Devoción Mariana de los hijos de San Francisco

La devoción mariana de los hijos del Serafín de Asís, el poverello «Francisco», ha tenido en este mes de septiembre, mes de evocaciones franciscanas, un punto luminosísimo que necesariamente hay que destacar en este Año Santo, la Peregrinación franciscano-antoniana a Zaragoza.

Zaragoza, el Pilar, despiertan de por sí el entusiasmo en toda alma que siente a lo español, y no podía ser que en la Peregrinación franciscano-antoniana dejara de despertar el entusiasmo desde el primer momento. El sugestivo programa de «ruta» y su viaje en comodísimos autocares, con lo módico del precio, han sido factores que han contribuido al éxito más rotundo, que desde el primer día se vio comprometido el número total de billetaje. Como se anunció, en la mañana del 24 y preparados con el mejor viático, la Santa Comunión en nuestra iglesia de San Lorenzo, a las siete en punto, y tras ruidosa traca, anuncio de nuestra partida, se pusieron en marcha los autocares, bulliciosos de alegría de cuantos participaban en esta peregrinación que nos brindaba días espléndidos por su preparación y la bendición que el Señor nos daba al concedernos un día tan espléndido como el que amanecía.

El almuerzo en Segorbe, la solemnísima y extraordinaria recepción en Teruel, en la que el Excmo. Sr. Obispo, con su bondad siempre paternal, nos bendice y asiste a la Santa Misa de Peregrinación; los Superiores de nuestro Colegio de San Antonio, la V. O. T. y Juventud Antoniana que rivalizan en sus atenciones fraternales para con los peregrinos; la visita a la capital y monumentos y la especial recepción can que nos distingue el Excmo. Sr. Obispo Fr. León Villuendas en su propio Palacio Episcopal y Salón del Trono, colman los entusiasmos de esta juventud enardecida que ve por sus propios ojos la lealtad, amor y hospitalidad del pueblo aragonés.

No hay que olvidar que, como buenos valencianos, dimos señal de «vida» al llegar a Teruel con la salva de estruendosas tracas, que atrajeron numerosísimos simpatizantes y fervorosos franciscanos a engrosar nuestro grupo en la visita a la capital. Seguidamente la comida, en que, las señoritas Hermanas de la V. O. T. y Juventud Antoniana de Teruel nos atienden con singular cariño. Hay brindis de confraternización y deseos de que en la próxima Magna Peregrinación que se proyecta tome parte muy activa la Hermandad de Teruel y sus Juventudes Antonainas, preparando un nutrido grupo que llenen varios autocares y que se una a los que lleguen de Valencia. Llegamos a Daroca; una alto y descanso, y a las ocho y minutos llegamos a Zaragoza.

Imposible describir la emoción que se dibuja en los rostros de todos. Somos recibidos a las puertas de la Santa Capilla por la Junta de Peregrinaciones, PP. Franciscanos y representación de la V. O. T. y Juventudes Antonianas, y después de los saludos de momento penetramos en la Basílica, iluminada como en las grandes fiestas, y postrados a los pies de la excelsa Madre de España «las lágrimas hablan más que los labios»; se entona la Salve, que es seguida en coro por todos los peregrinos. El Delegado del Ilmo. Sr. Vicario General don Hernán Cortés, que nos atiende con la suma bondad que le caracteriza y sin poder negar la valencianía de su corazón, reza la oración a la Santísima Virgen, y después de besar el Pilar Sagrado nos retiramos a descansar a la hospedería de Nuestra Señora del Pillar, donde se nos espera todo dispuesto y preparado con organización hasta el detalle.

