El patrocinio de San José
«A los justos atiende el Señor, y escucha benignamente sus preces» (Sal 30, 16).
Así como la Santísima Virgen fué antes del tiempo predestinada a ser Madre del Hijo de Dios, así San José fué, juntamente con ella, escogido para su esposo y custodio nutricio de Jesús y de María, según el sentir de Juan Eckio, debelador de Lutero.
S¡como afirman Natal Alejandro y el Padre Vallejo, San José fué predestinado a ser coadjutor de la Obra de la Encarnación y de la Redención, y s¡como sostiene Santo Tomás: -(Part.3-q.27. artículo 4)- Dios proporciona sus gracias a los empleos; y los dones sobrenaturales corresponden siempre a la grandeza de la vocación y a la Santidad del Ministerio, hemos de confesar que después de María no hubo jamás una criatura más enriquecida de gracia que San José, y por ende, no es extraño que San Gregorío Niceno afirme que: «En San José, como en su foco, reunió el Señor las luces o rayos de luz de todos los Santos».
San Bernardino de Sena y San Bernardo reconocen igualmente las excelencias del Patriarca San José, y San Epifanio entiende: «que ningún santo se acercó n¡con mucho al mérito n¡a la eminente Santidad de este gran Patriarca.»
El sabio Gersón, canciller de la Universidad de París, hizo magníficos elogios de San José en el Concilio de Constanza, y ponderaba la confianza que todos los fieles deben tener en la poderosa intercesión de este gran Santo. Y tal era su
piedad y devoción a San José que escribió diferentes cartas para que se celebrase con mayor solemnidad su fiesta.
Gregorio XV y Urbano VII, la hicieron fiesta de precepto, prohibiendo en ella las obras serviles y las funciones públicas de los tribunales.
Benedicto XIV, no menos distinguido por su saber que por su celo de la pureza de la doctrina católica, confesaba llanamente que San José había recibido gracias y prerrogativas tan grandes, excelsas y peculiares, que jamás se habían comunicado iguales a ningún otro santo; y el doctísimo Arzobispo Capdefont: en su libro «De la perpetua virginidad de María y José», exclama: ¡Oh, bienaventurado varón, a quien fué concedido ser nutricio y llamarse Padre de Jesucristo...! «No tememos asegurar que es cosa al Señor muy grata que imploremos devotamente la protección de San José.» Abundan en el mismo sentir Bernardino de Bustos, que dice: «El que suspire por alcanzar cualquier gracia del Altísimo, tome por abogado a San José ante la Virgen, su bendita Esposa, y ante Nuestro Señor Jesucristo, y todo lo conseguirá del Padre Celestial.»
Santa Teresa de Jesús, en el capítulo VI de su vida, escribe grandes portentos del Patrocinio de San José, y dice: «Tomé por abogado y Señor al glorioso San José, y encomendéme mucho a él. V¡claro que, así de esta necesidad como de otras mayores de honra y pérdida de alma: este Padre y Señor mío me sacó con más bien que yo le sabía. No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer.» Y a sus hijas les dice así: «Aunque tengan muchos santos por abogados, séanlo en particular de San José. que alcanza mucho de Dios.»
Podemos, pues, aplicar con propiedad a San José aquellas palabras de la Sagrada Escritura: «Dióle el Señor un corazón más ancho que las playas, que ocupan las arenas del mar.» (3 Re 4, 23).
Por tan poderosas razones el Pana Pío IX, viendo a la Iglesia perseguida por furiosos enemigos, quiso satisfacer los votos de los Obispos y Prelados, y encomendándose a sí, y a los fieles todos al poderosísimo al patrocinio del Santo Putriarca José lo declaró Patrono de la Ig1esa Católica, y mandó que su fiesta se celebre en adelante con rito doble de primera primera clase. Deliberadamente, hizo coincidir esta declaración en el 8 de diciembre de 1870, día consagrado a la Madre de Dios. Virgen Inmaculada, y Esposa del castísimo José.
Cunde hoy por España la devoción de los Siete Domingos al Patriarca San José, rezando preces en memoria de sus dolores y gozos, confesando y comulgando en siete domingos consecutivos, los inmediatos a la fiesta de San José, y debemos aprovecharlos para hacer en nosotros una renovación de vida cristiana.
