Consultorio religioso
Rvdo. Padre Fr. Agnello: Veo que resuelve usted no pocas dificultades que tienen algunas almas en la vida espiritual y con confianza acudo a usted para pedirle yo también su consejo.
Hace poco v¡un libro muy hermoso por su contenido y hasta por su lujosa encuadernación; lo vendían barato, lo compré y lo leo cas¡todos los días con mucho gusto. Es una Biblia. Se la acabo de mostrar a una amiga mía, más instruida que yo en cuestiones religiosas, y me ha dicho que ese libro está prohibido, que es de los protestantes, que hice mal en comprarlo y peor en leerlo, que lo debí quemar y, por fin, que he cometido con esto un grave pecado del que me debo confesar cuanto antes. Me ha parecido m¡amiga una exagerada, pues yo no he visto n¡leído en el libro ninguna cosa mala. Puede que sea de los protestantes, pues dicen que venden Biblias muy hermosas y las dan muy baratas: pero yo no lo sé, n¡m¡amiga esta tampoco muy segura de que lo sea. Desearía que usted me instruyera sobre estos tres puntos:
1° Cómo conocer s¡una edición de la Biblia es católica o protestante.
2º S¡la debo quemar, suponiendo que sea protestante.
3° S¡pequé gravemente leyéndola.
Al punto primero: las ediciones católicas.
1.- Debe llevar la licencia eclesiástica de la Santa Sede o de un Obispo católico con lugar y fecha la cual debe constar al principio o al fin del libro. No hasta esta inscripción: «Con las debidas licencias.»
2.- Debe contener notas que expliquen católicamente los pasajes de difícil interpretación.
3.- Debe contener íntegros todos los libros que forman la sagrada Biblia, pues los protestantes no los admiten todos, y en sus ediciones se suelen dejar algunos.
A lo segundo que usted me pregunta contesto que lo mejor será que la queme, usted no la puede leer lícitamente, n¡retener, n¡vender, n¡prestar a otros para que la lean. Quémela, por bonita que le parezca.
En cuanto a la tercera pregunta que usted me hace, le contesto que no pecó formalmente leyendo ese libro, aunque pecara materialmente, porque no sabía que esa edición estaba prohibida, y por consiguiente no tiene usted obligación de confesar ese pecado.
Quedan contestadas sus preguntas.
Desearía saber algo de la santa vida de San Lidiano, pues quisiera imaginármelo cómo era, cómo vestía y de qué pueblo era, pues no he podido conseguir ninguna estampa de dicho Santo; lo único que sé es que es Abogado de la Meningitis, pero ya no sé nada más.
Pues sabe usted más que Fr. Agnello, que nunca oyó tal nombre n¡ha podido hallarlo en el Martirologio romano n¡en ninguno de los santorales publicados que ha podido consultar. Hasta dudo que Lidiano sea nombre de persona. Santos hay cuya fonética se le acerca, como Luciano, Silvano, Ponciano, Potenciano, de los cuales sólo consta que fueron mártires de Cristo. No se quiebre la cabeza con nombres raros, no venga a darle un ataque de meningitis.
La rosa de Jericó
Palabra bíblica y sumamente atractiva «La Rosa de Jericó». Nos habremos imaginado, sin duda, muchas veces, al escuchar esta palabra, que estábamos contemplando una hermosa flor, exuberante de color y de aromas, que brillaría como reina de las flores en los jardines esplendorosos de aquella antigua ciudad de las palmeras que inmortalizó a Josué en el paso de los israelitas, por el derrumbamiento de sus muros, y que a luego, reedificada por Herodes; la glorificó Jesús con sus milagros. La Rosa de Jericó, flor milenaria, que ya fue enaltecida y considerada como misteriosa por los antiguos patriarcas, que forma parte en los místicos y proféticos elogios de los libros sagrados, y que el hijo de Sirach la compara a la sabiduría increada de Dios, y que luego la Iglesia la identifica con Cristo en su resurrección, y que, finalmente, simboliza las gracias incomparables de María, esa flor es la llamada ANASTATICA HIEROCHUNTICA; conocida por los orientales con el nombre de KAFF MARIAM, pertenece a la familia de las crucíferas, que se ve esparcida por el oriente y más conocida en Palestina. Esta flor tan venerada tan misteriosa y tan célebre, no es más que una flor pequeña, que crece postrada en tierra y no despide olor alguno. Su forma no tiene parecido n¡semejanza alguna con las rosas ordinarias, pero es completamente extraordinaria, y su aparente inmortalidad la distingue de todas las demás plantas.

Es una planta anual. Una vez que se seca ya no echa raíces, sino que se contrae toda ella, cerrando sus brácteas en forma de pelota, y aunque el viento la arrastre por el desierto, conserva bien guardada la semilla en sus cápsulas, y al venir la primera lluvia se abren sus vainas, y las semillas caídas en tierra germinan formando otras nuevas plantas que esmaltan los desiertos con el matiz de sus florecillas.