a

El día 25 amenece en Zaragoza esplendoroso y brillantísimo, por lo menos a los ojos de los que hemos llegado con el corazón henchido de gozo a visitar a la Santísima Virgen. A las ocho, la Santa Misa de Comunión general. El «coro», dirigido por el señor Sansaloni, interpreta escogidos y devotos cantos, y el Rdo. P. Pacífico Torres, momentos antes de la Santa Comunión, enardece aún más la devoción de los peregrinos que se preparan a recibir la comunión a los pies de nuestra Madre excelsa del Pilar. Termina la santa Misa y se va cumplimentando el programa con la visita a la Santa Capilla (tesoro del Pilar), la Seo, tapices y el Palacio Arzobispal, teniendo el gusto de saludar y besar reverentes el anillo pastoral al excelentísimo y reverendísimo señor Arzobispo, quien amablemente y como buen valenciano se alegra, y así nos lo manifiesta, de verse rodeado de estos sus amados «valencianos» que con tanto entusiasmo han venido a Zaragoza y le distinguen con esta familiar visita. Nos entrega a todos un pequeño recuerdo «autenticado» de nuestra visita de peregrinos y nos concede las indulgencias de doscientos días por cada acto en honor de la Santísima Virgen que durante nuestra permanencia practiquemos. Son ya las dos y nos retiramos a comer. Por la tarde, visita a la capital y paseo en los autocares para llegar al Parque, Torrero, San Antonio, Santa Engracia, etc., que va dejando todo gratísimas impresiones e inolvidables recuerdos. A las seis, la solemnisima hora mariana; el P. Pacífico Torres, en su sermón encarístico-mariano está «colosal», haciéndonos a todos sentir lo que las palabras, que más fluyen de su corazón que de sus labios, nos dicen. Terminamos con el canto de la Salve e Himno del Pilar, que cantan los peregrinos y la multitud allí congregada. Son las siete y empieza el solemnísimo Rosario; unos quedan para formar en él; otros salen para admirar Zaragoza en su espléndida iluminación nocturna y pasear por las márgenes del famoso río Ebro. A las nueve y media, cena y descanso.

b

Las fotos no permiten muchos detalles, pero nos muestran los edificios que necesitan reconstruirse tras la guerra

Día 26. A las seis y media, Misa de despedida, que celebra el P. Director de la Peregrinación Fr. Luis Mª Torres. La Comunión, muy numerosa. Los cantos, muy bien.

Como en todos los «actos», el P. Pacífico Torres ocupa nuevamente el púlpito, y en su fervorosísima oración deposita el corazón de todos los peregrinos a los pies de la Santísima Virgen, arrancando no pocas lágrimas de todos los que le escuchan. Se entona el himno La Patria Valenciana, y después de besar todos el Pilar Santo, salimos emocionados, para desayunar y emprender nuestro viaje al paraje encantador del Monasterio de Piedra. Una visita de tres horas sin parar un solo momento. A una voz nos dicen todos que esto sólo merece la pena de tan largo viaje. No entro en descripción, pues aquí se cumple aquello «hay que verlo para creerlo». Salimos de allí a las cuatro, y después de una breve parada en Calatayud y Teruel llegamos sin novedad alguna todos a Valencia, donde, rayando la una de la madrugada, entonábamos la Salve a nostra Mareta en acción de gracias por la protección y amparo que nos ha dispensado durante nuestro viaje.

Larguísimos nos haríamos s¡tuviéramos que relatar cumplidamente todo el programa realizado, pero para pequeño recuerdo basta. Damos desde aquí las más cumplidas gracias al Excmo. Sr. Obispo de Teruel, Padre Santiago, Religiosos y representaciones de la V. O. T. y Juventudes Antonianas por sus muchas atenciones, a la Junta de Peregrinación de Zaragoza y en especial la don Guillermo Pérez, Secretario general de la misma; a don José Romero Miralles de Imperial, que ha trabajado con entusiasmo por el éxito de la misma; a Radio Nacional de España en Valencia, que en sus emisiones tanto ha colaborado con nosotros y ha llevado alegría y satisfacción a tantos hogares, y a los peregrino todos por su entusiasmo, confraternidad y optimismo, manifestado en todo momento.

Muchas gracias, y hasta la otra.

Fr. Luis Mª Torres, ofm

—