Artísticas

Hablábamos en números anteriores del Arte Religioso, y comentábamos las justas determinaciones de la Exposición de Arte Sacro de Vitoria, después de la Liberación. Y, a propósito, publicábamos dos obras de este género del gran pintor ilustrador Segrelles para la iglesia parroquial de Albaida.

San Diego de Alcalá. José María BayarriPues lo que decíamos respecto de las obras de Segrelles, lo extendemos a otras de escultura, y creemos que con mayor motivo en este género por mor de las circunstancias más expresivas al ser la imaginería, entre nosotros, el género que con más profusión dedicamos a la veneración en nuestros altares por las respectivas obras de arte.

La imaginería, en España, ha proyectado en la historia del arte los siglos de oro de la escultura, y ya desde el renacimiento, como figuras exentas tuvo su prestigio, que desde el XVI acreció modélicas expresiones para proseguir en el XVII y llegar aún con dignidad y valoración al XVIII.

Más, en Valencia (y aunque grupo poco comentado en aquellas historias) perduró y perdura sin solución de continuidad, habiendo tenido acaso más antiguo entronque, ya que el Renacimiento entró en la Península por Valencia.

El setecientos culminó con la figura y obra de Vergara, que nos dio una lista de Esteves con el hito del primero: Esteve Bonet.

Modernamente, sigue la imaginería valenciana con ahínco en su técnica y en su concepto, y la unción religiosa de la expresión que mayormente la dignifica, además sin descuidar la morfología que esté a tono con la más idónea modernidad... permanente, concluyamos.

He aquí una escultura de San Diego confesor, que para el Monasterio de Santo Espíritu del Monte hemos tallado y ofrendado a través de la Hermandad de Caballeros Cruzados de Santo Espíritu del Monte de Valencia a los Padres Franciscanos, y en la que hemos querido interpretar aquellos sentimientos.

J. Mª Bayarri

Purificación de María y presentación de Jesús en el Templo

Tiene febrero dos fiestas singulares de María: El día 2, la de la Purificación; y el día 11, la de Nuestra Señora de Lourdes; lo que da a este mes un carácter preferentemente mariano.

María, a pesar de ser PURA Y VIRGEN, acude al Templo en el tiempo señalado para cumplir la Ley dada a su pueblo de purificarse como madre y ofrecer a su hijo al Señor.

Más adelante, dirá Jesús a las gentes: «No he venido a destruir la Ley, sino a darle cumplimiento.» Jesucristo, hablando con los judíos, se refiere aquí a la Ley escrita que se dictó a Moisés para Israel; es decir, a la sociedad de su pueblo escogido, para que, cumpliéndola como señal de alianza, mereciese la protección divina y se salvase.

En esta primera entrada de Jesús en el Templo, llevado por su Madre, hay una doble trilogía de Jesús: la una, de parte de María; es decir, de parte nuestra, «presentando» a su Hijo, «ofreciéndole» y «rescatándole»; la otra, de parte de Jesús, «tomando posesión» del Templo que para Él se había levantado; «oficiando» como Sacerdote sempiterno, y «consagrando» su existencia temporal en holocausto al Padre por la salvación del mundo. Es el cumplimiento acabado de la Alianza o Ley entre Dios y su Pueblo: dando Dios a su Pueblo el prometido Redentor, en la Persona de su Hijo; y ofreciéndose el Pueblo a Dios, no en figura, como en la Ley antigua, sino en la Persona divina de Jesús, único holocausto digno de la majestad divina y víctima propiciatoria, que había de satisfacer adecuada y cumplidamente al Padre por los pecados del mundo.

Purificación de María

Presentación de Jesús en el templo y Purificación de María

Y aquella presentación y ofrecimiento y rescate que del Hijo hace la Madre, es también para Ella su propia PURIFICACION; porque Ella se presenta en toda su humildad al presentar a su Hijo; se ofrece al sacrificio con Él, como luego en el Calvario, al ofrecerle; y se rescata al rescatarlo para no separarse de Él; dándonos ejemplo para nuestra propia purificación, que ha de ser mediante estos tres actos internos: «manifestándonos» como pecadores arrepentidos con Jesús Redentor ante el Padre; «consagrándonos» con Jesús en perpetuo holocausto; y «rescatándonos» del pecado al tener siempre a Jesús con nosotros, ya desprendidos de los siclos de plata por la renuncia de los intereses materiales de los cinco sentidos, y el sacrificio de nuestras pasiones mediante la garantía de la humildad y mansedumbre simbolizadas en las dos avecillas.