Muchas personas tienen sus peculiares devociones, y sus santos predilectos, y no es esto en modo alguno censurable; pero el buen cristiano está obligado a cumplir los Mandamientos de la Santa Madre Iglesia, y en primer término los de la Ley de Dios; y en el primero de estos Mandamientos se nos manda amar a Dios sobre todas las cosas, y siendo Dios uno y trino, amando a la Trinidad Santísima, amamos y adoramos a cada una de las Tres Personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Y s¡por otra parte, el Verbo humanado recibió la carne y sangre de la Santísima Virgen María, de una manera implícita, y por mandato de la Iglesia, de manera explícita, estamos también obligados a tributar honor y homenaje y amor filial a Nuestra Madre la Santísima Virgen María, cooperadora de la Reden
ción, declarada Madre nuestra por su Divino Hijo en aquel conmovedor testamento de las Siete Palabras, promulgado desde el Arbol de la Cruz.
Y s¡en vida fué San José coadjutor o cooperador fidelísimo del gran Consejo, esto es, de la Encarnación del Verbo increado, y guarda, custodio y defensor de todos los tesoros, corporales y espirituales de Jesús y de María, bellísima y segura ha de ser la escala por la cual suban nuestras oraciones al Padre Celestial, o sea: Por José, a María; por María, a Jesús; y por Jesús al Eterno Padre, para conseguir gracias y dones superabundantes para aprovechar la vida, a fin de tener una muerte tranquila, un juicio favorable y una sentencia de bienaventuranza eterna.
Luis Negro Láinez, Terciario Franciscano
A la sombra del Rosal púrpura de la Pasión, la rosada alfombra del Beato Nicolás Factor.
Una lección de teología mística.
Al Beato Nicolás Factor en el IV Centenario de su Guardianato en Chelva, a los 30 años de edad. (1550-1950) (1)
La clase, pues, tenía que ser experimental, porque «la diferencia que hay desta sabiduría a cualquier otra, es que en las otras hay necesidad de entender primero lo que enseñan, para obrarlo; y ésta al revés, porque se ha de poner primero por obra y exercicio, para que entienda bien lo que se nos enseña» (2). De las horas del día, escogió el Maestro el tiempo de la noche; y la duración, la de un «Rosario entero», rezado atentamente por aquellos fervorosos novicios del Beato Nicolás Factor (3). La experiencia a realizarse al vivo, era de esperar fuese un «paso» de la «Corona Mortificada», ensayada genética y ocasionalmente por aquel Maestro de Novicios sabio y artista. Un paso factorista, por la bella novedad del artista; paso de sabor franciscano, porque evoca a San Francisco cuando mandó a Fray Bernardo de Quintabal pusiera el pie encima de su boca; paso, en fin, en sí y por sí naturalmente cristiano, rosas encarnadas, amorosamente desprendidas de aquel Rosal púrpura-regia que vió San Buenaventura en el Calvario, y que hace buena sombra a todo espíritu franciscano que pernocta bajo su amparo en oración de penitencia e invitación.

La nueva «rosa encarnada» que hace el paso, yacente en el suelo viva y sentimental, caída, no sin providencia, de aquel Rosal; sombreada divinamente y hecha transcendental, es el hermoso nazareno Fray Pedro Nicolás Factor el Maestro de Novicios. El representa la víctima inocente, y el corista «culpable» Fray Vicente Ferrer de «Monteviedro» tiene que hacer de verdugo y poner el pie sobre la boca de su querido Maestro, a cada Gloria Patri... de un Rosario de quince decenas, sapidamente desgranado.
La repercusión sentimental, no sólo en el novicio que representa el fúnebre y novísimo oficio, sino en todo aquel numeroso cortejo que asiste sin aliento a este auto penitencial, floreció como en capullos aljofarados que se abrieron primorosamente en obras de arrepentimiento y seguro afianzamiento en su vocación (4).
Ahora sólo breves indicaciones sobre la pedagogía de esta acción
1.- La inversión de los papeles, ley de contraste que magnifica el significado: Fray Vicente era el culpable y debía naturalmente haber satisfecho con la pena. Pero el P. Maestro asume la pena sin tener culpa. Y al asumirla, la aumenta en cantidad; lo que da por resultado un relevante acto de voluntad... simpatía... caridad. Para el tiempo en que era Maestro el Bto. Nicolás. era ya famosa la obra del penitenciario del Imperio Fray Alfonso de Castro, De Lege Poenali; y ahí resume aquel pensador franciscano, que nada está más en poder de la voluntad del Príncipe que la Ley penal. Recuérdase también la doctrina y prácticas del castigo modernos, y se verá el mérito singular que tiene la Pedagogía del Bto. Nicolás Factor (5).
