Página franciscana

Nueva Santa de la Tercera Orden Franciscana

Es nueva porque fue contemporánea de muchos que todavía viven, pues hace sólo 70 años que pasó a mejor vida. Es nueva porque, beatificada en 1938, ha sido solemnemente canonizada en 1949. El árbol franciscano no cesa de producir sazonados frutos de santidad. Este, tan reciente y precioso, se llama Santa María Josefa Roselló.

Conocí su ejemplar vida y la divulgué antes de que fuera beatificada. Desde entonces amo y venero a esta gran santa; pues es verdad bien conocida que el mejor medio para fomentar la devoción a los santos es leer atentamente la vida de ellos.

A los 16 años vistió el hábito de la T. O. de Penitencia cuya regla tomó por norma de su vida; vida de trabajo y de oración que templó su espíritu para grandes empresas apostólicas.

Todo, en su vida, lleva el sello franciscano: hija de humildes obreros, practicó alegremente la pobreza; llena de confianza en Dios, se mantuvo fielmente sumisa a la divina Providencia sin dudar de ella n¡desconfiar en apuradísimos trances; supo ver y sentir las bellezas de la naturaleza, de las que se sirvió para levantar su espíritu a Dios.

Fundó la congregación de las Hijas de la Misericordia, la cual, a la muerte de la Santa fundadora, tenía 68 casas, y hoy tiene más de 200 con unas 3.000 hermanas.

Muchas de ellas asistieron a la canonización de su Madre, y a ellas y a toda la Congregación díjoles el Papa: «Vuestra Madre Santa María Josefa desarrolló gran actividad exterior sin perjuicio n¡merma de su vida interior. Mientras fundaba nuevas casas y gobernaba las ya fundadas, permanecía su espíritu en oración, de suerte que de su oración sacaba, como de purísima fuente, su actividad exterior. Servíase de los medios humanos para sus empresas; pero, sin poner en ellos su confianza, los utilizaba tan sólo como instrumentos de Dios.

Así lo hicieron siempre los cristianos perfectos. El P. S. Francisco lo hizo y lo enseñó a sus religiosos. Santa María Josefa aprendió bien la lección y la practicó perfectísimamente. Es un nuevo modelo del antiguo cuño franciscano que a todos nos presenta el Papa.

Fr. Luis Mestre, ofm

[Nota biográfica del P. Luis Mestre]

Un terciario ejemplar

Todos los años en Navidad en Italia suele otorgarse lo que se llama el «premio de la bondad» a la persona que más se ha distinguido durante el año en hacer obras de caridad.

En 1948 se concedió este premio a JORGE LA PIRA, terciario ilustre, diputado nacional, profesor de Derecho romano en la Universidad de Roma, que vive plenamente la vida franciscana en la Orden Tercera.

Hace ya más de diez años que vive en Florencia en una humilde y pobrísima celda o pieza del Convento de San Marcos, y se dedica plenamente a ayudar a los pobres y a los desocupados. con tanta humildad y sencillez que parece otro Francisco de Asís.

Se narran en su vida muchos ejemplos admirables de caridad. Un día, uno de esos pobres y sin trabajo le pidió dinero. «Hijo mío, le contestó el doctor, en estos momentos no tengo en el bolsillo n¡un centavo; ven los primeros días de mes, que entonces habré cobrado m¡sueldo». Así lo hizo el pobre; al décimo día del mes siguiente volvió el pobre ante el honorable Diputado y Profesor; pero, ¡oh dolor, también esta vez llegaba tarde.

Lo mismo hizo al mes siguiente y le pasó lo mismo; ya el Diputado terciario lo había dado todo a los pobres y se había quedado sin un centavo en los bolsillos.

Entonces el pobre, lleno de misericordia para con el Diputado y Profesor, a quien lo veía más pobre que él mismo, le alargó 50 liras. diciéndole: «No lo tomes a mal; pero veo que tú eres más pobre que yo mismo; y por eso te ruego que tomes este dinero.

He aquí un Terciario ejemplar, que debiera tener muchos imitadores.

Temas urbanos

Así como existe una temática en pintura, que ya tiene raigambre tradicional y de escuela, de pintura de interiores y aun otra de paisaje genérico, innominado, existe la pintura urbana que en veces, toma el signo turístico, exaltando las bellezas de la localidad, bellos rincones y amenas perspectivas de la ciudad, que los pinceles aun más poetizan, evocando en los naturales, caros recuerdos, y en los extraños, sensaciones agradables; fiesta de los ojos en el orden estético. De esas obras Valencia tuvo siempre exégetas de sus bellezas, como estos pintores actuales, Roch y Mellado, que respectivamente vieron así esas ALAMEDITAS y ese recoleto PORTAL tan populares, que reproducimos

Alameditas de Serranos

Roch. Alameditas de Serrano

Mellado. Portal

Mellado. Portal de Valencia

El Custodio de los divinos tesoros

La liturgia de San José recuerda con frecuencia a José, el virrey de Egipto. Es que éste fue en su vida figura de lo que el Santo Esposo de la Virgen María debería realizar de una manera más sublime al llegar la plenitud de los tiempos.

