dejó huérfana de Padre a la Seráfica Provincia de Valencia precisamente en las horas trágicas del infortunio, en que los religiosos, sin contacto unos con otros y abandonados a su propia suerte, más necesitaban de la unión moral y del consuelo y apoyo de su Superior Provincial. En Valencia, su habitual residencia, le sorprendió el Movimiento, y creyéndose más seguro en Algemesí, su pueblo natal, y poder desde allí controlar a sus religiosos dispersos, marchó en busca de refugio seguro en casa de sus hermanos. Pero a la hora justa de hallarse en compañía de sus familiares, fue descubierto, detenido y asesinado en Villanueva de Castellón, donde apareció su cadáver el 27 de agosto de 1936, contando entonces cincuenta y un años de edad, treinta y cuatro de votos y veintiséis de presbiterado.

Lamentable fue la muerte de este insigne religioso, que a su relativa juventud, virtud acrisolada, dotes de organizador, firmeza de carácter y competencia en la enseñanza, unía el cargo que dignamente desempeñaba de Ministro Provincial, a gusto, satisfacción y aplauso de todos sus súbditos. Sus dotes de gobierno le llevaron a ocupar cargos apenas ordenado de sacerdote. Desempeñó los rectorados de Teruel y Onteniente; regentó la inspectoría y la cátedra en ambos Colegios de enseñanza. Fue igualmente Definidor y Custodio Provincial, y ostentando este último cargo tomó parte, en ausencia del Ministro Provincial por enfermo, en el Capítulo General de la Orden, celebrado en Asís, el año 1933, en la fiesta de Pentecostés. A últimos de noviembre del mismo año fue elevado a la dignidad de Ministro Provincial, en cuyo cargo le sorprendió la muerte, siendo el segundo Ministro de esta Provincia Seráfica que fallece en el desempeño de su oficio.

Su mandato no dio el resultado que se esperaba, dadas las dotes que adornaban al difunto P. Pelufo, por los trastornos políticos que agitaban a España, en que un régimen prerrevolucionario hacía imposible la vida a las Ordenes religiosas y minaba los fundamentos básicos del orden social. Así y todo, dio órdenes acertadas, mantuvo la observancia y disciplina regular y fundó la Comisaría de nuestras Casas de Argentina sujetas a .esta Provincia Regular, y que tuvieron el placer de recibir su visita pastoral el año de 1935.
Dios habrá premiado en el cielo las amarguras que, en su corazón de padre, le ocasionaba la revolución triunfante en esta región de Levante, con el cierre de los conventos y el derrumbamiento de la Seráfica Provincia, que gobernaba a los cincuenta y ocho años justos de su gloriosa restauración.

Encontró la muerte en Villanueva de Castellón, a donde, en unión de su hermano don José, le trasladaron maniatado como un malhechor los milicianos de Algemesí. Se sabe que le hicieron brillantes y tentadoras proposiciones si ofrecía sus servicios y dotes de organizador al comité local, falto de hombres capacitados. Esas proposiciones fueron rechazadas de plano; sin casi oírlas, prefiriendo una muerte cruel y violenta y el derramamiento de su sangre por amor a Dios, a cuantas glorias humanas pudieran proporcionarle en aquellas horas amargas los enemigos de su fe.

No quiso morir de espaldas a sus asesinos, sino de frente a ellos, con los ojos abiertos, la cabeza levantada y los brazos cruzados sobre el pecho. Sus palabras de perdón fueron conmovedoras; pero las últimas que pronunció en este mundo fueron sublimes: "Pido a Dios -dijo- que cada gota de mi sangre sea la semilla de un nuevo religioso franciscano para mi amada Provincia Seráfica de Valencia".

¡Hermosas palabras que el Señor quiera tengan cumplimiento! Su cadáver fue depositado provisionalmente en el cementerio de Villanueva de Castellón, en un nicho particular cedido generosamente por la familia de los señores de Llagaria. Posteriormente, estos restos mortales fueron trasladados con toda solemnidad, el 6 de febrero de 1945, desde Villanueva a Algemesí, con asistencia del Excmo. y Rmo. P. León Villuendas, O.F.M., Obispo de Teruel, connovicio y compañero de estudios del mártir de la fe. Al acto, que constituyó un sentido homenaje a la memoria del llorado P. Pelufo, se asociaron, además del Muy Rdo. P. Luis Colomer, Ministro Provincial entonces de los PP. Franciscanos, y varios religiosos de Valencia, Onteniente y Carcagente, las autoridades, Cleros, Jerarquías e inmensa muchedumbre de dichas localidades de Villanueva de Castellón y Algemesí. Desde esa fecha los restos del P. Pelufo esperan la resurrección universal en la cripta de los caídos de la iglesia parroquial de Algemesí.