2.- «Las tres vías» en un acto. Doctrina es del Bto. Nicolás que las tres vías tienen sólo valor relativo a la condición del viador. Por lo demás, desde qualquier vía se puede levantar el vuelo a la unión seráfica y fruitiva con Dios, y desde la sublime vía, hay que saber aterrizar y reparar averías. Y en la práctica de su vida queda confirmada esta doctrina; porque él, extático por naturaleza, vivía habitual y extraordinariamente en la vía purgativa. El testigo Fray Juan de los Ángeles lo coloca, en los Triunfos, entre los «locos de amor» (6).
Por todo esto, el gran Maestro pudo idear este acto uno y trino: vía purgativa, los novicios lloraron lágrimas de dolor con propósitos de nueva vida; vía iluminativa, vieron lo que vale una rosa inmolada y vieron claro la reverencia profundamente religiosa que debemos a los Misterios; y vía unitiva, asistieron y se «compusieron coextáticamente con los tres éxtasis consecuentes que mereció el penitente, iluminado y extático Factor» (7).
3.- El tiempo del día, en la noche; la duración del acto; los umbrales de diferencia psíquica; la ocasión... todo esto lo sabía ya aquel Maestro de espíritu, como coadyuvantes y concausantes del efecto total. Por acabar, el Bto. Nicolás seguía siempre el método -ahora ultramoderno- el método genético: hacer la cosa y explicar después cómo se hace, y basta un acto perfecto para tocar la esencia y educarse (alimentarse), según el silogismo de San Basilio sobre la literatura de los paganos: Todo lo perfecto es educativo. Y como el bienaventurado Maestro de Novicios era un hombre cabal y completamente educado, captaba al hombre entero y, por sinergía, polarizaba todas las potencias a la voluntad, dejándolas movidas en un metabolismo espiritual y de reserva educativa (alimenticia), para el tiempo futuro. Prosígase el desarrollo de aquellos novicios, Pascual, Ferrer... y ellos nos dirán, que vivieron, gracias a las reservas que les dejó, connaturalizadas, su excepcional Maestro (8).
4.- Y lo que sigue, para que lo acaben mis lectores; la ternura sentimental valencianista de aquel valenciano de cuerpo entero. A sus novicios llamaba: «angelitos», «santicos», «hijicos sursum carda»; y él, que podía ser un Narciso, se hacía mortificar en su espíritu como un San Francisco.
Fr. Domingo Savall, ofm
Notas
(1) Debo esta fecha a la munificencia del actual Guardián de Chelva, sucesor cuatricentenario del Beato Fray Pedro Nicolás Factor.
(2) Cfr. A. Pascual, Philocosmia, fol. 99, v.
(3) Acción Antoniana, núm. anterior, donde se describe este valiosísimo acto de corrección fraterna.
(4) Por los ecos sentimentales de los días posteriores a estos actos, profetizaba el Maestro el futuro de sus discípulos. Los grandes pedagogos han sido profetas, como Aristóteles con Alejandro Magno.
(5) Aun siendo Guardián, salía él a la culpa por la Comunidad; y hacía grandes penitencias por Felipe II, por la batalla de Lepanto, por los moros y judíos... El verdadero pedagogo es un redentor, porque ama a sus discípulos hasta el fin.
(6) Cfr. Triunfos del amor de Dios, pte. II?. cap. 1, p. 307 de la edic. 1901.
(7) Creo que el punto desde donde se ve todo el factorismo, es desde aquel lugar de su hermosa carta, publicada ahora por el P. J. B. Gomis, y que el mismo pensador y santo bautiza con el nombre exacto de «Padecer Meritorios. Es, además, un lugar clásico franciscano.
(8) A Fray Vicente Ferrer de Monteviedro le vemos Guardián de Bocairente en 1606. Nota que debo al ricohombre en datos, nuestro Cr. P. Conrado Angel, que D. g. para terminar la Historia.
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