El pueblo judío, que había reducido el cumplimiento de la Ley a las meras fórmulas exteriores, honras de su proterva y habitual hipocresía, que tantas veces les condenó Jesucristo, olvidó en la misma proporción la sustancia o espíritu de la Ley. Por eso, cuando le anuncian un día a Jesús que su Madre y hermanos le esperaban fuera, respondió: «¿Quién es mi Madre y quienes son mis hermanos?» Y mostrando con la mano a sus discípulos: «Estos, dijo, son mi madre y mis hermanos. Porque cualquiera que hiciere la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre.»

Nadie como María cumplió la voluntad del Padre, cuando dijo al ángel, plenamente informada de su promoción a la dignidad de Madre del Redentor: «He aquí la Esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.» Santa esclavitud por la que renuncia totalmente a su propia voluntad, previo el seguro de su virginidad, por hacer enteramente, con todo el sacrificio que supone ser Madre del Redentor; es decir, corredentora del género humano la voluntad de Dios.

A una tan excelsa dignidad correspondía una pureza altísima, que Ella sola podía ostentar. Pero la secreta y misteriosa y excelsa pureza de María no se la dio la Ley.

La mujer, en Israel, padecía en su honor si no concebía, pues equivalía a renunciar el parentesco o ascendencia del Mesías; y a tal punto llegó el estigma de la esterilidad entre los hebreos, que no se conocía el mérito de la virginidad. María, que había hecho ofrenda a Dios de su virginidad, hubo de desposarse legalmente, pero con un varón justo y virgen; prometiéndose ambos el respeto virginal. De esta manera, desposándose, cumplían otra Ley más alta: la oblación directa al Señor renunciando a un honor legal que implicaba la impureza, puesto que obligaba luego a la purificación; y prefiriendo el estado virgen, que suponía renuncia de toda impureza actual. Así. la Maternidad de María le recabó el honor legal de !a fecundidad ante los hombres, y el de la Virginidad, ante Dios.

Si la Ley le obligaba a purificarse, por ser «madre»; Dios se hizo Hijo de Ella, por ser PURA.

F. M. Morales, T. F.

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Altar mayor del Convento de San Sebastián mártir, de los PP. Franciscanos de la Villa de Cocentaina

Es un hermoso retablo renacentista, obra del artista valenciano Remigio Soler. Representa una glorificación de la Orden Franciscana en nuestro antiguo Reino de Valencia, pues, además del glorioso San Sebastián, mártir, titular de la iglesia; de la Purísima Concepción, Patrona de la Orden, y de los santos fundadores de las dos órdenes hermanas. San Francisco de Asís y Santo Domingo, de Guzmán, figuran en él todos los religiosos de la Seráfica Provincia de Valencia que consiguieron el honor de los altares. [Foto D. Espinós]

San Sebastián

San SebastiánEn el huerto de Getsemaní, nuestro Redentor sudó copiosamente sangre por la angustia que le producía el considerar los dolores que sufriría en su Pasión, y también al pensar en la esterilidad de sus sufrimientos, para las almas que se habían de condenar; pero, al mismo tiempo, le serviría de consuelo el contemplar con su clarividencia divina, la muchedumbre inmensa de cristianos de todos los tiempos que le seguirían precisamente por su amor, demostrado en su Pasión y Muerte.

Así ha podido decir el autor anónimo, de uno de los más hermosos sonetos castellanos:

No me mueve, mi Dios, para quererte
El cielo que me tienes prometido,
Ni me mueve el infierno tan temido
Para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
Clavado en una cruz y escarnecido,
Muéveme el ver tu cuerpo tan herido;
Muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
Que aunque no hubiera cielo yo te amara,
Y aunque no hubiera infierno te temiera.

No me tienes que dar por que te quiera;
Pues aunque lo que espero no esperara,
Lo mismo que te quiero te quisiera.

Y entre los seguidores de Cristo se destacan los mártires, que etimológicamente es lo mismo que testigos, puesto que al precio de su sangre demostraban la verdad de sus creencias. «Creo las historias cuyos testigos se dejan degollar», ha dicho Pascal. Y uno dé los más destacados es San Sebastián.