P. Juan Bautista Jover Blanquer, Definidor prov.

P. Juan Bta. JoverHacía diez años que residía como morador en este convento de San Lorenzo, ejerciendo unas veces el cargo de Secretario Provincial, otras el de Definidor de la Provincia Seráfica y últimamente los de Definidor y Administrador de LA ACCION ANTONIANA, Revista mensual ilustrada que publican los PP. Franciscanos de Valencia desde febrero de 1922.

En el desempeño de estos oficios, como antes en los de Inspector del Colegio Seráfico y Guardián de Benigánim y Benisa, mostró siempre sus dotes de aptitud, prudencia y gobierno, siendo querido y respetado tanto por seglares como por religiosos.

Cocentaina, que tantos hijos ha dado a la Seráfica Provincia de Valencia, fue la patria de este varón ponderado y ecuánime, que vio la luz pública en 20 de agosto de 1882. Apenas contaba doce años de edad ya vestía el hábito de colegial seráfico y cursaba con notorio aprovechamiento los estudios de Humanidades. Hijo único de madre viuda, cuando llegó el momento de marchar al Noviciado lo hizo con ánimo resuelto y vocación decidida, animado por el espíritu de fortaleza de su buena madre, que hizo a Dios la ofrenda de aquel pedazo de su corazón. Profesó a los dieciséis años, edad justa de emitir los votos, y desde entonces mostrose siempre como religioso grave, adelantándose la razón a los años.
De complexión enfermiza, tuvo, sin embargo, una carrera brillante, y sin perder un solo curso académico, se ordenó de sacerdote el 25 de mayo de 1907.

La piedad de su corazón y la austeridad de su porte fueron los motivos que impulsaron a los Superiores a ponerle al frente de la inspección de los seráficos en aquellos tiempos de vocaciones numerosas, en que se necesitaba voluntad y energía para dominar más de cien alumnos internos. El excelente resultado que dio su acertada gestión al frente de los pequeños colegiales fue el móvil para confiarle cargos de más responsabilidad, que desempeñó a satisfacción de todos.

Al iniciarse el Movimiento marchó a Cocentaina, creyendo encontrar más seguridad personal al amparo de sus parientes, viviendo plenamente confiado y diciendo con frecuencia, al considerarse respaldado por la garantía de un familiar suyo: "A mí personalmente no me ocurrirá nada desagradable". Y cuando menos lo esperaba vino la detención, ordenada por el comité local, y el asesinato en bloque con otros diez compañeros, entre sacerdotes, religiosos y seglares, llevándose a los reos, para perpetrar con más impunidad el crimen, a las inmediaciones de Sax (Alicante), donde fueron encontrados sus cadáveres, al amanecer del día 2 de octubre de 1936, en el fondo de un barranco de la carretera de la Algueña. Contaba a la sazón el P. Jover cincuenta y cuatro años de edad, treinta y nueve de hábito y veintinueve de vida sacerdotal.

Como rasgo característico de su martirio, se sabe ciertamente que, a pesar de padecer una crónica afección cardíaca y, por lo mismo, no estar en disposición de soportar las fuertes impresiones de aquel momento, primero en la cárcel, confesó personalmente a todas las futuras víctimas, las exhortó a morir resignadamente y ofrecer a Dios el sacrificio de sus vidas, y luego, en el momento de la ejecución, al caer en tierra su cuerpo acribillado por el plomo asesino, aun levantó sus manos crispadas al cielo y pronunció con voz desfallecida "¡Viva Cristo Rey!", con la boca ensangrentada.

Sus restos mortales reposan en el cementerio de su villa natal.

P. Estanislao Domínguez Mengual

P. Estanislao DomínguezPrimer religioso de la Comunidad de San Lorenzo que derramó su sangre en la revolución marxista. Asesinado en Vinaroz el 18 de agosto de 1936.