Nombrado por el Faraón superintendente, de todas las tierras de Egipto y dueño y administrador absoluto de los graneros reales, el hijo del patriarca Jacob prefiguró en su dignidad y oficio al Custodio de la Sagrada Familia, que recibió la misión de guardar en aquel divino depósito de la oscuridad de un taller de carpintería el Pan vivo bajado del cielo para dar la vida al mundo, hasta que pudo presentarlo a la humanidad, que escuchó atónita unas palabras nunca oídas: «Yo soy el Pan. vivo; el que corriere de este Pan vivirá eternamente».

Esta correspondencia de, oficio entre el uno y el otro José es completada por la correspondencia de poder. A José, vendido por sus hermanos corro esclavo, dio el Faraón potestad sobe toda la tierra de Egipto; cuantos acudían al solio real en demanda de favores, eran remitidos al superintendente: «Id a José, y haced cuanto él os dijere». No menos podemos pensar del Custodio de la Sagrada Familia Constituido por el Señor en Superior de la casa de Nazaret y Padre del propio Hijo de Dios, tenía baje, su mandato al Omnipotente, que le obedecía como el hijo bueno obedece a su padre. ¿Puede imaginarse acaso poder mayor que mandar sobre el mismo Dios?

Y para consuelo nuestro hemos de añadir que este poder no se circunscribió al tiempo en que el Santo Patriarca vivió en este suelo. No podemos, en efecto, concebir que en el cielo desciendan de categoría los bienaventurados. S¡en la tierra fue San José administrador del granero celestial en que se guardaba el «Trigo de los elegidos». Y tenía a sus órdenes al Omnipotente, y era el fiel custodio de los divinos tesoros, de Jesús y de María, podemos pensar que también en la gloria se oirá aquella voz de: «Id a José que es el despensero celestial», y que al imperio de la voz del santo Patriarca, obedecerá todo el pueblo de los elegidos.

San Bernardino de Sena, el gran apóstol josefino de la Italia del siglo XV, hace a este respecto una fina observación. Dice así: «No puede pensarse que Cristo haya negado en los cielos a José aquella familiaridad, reverencia y sublime dignidad de que le hizo objeto mientras vivía en esta carne mortal, conforme convenía a las relaciones de un hijo con su padre; antes al contrario, creemos que completó y consumó aquella dignación. Que por esta razón dice el texto bíblico: Entra en el gozo de tu Señor. Porque aunque el gozo de la bienaventuranza eterna es el que entra en el corazón del hombre y no éste en aquél, prefirió el Señor decir: Entra en el gozo, a fin de que quedase místicamente insinuado, que aquel gozo no sólo está dentro del bienaventurado sino que por todas partes le rodea y absorbe, y corro un abismo infinito le sumerge en su fondo».

He aquí el fundamento de la confianza que la Iglesia coloca en el Santísimo Esposo de nuestra Reina Inmaculada. Tenemos buen abogado en las alturas. Por una parte tiene en su mano los tesoros divinos y por otra es su oficio el de atendernos, ya que el mismo Dios nos remite a él: «Id a José».

Fr. Joaquín Sanchis Alventosa, ofm

[Nota biográfica del P. Joaquín Sanchis]

Las Sagrada Familia

Sagrada familia

Pintura de Espinosa. Siglo XVI. Museo de Valencia. Óleo sobre lienzo, 205.5 x 162.5 cm. Ingresa en el Museo por la Desamortización del Convento de Santo Domingo de Valencia

San losé, trabajando en el humilde oficio de carpintero para alimentar a Jesús y a María y cuidando con suma delicadeza de estas santas personas que Dios puso bajo su custodia, alcanzó extraordinaria virtud y santidad. Trabaja, cristiano, gustoso en tu oficio y cumple con fidelidad los deberes de tu estado y alcanzareis también grande santidad.

Fr. Pacífico Torres, ofm

Las fallas de San José  

El cartel que como un heraldo y un clarín invita a todo el mundo a una visita turística; y que es una nota de arte de este género - linea y color, debida al Sr. Gil, en justo galardón obtenido en emuladora competición.

Cartel de Fallas 1950