Joven, gallardo, generoso, con valor y nobleza de alma, realzados por suma sencillez y dulzura, tal era el tribuno Sebastián, de la guardia del emperador Diocleciano. que mucho le estimaba; pero era cristiano, y, descubiertas sus creencias, éste le condenó a ser asaeteado en campo abierto por arqueros mauritanos que estaban a su servicio. No murió en el suplicio, y recogido por una piadosa mujer, Irene, ya curado, excitó al emperador a convertirse, el que, irritado, mandó matarle a golpes de maza, recibiendo así la corona de su gloria.

¿Quién se acuerda hoy de su verdugo? En cambio, el atleta de la fe recibe el homenaje de los fieles en todo el mundo cristiano, y es ejemplo perenne de la virtualidad de unas creencias que elevan el ánimo hasta el punto de sobreponerse al dolor, mostrando él, como todos los mártires, una serenidad en el suplicio, que concede la gracia divina a los creyentes en un Dios que por nosotros murió. Serenidad que el artista autor de este retablo ha sabido plasmar en la imagen de este soldado de Cristo.

Arturo Fosar Bayarri

P. Maximiliano Kolbe

(Continuación)

Mientras tanto, su periódico mensual crece portentosamente. «El Caballero», que empezó con 5.000 ejemplares, llega a tirar 60.000, luego 70.000, y en 1931 alcanza la cifra de 400.000. Evidentemente va en auge la obra del P. Kolbe, pero buenos sacrificios le cuesta; pues en no pocas ocasiones tiene que dejar la mesa de redacción para transportar él mismo a la oficina de correos los voluminosos y pesados paquetes de su publicación. Además de periodista, es tipógrafo cuando lo necesitan para ello, y, sobre todo, es siempre sacerdote: celebra devotamente la santa misa, administra los santos sacramentos, visita a los enfermos, predica la divina palabra con celo de apóstol; en una palabra; todos ven en él al verdadero discípulo de Nuestro . Señor Jesucristo, al digno hijo de San Francisco, al noble Caballero de la Inmaculada.

Misionero

No debía el P. Kolbe limitar su apostolado a Roma y a Cracovia. En 1930 parte para el Japón. Pobre franciscano como es, navega con muy pocos recursos, pero con mucha confianza en la Divina Providencia. En Portugal, un bienhechor de la Orden Franciscana le ofrece medios para llegar al Japón, y, fija su vista en la Stella Maris, y cantándole dulces himnos de amor, llega a Nagasaki, la misma ciudad que fue testigo, el 5 de febrero de 1597, del martirio de 23 franciscanos, y el 2 de febrero de 1622 presenció el martirio de otros 52 testimonios del Evangelio, de los cuales 37 fueron decapitados y los restantes quemados vivos.

En el Japón funda también otra «Ciudad de la Inmaculada», y en 1933 un periódico mensual, «El Caballerito de la Inmaculada», del que tira pronto treinta y cinco mil ejemplares. Un año más tarde funda otras dos publicaciones, y en 1939 el «Pequeño Diario», que tiene por Objeto «instruir y educar al pueblo en la doctrina y en la fe católica, informar las costumbres en los mandamientos de la Ley de Dios y preceptos cristianos y defender a la Iglesia de los ataques de sus enemigos». No sabe todavía el P. Kolbe expresarse y escribir correctamente en japonés, pero trabaja sin cesar; escribe artículos en italiano y en latín, que otros misioneros o cristianos japoneses traducen al idioma del país y mandan a la imprenta. Siempre se le ve confiado y optimista. El 25 de mayo de 1930 llega a Niepokolanow un cablegrama, que dice: «Hoy aparece «El Caballero» en lengua japonesa. Tenemos imprenta. Viva la Inmaculada. Maximiliano.» Empieza por tirar 10.000 ejemplares, que llegan a 70.000 en el año 1935. Muy pronto, junto a la tipografía, se levanta un convento, un Colegio de Misiones, un seminario y dos iglesias. ¡Cuánto trabajó en todo esto el P. Kolbe!, y lo más admirable es que siempre tuvo poca salud, pues desde el año 1921 le faltaba un pulmón. ¿Cómo se consigue esto? Con oración, trabajo, sacrificio, generosidad.

El mártir

Hasta aquí, podríamos decir, el padre Maximiliano había sido coronado con las flores blancas que siendo niño le mostró la Inmaculada. Había elegido no sólo la corona blanca, sino también la de flores rojas. La primera simbolizaba toda clase de virtudes cristianas y religiosas con que había de quedar adornada su alma; la segunda, el martirio que había de recibir. Pero, ¿en dónde? ¿En el Japón? No, en la capital de Alemania, en Berlín.