¡Qué pena siente el Cronista al redactar esta nota necrológica! Se trata de un religioso con el que convivió años y años en esta Casa; llevó con él cargos de responsabilidad en el gobierno de la comunidad; supo conocer las interioridades de aquel espíritu noble, de alma sencilla y corazón de oro, que no entendía de ruindades, sufría con los humildes y consolaba flaquezas ajenas; gozó de conversación amena, llena de ocurrencias que servían de entretenimiento a los frailes en su ambiente de fraternidad y caridad cristiana; era testigo de su carácter franco, impresionable, lleno de sinceridad y atrayente simpatía.

Tenía setenta y dos años de edad cuando nos separamos, y aquel hombre de cuerpo esbelto, pero ya castigado por el rodar del tiempo, tenía un temperamento joven, e ilusiones de joven, y voluntad para todo de joven. ¡Pobre P. Domínguez! ¡El tan cariñoso, tan bueno, incapaz de hacer daño a nadie, verse rodeado de odio, de rencor, de maldad, de gente sanguinaria en los últimos momentos de su vida, sin el consuelo de una palabra cordial, ni unas manos piadosas que cerraran sus ojos desorbitados por el dolor o depositaran unas flores o una lágrima en el lugar de su sepultura ignorada!

Amado por cuantos tuvieron la dicha de conocerle y tratarle, nuestro buen P. Domínguez nunca supo de enemigos y contrarios. En cincuenta y dos años que vistió el hábito, y en cuya larga carrera estuvo de morador en casi todos los conventos de la Provincia Seráfica, en todas partes contaba con amigos y bienhechores, que le recuerdan más con las oraciones que con las palabras. El sabía también corresponder con la amabilidad y atenciones de quien había recibido una esmerada educación.

En la Orden fue Guardián de Pego, Segorbe y Valencia. Además fue elegido Definidor Provincial. En sus buenos tiempos fue excelente predicador catequista, y siempre, en todos los largos años de vida, fervoroso director espiritual. Tenía mucho interés por el culto de la iglesia de San Lorenzo y en que los fieles asistentes estuviesen debidamente atendidos. Era Director de la Asociación del Vía Crucis.

Nació en Beniarrés (Alicante) el 18 de noviembre de 1864, y a los diecinueve años de edad, después de cursados dos de Humanidades en el Seminario Conciliar, de Valencia, tomó el hábito en Santo Espíritu del Monte. Estudió con brillantez la carrera eclesiástica y subió al altar por vez primera el 25 de
diciembre de 1889.

La revolución le sorprendió en San Lorenzo, de Valencia; quiso ocultarse, pero como era tan conocido, le resultaba imposible. No encontrando entonces casa de confianza para su seguridad personal y no queriendo comprometer a ninguna familia con su presencia, el único recurso que halló a mano, a fin de no caer en manos de la horda, fue marchar a Benicarló (Castellón de la Plana), donde tenía un sobrino, empleado en
la Junta de las Obras del Puerto en construcción. ¡Nunca jamás debió hacerlo! ¡Fue como ponerse en la boca del lobo!

¿Por qué motivo? Sencillamente, el verano del año anterior, o sea en 1935, estuvo el P. Domínguez unos días en casa de este mismo familiar suyo, y apenas llegado a la ciudad fue al punto reconocido e identificado por los obreros del puerto compañeros de trabajo del sobrino y denunciado al comité local. Al
verse comprometidos tío y sobrino, éste se apresuró a facilitar le cuanta documentación necesitaba para marchar inmediata mente a Barcelona y pasar allí desapercibido. Pero el mismo comité local que le firmó el salvoconducto y le cobró en buenas pesetas la documentación, al conocer la ruta que había de seguir el infortunado Padre, destacó de entre sus elementos dos asesinos para, según frase propia, "picarle en el camino". En efecto, el 18 de agosto tomaba el P. Domínguez el expreso de Valencia-Barcelona en la estación de Benicarló, y en el mismo convoy subieron los milicianos encargados de darle vil muerte.

Al llegar el tren a la inmediata estación de Vinaroz, los milicianos, so pretexto de revisar la documentación de los viajeros, lo detuvieron, y al único que obligaron saltar a tierra fue al pobre P. Domínguez, a pesar de llevar en regla sus papeles. Una vez en el andén, los malhechores dieron la señal de salida para que el convoy reanudara su viaje. Entonces los asesinos hicieron subir al P. Domínguez en un coche ya preparado al efecto, conduciéndole seguidamente por caminos desconocidos al cementerio, donde fue bárbaramente asesinado. Para mayor escarnio del crimen, hay que consignar la agravante del robo, pues sabían que el Padre llevaba cierta cantidad de dinero, del que se apoderaron después de muerto.