Tal es la ANASTATICA o Rosa de Jericó; pero lo que la distingue de todas, y por lo que se le ha dado esa celebridad y ese ambiente de misterio y de veneración, es su aparente inmortalidad es la planta de la resurrección.
Cuando ya está seca y se quiere utilizar s¡se coloca en el agua, vuelve a la vida después de unos o dos días. Aquella pelota se desenvuelve, sus ramas contraídas se extienden, ábrense sus hojitas y juntamente con las ramas recobran un color vivo rojo-oscuro, y el conjunto le da el aspecto de una hermosa flor, que por eso los hebreos no supieron darle otro nombre que el de rosa, ya que a la rosa se parece en su nuevo y bello estado. Y este fenómeno puede repetirse indefinidamente.

Por eso esta flor ha tenido el honor de ser encumbrada y enaltecida junto con los cedros del Líbano, con los cipreses del monte Sión, con las palmeras de Cadés; y tener lugar preferente entre los cinamomos y bálsamos que aromatizan con sus olores, y las mirras y nardos de suavísimos perfumes.
La Rosa de Jericó es el símbolo de Cristo, a quien se asemeja por su resurrección; es la imagen de María, que lleva guardadas en el cáliz de su corazón las semillas de la piedad, de la misericordia, del perdón y del amor, que abre su mano, humedecida por el incienso de las plegarias, y esparce sus gracias sobre la humanidad.
Por eso los orientales la llaman KAFF MARIAM, la MANO DE MARIA, que al abrirse esparce sus bondades sobre los hombres; y la recuerdan los musulmanes con estos nombres; KAFF EL ADRA, la mano de la Virgen, o también KEFE EL ADRA, la manecita de la Virgen.
Así consideran los indígenas de aquellas tierras a nuestra Rosa de Jericó con cierta veneración religiosa. Recuerdan en sus leyendas que la Virgen peregrinó por estos desiertos con el Niño Jesús, huyendo de la persecución de Herodes, y a su paso se iban abriendo estas rosas secas, que revivían al contacto de su gracia; y por eso todavía crecen en esos lugares, llevando el nombre de rosas de Jericó. Y afirman otras que estas flores se abren en la fiesta de Navidad por sí solas, sin estar sumergidas en el agua, como se abrieron en aquella noche sagrada, por el rocío celestial que descendió entonces del cielo, y vuelve a descender todos los años en recuerdo del nacimiento del Redentor.
Otra aplicación especialísima se da a esta prodigiosa planta entre los orientales. Cuando las mujeres están para dar a luz, en las dificultades de su alumbramiento (como para estos casos suelen conservar esta planta seca) entonces la meten en el agua. Es creencia entre las mujeres que esta planta es la Mano de Nuestra Señora María, como ellas dicen: KFEFE SITTI MARIAM. Y creen que entonces se abre el cielo, que los ángeles suben y bajan y acercándose a la puerta abierta se preguntan: ¿A quien nos llevaremos? ¿La madre o el hijo? Las mujeres, que están presentes se acercan a la enferma y le ofrecen la Rosa de Jericó, o sea la mano abierta de María, diciéndole: S¡Dios saca la vida de esta planta muerta, ¿cómo no la sacará de tu vida?, y todos los presentes recitan repetidas veces, como suelen rezar los árabes, este corto estribillo:
¡SALVA LA VIDA DE LA VIDA!
¡OH PROFETA NOE!
Esta creencia de que la Rosa de Jericó es la Mano de María, que se abre por mandato divino, se extiende hasta el Sudán y hablan de ella con esta seguridad.
Nosotros sabemos muy bien que ella no crece sino en aquel país que fue hollado por las plantas de nuestra Señora María, y regado por sus lágrimas. S¡algún cristiano les hace alguna observación de extrañeza de que confían en la Virgen María, siendo ellas musulmanas y la Virgen cristiana, replican indignadas que María, nuestra Señora, nos ayuda a nosotros lo mismo que a vosotros: ella es nuestra, lo mismo que vuestra: así está escrito en el KORAN.
Que no nos avergüencen estas pobres mujeres infieles con su confianza y amor a la Santísima Virgen. Ellas creen con esa especie de superstición, que la Rosa de Jericó es la Mano de la Virgen, que revive continuamente y se abre para derramar sus gracias a la humanidad doliente. Nosotros, en cambio, sabemos por la fe que María es la Mediadora de todas las gracias, que es la verdadera Rosa de Jericó que nos dio la planta inmortal de la fe en su Hijo divino, Cristo Jesús resucitado, y la esperanza de que después de muertos resucitaremos a la vida, pero a la vida inmortal de la gloria, donde podremos contemplar con fruición inenarrable y eterna la verdadera Rosa de Jericó, la Inmaculada María, Reina de las flores, que no en los desiertos de la vida, como la florecilla ANASTATICA, que tiene sólo una apariencia de inmortabilidad terrena sino en la mansión esplendorosa del cielo, donde con ella y ante ella reviviremos con una inmortabilidad gloriosa siendo eternamente felices.
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