(Continuará)

Fr. Buenaventura Meseguer, ofm

Consultorio religioso

¿Qué indulgencias se pueden ganar practicando los Siete Domingos de San José?

Las siguientes: Todos los fieles que practiquen esta devoción siete domingos consecutivos, pueden ganar indulgencia plenaria en cada uno de ellos, con los requisitos ordinarios de confesión, comunión y visita de iglesia y preces. (Pío IX, 1 febrero 1847).

Para ganar las indulgencias concedidas a los Siete Domingos de San José ¿es preciso rezar las oraciones prescritas?

Sí, señora. Deben rezarse estas oraciones para ganar las indulgencias de los Siete Domingos. Quien no las tenga o no sepa leer, ni tenga quién se las lea, basta que rece siete Padrenuestros y Avemarías con Gloria. (Pío IX, 22 marzo 1847).

Para lucrar las indulgencias concedidas a los Siete Domingos de San José, ¿es preciso hacerlos en los siete domingos que anteceden al diecinueve de marzo?

No. señora. Se pueden lucrar también haciéndolos en cualquier tiempo del año, con tal que se hagan en siete domingos consecutivos.

Hice promesa de vestir el hábito de San Antonio de Padua. ¿Puedo vestirlo negro en vez de marrón?

Puede vestirlo negro con el cordoncito negro también, si usted así lo desea, con tal que lleve el escudito propio del hábito de San Antonio.

Fr. Agnello

Paciencia

¿Queremos gustar las dulzuras de la humillación, de la abnegación, del sacrificio, del propio vencimiento, del sufrimiento físico, de la soledad del corazón...?

¡Tengamos paz en el alma! Se adquiere, en la vida íntima con Dios. Se conserva, mediante un doloroso desprendimiento y olvido propio.

La paz es la armonía de nuestro mundo interior. Y de esta armonía depende la verdadera dicha y la verdadera santidad.

¿Cómo lograrlo? ¿Cuándo alcanzarlo? «La ciencia de la paz es la paciencia.»

María de Santángel

Leyenda del dragón

Hace cientos de años existió en una isla del Asia Menor cierto dragón que se había convertidlo en el terror de las gentes. Ante su presencia los campesinos abandonaban las tierras de labor y huían a refugiarse en la ciudad. Los que le vieron aseguraban que su aspecto producía espanto en los corazones más esforzados. De su boca brotaban nubes de humo y llamas y sus ojos resplandecían como carbones encendidos.

Dominando la ciudad se alzaba un hermoso castillo, defendido por inexpugnables murallas, y junto a él, una capillita blanqueaba como una flor. Se trataba del monasterio ocupado por los caballeros de la orden militar de San Juan, que inundaban el valle con la melodía solemne de sus rezos.

Hasta ellos llegaron las lamentaciones de los habitantes del lugar, y los monjes guerreros decidieron prestarles auxilio contra el malvado dragón. Para llevar a cabo la hazaña, el gran maestre ordenó a uno de los caballeros saliese al encuentro del monstruo. Así lo hizo éste, pero transcurrieron los días sin que se volviese a saber de él.

El gran maestre prometió una cruz de, oro al que lograse dar muerte a la fiera, y un nuevo caballero marchó al combate. Tampoco volvió.

Y así un tercero, un cuarto y un quinto. La congoja se apoderó de las almas, y el gran maestre prohibió la salida de ningún otro hermano.

Uno de los caballeros, en su afán de salvar al pueblo, pensó desobedecer al superior. Durante muchas semanas se entregó a un duro entrenamiento para alcanzar la agilidad necesaria, y al fin, considerándose suficientemente preparado, salió en busca del dragón.

Después de mucho caminar, un espantoso ruido y grandes espirales de humo le advirtieron la presencia de la fiera. Con la espada en alto se lanzó sobre ella. Cerca del monstruo arremetió con toda su fuerza, y durante un buen rato sólo se percibió una enorme masa de llamas. Alaridos terribles llenaban el espacio hasta que uno, el más alucinante de todos, indicó que la bestia había sido herida de muerte.

Percatados los habitantes del lugar de cuanto sucedía, salieron al encuentro del caballero, que apareció ante ellos sucio de sangre y lodo, con el pelo y las carnes chamuscadas y casi agotado por lo feroz de la lucha.