Desde su detención hasta que fue asesinado, no hizo más que actos de amor de Dios, rezar en voz alta y ofrecer su vida por la salvación eterna de sus enemigos. Cuando su cuerpo cayó en tierra bañado con su sangre, estaba sólo mal herido, y con toda lucidez de sus facultades y la lengua bien expedita, dijo dirigiéndose a sus verdugos: " ¡Os perdono de corazón, para que Dios me perdone!" ¡Que el amoroso Jesús le haya abrazado en su seno!

Fr. Francisco Caldés Serra, hermano laico

Fr. Francisco CaldésSi hay algún religioso que merezca una laudable nota necrológica es, en concepto del Cronista, el incansable Fr. Caldés, en agradecimiento por los beneficios de orden moral y económico que prestó a la comunidad de San Lorenzo, de Valencia, durante veinticuatro años consecutivos. Ha sido su muerte violenta una pérdida irreparable, pues difícilmente, por no decir imposible, encontrará este convento un religioso que ejerza el oficio de limosnero con la asiduidad y vocación que lo cumplía el finado y con una fidelidad a toda prueba. No sólo con las alforjas al hombro recorría mercados y calles mendigando la caridad de las personas piadosas, recogiendo verduras, frutas, pan, coloniales, etc., para la comunidad, sino con la cesta al brazo iba por los pueblos de la huerta en demanda de hortalizas, cereales y huevos, que traía a casa con abundancia. Aun más, cada mes dedicaba unos días a visitar a los amigos y bienhechores de la comunidad y entregaba al Síndico del convento las limosnas que le entregaban en metálico. Y esto, que supondría en cualquier otro un sacrificio, era en Fr. Caldés tan natural, que atraía a las gentes por su espíritu de humildad y abnegación, de interés y de solicitud en beneficio de sus Hermanos de hábito, y el buen ejemplo que daba era el atractivo principal de las abundantes limosnas que recogía. Todo ello se ha perdido, y lo ha perdido esta comunidad, con el vil asesinato de que fue objeto, el 29 de septiembre de 1936, este bonísimo Hermano lego, cuando contaba setenta y un años de edad y treinta y cinco de vida religiosa.

Era mallorquín de nacimiento, habiendo visto la luz primera, en La Puebla, el 22 de diciembre de 1865. Muy joven aun, en unión de dos primos suyos y otros compañeros, se consagró a la vida eremítica en Puig Major, monte cercano a Pollensa, donde vivían en comunidad como terciarios franciscanos regulares con hábito exterior. En 1899 se incorporaron la mayoría de aquellos penitentes cenobitas, en calidad de Hermanos legos, a la Seráfica Provincia de Valencia, vistiendo Fr. Caldés el hábito de la Primera Orden el 27 de mayo de 1901. Acostumbrado a una vida de austeridad, penitencia y apartamiento del mundo, no es extraño hiciera progresos en la virtud en el Noviciado de Santo Espíritu del Monte. Ya profeso, permaneció en dicho convento, en calidad de limosnero, hasta el año 1912, en que vino de morador a Valencia, recogiendo abundantes limosnas; y penetrado del hábito del trabajo, cuando se encontraba en el convento se dedicaba al oficio de zapatero. Toda esta vida de abnegación y de sacrificio fue coronada por el martirio. Apenas iniciada la revolución fue detenido en las calles de la capital y encarcelado, permaneciendo en la Modelo de nuestra ciudad hasta el 29 de septiembre de 1936, en que su cuerpo caía desplomado por las balas homicidas en el tristemente célebre Picadero de Paterna.

Murió en unión de otros Hermanos legos, abrazándose antes de funcionar la ametralladora y contestando reciamente a los ¡vivas a Cristo Rey y al Corazón de Jesús!, con que animaban a las víctimas, aquel día en número muy crecido, varios sacerdotes igualmente sacrificados. ¡Espectáculo impresionante el de más de sesenta católicos, mártires por Dios y por España, proclamando a voz en grito la soberanía y realeza de Cristo, con la serenidad de su fe y firme confianza de que iban a cambiar una vida terrena por la gloriosa eternidad!