También le aguardaba la comunidad con el gran maestre. Los campesinos le aclamaban como a héroe, reclamando para él la cruz prometida; pero el gran maestre, adelantándose, le habló de esta manera:

—Habéis desobedecido. La obediencia ha de ser la primera entre las virtudes de nuestra orden. En la lucha con el dragón sólo habéis buscado honores y gloria. Id a vuestra celda; no sois merecedor de la cruz.

El caballero permaneció un momento con la espada en la mano sin saber qué contestar. Un relámpago de ira cruzó sus ojos; pero, al fin, dejando espada y armadura, inclinó la frente y obedeció el mandato.
Entonces el gran maestre, cambiando la dura expresión de su rostro, le atrajo hacia sí y le dijo:

—Ten la cruz, hijo mío. Acabas de dar cima a una hazaña mucho más valerosa que la del dragón. Has vencido las pasiones del alma, la ira y la soberbia. Ahora sí eres un héroe.

San Francisco y la obediencia

Habiendo desobedecido una vez un religioso a su prelado, mandó San Francisco que le despojasen de todos sus vestidos y que le sepultasen en un grande hoyo. Cuando la tierra le llegaba al cuello, se acercó el Santo y le preguntó:

«Hermano, ¿estás ya muerto?

«Sí, padre —contestó el desobediente—, ya estoy muerto.»

Entonces le dijo San Francisco: «Levántate si estás muerto de veras y obedece a la señal del prelado, no rehúses ningún precepto, así como el muerto a nadie contradice. Muertos y no vivos quiero yo a mis frailes y seguidores.»

Noticias

Musical. El P. Vicente Pérez-Jorge estrena en Madrid

Con gusto recogemos y publicamos la siguiente noticia aparecida en Las Provincias del día 11 de diciembre, referente al estreno, en Madrid, de una obra del P. V. Pérez-Jorge, director de coro y profesor en el Colegio de Onteniente. Dice así: «En la Real Iglesia de San Francisco el Grande, ha tenido lugar el estreno de la partitura Misa «Mater Puríssima», expresamente escrita para la solemnidad del día. La obra es de una factura sinfónica, particularidad que la distingue de todas las otras similares. Además, es de una modernidad sonora plenamente auténtica. Ha merecido los más entusiastas elogios de cuantos críticos de arte acudieron a su estreno.

Como el P. Pérez Jorge es valenciano, su triunfo es triunfo de Valencia en Madrid».

La partitura y voces de esta obra han sido pulcramente grabadas en los talleres «Ordorica» de Bilbao.

Ritmo, revista nacional de Música, en el número de octubre último, publica una foto del P. Pérez-Jorge y un artículo sobre el mismo. Entresacamos lo siguiente: «Fruto de un talento musical extraordinario, del magisterio personal le dos músicos de categoría, Mingote e Isasi, y de una constancia en el trabajo no interrumpido es el P. Vicente Pérez-Jorge, en cuyo corazón resuena el mundo armónico con resonancias nuevas y sorprendentes...

Su producción musical, tanto la impresa como la inédita, es ya considerable y merecedora de estudio».

Hacemos nuestros estos brillantes elogios de la prensa y damos al P. Pérez-Jorge nuestra enhorabuena por todos sus triunfos, que son también para la Seráfica provincia de Valencia, a la que pertenece.

Misional. La mies es mucha

(Servicio especial de la Oficina de Información Misional).

La mies es muchaAcaba de terminar el rodaje de la película misional «La mies es mucha», cuya producción ha sido patrocinada por la Dirección Nacional de las Obras Misionales Pontificias. Esta Dirección Nacional siempre ha tenido como objetivo propio de su intensa actividad en España penetrar con la idea misional en todos los sectores y en todos los ambientes de la vida social española. Para ello, además de utilizar los tradicionales medios y métodos para la propagación religiosa, era preciso poner al servicio de la gran causa misional los grandes instrumentos de la propaganda moderna: la prensa, la radio y el cine.

Desde hace algunos años la Dirección Nacional y las Direcciones Diocesanas de las Obras Misionales Pontificias van realizando un pian muy pensado y estudiado para la conquista de los medios modernos de propaganda. Se puede decir que, tanto la gran prensa como la radio colaboran hoy no sólo con motivo del DOMUND, sino también de una manera permanente, en favor de las Misiones. Algo más alejado de esta área de influencia quedaba el campo del cine. Sin embargo, desde hace tres años sobre todo, la Dirección Nacional de las Obras Misionales Pontificias estudió su plan y dedicó gran parte de sus tareas a tema tan interesante, como el del cine y las Misiones. Estos planes se han convertido hoy en una venturosa realidad en estos momentos en que puede decirse que con el rodaje de la «La mies es mucha» España va a contar con una gran película misional. Aunque todavía no se puede aventurar un juicio exacto sobre la calidad artística de este film, que debe ganar el refrendo de la crítica y del público, hemos de consignar que, tanto la productora, Chápalo Film, como la Dirección Nacional de las Obras Misionales Pontificias se han lanzado a esta empresa con la intención de conseguir para «La mies es mucha los mejores elementos, tanto desde el punto de vista económico como desde el punto de vista artístico y técnico.

El guión. La primera pieza fundamental de una película es el guión. Los autores del presente guión son dos5 indiscutibles valores jóvenes del mundo literario y cinematográfico: José Rodulfo Boeta y Vicente Escrivá. El primero es Jefe de Programación para España en Radio Nacional y el segundo es Jefe de la Sección de América, de la misma emisora. Boeta y Escrivá han obtenido dos premios nacionales de guiones cinematográficos. El primero fue el premio nacional de la Dirección general de Cinematografía, adjudicado en 1946, al guión «Españoles sobre Italia». El segundo es el primer premio concedido por el Consejo Superior de Misiones a «La mies es mucha». José Rodulfo Boeta es una pluma ágil, llena de luz, que diariamente escribe páginas bellísimas realizando una labor anónima e infatigable desde los micrófonos de Radio Nacional. Vicente Escrivá ha llegado, en 1948, a colocarse en el plano de los grandes escritores españoles contemporáneos. Biógrafo admirable notabilísimo novelista, autor teatral, periodista de primera fila, ha obtenido en este año el Premio Nacional de Literatura.

Religiosas. Ejercicios espirituales en Santo Espíritu del Monte

Después de realizadas importantes mejoras en nuestra Casa de ejercicios de Santo Espíritu, acaba de ser de nuevo inaugurada con una nutrida tanda de ejercicios para sacerdotes, que tuvo lugar del 12 al 18 de diciembre próximo pasado, bajo la dirección del P. Luis Colomer. Desde esa fecha son ya varias las tandas que se han dado para caballeros y jóvenes, y más todavía las solicitadas.

P. José Jordá Pascual, in memoriam

En la apacible soledad del convento de Santo Espíritu del Monte y en la tranquilidad espiritual del justo, entregó su alma a Dios, el 24 del pasado enero, el P. José Jordá Pascual, a la edad de sesenta y ocho años; cincuenta de profesión religiosa y cuarenta y dos de ordenación sacerdotal.

Una fulminante apoplejía cerebral le arrebató en pocas horas de este mundo, aun cuando ya años que vivía moralmente separado de él a consecuencia de trastornos mentales que nublaron su inteligencia y su voluntad.

Había nacido en Alcoy, y a los trece años de edad, sintiendo la gracia de la vocación religiosa, vistió el hábito de seráfico en el Colegio de Benisa, y cursadas las Humanidades pasó al Noviciado, emitiendo sus votos en la orden franciscana, a los diecisiete años.

Su capacidad de talento le permitió alternar los estudios de la carrera eclesiástica, en los de ciencias fisicoquímicas, bajo la dirección del doctor Peset, de quien fue uno de sus discípulos más aventajados.

Apenas ordenado de sacerdote, en marzo de 1907, se consagró por completo a la enseñanza, explicando filosofía en nuestros coristados y la asignatura de química en colegios de enseñanza media, hasta que un agotamiento de fuerzas físicas y morales eclipsara sus facultades mentales, inutilizándole para todo trabajo material e intelectual.

No obstante esto, y buscando alivio a su triste dolencia, vino a Valencia y entre nosotros ha convivido veinticinco años, ayudado, en cuanto le era posible, a los religiosos de esta comunidad en algunos trabajos del ministerio sacerdotal. Ya imposibilitado para todo, marchó a Santo Espíritu del Monte, hace un par de meses, y en aquel tranquilo convento ha encontrado la muerte.

¡Dios le haya acogido en su seno misericordioso y desde allí que ruegue por los que fuimos sus Hermanos de hábito aquí en la tierra! Descanse en paz.

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